L – Dos vidas

–¿Estás embarazada?

La garganta de Shiho hacia un leve movimiento al tragar saliva, observando los oscuros ojos verdes de Gin. No mostraba reacción alguna ante esa información en la que éste se hallaba íntimamente involucrado, con más minutos transcurrían más pensaba la joven científica que el hombre de negro estaba en algún estado de shock, aunque su estatus no le permitiera mostrar sentimiento alguno.

–¿Seguro que es mío?

Abrió la boca incrédula ante esa sucia acusación, cruzándose de brazos daba dos pasos hacia atrás para comprobar mejor la postura de él, la cual aún permanecía intacta; sentado sobre el escritorio con ambas manos apoyadas sobre la madera de ésta.

–No me puedo creer que me hallas preguntado eso –fruncía el ceño escondiendo dentro de los bolsillos de su bata como apretaba ambas manos de rabia –. Solo me he acostado contigo y recuerdo que esa maldita noche te dije que usaras protección pero no, pensaste que era mejor utilizar esas pastillas de la Organización que antiguamente me obligabas a tomar… pero esas veces no tenía dentro de mi sangre los efectos de una potente droga rejuvenecedora.

–Entonces, si es así, estás ya de tres meses.

Colocó su calzado negro sobre el contrastado mármol blanco del laboratorio de Sherry, provocando que la joven se apartara un poco más de él, girándose para abrir una de las estanterías más cercanas, sacando así sus estudios más recientes.

–Sé que es una locura pero creo que podría utilizar mi estado para recoger muestras de mis propias células madre –se acercó para que Gin cogiera los papeles y los observase aun con su fría mirada –, si pudiera crear ese estado artificialmente podría eliminar todo tipo rastro de la apotixina de nuestros cuerpos, tendríamos el antídoto en nuestras manos en poco tiempo.

–¿Y luego qué?

–¿Cómo?

Gin sonrió fríamente, lanzando todos los papeles que chocaban al instante contra el suelo para girar y abrazar de improvisto a la joven con fuerza contra su pecho. Sherry no se lo podía creer, jamás la había tocado de esa manera o mostrado un sentimiento así, cerró los ojos para luego sentir como un fuerte golpe atizaba contra su vientre, cortando su respiración unos segundos para luego emitir un gemido ahogado de dolor junto con la sorpresa de sus ojos.

–Ya te comenté que hay que deshacerse lo antes posible de los cabos sueltos, Sherry…

–G-Gin… –exhaló mientras caía de rodillas, sujetándose con una mano a los pantalones del hombre, contemplando como la sensación cálida entre sus piernas se trataba de una hemorragia provocada por el fuerte ataque, esparciéndose el color rojo contra el blanco como una vez lo hizo entre la nieve del hotel Haido City –. N-no… ¡No!

El grito resonó con fuerza alejándose de ella para acompañarla hasta la realidad donde salió de forma ahogada de sus finos labios, a la vez que se incorporaba asustada de la cama. Era una pesadilla, una maldita pesadilla… nerviosa se destapó las piernas para confirmar que todo estaba bien, aún teniendo esa desagradable sensación sobre la piel.

El pitido de su oído no cesaba, tenía que calmarse una vez más o de lo contrario su propio cuerpo respondería por ella. Colocó una temblorosa mano sobre la frente, acariciando el suave flequillo hacia arriba para retirarse el sudor mientras controlaba la respiración. Ya había pasado dos días desde que mintió a Gin descaradamente en su cara, sin saber bien si él se lo creyó o más bien le estaba dando días para que rectificara, y siendo como era éste jamás conocería sus verdaderas intenciones… hasta el último momento.

Mirando el reloj comprobó que seguramente Bourbon se encontraría durmiendo en su habitación, a lo contrario de la mano izquierda del líder él podía permitirse dormir y desconectar de sus arduas obligaciones como alto cargo. Tanteando encontró la luz del pasillo para corroborarlo y dirigirse así a su gran conocido y amigo cuarto de baño, por una vez no tenía nauseas pero a cambio el miedo se apoderaba de ella.

Cerró cuidadosamente la puerta para no hacer ruido, sin pestillo, desnudándose con cuidado a la vez que dejaba sus prendas sobre el frío mármol de la pica, para luego mirarse al espejo donde la esperaba su propio reflejo, mirándola con cansancio y temor.

Mentirosa…

Agradeció la cálida sensación del agua cayendo sobre su espalda, a la vez que su corto cabello se oscurecía a causa de la humedad. El vapor poco a poco se hacia con la estancia, empañando toda superficie lisa, incluyendo el espejo. Cerró los ojos mientras, en cambio, si abría la boca pasa soltar un suspiro de alivio, acariciando sus cabellos para que todo rastro de terror desapareciera… la mirada de Gin…

Maldita mentirosa…

Contemplaba ensimismada la palma de su mano antes llena de sangre ilusoria, a la vez que se apoyaba contra el frío contacto de la pared, deslizándose suavemente hacia el suelo… terminando sentada sobre éste abrazando sus piernas para ocultar su rostro. Sintiendo nuevamente como millones de cálidas gotas de agua acariciaban y recorrían cada milímetro de su ser como una fina lluvia.

Era una mentirosa sí, por mentirse a si misma al fingir que todo iba bien que sola podía con todo, mentirosa por decirle al FBI que no tenía ningún tipo de miedo al volver a la Organización. Mentirosa por pensar que no iba a necesitar ningún tipo de ayudar… mentirosa por pensar que podría dejar fácilmente su vida de Ai Haibara, su libertad pero sobre todo al joven detective.

Sabía que sus pesadillas eran preguntas que quería evitar pero su subconsciente no iba a permitir. Si su idea funcionase y tuviera el antídoto en sus manos… ¿Qué haría después con el embarazo? Pensar en la reacción de Gin provocaba un fuerte escalofrío en cada poro de su piel. ¿Sería capaz de hacerle eso?

Salió de la ducha tapándose el cuerpo con una toalla mientras que con la otra se secaba los cabellos, parándose enfrente del espejo, liberando su reflejo del vaho con la ayuda de su mano. Esta vez se mostraba más relajada, con las mejillas sonrojadas por el calor, sus cabellos húmedos dejaban caer una que otra gota que acababa sobre su pecho, decidida dejó caer la toalla para observar su cuerpo completamente desnudo.

¿Por qué dudaba tanto?

Era una cría para ser madre.

Con sus finos dedos dibujaba una línea invisible; comenzando desde el cuello hasta su pecho finalizando hasta donde se suponía que descansaba esa pequeña vida en su interior. No podía pensar en esa opción, ella era el mismo ejemplo de que era criarse en la Organización… además Gin no lo permitiría… ¿no?

¿Y por qué aún así dudaba tanto?

¡¿Por qué?!

Dos lagrimas se asomaban en los ojos para terminar cayendo sobre sus mejillas, ocultadas por las demás gotas de agua que caían de sus rojizos cabellos. Para luego girar el rostro al observar que la puerta del baño se abría abruptamente.

–¿Vuelves a encontrarte mal? –el rostro de Bourbon se enrojeció completamente al ver el cuerpo desnudo de la joven –, creo… que debí picar.

–Sí, debiste picar.

La mirada de la joven pasó del dolor al odio en cuestión de segundos.