Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


~Cross My Heart

El chico de cabellos negros está más cerca de morir que de vivir.

Es por eso que a Yoon le sorprende en sobremanera la forma en que su cuerpo, aún inconsciente, lucha para no separarse de aquella pelirroja con tanto ímpetu.

— ¡Que molestia! —masculla Yoon, deshaciendo los amarres de su ropa ensangrentada y descubriendo las heridas del chico.

Sangre aquí, sangre allá, demasiada para ser toda suya. Un moretón enorme en las costillas, cortes de espada en algunas partes y, justo en su pectoral, un nombre.

Yona.

Los ojos de Yoon se abren con sorpresa. Nunca antes había podido ver una de esas marcas, tomando en cuenta que la suya aun no surgía, e incluso había llegado a dudar de su existencia.

¿Se podía esperar menos de un chico que sólo había conocido el resentimiento y la miseria?

El chico inconsciente suelta un quejido de dolor, y Yoon entra en acción, deseando poder poner todo lo que aprendió en su libro a la práctica.

Vaya que esos –posiblemente– enamorados le habían traído muchas sorpresas.

¿Podría ser que ellos fuesen una pareja de bandidos? ¿Rechazados por la sociedad? Aunque Yoon debía admitir que sus ropas eran demasiado caras, como para que ese fuera el caso. Además, juzgando las múltiples heridas, ¿Eran bandidos lo suficientemente peligrosos para ser atacados por algo parecido a un pequeño ejército?

¿Y qué tal el veneno? Alguien había usado flechas envenenadas para matarlo lenta y dolorosamente. ¿Quizá alguien resentido? Pero sólo con él, ya que la pelirroja apenas y tenía heridas. ¿Un enamorado de la chica?

Su prometido, quizás, que perseguía a los amantes quienes simplemente deseaban disfrutar de su amor.

Por supuesto, ¿Qué hombre con honor permitiría algo así?

¿Y si ella ya estaba casada? Pero había sido seducida por ese guerrero oscuro, que le había prometido las estrellas y la luna. Y vaya que había peleado por cumplirlo.

Pero, ¿Qué los podía haber obligado a saltar de ese acantilado? ¿No habían tenido otra salida? ¿O habían dejado de buscar?

¿Y si ellos no querían ser salvados?

Yoon suspira con cansancio. Vaya que cuidar a unos moribundos había sido más extenuante de lo que había pensado.

El guapo chico deja caer unas cuantas gotas de jugo de naranja sobre los labios partidos de la chica y se abstiene de seguir inventándole historias a la pareja.

Después de todo, si ambos despiertan, ya habrá tiempo de que averiguar lo que les sucedió en realidad, ¿no es así?

Y si no sucede… Yoon es lo suficientemente astuto como para entretenerse a sí mismo.

Y entonces, ella despierta.

La chica pelirroja se encuentra al borde del llanto, observando a su inconsciente amigo con pesar en la mirada.

Ella cierra los ojos y junta sus manos, probablemente pidiéndole a todos los dioses por el bienestar del chico.

—Ese chico fue muy lejos por ti —comienza Yoon como si nada, para después soltar la bomba que lo mantuvo en vilo por varios días:—. ¿Qué? ¿Son amantes?

La pelirroja niega con la cabeza y suelta un contundente:— No. Definitivamente no.

Demasiado fría. Demasiado rápido. Yoon mira hacia otro lado, decepcionado de que todas sus teorías fueran erróneas.

Porque si había habido algo de lo que había estado completamente seguro era de que nadie saltaría de un acantilado por nadie que no fuera importante para esa persona. Yona o no Yona. Alma gemela o no.

—Eh… Qué pena —es todo lo que Yoon atina a decir.


N/A: Beneficio de lastimarse las costillas: vendas en el pecho que ocultan su secreto.