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"ERES INDUDABLEMENTE TÚ"

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-Final-

—"No puedo seguir con esto, lo siento. Hablaremos mejor en persona. Te explicaré a dónde fui y con quien hablé, te lo prometo"

No podía estar hablando en serio.

Satoshi leyó el mensaje una y otra vez. ¿Hablar? ¿Con quién habló? ¿Qué pasó o qué le dijo para que decida que no quería nada con él?

Las próximas horas resultaron ser un verdadero infierno. Nada le salía bien.

Todo, todo lo que había decidido y lo que había hecho estaban a horas de no servir para nada. Pikachu ni siquiera se atrevió a mirarlo, le apenaba la actitud alterada que su entrenador traía. Cuando se tiró a la cama, se acomodó a su lado mientras lamía su rostro, tratando de hacerle olvidar toda la decepción que brotaba de él con cada acción. Había perdido el control, encausaba la tristeza a otro rumbo que le hacía actuar torpemente y eso empeoraba su estado de ánimo. No sabía si estaba triste o enojado, pero se sentía muy, muy confundido.

—¡Basta ya!

Pikachu saltó cuando su entrenador se levantó de un salto y empezó a frotarse el cuello. Le dolía demasiado.

—Tienes razón, amigo, no debería ponerme así por un mensaje. Tal vez esté malinterpretando todo. ¡Pero por qué así! ¿Después de todo, ella aún dudaba de mí? ¡Por qué no pude notarlo! ¡En serio, no noté nada!

Miró el reloj. Apenas era mediodía. Le dio de comer a su pokemon y salió a dar una larga caminata. No tenía hambre. Quería hacer tiempo, que este volara y anocheciera de una vez. ¿Sería mala idea ir él mismo a recogerla al aeropuerto? No, no debía, aunque quería, de verdad quería. Se sentó en una banca después de comprarse una botella de agua fresca, le dolía demasiado la cabeza.

"No me dejes en visto"

"Que quieres"

"¿Qué te pasa? Contéstame bonito"

"Vete al diablo"

Gary se inclinó en su silla con una ligera sonrisa cuando el mensaje cargado de enfado le llegó. Rodó los ojos, al parecer todo le había salido mal al que había sido su rival en la niñez.

"Hey, tu no eres así" ¿Qué te pasó?

Satoshi reaccionó por unos segundos después de beber el agua fresca. Gary tenía razón, él no era así. ¿Pero cómo se supone que debía sentirse?

"Disculpa, estoy enfermo y eso me pone tonto"

—"Miéntele a otro" -pensó el investigador.- "Entonces me imagino que estas en cama. ¿Por qué no le dices a Serena que te compre algunas pastillas?"

¿Gary lo estaba haciendo a propósito?

"No. Está ocupada"

"No se supone que estés ocupado para la persona que quieres. Intenta preguntarle"

"¿Por qué me sigues escribiendo?"

"¿Por qué no admites que estás mintiendo? Eres demasiado transparente, Satoshi "

Por más de cinco minutos no obtuvo respuesta. Gary no quería meterse en cosas tan personales, pero conociendo a su amigo de crianza, necesitaba que alguien le haga reaccionar. Satoshi no pensaba funcionalmente cuando estaba con un humor de perros.

"Hey. Tengo más experiencia que tú. ¿No quieres preguntar?

Otra vez no obtuvo respuesta.

"Satoshi "

Nada. De verdad no quería responderle.

"¿Sabes? Prefiero dejar en visto, no que me dejen en visto"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

"Hey"

Satoshi se tuvo que llevar un cigarrillo a la boca cuando el incesante timbre de mensajes no dejaba de sonar y le aumentaba el dolor de cabeza. Le temblaba la mano, como si una explosión en su interior estuviera luchando por salir.

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

Tosió violentamente cuando se ahogó con el humo. La sensación de querer vomitar empeoraba las cosas.

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

—"Hey"

"YA DEJA ESO!"

"AL FIN!"

"ESTAS ENFERMO"

"El cerebro de un pokemon pesa un cuarto de lo que pesa el cerebro de un humano, y te puedo asegurar que en estos momentos no estas pensando ni con la mitad del tuyo"

Satoshi apagó el cigarrillo y sacudió la cabeza, despeinándose con los dedos por la presión que sentía.

"¿A qué quieres llegar?"

"Ahora estoy libre, ve a un centro pokemon para una videollamada rápida"

"Dame unos minutos"


Gary supo que estaba en lo correcto cuando pudo verlo. Satoshi sonreía como siempre, pero su sonrisa no duraba mucho tiempo y tenía que aclararse la garganta varias veces, además, Pikachu no estaba con él.

—Te ves cansado. ¿Qué pasó?

—Nada. Eso pasó. -luchaba por no empezar de desahogarse- Tenías razón, no debí ser demasiado cuidadoso.

—No es el fin del mundo. ¿No tienes a otra por ahí?

Era evidente que Gary intentaba provocarlo, pero no quería darle la satisfacción de perder los estribos delante de él, o peor aún, contarle lo que había pasado. De manera que respiró hondo, contuvo las ganas de responderle y sonrió con tranquilidad.

—¿Otras? ¿Como tú? Nah, no podría. Está claro que te seguían muchas chicas por tu talento.

—Exactamente.

—Y tu gran personalidad.

—Ajá.

—Y porque tu papi les pagaba a fin de mes.

Gary, picado, se acercó más a la pantalla. Sintió menos pena por Satoshi y quería llamarle "rechazado", pero mejor no meterse con él, donde sí quería meterse era en las ruinas de Jhoto y empezar sus investigaciones.

—Escucha. No sé qué demonios te pasó, pero si es otro malentendido que se puede arreglar hablando, entonces hazlo ahora.

—No es ningún malentendido.- exhaló con fuerza, apoyando los codos en la mesa. -Fui demasiado optimista.

—Y eso siempre te ayudó.

—Esto es diferente.

—No lo es.

—¡Lo es! Ya ni siquiera le veo el sentido a retrasar mi viaje.

—... en verdad la quieres mucho...

Satoshi bajó la cabeza y la apoyó en sus manos, dejando caer sus mechones hacia adelante. Sentirlo era una cosa, pero escucharlo de alguien más..., dolía.

—Ya no tiene sentido. Serena no me cree y ya se aburrió de todo esto. Me iré mañana a Kanto si logro encontrar pasaje en la madrugada.

—Lo siento. -Gary no sabía qué decir- Si te hace sentir mejor, de verdad haces falta por aquí. Le diré a Misty que vendrás, ya sabes, para irnos un rato. Estoy demasiado estresado.

—No le digas nada de esto.

—No, claro que no.

—Nos vemos, entonces.

El entrenador de Kanto cortó la llamada con pesadez. Sintió que el estómago le dolía por el hambre y apenas darían las dos. Quería llevarse algo a la boca, pero la sensación de nauseas era más fuerte. Ignoró todo, se fue una cafetería, a la misma que fue con Serena cuando llegó a Kalos, solo para sentir por un momento que todo había estado saliendo bien.

No podía esperar hasta el anochecer.


—¿¡Por qué esta porquería no sonó!?

La alarma había vuelto a traicionarlo y su maldito ataque de nostalgia hizo que se durmiera la mayoría de la tarde. Pikachu volvió a levantarlo, pero una hora antes de la medianoche. Sintió asco de lo pegajoso que sentía por el calor y se duchó con agua fría. Mientras se secaba, sintió una pereza tremenda para cambiarse, tomando solo "lo esencial" del conjunto de prendas que Serena le había regalado anteriormente.

¿Por qué a la medianoche? ¿Por qué en la trastienda? ¿No era más fácil citarlo a su departamento? Llegó a la hora acordada, al lugar acordado, pero Serena no estaba.

No tuvo más remedio que sentarse a esperarla. Miró su reloj: 12:05 de la noche.

Se sentía demasiado nervioso, estaba arrepentido de no haberse traído el último cigarrillo que le quedaba.

A las doce y veinte escuchó zapatos de tacon resonando contra el pavimento a toda prisa. Se levantó con rapidez al verla doblar la esquina, estaba corriendo.

—¡Satoshi ! ¡Dios, mi vuelo se retrasó! ¡Lamento hacerte esperar a esta hora!

Al encontrarse con ella, tuvo la sensación de que el corazón le estallaría. Lucía demasiado bonita y desprendía una fragancia a frutas silvestres.

—La hora no es el problemas. -respondió con un tono bastante calmado- ¿Viniste desde el aeropuerto?

—Fui a mi departamento para darme una ducha rápida y dejar mi equipaje. En serio lo lamento. Quería llamarte pero ahí no tenía línea.

—Es peligroso caminar a estas horas para tí. Podías haberme dicho que vaya a tu departamento.

—Es que no me parecía un buen lugar para... hablar. Espera un momento.

Serena sacó la llave del lugar y abrió la puerta de la trastienda, pidiéndole que no entrara. Después de un par de minutos fue saliendo con una caja mediana y polvorienta, asegurando la puerta otra vez.

—¿Qué es exactamente con lo que no puedes seguir?- Satoshi preguntó sin aguantarse más.

En lugar de contestar, ella le sonrió y cambió de tema.

—¿Si te dieran una lista...?

Satoshi pasó la mano por su cabellera y la miró, perplejo.

—Si yo estuviera en una lista con todo lo que hago y no me conocieras, ¿hubieras dicho "ella es la mejor chica que he conocido"?

No se mostraba triste o enojada, mucho menos preocupada mientras preguntaba. Lo único que pudo leer en su rostro era pura curiosidad.

—Prometí decirte la verdad, y la verdad es que no.

Serena ocultó su rostro en una de las caras de la caja para reírse suavemente mientras él empezó a sentir que le estaba tomando el pelo.

—Y con lo de estos días me lo estaba preguntado.

—¿Qué has hecho? -no sabía si preocuparse, alterarse, enojarse o qué rayos.-¿Por qué te fuiste sin decirme nada?

—Le dije a las niñas que no te dijeran nada. -Serena apretó la caja contra su cuerpo. - Te creo cuando dices que no, creo que muchos entrenadores como tu prefieren a alguien que viva aventuras asombrosas también. Quería asegurarme de eso.

—¿De qué forma?

—Viajé a Unova -Serena se sentó, le dolían los pies por el peso extra. -Fue un viaje de último minuto, sentí que debía hacer esto sola. Por eso no te dije nada.

—¿Sola? ¿Qué hiciste exactamente? Tu mensaje me cayó en frío. Explícame.

—A eso voy -respondió de forma calmada.- ¿Recuerdas cuando te hablé de Kalm? Lo busqué para pedirle una carta de recomendación. He decidido que definitivamente voy a estudiar para ser modista. La universidad de Kalos ya validó mi carta de presentación gracias a él. Comenzaré a mediados de año.

—¿Estudiante? ¿Quieres comenzar a estudiar para ser modista ahora? -Satoshi cruzó los brazos sin saber qué pensar- ¿Entonces estudiarás y trabajarás a la vez?

—Sí. Si quiero crear mi propia marca, necesito especializarme en esto. Es a lo que voy a dedicarme a partir de ahora. Siento que ya tengo asegurado todo mi futuro y eso me tranquiliza.

—Me preocupa que pienses mucho en el futuro. Y sigo sin entender qué tiene que ver tu carrera profesional con tu mensaje. ¿Qué es exactamente con lo que no puedes seguir?

—Contigo.

Serena bajó la mirada con rapidez, asustada, estaba arrepentida de no haber elegido bien sus palabras.

—No me refiero a nada malo. Me refiero a que... Satoshi , ya haz hecho demasiado por mí. En serio, no creo que jamás puede darte lo mínimo de lo que me has dado. Te quedaste conmigo, me ayudaste, me dijiste tus sentimientos y me regalaste muchos momentos maravillosos a tu lado. Estoy feliz de tenerte conmigo, no sabes cuanto.

—Me estas rechazando, ¿es el resumen?

—No te estoy rechazando.

Satoshi sentía que le dolía la cabeza otra vez, no estaba entendiendo nada.

—Tú eres la razón por la que pude decidirme por fin, quería estar tan segura de mi vida como tú.

—Me estas rechazando.

—No me estas escuchando.

—Hablo en serio, Serena —la reprendió, mirándola con seriedad. La escena que se desarrollaba ante sus ojos no parecía dejar lugar a dudas, había algo ahí que no se decía. Satoshi solo deseaba con todas sus fuerzas que Serena dijera la verdad.

—¿Puedo preguntarte qué quieres hacer conmigo exactamente ?

—¿Estás molesto conmigo? -preguntó con cuidado. Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado.

—¿Para qué me diste tu brazalete entonces? ¿Qué clase de juego estás jugando?

—¿Jugando?

Serena lo miró unos segundos antes de decidir ignorarlo y ponerse de pie para comenzar a caminar. Parecía ofendida.

—No te pongas así. -la siguió- Me preocupo por tí.

—¿Crees que sólo estoy jugando?

—No entiendo a dónde quisiste llegar con todo esto.

—Yo no actúo sin pensar, Satoshi .

—Actúas como si pensaras que se te acaba el tiempo y tienes que hacerlo todo de una vez.

—No es así, solo quiero asegurar mi futuro y lo que haré en él.

—Serena. -le quitó la caja con rapidez para ponerla en el suelo, ignorando sus reclamos.-¿Te preocupa tanto tu futuro o te preocupa qué haré yo en tu futuro?

—Ambas cosas. -admitió con cierta duda y timidez en su voz.

—Está bien, vamos a buscarle una solución a esto ¿Si te pido que viajes conmigo, aceptarías? ¿Y si te pido que dejes todo y vengas a vivir conmigo, lo harías?

Serena cruzó los brazos, apoyando el peso de su cuerpo en una pierna. Esas preguntas la estremecieron tanto por su seriedad y porque él las hubiera dicho. Algo en su pecho quería gritarle que sí y se desesperaba por hacerlo, pero su parte sensata la obligaba a callarse. Luego lo veía a él, y le provocaba pensar en el futuro otra vez.

—No digas esas cosas tan a la ligera.

—¿Significa que no?

—¡No es fácil! No puedo creer que seas capaz decir cosas así como si fuera cualquier tema.

—Entonces no me crees.

—¡No puedo!

Serena retrocedió tres pasos y lo miró con tristeza, había dicho algo que él no quería oír. Satoshi apretó los puños cuando ella, temerosa, empezó a ver hacia todas partes hasta que finalmente clavó su mirada azul en el pavimento.

—A pesar de que me dijiste todo eso y todo lo que compartimos, ¡no puedo creerte! Yo sí te quiero, pero tú eres tan diferente a mí que siento que te aburrirás de mi aunque ahora me digas que no y yo haga de todo para evitarlo. ¡No estuviste durante muchos años aferrándote a un listón azul preguntándote si de verdad podrías significar algo más para esa persona! No tuviste que escuchar de otros que la persona que amabas ya amaba a alguien más. No tuviste que animarte a tí misma diciendo que así debe ser. No puedo estar segura de lo que dices o sientes, no después de tanto tiempo. ¡Estoy decepcionada de mi por no poder deshacerme de lo que siento por tí! Tenemos veintisiete años, ya es tiempo de que superemos una tontería de nuestra niñez, sobretodo yo. Deja de creer que me quieres, eso me lastima.

Quería que su respuesta sea el punto final y otra vez retrocedió tres pasos y reanudó su camino. Quería irse, encerrarse en su departamento o no volver a verlo, pero un fuerte tirón de su muñeca la detuvo y la hizo girar para verlo. Se dobló un poco por el dolor y tuvo que sostener su muñeca, trayendo su mano hacia su pecho.

—¡Me ha dolido!

—Ah, te dolió, te dolió y por eso te quejas. Entonces yo también me puedo quejar. ¿Te has puesto a pensar en lo que yo pienso o cómo me siento? ¡Claro que no! ¡Pero yo tengo que ser el malo aquí! ¿Tengo que serlo? ¡Quien te dijo que debías enamorarte de mi y creer que estoy obligado a tenerte como novia sólo por eso? Todo el maldito mundo me preguntaba por tí, como si yo estuviera obligado a saber dónde estas, ¿y qué tenía que hacer? Reírme y nada más porque soy estúpido. ¡Perdóname pero entiende que no todo tiene que girar en torno a lo que sientes! ¡No actúes como si a mí no me doliera!

Serena olvidó el dolor. Estaba completamente sin habla frente a un hombre que sacaba todo lo que se guardó durante tanto tiempo. Empezó a luchar con el pequeño nudo en su garganta por verlo enojado. Él jamás le hablaba así.

— ¿Tú crees que esto es fácil para mí? ¡No es fácil! ¡No tuviste que sentirte como una completa basura por no saber apreciar los sentimientos de alguien! ¡Tú no soportaste la idea de saber que existe una persona que estuvo ASÍ de meterse en algo absurdo sólo para no verte mal! ¡No te forzaste a enamorarte de alguien! ¡No te sentiste como un maldito infiel por pensar en otra chica cuando tenías una a tu lado y sentías que dejabas de quererla! ¡No soportaste una ruptura y viste alejarse a una persona que creías amar y volver a sentirte del asco! ¡No viviste con una presión en el pecho todos estos años al no poder compartirlo con nadie porque sentías vergüenza y era seguro que sólo se burlarían de tí! ¡No tuviste que abandonarlo todo por una persona! ¡No estuviste a punto de morir! ¡Crees que me importas tan poco como para no venir cuando lo he hecho y he dejado todo lo que se supone debería estar haciendo? ¡Crees que a estas alturas no sé lo que quiero y con quien quiero estar!? ¿¡De verdad crees eso!?

Satoshi resopló y se pasó una mano por el cabello mientras se giraba para que no lo viera. Ya no quería discutir, no quería seguir así, ninguno se merecía eso. Inhaló y exhaló de forma temblorosa. Volvió a verla, Serena cubría su boca con una mano. No soportaba verla tan vulnerable frente a él.

— Te extrañé, te extrañé de verdad. -se acercó a ella con cansancio, tomando la mano que le había lastimado y apoyándola en su rostro con tristeza.- ¿Sabes? Nunca pensé que me desesperaría tanto por querer ver a alguien como me pasó contigo. Cuando te vi ya estaba seguro que no quería volver a perderte, pero te veo dudar y ya no sé qué pensar. No quiero presionarte, no quiero obligarte a nada.

La abrazó sin soltar su mano, hundiendo sus dedos en su cabellera miel. Serena se hundió en él, sintió que estaba temblando un poco. Otra vez se aguantó las ganas de llorar, pero su visión borrosa le indicaba que lo haría en cualquier momento.

—Perdóname, sé que no es la manera. Lo siento. No quería gritarte. No quería ser tan brusco. Perdóname. No volveré a hacerlo.

—Lo siento... -ella se lamentó con la voz llorosa y rodeando su espalda con su mano libre. -Él tiene razón, soy una egoísta.

—Eso no es verdad. -le susurró con molestia al saber a quién se refería. -¿Qué más te dijo Gladion?

—...nada más...

—¿Estás segura?

—Sí, no pasó nada. Él no quería que tú sufrieras por mi culpa. Todo este tiempo tenía miedo de que me lastimaras y no me di cuenta de que tú...

Serena no terminó la frase, pero Satoshi supo a qué se refería. Todo ese tiempo supo que sería difícil que Serena le creyera, pero nunca se imagino que, más que por orgullo, en realidad era por miedo. Cerró los ojos y permanecieron en silencio. Ash no quería hablar, quería que Serena terminara de ser sincera con él y consigo misma. No quería interrumpir sus pensamientos.

—Me asusta que...

La voz femenina era tan baja, que tuvo que esforzarse para escucharla.

—No entiendo aún porqué pasó y no sé cómo podrías...

—¿Asustarte? -Satoshi inclinó su cabeza y la apoyó en la de ella - ¿A qué le tienes miedo?

—Miedo... de lo que podría pasarnos. Contigo viajando y yo aquí. Tenía miedo de seguir queriéndote durante más tiempo del que debería. De estar poniendo tu bienestar por sobre el mio. ¿Por qué debía pensar que me vas a querer durante todo ese tiempo? Todo eso me asusta. Quererte me asusta.

Se hundió más entre sus brazos, se sentía muy tonta.

—Me asusta quererte más de lo que tu me quieres, y sentir que no valgo lo mismo que tu vales para mí.

¿Podía comparar ambos sentimientos?

—Cada vez que te veo, estas avanzando y yo siento que estoy tan atrás. Y luego escuchar de los demás que no estoy a tu altura y nunca voy a estarlo. Cuando era niña no pensaba en esto, solo pensaba que quería gustarte, ahora veo todo desde tantos ángulos que siento que si tomo el equivocado todo terminará mal.

—No tiene que ser así.

Verla tan temerosa por ambos removió algo en su pecho y suspiró con tristeza. Quizás eso era lo maravilloso de Serena, la capacidad que tenía de despertar sentimientos en él.

—Escucha-suavizó la voz.—Tienes razón en lo último. Yo te quería para sentirme bien. Porque te recordaba y no quería pensar que te rechazaba después de todo lo que hacías por mí. Quería quererte. De verdad me esforzaba en quererte.

—Y no podías.

Satoshi no dijo nada más.

—Satoshi , yo te demostré todo lo que sentía porque no quería dejarlo en mí. Lo único que quería es tener una respuesta. ¿Tenías miedo de herirme? ¿De verdad... tan poco me conoces? Yo estaba bien con lo que decidieras, ¿por qué no haces lo mismo?

—Porque estás decidiendo por mí. No necesito que seas diferente, necesito que seas tú.

—No será suficiente.

—Eres suficiente.

—¿Estás seguro?

—Eres tú

—No es suficiente.

—No pongas pensamientos en mi cabeza. Estoy orgulloso de tí y de todo lo que haz logrado. Esperaba que fueras feliz y lo hiciste. ¿Qué razones tengo para dejarte? Tengo muchas razones para decirte que jamás pasará. Ni siquiera tienes que convencerme. Trata de callar por unos segundos los pensamientos en tu cabeza y escúchame a mí.

Satoshi rompió con el abrazo y la tomó por los hombros, quería verla a los ojos.

—Serena, yo no te necesito para ser feliz. Puedo ser feliz sin tí.

Serena bajó la mirada. Sintió cómo las lágrimas calentaban su rostro, hasta que el hombre frente a ella tomó su barbilla e hizo que lo mirara otra vez.

—Pero no quiero. No quiero ser feliz por completo a menos que tú estés conmigo ¿Ahora me entiendes? ¡Me niego completamente! Yo no quiero ser feliz si no estás conmigo. Tampoco quiero ser feliz con alguien más, sólo contigo. Quiero que tú termines de completar mi felicidad. Y algo me dice que también te pasa lo mismo. ¿No quieres darme la oportunidad de hacer lo mismo por tí?

Satoshi dejó que Serena se soltara de su agarre. Apretó los labios cuando la vio secando sus lágrimas una y otra vez.

—Satoshi ...gracias... -Fue todo lo que pudo decir antes de que su voz volviera a quebrarse. Inhaló y exhaló suavemente mientras secaba las últimas lágrimas en su rostro. -Si estás seguro de que me quieres a tu lado y nada más, bueno, eso es todo lo que quiero saber.

—Claro que estoy seguro. -sonrió- ¿Ya me crees?

Ella asintió con una enorme sonrisa. —Es la respuesta que necesitaba.

—Una respuesta bastante larga...

—Bu-bueno- se sonrojó suavemente. -Ha pasado mucho tiempo, era algo difícil de creer.

—Supongo. Es muy difícil estar en tus zapatos. Me gusta que no seas orgullosa, sino se hubiera complicado demasiado. ¿Te imaginas?

Serena volvió a sonreír. La situación había cambiado a un rumbo más ligero. Satoshi traía una sonrisa despreocupada mientras la miraba, pero ese brillo que solo aparecía cuando hacía lo que más amaba, estaba presente.

—Satoshi , deberías irnos. La policía podría intentar revisarnos por estar tan tarde en la calle.

—Son la una y media, no me di cuenta. -Los ojos de Satoshi se abrieron por la sorpresa al ver su reloj.

En ese momento, a Serena se le ocurrió que todavía podía estar en el avión, adormilada, soñando que conversaba con él. Se lanzó a darle un abrazo y se aferró a él, asegurándose de que no la soltara. Suspiró de alegría cuando lo sintió rodeando su cintura con sus brazos para abrazarla también. La apretaba contra él cariñosamente, sin ánimos de querer soltarla.

—Satoshi siempre es feliz. -habló desde sus brazos.- Si yo puedo hacer que sea aún más feliz, entonces quiero hacerlo todos los días.

—Entonces puedes comenzar desde ahora.

—¿Qué?

—Dímelo.

—¿Cómo?- Serena abrió los ojos, bastante confundida. ¿Decirle qué? Alzó su rostro hacia los ojos castaños de él.

—Quiero oír que me quieres.

Serena clavó sus dedos en su camiseta cuando el nerviosismo empezó a invadirla. Esa voz, tan alegre, pero baja y suave, muy diferente a su forma normal de hablar, le quitó el aliento. Volvió a esconderse entre sus brazos.

Me gustas.-susurró desde su escondite. No se atrevía a verlo a la cara, mucho menos a los ojos, porque el corazón le latía con fuerza, haciendo que una sonrisa apareciera gradualmente. Estaba feliz de poder confesárselo con libertad.

—¡Eso no! ¡Lo otro!

—¿Cuál otro?

—Dímelo.

Serena ocultó más la cabeza en el abrazo y negó efusivamente. Ya sabía a qué se refería, pero no se sentía capaz de decir alguna palabra aunque quisiera.

—No hagas que me arrepienta.- lo dijo de forma irónica, él podía ocultar mucho mejor sus nervios que ella.-Por favor, dímelo.

—Te amo...

Serena levantó la mirada tímida, pensando que tal vez se había excedido, pero se tranquilizó cuando Ash le sonrió con ese brillo tan especial que pocas veces veía.

—Dilo otra vez.

—Te amo.

—Otra vez.

—Te amo.

—Una vez más, por favor.

—Te amo. ¡Te amo!

Y él siente que se puede romper, en mil pedazos.

—Lo sé, a cada momento me lo hacías saber. Y yo quería que supieras que tú me importas. Si tu estas bien, yo estaré bien. Si no puedes dormir entonces yo tampoco lo haré, y si no sabes qué hacer entonces te juro que buscaremos la forma de como salir de eso. No tienes porqué hacer todo esto sola, aunque me digas que puedes, por lo menos déjame estar cerca. Sé que hago lo mismo, pero tienes que prometerme que vas a contarme todo lo que te pase. No quiero que me ocultes nada.

—Pero no quiero que cargues con mis problemas.-Serena ocultó su cabeza en el hombro del chico y evitó sollozar.

—No, hazlo. Por favor no me ocultes nada. Te juro que encontraremos una solución y lo resolveremos.

Serena sabía que iba ser mas difícil de lo que pensaba.

—Estaremos bien.

—¿Me lo prometes?

—No puedo prometerte que siempre estaremos bien, pero puedo prometer que lo voy a intentar. Ten mucha paciencia conmigo, la vas a necesitar.

—Lo sé. -ese comentario final provocó una risita que hace años no oía- Yo... espero que recuerdes que no hay mucho que yo pueda hacer que pueda sorprendente.

—Claro que las hay. Me gusta verte feliz, ¿lo sabes, verdad?-sonrió cuando ella se sonrojó mientras asentía—No dejes de sonreírme así.

—Está bien. Eso sí lo puedo hacer.

Era una sensación muy extraña, reír y llorar a la vez. Serena de vez en cuando llevaba una mano al rostro para apartar sus mechones de cabellos que caían a incomodarla y volvía a recostare en él.

—¿Puedo preguntar otra vez qué quieres, Serena?

—Quiero cumplir esta nueva meta, pero que estés conmigo. -respondió, Ash merecía honestidad- Quiero estudiar y seguir con mi trabajo. Lo demás, ya te lo dije, pero quiero que estés tú en cada una de ellas.

Satoshi se sintió satisfecho al verla tan sincera.

—Pero no tiene que ser ahora. Sí me gustaría irme contigo, pero no ahora que recién tengo todo esto, quiero terminar de estudiar. Sólo quiero que me apoyes en lo que quiero hacer.

—Siempre voy a apoyarte en tus metas. Pero no te cargues con tanto.

—Estaré bien. Y ya puedes soltar mi mano. Ya no me duele.

—Me dolió mas a mí que a ti. -Satoshi respondió con culpa en la mirada-Fue un accidente, sólo quería que voltearas a verme y...

—En realidad ha quedado así. Cuando estaba en mi última presentación de la Clase Maestra tuve una mala caída y me lastimé la muñeca. Desde entonces me duele cuando cargo algo pesado o la muevo de manera brusca. No fuiste tu.

—Pero...

Serena no pudo evitar alzar las manos para envolverle el rostro con cariño y traerlo hacia el suyo, sumergiendo lentamente sus dedos en su cabello. Al entrenador pareció gustarle el gesto, porque se le escapó una sonrisa e inclinó su frente hasta juntarla con la suya, tomándola de la nuca para evitar que se separara de él.

Era una sensación cálida y agradable. Serena pronto se encontró deseando que la besara. Suspiró profundamente cuando Ash empezó a envolverla disimuladamente por la cintura con un brazo, sin dejar de mirarla.

—No quiero que tengas miedo. No quiero que pienses que no voy a volver.

—Yo sé muy bien que haré si decides ya no... volver nunca más.

Ese tono coqueto aceleró su pulso y acaloró su rostro en cuestión de segundos.

—¿Qué cosa?

—Regresar todas las noches al teatro después de trabajar hasta que encuentre a alguien que este dispuesto a quedarse conmigo.

—¿Con qué tiempo, si estarás estudiando?

—Pues, los fines de semana. -se defendió.

—Entonces regresaré los fines de semana.

—¿Con qué tiempo, si estarás viajando?

—¿Porqué eres así?

Se separaron rápidamente cuando escucharon a un Arcanine gruñirles y varios pasos acercándose. Satoshi alzó la olvidada caja del suelo y tomó la mano de Serena para empezar a correr en dirección opuesta, hacia su departamento. Empezaron a reírse en voz baja, no estando seguros si era por los nervios de tener cerca a la policía o porque estaban juntos.

—¿Qué hay en esta caja?

—Son un montón de cuadernos viejos. Dibujos míos que debo mejorar. Kalm me dejó algunas tareas para que pueda ir adelantándome a lo que me espera en clases.

—¿En serio tienes tarea que hacer?

—Sí, y necesito tu ayuda.

—¿Y la tienda?

—No la abriré. Tenemos que dormir. Despertaremos para almorzar.

—Me agrada la idea.

—¡Shhhh! ¡Nos pueden oír!


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—Me gustan las servilletas con estampado de lirios.

—Pero son servilletas, las personas se limpiarán y terminarán arrugadas y en la basura. Jamás las miro cuando voy a una boda. Es más, ¿quién las mira? Nadie.

Lillie bajó la cabeza mientras fruncía el ceño, analizando la situación. No pasaron muchos segundos para que volviera a sonreír y mirara a su pareja con una expresión avergonzada. —Creo que tienes razón, nada de estampados. Blancas con franjas doradas está bien.

—Si quieres que sean tan impresionantes, haz que las doblen en forma de abanico.

—¿Abanico? ¡Eso es! ¡Me gusta esa idea!

La novia tomó una libreta pequeña donde empezó a escribir apresurada y con sonriente emoción, haciendo énfasis en el punto final. Miró la lista escrita, ya alcanzaba cinco hojas.

—Por detalles como esos, se han atrasado. Se casan en tres semanas y todavía no estamos en la mitad de las cosas...

—Bueno...-Lillie juntó los dedos con un aire de ternura por le regaño de su hermano- Es que es difícil elegir.

—Hau, me imagino que ya hablaste con tu abuelo.

Gladion se hundió en su silla giratoria (bastante cómoda para relajarlo en esas situaciones) cuando la cara de su amigo gritaba un: "claro que no", mientras que su boca decía un: "Claro que sí".

—Bueno, no me estoy casando yo.

—Todo estará bien, hermano. -la joven mujer se levantó de su sitio para caminar hacia su familiar y darle un delicado abrazo. Gladion correspondió con cansancio, animándose un poco por el nada usual pero significativo contacto. —Gracias por ayudarme. No sé qué haría sin ti.

—Y yo tampoco. -Hau le regaló una sonrisa enorme- Siempre estás ahí, por eso, juro que estaré a tu lado por el resto de mi vida.

—Gra...¿Mhmm?

—¿Cómo que "Mhmm"? Me estoy casando con tu hermana, así que nos veremos casi todos los días. Llámanos cuando se te antoje.

—Bah.

—¡Pero dejen ya las bromas! ¡Basta!-Lillie colocó ambas manos en sus caderas, indignada y tratando de lucir indignada. -Vamos ahora a elegir la comida. Aperitivo,entrada, plato principal, postre, bebidas... ¿por dónde comenzamos?

—Pensé que querías todo lo relacionado a Alola.

—Tu región y la mía, Hau. Pero Unova no tiene tanta variedad en alimentos.

—¡Eso sí! ¡Que los postres sean de Kalos, Lillie! Unos Petit chou juntos con muchos Macarons.

—No puede ser. -Gladion sintió vergüenza ajena después de eso oírlo hablar -Cállate, pronuncias horrible.

—¡Hau, tu francés es terrible!

Hau atrapó a su pareja entre sus brazos mientras se reía—No lo creo, "Mon Amour".

El mayor curvó los labios. —That's really gay.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

—Tu trauma con el francés no es mi culpa, mon ami. Ahora estoy ocupado con... -Lillie le dio un beso en la mejilla para callarlo y cerrar el asunto.

—¡Que idioma más raro! Estamos en Alola. ¿Maori? ¿Inglés? ¿Español?

Ambos hombre la miraron sin entender nada de su repentino parloteo. Lillie miró inútilmente a su prometido, quería a toda costa evitar mencionar Kalos mientras su hermano estuviese presente.

—Bue... Me refería que no importa eso ahora. Pospongamos la recepción y vamos al ambiente. El encargado me entregó una serie de CDs para que elijamos cuales serán parte de nuestra boda.

—Es verdad. -Gladion recuperó la compostura después de toser con dignidad. -Es más sencillo si deciden de una vez ese tema.

—¡Entonces soy todo oídos! -Hau levantó el brazo con energía. -Vamos a relajarnos un rato con las canciones. Ya estoy aburrido de leer.

Lillie tomó uno de los discos y lo introdujo en el pequeño equipo de sonido de la oficina. Apretó un par de botones, ajustó el volumen y regresó al lado de su prometido, pegándose a él sin intención alguna de separarse otra vez. Tomó una revista y la abrió de par en par para verlo junto a él.

—Aquí dice que esta Opción A contiene música suave para el baile en pareja.

La canción comenzó con una melodía tristona, provocando que la mujer cerrara los ojos con calma y una sonrisa en sus labios. Hau sólo pudo sonreír, dejándose llevar por la melodía. No faltaría mucho para que la joven de cabellos rubios comenzara a cantar. Le gustaba mucho ese conocido cantante de voz melancólica, le transmitía paz, incluso si las letras de sus canciones siempre hablaran de amores platónicos que nunca sucederían.

—Me recuerda a todo lo que pensaba cuando solo me mirabas como amigo.

—¿De verdad?

Gladion se aclaró la garganta para hacer algo más que sentirse incómodo, preguntándose porqué la pareja había decidido ignorar su presencia y pegarse como goma de mascar. Comenzó a garabatear en una nota vacía mientras escuchaba la canción. El humor que tenia empezó a esfumarse cuando el cantante comenzó a expresar su resignación por medio de su timbre vocal.

"Vivo mi día cuando estas cerca a mí, cerca a mí."

—¡Es exactamente lo que sentía, Lillie!

"¿Estas aquí conmigo? Solo estoy mirando el día de otro sueño."

Lillie empezó a cantar con una voz suave.

"Veo tus ojos en las flores"

Hau no tardó en unirse.

"¿Alguien te conoce como yo, amor? Tomé un ramo para ti."

y Gladion en entenderlas.

"Pero te ves muy bien con Él. Espero que seas feliz, es todo lo que quiero"

"Pero si no puedes tener lo que quieres, entonces puedes tenerme a mí"

—Si bailamos voy a pensar en todo lo que pasé por quererte.

—Ya no es un imposible, es real. Muy real.

—Y para siempre.

"Entiendo ahora que es demasiado tarde"

"Nunca dejaré de sentirme culpable."

"Ya te superé, lo prometo. Solo déjame gritarlo fuera de mi."

Lillie abrió los ojos cuando Gladion se levantó sin decir nada y caminó hasta la puerta, cerrándola con calma tras de si. Guardó silencio, hundiéndose en sus preocupaciones habituales de novia y hermana. Hau tampoco dijo nada, la besó en la cabeza antes de que la canción cambiara y por fin detuvo la reproducción con el control remoto.

—No la ha olvidado todavía, ¿verdad?

—Creo que es difícil para él. ¿Deberíamos cambiar de canción?

—Se enojará si lo hacemos.

—No deberíamos fingir que Serena no vendrá a nuestro matrimonio. Creo que lo empeoro mencionándola tanto cuando "discuto" contigo por eso.

—Ya podrá pasar página. Serena llegó en un mal momento de su vida y no es culpa de nadie. Lo superará.

—¿Cuanto tiempo va a tomarle? Estoy muy preocupada.

—¿Preocupada? ¿Por qué? El tiempo arregla todo.

—El tiempo no arregla las cosas. Hacer cosas es lo que cambia las cosas.

—Lo dices como si Gladion se la pasara sin hacer nada. ¿No viste la cantidad de trabajo que tiene?

—Es que..., la secretaria me comentó una vez que una chica vino a verlo hace ya bastante tiempo.

—¿Una chica? Bien por él. Pero no deberías involucrarte en sus relaciones.

—No es eso. ¿No entiendes? Fue Serena. No tengo idea de qué hablaron o qué pasó, pero mi hermano empezó a consumir calmantes desde la última vez que la vio.

—...

—¿Ahora lo entiendes?

—No sé qué decir.

—No se lo digas.

—No. No diré nada.

Y Gladion nunca se fue.

Se había apoyado en la puerta para poder fumarse uno de sus cigarrillos antes de volver a entrar. Odiaba el olor a tabaco en ambientes cerrados. La cuarta calada le hizo sentir que ya podía volver cuando escuchó a la pareja hablar de él. Quería enojarse, pero no lo hizo; en su lugar sonrió con burla hacia la situación, hacia su yo de diecinueve años, hacia si mismo, hacia la cantidad de madurez que tuvo que juntar para aceptar de una vez por todas que amaba a una chica que ya no estaba. El amor que el futuro matrimonio se demostraba solo era un amargo recordatorio de que Serena le hacía falta. No era la primera vez que pensaba en eso, pero esta vez le pegó duro.

No pudo evitar desear cosas que, por su bien, no debía.

Serena es parte del pasado, Satoshi intentaba permanecer en su futuro y así debe ser.

"Y te ves muy bien con Él"

Y así debe ser. Llegaría a casa, tomaría una buena ducha, unos calmantes y a dormir.

Duplicaría la dosis por esa noche.

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Satoshi se percató de que le gustaba juguetear con los mechones miel de la cabellera de Serena, o al menos esa fue su conclusión, cuando Serena se quedó dormida recostada en un árbol, a su lado; y él no tenía nada que hacer. Estaban en un día de campo improvisado, sin gente al rededor y los pokemon correteando a sus anchas por el prado. Un domingo bastante tranquilo. Estaba profundamente dormida, algo normal después de las desveladas que se daban hablando desde que empezaron su relación. La miraba y se sentía tonto por ambos. Él, por no pensar que estuvo a punto de perderla y ella, por seguir queriéndolo.

Pero toda esa molestia quedó en el pasado; ahora Satoshi tenía a Serena a su lado. La tenía tan cerca y su respiración es tan suave.

No está en un escenario, pero brilla para él.

La quiere, más que nunca la quiere.

Con una suavidad increíble se aparta de ella, cuidando de que su cabeza esté apoyada en el tronco y se pone de pie para irse a alimentar a unos pokemon salvajes que capturaron su atención. No recordaba si los vio alguna vez.

—Volveré en unos minutos.- avisa a la nada. La mira una vez más antes de coger una cesta de comida y dar unos pasos hacia ellos.

Se arrepiente.

Termina arrodillado ante ella, mirándola fijamente. Por esa vez los pokemon podían esperar.

Le da un pequeño beso que no perturba su sueño.


"Que fue, cuando vienes a Kanto?"

"Ya no iré a Kanto"

"Demonios, Misty me va a matar por hacerle perder tiempo. Y por qué"

"No puedo dejar a mi novia tan rápido"

"Novia? Qué novia? Tan rápido superaste lo de Serena y el enfermo soy yo?

"Yo no he superado a Serena. Mi novia es Serena"

"Serena esto y Serena aquello. Háblame de otra chica quieres?"

Satoshi y Pikachu rieron juntos por el mensaje. Sabían que Gary solo bromeaba.

"Miento. Felicidades, supongo"

"Supones?"

"Con brujería cualquiera"

"Te enseño el conjuro?"

"Manda"

"Coges dos pokemon de tipo bicho. Más grandes mejor"

"Ok"

"Te los pegas en la cabeza y los amarras con una soga verde"

"Bien"

"Te pones tu yukata y vas corriendo al gimnasio de ciudad Cerulean. Ahí entras y gritas -Aquí estoy Giratina, sal ahora mismo- Pero fuerte."

"¿Es brujería de amor o para que Misty me lance piedras?"

"Siempre habrá un mañana :)"

"Estás ahí gracias a mí :)"

"Cierto. Me voy a la Boutique. Después te escribo."

"Cuanto tiempo te quedarás en Kalos?"

"Ya estuve aquí cuatro meses, me voy en una semana"

"Aprovecha bien esos siete días"

"Por supuesto"


—¡Hoy es el día! ¡Y no quiero que me interrumpan!

Deci se sintió indignada cuando sus compañeras le respondieron con un "ajum" sin siquiera mirarla.

—¡Sí...! Ephm... ¿No van a preguntar?

—Te le vas a declarar a Satoshi , ya sabemos.-respondió una.

—Vimos tu carta cuando se te cayó tu bolso.- secundó la otra.

—Y te escuchamos ensayar en la trastienda.- agregó una más.

—Y... ¿qué dicen?

Todas miraron a Deci con cara de aburrimiento total.

—¿En qué multiuniverso crees que a Satoshi le caes bien?

—¿Y porqué no?

—Mejor ahórrate el Je t'aime porque ni te va a entender.

—O ensayalo mejor. Quien sabe.

—Normalmente no les haría caso, pero tienen razón. Me aseguraré de tratarlo mejor y me dirá que sí. Tengo mucho tiempo.

Deci no pensaba que en el despacho, las dos perdonas que más quería ciegamente, estaban conversando un tema que le rompería el corazón. Serena terminaba de maquillarse mientras hablaba con Satoshi , se la notaba un poco pensativa.

—Dejarlas una semana sin entrenamiento sin darles razón. Se enojarán conmigo.

—Tu entrenabas sola tus rutinas.

—Pero me ayudan aquí sin ninguna paga.

—Entonces diles que no vengan esa semana. ¿Por qué tantos problemas? Si les explicas un poco-

—No quisiera que supieran que estamos juntos- le interrumpió, cerrando su estuche de maquillaje.

—¿Y eso por qué?-Serena encogió los hombros al escuchar el tono indignado de Satoshi .

—Todavía no, inventarían tonterías con sus amigas y no quiero que nadie nos moleste.

—A mi me molesta.

—Sólo por esta vez. Por favor, si se enteran no nos dejarán tranquilos.

Satoshi rodó los ojos—Está bien.

—Me voy a la tienda. ¿Cómo me veo?

—No me hagas responder.

Serena le dio un beso en la mejilla y se fue con una actitud risueña.

A ninguna de las presentes, ni a la mismísima Serena, se le ocurrió que Satoshi saldría de la trastienda con una sonrisa que ya no le entraba en la cara, cruzaría el pasadizo, se metería en la tienda como un vendaval y se abalanzaría sobre Serena para abrazarla por la cintura en presencia de todo mundo.

— ¡Es oficial, niñas!–les gritó a las chicas y a las clientes frente a él. Satoshi estrechó más el abrazo mientras Serena trataba desesperadamente de zafarse.— ¡Me ha dicho que sí! ¡Hoy toda la colección verano-otoño está a mitad de precio!

—¡Qué! ¡QUÉ! – Deci comentó al segundo.

La tienda se convirtió en un escándalo mientras se disculpaban por el malentendido de los precio y Serena le rogaba, con el rostro totalmente enrojecido, que por favor volvieran a la trastienda.

—Entonces, se quedará para siempre...–resopló una de ellas.

— Lo dudo mucho –respondió otra.- Es entrenador, se tiene que ir de viaje.

—Deci tenía razón...

—¡DEJA DE LLAMARME ASÍ!

—Perdón.

—¿Eso significa que podemos pedirle tarta cuando queramos?

—Habría que intentar.

Pero lo cierto es que les daba igual, al final todas se habían encariñado con el chico. Pero aún así, trabajo es trabajo, que no podían pasarse el día reclamando. Adentro era donde Serena estaba reclamando todavía con el rostro completamente enrojecido.

—¡Qué haz hecho! ¡Dijiste que no dirías nada!

—Tomé una decisión sin consultarte.-Satoshi todavía no la soltaba- Ahora sí estamos a mano por completo.

—¡En serio, suéltame!

—Nop.

El ruido que hacían se pudo escuchar en la tienda. Las niñas se miraron con una expresión nerviosa. Una risita se les escapó mientras que Deci estaba en silencio. Se sonrojó violentamente cuando se la quedaron mirando.

—¡Qué! ¡Qué pasa!

—Ahí fue tu novio.

—Y tal vez se casen.

—Serena se ve muy feliz cuando está con él. Me alegro por ellos.

—¿Ah, sí? ¡Pues... yo también!-la niña se estiró lo más que pudo y exhaló profundamente.- Volvamos al trabajo, por su culpa debemos guardar toda esa ropa.

Durante unos minutos, Deci se esforzó por olvidar el asunto. Sinceramente, se lo esperaba, pensaba que no debía sorprenderse, pero se sentía más malhumorada que nunca. Satoshi la fastidiaba todo el tiempo y ella también, pero aún así entendía porqué Serena siempre estaba con él: Porque era muy divertido, estaba lindo, sus batallas eran geniales y siempre traía regalos. Terminó gustándole un poquito, no tanto, lo suficiente como para escribirle una cartita y ensayar una confesión. ¡Claro que aceptaría! Pero ahora no, porque ya estaba con Serena. Colgó un vestido en su percha y sonrió con satisfacción. ¿De qué debía preocuparse? No debía preocuparse, las novias y esposas no son para siempre. Su madre la había abandonado y su padre se había quedado con ella sin decir nada. Pensó que podía pasar y aceptó su realidad con bastante tranquilidad. Si eran felices, pues que lo fueran. Total, Satoshi todavía se quedaría bastante tiempo ahí.

—¿Creen que Serena nos deje de entrenar para estar con él?

—Ojalá que no, falta poco para que comiencen las presentaciones.

—¿Creen que Satoshi vaya a vernos?

—¡Si va Serena, claro que sí!

—¿Y por quién de nosotras daría su voto?

Las niñas se miraron con gesto de "obvio que a mí".

—Satoshi no votará por ninguna de ustedes aunque quisiera.

Guardaron silencio cuando Serena apareció delante de ellas, pero no podían tomarla en serio al verla con un gracioso tono rojo en su rostro.

—¿Y por qué no? ¿No quiere ir a vernos? Convéncelo.

—Claro que iría a verlas. Pero no podrá. Se irá de Kalos en una semana.

—¡QUÉ! ¡TAN PRONTO!

Deci se cubrió la boca cuando una exclamación salió sin poder retenerla. Todas las mujeres se le quedaron viendo fijamente.

—¿Quien te entiende? Primero querías que se vaya y ahora quieres que se quede.

—Primero lo odias y luego lo quieres.

—Primero le...

—¡Serena!, ¿está él en el despacho?

Serena se sorprendió de ver a la niña tan sobresaltada—No, salió por la trastienda hace un momento. ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

Deci salió corriendo por la puerta sin darle tiempo a la mayor de reaccionar. Corrió calle abajo, por la única calle que daba a la trastienda. Debía estar cerca, ¡no podía caminar tan rápido! Quiso gritarle cuando lo vio a unos cuantos metros, saliendo hacia una ruta.

—¡Espera! ¡Satoshi , espera!

—¿Eh!-Satoshi se alarmó cuando la vio corriendo hacia él- ¿Qué pasó?

Dejó que la niña se tomara un respiro para que pudiera hablarle sin agitarse.

—Serena nos dijo que te irás en una semana.- respondió con las manos hacia atrás, empezaban a estar sudorosas. -Y yo pensé que te quedarías más tiempo.

—¿Era eso?- arqueó una ceja- Me gustaría, pero debo volver a mis cosas. Estas vacaciones han sido muy largas.

—¿No podrías esperar un poquito hasta las presentaciones...?

—No puedo. Ya anda, Deci, te pueden regañar.

—No. Yo quisiera quedarme contigo un momento. Cuando me preguntaste que si quería postre, en realidad sí quería postre. Un enorme helado de vainilla con chispitas.

Él, al oírla, sonrió y se acercó hacia ella, arrodillándose para quedar a su altura.

—Mañana, te lo prometo. Si quieres le digo a Serena que me deje salir contigo unas horas.

La niña se estremeció de felicidad.

—¡Sí! Oye y... cuando te molestaba no era por mala, es solo que tu me molestabas y no quería dejarme. Yo creo que eres lindo... Serena cree que no debo decírtelo pero yo no creo que sea malo. ¿Tu también crees que soy linda? Y si te parezco enojada es porque mi papá me dijo que debía hacerme respetar. No les caigo bien a las demás, pero no me importa, Serena me quiere y es lo único que me interesa.

Satoshi le acarició la cabeza para despeinarla, se puso nuevamente de pie y le pidió que lo acompañara de regreso. Ella obedeció alegremente, tomando su mano sin pedir permiso. Cuando doblaron la esquina, empezó a reunir valor al recordar porqué le había perseguido.

—Satoshi ...

—¿Sí?- volteó a verla.

—¡Por favor no te vayas! ¡Sé que tienes que trabajar y todas esas cosas que hacen los adultos pero si tú te vas yo-!

—¡Yvette!

Serena apareció a la distancia, corriendo hacia ellos. Ash soltó la mano de la niña para tomar la de ella, eso le dolió a la menor.

—¡Qué bueno que está contigo, me asusté cuando no pude encontrarla!

—Está bien, vino conmigo porque quería...

—¡No!-exclamó la niña.

—¿Eh?

Ambos adultos la miraron, el reclamo les cayó de sorpresa.

—¡No se supone que tengas que decirle! ¡No se supone que Serena deba estar aquí! Yo quería que...que...

Se llevó las manos a los ojos y, desilusionada, comenzó a llorar. Ash se dejó abrazar por ella, bastante conmovido, no dejó de acariciarle la cabeza. Serena sintió una ligera punzada en el pecho.

—No te vayas. Te voy a echar de menos, estaré tan triste que no daré una buena presentación.

—Por favor, Yvette, no llores. -trató de consolarla- Vendré a verlas en mi tiempo libre. Además, estoy seguro de que cuando regrese serás la Reina de Kalos pero necesitas entrenar el doble primero. Yo también tengo que seguir entrenando, por eso me voy.

—Pero, ¿cuándo regresarás?

—No estoy seguro. Pero tenemos que seguir trabajando duro, ¿no te parece?

—Entiendo.-dijo por fin, limpiándose las lágrimas. -Supongo que también te sientes triste porque dejas aquí a Serena.

Ash le sonrió con tristeza. —Tienes razón, pero no hay de otra ¿verdad?

—Ujum. Pero si pudieras, ¿nos llevarías a las dos?

Serena se estremeció y bajó la mirada, la niña decía todo lo que ella no era capaz. Tomó la mano de la menor y se fue de regreso con ella sin dejar que recibiera una respuesta. Ash se quedó mirándolas hasta que desaparecieron.


Serena se levantó sin ánimos al día siguiente. El despertador aún no sonaba y ni el sol terminada de salir. Había soñado, un bonito sueño, combinando su cita del domingo con su paseo de un viernes pasado. El tiempo parecía que volaba, hoy ya debía cambiar el mes del calendario. Mientras más miraba los días, más pensaba que él, en pocos días, volvería a su trabajo, a sus viajes, a su vida.

Cinco de la mañana.

Ash la recogería a las siete y media para desayunar juntos y luego llevarla a la tienda.

No quería ser irresponsable y tomarse el día libre para estar con él, ella no era así y Ash tampoco se lo permitiría. Tampoco podía cancelarle el entrenamiento a sus ayudantes porque estaría incumpliendo su trato. Pero el tiempo parecía que volaba. Se estiró mientras serpenteaba su cadera para desperezarse, tenía que salir de la cama aunque el despertador aún no sonara.

Quería ganarle al tiempo, era imposible, pero quería hacerlo. Con rapidez llenó la tina para darse una ducha fría y quitarse esa estupidez (así llamaba a sus momentos de melancolía). Se esforzaba por verse hermosa todos los días. Se emocionaba pensando en las sonrisas de asombro que su pareja le daba cuando la miraba con un estilo diferente cada día, tal vez podía hacer trampa con eso y retrasar su partida. Pero ella tampoco era así; abrió con fuerza la llave del agua. Basta de estupideces.

La radio transmitía un programa mañanero que terminó por despertarla y distraerla. Ja. Ash tiene que trabajar. Pero, ¿porqué no parece afectarle su partida tanto como a ella? Tal vez no quería preocuparla. Es un riesgo que tomaba al irse lejos, pero ella también debía hacerlo.

¿Porqué le costaba tanto tomar riesgos? A veces eran necesarios, a veces eran por su bien. Por el bien de ambos. Basta de estupideces.

Por fin pudo sonreír cuando el timbre sonó y el atuendo de ese día provocó que Ash no dejara de mirarla; el shampoo de coco hizo efecto y el jabón de frutas perfuma cada paso que daba.

—Buenos días, Serena.

Era imposible no sentir que su corazón temblaba cuando él pronunciaba su nombre. Le regresó el saludo con un beso en la mejilla.

—¿A dónde quieres ir?

—Algo rápido, quiero acomodar algunos maniquíes en la tienda.

—Se me antoja hotcakes para desayunar.

—Me parece bien.

El hotcake le hace olvidar que el tiempo vuela.

Le gustaba que Ash cumpliera su palabra y la llevara a las ocho a su lugar de trabajo. Con las niñas ayudándola, Serena pudo darse el lujo de tomar una regadera plateada y regar los crecientes brotes de flores que Ash había plantado la semana pasada frente a la tienda. Huele muy bien. Él le está hablando, pero en esos momentos no entiende muy bien a lo que se está refiriendo.

—Volveré en la noche. He quedado con unos amigos para ir a Ciudad Yantra hoy y mañana.

Ash no duda nada cuando Serena le responde asintiendo con la cabeza y sonriéndole, no tiene motivos para hacerlo.

—¿Quieres que te traiga algo?

—No, está bien. Llámame si pasan de las ocho.

Pero no le contestó cuando pasaron de las ocho.

Tampoco antes de dormir. Había visto a Deci pasar por la avenida desde la ventana de su propio hotel y no parecía para nada preocupada.

—Tal vez está muy cansada.

Tampoco se esperó recibir un mensaje a las cinco de la mañana donde se disculpaba por no responderle. "Me quedé dormida", leyó. Le sonrió a la pantalla . A veces, Serena actuaba de forma infantil; pero le intrigaba la pasiva tristeza que expresaban sus ojos cuando estuvieron juntos en la mañana.

No volvería a Yantra, quería verla y asegurarse de que esté bien. A las ocho y media de la mañana se puso en camino rumbo a la Boutique.

—¡Buenos ibas, Satoshi ! No te esperábamos. Serena dijo que ibas a Yantra.

—Buenos días, Deci. ¿Dónde está Serena?

—Un señor vestido de blanco vino a visitarla a las ocho. Estaban juntos en el despacho. Creo que es uno que le vende telas. El señor salió pero Serena se quedó ahí.

—Iré a verla.

—Dile que venga rápido, la necesitamos aquí.

Decidió entrar sin esperar el "pase", encontrándola sentada en el sillón con varias muestras de tela en su regazo. Serena se encogió al verlo entrar, justo estaba encontrándola en su momento estúpido.

—Oh...No pensé que... creí que..., - Serena intentó pararse sin botar las telas.

Satoshi cerró la puerta para que nadie mas entrara.

—Sorpresa.-dijo con una voz animada. -¿tuviste visita?

—Sí. Me vinieron a dejar muestras de telas y estaba eligiendo cuales voy a pedir. ¿Te gusta este color?

Serena tomó un metro de tela satén azul eléctrico y la extendió al rededor de él. Satoshi tuvo que sentarse para evitar que ella cayera encima suyo.

—El azul te queda muy bien, Satoshi. -susurró.

—¿Tú crees?-le sonrió- me gusta el azul.

—¿Crees que también me queda el azul?

—Te ves muy bien.

Al verla con la tela en la cabeza, como si fuera un velo, sonrió con confianza y se la quitó con suavidad. El azul resaltaban sus ojos de una forma preciosa.

—Ya no existe el lazo azul.

Sus palabras lo llevaron a la época de sus diez años. Serena se había cortado el cabello y amarrado el lazo azul como adorno en su cuello. Estaba feliz de que usara su regalo, pero Serena siempre le daba un significado a las cosas y ahora lo entendía. ¿Cómo no quererla? ¿Cómo podía a esas alturas dudar de lo que sentía por ella? Había demorado, sí, pero ahora que la tenía entre sus brazos, aceptaba que era un poco idiota y no le molestaba tanto.

—Satoshi , cuando estuvimos anoche...

—¿Anoche?

—Sí, cuando regresé de Unova. Yo te dije que te amaba varias veces, pero no lo escuché de tí.

Serena lo abrazó por los hombros. Traía una mirada tímida, pero no dejaba de verlo a los ojos.

—¿Me lo puedes decir? Me gustaría escucharlo de-

La besó.

Serena no esperaba que lo hiciera. Hasta ese momento, no habían compartido un beso, o se le había ocurrido que él se lo daría. Con una alegría que comenzó a marearle, cerró los ojos de inmediato, sintiendo cómo el chico sonreía contra su boca. Usó sus manos para acercar sus cuerpos un poco más, separándola unos centímetros del sofá donde estaban sentados, pidiéndole sin palabras que no se separase.

Ya estaba a punto de envolver su rostro entre sus manos cuando de repente la puerta se abrió con brusquedad y el entrenador se separó rápidamente de ella, volviendo la cara hacia la causante de todo. Yvette los miró con una surrealista expresión inocente.

—¡Yvette! ¡Qué haces aquí! –masculló, mirándola con un fastidio mayúsculo.

—¡Te dije que llamaras a Serena porque la necesitábamos en la tienda! Pero vine justo a tiempo para ver el espectáculo –replicó con las manos en la cintura y mirándolo mal.

—No me hagas enojar, niña.–Satoshi se levantó de su sitio para acercarse a ella.

— Yo no tengo la culpa de que estén cariñosos justo en el despacho, donde todas podemos entrar. ¡Si fueras más inteligente, se escondían en la trastienda!

—¡No tenemos que escondernos en ningún lugar! ¡Debes tocar la puerta!

—¡Yo estuve aquí antes que tú así que tengo más derecho sobre este lugar!

—¡Pero yo soy mayor!

—¡A ver los papeles!

Serena intentó decir algo ante esa discusión, pero no podía ignorar el hecho de que le ardía el rostro y el cuerpo le temblaba un poco. No estaba muy segura de si era producto del sorpresivo beso o por la interrupción de la niña.

Sin embargo, el mal humor de Satoshi se le esfumó casi en el acto y le dejó el mensaje que debía.

—Te juro que me olvidé por completo, Serena. ¡Ya suéltame, Deci!

—¡Iré en seguida! L-Lo siento, Yvette, me distraje un poco.

—¡Ven rápido! ¡Me voy adelantando!-dijo la niña mientras se iba. La risotada que soltó lejos les hizo sentir verdaderamente tontos.

—Si fuera mi hija, la castigaría una semana...

—No. -lo interrumpió al ponerse de pie- No te preocupes por tonterías. Yvette a veces es así. Yo quisiera tener lo mínimo de agallas que tiene como para decirte que me gustaría que te quedes más tiempo.-esbozó una sonrisa débil- Pero no soy ninguna niña. Y tu debes tomar tus propias decisiones, ¿verdad?

—Sí, pero ahora pienso en ti cuando las tomo.

Serena inclinó a un lado la cabeza. —¿Eh?

—Cuando te dije que quiero que seas parte de mi vida , lo decía en serio. Y por nuestro bien, me voy a la fecha que dije. Ya ve, Deci podría volver. Yo también tengo que salir.

—¿Me quieres...? –preguntó con repentina suavidad y felicidad disimulada tras un rostro avergonzado.-Aún no me lo dices.

Esta vez él estaba mucho más preparado para dar una respuesta satisfactoria.

—Bastante.

—¿Te irás a Yantra?

—Sí. Pero quiero dejarte tranquila.

—Estoy muy tranquila. ¿Podemos ir al teatro cuando vuelvas?

—Por supuesto.


Ya tenía marcado la fecha de su partida. En rojo, en el calendario. Cada vez que tachaba un día más y miraba la marca aproximarse, cerraba los ojos, soltando las hojas. No iba a pensar en eso.

Serena había notado la enorme emoción que Satoshi desbordaba mientras los días próximos a su partida se iban acabando. Le hablaba de eso a cada instante, él y su pokemon se la pasaban diciendo todo lo que harían. Le contagiaba la felicidad a ella, pero se desvanecía en un corto tiempo. Le había rogado que por favor se fuera en la noche, no quería verlo partir temprano, sería más fácil despertar y ya no verlo que pensar en él todo el día.

—Te voy a extrañar.

Él se lo dijo un día mientras caminaban a comprar un par de cosas para su viaje. Serena apretó los labios tan pronto como pronunció esas palabras, bajó la cabeza y rodeó su brazo con cariño.

—Yo también.

—Pero antes...

Tuvo que romper el contacto por estar en la vía pública. No había más que unos cuantos pokemon y un par de niños pateando una lata, pero él prefería la privacidad, la comodidad de un lugar donde pudiera decirle todo y sólo se quedara entre ellos.

—Perdóname, Serena, pero yo..., soy algo..., no hagas eso.

—¿A qué te refieres?

—Me gusta abrazarte, pero en... privado me siento mucho... ¿mejor? Essss... No me gusta que me sorprendas de esta forma. -Satoshi tomó con suavidad sus manos para que lo mirara al notarla tan pensativa. - Es que me cuesta horrores todavía. No tengo ese problema si te tomo de la mano.

—Entiendo. -Serena no pudo contener un diminuto suspiro de desilusión. -Supongo que te avergüenza.

—Algo así. En mi región no es muy acostumbrado.

—Está bien, debí imaginarlo.

—¿Te molesta?

—No, es un poco...triste. En la tienda me habías abrazado delante de todos.

—No eran tantas personas.

—Y en el teatro.

—Me emocioné, supongo. Ya no te quería soltar cuando te tenía conmigo.

—Está bien -repitió. -Es inevitable.

—No quería desilusionarte. Pero si alguna vez sientes que soy muy serio en eso, dímelo. Tal vez con el tiempo voy a acostumbrarme.

—Tal vez si lo intento, yo logre acostumbrarte.

Satoshi sonrió mientras negaba con la cabeza.

—Quiero que tengamos una cita el último día que te quede en Kalos.-Serena comentó con una voz suave.- Quiero despedirme de una forma especial.

—Déjame elegir el lugar esta vez.

Apretó un poco más su mano antes de soltarla y ya no dijeron nada.


El día se acabó y cerró temprano, a las seis y media en punto, indispuesta a perder un segundo más de su compañía.

—¿Dónde está Serena? Hace rato debimos empezar con el entrenamiento.

—¿Alguien la puede llamar?

—No contesta.

—Está algo indispuesta. No vendrá

Satoshi apareció ante el grupo de niñas que caminaban de aquí para allá mientras esperaban a su entrenadora. La noticia las enfadó.

—¿Entonces no vendrá? ¡No nos dijo nada!

—¡Qué injusto!

—Pero pueden entrenar solas, ¿verdad?

—Podemos. -Deci tomó el mando sin que nadie se lo pidiera -¿No te quedas con nosotras?

—No puedo, debo empacar.

—Ya empacaste, mentiroso. Quédate con nosotras.

—Es que tengo otras cosas que hacer.

—¿Qué cosas?

Satoshi metió su mano en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó un pequeño cigarrillo para mostrarles.

—¿Tú fumas?

—No lo cargaría si no fumara.

—¡Bleh! ¿¡Por qué necesitas fumar tan temprano!? ¡Vete de aquí, nos matarás a todas!

—Entonces las dejo.

—¡Shu! ¡Shu! ¡Aléjate, maltratado del ambiente! Yo pensaba darte un beso de despedida, ¡ya no quiero nada!

Satoshi soltó la carcajada y se fue con su mentira. Fumar era una buena excusa. Hacía años que lo dejó porque ella odiaba el olor del tabaco, volviéndose algo muy raro en su lista. Pero creían que sí y era bueno, así podía irse sin que le pregunten a dónde iba.

—En realidad... tengo una última cita. -le dijo al objeto blanco antes de tirarlo en un contenedor de basura.

Libre de preguntas, es mejor así.

Caminando por el pavimento y pasto seco.

Para verla a ella, a una linda chica.

Serena dejó de lado todo y se dejó llevar ciegamente por él. Satoshi se las arregló para llevarla a la orilla de la playa y sentarse ahí. Es lo que él hacía cuando estaba en Alola. Un par de mantas para poder sentarse, una fogata pequeña, sus pokemon y nada más. Siempre lo hacía con sus pokemon cuando tenía tiempo libre y nadie con quien competir, era bastante especial. La última vez se acomodó con Lana después de pescar toda la tarde, un día antes de irse.

—Me gusta la playa. -Serena se sentó a su lado, apoyando las piernas contra su pecho y rodeándolas con sus brazos. -El sonido de las olas siempre me ha relajado. Es una pena que esté tan lejos de la ciudad.

—A mí también me gusta. Cuando tenía mis ratos libres, me tumbaba en la arena durante varias horas.

Tomó una rama corta y empezó a dibujar en la arena lineas sin sentido. De alguna forma, Alola se había quedado en su persona para siempre. La playa no era nada parecida a sus playas tropicales.

—No es tan bonito como Alola.-aceptó Serena con suavidad.

—Tienes razón, el mar de Kalos es mucho más oscuro.

—¿No extrañas Alola?

—A veces.

Serena terminó por apoyar la cabeza en su hombro, pegándose a él cuando no hizo gesto de sentirse incómodo por eso. Satos&i se tensó por unos segundos, pero descubrió el increíble calorcito que ella le proporcionaban. Ahí no había nadie.

Era curioso sentir frío en la espalda junto con un calor amigable por su cercanía. Serena se concentró en el mar, pensó que ese día en especial el cielo no tenía muchas intenciones de mostrarle sus estrellas. Al menos la luna sí brillaba con encanto.

—¿Sabes algo que me gusta de ti, Satoshi ?-susurró con los ojos semiabiertos- Siento que revivo o vivo cosas que nunca viví. Verte emocionado me lleva a mi viaje por Hoenn y otras regiones. Esa sensación de iniciar un nuevo viaje es de las mejoras cosas que he podido sentir. Aunque me digas muchas veces que volverás, es difícil decirte adiós.

Serena se acurrucó un poco más, rodeando su brazo entre los suyos.

—Cuando me convertí en reina y se abrieron más y más puertas, ya no era suficiente- sonrió- Cumplí mi tiempo con la corona y me dediqué a otras cosas que me mantuvieron con el nombre de "Reina de Kalos". De repente sientes que no puedes desperdiciar el tiempo. Conocí nuevos amigos que estuvieron a mi lado todas esas etapas. Pero también los dejé, igual que tú.

Satoshi inclinó ligeramente la cabeza para verla. No lucía ni nerviosa, ni cortada, o presumida. Sólo feliz. Sumamente feliz. Él también lo estaba.

—A veces me preguntaba porqué no era capaz de sentirme en casa, como tú. Siempre había algo que me decía que volviera. Kalos es mi hogar, conozco muy bien esta región. No importaba dónde estaba, sólo podía sentirme en casa aquí.

—Una región entera que te quiere. Tiene sentido que tu también la quieras.

—¿Crees que podría ser mejor?

—Sí, podría quererte otra región.

—Por el momento estoy satisfecha.

—Si hacías lo que amas, estoy seguro que sí.

—He sido muy feliz, de verdad. Cumplí mis sueños y todas mis metas. Si miro atrás, sé que he hecho todo lo que he podido. Incluso tú, es como si tú fueras mi recompensa por todo el esfuerzo.

—Eso suena muy extraño.

Serena intentó disculparse por ser tan sentimental, pero al verlo sonreír supo que no había necesidad.

—No vas a abrazarme más, ¿verdad?

—Así estamos bien.

—Cobarde~.

—¿Cobarde yo? ¿Quién duerme con una lámpara de dinosaurio?

—Es un adorno. Un adorno que me gustó porque era lindo y me lo compré.

—Los adornos no llevan bombilla ni se prenden por la noche.

Serena se separó de él y apoyó el mentón entre sus rodillas, con una expresión avergonzada.

—Satoshi ..., gano mi dinero, tengo derecho de gastarlo en ese tipo de cosas. ¿No piensas que es un adorno muy lindo? Porque yo creo que sí...

Satoshi no aguantó la risa y giró hacia ella para abrazarla con todas sus fuerzas. Verla nerviosa cuando tenía que expresarle lo que sentía era adictivo. Quizás por su risa y la fuerza del abrazo terminó cayendo encima de ella, provocando que también se ria y se aparte con dificultad, quedando de lado para acostarse su lado. Satoshi se acostó y se quedó mirando el cielo falto de estrellas. Tumbarse a su lado la regresaba a sus años de viaje.

Extendió los brazos hacia su cuerpo, para traerla hacia él. Estaba deseando un poco más de cercanía. Serena giró la cabeza para verlo con una sonrisa cargada de cariño.

—Me estás abrazando un poco más.

— En mi defensa, Serena, me siento alegre.

—Creo que estamos mano a mano. A ti te da vergüenza abrazarme en público y a mi decirte todo lo que siento.

—No sé cual es peor.

—Con el tiempo te acostumbraras a mi cariño y yo podre decirte todo.

Al oír sus palabras, tomó sus manos entre las suyas; Serena tenía los ojos llenos de sentimientos para él, con su rostro a pocos centímetros y una sonrisa pequeña, pequeña, pequeñísima. Está nerviosa.

—¿Puedo abrazarte más? Sólo esta vez, por favor.

Satoshi aprieta los labios. Ha sido idea suya comenzar con ese contacto así que tampoco es que tenga el derecho de quejarse tanto.

—Por favor.

Satoshi terminó aceptando su petición tras un suspiro. Giro levemente el cuerpo para verla, extendiendo el brazo para indicarle que podía acercarse. Serena se acercó mas a él, uniéndolos cuando rodeó la cintura ajena. Él se tensó un efímero instante cuando ella lo rodeó por la cintura. Tardó un poco en relajarse, no obstante, lo consiguió tras distinguir un agradable olor a frutilla en su piel. Ella estaba deseando por un poco de más contacto, y su compañero no tardó en notarlo. Satoshi se concede el pequeño capricho de inclinarse hacia ella y oler su cabello, para esa ocasión eligió el aroma a cereza.

—Creo que no tengo problemas en acurrucarme contigo un momento, Serena.

Está bien, está bien— están bien.

Esa noche era especial, y ambos habían aprendido que no necesitaban otra cosa ; por eso, Serena hundió su cabeza en él, sin aguantar el deseo de sentirlo, y comenzó respirar de manera rítmica. Trató de que el contacto le dijera de forma muda lo mucho que lo amaba. Ninguno dijo nada durante ese momento.

Ella sabía que debía decirle adiós en cuestión de horas, que probablemente siempre sería así. Era lo que debía pagar a cambio de un deseo imposible pero cumplido.

Está bien, está bien— están bien.

—Lo único un pido es que no te pase nada.

—¿Eso te preocupa?

—Sí -asiente con inseguridad— Eres capaz de muchas cosas. No quiero fingir que no me afecta, pero tampoco quiero que dejes tus metas. No los vas a lograr conmigo. No sé muy bien a qué desafíos estarás o que piensas hacer. Pero me asusta la idea de que te ocurra algo.

—No me va a pasar nada. Además, seré el doble de cuidadoso ahora que estoy contigo.

Serena sonríe otra vez, siente las palabras adecuadas en su boca.

—Cada vez que necesites descansar y te encuentres lejos de casa, puedes venir. Estaré esperándote, no importa a cuántas regiones te vayas.

"Siempre estaré aquí, no importa a cuántas regiones te vayas, voy a esperarte. "

—Serena...

—Si pierdes o ganas, o si solo estas cansado. Estaré aquí.

Los minutos comenzaron a pasar, despacio, mientras se escuchaba el susurro de la brisa y se mezclaba con el sonido de las olas rompiendo en la orilla.

Satoshi pestañeó con suavidad, adormilado por el aroma que flotaba en el aire, por el tacto de la piel de Serena contra la suya propia, y si bien los párpados comenzaban a cerrársele, no quería desperdiciar ni un solo minuto con Serena. Se dejó llevar por unos momentos, permitiéndose no pensar en nada, ni en nadie, permitiéndose a si mismo desaparecer por unos momentos del mundo y ocultarse en los brazos de ella.

—Me estas abrazando otra vez.

Es una imagen completamente nueva que tiene de él. Ahí, tranquilo, adormilado, sin pensar en nada, con los ojos cerrados. Resulta maravilloso. Su aliento llueve en su rostro y es una sensación encantadora. Satoshi disfruta la calma también.

Está bien, está bien— están bien.

— ¿No necesitas dormir un poco antes de viajar? Tu vuelo sale a las cinco y debes estar ahí a las tres y media.

— ¿Sabes qué necesito ahora? —Le preguntó en un susurro. -Nada, solo quiero estar contigo. Te quiero.

Abrió los ojos a darse cuenta de lo que acababa de decir. Serena traía una expresión de sorpresa pura, y de alegría profunda. Lo miró a los ojos, sonriendo con todo el amor que fue capaz de expresar..

—Te quiero. -volvió a decir- Eres lo mejor que tengo en mi vida.

Era la primera vez que le decía esas palabras a una chica. Siempre había creído que era exagerado y muy difícil hacerlo, pero no fue así. Nunca había estado más seguro de nada.

La rodeó con sus brazos una vez más, sin saber qué otra cosa podía hacer.

Está bien, está bien— están bien.

Así que...

Y si él llegaba a inclinarse un poco y terminaba besándola sin esfuerzo, oliendo su fragancia de cereza y enredando sus dedos en su cabello miel,

Está bien, que sea su último recuerdo de ella.

Nadie tenía que saber.


Tres de la mañana.

Habían acabado en el hotel de Satoshi . Serena tomó el calendario de la pared y el marcador rojo en su mano hizo mucho ruido al marcar el día de su partida, o eso le pareció creer. Satoshi estaba sacando una enorme mochila de viaje, junto con toda su documentación mientras la revisaba.

—Pikachu, te voy a extrañar mucho.

El pokemon lamió suavemente la mano de la mujer, le gustaba estar entre sus brazos. Su entrenador lo miró con una sonrisa por esa acción tan cariñosa.

—No es necesario que me acompañes a Lumiose, Serena.

—Quiero hacerlo. En cuanto parta tu avión, regresaré a mi departamento y dormiré un poco. No me molesta una desvelada. Compraré un café.

—Espérame un momento, voy a llamar a un taxi.

El aeropuerto de Lumiose quedaba a quince minutos de distancia. Serena sintió que se le encogía el estómago cuando llegaron. Al tipo de la ventanilla lo miró con curiosidad mientras le hacía firmar unos papeles. Ella se alejó unos momentos hacia los ventanales para contemplar el campo de aterrizaje, a uno de los aviones despegar. Satoshi casi la mata del susto a tomarla del brazo, por detrás.

—Vamos a comprarte un café antes de que pase por la inspección.

Pero todo ese ambiente la tenía despierta. Tomó el café, de todas formas.

—Por fin volverás a tu trabajo, has tenido muchos días de descanso. Creo que al ser tan peligroso, es justo.

Satoshi se la quedó mirando, confundido.

—¿Trabajo? ¿Qué trabajo? Yo renuncié a mi trabajo.

Serena abrió los ojos por la impresión. —¿Qué?

—¿No te conté esa parte? Creí que lo había hecho. No tengo trabajo, renuncié.

—¿Renunciar? ¿Tú renunciaste?

—Sí, sino lo hubiera hecho, no hubiera podido venir a verte todos estos meses. Así que renuncié.

Serena sintió que sus ojos se llenaron de lágrimas. —Pero, ¿por qué? ¿qué harás ahora?

—La región más cercana está a unas tres horas de distancia de Kalos y una de aquí. Ahí me voy. Viajar un día y medio para verte no me parece muy buen idea.

—Pero tú me convencías de no renunciar a lo que quiero hacer para estar contigo, ¿no aplicaba para ti también?

Satoshi levantó el mentón. —Nop.

Le acomodó un mechón miel detrás de la oreja al verla tan confundida.

—Tú sabes muy bien que extraño viajar como entrenador ¿verdad? Por eso lo hago. No quiero ser un ayudante de investigación ni rellenar la pokedex, quiero ser aspirante a Campeón otra vez. Busqué entre los documentos del laboratorio y leí que en una región llamada Galar tengo nuevas opciones de evolución y quiero verlas. ¡Eso no es todo! Los combates son como un enorme espectáculo, y solo puedes entrar si recibes una aprobación por adelantado. El campeón es un sujeto invencible, quiero comprobar si es cierto. Ya le dije a Gladion que me patrocine por dos meses y aceptó sin problema. Además, con todo eso no estoy tan lejos de ti. Es una buena opción.

Serena asintió, pero quería seguir escuchando su explicación. —Me gusta estar en las exploraciones y en las investigaciones, pero no es el entrenamiento que quiero. Quiero volver a sentir a la gente en los estadios, tener un nuevo equipo y entrenarlo, tener nuevas medallas y conocer gente nueva. Nadie me controla, así que será más fácil venir a verte los fines de semana.

—¿Vendrás los fines de semana?-no cabía en su asombro.

—Cuatro horas de viaje no me hacen daño.

—¿Estás seguro de que es lo que quieres?

—Más que seguro. Te llevaría conmigo si pudiera. Pero no quieres.

—Contigo me iría a donde sea. -Serena se acercó a él y se acurrucó en su hombro.- Pero no puedo abandonar mi trabajo. Y no te ayudaría mucho en tu viaje.

—Tampoco me ayuda mucho tenerte lejos.

—Creo que no te ayudo mucho esa área de tu vida.

—Detalles. Detalles.

—Está bien si no puede venir, puedes llamarme. No hay mucha diferencia horaria.

—No es lo mismo. Trataré, juro que voy a tratar de venir los fines de semana.

La inspección no les tomó mucho tiempo, a esa hora no mucha gente se encontraba viajando en su mismo vuelo.

—¿En qué piensas tanto?

—¿Recuerdas cuando me dijiste que tendrías que tener una buena razón para quedarte en un lugar?

—Eres una buena y mi única razón para volver. ¿Acaso hay otra? ¿Por quien voy a volver, por Deci?

—Me haces sentir especial.

—Ese es el punto. -tomó la punta de su nariz para sacudirla y molestarla -Me pregunto qué es lo que me espera. Han pasado tantos años que estoy algo nervioso.

—¡Lograrás grandes cosas! –Serena trató de animarlo– Tienes una fuerte influencia como entrenador conocido en varias regiones, todos los profesores te conocen, tu mamá siempre te apoya, eres muy fuerte y...

Dejó su lugar para abrazarlo por última vez

—¿Y?

—Me tienes a mí. Si hay algo en lo que crees que pueda ayudarte, no dudes en pedírmelo.

La frase lo tomó por sorpresa, ya se lo había dicho antes, pero igual de emocionado tomó las manos de Serena entre las suyas y las entrelazo mientras la miraba a los ojos, abrumados por la sensación, su respiración y el cariño que se tenían. Serena era tan delgada que podía rodear su cuerpo sin problemas.

Las personas que pasaban cerca solo los miraban con nostalgia. En su mayoría era gente mayor, personas que regresaban a sus hogares con sus familias.

Verlos es saborear esas historias de amor que son mentira.

Cuando llamaron a los pasajeros por los altavoces, Serena se separó de él para que pudiera irse.

—Por cierto. Antes de venir, regresaré a Kanto unos días.

—Está bien.

—Y tenemos pendiente tu participación en Unova.

—Tienes que ir a Sinnoh a buscar a tu amiga.

—Tienes que acomodar tus horarios de estudio antes de entrar a la universidad.

—Tienes que inscribirte en la federación para que te den tu licencia de entrenador.

—Demonios, tengo que llamar a Gladion.

—Y yo a Kalm.

—Tenemos demasiadas cosas por hacer. Tenemos que tomar vacaciones.

Serena sabía que eso era más probable que verlo regresar los fines de semana. Ya se lo imaginaba llamándola y disculpándose por no ir a verla un sábado. No le dio más vueltas, era suficiente. Acarició sus labios con suavidad. No volvió a besarlo, ni siquiera pensó en intentar establecerlo como un hábito cada vez que salieran. Besarlo se le antojaba como un acto tan especial, que no quería hacerlo hoy, sino cuando volviera.

—Siento que cuando te vayas, todo volverá ser como antes.

—No lo creo. Es difícil que me olvide de ti otra vez.

—Llámame cuando llegues.

—Las despedida sería mas difícil para mi si no nos volviera.

—Es un consuelo, creo. Tu tranquilidad es por todos tus viajes y personas que despediste.

—Soy un alma libre.

—Demasiado libre.

—¡Ya quiero llegar!

—Galar no se va a mover a ningún lugar, mon coeur*.

—¿Mon qué?

Serena dejó escapar una risa cargada de ternura.

—¿Qué significa?

—Lo que eres para mi.

—Ya, pero qué significa.

—Llenarte de cariño será difícil...

Satoshi negó con la cabeza antes de tomarla de las muñecas y envolverlas alrededor de su cuello, rodeando su cintura y hundiendo su nariz en su cabello que huele delicioso ese día mientras una sonrisa gradual se acomodaba en sus labios.

—Es fácil, es increíblemente fácil.


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mon coeur.*= Mi corazón. ¿Han escuchado XY en francés, AFDKASH Serena habla hermoso AHHHHHHHH


¡Madre mía hasta que se acabó! ¡Muchas gracias por apoyar esta historia!

No sabía cómo Y TAMPOCO LO SÉ AHORA, pero necesitaba invertir a fórmula de "Serena admiraba a Satoshi, eso se convirtió en cariño que después terminó en amor". Tenía que buscar una forma de que a Satoshi le pasara lo mismo que a ella. No quería que la quisiera porque "se da cuenta que la quiere", quería que la admirara de la misma forma.

Ufff ya llegamos aquí. Miren, estoy consciente que no es el tipo de final que todos esperaban, pero me parece que no puedo terminarlo de otra forma.

Pero amikos yo pongo el fic y ustedes ponen la imaginación para hacerlo más bonito uwu

Lo dejo así, abierto para que imaginen lo que quieran, yo no les voy a juzgar(¿?)

La mayoría tuvo su cierre, bueno...aunque Gladion queda con una situación abierta, así que ya depende de ustedes lo que le pase, pero lo importante es que tenga salud y mucho más importante es que NOSOTROS tengamos salud y mientras nosotros estemos bien pues que le den.

¿Saben? Es un poco complicado poner el punto final, porque una vez que lo haga no volveré a abrir este fic nunca más.

Extrañaré escribir GL, gracias por haber estado conmigo.

Los quiero muchísimo.

No es lo único que les daré, pero fue una bonita experiencia.

Nos vemos ;)