N/T: Un poco tarde, pero aquí una nueva actualización :) No pude subir el capítulo antes por problemas técnicos, pero ya está solucionado.

Cada vez se pone más interesante esta historia, y más personajes irán aportando lo suyo conforme avancen los capítulos. Espero poder actualizar el próximo finde, aunque como el siguiente capítulo es más larguito quizás me demore un poco más.

En fin, que lo disfruten.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Este fanfiction fue escrito por Sariniste y publicado en esta misma página.


EL RETO

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Capítulo VIII

Orihime despertó en su propia cama con un fuerte dolor de cabeza y sin recordar cómo había terminado allí. Sólo llevaba puesto un atuendo ligero. Hubo un golpe en la puerta.

–Adelante –llamó, levantando la cabeza, e inmediatamente se arrepintió. La habitación giraba a su alrededor y de repente sintió náuseas. Se dio cuenta de que necesitaba ir al baño cuanto antes y deslizó las piernas hasta el borde de la cama, pero no pudo levantarse. Se desplomó con la cabeza entre las manos.

Ulquiorra entró en la habitación y al verla, inquirió con su voz inexpresiva.

–Mujer, ¿requieres asistencia?

–¿Puedes… Puedes ayudarme a ir al baño, por favor? –preguntó ella con voz débil.

Él dejó un vaso lleno de un líquido blanco y neblinoso sobre la mesita de noche y colocó un brazo alrededor de ella, sosteniéndola mientras se levantaba y caminaba a los tropezones hacia el baño. Ella cayó de rodillas frente al inodoro y enfermó al instante.

Después de que terminó de vomitar, se dio cuenta de que Ulquiorra le estaba sosteniendo el pelo hacia atrás de la cara. Se remordió otra vez por el sabor agrio de la boca y luego musitó.

–Gracias –Se inclinó sobre el inodoro, se recostó en el asiento, demasiado débil para ponerse de pie, y su cabeza latió fuerte.

Escuchó correr el agua y un momento después Ulquiorra le estaba secando la cara con un trapo.

–Gracias –dijo otra vez. Su voz sonó áspera; tenía la garganta afectada por el vómito.

Él se fue de la habitación y regresó, poniendo un vaso en sus labios.

–Bebe esto –ordenó.

–¿Qué… Qué esto? –preguntó ella dudosa.

–Es medicina para que te sientas mejor. Ahora bebe.

Obedientemente, tomó el vaso y bebió el líquido. Después de unos pocos sorbos, pudo sentir que su estómago se calmaba. Se terminó el vaso y se recostó contra la pared del baño, todavía demasiado mareada como para levantarse; su cabeza parecía estar apretada como un tornillo. Estaba temblando, escalofríos recorrían su cuerpo y empezó a tener un sudor frío. Entonces él la ayudó a recomponerse y la llevó hacia la cama. Había apilado varias almohadas en el respaldo para que ella pudiera sentarse apropiadamente.

Mientras se relajaba sobre las almohadas, ella volvió a decir.

–Muchas gracias, Ulquiorra. De veras aprecio tu ayuda.

Él la miró con una expresión insulsa.

–No hay necesidad de agradecerme. Aizen-sama me ordenó velar por tu bienestar.

Al escuchar el nombre de Aizen, el corazón de Orihime se retorció otra vez, y empezó a recordar la noche anterior. Un sentimiento mezcla de excitación y de horror la embargó, y la náusea regresó a ella con mayor fuerza. Gimió.

–Oh, creo que estoy enferma, Ulquiorra.

Él se enderezó y le dirigió una mirada fría.

–Tan sólo estás padeciendo los efectos posteriores a lo que les sucede a los humanos cuando beben alcohol etílico en abundancia. Pasará en breve.

–¡¿Qué?! –preguntó ella confundida.

–El alcohol etílico es venenoso para los humanos. Por qué ustedes, criaturas, continúan tomando veneno voluntariamente, nunca deja de asombrarme.

–¿Veneno? –Lentamente, más recuerdos de la noche anterior comenzaron a retornar a ella. –La champaña –Su voz era plana–. Él dijo que comúnmente carecía de alcohol.

–¿Cuántas copas bebiste? –inquirió Ulquiorra.

–Ohhh –Orihime gimió llevándose una mano a la cabeza–. Ni siquiera lo recuerdo. Él siguió llenando mi copa.

Ulquiorra apretó los labios.

–Si vas a pasar tiempo en compañía de Aizen-sama, será mejor que te mantengas alerta cuando él comience a jugar sus juegos.

–¿Juegos? –Orihime dijo débilmente.

–Sí –Encontró su mirada con sus ojos verdes–. Deberías conocer a Aizen-sama lo suficiente bien hasta el momento para saber qué es lo que él encuentra entretenido.

Orihime lo miró con repentina atención.

–Él no pudo haberte dicho que me digas esto.

–No –El tono de Ulquiorra era neutro–. Pero pienso que resistirás más si entiendes completamente la situación. Aizen-sama es increíblemente poderoso. No sólo es su reiatsu, sino también su personalidad. Él aplasta a aquellos de menos fuerza que están debajo de él. Sin cuidado.

Orihime tembló. Miró a Ulquiorra por el rabillo del ojo.

–Suena casi como si estuvieras alertándome en contra de Aizen-sama.

Ulquiorra la observó por un momento. Luego prosiguió.

–Sólo estoy diciéndote esto porque tú le das placer a Aizen-sama, y si él te destruye demasiado pronto, ese placer se detendrá. Él me dio órdenes de velar por tu salud y comodidad, y yo estoy siguiendo esas órdenes.

–Pero tú me estás diciendo cosas que él no te pidió que me digas –Miró hacia abajo y jugueteó con un hilo suelto de su camisón.

–Aizen-sama me permite un considerable margen de maniobra para determinar el cómo llevar a cabo sus órdenes –Ulquiorra se movió hacia la mesa y recogió el vaso–. Puedo ver que él no te trata al igual que a la mayoría de sus amantes. Por esta razón, he determinado que su deseo es tu supervivencia. Mi trabajo, entonces, es ayudarte a cumplir los deseos de Aizen-sama.

La mirada de ella se hundió en la de él.

–¿…La mayoría de sus amantes? –dijo con voz débil.

–Sí. Él debería de haber perdido el interés en ti hasta el momento. Usualmente, su atracción no dura mucho. Y cuando él pierde el interés en un amante, a menudo se libra de él –Su voz era neutra.

Orihime tragó, tratando de mantener la voz calmada.

–¿Y dices que él me trata diferente?

–Sí –La mirada verde y brillante de Ulquiorra era firme–. Si él cree que un amante puede serle útil, lo mantendrá a su alcance convirtiéndolo en un subordinado.

–¿Tú crees –Orihime susurró– que quizás sea cierto, que él crea que soy… útil?

–Debe ser, o no me habría ordenado que cuide de ti. En cualquier caso, no tiene importancia lo que tú pienses. Tú le perteneces y el propósito de tu vida es servirle. En orden de hacerlo eficientemente, debes volverte más fuerte.

–¿Qué quieres decir? –Su voz todavía era débil.

Ulquiorra volvió a mirarla con esa mirada penetrante.

–En Las Noches, sólo los más fuertes sobreviven. He visto que tú eres fuerte. Pero debes volverte más fuerte. En orden de hacerlo, debes terminar de escoger tus acciones basándote en preocupaciones emocionales.

Orihime se levantó y se volvió para mirar por la ventana hacia la luna creciente que colgaba del cielo.

–No, te equivocas –Con cuidado, no miró a Ulquiorra–. Preocupaciones emocionales, cuidar de otras personas… Son los únicos motivos por los cuales escogemos nuestras acciones. Y al final, aquellos que tienen esas preocupaciones son más fuertes que quienes no las tienen. Sé que tú no crees eso. Tal vez Aizen-sama no lo crea. Pero ustedes dos tuvieron almas humanas una vez. Tuvieron un corazón.

Ulquiorra dijo:

–Te dije, mujer, que no sé lo que es ese 'corazón' del que sigues hablando.

–No necesitas saber lo que es para sentir sus efectos –Orihime dijo suavemente. Alzó los ojos para mirar a Ulquiorra–. Aizen-sama dijo que se él se preocupa por mí.

Los ojos de Ulquiorra se estrecharon.

–Por supuesto, si Aizen-sama lo dijo, entonces debe ser cierto –Orihime se preguntó si no había oído una pizca de ironía en el inexpresivo tono de voz de Ulquiorra. Él se puso de pie y se dirigió hacia la puerta–. Te sugiero que descanses en lo que queda del día. Aizen-sama querrá verte otra vez esta noche, y debes estar en buenas condiciones físicas para el momento –Su voz era fría–. ¿Lo entiendes, mujer?

Orihime asintió.

–Sí, señor –dijo, sus ojos mirando hacia abajo.

Después de que Ulquiorra dejara la habitación, Orihime deslizó las piernas fuera de la cama. Si continuaba acostada se iba a quedar dormida, y necesitaba estar despierta; para pensar, para figurarse lo siguiente que debía hacer. Había estado reaccionando sin pensar y eso necesitaba cambiarse. La medicación que él le había dado estaba surtiendo efecto; la náusea y el mareo habían retrocedido, y el dolor de cabeza se había disminuido a una sorda palpitación.

Se dirigió al baño para cepillarse los dientes y darse una ducha, para tratar de quitarse el horrible sabor de la boca y de la piel. Podría pensar con más claridad si estuviera limpia. Y una parte de lo que Ulquiorra le había dicho era verdad: ella necesitaba ser fuerte, llamar su fuerza interior para que la ayudara a sobrevivir. Ella había sobrevivido al estar a merced de gente poderosa y malvada anteriormente. Con cuidado, alejó sus pensamientos de la memoria de sus padres. Ahora no había Sora que la salvara. Ahora era momento de pensar las cosas en frío, de tomar acciones basadas en decisiones, y de dejar de actuar como una prisionera desamparada.

Trató de considerar los hechos neutralmente. Había dormido con Aizen, se había entregado a él. Lo había hecho para ayudar a sus amigos y, lo admitía para ella misma, porque Aizen la atraía. Sus mejillas ardieron con culpa al recordar la intensidad del placer físico con él, pero se recordó que los autoreproches emocionales no serían de ayuda en Las Noches. Tendría que dejarlos a un lado. Sí, lo admitía, ella disfrutaba el estar con él a pesar de lo que él era.

Ahora, si deseaba mantener a sus amigos –y a ella misma– con vida, debía asegurarse de que Aizen continuara estimándola útil. Tenía que entenderlo por lo que era, y tratar de separar las mentiras de las verdades. Y tendría que aceptar su propia situación. Su vida como la conocía se había acabado. Su amor por Ichigo debía ser reemplazado por el esfuerzo por protegerlo. Ya no podía tener pensamientos tan egoístas como la posibilidad de estar junto a él. Debía pensar en los demás y no en ella misma.

Terminando en el baño, se vistió cuidadosamente el uniforme de Arrancar y se sentó tranquilamente en la cama. Cualquiera que mirara las cámaras de vigilancia sólo vería una tranquila y relajada prisionera. Excepto que por dentro, su mente seguía acelerándose.

Ella había ido allí para proteger a sus amigos, pero ahora ellos habían decidido ponerse en mayor peligro por ir a rescatarla. No sabía cuánto de lo que Aizen le había dicho era mentira, pero si sus amigos creían que ella se había arrojado por entero a Aizen, quizás dejaran de intentar rescatarla. Quizás podría convencer a Aizen de que los dejara ir a cambio de su lealtad. Sus puños se apretaron, escondidos bajo su ropa. Iba a hacer lo que debía hacer. Iba a protegerlos.

XxXxXxX

Aizen se paró junto a la ventana de sus aposentos privados, arriba de la sala central del trono, contemplando el invariable cielo nocturno. La escena nunca fallaba en apaciguarlo con su belleza austera, la luna creciente invertida estaba rodeada de un resplandor de estrellas que no era tocado por una sola nube. Era puro y limpio, libre del alboroto climático que distraía en el mundo mortal.

Percibió el reiatsu que se aproximaba pero no se dio vuelta. ¿Por qué molestarse en dignificar a otros con el reconocimiento de su presencia?

–Aizen-sama –Llegó la voz arrastrada y burlesca de su segundo al mando.

–Gin –Él continuó mirando por la ventana.

–¿Esa chica está complaciéndote? –preguntó el otro. Cuando Aizen se giró para mirarlo, el rostro de Gin estaba más blanco de lo usual, sus ojos achinados, la sonrisa inalterable en su extensión normal.

–Eso no debería importarte, Gin –dijo tranquilamente, observando el rostro de su subordinado de cerca.

Hubo un ligero parpadeo en el visaje de Gin. Luego él dijo:

–Quiero que estés complacido, Aizen-sama. Puedo ayudarte con ella en eso.

–En efecto –dijo Aizen. Estrechó los ojos–. ¿Cuál es tu reporte acerca de la incursión de humanos y shinigamis?

La sonrisa de Gin se alteró por un momento.

–Oh, qué mal. Pensé que podíamos divertirnos un poco con esa chica.

–Te dije que no, Gin –Había un atisbo leve de amenaza en la voz suave.

Gin suspiró.

–Muy bien, Aizen-sama. Rukia Kuchiki está luchando contra Aaroniero ahora. Parece que él la está pisoteando. Puedo direccionar el video cuando quieras.

Aizen se volvió para mirar por la ventana otra vez.

–Bien. Dirígelo hacia mi cuartel. Estaré allí el resto de la tarde.

Detrás de él, Gin se inclinó.

–Enseguida, Aizen-sama –Donde Aizen no podía verlo, el shinigami de pelo plateado permitió que una expresión mitad irónica y mitad enojada alcanzara su rostro. Luego se deslizó rápidamente fuera de la habitación.

Después de que se marchara, Aizen dejó que sus labios se curvaran en una tenue sonrisa.

XxXxXxX

Gin caminó por el vestíbulo, su mente trabajaba rápido. A Aizen, en el pasado, nunca le había importado hablar sobre sus juegos con él. El hecho de que no hablara con él sobre la chica era una señal muy mala. Él sabía que Aizen creía estar por encima de las emociones humanas. Pero él sabía, lo sabía demasiado bien, que Aizen había desarrollado emociones por ciertos individuos; se había fascinado con ciertos juguetes suyos y luego decidió mantenerlos cerca. Aizen entendía las motivaciones humanas con extrema claridad… excepto cuando se trataba de las suyas.

En la Sociedad de Almas, había sido mucho más discreto al actuar con sus caprichos. Allí en Hueco Mundo, seguro en su poderío, había sido más abierto al tomar lo que fuera que deseara. La desventaja para él, por supuesto, era que sus motivaciones se habían vuelto más visibles. Por supuesto, esto era una ventaja para Gin.

Gin se sonrió. Aizen se había interesado en la chica. Eso significaba que ella podría convertirse en un jugador poderoso en la jerarquía de Las Noches, incluso podría ganar una importancia momentánea en las políticas cambiantes de la corte de Aizen. En ese caso, el usarla podría tener un valor.

O, pensó para sí mismo divertido, ella podría ser removida del juego. Por supuesto, tendría que hacerse de tal manera que Aizen no sospechara de quien llevara a cabo el movimiento.

Fuera como fuese, parecía que era el momento de familiarizarse con la chica.

XxXxXxX

Las dos Arrancar caminaron rápidamente por uno de los blancos e interminables vestíbulos de Las Noches. Menoly dijo, su rostro arrugado por un entrecejo nervioso:

–¿Pero por qué él querría vernos?

Loly se encogió de hombros.

–¿A quién diablos le importa? –Miró a su amiga frunciendo el ceño.

Llegaron a un largo conjunto de puertas dobles y vacilaron, mirándose la una a la otra. Loly levantó la mano para golpear, sólo para oír una voz desde el interior antes de que ella pudiera tocar la puerta.

–Entren.

Menoly dirigió una mirada nerviosa a su compañera de pelo negro, quien volvió a encogerse de hombros y luego afirmó la postura, demostrando una actitud beligerante para esconder su intranquilidad. Luego Loly entró pavoneándose en la habitación, seguida por Menoly.

–¿Pidió vernos, Ichimaru-sama?

El shinigami de pelo plateado estaba sentado en una silla alta, casi a oscuras. Loly sólo pudo ver apenas sus ojos achinados, la siempre presente sonrisa que ella encontraba fastidiosa. Él aguardó en silencio.

Después de un rato, Menoly se arrodilló y se agarró de Loly para que ella también se hundiera en el suelo junto a ella.

La sonrisa de Ichimaru se ensanchó.

–Así está mejor –Meneó la mano, la manga en forma de campana se le corrió y dejó expuesta su delgada muñeca–. Levántense –Su acento era mucho menos pronunciado que cuando había hablado con Aizen anteriormente.

–¿Por qué deseaba vernos, señor? –preguntó Menoly, sus ojos fijos en el piso.

Ichimaru hizo otra pausa.

–Creo… –murmuró como para él mismo– que si van a la habitación central de control de videos mañana a las 14:00 horas, sin que nadie las vea, encontrarán… algo interesante –Miró en dirección a Loly y abrió los ojos, observándola directamente con su inquietante mirada entre verde y azul–. Algo potencialmente gratificante… para ti.

XxXxXxX

Orihime finalmente armó la cama y estaba terminando de comer su almuerzo. La comida ayudaba a recomponer su estómago revuelto, pero ella todavía se sentía débil y enferma. Se apoyó pesadamente sobre la mesa, con la cabeza entre las manos, mientras tomaba lentamente cada bocado.

La puerta de su habitación se abrió sin ser tocada. Un hombre alto y delgado de pelo fino y plateado y de ojos achinados entró y se quedó parado en el umbral estudiándola.

–Vaya, vaya –El hombre dijo suavemente–. No pareces sentirte muy bien, Orihime-chan –Le sonrió.

Orihime lo observó, tratando de ubicarlo. Entonces recordó: Ichimaru Gin, uno de los capitanes traidores que había traicionado a la Sociedad de Almas junto a Aizen. Se puso de pie, todavía un poco trémula, e inclinó su cabeza.

–Ichimaru-sama.

–Oh, no necesitas ser tan formal conmigo, Orihime-chan –Había un atisbo de ironía en su voz. Orihime inspiró grueso, advirtiéndose a sí misma que prestara mucha atención a lo que fuera que yaciera detrás de sus palabras. Ella necesitaba entender sus motivaciones. Este era el hombre a quien Rukia había comparado con una serpiente. Necesitaba ser cuidadosa cuando estuviera cerca de él.

–¿Por qué has venido a verme, Ichimaru-sama? –preguntó educadamente.

–Oh, supe que estabas visitándonos pero no había tenido oportunidad de hablar contigo aún –dijo él arrastrando las palabras, sonriendo, mientras cogía una silla y se sentaba a la mesa frente a ella–. Sólo espero lograr conocerte mejor, Orihime-chan.

Ella lo observó. ¿Cuál era su juego? Él era el segundo al mando allí en Las Noches. ¿Por qué visitaría a una prisionera? ¿Aizen lo había enviado?

Ella exhibió su rostro jugador y le devolvió la sonrisa.

–Sería agradable conocerte mejor, Ichimaru-sama –dijo con voz titubeante.

No vio ningún cambio en su expresión, pero percibió una leve aprobación en su reiatsu.

–Pero eso es simplemente genial, Orihime-chan –Corrió su silla más cerca–. Verás, del modo en que lo veo, deberíamos permanecer juntos –Le sonrió ampliamente.

–¿Permanecer juntos, Ichimaru-sama? –Orihime repitió educadamente–. ¿Qué quieres decir con eso?

Él ladeó la cabeza y la contempló.

–Bueeeno, verás, todos nosotros estamos a merced de Aizen-sama. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros para asegurarnos de que ninguno se gane su enemistad, ¿sabes?

Ella lo observó.

–Ichimaru-sama, no entiendo.

Él dijo suavemente:

–O, yo creo que sí –Se inclinó hacia adelante y le susurró–: para él es tan fácil matar a cualquiera. Todo lo que necesita hacer es elevar su reiatsu hasta que no puedas respirar más, hasta que tu corazón deje de bombear. Él es tan fuerte, que todos nosotros somos como hormigas ante él. Él tiene que cuidarse de no pisarnos. Así que todos nosotros debemos permanecer juntos, contarnos las cosas importantes, y así poder protegernos de Aizen-sama.

Orihime tembló. Luego miró a Ichimaru directamente.

–¿Por qué me estás diciendo esto, Ichimaru-sama?

Ichimaru se echó hacia atrás, su sonrisa ensanchándose.

–Oh, sólo trato de ayudar a una amiga –Se puso de pie–. Bye-bye, Orihime-chan –Dicho eso, se escabulló fuera de la habitación, dejando a Orihime mirándolo fijamente con una expresión de desconcierto en su rostro.