A partir de esa noche, el tiempo comenzó a volar para ambos.

Deci limpiaba el aparador mientras Satoshi, pasando desde afuera, le sacaba la lengua para burlarse de ella. La niña salió por la puerta para lanzarle la franela hasta que Serena empezó a regañarla. Satoshi ya se encontraba doblando la esquina de la cuadra.

—¿Qué haces? Trae eso ahora mismo.

—¡Satoshi me hizo caras!

Serena se asomó por la puerta para buscarlo, pero no estaba.

—¿Satoshi? No lo veo.

—¡Pasó por aquí!

—¿Estas segura?

—¡No estoy mintiendo!

—Está bien, cálmate.

—No le dices nada sólo porque es tu novio...

—Satoshi no es mi novio. Anda, trae la franela.

—¿Por qué no vino aquí? ¿Están peleados?

—¿Por qué lo dices? Claro que no. Yo estoy trabajando y él haciendo sus cosas. Trae la franela.

—Antes venia casi todos los días.

—Antes estaba libre. Trae la franela

—¿Y ahora qué hace?

—¡No lo sé! ¡Ya trae la franela!

Serena se quedó pensando seriamente mientras miraba a la niña salir a regañadientes. Desde su cita, Satoshi había dejado de asistir a la Boutique y se aparecía a partir de las cinco y media. Serena supuso que estaría comunicándose con su propio trabajo así que prefirió no preguntar para evitar sentirse invasiva. No hubo una segunda cita, pero se reunían con frecuencia para cenar. Ese tiempo juntos se había sentido realmente corto; en esos momentos, cuando lo miraba, lo único que podía hacer era preguntarse cuántos días más les quedaba juntos.

A veces terminaba cruzando los brazos y deseando no sentirse así, estaba exigiendo mucho para algo que ya era de por si difícil de creer.

Satoshi logró atraparla ensimismada durante uno de los entrenamiento de las niñas

—¿Qué te pasa? ¿Estas bien?

—¿Eh? -la pregunta la sacó de sus pensamientos.

—Te ves ida.

—No me di cuenta. -Se dio pequeños golpecitos en la frente.

—¿Estas cansada? Deberías dormir temprano hoy.

—Pensé en lo que me dijiste hace varios días, lo de intentar hacer cosas por mi y no por los demás. -aunque sus pensamientos eran sobre él, prefirió mentirle- Quisiera que me ayudaras un poco en eso ahora que me estás acompañando estos días.

—Claro, ¿pero en qué forma?

Serena levantó la vista al cielo, no se le ocurría nada.

—No, creo que es mejor si lo hago sola.

—Si tu lo dices...

Satoshi se levantó de su asiento y empezó a estirarse junto a Pikachu. Las niñas dejaron de entrenar para verlo.

—¡Quedé con un entrenador para hoy en la noche! ¡Tendremos una batalla! ¡El que pierde invita las croquetas! ¡Adiós, niñas!

—¡Adiós, Satoshi! -Deci lo despidió agitando el brazo -¡Diviértete con tu novio!

—¡Y tu arreglando tu mala rutina!


—¡...entonces su Absol terminó en el suelo inconsciente! Las croquetas estuvieron deliciosas. Nos quedamos hasta las once en la tienda, el cocinero también apostó el especial de hoy si me ganaba. Quedamos en vernos las seis. Después vino una entrenadora y...

Serena miró el reloj de pared. Eran apenas las once de la mañana y Satoshi no dejaba de hablar de su encuentro de anoche. Le llamó la atención cuando le contó cómo una entrenadora le apostó una cita al otro entrenador, eso siempre le pareció peligroso.

—Entonces si ganas, tú tendrás cena gratis y tu amigo una cita.

—Sí. Terminaremos comiendo juntos de todas formas.

—Ya veo.

—¿No quieres acompañarme? Me dijiste que no habías planeado nada para este sábado.

La chica de cabellos miel bajó la vista a su bordado mientras suspiraba. —No soy entrenadora. Yo me sentiría incómoda con tus nuevos amigos.

—¿Estás segura?

Serena asintió lentamente.—No haría nada mas que observar.

—Si tu lo dices...

Nuevamente le llegaron las dudas cuando vio en su amigo una expresión de decepción. ¿Estaría bien con ella? Estaba muy alejada de esa realidad de combates. Satoshi se aburriría de ella en cuestión de meses. Le costaba creerle todavía. Si terminó con una novia entrenadora después de un año, ¿qué podía esperar si empezaban algo?

—Dicen que el primer amor es en si el más complicado de olvidar. ¿Tú también lo crees?

Se lo preguntó como si fuera algo en lo que él pensara todo el tiempo. "¿Crees que no olvido el mío?", es lo que quería preguntarle, pero no lo hizo. Podía ver que aún tenía algo más que añadir, así que permaneció callado.

—No lo sé, Satoshi, a veces pienso que te aburro con mis cosas.

—¿Crees que no olvido el mío? -por fin pudo decirlo, pero se arrepintió de haberlo hecho.

Aquello no la sorprendió. De hecho, Serena esperaba que lo dijera.

—Es lo que quiero saber —admitió con suavidad. -Me apena no poder seguirte a tu ritmo. Me han gustado otras personas, pero ninguno llegó a...

Analizó sus propias palabras y se cubrió el rostro con las manos, atónita.

—Satoshi, me haces hablar cosas extrañas ¿Te das cuenta de lo mal que me pones?

—¿Mal? Yo a veces hago cosas estúpidas. En ese momento no lo noto, pero cada vez que me acuerdo, no me queda más remedio que reírme. ¿¡Por qué nadie me lo dice!? En serio, si saben que a veces no pienso deberían hacerlo.

Serena dejó oír la primera risa del día. Le gustaba cuando sus conversaciones no llevaban a nada, o la manera que tenía Satoshi de poder quitarle la seriedad a la situación para no sentirla peor de lo que en verdad era.

—Eres un buen amigo, Satoshi. -contestó con un animado tono agradecido. -Gracias por eso. Me ayudas mucho.

El chico ya no tan chico también dejó escuchar una risa amigable. —No me agradezcas. La única forma en la que dejaremos de ser amigos es cuando uno de los dos se muera.

—O por alta traición... - se le escapó.

—¿Alta? -ahora sí que se tomó en serio todo -¿Como qué?

—Pues... ¿hablar muy mal de ti a tus espaldas?

—No lo veo.

—¿Hacernos amigos de nuestros enemigos?

—Es algo infantil.

—¿Enamorarnos de la misma persona?

—¿¡Y cómo se supone que haremos eso!?

—¡ja,ja! No te enojes. -Serena le lanzó con suavidad una madeja de hilo al rostro- No se me ocurre otra cosa. Para mi sería difícil hacerte daño a propósito.

—Te veo muy poco haciendo daño a alguien. No te ofendas.

—¿No te lo hice a tí?

—Yo me hacía daño a mí, tú solo me hiciste verlo.

Esta vez fue su turno de quedarse atónito.

—Serena, yo te pondré "mal", pero tú me haces filosofar.

—Estamos a mano. Espero que si alguna vez hago algo que te moleste, puedas decírmelo.

—No me vas a dejar sufrir tranquilo, ¿verdad?

—Nop.

Satoshi apartó con el pie unos cuantos retales de una tela azul que Serena usó la noche anterior y no llegó a barrer. Entendía el punto de su amiga, se sentiría fuera del lugar y él no quería verla incómoda mientras se divertía solo. Se sentó mientras pensaba cómo solucionar la situación.

—Quizás debería intentarlo.-Serena dejó a un lado las telas y lo miró con decisión.- Al menos como defensa personal. Mis pokemon ahora los tiene mi madre, pero si los entreno para cualquier emergencia, me ayudaría mucho. Lanzar ataques sin pensar es peligroso. No quiero que peleen, pero sí que se defiendan bien.

—La táctica defensiva es bastante interesante. -Ash comenzaba a emocionarse.- ¡Es una buena decisión, por tu bien y el de tus pokemon! ¿Cuando iniciamos el entrenamiento?

—¿Eh?

—Te voy a ayudar, por supuesto. ¿Cuando iniciamos?

—Bueno..., yo..., no lo sé...

Decirle que en más de una ocasión ella se había dejado dominar por el decisivo enojo hubiera bastado para mantenerla en marcha, si no se hubiera apoderado de él una gran inquietud. Sus oídos habían percibido un sonido familiar, uno ruido pequeño pero indeseable: Serena respiraba temblorosamente.

—Piénsalo bien. Cualquier día es un buen día para iniciar algo. Pero recuerda que debe ser porque tu quieres.

—Ya estas haciendo mucho por mí, Satoshi, temo que esta vez sea una mala alumna. No quiero seguir incomodándote.

Todavía dudaba de él. Si se ponía drástico, hasta podía creer que Serena prefería pensar que era un dolor de cabeza y así evitarse una futura decepción y explicaciones de medianoche con la almohada. No entendía porqué desconfiaba tanto de él, no se supone que fuera así.

Pero a Satoshi eso de pensar en el qué dirán no le iba. Y a diferencia de ella, no dudaba más de dos segundos. A lanzarse al abismo, que ya lo había hecho y estaba vivo. ¿Se molestaría con él? Tal vez, pero a él le molestaría más irse de Kalos sin nada. Todo o nada.

—¡No voy a dejar que te desanimen cosas que tengan que ver conmigo! Y acostúmbrate a la idea de que cada persona que conozco tendrá que conocerte también.

Se calló mientras decidía que Gary sería el último en su lista, por el bien de ambos, y con ambos se refería a él y Gary.

Serena se sonrojó un poco, lo suficiente como para ser notado.

—Tienes razón. ¡Puedo comenzar ahora mismo! Sylveon está más tiempo conmigo, así que comencemos con ella.

—¡Así se habla, Serena! ¡Será una tarde increíble de entrenamiento!

—Oh, de verdad amas las batallas pokemon, ¿no es así?

Satoshi se sentó de un salto en una de las mesas del taller. Una enorme sonrisa adornaba su rostro.

—¡Por supuesto! Estar en una batalla es lo más destacado.

—¿De tu día?

—De mi vida.

—Vaya, lo dices de una forma muy seria.

—¡Ser un entrenador es lo mejor! Es divertido. No lo puedo explicar, pero con mis pokemon siento que puedo hacer cualquier cosa. Ven, deja todo eso, el lugar donde entrenan las niñas será nuestro campo.

Satoshi la empujó fuera varias veces mientras que Serena traía una tembloroso ¡Ehp! saliendo de su boca.


Hace años que no hago esto...

—¿Entendiste mi explicación?

—Las partes de "Fium" y "Splash" no.

—En la práctica entenderás.

Serena trató de afinar la vista hacia el otro extremo del campo.

—Así que... ¿aquí vamos a entrenar?

—No, aquí vamos a nadar un rato.

—...

—Bromeo.

—Oh, eh, sí, lo sabía.

—¿Cómo que ya lo sabías? Serena, ¿estas bien?

—¿Uhm?

—Te ves nerviosa.

—...Un poco.

—Siéntete Ok, es muy normal cuando eres virgen.

—¿Ah?

—¡Tu primera vez usando tácticas puramente defensivas!-gritó emocionado.

—Ah, te referías a eso.

—Por supuesto, ¿por qué más estarías nerviosa?

—S-Sí, ya no recuerdo muchas cosas.

—Le pedí a mi amigo que me prestara a su Abra unas horas, así que tendrás un entrenamiento nivel dos.

—¿Nivel dos?

—No sabrás en qué momento te atacaron. ¡Vamos!

Serena tomó un hondo respiro y mandó sus primeros movimientos.

¡A Satoshi no le importa si me miro patética! ¡Hago esto por mi!

Perder varias veces le ayudó a recordar su época de batallas en los concursos, jamás perdiendo la elegancia y luciendo a su pokemon de manera increíble en cada esquivada. Lo estaba disfrutando después de una hora.

Satoshi detuvo los ataques cuando notó al pokemon retador bastante agotado.

—Tu estilo mejorará con el tiempo. Pero lo hiciste como lo esperaba.

Serena se sentó en el pasto, agotada.—Ni siquiera te veo cansado. En verdad amas las batallas y los pokemon.

—No tener batallas me aburre mucho, no suelto toda la energía que siento en mi interior. ¡Me desespero!

—¿Es tanto así?

—No, bueno, fue una exageración. Quería ¿"enfatizar"? Sí, enfatizar el punto. Es la pasión que tengo. Cuando estoy ahí tengo sentimientos locos y mi pokemon lo trasmite con sus ataques y movimientos. Siento que vivo al máximo.

Serena le indicó con pequeños golpecitos en el pasto que se sentara con ella, quería seguir oyéndolo. Adoraba sus ojos castaños brillar de emoción.

—En las batallas nadie te equipa con instrucciones o textos. Pueden decirte cosas pero aprendes en el acto. Puedo tener un día estresante, pero mis pokemon hacen que lo lleve más fácil. ¡Y es tan universal! Conoces personas de todo el mundo. ¿No sientes eso? De esa forma te conocí a tí y a todos mis amigos. Y...ehm, como sea, el punto al que quiero llegar es que en las batallas y en la vida pasa lo mismo: Terminas aprendiendo muchas cosas. No comentes el mismo error dos veces, a veces. Y si te apasiona un tipo en especifico puedes dedicarte a eso. Creo que puedo mencionarte cuando gané la liga de Alola, fue le mejor momento de mi vida ¿Te lo conté alguna vez?

—Lillie me lo dijo. Seguramente fue maravilloso.

—Estuve como, ejem, ¿como dominando algunos encuentros?-se dejó invadir por un infantil orgullo- Cuando gané, por unos segundos no me lo creí.

—Es bastante curioso que casi no haya mujeres campeonas, son muy pocas ¿Te das cuenta? Porque yo me doy cuenta totalmente.

—Nunca lo pensé.

—¡Te ves muy feliz hablando de los pokemon! Me halaga que me hayas dicho lo que sientes, de verdad.

—Si... supongo que una parte de mi quiere compartir todo contigo.

—¿De verdad?- Serena sintió que el corazón le latía erráticamente.

—Sí, y la otra parte quiere hacer esto...

Satoshi sacó a Abra de su pokebola y le mandó que los teletransportara a la ciudad de Yantra, justamente delante de la puerta del gimnasio.

—¡Lo hice, ja,ja!

—¡Qué!

—Le pedí a Korrina el favor de tener una batalla contigo. Te está esperando.

—¡Por que hiciste eso! ¡No se supone que yo quiera tener batallas!

—¡Vamos, llegamos junto a tiempo!


—Eso fue terrible.

—¡Claro que no!

—Claro que sí.

—¡El objetivo era defenderte y es lo que hiciste!

La enfermera Joy le devolvió su pokebola y Serena le agradeció con un movimiento de cabeza. No podía ocultar que estaba ligeramente enfadada con Satoshi. El chico lo notó, pero no tenía idea de cómo solucionarlo.

—¡De verdad tenía que hacerlo!- se justificó.

—¡Bueno! ¡Ya estaba contra el campeón de una liga!

—No te pongas así, Serena. No estuvo tan mal.

—Si tenía que verme patética, sólo tu podías verme patética.

Satoshi abrió la boca cuando las últimas palabras de su amiga calaron en su mente. Serena no estaba dispuesta a que nadie la viera vulnerable, ni siquiera él, pero al parecer estaba cambiando de mentalidad respecto a mostrar sus sentimientos más duros con él.

¡Creo que todo está yendo bien!... -pensó con alegría. —Está bien, tal vez no pensé muy bien en eso, ¡pero!, ahora ya sabes cómo devolver un ataque. ¿Lo ves? No estuvo tan mal.

Serena no dijo nada.

—¿De verdad estas molesta conmigo?

—Eso creo.

—Te digo algo. -Se detuvo para verla mejor- Como te hice hacer algo que no querías, tú puedes hacer algo que quieras conmigo.

Serena abrió los ojos en su máxima expresión. ¿Había oído bien?

—¿Qué dices a eso?

—Bu-bueno...

—Pídeme cualquier cosa.

—Ehm...

El entrenador empezó a arrepentirse cuando presenció cómo el rostro de la joven se iba tiñendo de rojo y lo cubría rápidamente con ambas manos.

Sí que le hacía mal estar con él.

—Essst... ¿P-Podría tomarte una foto con mi teléfono y ponerlo de fondo de pantalla sin sentirme como una acosadora?

Los ojos de Satoshi se abrieron de sorpresa, y sin siquiera esforzase por ocultarlo empezó a reír, permitiendo que se apoderara de él una extraña dosis de felicidad.

—Puedes. ¿Quieres ir mañana a Parfum Palace? Es un buen fondo para tu fotografía y hace tiempo que no voy.

—Tu manera de pronunciar "Parfum" es tan adorable... -el calor de su rostro descendió otra vez- Hoy le diré a las niñas que el lunes no hay entrenamiento, saldremos de compras a las cuatro.

—Mejor no abras la tienda mañana.

—No estaba en mis planes, pero creo que un día libre me viene muy bien.

—Te acompañaré antes de que te reúnas con ellas, no tengo nada mejor que hacer.

—Pensé que entrenarías para tu encuentro de la noche.

—Me queda tiempo.

A las cuatro en punto de la tarde, Satoshi se fue tranquilamente del lugar antes de intercambiar miradas de muerte con Deci y otra avergonzada con su pokemon. Pikachu no sabía si reírse por él o de él por tener de rival una niña, pero se fue por la primera porque así lo quería y le perdonaba todo todo todo. Aunque le dio un bajón porque sabía que no iban a llevarlo a la salida de mañana, sino que se quedaría en la tienda o en el departamento de Serena. Maldita pokevida.

—No pongas esa cara, Deci.

—Así es mi cara, Choupinou.

—No es cierto ¿Quieres postre?

—No sé, depende. ¿el postre eres tú?

Satoshi no tuvo más remedio que despeinarle la cabeza para quedar en paz.


Un día libre no iba a matar a alguien.

—¡Buenos dias, Satoshi! —le saludó con el mismo tono alegre de siempre que usaba cada vez que lo veía, como si verlo fuera una bonita sorpresa. De nuevo se había arreglado como si fuera a posar para una revista veraniega.—Fue buena idea no abrir la tienda, nos queda algo lejos. Alquilé un auto.

—¿Tienes licencia de conducir?

—Por supuesto, solo me falta el auto.

—¡Hey! -Satoshi reconoció la cesta de mimbre que ella llevaba en el antebrazo .—¡Horneaste Pokelitos! Hace tiempo que no los pruebo.

—¡Lo sé! Espero que te guste mi nueva receta.

—¿Me das uno?

—No, tiene que ser cuando lleguemos.

—Para el camino.

—No me hagas repetir las cosas -Serena trató de aparentar estar enojada, hasta le dio un tonito bastante creíble. Igual, Satoshi obtuvo su Pokelito.

El viaje de cuarenta minutos apenas se hizo sentir mientras Satoshi le leía la última carta que Lillie y Hau le había enviado desde la región de su luna de miel. Lillie le narraba con lujo de detalle todo lo que había hecho y planeaba hacer. A pesar de ya estar casada, su relación con Satoshi seguía presente. La letra dejó de ser elegante para dar paso a la letra corriente de Hau.

"¿Recuerdas cuando decíamos que Lillie y tú serían los últimos de la clase en casarse? Pues no se cumplió. Aunque todavía puedes cumplirlo tú. Trata de no pasar de los cuarenta como quiere la profesora. Esperamos que estés bien en Kalos. Y gracias por el traje de Pikachu, aunque todavía no está en nuestros planes tener un hijo. Lillie dice que es algo entre tu y ella, ¿qué hacían hablando de bebés? Te apreciamos como no tienes idea. El último fragmento es para Serena, léelo en voz alta".

—¿Para mí? -Serena no despegó la mirada del frente, pero Satoshi por su tono de voz que estaba impaciente.

—Tengo que leerla para tí. -dijo con un tono de voz bastante calmado para alguien como él.

"No te lo escribo en privado porque necesito que escuches. Ya hiciste felices a muchas personas, es tu turno de dejar que alguien te haga feliz. No tengas miedo, te aseguro que las cosas no son las mismas después de tanto tiempo. Buena suerte en todo lo que hagas. Algún día te visitaremos."

—Sí tengo personas así. -Serena sonrió con ternura. -Mis amigos que ahora están lejos. Y tú también lo haces, aunque no hubieran abrazos o algún tipo de contacto, nunca has sido egoísta y siempre me apoyas. Gracias por ser un buen amigo. Tu amistad es muy importante para mi, no sabes cuanto.

—Sí, nuestros amigos no tienen nada de qué preocuparse.

Cuando llegaron a los jardines de palacio -totalmente lleno de gente entre entrenadores y turistas- Satoshi comenzó a buscar un lugar para sentarse (quería comerse otro pokelito de una buena vez). Serena aprovechó el momento para tomarle una foto sorpresa.

Resultó una foto muy bonita. Se lo había tomado en el momento justo que se giraba para llamarla. Satoshi estaba rodeado de viento y de las hojas que se desprendían de los árboles, con la mano sobre su cabello para evitar que se despeinara. La sonrisa ligera en su rostro hizo que inconscientemente también sonriera. Ese era él, un chico feliz, libre como el viento. Por un segundo su sonrisa rosada amenazaba con torcerse, pensando que no podía estar anhelando algo tan libre como el viento. Porque él se iría y ella debía dejarlo ir. Se quedó mirando la foto unos segundos que se sintieron eternidad. Estaba segura que nunca se cansaría de mirarla, estaba segura que lo haría desde el mismo segundo en el que él partiera.

— ¿Qué estas viendo?-Satoshi preguntó al verla pegada e inerte a su móvil.

—A tí.-respondió con una voz temblorosa, alegre, mostrándole la foto. Él se desconcertó por su atrevimiento, pero no salía nada mal. Tenía que reconocer lo fotogénico que era.

—No se ve mal. ¿Pero no quieres tomar otra?

—No. No quiero otra. -sus ojos azules brillaban de una manera única- Así eres tu y así me gustas. No has tenido que posar y has salido perfecto.

Unos segundos después Serena mostró con orgullo su fondo de pantalla, con efecto incluido y un "¡ta-chan!" de por medio.

Ehm...¿Alguna vez has visto a una mujer tan hermosa que te dieron ganas de llorar?

Después de divagar un rato, volvió a la realidad y le regaló una sonrisa amigable.

—¿T-Te parece que fue demasiado?

—¿Eh? No me preguntes cosas así. -no se aguantó y atrapó entre sus dedos la punta de su nariz para sacudirla un poco y molestarla. -¿No quieres que te tome algunas fotos?

—¡Sí! Veamos... ¡Ahí se ve bien! ¡Tómame una foto ahí!

El hecho de que la reconocieran y rodearan estorbó sus planes de la foto perfecta, pero tampoco fue una molestia, total, la tenía toda para él ese día, hasta las seis, porque había vuelto a quedar con sus amigos para una cena gourmet.

—Supongo que ahora sí puedes tomarme una foto.

—Ya tengo veinte.


Algunos días después, Satoshi todavía se encontraba mirando las fotografías que se habían tomado. Su ducha helada por el sorpresivo calor lo mantenía relajado y se dio su tiempo para tirarse a la cama y revisar su galería. Cuando llegó a la fotografía que se tomaron juntos bajo un manzano, se sorprendió de lo feliz que ambos lucían. Pero la cicatriz que cruzaba su brazo se notaba un poco y le desagradó verla. Pasó con suavidad su dedo sobre él, podía jurar que todavía dolía, y que todavía escuchaba a ese pokemon rugir con ira antes de atacarlo.

¿Positivo o negativo?

Gary le estaba enviando mensajes.

Tranquilo.

¿No la has invitado a salir otra vez?

Nos vemos todos los días. No seas agresivo.

¿Estas seguro que no hay alguien que se te pueda adelantar?

Seguro. Serena está bastante concentrada en su trabajo.

Sobre eso, ¿ya verificaste tu paga?

Sí. Gracias por tu ayuda. Juro que te la devolveré.

Satoshi sonrió amargamente a la pantalla. Todavía no podía creer que a su edad seguía cometiendo locuras.

De nada. Tu casi mueres por ayudarme en mis investigaciones.

Alguien debe ensuciarse las manos.

Arceus no te quiere en el cielo.

Ja...

Relax, mon ami.

Se colocó de costado para acomodarse y poder seguir escribiendo. Eran pocas las veces en las que sentía escalofríos, la cicatriz le trajo recuerdos desagradables.

¿Qué es eso?

¿Serena no te ha enseñado francés?

No. No lo habla. A veces, cuando se enoja bastante.

Sería un detalle agradable, supongo. De verdad me gustaría conocerla.

Tal vez.

Quiero. En realidad tengo bastante curiosidad.

¿Por qué?

¿Por qué estas tan seguro? Te quedaste en la nada por viajar a verla. Yo no me imagino dejando todo esto por una chica.

Yo estoy feliz con mis decisiones.

Eso, de todas formas desde que me pediste renunciar hasta ahora, no me has dicho algo que demuestre que avanzaste. Estas siendo más precavido de lo normal. Tú no eres así. Que pasaría si ella no quiere nada.

—"No debería pensar que todo está bien después de tantas cosas que pasaron". -Murmuró en soledad. Había estado intentado tapar el sol con un dedo todo ese tiempo. No era tiempo de lamentarse o arrepentirse; debía luchar, debía seguir, debía irse de ahí con el sí de Serena.

Me iré mal pero con la conciencia tranquila.

Pensamientos de un perdedor. Haz bien las cosas!

Tengo todo bajo control. No te metas!

Nunca debió haber dejado de prestarle atención a Serena cuando llegó a Alola, debió haberse quedado con ella, eso le habría ahorrado problemas a ambos.

Ojalá nunca le hubiera pedido a Lillie que la dejara quedarse en su casa; porque desde que empezó su amistad con Lillie y Hau, él había estado sintiendo que no lo necesitaba y ahora entendía que nunca debió dejarse guiar por sus emociones, sino por su realidad. No debió haber dejado que se marchara con Gladion, debió haber dicho algo, pero jamás se le ocurrió que algo nacería allí. Tal vez si Serena hubiera sido una persona horrible en lugar de una mujer dulce, no tendría que estar pasando por eso. Quizás estaría feliz en Kanto, con su novia. Pero no, terminó con ella por razones personales, no por Serena, ni siquiera en esos momentos pensaba en ella como lo hacia ahora. ¿Por qué pensaría que tener una relación con ella acabaría interrumpiendo en sus planes? ¿Y por qué era tan difícil rechazarla, si tenia todos lo motivos para hacerlo? Si no hubiera puesto tantas excusas, tal vez podría haber simplemente dejado todo arreglado. Le enojaba darse cuenta que no era lo suficientemente maduro como para aceptar que estaba confundido y eso le asustaba. Quería hacer las cosas bien.

Su respeto por Serena creció hasta que no podía dejar de admirarla. Deseaba ver las cosas a su manera.

Vas a irte de todas formas. ¿Eso que cambia?

Deseaba ver las cosas a su manera.

Que ahora decido por dos.

Bueno. Buena suerte. Duérmete un rato, recuerda que la gente fea se ve el doble de fea al lado de gente bonita.

Eso te funciona con Misty, no conmigo.

Cierto, ¿le estas trayendo un regalo? Si se entera que estuviste en Kalos te va a matar.

Se va a morir con lo que le estoy llevando.

Manda foto.

Ahí va.


Fue bastante repentino que al día siguiente las alumnas de Serena le dijeran que ella se había ido de Kalos unos días, sin decir exactamente a dónde o por qué. Sin embargo, siete días después, Serena le envió un mensaje para pedirle encontrarse en la trastienda a la medianoche noche porque necesitaba hablar con él.

No puedo seguir con esto, lo siento. Hablaremos mejor en persona. Te explicaré a dónde fui y con quien hablé, te lo prometo.

No podía estar hablando en serio.


Proxima parte:

"Y si él llegaba a inclinarse un poco y terminaba besándola sin esfuerzo, oliendo su fragancia de cereza y enredando sus dedos en su cabello miel,

Está bien, que sea su último recuerdo de ella.

Nadie tenía que saber.

Final:"Eres indudablemente tú"