Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.

Advertencias: BL, OoC, Semi AU, posible lenguaje vulgar. Notas al final.


SHOWTIME

Capítulo 5: Quédate

La cafeína surtió un efecto impresionante. Después de siete horas de búsqueda en Internet comprendía la situación. Más o menos. Mis fuentes se reducían a las entradas de la Castiel-Enciclopedia que había visitado con anterioridad y reafirmadas con noticias de la prensa, tanto los periódicos serios como los amarillistas. Aún no tenía el valor (ni las ganas) de hablar con Castiel, y mucho menos preguntarle a qué se refería con que yo siempre tuve la razón.

No puedo encontrar otro sustantivo para calificar la trayectoria de Castiel que lo llevó hasta el punto actual además de «lamentable».

Después de abandonar Amoris Ville, él viajó a los Estados Unidos para ingresar a Nightmare Stars como era el deseo de su, en aquel entonces, novia. Una arpía que lleva por nombre Debrah Mackenzie. Esa parte de la historia la conocía muy bien.

Inició su carrera en dicha banda siendo solo un guitarrista más; pero su físico, carisma y excelente voz lo catapultaron más alto. Rápidamente fue elegido como el favorito en las encuestas de popularidad, muy encima de los otros miembros, incluyendo a la autoproclamada líder de Nightmare Stars, Debrah. Aquella etapa no duraría para siempre.

Para sorpresa de todos, el grupo se disolvió repentinamente antes de comenzar su tercera gira mundial, tan sólo cinco años después de su ingreso. Esto él mismo me lo había relatado.

Las CastielAddict -nombre que se adjudicaron las seguidoras de Eyherlade-acusaban a la líder de la banda como la responsable de la separación. Cuentan que se sentía tan eclipsada por la creciente fama de Castiel que no soportó que la atención no estuviera puesta solo en ella. Y aunque esto no tenía fundamento más allá de una teoría conspirativa de las fans, lo veía bastante probable. Un fatídico día, cuando aún ninguno de los dos tenía fama y renombre, le escuché decir que

estaría dispuesta a dejar a su novio de lado solo para que su cara fuera la única en la portada de su álbum debut. Demasiados aires de grandeza desde la juventud.

Debrah era muy parecida a mi hermana. Buscan ser el centro de atención, sentirse amadas, deseadas y admiradas por todos. No soportan cuando alguien triunfa más alto. Pero a diferencia de Ámber, ella era más astuta lo que la volvía muy peligrosa.

La relación de Castiel y Debrah continúo aún estando en caminos diferentes, cada uno concentrado en su carrera. Como era de esperarse pronto comenzaron los conflictos.

Castiel apareciendo en todas las portadas de las revistas, Debrah con suerte era mencionada en un escueto artículo. Castiel agotando las entradas a sus conciertos en cuestión de minutos, Debrah sin ser capaz de llenar un auditorio de cinco mil personas. Todas las miradas puestas en Castiel Eyheralde, nadie recodaba a Debrah Mackenzie. Si el objetivo de Debrah al deshacer Nightmare Stars era acabar con la popularidad de Castiel sus planes definitivamente no salieron como lo deseaba. Solo había una manera más de hundirlo.

La pareja más famosa de Norteamérica sorprendió a todos cuando anunciaron la ruptura de su relación en medio un fuerte escándalo. Todas las manos apuntaban a Castiel Eyheralde como el infiel, al ser captado saliendo de un hotel acompañado de una dama a la que posteriormente identificaron como sexoservidora. Debrah se deshizo en lágrimas frente a entrevistadores que la compadecían en distintos programas de televisión, radio e incluso revistas que buscaban titulares novedosos para vender.

A diferencia del resto del mundo, las CastielAddict más acérrimas no creyeron a llanto, por más convincente que parecía. No sé si llamarles inteligentes u obsesionadas.

Pero ese escándalo, ocurrido hace dos años, fue el inicio del declive de Castiel Eyheralde. Poco a poco los contratos, las entrevistas y los espectaculares en Time Square donde aparecía su rostro fueron disminuyendo. Su último álbum no tuvo grandes ventas. Cancelaron sus giras. Cuando el contrato con su anterior compañía expiró, ni siquiera pensaron en renovarlo. Su equipo de trabajo (músicos, instrumentos y demás) pertenecía a la compañía por lo que se quedó sin herramientas para trabajar, más allá de su guitarra y su voz. Simplemente lo echaron a patadas, y justo después descubrió la estafa de su anterior manager.

Su disoluta vida comenzó, lo que reafirmó aún más las acusaciones en su contra. Catalogado como mujeriego, borracho y conflictivo las fans que tanto lo defendían se sentían contrariadas. Una a una le dieron la espalda con decepción.

No quería juzgar a Castiel, si falló o no en su relación con McKenzie. Él no toleraría una infidelidad, lo sé. Mi cara recibió su puño sin piedad cuando erróneamente creyó que trataba de seducir a su noviecita en nuestra época estudiantil.

Sin embargo ese el golpe no me dolió tanto como saber que ese fue el quiebre total de nuestra relación. Por supuesto que cuando inició su noviazgo con Debrah poco a poco nos dejamos de frecuentar y al cabo de un tiempo terminamos alejándonos. Pero el trato que nos dábamos en los pasillos era un tanto cordial, como la de dos compañeros de clase. No iba a acaparar un espacio en la reducida lista de amigos de Castiel, después de todo nunca sentí que lo fuéramos. Nuestra antigua relación iba más allá de eso.

Al final las risas se apagaron y la sensación de sus besos se fue desvaneciendo, pero aún nos hablábamos. Todavía podía escuchar su voz diciendo mi nombre y su mirada puesta en mí con miles de interrogantes ocultas. Y yo, en el fondo, aún guardaba la pequeñísima esperanza de que un día me dijera que había terminado con Debrah y regresara a mi lado, a nuestra atolondrada relación sin nombre. Era lo único que podía aspirar.

Todo cambió a partir de ese fatídico día. No me dejó explicar la absurda situación. No pude confesar lo mucho que él me importaba. Y me fue imposible desenmascarar a quien estaba a su lado, a las mentiras que le decía, al falso amor que le profesaba. Creyó en cada una de sus palabras y a mí, que estuve a su lado durante tanto tiempo, me hizo a un lado sin reparo. En ese momento comprendí que aunque mi mundo entero girara en torno a Castiel Eyheralde, por más sentimientos atorados en el pecho hiriéndome, para él signifiqué poco o nada.

Algunos años después alguien más –Lynn Darcy– intentó hacer lo mismo, con un resultado similar, lo que me confirmó que las cosas no habían cambiado en absoluto. Le seguía teniendo una gran devoción a Debrah aunque esta ya lo había abandonado una vez.

Traté de ser lo más objetivo posible al leer todos los artículos. Sin embargo, al conocer los antecedentes no documentados en ningún sitio de internet, sabía que la situación sonaba muy chocante. Castiel no es del tipo de persona que se quedaría callado ante una acusación, sobre todo si era falsa. Jamás dijo una palabra al respecto ni directa ni indirectamente. «El que calla otorga», decían sus detractores, y él les dio los motivos suficientes para decepcionar.

Y aunque la actuación de Debrah podía ser convincente, al final se reducía a eso, una simple actuación. Era experta en darle la vuelta a los sucesos y victimizarse. Si el canto ya no le resultó, Debrah debió volverse actriz.

En dos años la carrera de Castiel cayó en picada, pasó de ser el artista más reconocido en Norteamérica a ser el más odiado y por consiguiente olvidado en los últimos meses.

El trabajo que me esperaba era demasiado.

Y aún con toda la investigación no comprendía del todo a qué se había referido con el «tenías razón». ¿A Debrah en específico? Las pruebas apuntaban a ello, pero escucharlo decir eso después de diez años, en lugar de alegrarme, me sentí lleno de contradicción.

No negaré que esperaba que un día se diera cuenta de la asquerosa personalidad de Debrah McKenzie, solo que no imaginé que las cosas resultaran de esa manera. Sobre todo al ver lo devastado que estaba al estar consciente del fiasco de carrera y reputación que ostentaba actualmente.

Por suerte, tal y como Michael Kang había dicho, no se filtró ningún video en internet. En Twitter, sin embargo, había una serie de mensajes de personas que decían haber estado entre el público de El Gran Espectáculo y atestiguaron la riña. Algunos la relataban vagamente y otros agregaban detalles de más, como el que decía que Castiel sabía kung fu y Emmet se defendió con técnicas de judo. Disparates.

El club de fans de Castiel –que parecía estar oculto debajo de una roca hasta ese momento– sacó sus garras para defenderlo a capa y espada; al final de cuentas no había ninguna evidencia que lo culpara, aunque tampoco que lo marcara como inocente.

Que las CastielAddict siguieran activas me confirmaban algunas cosas:

1) Había quienes esperaban su regreso.

2) Al parecer, el asunto con Debrah estaba quedando en el olvido.

3) O las fans de Castiel le tenían una lealtad tan grande como ciega.

4) Lo último me alegró. Aunque no debería.

Y 5) Tenía que sacar provecho de esta situación

Solo esperaba que no se hiciera tendencia.

Bostecé con cansancio en cuanto me di cuenta que el sol ya había salido. A mi pesar y sin haber dormido en toda la noche, apagué mi laptop y comencé las actividades matutinas. Tenía una reunión en menos de dos horas con Maxwell Connor para notificar la situación ocurrida y prevenir a nuestros abogados de cualquier movimiento de Emmet Ventura o su compañía.

Y mientras realizaba mi rutina el rostro de Castiel mirando a la nada venía una y otra vez a mi mente, junto al estúpido slogan de TRE.

Había sido una agotadora y nefasta noche. ¿Qué podía hacer para animarlo? Además de salvar su carrera.

Empecé a sentir mis mejillas demasiado calientes. No necesitaba mirarme al espejo para corroborar que todo mi rostro estaba encendido, al recordar la manera en que solía confortarlo. O cómo lo hacía -hace una década- cuando éramos dos adolescentes dominados por las hormonas. Pero ni en mil años volvería a sentarme a horcajadas sobre sus piernas y besarlo hasta el grado de necesitar una ducha para calmar otros ánimos encendidos.

Había otra cosa, pero era muy estúpida. Y no sabía si funcionaría con el Castiel actual.

-showtime-

El día pasó más rápido de lo que me hubiese gustado. Después de explicarle la situación a Maxwell (quien solo asintió con un «No hay de qué preocuparse Nathy. Sé que con tus habilidades puedes arreglarlo, ¿verdad?», mientras se reía descaradamente), asignarle a Athur la tarea de monitorear el rumor de la pelea en internet y pedirle a Katherine que investigara algunos datos que necesitaba, me dirigí a un establecimiento de comida rápida.

Mientras esperaba mi orden, la idea de enviar un arreglo floral o algo parecido al hospital donde aún seguía Emmet pasó por mi mente. Sé que eso no compensaría todo el daño que Castiel le causó y podía parecer una burla a su estado actual, pero por el momento era lo único que se me ocurría para aparentar una disculpa de parte de Eyeheralde. Porque lo único que importa en este mundo son las apariencias y quedar bien con todos. Aspectos que a Castiel claramente no le interesan.

Al final deseché la idea. Probablemente se enfadaría conmigo al saber que hice algo que no deseaba en su nombre, aunque ese sea mi trabajo actualmente.

También tenía que averiguar los motivos de Castiel para iniciar la pelea con Emmet Ventura. Algo debió haberle dicho para enfurecerlo y hacer que perdiera la razón.

Me sentía agotado, tanto mental y físicamente, y aún tenía que hacer una última parada antes de regresar a mi departamento. Con la bolsa de papel en mano me encaminé a la Quinta Avenida.

-showtime-

No esperaba esto.

La noche anterior Castiel básicamente me echó de su departamento, pero fui lo bastante previsor para hablar con el conserje del edificio donde está el penthouse y explicarle mi relación laboral con él, por lo que no hubo ningún inconveniente para permitirme el ingreso. Y por supuesto había memorizado la contraseña de la puerta con verla solo una vez.

No quise detenerme a pensar en si lo que estaba punto de hacer era ilegal. Es decir, invadir propiedad ajena es un delito, pero estábamos hablando de Castiel. Si llamaba a la puerta como toda persona normal, corría el riesgo de ser echado nuevamente. Y necesitaba aclarar ciertos asuntos con él y prever nuestras siguientes acciones.

Ingresé el código, la puerta se activó y estaba a punto de proseguir mi plan de allanamiento de morada, cuando hubo un impedimento. Algo que obstruía la puerta, algo con lo que choqué. Y ese algo estaba en el suelo, retorciéndose de dolor y riéndose al mismo tiempo.

Por todos los cielos, Nathaniel.

Acabo de tirar al suelo a una mujer que salía del apartamento de Castiel.

—¡Lo lamento! —dije lleno de vergüenza, ayudándole a levantarse; sin saber qué otra cosa hacer al respecto.

Fabuloso. Suficientes problemas tenía con Castiel como para añadir los míos propios, pero debía responsabilizarme por el accidente. Le pregunté si se había hecho daño, pero no obtenía otra respuesta además de muecas adoloridas y carcajadas escandalosas.

Nunca la había visto y eso me hizo creer que me había equivocado de departamento y estaba a las puertas de la vivienda de alguien más (lo cual haría el delito realmente grave). Pero eso no tendría sentido puesto que solo había un penthouse, y la contraseña se marcó como válida.

—Ay niño, no se preocupe —me dijo en cuanto pudo ponerse de pie nuevamente. La mujer, de unos cincuenta años, era bajita y rechoncha. Tenía sobre su cabello rebeldemente alborotado unos antejos que se ajustó para examinarme—. Usted debe ser el nuevo… eh ¿Cómo era? ¿Manager? —sin estar seguro realmente de su identidad o de los motivos de su interrogatorio, asentí y estaba a punto de decir mi nombre, pero me lo impidió de la manera más imprevista—. No va a meter a Castiel en problemas como el anterior idiota, ¿verdad?

Vale, eso no me lo esperaba.

La mujer estaba ahí frente a mí, con su metro y medio de alto, las manos en su cintura, las gruesas cejas fruncidas y su mirada castaña desafiante. No sabía si dejarme intimidar o reír a carcajadas.

O admirar su personalidad fuerte, con la que estaba defendiendo a Castiel.

—Isabella, por favor deja de abrirle la puerta a todo el…

Castiel apareció detrás de ella y no terminó de hablar en cuanto me reconoció.

Ok, estaba sin camisa. Con el cabello mojado frotándolo con una toalla. Recién salido de la ducha. Y sin camisa.

Y yo no debería estarme fijando en esos detalles.

Es decir, no tenía nada de malo admirar el físico de una estrella como lo era Castiel. Después de todo tenía el cuerpo perfecto para aparecer en un comercial de «fragancias masculinas para el hombre moderno» en donde estaría la mitad del tiempo en ropa interior y después viajaría en motocicleta con una despampanante mujer a través de la puesta de sol. O cualquier otra barbaridad que al director del comercial se le ocurriese con tal de vender.

Pero si que había todo de malo cuando quien lo admiraba era el Nathaniel de quince años que había estado tratando de reprimir la última década y que recientemente había estado presente una y otra vez.

Y me afligía no poder controlarlo.

Enfócate-en-tu-maldito-trabajo.

—Ah, Isabella, Castiel me habló de usted —dije, extendiéndole una mano—. Soy Nathaniel R. Mucho gusto. Le aseguro que TRE, la compañía a la que represento, busca lo mejor para…

—¿Y tú? —me interrumpió—. ¿Qué buscas con Castiel?

De nuevo mi yo adolescente quería salir. Salir y gritar a los cuatro vientos que estaba feliz de encontrarse de nueva cuenta con su primer amor.

Me obligué a encerrarlo, a recordarle todo el daño que me hizo. Volví al presente en el que la única relación que tendría con Castiel era exclusivamente laboral.

—Que vuelva a brillar —dije sin mentir. Porque a pesar del pasado, seguiría dándolo todo por él. Hasta que encontrara un nuevo manager o el contrato expirara—. Mucho más que antes.

La mujer, ajena a mi conflicto interno, me escudriño de arriba hacia abajo. Y después relajó la mirada.

—Se la ha pasado todo el día con su guitarra. Está muy triste. Cuídalo ¿sí?

-showtime-

Fue toda una sorpresa saber que Isabella, quien aseaba el departamento de Castiel dos veces a la semana, mantenía una estrecha relación con él. Casi como madre e hijo.

Me encontré sonriéndole mientras se despedía a través de la puerta del elevador. Una parte de mí se alegraba al saber que de toda la mierda que Castiel había pasado en los últimos años, había un par de cosas rescatables.

Como Isabella que con su voz parlanchina en menos de cinco minutos me puso al tanto de cosas que ignoraba respecto a él.

Que llevaba trabajando para Castiel desde hace ocho años, que una vez cogió un resfriado tan grave que lo dejó en cama por quince días y que cuando está deprimido toca acordes sueltos con su guitarra acústica, los cuales alcanzaba a escuchar desde su habitación.

Las inconsistentes notas me transportaron a un melancólico recuerdo, con el que luché para evitar remembrar.

No tuve que hacer mucho esfuerzo. Al instante que entré en el departamento, las notas se apagaron y fueron sustituidas por las pisadas de Castiel bajando las escaleras.

—¿Qué haces aquí?

—Me pediste que cuidara tu herida —le contesté, señalando su frente—. A eso vengo.

Con su mirada entrecerrada que claramente decía no te creo, se acercó a mí. Casi con cautela.

—Y traigo comida —añadí mostrándole la bolsa. Reconoció el logotipo al instante.

—¿McDonalds? ¿En serio?

—Eran tus favoritas.

Se detuvo. Y me di cuenta de mi error.

—Lo recuerdas.

—Era lo único que había de camino —dije como excusa—. Sé que no es lo más sano del mundo, pero puedes consentirte de vez en cuando.

Castiel chasqueó la lengua y me arrebató la bolsa. Lo seguí hasta la barra de la cocina en donde se sentó en una de altas e incómodas sillas. Me tomé la libertad de hacer lo mismo.

—¿Solo a eso venías? —dijo mientras daba una mordida a la hamburguesa—. ¿O sigues preocupado por lo de ayer? No me voy a matar.

—Solo me quería asegurar—alcé los hombros sin hacer esfuerzos por ocultarlo. En parte seguía inquieto por la seguridad de él. Y por otro, necesitaba averiguar algo—. Eyeheralde, perdí el tacto hace mucho tiempo, así que iré al grano. ¿Qué te dijo Emmet para que reaccionaras así?

Castiel dio un puñetazo a la mesa. Sabía que la pregunta no le iba a agradar.

—¡No te…

— «¿No te metas en mi vida?» Lamento informarte que mi existencia entera es para meterme en tu vida. Por ahora —Sentí un ligero mareo, junto a un dolor punzante en la sien, recordatorio de que llevaba más de 24 horas sin dormir. Estaba cansado, sin fuerzas para tener otra absurda discusión. Era increíble que aún pudiera estar de pie—. Olvídalo, lo descubriré tarde o temprano.

—¿Qué? ¿También eres detective? —dijo, con burla.

—Por afición —contesté de la misma manera. Si mi familia no tuviera un negocio en el mundo del espectáculo, probablemente andaría por ahí resolviendo casos. Por ahora todas mis investigaciones serían debido a Castiel.

Terminó de comer en un profundo silencio. El cansancio estaba cada vez más presente en mí. Los párpados me pesaban. Otro mareo.

—Bueno —le dije, mientras recogía mis cosas y me dirigía a la salida, dispuesto a regresar a mi propio departamento y por fin descansar—. Si no vas a hablar mi trabajo terminó.

Castiel se puso de pie.

—Espera.

—No veo por qué deba…

Nath —susurró tras mí. Oír su voz de nuevo diciendo mi nombre de una manera tan especial hizo que todos los vellos de mi piel se erizaran. Vi en sus ojos grises la misma mirada a la que no podía rehusarme, la que me enloquecía hace diez largos años—. Espera. Quédate, por favor.


Gracias a OrenjiLoveLove por tu comentario :D Me alegra saber que sigues la historia en Wattpad.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo!