N/T: ¡Hola! Les traigo una nueva traducción, otra vez de Sariniste. Se trata de un aihime (Aizen/Orihime) en el cual se toma como punto de partida el capítulo 420 del manga para desarrollar desde otro enfoque los planes de Aizen en relación con el Hogyoku y el Rey Espiritual.

Recomiendo enormemente esta historia a aquellos que quedaron disconformes con el desarrollo que estos temas tuvieron en el manga, les aseguro que la creatividad de Sariniste le hizo justicia al desfasaje de Tite Kubo y logró redondear un final alterno a lo que era el universo de Bleach en ese entonces.

La pareja principal de la historia es Aizen y Orihime pero también contiene otras, implícitas y explícitas. Podrá haber cualquier tipo de advertencias, ya que el fanfic contiene de todo un poco. En orden de cumplir con el reglamento de FanFiction, la autora decidió modificar la edad de todos los personajes para que fuesen mayores de 18 años.

Voy a intentar subir uno o dos capítulos más entre hoy y mañana porque los primeros son muy cortos, traducir es un poco arduo pero esta historia merece el esfuerzo. Espero que le den una oportunidad y ya saben, cualquier cosita me dejan un review, eso anima a sostener la dedicación :)

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Este fanfiction fue escrito por Sariniste y publicado en esta misma página.


EL RETO

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Capítulo I


El Señor de Las Noches se relajó en su trono, contemplando el interminable desierto de la noche. Satisfecho, meditó en la conversación con la muchacha, en cómo había sostenido su mirada con la de ella. Había contenido su presión espiritual, pero se le acercó lo suficiente hasta asegurarse de que ella podía olerlo; tan cerca que su presencia física la dejaba, por mucho, abrumada.

Había visto miedo en sus ojos, nervios, soledad, confusión… y algo más. Algo que quizás ni siquiera ella había notado. Ella había sido arrastrada hacia él en contra de su voluntad. Y él sabía que ella lo encontraba, de alguna manera, atractivo. No importaba que ella amara a otro; él no estaba allí, estaba Aizen.

Él sabía, por supuesto, el efecto que su belleza y magnetismo producía en los demás. Aunque él lo hubiera ocultado detrás de gafas gruesas por más de cien años, siempre estuvo alerta de ello; notaba (aun pretendiendo que no lo hacía) las miradas ladeadas, los suspiros de las estudiantes eclipsadas, los roces no tan inocuos y las súplicas malintencionadas. Pero se había vuelto algo aburrido, después de un tiempo, tener que siempre fingir tanta inteligencia, tanta inocencia, tanta amabilidad.

Ahora, por fin, era libre de las leyes y estructuras de la Sociedad de Almas y de los requerimientos de la imagen que él mismo había creado. Era divertido complacerse con su poder y beatitud al llegar a Las Noches. Aquí, él era el centro de todas las cosas, y con esa posición le llegó la oportunidad de tomar el control sobre los numerosos seres vivientes, tanto hombres como mujeres, que estaban más que predispuestos a competir por su atención y a rogar por cumplir cualquiera de sus deseos. Había sido… embriagador… ser por fin libre para experimentar con aquellos que se ofrecían ante él, en una atención momentánea, en un capricho. También había podido complacerse con algunos deliciosos experimentos, desencadenados por la necesidad de tener que incluso aparentar cernirse a las leyes o a la moral.

Pero después de un tiempo se tornó aburrido. Era demasiado repetitivo, demasiado fácil. Algunos de sus juguetes se volvieron pegadizos y demandantes, como esa chica tonta de Loly Aivirrne. Había considerado vanamente que podría ser un experimento entretenido el tratar de destruirla mientras ella alcanzaba el climax durante la actividad sexual. Nunca había hecho eso con un compañero y se preguntó si tal vez le agregaría pimienta a sus experiencias. Pero sería un desperdicio de buen material; cada Arrancar representaba una cantidad sustancial de su tiempo y energía, y él odiaba desperdiciar su propio trabajo. En lugar de eso le pareció que tenía que soportar el fastidio de sus constantes acechos.

Suspiró. El poder absoluto no era todo lo que tenía que quebrantarse. La búsqueda insensata del placer nunca había tenido tanta atracción para él de todos modos; prefería diversiones más complejas y siempre había escogido los retos intelectuales por encima de los físicos.

La chica humana lo intrigó debido a sus poderes. Su inocencia y juventud eran exquisitas, por supuesto, pero ellas solas no le hubieran bastado para picar su interés. Él siempre había encontrado la experiencia mucho más entretenida que la inocencia. Pero nunca antes había hallado a alguien con su habilidad. ¿Un poder que traspasaba el de los dioses? Qué conveniente para estar en compañía de alguien que iba a convertirse en dios. Y la complejidad de entrenar a un nuevo talento era más fascinante que el mero atractivo estético de los rasgos físicos.

Secuestrarla había sido una perspectiva sugerente; nunca antes había secuestrado a alguien y la idea traía consigo el terror de la novedad. Y además, estaban los complicados efectos que su presencia en Hueco Mundo pondrían en marcha. Él había considerado el plan desde varios ángulos. Su cautiverio ofrecía propósitos muy útiles en su guerra contra la Sociedad de Almas así como también para alcanzar otras tantas metas suyas. Tenía el beneficio de ser una rama fructífera de su árbol estratégico, tanto como un interesante reto personal.

Sí. Seducirla a su voluntad, volverla en contra de sus amigos, en contra de sus propios principios, enmarañarla con su encanto, sin siquiera usar la zanpakuto… poner a una chica preciosa con un poder asombroso bajo su control, haciéndola escoger voluntariamente pertenecerle en cuerpo y alma, haciéndola… amarlo… ahora que era un reto digno de un dios.

Aizen sonrió.