|Día 12- OS de Romance

Tom Riddle había sido invitado a la despedida de soltero de uno de sus más fieles seguidores, él pensó ingenuamente que esos rituales solo los practicaban los muggles, sin embargo no tuvo motivos para decir que no, después de todo tener libertad es algo que se debía despedir a lo grande. Compadecía al pobre desgraciado.

Se vistió para la ocasión y se presentó en el lugar donde celebrarían la fiesta. Era un bar irlandés muy famoso que al parecer esa noche estaba reservado solo para invitados del novio. No estaba acostumbrado a frecuentar ese tipo de lugares donde la música era muy fuerte y la luz apenas daba para no tropezar mientras caminaba. Después de dar sus felicitaciones/condolencias, busco una mesa apartada y se dispuso a ver el show que armarían para el festejado. Ya había escuchado que para este tipo de eventos solían traer a mujeres encueradas y dar espectáculos de Table Dance. Era lo más común después de todo.

Con lo que no contó fue con que se pondrían a beber y jugar todo tipo de ridículos juegos, desde Yo no hasta Verdad o Reto, o un tal Póker de prendas. Si esa no fuera una fiesta de seguro ya los estuviera riñendo por su desagradable comportamiento, todo lo contrario, estaba reuniendo memorias suficientes con los secretos que se sacaban o las estúpidas acciones de todos los presentes, siendo la serpiente que era en algún momento de la vida le serviría para chantaje.

En algún momento de la noche ya no pudo quedarse apartado y fue incluido en los juegos, o en el único que todavía se seguía jugando: Verdad o Reto. Por obvias razones Tom siempre pedía Reto, no se podía descuidar y dejar que algunos de sus secretos salieran a la luz, por muy embriagados que estuvieran y a la mañana siguiente no recordaran ni la mitad de lo que estuvieron haciendo. Fue entonces que de nuevo le toco turno cuando la mentada botella giró hacia él y de nuevo pidió reto, uno de los hombres recordó el temor a la muerte que sentía su Lord y le dijo que hiciera algo irónico a su parecer. Escribir una carta suicida. Le pareció algo estúpido, pero como el juego era la versión mágica una vez dicho el reto era obligado a hacerlo.

La fiesta siguió, y por gracia divina el juego terminó antes de que le volviera a tocar turno, pronto solo quedaron algunos cuantos emborrachándose y prediciendo el destino que le esperaba al tipo que se casaba. A Tom le parecían muy graciosas las contradicciones de los hombres que en un momento estaban felices porque se iban a casar y luego sufrían por su soltería pérdida. No tenía sentido.

Se fue del bar cuando daban las cuatro de la mañana. Ser el Ministro de Magia tenía sus ventajas, como el no presentarse a trabajar y tomarse el día libre por posible resaca y desvelo. Decidió caminar con la idea de despejar su mente un poco y tan pronto como amaneciera buscaría una cafetería. No podía irse a su casa aún y estaba atrapado allí en Irlanda ya que usar el bus Noctambulo lo haría vomitar, intentar aparecerse solo lo haría quedar en pedacitos, usar la red flu estaba descartado.

Logro llegar a una plaza y encontrar una cafetería, según el letrero de la entrada no abriría hasta las siete por lo que se sentó en la banca que estaba en frente del local a esperar que las horas pasaran. En algún momento se quedó dormido y solo fue despertado por el ruido de llaves. Un muchacho estaba abriendo la cafetería y lo miraba con curiosidad.

-Usted no es de aquí ¿Verdad?

-Creo que eso es obvio. –Tom en cualquier otro momento hubiera mostrado su apacible sonrisa que conquistaba masas, pero no sentía ni los ánimos ni las energías necesarias para lograrlo. El chico solo sonrió y respondió de vuelta.

-Resaca. Conozco el remedio para ese mal. Sígame. –El chico entro a la tienda y Tom no tuvo más que seguirle.

-Estoy acostumbrado a los tipos que vienen con resaca, el bar solo está a unas cuantas cuadras arriba por lo que siempre terminan aquí por la mañana después de una noche movida. –Tom le mando su mejor mirada de cállate, pero el chico pareció inmune y siguió parloteando y dando vueltas por todo el cafetín. –Una vez encontré un coro de borrachos, fue muy gracioso, en especial el momento en el que la señora de la floristería del frente les tiró un balde de agua y les dijo que antes de dedicar una serenata se aseguraran de estar en la casa correcta y que aprendieran a cantar. La de cosas que se ven aquí. –El chico entonces puso frente a él una jarra de agua y un vaso con contenido dudoso.

-¿Qué es eso?

-No creo que quiera saberlo. El agua es para pasar el mal sabor. –Dijo el chico.

-No bebo nada que no sea seguro. –Tom frunció el ceño.

-Pues si quiere estar funcional de aquí a las nueve tendrá que beberlo. No es veneno si es lo que piensa. Es mi fórmula especial, aunque no lo crea soy un gran pocionista y ésta receta la cree cuando mi padrino regresaba hasta donde no es y tenía que estar presentable para su trabajo con los Aurores muy temprano en la mañana. Me costó un poco, pero lo logre. –El chico parecía muy orgulloso de su creación, y al no ver nada de malo exceptuando el mal olor, color y posible sabor, quería quitarse el dolor de cabeza y los efectos del alcohol. Tomando el frasco se lo empino de una vez y lo tragó. En serio que era desagradable el sabor. –Aquí, tome agua. –después de un par de gárgaras con agua el sabor se disipo un poco. –Ahora un café bien cargado. –el chico solo se volteó y comenzó a prepararlo. En un par de minutos el dolor había desaparecido y sus sentidos comenzaban a normalizarse, en verdad que esa porquería funcionaba.

-¿Trabajas aquí?

-Pues sí. Era esto o un burdel. –la inmensa carcajada resonó por toda la cafetería. –Mi padrino quería lo segundo pero le dije que tendría muchos problemas con las concubinas y que los clientes en lugar de venir por ellas vendrían a por mí. Así que la cafetería me resultó mejor.

-¿Quieres decir que tú eres el dueño?

-Exacto. Con la herencia de mis padres la levanté. Me di cuenta que en Irlanda hay muchas tabernas pero pocas cafeterías. Las cafeterías funcionan igual que una taberna común, se cuentan historias, se disfruta del momento y las personas están contentas con un buen café y una rebanada de pastel. –Mientras hablaba dejo sobre la barra una taza de café y un plato con pastel de limón. –Lo prepare anoche. Disfrútelo.

El joven dio una vuelta y salió de detrás del mostrador, se puso a abrir ventanas y acomodar sillas. Tom tomo un trago de café y le supo a gloria, aunque no era fanático de lo dulce el pastel se miraba apetitoso y necesitaba quitarse con algo el sabor rancio que aun con el café prevalecía en su boca. El mocoso cocinaba rico, el pastel era ambrosía.

-Por cierto, me llamo Harry Potter. Mucho gusto. –El joven apareció de nuevo frente a él y lo miraba con la mano extendida esperando que le regresara el saludo.

-Tom Riddle. –Fue su simple respuesta. En cualquier otro momento hubiera respondido con el nombre que daba como Ministro, Sorvolo Gaunt, pero sentía que era mejor dar su nombre muggle.

-Bien, señor Riddle ¿Cómo se siente?

-Mejor de lo que esperaba. –dijo sinceramente.

-¿Lo ve? Mi receta hace magia. –el chico se rio por su propio chiste y siguió acomodando todo en la cafetería para poder abrirla al público.

Dentro de la cafetería no hacía tanto calor como afuera por lo que Tom se quitó su abrigo. Mientras lo hacía, Harry vio caer un papel y al recogerlo no pudo evitar leer lo que decía.

Carta suicida de Tom Sorvolo Riddle Gaunt

Indignado Harry se volteó hacia el hombre que seguía tomándose su café tranquilamente.

-¿Cómo es posible? –Grito Harry.

-¿Qué cosa? –Tom miro extrañado al chico que había sido amable desde que llego y de pronto estaba enojado.

-¡Esto! No creía que fuera de esas personas. Esto es despreciable. La vida no es algo con lo que se juega, sea cual sea el problema que tenga ¡TIENE SOLUCIÓN! No es necesario tomar medidas drásticas. –Tom lo miro con la boca abierta ¿No se había desecho de la estúpida carta la noche anterior? –Personas como tú no piensan en sus seres queridos, en lo que les dolerá perderlos. Son egoístas y solo piensan en uno mismo. –Harry seguía despotricando y a Tom simplemente le pareció tan gracioso el malentendido que sin quererlo se puso a reír. -¿De qué te ríes? –pregunto indignado Harry con los brazos en jarra sobre su cintura.

-De ti, por supuesto. –Harry iba a seguir hablando pero Tom lo detuvo antes de que dijera nada. –Veras, esa carta es parte de un reto que hice anoche en medio de la borrachera. Como sabrás el juego de Verdad o Reto en el mundo mágico es muy distinto que en el de los muggles. Me obligaron a escribirla. En mi vida escribiría algo como eso. –Tom no tenía necesidad de explicarse la razón por la que había escrito esa carta, pero al ver como cambiaba el ánimo del muchacho risueño, dedujo que ya había tenido una situación referente al tema. Tenía curiosidad.

-Oh, yo… lo lamento. No debí gritarle sin saber. –Harry se miraba avergonzado y le devolvió la carta.

-Así que ¿Quién fue?

-¿Qué cosa?

-El que se quitó la vida. Imagino que fue alguien cercano a ti para que reacciones ante esto. –Tom levanto la carta en lo alto y el rostro de Harry solo se oscureció. Tomando asiento a la par de Tom, el chico comenzó a hablar.

-Mi otro padrino. Sufría de licantropía, y aunque nos tenía a mí y a mi padrino Sirius, él decidió tomar el camino más fácil y quitarse la vida. Nunca se puso a pensar que nos haría daño, ni que lo extrañaríamos tanto. Solo pensó en su propio dolor, no en el que nos causaría. Pienso que las personas que toman esta decisión son personas cobardes que no afrontan la vida como se debe. Pero eso no quita que lo extrañe. –Harry se limpió disimuladamente las lágrimas y se levantó para desaparecer detrás del mostrador por una puerta secreta. Tom no dijo nada y se quedó ahí terminando su taza de café.

No pudo volver a hablar con Harry, pronto los clientes y demás trabajadores comenzaron a llegar y el chico no volvió a salir. Pago su cuenta y salió de la cafetería. Después de una corta aparición estaba de regreso en su casa. Durmió hasta medio día, soñando con un par de ojos verdes brillantes.

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Las semanas siguientes la mente de Tom era ocupada por una sola persona, y ya que parecía no desistir decidió investigar sobre el chico. Harry había dicho que su apellido era Potter. Según la información que encontró, era hijo de James Potter –sangre pura- y Lily Evans –nacida de muggles- Fueron asesinados por fanáticos de la pureza de sangre con aires de grandeza cuando él tenía seis años, quedando a cargo de su padrino Sirius Black, que para alejarlo de todo lo acontecido se mudó a Irlanda y vivieron allí desde entonces. Asistió a Hogwarts y fue el primero en la clase de Pociones y Defensa Contra las Artes Oscuras. Recibió una oferta para unirse a los Inefables y a los Aurores, pero declino. Tenía 23 años y estaba soltero actualmente.

No iba a negar que el chico lo tenía intrigado. Quería verlo de nuevo, y lo haría. Y si tenía que madrugar para lograrlo, lo haría.

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Después de aclarar sus pensamientos y volver a la cafetería para disculparse con Tom, Harry se dio cuenta que este se había ido mientras se auto compadecía en su oficina. Con un suspiro decidió que si lo volvía a ver se disculparía por lo patético que había resultado. Aun así, Tom Riddle no desapareció de sus pensamientos en todo el día, y no fue hasta que estaba cerrando su cafetería que se acordó de algo más. La carta suicida decía Tom Sorvolo Riddle Gaunt. Abrió los ojos a más no poder y entrando en pánico busco algún periódico El Profeta recluido en su oficina buscando a través de las páginas algún indicio de que estuviera equivocado. Pero no, como siempre, la maldita suerte de Harry se burlaba de él. Le había gritado nada más ni nada menos que al Ministro de Magia. ¡Bravo, Harry! La persona número uno en cagarla siempre. Solo él sería incapaz de reconocer al Ministro. Solo esperaba que tuviera un poquito de piedad y no confiscara su cafetería, o peor aún, diera de baja a Sirius de los Aurores.

Sabía que el ministro tenía libre acceso a la información de todas las familias mágicas registradas, en especial las más antiguas, y él había dado su apellido. ¡Sirius lo iba a matar! ¿Es que no había aprendido a no decir su nombre completo a desconocidos? Al parecer no. Decidió esperar, si no ocurría nada de aquí a unas cuantas semanas, significaría que se había salvado y el Ministro lo pasó por alto, todavía no había necesidad de decirle a Sirius.

Después de terminar su drama, sus pensamientos se fueron al sur, pensando en que el Ministro en persona era realmente guapo, y que si estuviera disponible bien se lo serviría tan solo con una cereza encima. Se sonrojo por la línea de pensamiento que llevaba y decidió que suficiente tuvo de pensar en el Ministro por ese día.

Decidió entonces poner sus pensamientos en algo más importante, como el cumpleaños de su padrino y el cómo podía hacer para que el profesor Severus se presentara sin dar mucha batalla. Esos dos necesitaban un empujoncito, estaba harto de la tensión sexual que se manejaban esos dos. Ya se le ocurriría algo, tenía tiempo suficiente para planearlo.

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Como se lo planteó, Tom estaba esperando desde las cinco de la mañana frente a la cafetería a que apareciera Harry. No tuvo que esperar mucho, a lo lejos vio como el chico venia tarareando una canción, perdido en sus pensamientos, tanto así que no percibió su presencia hasta que estuvo a un metro.

-Buenos días. –Tom tuvo que hablar primero, al parecer Harry no esperaba volver a verlo.

-B..Buenos días, Ministro. –Oh, así que ya se había dado cuenta.

-¿Me dejaras pasar? –Pregunto con tono coqueto.

-S..Sí, por supuesto. –Harry se apresuró a abrir la puerta, estaba de los nervios y se le dificultaba meter la llave en la cerradura.

Cuando al fin estuvieron dentro de la cafetería Tom se sentó en el lugar que había ocupado la última vez que estuvo allí.

-¿Por qué tan callado? La ocasión anterior no parabas de hablar. –Harry se sonrojo a más no poder, entonces levanto el rostro y soltó una verborrea de esas en las que era experto.

-¡Lo lamento! Como Ministro no debí hablarle así. Y luego cuando me quise disculpar ya se había ido. No tenía ningún derecho, le pido disculpas. Pero es que usted no dijo nada y hasta después caí en la cuenta de su nombre completo, la foto en el periódico, la carta… Estaré de acuerdo si quiere quitarme mi cafetín y hacer una demanda por irrespeto, pero por favor, se lo ruego, no afecte el trabajo de mi padrino con los Aurores, trabajar allí es su vida. –Tom no se esperó que le soltara todo eso. Y como la última vez que Harry había hablado demás volvió a reírse a carcajada limpia.

-Harry, basta, detente. ¿De dónde sacaste que te quitaría el cafetín?

-Prácticamente lo insulte y le grite. Es una falta grave contra el Ministro.

-Sí, y también te recuerdo que me atendiste y me diste un brebaje que me quito la resaca junto con el dolor de cabeza.

-¿Eso quiere decir que no me hará nada? –Tom sonrió por el doble sentido que había tomado esa frase, pero no quería asustar al chico más de lo que ya estaba.

-No. Puedes estar tranquilo. Y por favor, no me llames "Ministro". Mejor, dime Tom.

-Yo… no sé si deba.

-Por favor, ya me has regañado y gritado. Creo que no haría diferencia en que me llames por mi nombre y me tutees. –Harry se sonrojo de nuevo y se giró para preparar un café. Cuando estuvo listo se lo dio con un pedazo de pastel de piña con cerezas.

-Lo hice anoche, espero le guste.

-Gracias.

Después de la plática incomoda del inicio, Harry pareció regresar a su modo parlanchín que tanto había extrañado Tom. Fue así hasta que los primeros clientes comenzaron a llegar. Tom prometió volver pronto y Harry lo despidió con una radiante sonrisa.

Pronto todos los viernes de cada semana, Tom se plantaba muy temprano a esperar a que Harry abriera la cafetería. De vez en cuando le llevaba obsequios, o nuevos ingredientes para sus pasteles. Había descubierto que le encantaba hacer repostería, y a él le encantaba comerlas. Después de un par de meses de pláticas matutinas, Tom al fin se decidió invitar a una cita de verdad a Harry, quien acepto encantado.

Como ley de la vida, agregando la mala suerte de Harry, la primera cita fue un fiasco tanto así que Harry se sintió muy mal. Tom por el contrario le dijo que todavía podían intentar una segunda cita, lo que dejo muy sorprendido a Harry.

-¿Todavía quieres tener otra cita conmigo?

-Por supuesto, eso si tú aceptas, claro.

-Pero… ¿y mi mala suerte?

-Harry, con todo y tu mala suerte, tormentas, ventiscas, lo que sea, te acepto tal cual eres. Así que ¿Qué dices? ¿Segunda cita?

-Segunda cita. –Harry sonrió y Tom aprovecho para robarle un pequeño beso en los labios, un solo rose, pero que dejo flipando al chico y con eso Tom se sintió satisfecho.

-…-.-.-

No muy lejos de donde estaba la recién pareja, Sirius y Severus los espiaban. El primero haciendo dramas porque su plan de sabotear la cita de su niño y la serpiente de Riddle no funciono, y el segundo preguntándose cómo es que había acabado siguiendo al idiota, luego recordó que el perro sin correa hacía más desastres sin vigilancia apropiada.

-Admítelo, Black, ahí hay algo y va para largo. -Severus sonrió con satisfacción cuando vio la cara mortificada de Sirius. Esa mañana cuando el animago apareció en el colegio vía red Flu diciéndole que Harry estaba en grave peligro se imaginó los escenarios más caóticos, excepto el de una cita. Luego lo arrastró (literalmente) para perseguir y encargarse de que todo saliera mal en la cita de su ahijado, con el fin de que el Ministro se apartara o perdiera el interés en Harry. Pero muy contrario a lo que esperaba Sirius, las intenciones de Riddle iban muy en serio y no parecía ser de los hombres que se den por vencido fácilmente. ¡Por favor! se había convertido en EL MALDITO MINISTRO DE MAGIA contra todo pronóstico y había ganado la guerra mágica contra Grindelwald. El hombre tenía carácter. Acabar en un restaurante de mala muerte, ser atacado por niños que buscaban un "tesoro escondido", ser mordido por una araña y tener una reacción alérgica para luego mojarse por la repentina lluvia a principios de septiembre a mitad del verano, no parecía ser algo por lo que Riddle daría marcha atrás. Severus respetaba a su señor y más si tenía las intenciones de pertenecer a la familia de Harry.

-Ya puedo imaginarte en la cena donde Harry te lo presente formalmente. Será fantástico. –Le encantaba hacer sufrir a Black y en verdad quería ver qué sucedería cuando Harry decidiera llevar al Lord a cenar a su casa, por obvias razones Severus también estaría presente y se encargaría de hacerlo algo memorable, para él, no para Black. Pasaría a la historia.

Antes de que terminara el día, Severus decidió que suficientes accidentes habían tenido Harry y Sorvolo en su cita, dejaría que tuvieran paz aunque sea solo al final. Tomo a Sirius del cuello de su abrigo y ahora fue él quien lo arrastro de regreso al castillo, lo obligaría a ayudarle a corregir los ensayos que tenía pendiente por hacerle perder el tiempo de esa manera.

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Ok ¿Pueden creer que nunca he tenido una primera cita? Creo que me he saltado ese paso, así que no sé cómo puede ir o qué puede salir mal en una. Me di cuenta de eso escribiendo este capítulo.

Sirius es muy sobreprotector y no soporta a nadie cerca de su pequeño Harry. Severus aquí también es padrino de Harry porque YOLO. Me encanta como ellos dos no pueden solucionar sus propios problemas románticos e intentan interferir en los de los demás, en especial Sirius. Son como los consejos del mejor amigo, si saben a lo que me refiero. Dentro de poco subo otro capítulo del reto.

Bueno, me estoy hartando de los retos, última vez que hago esto en mi vida.

-Katse, veinte años. Sigue engañándose sobre no volver a aceptar ninguna apuesta o retos en el futuro. Ama las apuestas. Tiene una adicción grave, al igual que con las Pairing Crack.