Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.

Advertencias: BL, OC, OoC, Semi AU, posible lenguaje vulgar. Aclaraciones y notas al final.


SHOWTIME

~10 años atrás~

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Te lo ruego.

La disputa estaba tan reñida que se escuchaba incluso hasta la sala de delegados, en donde solía estar. Me debatía internamente entre salir a detenerla, o simplemente dejar que las dos personas terminaran sus asuntos, después de todo en parte me concernía. Al final, decidí esperar en el pasillo por si se necesitaba intervenir.

¡Qué te vayas y no me vuelvas a dirigir la palabra! ─la voz de Castiel estaba cargada de tanto odio, que si bien no eran palabras dirigidas directamente a mí, hicieron que mi corazón se acongojara─. Olvida que existo y no te acerques a las personas que me importan.

Pe-pero... Sólo quería ayudarte, quería que todo el mundo lo entendiese, que nadie más me odiase por algo que no he hecho. Quería destapar la verdad y tú... Tú... ─empecé a escuchar sollozos, y supe que era momento de actuar, pero antes de que pudiera hacerlo algo, ella únicamente le gritó para darse la vuelta e irse─. ¡IDIOTA!

Lynn Darcy, la chica que había intentado desenmascarar lo que yo no había podido hacer, salió corriendo dejando atrás a Castiel. Pasó frente a mi sin siquiera mirarme, y me sentí culpable de no hacer nada por ayudarla.

Minutos después le siguió él, más calmado pero sin intenciones de seguirle para disculparse. Su semblante era una mezcla de arrepentimiento y decisión. Una combinación bastante extraña que entendí bastante tiempo después.

─¿No vas a decir nada? ─dijo deteniéndose frente a mí, pero no se atrevió a mirarme al rostro. Ya no lo hacía, no desde que había regresado ella. Antes sí lo hacía, antes hablábamos mucho. Antes me miraba con sus ojos profundos y decía las cosas sin pensarlas. Antes incluso reíamos mucho.

Suspiré frustrado. Ni siquiera sabía por qué me hacía tal pregunta.

─¿Debería decir algo más? ─arqueé una ceja ─. Lynn tenía las mismas intensiones que yo hace tiempo atrás, por lo que tu petición me abarca a mí también. Creo que has pedido que te olvidemos y no te dirijamos la palabra.

Él no contestó, y simplemente siguió su camino. Al siguiente día, ni él ni Debrah regresaron al instituto. Un par de días después supe que el lugar donde vivía estaba vacío y sus padres regresaron para hacer los trámites necesarios para el cambio de Instituto de su hijo. Al cabo de un tiempo, su nombre comenzó a tomar fama en un país extranjero, y únicamente sabíamos de él por medio del televisor. Pero no lo volví a ver en persona.


Capítulo 1: Una casualidad lleva a otra.

Si hay algo de lo que estoy seguro es que la vida no me ha tratado muy bien.

Constantemente me preguntaba si había hecho algo mal y el karma me lo estaba regresando con creces. No es que yo fuera creyente de esas cosas, ¡menudas tonterías!, pero me lo había estado planteando últimamente al ver la serie de sucesos desafortunados que estaba viviendo. Prueba de ello es que estaba abordando aquel avión con destino al Aeropuerto Internacional Jhon F. Kennedy, ubicado en Estados Unidos de América, conocido también como el lugar en el que menos quería estar. No por el clima, no por el idioma, no porque tendría que alejarme de mi ciudad natal. Al fin de cuentas, todas esas barreras tan triviales las había superado hacía muchísimos años.

No. El motivo porque el que no quería estar en aquel país era porque allí se encontraba él. Aquel que habría sido mi primer amor.

Daba la casualidad que mi primer amor había sido un chico. Casualmente era mi mejor amigo en ese entonces. Sin embargo así como empezó, con un sentimiento fugaz, desapareció sin dejar estela alguna.

Qué tontería es aquello del primer amor ¿verdad? Tan solo una vana etapa de la vida llena de mentiras y falsas promesas. Conoces a alguien, "tu media naranja" y crees que te has enamorado de verdad. Haces lo que fuera por esa persona, sin ponerte a pensar en las consecuencias que podría implicar. Dices "te amo" sin saber realmente el significado tan grande de aquellas dos palabras. Prometes que siempre estarán juntos. Y lo entregas todo sin temor.

Pero buen un día, despiertas dándote cuenta que todo lo que habías vivido fue tan solo una gran ilusión. Bonita sí, pero simples mentiras que nunca tuvieron validez alguna. Todo aquel amor se desvanece como por arte de magia. Ya sabes lo que dicen: "El primer amor nunca dura".

Puedo saberlo con certeza porque yo viví esa etapa cuando era apenas un crío (¿Tenía unos 15 o 16?). Y en mi caso, la persona que había sido mi primer amor, casualmente también fue la persona que más daño me había hecho en mi vida. Y no es como si no lo hubiera superado… ¡pasó hace ya casi diez años! Pero, ¿saben? Es de esas experiencias que, no importa cuánto tiempo haya pasado, no se pueden olvidar.

¿Entienden ahora por qué no quiero dejar Francia?

Aunque las probabilidades de encontrarnos frente a frente eran mínimas (trabajamos casi en el mismo medio, pero si es en diferentes compañías no creo que haya problema), no me siento con ánimos de plantar un solo pie en el mismo terreno continental que esa persona ha pisado. Para agravar las cosas, lo poco que sé de su vida actual es que se ha convertido en una de las personas más influyentes del estado americano. Además las otras noticias provenientes de la prensa rosa no dicen muchas cosas buenas de su persona. Honestamente no esperaba menos de él.

Tampoco es que lo hubiese estado investigando ¡Por dios! ¿Quién querría hacer eso? Más bien, lo sabía porque casualmente era la única información a la que podía acceder en aquel pueblecito llamado Amoris Ville. Y eso solo un par de ocasiones al año, en las que casualmente me dignaba a visitar a mi abuela en mi ciudad natal, y casualmente a esta le daba por encender el televisor, siempre en el canal que se dedicaba a los chismes de los famosos. Para saber en qué trabajo, decía ella.

Sí, lo irónico del asunto es que vivo del mundo del espectáculo. Casualidades a fin de cuentas.

Farfullé una vez más, estaba cansado. Por fin, 8 horas después de aquel fastidioso vuelo, estaba pisando suelo americano. Fui a recoger mi equipaje, tan solo una maleta de tamaño pequeño con lo más indispensable para vivir hasta que lo demás, el resto de mis pertenencias, llegara. He sido condenado a vivir en este país en contra de mi voluntad. Cambiar mi cultura y mi idioma, para analizar las costumbres, forma de vida y entretenimiento del público estadounidense no formaba parte de mi plan de vida, pero mi trabajo como representante artístico me exige este cambio.

Sí, representante o "manager", esa persona que se dedica a administrar la vida de algún famoso, en este caso a cantantes. Hacer el itinerario, gestionar contratos, supervisar que cumpla con su agenda, cuidar de su imagen, cosas como esas. ¿Cómo llegué a ese trabajo? Negocio familiar; mi padre tiene una compañía discográfica (The Rousseau Entertainment, conocida mejor como TRE por las iniciales) que para mayor seguridad de sus clientes les proporciona un representante capacitado. Una regla pues: si quieres firmar con nosotros, una de las compañías discográficas más importantes del mundo, nosotros vamos a supervisar tu carrera. En fin, como heredaré este negocio desde pequeño he sido instruido en el mundo del espectáculo, aunque no sea de mi agrado. No puedo decir que soy un representante experimentado, en Francia solo estuve a cargo de una cantante que tuvo fama un par de años y decidió retirarse.

A mi padre se le había ocurrido la maravillosa idea de abrir varias sucursales a lo largo del mundo cuando yo aún no entraba en el negocio y Estados Unidos no fue la excepción. Esta última estaba trabajando bien hasta que se hizo famosa en extremo lo que ocasionó mayor demanda y a su vez falta de personal. Y en medio de esa crisis, casualmente yo ya estaba libre.

Lo demás es historia: me obligó a venir si es que quería heredar el negocio. Amenazó incluso con dejárselo a mi hermana, pero una modelo cabeza-hueca que solo sabe sonreír a una cámara e irse de fiesta mandaría a la quiebra la empresa familiar en cuestión de segundos. No me quedó otra alternativa que aceptar.

Como dije, no es que me apasione mi trabajo. Pero estoy tan acostumbrado y además –aunque suene egocéntrico– tengo talento para ello. Y por sobre todo, era una empresa que se remontaba a un par de décadas. No iba a dejar morir aquella tradición familiar que a duras penas había comenzado.

Y heme aquí, soportando las temperaturas cercanas a los 0°C, esperando a que alguien de la compañía se dignara a recogerme. Se suponía que una vez que llegara habría alguien con un letrerito con el logotipo de TRE, o bien, mi nombre. Pero ninguna de las dos cosas se presentó. Resignado, tuve que sentarme en la sala de espera más cercana. Podría haberme ido por mi cuenta aunque nunca había estado antes en NY, pero confiaba en mi orientación.

Así, estuve esperando mientras la noche caía, hasta que una hora después apareció rondando entre las salas un chico de cabello negro que no pasaba de los 20. Inmediatamente supe que me buscaba, seguramente algún asistente recién contratado.

—¿Señor Rousseau? —preguntó al verme, se notaba el nerviosismo en su rostro.

—Soy yo —respondí sin un tono en especial. El chico pareció suspirar más relajado.

—Creí que ya se había ido —sonrió rascándose la nuca—. Lamento la tardanza, el tráfico en Manhattan ha estado muy pesado últimamente, sobre todo en estas horas.

Negué con la cabeza en actitud amable, aunque por dentro estaba verdaderamente cabreado; pero no podía arremeter contra él, el chico no tenía ninguna culpa de mis desgracias.

Nos marchamos hasta su auto, un viejo modelo de Cavalier, y durante todo el trayecto hacia las oficinas de TRE, el chico que se presentó a sí mismo como Arthur Clark (incluso me dio permiso de llamarlo Arthy; reí cuando lo propuso, a diferencia de él yo jamás dejaría que me llamaran Nath) no dejó de parlotear sobre su vida. Así me enteré de sus problemas amorosos y financieros; de que su novia quedó embarazada y un amigo lo metió en el negocio, de las millones de deudas que tiene y cómo los padres de ella lo detestaban. Vaya vida.

Me dediqué a observar la ciudad por la ventana, la noche había caído completamente pero la vida en la Gran Manzana nunca paraba. Los edificios aún estaban iluminados, así como las calles que seguían atestadas de gente aunque había comenzado a nevar. Me acomodé el abrigo de tal manera que cubriera más mi cuello, y hubiese seguido ignorando a Arthur si no fuera por las últimas palabras que dijo antes de callarse.

—…Pero ¿sabe? Aunque no había planeado nada de esto… aún así… soy feliz.

Lo encaré, levantando una ceja. Él estaba con una leve sonrisa, mirada frente a la calle . Pero sus palabras habían salido en un tono que parecía que se estaba tratando de convencer a sí mismo que a mí.

—Si no te gusta este trabajo, puedes dejarlo ¿sabes?

Le comenté, y era verdad. El chico tenía derecho a controlar aunque fuera esa parte de su vida.

—Ah… hahah… —rió nervioso, rascándose la nuca nuevamente con una mano, mientras que la otra no dejaba el volante—. No pretendía ofender a su empresa.

—No es mi empresa aún —no lo iba a ser hasta que la adquiriera realmente. Por el momento era solo un trabajador más.

—¡Cómo! Usted no es Francis Rousseau.

—No, él es mi padre —sí definitivamente el chico era nuevo en la empresa.

—¡Ah! —exclamó como si hubiera hecho un gran descubrimiento—. Ahora todo tiene sentido, ya decía yo que usted se veía muy joven como para ser el presiente de la compañía.

No contesté.

Durante los siguientes cinco minutos estuvimos en silencio (¡Al fin! Comenzaba a darme jaqueca), hasta que llegamos al edificio de TRE. Lucía exactamente igual que el de Francia, y que el resto del mundo. Un complejo con 8 pisos recubierto con vidrio polarizado, las iniciales de la compañía adornaban lujosamente el techo, que para esas horas estaban encendidas emitiendo su luz neon azul.

Si no me equivoco, la parte sur de Central Park estaba a unas escasas cuadras.

Una vez dentro del estacionamiento subterráneo de la compañía, bajé del automóvil, maleta en mano; dándole las gracias fugazmente a Arthur, subí las escaleras que daban al edificio. A pesar de la breve insistencia de Arthur para usar el elevador, seguí caminando. Inmediatamente él me siguió, pero no necesitaba de su ayuda más, sabía exactamente qué hacer: dirigirme a la persona odiosa que ostentaba el cargo de gerente: un idiota llamado Maxwell Connor, que lo único que sabía era halagar a mi padre para que no le quitara el puesto. Había sido un cantante un tanto popular, pero su fama se extinguió rápidamente.

Aún así, Arthur se me adelantó para solicitar un pase de visitante. Sin él, no me dejarían pasar más allá de la recepción. En unos días más tendré mi propia tarjeta para entrar y salir libremente.

Nos subimos al elevador, esta vez no usaría las escaleras y automáticamente oprimí el botón del octavo piso. Arthur pareció sorprenderse ante esa acción.

─Wow, ¿ya había estado aquí antes? ─ni siquiera me digné a verlo, pero no era necesario hacerlo para darme cuenta que había adquirido una actitud como un cachorrito regañado ante mi silencio─. Ah, es que sabía a qué piso dirigirse.

─Toda las sucursales de TRE son idénticas.

─Ah, ya veo.

Arthur comenzaba a irritarme con sus comentarios y su actitud. O quizá era efecto del jet-lag. La puerta del elevador se abrió antes de que llegáramos a nuestro destino y a él entró la persona más odiosa del planeta después de Ámber. Sin duda me sorprendí al ver a Maxwell (MaxC como había sido conocido) y él también, pues sus ojos azules se ensancharon al reconocerme.

─ Vaya, vaya, vaya ¡miren qué tenemos aquí! ─dijo extendiendo sus brazos en señal de abrazo con su voz irritante. Por supuesto que no le correspondí─. El pequeño Nathy ¡mira cuánto has crecido! ─Y he allí la razón por la que me repatea este sujeto.

─Hola Maxwell ─farfullé sin ánimos. Arthur solo exclamó un alegre "¡Jefe!" en cuanto lo vio, él le respondió alegremente un "Arthy ¡buen trabajo!". Puaj. Después se dirigió a mí nuevamente.

─¿Qué es eso de ¿'Maxwell'? ¡Soy como tu familia! Llámame tío Max.

No definitivamente no lo haré. Ni siquiera lo considero un amigo cercano. Quizás un conocido muy distante, con el cual no me hubiera querido topar alguna vez en mi vida. Maxwell siguió hablando sin parar, casi como lo había hecho Arthur desde que llegué -¿Acaso eso era contagioso? Debía medir mi comunicación con aquellos dos de ahora en adelante si no quería terminar hablando de cosas triviales a las que nadie le interesa-. La única diferencia es que Maxwell hablaba como un ebrio, y yo estaba obligado a contestarle.

Después de todo, de ahora en adelante él era mi jefe, y si le daba la gana podía echarme en ese mismo instante. Aquí no importaba que mi padre fuera el dueño absoluto de TRE. Aquí era tan solo un empleado más; y ese trato era lo que quería. No me hubiera gustado que se me tratara con respeto solo porque era "hijo del dueño", y no porque lo hubiera conseguido con mis propios méritos.

¿Cómo está tu padre? Bien (ocupado realmente).

¿Tu hermana? Trabajando (no tengo ni la más mínima idea en dónde).

¿Tu madre? En casa (como siempre).

¿La escuela/la universidad? Terminé hace tiempo la carrera de Ciencias de la comunicación (con honores).

¡Eso es sorprendente! Ajá (el tiempo pasa rápido señor Connor).

Con una charla así llegamos hasta su oficina, casi tan lujosa como la de mi padre. Toda la pared trasera estaba compuesta de vidrio dando una vista panorámica de la ciudad.

─Muy bien Nathy…

─Nathaniel─ le corregí con el ceño ligeramente fruncido. Maxwell se sorprendió por mi interrupción pero inmediatamente se relajó. Esbozó una ligera sonrisa─. Por favor, llámeme Nathaniel.

─Muy bien… Nathaniel. ¿Conoces nuestro lema? ─asentí y respondí automáticamente.

Tu manager, tu segunda familia. TRE, tu segundo hogar.

Un lema estúpido. Si lo analizabas bien quería darte la idea de que el trabajo es tan importante como tu familia. Que podías pasarte días encerrado en la disquera, casi aislado del mundo e iba a estar bien. Aunque no puedo decir nada; después de todo, me gusta más mi trabajo que estar con mi familia. Pero se aquel lema lo había ideado mi abuelo, así que nadie iba a cambiarlo.

─Oh, veo que sabes bien en qué estás metido. Bien… la compañía aquí en Norteamérica ha crecido considerablemente. Incluso tenemos cantantes canadienses haciendo fila para firmar con nosotros. Y todo ha sido gracias a mi, claro ─claaaaaaro─. El punto es que, llegaste en un gran momento. Ahorita mismo tenemos a una estrella que está ansioso de ingresar a TRE. Al parecer tuvo algunos problemas con su anterior empresa, y según las noticias, su antiguo representante había planeado estafarlo aprovechándose de la fama y fortuna que está adquiriendo. Por eso quisiera que tú te hicieras a cargo de él.

Me señaló con su dedo, y entendí que no me estaba preguntando ni pidiendo permiso. Era una orden la que me estaba dando. Yo asentí firme, a pesar del gran reto que se me mostraba, también era una gran oportunidad para poner a prueba mis habilidades.

─Por su puesto ─respondí, seguro de mi mismo. Maxwell permaneció estupefacto un par de segundos, quizá creyó que me cohibiría ante la situación. Pero después comenzó a reír.

Definitivamente el tipo estaba ebrio.

─¡Esa es la actitud Nathy! ─una vena saltó en mi sien, ¡hacía tan solo dos minutos que le había pedido que no me llamara así!

─Es Nathaniel ─esta vez contestó Arthur. Oh, el tipo me cayó bien por primera vez.

─Sí, sí, Nathanieeeeeel ─alargó la e en una tonadita jocosa. Pero prefería eso al diminutivo que se empeñaba en darme─. Muy bien. Me alegra que seas decidido. Esta nueva estrella tiene mucho potencial, mucho talento y es joven. Creo que de tu edad. Aunque… ─se hizo el paranoico y comenzó a ver a ambos lados como si temiera que alguien más escuchara la conversación. Después comenzó a hablar más bajito─… su vida es un desastre. Últimamente no ha tenido más que una pésima imagen. Los medios lo adoraban, pero ahora solo ha causado mucho escándalo… ¿Podrás con eso?

Me miró con lástima. Este tipo estaba dudando de mis capacidades.

─No habrá ningún problema ─contesté nuevamente firme. Si en Francia pude evitar que rumores fuertes se esparcieran millones de veces ¿por qué aquí no?─. ¿Y esa estrella es…?

─¿Señor Connor? ─la voz enlatada de la secretaria de Maxwell sonó a través del intercomunicador. Cuando habíamos llegado a la oficina, el escritorio en el que se suponía estaba ella se encontraba vacío, así que no sé qué clase de persona sea.

─Kathy, linda, llámame Max ¿quieres?

─No ─respuesta directa y mordaz. Esa tal "Kathy" comenzaba a agradarme y sonreí levemente. Sin embargo esa mueca se desvaneció inmediatamente por lo que la secretaria dijo a continuación─. El señor Eyheralde ya se encuentra aquí.

Me paralicé con la mención de ese apellido, contuve la respiración y mi mente comenzó a ser un completo caos.

Eyheralde… no había muchas personas con aquel apellido aquí ¿verdad?. Eyheralde ¿Había dicho "señor Eyheralde"? Debí escuchar mal. No, esto no era posible. Calma Nathaniel. No podía ser AQUEL Eyheralde. Debía ser una coincidencia. Una maldita casualidad. Quizá se trataba de algún otro empleado, o algún representante de una empresa aliada…

─Hablando del rey de Roma…

Maxwell me miró. No. No podía haber otro cantante con aquel apellido francés.

─¡Hey apúrate a abrir esa maldita puerta! ─ya no era la voz de la secretaria hablando, era la de un hombre. Un hombre muuuuy furioso.

─Calma Cassy.

Demonios. No. Un "¡Maldita sea! Deja de llamarme con ese ridículo nombre" se escuchó antes de que la mujer volviera a tomar la palabra.

─¿Lo dejo entrar, señor?

Por favor no.

─Haz que entre.

Antes de que pudiera reaccionar, la puerta se abrió dando un gran estruendo.

─¡Por qué carajos me haces esperar!

Esto debía ser una pesadilla.

─¡Cassy!

Definitivamente era una pesadilla.

─Nada de Cassy. ¿Dónde demonios está ese "manager tan capacitado" del que tanto has hablado? Lo necesito A-HO-RA─ yo quería escapar en ese mismo instante, estaba comprobado que efectivamente era aquel Eyheralde del que quería huir. De hecho ya me estaba encaminado hacia la puerta─. Dijiste que hoy llegaba, ¡y no pienso esperar ni un maldito día más! Si no está aquí yo…─ sus palabras quedaron en el aire, porque entonces casualmente se giró. Y casualmente me miró.

Ah, malditas casualidades.

El cabello ligeramente más largo, pero teñido del mismo tono rojizo. Una perforación que antes no había en su lóbulo. Más alto de lo que recordaba; si antes la diferencia era casi imperceptible ahora era notorio que me sacaba más de un par de centímetros. El mismo aire de rockero en una bicromía negra y roja.

Permaneció estático, escudriñándome. Luego se quitó sus Ray-Ban revelando así aquella la mirada afilada que se había acentuado a través de los años.

Y casualmente esos ojos plomizos se posaron sobre los míos.

Ya no tenía escapatoria.

Que no me reconozca, que no me reconozca, que no me rec…

─¿Nathaniel? ¿Qué demonios haces aquí?

Si tan solo nunca hubiera venido a Nueva York. Si tan solo no hubiera estado libre. Si tan solo no hubiera entrado en TRE. Si tan solo no hubiera sido un Rousseau… no estaría aquí.

Ah, malditas casualidades.


Eh, sí, bueno… ¡Hola!(?) Aunque tengo un fanfic publicando aquí, no puedo estar trabajando con uno solo (manías mías), y pues, como ya tenía esta historia guardada en mis archivos desde hace año y medio, decidí sacarlo a la luz.

Constantemente me preguntaba ¿Qué habría pasado si Castiel se hubiera ido con Debrah al final del episodio 16? ¿Cuál hubiera sido el impacto entre los demás estudiantes del Sweet Amoris? Por aquel tiempo también quería escribir algo de Boys Love, pues es un género en el que quería experimentar, así que… Vualá ~ Salió esto.

Algunas aclaraciones:

-Puesto que el juego original es Amour Sucré, decidí que el país natal tanto de Castiel como Nathaniel fuera Francia; sin embargo el inicio de esta historia se desarrolla dentro de Estados Unidos de América, concretamente en Nueva York. Como nota aparte, jamás he visitado dicha ciudad, únicamente una exhaustiva revisión virtual, así que si ven que algo no cuadra, sería genial que me pudieran ayudar en ese aspecto.

-Este es un Semi Universo Alterno. Es decir, sigue la línea del juego hasta el episodio 16. Después de esto toma otro rumbo, sobre todo en la vida de Castiel. Los demás estudiantes siguieron su vida (casi) igual como lo vemos a lo largo de los episodios. Sin Castiel, claro, y quitando algunos otros elementos que se revelarán más adelante. También habrá mucho OoC, que no puedo evitar, por lo que si esto no es de su agrado les recomiendo no seguir este fanfic. Y, como se desenvuelve en un ambiente muy lejos del Sweet Amoris, también habrá mucho OC, ¡pero no se preocupen, que los demás tendrán su mención!

-Esta historia está escrita en su totalidad en primera persona, es decir desde el punto de vista de Nathaniel. Y cae completamente dentro del género del BL: Boys Love.

-Esta historia se sumerge dentro del espectáculo totalmente de una manera FICTICIA. No pretendo hacer una guía sobre lo que ocurre detrás del escenario por lo que muchas situaciones pueden estar bastante alejadas de la realidad.

-Todas las marcas aquí mencionadas son pertenecen a sus respectivos propietarios. No pretendo lucrar con ellos ni darles promoción(?).

-Sí, Sekaiichi Hatsukoi influyó bastante en este fanfic xD

Y eso es todo. No les prometo actualizar pronto porque… en realidad no lo hago, tardo milenios XD En fin, ¡gracias por leer!