I – Un pequeño cuervo

–¿Sigues pensando en ella?

Esa única pregunta, sin ningún tono de maldad en aquellas cuatro palabras, logró que el hombre con la mente más fría y macabra de Japón se pusiera en alerta.

Una lujosa habitación de hotel con olor a alcohol con matices de sudor era el lugar perfecto para dos de los mejores asesinos de la Organización.

–¿Qué te hace pensar eso? –fingía su habitual y fría tranquilidad, encendiendo uno de sus cigarros, sin incorporase en ningún momento del sudado lecho –. ¿Qué te propones ya Vermouth?

Ella sonrió, mirando su reflejo del espejo que se hallaba en una de las paredes, colocándose una de sus más ambiciosas joyas. Se giró elegantemente, para mirarle con atención, haciendo que su preciosa melena cayese en cascada sobre el hombro.

–Sólo era pura curiosidad –sus perfectos labios esbozaban una pequeña sonrisa picara –, ¿Qué me contestas Gin?

–Simplemente te contestaré que sé que tú me ocultas algo –sacó el humo de su boca, no le interesaba seguirle el juego a aquella mujer tan extraña de conocer.

–Vaya… –abrió con cuidado su bolso negro de satén y después se colocó cerca de Gin, sentándose, sin apenas rozar el cuerpo de aquel hombre con el que se había acostado pocos minutos antes –. ¿Piensas que yo sé donde está Sherry?

Gin no lo negó, no paraba de mirar el techo consumiendo lentamente su cigarro.

–Si fuera así… –murmuró algo divertida, no le importaba que Gin sospechase de ella –. ¿Por qué no le has comentado nada a Anokata?

–Porque a él no le importan tus tonterías… –se empezó a incorporar lentamente sin que la sábana le destapara. Una pistola pasó de estar sobre la mesita de noche a sus manos, apuntado sin temor a la mujer –, pero a mí sí.

–Que caballeroso –amplió más su femenina sonrisa, no le daba miedo la situación que se estaba formando entre ellos dos –, ¿Entonces te importo?

–No me hagas reír, cada vez actúas peor Vermouth… –sonrió, pero la suya en vez de ser agradable helaba la sangre de cualquiera que lo viera –, te estás haciendo mayor.

La sonrisa de la mujer se borró ante aquella última frase.

–¿Quieres saber dónde está? –esta vez habló con un tono serio y seco, acercando poco a poco su hermoso rostro al del hombre, éste empezó a bajar el arma con desconfianza –, ¿Aguantarías lo que está aguantando ella?

–¿De qué me estás hablando? –pero no le dejó hablar más, ya que ella le besó y sintió como algo pasaba con su garganta en cuestión de segundos… fuera lo que fuera lo había sacado de aquel bolso.

Gin empujó con tanta fuerza a la mujer que la tiró violentamente contra el suelo, pero ésta no dejaba de sonreír. Intentó golpearla con el metal del arma pero nada más pisar el suelo cayó de rodillas, su cuerpo ardía cada vez más… la cascada plateada de los cabellos de Gin impedía que la mujer disfrutase del rostro de dolor del alto cargo.

–¡¿Qué me has dado?!

–¿No decías que querías saber donde está Sherry?

–¡Pero eso no significaba que me envenenases, maldita perra! –intentaba levantarse para buscar nuevamente el arma pero su vista se ennegrecía, por una vez en su vida el dolor le vencía –. Te mataré, ¡te juró que te mataré!

–Cálmate Gin, esos no son modales ante una dama como yo –sonreía observando cómo éste finalmente se rendía ante el poder de la droga y se dejaba llevar por el desmayo, su cuerpo se encogía –. Ya me lo agradecerás.


La mañana no era exactamente bella para la ciudad y los habitantes de Beika. El cielo se hallaba cubierto por unas negras e intimidantes nubes que dejaban caer una fina lluvia sobre el suelo. Aquella música creada por la fría agua se encontraba acompañada por la risa de los niños.

Conan levantó la vista al escuchar como su grupo de amigos cantaban la canción de los siente cuervos, pisando con alegría los charcos como haría otro niño de su edad.

Aquella melodía tan inofensiva para unos…

Y tan peligrosa para otros…

Llevaba mucho sin saber nada de la Organización ni de sus miembros, ni él ni el FBI encontraba señales de aquellos cuervos con sed de sangre y destrucción. Pero sabía que ellos nunca tomaban descansos, podrían estar en cualquier lado, donde menos se lo esperasen.

–¿Sabes cómo está Haibara? –preguntó dulcemente Ayumi, la única chica en el grupo, haciendo que el joven detective volviera en sí –, ¿le bajó la fiebre?

Conan negó con la cabeza. Recordaba perfectamente el mal aspecto que tenía Ai cuando le abrió la puerta de su casa, para decirle que un día más no iba a la escuela.

Se estaba esforzando demasiado en encontrar la cura de la Apoptixina, dentro de aquel frío laboratorio y solo abrigada por aquella bata blanca. Apenas hablaba con nadie y, con seguridad, seguía teniendo aquellas oscuras pesadillas con Gin. Por una extraña razón, los días lluviosos es cuando más vulnerable se volvía.

¿Y qué iba hacer si encontraba la cura?

Él con cuidado podría volver a la vida normal.

Pero ella, no tenía a nadie…

Sintió como se chocaba con la dura espalda de Genta, sin darse cuenta ya estaba dentro del parvulario. El joven detective suspiró, un día nuevo de aburrida rutina infantil empezaba para él o eso creía.

Nada más abrir la puerta encontró que todos los alumnos se hallaban en forma de corralito susurrando entre ellos, la respuesta se dirigió a él en forma de una sonriente Ayumi.

–¡Dicen que viene un nuevo alumno! –abría los brazos para darle más énfasis a la nueva noticia –, ¡esperemos que sea otra chica y así todos tendremos pareja!

–¿Pareja?

–Claro, cuando se una a nuestro club de detectives juveniles –Genta cruzaba los brazos para mostrar que él era el líder del grupo –, necesitamos reclutar sangre nueva.

Conan alzó la ceja, incrédulo, ¿enserio querían meterle en el grupo sin conocerlo o más aún sin preguntarle?

Suspiró sentándose en su pupitre sin acompañante, para luego sonreír al ver que, por horror de los chicos no se trataba de una niña, si no de un niño: Parecía extranjero como Haibara, tenía un rostro de facciones angelicales, con un cabello liso y plateado que recogía en una coleta negra. El único ojo que permitía ver a causa de su flequillo de lado era de un verde esmeralda, iba a ser muy popular entre las niñas.

–Me llamo Jin Kurosawa… –su voz era aguda y hacia un perfecto juego con su aspecto, donde mirase las niñas bajaban las miradas sonrojadas pero él ni se inmutó.

El chico hablaba cordialmente, presentándose, aunque Conan notaba unos toques de superioridad en sus palabras. En el fondo le daba la sensación que ya le conocía… no le hacía ninguna gracia el aura que desprendía, como si aquella belleza era su arma para poder conseguir lo que quisiera, pero en el fondo era un cruel depredador.

El pequeño detective movió la cabeza de un lado para otro.

Por Dios, en que estaba pensando.

Solo era un crío.

Tanto pensar en la Organización le estaba volviendo paranoico.

–Siéntate donde quieras cariño –invitó la profesora con una gran sonrisa a que entrara y formara parte de su nueva clase –. Menos el asiento de al lado de Conan, nuestra alumna estrella está enferma pero ya la podrás conocer otro día.

El nuevo chico asintió pasando de largo de Conan, para sentarse en la mesa que se hallaba detrás de éste. Aunque su rostro era sereno dejó la mochila con brusquedad sobre el pupitre. Parecía de mal humor, Ayumi abrió los ojos al notar una curiosidad de su nuevo compañero de mesa.

–¿Lo… has visto? –susurró al oído, por suerte del joven detective quien tenía detrás era a ella y no aquel chico que le daba mala espina.

–¿Él qué?

–Las manos…

–¿Qué le pasa en las manos?

–Lleva guantes y aquí hace mucho calor…

Un fuerte golpe causado por el choque de una libreta contra la mesa hizo que la pareja se asustara. Jin no les miraba, ignorándoles, pero no soportaba los cuchicheos.

–Tengo bastante fotosensibilidad en la piel de las manos y no les puede dar el sol –mintió, incluso en su estado infantil no podía permitirse dejar sus huellas dactilares –. ¿Quieres saber alguna cosa más sobre mi vida?

Más que una pregunta parecía una amenaza.

–N-no, no...


NOTA DE LA AUTORA: ¡Hola ya estamos aquí! ¡Si no nos conocemos, soy Shiva-4869APTX y este es mi nuevo fic!

Una idea original utilizando los personajes de Detective Conan (propietario: Gosho Aoyama). Si os gusta os animo a leer mi anterior fic: ''Los días en la Organización: El error de Sherry'' ya que tendrá algunas pequeñas referencias al anterior.

¡Espero vuestras opiniones y que os guste! 3

Un fuerte abrazo.