La inspiración a este escrito se lo debo a: Crismoster025 por su fanfiction Heckcest: Preguntas. ( s/12209550/1/Heckcest-Preguntas).

Maldecía bajito. No quería ser escuchado por la demás personas de la casa. A oscuras de la madrugada, sentado en el sofá se preguntaba qué le estaba pasando últimamente. El problema de sus sienes era su hermana menor. Ella era quien le perseguía en el insomnio. Tantas horas para verle poco, y su mente bombardeándole de imágenes de Sue. Todo de ella. Su pelo liso pelirrojo corto, su manos pequeñas y finas, sus ojos hechizantes y su…oh… ¡Sus labios! ¡Cálmate, Axl!

Siempre era lo mismo, siempre era ella, ese problema sin resolver. Siempre optimista y feliz, sin saber las piedras tiesas que ponía en él. Con solo verle a lo lejos, algo en él se encendía. Algo que tenía que descubrir.

Sus vacaciones de la universidad se estaban acabando. Temía irse sin saber el porqué de sus noches en vela. Hasta que esa tarde ocurrió lo inesperado. Sus padres no estaban en casa, su hermano menor Brick estaba en la biblioteca leyendo un nuevo ejemplar. Entro a la casa, no se escuchaba sonido alguno, pensó que se encontraba solo hasta que sintió unos brazos lo poseían por detrás. Tembló y se tensó cuando supo quién era la dueña de esos suaves brazos. Sue…pensó con suavidad.

― ¿Te asuste, Axl?― pregunto la chica con una sonora risa.

Más que asustarme, me sensibilizaste el alma…

― ¡Sue! ¿Qué se te ha dado de andar asustando a quién entra?

―Era una pequeña broma, hermanito― manifestó con cierta picardía traviesa.

¿Qué haría con ella? Suspiro. Mejor es alejarse, se dirigió a su cuarto, mientras Sue le seguía por detrás fiel a sus pasos. ¿Por qué le perseguía? ¿Qué no veía que lo que más anhelaba en estos momentos era estar lejos de ella? No se conocía a sí mismo con ella rondando a sus ojos. Era peligroso. Decidió encararla de una vez por todas.

― ¡Vete a tu cuarto, Sue! ―le grito con cierta pereza. Se mostró confundida, creando una leve mueca pero desapareció cuando le miro a los ojos leyendo su despedazada alma.

―No me iré―se revelo ella, tomándolo de sorpresa. ¿Por qué le molestaba hoy de todos los días?

Bufó. Entro a su cuarto y se sentó en su cama. Cerró sus ojos y respiro profundamente. Sintió unos dedos acariciar su mejilla derecha, una respiración entrecortada y unos labios poseer los suyos. Abrió sus ojos ¡Sue! ¡¿Qué hacia ella besándole?! La tomo entre sus brazos y cayeron a la cama. Le besó con el alma desnuda, encontró por fin la respuesta a sus ojeras oscuras. La dueña de sus penurias le besaba el alma, acariciándole poco a poco hasta ser solo ellos dos en ese mundo danzante de sus pasiones acumuladas.