Capítulo 19 - The Ghost in the Screen, Quiet Riot - Part 1

La situación que Judy estaba viviendo era casi irreal, tanto que le costaba aceptar que tales eventos de verdad se estuvieran desenvolviendo frente a ella, pues desde el momento en que Duke Weaselton la había secuestrado, y usado contra Nicholas Wilde, no habían pasado más de veinticuatro horas. Claro, si no contaba con el hecho de que la dimensión que Cheezi Pigdwell había creado los había enviado una semana en el futuro. O al menos así lo percibían ella y su compañero.

Era lo que pasaba por su mente mientras se cambiaba su deteriorada vestimenta hecha de cortinas por un uniforme de policía perteneciente a una nutria que estaba fuera de servicio. Las costuras resultaban un poco más ajustadas en algunas partes, pero nada que dificultara su movimiento. Y se sorprendió a sí misma al darse cuenta de que, durante todo ese tiempo, había estado cambiándose con el zorro presente en el vestidor, apenas separados por una hilera de casilleros, sin preocuparse por su presencia.

No pudo evitar sonreír ante el pensamiento de que el pudor poco importaba cuando alguien podía atacarlos en el momento menos pensado, por lo que de manera inconsciente había aceptado el hecho de que no podían, ni debían, separarse demasiado. No hasta que todo aquello terminara. Después de todo, la idea de un espía en la comisaría aún no se había descartado, y tanto ella como Nicholas tenían en claro que sólo podían confiar ciegamente el uno en el otro, y en nadie más.

Finalmente, Judy estuvo lista. El uniforme, compuesto por una camisa celeste claro, pantalones con rodilleras combinados con resistencias en la base de sus patas para facilitar el movimiento, sumados a un chaleco antibalas, se habían adaptado a ella bastante bien. Tal vez fueran bienes prestados, pero casi la hacían sentir como una verdadera oficial de policía, a quien tan solo le faltaba la placa para lucirse.

Y lista para ello, se movió con lentitud hasta dar la vuelta a la hilera de casilleros, quedando a pocos metros frente a la puerta, y asomando para ver al zorro a su derecha. Estuvo a punto de llamarle, de preguntarle qué le parecía, pero fue incapaz cuando lo encontró sentado en la banca, perdido en sus pensamientos.

Nicholas ya se había vestido con el que, suponía, era su uniforme usual para trabajar dentro de la comisaría. En esencia, era igual al que llevaba ella, salvando la diferencia de talla, y el hecho de que el sí expusiera una placa identificatoria en su pecho. Pero aquello no era lo único que brillaba. También lo hacía el pequeño objeto que observaba entre sus patas, el cual ella reconoció al instante, dado que hasta hace poco lo había llevado consigo: el mechero de Clarice.

Judy imaginaba qué era lo que había en su mente en ese momento, y era por eso que no quería interrumpirle. Fue por eso que se sorprendió y debió buscar refugio detrás del casillero otra vez cuando una gran pata golpeó tres veces seguidas contra la puerta.

—Agente Wilde, ¿estás ahí? —se oyó una amable voz al otro lado.

—Sí, ¿qué ocurre, Garraza? —preguntó, guardando el mechero en el bolsillo de su pecho.

—Disculpa, quería saber si… si la señorita Hopps estaba ahí dentro, contigo. Llamé al vestidor de hembras, pero nadie respondía, así que pensé… —Iba a continuar, cuando la voz de Judy respondió sin esa necesidad.

—Si, oficial Garraza. Estoy aquí —anunció ella, sin moverse de aquel punto, adivinando que Nick se había volteado el lugar del cual venía su voz.

—Oh… oh… —dijo la voz al otro lado, como si hubiera caído en la cuenta de algo—. Está bien, solo… quería avisarles que el jefe Bogo ya ha regresado, y los espera en su oficina.

—Gracias Garraza, iremos en un momento —dijo Nick.

—Por supuesto, por supuesto —aceptó él, y sus pisadas se alejaron por el pasillo.

Pasaron unos instantes cuando la coneja, recostada contra el casillero, se sobresaltó al oír la voz del zorro.

—Deberías retirarte —dijo el zorro sentado, sin buscarla con la mirada. Judy no se movió del lugar en que se encontraba, ni se mostró sorprendida por esas palabras.

—Los dos sabemos que eso no pasará —respondió con tranquilidad.

—Luego de hablar con Bogo, puedo escoltarte de regreso hasta tu hogar… si la flecha ya no está allí, puede que ya no vayan a por ti. Si te ocultas ahí el suficiente tiempo, hasta que todo esto termine, podrás seguir con tu vida… como si nada de esto hubiese pasado —dijo Nicholas, recostándose hacia atrás—. Podrás ocuparte del negocio familiar junto con tus padres y hermanos… casarte, tener tu propia familia —seguía él, para luego cerrar sus ojos—. Si eso es lo que quieres para tu futuro…

—No voy a regresar, Nicholas —cortó ella, con ojos entrecerrados—. No puedo hacerlo, no puedo dejar las cosas así. No puedo dejarte solo.

—No deberías preocuparte por mi, Judy Hopps. No puedes poner tu vida en la línea por alguien a quien apenas conoces hace dos días.

—¿Y qué tiene que ver eso? —inquirió ella, finalmente saliendo al pasillo de casilleros, para encarar al zorro sentado—. No importa hace cuánto nos conocemos, Nick. No importamos nosotros. Lo que verdaderamente importa aquí… son las vidas que están en juego por causa de S.A.V.A.G.E., y todo lo que han hecho hasta ahora —dijo la coneja, con dolor en su voz—. Desde que salimos de las madrigueras, los agentes de su organización no han hecho más que acabar con civiles inocentes con tal de capturarnos. Lo hicieron con Clarice, con Arttu… con la gente del motel, con los animales que viajaban en el tren… no puedo perdonarlos por ello, ¡y tampoco pienso hacerlo!

El zorro la perforó con la mirada.

—¡¿Y crees que con tu sentido de la justicia alcanzará para detenerlos?! —acusó al incorporarse y Judy, no menos sorprendida por sus palabras, dio un paso al frente.

—Tal vez no, ¡pero meter la cabeza bajo tierra y fingir que todo está bien tampoco mejorará la situación! —retrucó ella.

—Judy, tú… podrías haber acabado como esa gente en cualquier momento. ¡Yo mismo podría haber acabado muerto! ¡Y la única razón por la que seguimos con vida, es porque mi compañera se sacrificó por nosotros! —gritó, completamente fuera de sí, sus ánimos calmandose justo después—. No quiero volver a pasar por eso, Judy. No quiero… —Se miró las palmas de sus garras, y las cerró— tener tu sangre en mis patas, y pensar que quizá, tan sólo quizá, si te hubiera detenido en el momento adecuado, si hubiera dicho algo que te hiciera reconsiderar… —El zorro no se dió cuenta en qué momento su voz comenzó a quebrarse, y debió detenerse un instante para recuperar la compostura—. No quiero que te ocurra nada, Judy. Y yo… no puedo prometer que te protegeré sin importar qué. Sería una promesa vacía, una que no sé si podré cumplir… no quiero hacerlo. No puedo hacerlo otra vez…

La coneja sabía el significado tras esas palabras, palabras tras las cuales permanecía el dolor del zorro por su pérdida, por haber sido incapaz de proteger lo más preciado para él. Ella ni siquiera podía imaginar por lo que Nick estaba pasando, pero su determinación no flaquearía. Llegaría hasta el final y detendría a la organización, costara lo que costara. Y fue ese el pensamiento que tuvo presente cuando dio un paso al frente, poniendo una pata en el hombro de su compañero. No podía comprenderlo, pero eso no significaba que no pudiera estar allí para él, en su momento de mayor necesidad.

—Terminaremos con esto juntos, Nick —dijo sin titubear—. No podemos, ni vamos a dejar que su sacrificio sea en vano, y no vamos a permitir que haya más víctimas por causa de esos criminales. ¿De acuerdo? —preguntó ella.

Frente a los ojos del zorro, la coneja parecía mucho mayor de lo que era, mucho más madura de lo que él era en ese momento. Y ante aquel pensamiento, no pudo hacer más que esbozar una minúscula sonrisa, antes de asentir con lentitud.

No era capaz de contrariar a alguien con una voluntad tan fuerte como esa, ni tampoco quería hacerlo.

Se sentía feliz de tener a una compañera así.


Ahora, treinta minutos después, tanto el zorro como la coneja se encontraban sentados frente a un gran escritorio, tras el cual se encontraba un mamífero incluso más grande, un búfalo uniformado que los observaba atentamente mientras oía su relato, el reporte de todo lo que había ocurrido desde su encuentro fortuito, hasta los sucesos que habían tomado lugar aquella misma mañana en Tundratown.

El señor Idris Bogo, actual jefe de policía y, a la vez, director de la fundación S-paw-agon dependiente de DICE, había debido enfrentar una terrible crisis en la última semana, una como nunca había visto en sus treinta años de carrera: sus agentes Usuarios, la parte más importante de S-paw-agon, habían desaparecido uno por uno a lo largo de la última semana, sin dejar rastro, y dejando a la comisaría desprovista de su mejor defensa contra criminales con el mismo poder que ellos.

Estaba claro que el responsable era un criminal del lado de S.A.V.A.G.E. con un peligroso poder, uno que desconocían por completo y contra el cual no poseían medida alguna, y la única pista que tenían al respecto venía del oficial Fangmeyer, quien había logrado enviar una transmisión de radio antes de que perdieran el contacto con él.

"Garraza, no... tiempo. Avisa... jefe, el… Usuario… red… panta…"

Y así, de manera abrupta, terminaba aquel mensaje. El mismo había sido emitido desde una torre de radio en desuso en el distrito forestal, un punto lo suficientemente elevado como para enviar un mensaje claro, pero que aún así había llegado interrumpido por la estática.

Para cuando los refuerzos llegaron ya no quedaba nadie más. Si bien había señales de lucha en la estancia, no encontraron ni siquiera las pertenencias del agente, y si bien el lugar estaba destrozado, había allí un televisor que no parecía haber sufrido el más mínimo rasguño. ¿Podría "panta…" referirse a la pantalla del televisor? ¿Acaso el Usuario que lo atacó usó ese televisor de alguna forma?

Considerando esto, el departamento de policía recuperó el aparato como evidencia del caso, pero luego de muchos análisis hechos sobre el trasto desarmado, lo único que encontraron fue un televisor perfectamente normal, pero con una particularidad que llamaba la atención desde el vamos: no funcionaba.

A pesar de que los componentes estaban intactos, y que todo estaba conectado en donde debía, el aparato nunca se encendió. Pero aquello era lo único que tenían, y no había mucho que pudieran hacer en base a ello, más que saber que el televisor había sido usado para atacar a Fangmeyer. Y siguiendo esta pista, se investigó en el hogar de varios de los agentes desaparecidos, encontrando que el patrón se repetía: todos los electrodomésticos funcionaban correctamente, incluyendo las computadoras y celulares, pero no los televisores. En ninguno de los casos.

No sabían cómo estaba actuando el enemigo, pero los agentes comenzaron a tomar la precaución de desconectar todos y cada uno de los televisores en sus hogares y en la comisaría, guardando los de la segunda en uno de los almacenes del sótano. Pues mientras no supieran cómo actuaba el enemigo, toda precaución era poca.

Cuando el zorro y la coneja terminaron de dar su reporte, Bogo compartió con ellos los detalles del caso hasta ese momento, incluyendo lo sucedido a Fangmeyer y sus descubrimientos al respecto. En ese momento, los tres mamíferos presentes en la habitación eran los únicos Usuarios que restaban en el departamento de policía, de los quince que solían ser antes de que Judy se presentara allí. En cuanto a los otros trece… a Bogo le dolía admitirlo, pero ni siquiera se sabía si seguían con vida o no.

Y al terminar de poner al día a los animales frente a él, el búfalo dejó que cayera sobre la habitación un breve silencio que el zorro no tardó en romper.

—Entonces… ¿qué hacemos ahora, jefe? —cuestionó Wilde, con una preocupación que no dejó entrever. El búfalo suspiró con cansancio, pensando que no había dormido bien en la última semana.

—Hablando con franqueza, Nicholas… nuestras opciones se reducen a cada hora que pasa —dijo al incorporarse, caminando hacia la ventana mientras les daba la espalda, observando la ciudad frente a él—. La pérdida de Clarice… es una triste tragedia. Era una gran amiga, y sé lo mucho que significaba para ti, Nicholas —admitió él, cerrando los ojos—. La realidad es que somos los únicos que quedan para averiguar qué es lo que S.A.V.A.G.E. está buscando conseguir, detenerlos, y salvar a los animales secuestrados. Pero mucho me temo… que tendré que dejar esto en tus patas.

—¿No estará pensando quedarse, verdad? —cuestionó el zorro, sin obtener respuesta—. Santo cielo jefe, ¡aquí es un blanco fácil! Si se queda solo, tarde o temprano le atraparán.

—No lo han hecho hasta ahora, ¿y sabes por qué? Porque saben que no pueden conmigo —dijo al voltearse, sin duda en su mirada—. Con mi poder, con Soundgarden a mi lado, no podrán atraparme tan fácilmente, no sin exponerse primero. Y además… no puedo dejar mi puesto. No solo soy el jefe de policía de este departamento, también soy el director de S-paw-agon, por más que seamos pocos los que queden de esta fundación.

—¿Ya ha contactado con DICE?

—Si, hace dos días. Enviaron un equipo de cuatro a investigar, pero perdimos el contacto con ellos esta mañana. Dijeron que enviarán a alguien más esta misma noche para investigar la desaparición de los ciudadanos, y de sus propios efectivos.

—Pero el resultado va a ser el mismo —dijo Judy, preocupada.

—Imagino que lo prevén, y que actuarán en consecuencia. O al menos eso quiero creer —admitió—. Pero no podemos depender de ellos ahora mismo. Debemos ocuparnos de este asunto por nuestra cuenta, con nuestras propias patas.

Dicho esto, el búfalo abrió el cajón derecho de su escritorio, tomó dos objetos entre sus pezuñas, y depositó uno frente a la coneja, y uno frente al zorro. Eran los mismos lentes oscuros que usaban Nick y Clarice, los mismos que Judy había tenido oportunidad de probar durante su enfrentamiento con Janja.

—Su mejor opción ahora mismo es seguir la pista hasta el distrito forestal, en la estación Tujunga —explicó él—. La torre de radio a la que huyó Fangmeyer estaba a menos de un kilómetro de esa estación… no puede ser una coincidencia. Es muy probable que haya descubierto algo sobre ello, pero el enemigo le encontró antes de que pudiera informarnos al respecto.

—¿Y cuál es el objetivo de los lentes? —preguntó Judy, observándolos con curiosidad y poniéndoselos al mismo tiempo que el zorro—. ¿Acaso va a vigilar nuestros movimientos con las cámaras de estos lentes?

—Considerando el hecho de que puede haber un traidor aquí dentro, no es lo recomendable dejar al alcance una herramienta que pueda delatarlos —razonó el búfalo—. No, son lentes modificados, completamente independientes de la red de S-paw-agon. Nicholas puede verificar la configuración y confirmarlo, y también encontrar que uno está directamente enlazado al otro —Y mientras el jefe explicaba esto, al activarlo, el zorro pudo observar un recuadro en el lente izquierdo que presentaba una imagen diferente, imagen que se centró en él cuando la coneja se volteó—. Configurados para que vean lo que ve el otro, si. Prefiero pecar de precavido, pero si llegaran a capturar a alguno de ustedes, podrán ver a través de la cámara y usar el GPS integrado para saber en dónde está su compañero, y advertir al departamento. De esa forma, sabríamos al instante en donde se esconde el enemigo.

Un sentimiento de incredulidad se apoderó de la coneja.

—¿Acaso piensa utilizarnos como carnada? —cuestionó Judy.

—De hecho, no es un mal plan —convino Nick, bajando la mirada y perdiéndose en sus pensamientos—. ¿Pero qué ocurrirá si nos capturan a ámbos al mismo tiempo? —cuestionó, ahora mirándole.

—Es sólo una teoría, pero probablemente no tengan la capacidad de atacar de esa forma. Fangmeyer, antes de ser capturado, estaba de patrulla con Francine. Pero cuando se comunicó con nosotros, ella ya no estaba con él. —A Bogo se le escapó un suspiro—. Pobre chica.

—¿De verdad estás de acuerdo con esto? —preguntó Judy.

—Dada la situación, y desconociendo la habilidad del enemigo… no tenemos muchas opciones —admitió Nick.

Bogo se dio vuelta.

—Por cierto, en base a lo que Nick me informó con respecto a tu habilidad, hice preparar esto —decía mientras se dirigía hacia un perchero, quitando su abrigo y descubriendo un chaleco táctico y una mochila pequeña, que tomó y colocó en el escritorio. El chaleco era de la talla de la coneja, y podía apreciar que en los espacios donde usualmente se colocaba el equipo policial no había nada parecido; estaba cargado de zanahorias—. Tiene un total de doce en los bolsillos, y una reserva de veinte en la bandolera. Espero y no sea demasiada carga, pero si tu principal habilidad requiere de zanahorias, entonces será mejor que estés bien preparada. Tienes una habilidad muy extraña, Hopps.

—Usted siempre piensa en todo —sonrió Nick, una sonrisa que Bogo no correspondió.

—Solo espero que sea suficiente para prevenir cualquier situación —decía él, mientras la coneja se calzaba el equipo. Si bien significaba una carga importante de ocho kilos más en su delgado cuerpo, se sentía mucho más tranquila.

—Será más que suficiente —confirmó Judy, ajustando el equipo—. Gracias por esto, jefe Bogo —sonrió.

—Enviaré a preparar una patrulla lo antes posible para que se dirijan al distrito forestal. Usen la radio para comunicarse únicamente conmigo, y sólo por si acaso, no digan más de la cuenta. Desde aquí seguiremos investigando cuanto podamos, y lamento decirlo, pero ustedes dos son nuestra mejor apuesta. Así que… tengan cuidado —concluyó el búfalo, incorporándose y extendiendo su pezuña hacia Nick.

Él lo comprendía. No sabían que sucedería de allí en más, pero debían estar preparados para lo que fuera, para cualquier contratiempo, y cualquier desenlace. Pero ninguno de ellos estuvo preparado, ni se percató cuando el monitor de la computadora del jefe se encendió sin intervención alguna, sin que nadie lo notara, más que la coneja cuya mirada se desvió ligeramente hacia abajo, para notar algo que no podía comprender.

Un cañón. Un cañón de revólver estaba comenzando a asomar desde el monitor sobre el escritorio, quedando a unos pocos centímetros del pecho del búfalo. No tenía sentido. Nadie se había dado cuenta, pues el mismo estaba fuera del alcance de la vista, tanto del zorro como del búfalo. Pero Judy no perdió tiempo en llamar a su Stand a su lado, intentando saltar tan fuerte y rápido como pudiera para embestir al búfalo y evitar la tragedia que estaba a punto de tomar lugar. Pero nunca llegaría a tiempo.

—¡Cuidado! —intentó advertir, en el instante justo en que Bogo cayó en la cuenta de lo que ocurría frente a él.

Todo ocurrió en un instante.

—¡Maldici...! —La explosión del revólver retumbó en la estancia, inundando el lugar con un fuerte olor a pólvora, al tiempo que el búfalo retrocedía para impactar contra la ventana, donde levantó su pistola reglamentaria en un grito—. ¡Abajo!

El zorro y la coneja acataron su orden casi por reflejo, dejándose caer contra el suelo al tiempo que una lluvia de balas recaía en el monitor de veintitrés pulgadas en el que el jefe de policía trabajaba con regularidad. Pero no podía detenerse. Este era el momento que habían esperado, y no iba a dejarlo pasar.

Fue lo que pensó cuando tomó el radio de su cintura para activar la comunicación, y su voz se oyó en todo el complejo.

—¡Bajen las persianas! ¡Ahora!

La consecuencia de su orden, para sorpresa del zorro y la coneja que apenas se incorporaban en el suelo, fue casi instantánea. Las persianas tras las ventanas de la propia oficina cayeron a una buena velocidad, de la misma forma en la cual cayeron para bloquear toda clase de salida, a la velocidad suficiente para cortar el acceso a través de cualquiera de las mismas, pero no tanta como para aplastar a quien estuviera cruzando.

Las luces se encendieron remotamente a lo largo del departamento que, un instante atrás, había quedado a oscuras. Estaban encerrados, si, pero el enemigo estaba entre ellos, y Bogo lo había percibido al otro lado de la puerta de su oficina. Sus suposiciones eran ciertas: el enemigo usaba las pantallas para atacar (aunque no solo las televisiones), su Stand era de alcance medio, y estaba entre sus filas.

—¡Jefe Bogo! Está… —exclamó Judy al acercarse, con preocupación. Pero cuando el búfalo apartó su pata, lo notó. El hueco en su pecho era de un círculo perfecto, pero no sangraba en lo más mínimo. De hecho, no había manchas de sangre en los bordes, y para su mayor sorpresa, el hueco se cerró casi al instante, dejando ver su pelaje.

—No se preocupen por mi, que esos criminales no van a acabar conmigo tan fácil. Pero que hayan intentado tomarme con la guardia baja significa que conocen bien la habilidad de mi Stand —decía cuando su fuerza cedió por un instante, y debió tomarse del escritorio para evitar caer. La coneja intentó apresurarse otra vez, pero el búfalo la detuvo—. Solo necesito un momento. Ustedes... tienen que ocuparse del traidor —dijo con seriedad, intentando recuperar el aliento.

Nicholas y Judy se miraron el uno al otro por un breve instante, sabiendo lo que aquello implicaba. Si detenían al Usuario, detendrían al responsable de las desapariciones, a una de las mayores amenazas de S.A.V.A.G.E.

No podían fallar, y no había tiempo que perder.