Día 13- OS de romance más tu NOTP.

James Potter, por alguna extraña rezón nunca le dijo a su esposa que él era un mago. Cuando les expresó a sus padres que estaba enamorado de una muggle y quería casarse con ella, le advirtieron de que si lo hacía le quitarían su señorío y fortuna, aun así el amor por Lily era más grande y renunció a todo con tal de estar con ella, desligándose de su familia y decidiendo no revelar su origen mágico. Consiguió un trabajo y aunque ya no tenía dinero tenía su ingenio e inteligencia, pronto creo su propia empresa y su familia prosperó, tuvieron dos hijos y las cosas parecían ir bien después de todo para James Potter. Pero los secretos nunca pueden ocultarse por mucho tiempo, y cuando Harry, su segundo hijo, comenzó a dar muestras de magia accidental James sabía que debía dar una explicación.

Nunca hubo un momento justo para revelar la verdad, y sin decirle a Lily o Jhonas (su hijo mayor) nada al respecto, se dedicó a enseñarle magia en secreto a su pequeño Harry. Harry tenía mucho talento controlando su magia, aprendía fácilmente y pronto comprendió que no debía revelar nada de lo que le enseñaba su papi James acerca del mundo mágico o las criaturas que creía solo existían en los cuentos de fantasía.

Para cuando la carta a Hogwarts le llego a Harry, James ya la esperaba y recibiéndola antes de que nadie la viera le hizo ligeras modificaciones para simular que un colegio en el extranjero había aceptado a Harry para que fuera a estudiar. Seguía sin querer que Lily se enterara, se dio cuenta de que ella no aceptaría muy bien la verdad, ya muchas veces le había insinuado mundos fantásticos o la magia pero ella solo respondía que eso no existía y que llenarle la mente a los niños de esa basura solo haría que crecieran con una mentalidad infantil e ingenua, James no quiso discutir ni decir nada contradictorio. Amaba a su esposa, pero si quería seguir con ella, él y Harry debían guardar silencio.

Lily no se tomó muy bien el hecho de que Harry asistiera a un internado en el extranjero y Jhonas no, James tuvo que decirle que había enviado cartas para sus dos hijos pero que solo había sido aceptado Harry, inventó una y mil vueltas para que Harry pudiera ir a Hogwarts sin revelar absolutamente nada, pero al final lo logro. No por nada en su juventud había sido un Merodeador.

Harry no cabía en su felicidad, muchas veces su papi le había hablado sobre la magnífica escuela a la que él asistió de joven, de las aventuras que tuvo, de todo lo que aprendió y de los recuerdos que guardaba, ahora él iría a la misma escuela. Jhonas, por el contrario, se revolcaba en su rabia y celos de la suerte que su hermano menor tenía. ¿No se suponía que el mayor siempre tenía más ventaja? ¡JA! Ahora su hermanito querido asistiría a un internado y él se quedaría en un tonto colegio corriente, su hermano siempre se llevaba la atención y los cuidados de su padre, con él casi nunca jugaban o le ayudaba a estudiar, para su padre parecía solo existir Harry, y eso siempre le molestó.

Harry creció yendo a Hogwarts, aprendiendo magia y siendo uno de los mejores alumnos de su generación. Pero Harry también se aseguraba de estudiar las materias correspondientes a una escuela muggle, cuando regresaba a casa algo debía mostrar de su aprendizaje en esa magnífica escuela a la que su madre y hermano creían que asistía, así que de esa manera no solo era bueno en estudios mágicos sino también era un excelente alumno en materias muggles.

Cuando entro a Hogwarts, Harry también se sorprendió de saber que su apellido era famoso y que correspondía a una de las familias sangre pura más respetadas de toda Gran Bretaña Mágica, llego a conocer a sus abuelos, pero solo de lejos, no se atrevía a presentarse correctamente, después de todo su padre le dijo que no estaba en buenos términos después de haber elegido a su madre por sobre todas las cosas, eso entristeció mucho al pequeño porque él en serio quería sentir lo que era tener abuelos, los padres de su mamá habían muerto hace mucho tiempo.

James hacía todo con tal de que Harry no tuviera problemas y disfrutara su estancia en la escuela de Magia y Hechicería más famosa en el mundo mágico, y por cuatro años todo pareció ir sin problemas. Hasta que Harry se enamoró. De un chico.

En el mundo mágico eso no parecía importar y para Harry fue como quitarse un peso menos de encima ya que de esa manera podría confesar sus sentimientos sin sentir que era repugnado por sus recién descubiertas inclinaciones sexuales. Sin embargo, cuando intento decirle a su madre sobre sus sentimientos ella no reaccionó a como esperaba, ni ella ni su hermano, que al fin tenía una oportunidad para quedar por sobre su hermano menor. James no le vio nada de malo y lo apoyo tanto como pudo, para él era normal. Harry se refugió en sus brazos y como había hecho desde siempre con el secreto de la magia, solo a su padre le contaba sus pensamientos, deseos y sentimientos, solo con él se sentía libre de ser él mismo.

Otros dos años más pasaron y Harry a como llevaba una buena relación con su padre, se hacía más distante de su madre. James le decía que no le diera importancia, que lo que realmente importaba era que él fuera feliz, y decidió seguir su consejo. Disfrutó tanto como pudo de su tiempo en Hogwarts. Se convirtió en el jugador estrella de quidditch como lo fue su padre en el pasado, era uno de los prefectos de su casa por tan ejemplar comportamiento y dedicación, y también se hizo novio de un chico de la casa Hufflepuff, de aquel que se había enamorado, Cedric Diggory. Pero a James se lo olvido explicarle a Harry algo muy importante sobre el por qué en el mundo mágico el enamorarse de una persona del mismo sexo era bien visto, pero antes de que pudiera decírselo a su querido Harry, cayó enfermo de una extraña enfermedad que los muggles no supieron atender, muriendo poco tiempo después al no ser atendido debidamente mientras Harry seguía en Hogwarts.

Harry fue el que más sintió la pérdida de su padre, en especial porque todo cambió de la noche a la mañana. Lily le prohibió volver al internado, entiéndase Hogwarts, alegando de que no tendrían dinero suficiente para pagarlo, Harry le recordó de que tenía una beca y que el dinero no era necesario, además de que la empresa que su padre construyo era lo suficientemente prospera, pero aun así y con todas las protestas de Harry, ella no acepto, obligándole a quedarse en casa para que le ayudara en los quehaceres del hogar, pues ni siquiera le permitiría asistir a la escuela normal. Mientras, Jhonas tomaría el puesto a la cabeza en la empresa y manejaría todos los bienes. Aunque eso poco le importaba a Harry.

Sin que su madre se diera cuenta, envió una carta a la directora exponiendo su caso y explicando de que no sería capaz de seguir asistiendo a Hogwarts por problemas familiares, no tuvo que entrar en detalles pues la profesora McGonagall conocía quien era su padre y entendía el hecho de que su madre y hermano nunca se enteraron de la existencia el mundo mágico, ella sin embargo le propuso terminar sus estudios en casa, si asistir era el problema. Le enviaría por correo los trabajos y él los mandaría de vuelta con sus tareas resueltas. Harry entre la tristeza de haber perdido a su padre y no volver a su amada escuela, tuvo un momento de alegría al saber que sí podría terminar sus estudios, después de todo solo faltaba un año para eso. Él ya era legal en el mundo mágico por lo tanto solo esperaría acabar Hogwarts para irse de su casa.

El destino, por otro lado, parecía burlarse de él. Un mes después de todo el asunto de la muerte de James Potter, Harry comenzó a sentirse mal, extraños mareos matutinos lo atacaban y sentía nauseas de solo percibir pequeños olores. Su madre no quiso llevarlo al doctor diciendo que solo sería algo que comió que le habría caído mal al estómago, pero ese era el problema, Harry no podía probar bocado porque lo devolvía todo.

Recordando que las enfermedades del mundo mágico y del mundo muggle eran muy distintas, decidió enviar una carta a su directora pidiendo un consejo, no mucho tiempo después recibió una respuesta de ella diciéndole que enviaría a madame Pomfrey para que le hiciera un chequeo rápido para saber si era algo malo o un simple malestar, como lo había catalogado su madre. Arreglo la cita a una hora en la que ni su madre ni su hermano estaban en casa, en una cafetería cerca de donde vivía.

Al encontrarse con Poppy, ella le hizo un rápido hechizo de diagnóstico, en el cual nada parecía fuera de lo normal hasta que llego a la zona pélvica. Ella le mostro una extraña sonrisa a Harry quien no entendía el motivo. ¿Estaba enfermo o no? Madame Pomfrey le dijo que él estaba en perfectas condiciones, al igual que el bebé que estaba gestando. Por segundos Harry se vio impactado con la noticia sin poder creérselo, tanto así que le volvió a pedir que repitiera lo que había dicho.

Ella se veía contrariada por el hecho de que Harry no supiera nada acerca de los embarazos masculinos siendo normales en el mundo mágico. Él le dijo que su padre nunca le hablo sobre ellos. Después de una breve charla de cómo funcionaba el embarazo en hombres mágicos, le recetó unas pociones para aliviar los malestares mañaneros y las náuseas por los olores. También le dijo que dentro de un mes se volverían a ver para otro chequeo. Cuando la enfermera al fin se había ido y él caminaba de regreso a casa, el hecho de que tendría un bebé le cayó como balde de agua fría. ¿Cómo le explicaría a su madre que tendría un hijo? Y no precisamente sería una chica la que lo tuviera, sino que sería él. Él estaba embarazado, él tendría el hijo de otro chico. Ahora que lo pensaba, hace meses que no hablaba con Cedric, él era un hijo de magos, él habría sabido el hecho de que podía quedar embarazado. ¿Por qué nunca le dijo nada? Tendría que hablar con él.

Pensando en eso estaba cuando llego a su casa, pero al entrar a su cuarto se sorprendió de ver a su madre y hermano destrozando sus cosas. Intento detenerlos pero la gran mayoría estaba hachada a perder, aparentemente. Se volteó hacia ellos preguntándoles por qué lo habían hecho, a lo que su madre, con una mirada fría y disgustada respondió:

-Hoy se supone que se leería el testamento de James. –Harry no se había enterado de eso ¿No que toda la familia debería estar presente para leer la voluntad de su padre? –El abogado nos leyó los documentos y explicó que la casa y la empresa quedaban a nombre Jhonas, yo estaba muy feliz aunque me pregunté por qué tú, siendo su hijo amado, no recibiste nada. Pero luego, un hombre con extrañas vestiduras se presentó ante mí representando al Lord Potter, el padre de James, y me dijo que tu herencia y señorío solo se te daría a ti en persona y si te presentabas con tus abuelos paternos. No dijo nada más. –Harry no sabía que decir, su padre nunca mencionó a su familia, y para su madre los padres de su esposo estaban muertos. -¡Imagínate! Enterarme hoy que mi esposo provenía de alguna familia de la realeza –Harry quiso corregirla, pero prefirió callar –y que no estaba muerta a como pensaba, además del hecho de que ellos solo te buscan a ti. ¡¿Qué tienes de especial tú que no tenga Jhonas?! –El grito que dio Lily hizo temblar a Harry, jamás la había visto de esa manera, le asustaba lo volátil que parecía. No estaba seguro de si su madre ya sabía lo de la magia, pero tendría cuidado de mencionar nada. Si su padre no había rebelado nada en vida, mucho menos en su muerte Harry revelaría nada.

-No lo sé. –Fue la simple respuesta que dio, Harry se felicitó al dejar las palabras salir tan serenamente.

-¿No lo sabes? ¿Me crees estúpida? ¡No quieras hacer lo mismo que hizo James! Él creyó que nunca me di cuenta lo que hacían ustedes dos cuando estaban solos. –Harry palideció ante las palabras de su madre. Ella ya sabía la verdad. -¿Quieres saber la diferencia entre tú y Jhonas? Pues bien. ¡Tú eres un maldito engendro! No eres normal, ni tampoco James lo era, pero aun así lo amaba, aunque no fuera capaz de decirme la verdad. Ahora, él ya no está, y a ti no te quiero aquí. No eres mi hijo, no eres más que un raro fenómeno. –dejo salir esas últimas palabras con el suficiente veneno hacia Harry. Al parecer, al fin había logrado desahogar lo que tanto tiempo llevaba guardando.

Las palabras calaron fuerte en el corazón de Harry. No podía creer las palabras que estaba escuchando salían de la boca de su propia madre. Y su hermano, él solo se regocijaba del dolor y el menosprecio que estaba recibiendo. Harry entonces recordó que era un mago y congelo a los que alguna vez pensó eran su familia. No se preocupó por hacer magia fuera de Hogwarts, era mayor de edad y el ministerio no haría escándalo. Con un hechizo reparo las cosas que habían sido destruidas y las guardó en su baúl, no dejo nada que le perteneciera y cuando todo estuvo asegurado y reducido a un tamaño que pudiera cargar fácilmente, se encargó de Lily y Jhonas. Modifico sus memorias, haciéndolos olvidar que él existió o cualquier cosa referente a la magia. También aplicó un hechizo sobre ellos de modo que afectaría a las demás personas con las que se relacionaran, haciéndolos olvidar a ellos también que alguna vez existió un tal Harry Potter. Y dejando inconscientes a Lily y a Jhonas, salió de la casa para nunca más regresar.

Solo ya estando lo suficientemente alejado de todo aquello se permitió derrumbarse y llorar. Llorar amargamente su pena, su perdida y desdicha. No solo había perdido a su padre sino también a su madre y hermano. En algún momento de su vida había guardado la esperanza de que su madre lo quisiera y de que su hermano no le guardara el suficiente rencor como para odiarlo. Ya había sido rechazado una vez, pero ahora era diferente, su madre lo había llamado fenómeno y se había afrentado de él y su hermano solo estaba contento de que todas las desgracias cayeran sobre él. El cielo parecía entender su dolencia, y mientras las gotas de agua caían, lo hacían también sus lágrimas.

Siguió caminando, sabía a donde ir. Puede que Lily se haya enterado, pero fue tal vez por un descuido, donde realmente Harry practicaba magia con su padre era un lugar muy lejos de allí que nadie conocía. Y estaba contento de ese hecho. Haciendo una aparición, se encontró frente a una cabaña de aspecto desgastado, pero Harry sabía que solo era fachada, era lo suficientemente fuerte como para soportar la ventisca y la lluvia, tenía suministros que eran renovados cada mes por un elfo domestico que todavía mantenía lealtad hacia James Potter, y a su hijo en este caso. No era muy grande pero era perfecta para que Harry viviera por un tiempo.

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Harry no quiso hablar aun con sus abuelos, pues no se sentía preparado. Con quien sí quedo en hablar fue con Cedric. Lo cito a Hogsmeade un fin de semana y el chico encantado de volver a ver a Harry acepto ir con gusto. Pero después de hablar con él y explicarle de que estaba embarazado y tendría un hijo de él, Diggory comenzó a decir cosas como de que el bebé no era realmente de él y de que no podía perderse por un largo tiempo para reaparecer con semejante tontería, además se rio en su cara diciéndole de que él ya estaba comprometido desde muy joven con una señorita sangre pura y que el tiempo que paso con él solo fue parte de su libertad previa al matrimonio.

Fue un duro golpe para Harry saber que otra de las personas que creía lo amaba, lo dejaba de lado y lo lastimaba. Aceptando silenciosamente las palabras de Diggory, le dijo que quería dar un último paseo con él, que le concediera al menos eso antes de separarse definitivamente. Cedric aceptó a regañadientes y para cuando estuvieron lo suficientemente alejados del pueblo, Harry golpeo con una dolorosa maldición de esterilización al tipo del que ingenuamente se había enamorado, y luego de ver sufrir un rato al chico, le mando un obliviate para que olvidara todo lo que había pasado esa tarde y por supuesto el hecho de que esperaba un hijo de él. Se estaba volviendo experto en ese hechizo.

Harry dejo medio tonto a Diggory y se apareció lejos de Hogsmeade, en su cabaña. No lloró, se dijo a sí mismo que ya suficiente sufrimiento había tenido en tan poco tiempo, no haría falta sufrir por un bastardo que solo pensaba en su propio futuro. Él por su propia cuenta saldría hacia adelante con su hijo, no necesitaba de nadie más. O eso se hizo creer a sí mismo.

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Harry continuo recibiendo sus clases por correo, no quería que nadie se enterara de su embarazo, a excepción de Poppy quien le hacía las revisiones mensuales, la profesora McGonagall, o sus abuelos, con los que al fin había hablado. Ellos se mostraron sorprendidos por el hecho de que estuviera esperando un bebé, y también el que no quisiera revelar el nombre del desgraciado que lo había dejado así. Harry les explico que eso no sería necesario, no necesitaba de alguien más para cuidar y criar a su bebé, y también que el nombre del otro padre no era importante. Dorea y Charlus Potter decidieron aceptar lo que su nieto creía era lo mejor para él y su bebé y apoyarlo en todo lo que fuera necesario. Ya una vez habían perdido a un hijo por sus idea retrogradas, ahora no sería lo mismo con Harry. Éste sin embargo, decidió seguir viviendo en la cabaña en lugar de aceptar trasladarse a vivir a la mansión Potter, la cabaña le traía buenos recuerdos y se sentía seguro allí.

Los meses pasaron y la barriga de Harry cada vez se hacía más y más grande. Los humores eran cambiantes y ya ni digamos de los antojos, el único que sufría de los ataques de Harry era el pobre elfo que lo acompañaba. Él recibía todos los llantos, las rabietas, los disgustos, y las llamadas a media noche por un sándwich de jalea de fresas con sardinas y salsa picante.

Harry a veces caminaba por el bosque recordando los acontecimientos que en menos de un año habían ocurrido en su vida y se preguntaba si sería siempre su destino atraer desdichas y dolor a cada momento, no incluía a su bebé, pues aunque no se lo esperaba su hijo llenaría el vacío de la familia que había perdido. Amaba a su hijo, y este ni siquiera había nacido. A momentos se ponía a hablar con él, le describía el bosque o se ponía a contarle anécdotas de su padre, todo lo que aprendió de él. A veces era inevitable contener el llanto y regresaba a la cabaña solo para refugiarse entre las mantas de su cama y quedare dormido lleno de lágrimas.

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Tom Riddle, apareció en la vida de Harry en el momento preciso. En medio de la torrencial lluvia de invierno que azotaba el bosque. Tom que iba de paso y buscaba un refugio donde pasar la noche, escucho los inmensos alaridos provenientes de una vieja cabaña, al parecer alguien estaba en problemas, y aunque él no era de salir al auxilio de nadie, esta vez su curiosidad valió más.

Al entrar a la cabaña se sorprendió por el aspecto que tenía ésta por dentro, el exterior solo era apariencia y el interior era espléndido, se preguntó quién viviría allí en ese lugar tan alejado del mundo. Fue devuelto al presente cuando de nuevo a escucho el llanto y los gritos, se guio por el ruido y llego a una habitación donde sorpresivamente encontró a un joven en labor de parto.

El chico gemía y se agarraba el estómago intentando mitigar el dolor, estaba acostado en la inmensa cama con las piernas abierta de par en par, un poco de sangre se podía apreciar en las sábanas blancas. Tom se apresuró a llegar a su lado y acomodarlo mejor para un parto improvisado, era obvio que no había nadie más en la cabaña que lo ayudara a tener al bebé. Él no era un experto en la materia, pero ya había presenciado y ayudado en un parto masculino mientras visitaba las tribus de hombres lobos, ellos no tenían médicos sino curanderos y matronas que se especializaban en situaciones como ésta. Esperaba que sus conocimientos fueran suficientes para hacer que el bebé naciera sano y salvo y el padre sobreviviera a la noche.

Tom se tomó un momento para observar al joven, tendría unos 18 o 19 años, tenía cabello oscuro como el de un cuervo y una piel acanelada suave al tacto. El chico abrió los ojos mirando fijamente a Tom, el cual se sorprendió por lo verde y profundo de su mirada. El chico jadeó algo inentendible a Tom. Para poder escucharlo mejor se acercó a los labios.

-Ayúdame. –Fueron las leves palabras de Harry, antes de volver a gritar de dolor.

Tom se apresuró a transfigurar unos cuantos objetos en cuencos y los lleno con agua. Busco toallas y saco del bolso que cargaba unas cuantas pociones que alivianarían el dolor en el muchacho, le hizo beber una y luego se dirigió a sacarle los pantalones de dormir que llevaba puesto.

-La poción solo quitara un poco el dolor, necesito que estés despierto para traer a bebé a salvo. Cuando las contracciones sean más fuertes, debes pujar y hacer fuerza para que el bebé salga. –Harry escuchaba atentamente las palabras del extraño, y asintió a las indicaciones que le había dado. Se supone que había mandado a su elfo domestico a avisarle a Poppy o a alguien de que se encontraba en labor de parto y necesitaba ayuda con urgencia. Pero nunca regreso.

Tom calentó el agua y limpio el área por donde saldría el bebé, Harry estaba teniendo las contracciones cada tres minutos por lo que sería rápido. O eso esperaba. Cuando ya tuvo todo listo, de nuevo se puso entre las piernas de Harry y a la primera contracción le dijo que pujara. Estuvieron al menos cuarenta minutos en esa posición, Tom dándole instrucciones a Harry y éste intentando seguirlas.

Cuando ya medio cuerpo del bebé estaba fuera un ¡plop! se escuchó en el cuarto, y Tom vio aparecer a un elfo domestico acompañado de dos mujeres que reconocía muy bien. Poppy fue la que se acercó a asistirlo en lo que restaba del parto y McGonagall con mucha paciencia y cariño se posicionó al lado de Harry para tomar su mano y susurrar palabras que Tom no pudo escuchar muy bien pero supuso que era para tranquilizar al chico.

Harry tuvo una última contracción y por fin nació el bebé que al instante lleno sus pulmones de aire y comenzó a llorar. Una vez que Tom hubiera cortado el cordón umbilical, Poppy tomo con cuidado a la criatura apartándose para limpiarla y luego llevarla con su madre-padre. Tom se encargó de limpiar los restos fuera de Harry y sanar las posibles heridas, también de quitar las sabanas. Había sido un ajetreado parto, pero todo termino bien, sin complicaciones como esperaba. Para ser el primer parto en el que ayudaba no estaba mal.

El bebé había resultado ser una niña y Harry estaba tan contento a la hora de sostenerla, lloraba silenciosamente mientras acariciaba los pequeños rasgos de su hija. A Tom le pareció encantadora la escena. Después de un rato Harry se quedó dormido y Poppy volvió a hacerse cargo de la niña, McGonagall por otro lado se acercó a Tom saludándolo, agradeciendo el haber ayudado al niño que vio crecer y consideraba como un nieto.

-No hay problema, pasaba por aquí cuando escuche los gritos. Decidí ayudarle cuando no vi a nadie acompañándolo.

-Creo que eso es nuestra culpa, Fiffy el elfo domestico de Harry fue a buscarnos a mí y a Poppy a Hogwarts pero nosotras no nos encontrábamos allí, tuvo que recorrer varios lugares antes de encontrarnos. Lamento eso.

Habían salido de la habitación para hablar más tranquilamente en la pequeña sala, Fiffy les había traído algo de té y galletas.

-Entonces, al fin regresaste. –Habló quedamente la mujer. -¿Seguirás sin aceptar mi invitación para enseñar DCAO en Hogwarts? –Tom apenas estiró la comisura de sus labios.

-Minerva, tú y yo sabemos que encontrarnos fue pura casualidad, aún tengo muchos viajes e investigaciones que hacer. En mis planes no está por el momento quedarme a enseñar. –Tom bebió un poco de su té, relajándose al sentir como entraba en su organismo, estaba cansado.

-Bueno, en este momento nos vendría de mucha ayuda, solo por este año que viene, ya tengo a la persona indicada para el puesto después de ese tiempo. –McGonagall señaló hacia el cuarto y Tom supo a quien se refería.

-¿Y crees que podrá hacerlo con un bebé a cuestas? –Preguntó incrédulo.

-Ya habrá pasado un año. Además, Harry es muy bueno e inteligente, podrá hacerlo bien. El bebé podrá quedarse con Poppy en la enfermería mientras él da clases, no veo problema en eso.

-¿Por qué te preocupas tanto por el chico?

-Le he tomado cariño –ella sonrió –y últimamente ha sufrido mucho, merece algo de paz y felicidad. No puedo dejarlo solo en este momento.

-¿No tiene familia? –Hizo la pregunta Tom, estaba un poco interesado, McGonagall no era una mujer que sensibilizara fácilmente.

-Aquí en el mundo mágico tiene a sus abuelos aunque no lleva una estrella relación con ellos, y en el mundo muggle hace medio año que perdió a su familia.

-¿Murieron?

-Solo su padre, que es con quien estaba más unido. Su madre y hermano no lo querían, eran muggles y nunca supieron sobre la magia, James nunca quiso que se enteraran. Sin embargo cuando éste murió, el mundo se vino abajo para Harry y el resto de su familia descubrió lo que era, no lo tomaron muy bien que digamos y Harry les hizo perder la memoria cuando lo tomaron contra él.

Tom ya no dijo nada más, solo se quedó interno en sus pensamientos. Él sabía lo que era que los muggles te odiaran, pero que fuera tu propia familia hacía más duro el asunto. Y todavía estaba la cosa de quedar embarazado, dudaba que hubiera sido algo intencional y no miraba por ningún lado al otro padre. Pero dejaba sus conjeturas para después, su mente estaba muy agotada. McGonagall le dio unas cuantas sabanas para que durmiera en el sofá, ya mañana podía retomar su viaje.

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Al día siguiente cuando Harry era más consiente del mundo a su alrededor sin tanto dolor encima, no quiso soltar en ningún momento a su bebé. La alimentó, cosa algo vergonzosa para él ya que tuvo que amamantarla con su propio pecho, aprendió a bañarla con ayuda de Poppy y la vistió con un lindo mono de algodón azul. La niña había heredado los hermosos ojos de Harry y su cabello indomable aunque de un color castaño, su piel era rosadita y tenía diminutas pecas en su rostro y en la espalda. Tom no se acercó mucho, no quería interrumpir al chico mientras descubría su reciente paternidad, aun así no dejaba de observarlo. Aunque quisiera no podía irse, Minerva le había pedido el favor de cuidarlo mientras ella y Poppy regresaban al colegio por algunas horas.

Ya entrada la tarde, Harry se acercó a Tom y se sentó a la par en el sofá. El hombre mayor lo observo de reojo dándole gracia el cabello apuntando hacia todos lados y el gran blusón que no se había cambiado en todo el día, era un desastre.

-¿Al fin se ha quedado dormida?

-Sí, ahora soy yo quien quiere descansar un poco.

-¿Y por qué no lo haces?

-Antes que nada quería hablar con usted. –giro su rostro y lo miro fijamente a los ojos. –Quería agradecerle por ayudarnos anoche. No sé qué hubiera pasado de lo contrario.

-Hubieras salido adelante, eres un muchacho fuerte. Habrías encontrado una forma de traer a tu bebé a salvo. –Harry le ofreció una sonrisa cansada y asintió, se levantó y camino hacia su cuarto. -¿Qué nombre le pondrás? –Desconcertado, Harry se detuvo y giró medio cuerpo para mirar a Tom.

-No lo había pensado. –arrugó en entrecejo y se puso una mano en la barbilla. Al ver que en verdad no tenía ni idea, Tom se adelantó y opino en su lugar.

-Siempre me ha parecido muy hermoso y de gran significado el nombre de Isis, sé que nunca tendré una familia, pero si hubiera tenido una hija la nombraría así.

-Es un bonito nombre.

-Solo es una sugerencia.

-Me gusta. –Harry sonrió y retomo su camino hacia la habitación. Antes de entrar completamente, Harry volvió a hablar desde el marco de la puerta. –Nunca es tarde para formar una familia, tal vez la consiga algún día. –y después de eso, cerró la puerta.

Tom no contradijo nada, el chico no entendía después de todo que jugar tanto tiempo con magia negra hacía defectuosos algunos órganos en el cuerpo. Dudaba que alguna chica quisiera un marido estéril. Un suspiro salió de sus labios, el no necesitaba esposa e hijos, tenía cosas más importantes que lograr. Siguió leyendo mientras esperaba el regreso de Minerva.

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Era más de media noche cuando el llanto del bebé despertó a Tom. Minerva aún no había aparecido y el prometió quedarse hasta su regreso por lo que seguía acompañando a Harry en la cabaña. Se levantó y se dirigió al cuarto para saber qué iba mal con la pequeña. Al entrar encontró a un muy asustado Harry cargando a la pequeña Isis intentando detener el llanto, pero solo lograba empeorarlos.

-¿Qué sucede?

-No sé qué tiene, ya le di de comer y revise el pañal pero no tiene nada extraño y no para de llorar. –Estaba desesperado, eso lo podía ver bien aun en la oscuridad.

-Déjame ver. –Tom se adentró un poco más hasta llegar con Harry, tomo de sus brazos a la bebé y pronto comenzó a detener su llanto.

-¿Cómo lo hizo?

-Tienes miedo. –fue la simple respuesta de Tom.

-Eso es obvio. –Bufó el chico.

-Ella lo siente, y por eso llora. Ella necesita confiar en quien la protegerá, si tienes miedo de cargarla ella se sentirá insegura. Debes vencer ese miedo. –Tom volvió a acomodar a la niña entre los brazos de Harry y le dijo cómo sostenerla correctamente. –Sostén su cabeza con firmeza pero al mismo tiempo con delicadeza y con la otra mano abraza su cuerpo. Sé que se ve frágil, y lo es, pero no se romperá por apretar el agarre sobre ella un poco. –Harry hizo lo indicado y sonrió cuando vio que su hija no continuó llorando, es más, poco a poco iba quedándose dormida.

-Uf, usted sabe más que yo en esto de cuidar niños.

-Es porque he tenido contacto mucho tiempo con niños.

-¿En serio? ¿Dónde?

-En las tribus de hombres lobo. Estuve un tiempo viviendo con ellos y aprendiendo de ellos.

-Pero ¿No son peligrosos?

-Es lo que el ministerio les hace creer a la comunidad mágica, ellos son pacíficos si no los agreden o intentan algo contra sus cachorros, son muy territoriales y protegen sobre todo a la manada. Su familia.

-Wow ¿Y cómo es que lo dejaron entrar a usted si son muy territoriales? –Harry estaba muy asombrado con el hombre.

-Porque se los pedí. Y por ese entonces yo estaba huyendo de unos vampiros, el jefe de la tribu me encontró mal herido y me atendió. Cuando estuve lo suficientemente recuperado me ordenaron que me fuera pero yo pedí quedarme un poco más de tiempo y aprender sobre sus costumbres y su estilo de vida. Al principio se miraron renuentes a aceptarme, aceptaron cuando les demostré que no tenía ninguna intensión oscura al quedarme allí, solo la idea del conocimiento.

Ninguno se había percatado de que la niña ya estaba profundamente dormida en los brazos de Harry mientras continuaban hablando, la noche casi terminaba cuando el sueño le entro a Harry y Tom le dijo que descansara un poco, pronto la niña volvería a levantarse y necesitaría energías para atenderla.

…-….-..-..-…

Una semana había pasado y Minerva nada que aparecía. No sabía si era una treta de la mujer para impedir que se fuera o qué. No es que le importara pasar platicando largas horas con Harry y a veces enseñándole a cómo cuidar de su hija, pero él tenía un itinerario y debía cumplirlo, aunque después de la semana en compañía de ese chico dudaba en volver a su rutina de viaje frescamente. Le gustaba pasar tiempo con Harry, era inteligente, tierno, honesto, decidido y muy explosivo. También se estaba encariñando de la pequeña Isis.

Pero seguía pensando que su lugar no era allí, sentía como si estuviera jugando a la casita feliz con una familia que no le pertenecía. Y le frustraba. Ya conocía la historia completa de Harry, ahora dicho por su propia boca, y si no fuera porque el chico ya había tomado venganza él mismo buscaría el idiota que lo había abandonado. Si supiera de lo que se estaba perdiendo. Sin lugar a dudas en solo una semana había descubierto que no quería dejar solo a Harry, ni a él ni a Isis, quería protegerlos, aunque no sabía cómo hacerlo sin parecer sospechoso. Entonces recordó la proposición de Minerva, sobre ser profesor de DCAO. ¿Qué más daba soportar un año sin viajar con tal de estar cerca de Harry y su niña?

Cuando paso un mes y al fin Minerva y Poppy se dignaron a mostrar la cara, Tom ya tenía un plan. Le dijo a la directora que aceptaría el puesto de profesor con la condición de Harry siendo su asistente, como razón de eso solo dijo que Harry necesitaría una experiencia previa antes de ser él mismo profesor en Hogwarts. Además agregó de que compartirían habitaciones, Harry aun necesitaba ayuda con la bebé y él se ofrecía como voluntario. McGonagall no le vio ningún problema, y parecía muy feliz de la decisión de Tom.

Cuando le expusieron la idea a Harry, este estaba muy asombrado, pero acepto la ayuda y el hecho de dejar de vivir en la cabaña para ir a Hogwarts. Eso lo alegró mucho, tiempo tenía que no pisaba el castillo, pero aún seguía siendo parte de su hogar.

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Un mes antes de que se terminaran las vacaciones y los niños volvieran a clases, Tom y Harry se instalaron en una de las torres que tenía dos cuartos, un estudio y una amplia sala de estar. Harry le ayudó a crear el plan de clases desde Primero a Séptimo año, y Tom se veía muy satisfecho con las ideas que proponía el chico, eran dinámicas e innovadoras.

Cuando el nuevo año escolar dio inicio, Minerva los presento en la gran cena de bienvenida, muchos se sorprendieron de ver a Harry, quien no había aparecido en todo el año anterior y miles de conjeturas y rumores se habían regado acerca del motivo por el cual el chico no siguió estudiando. Los murmullos se hicieron casi insoportables cuando se dieron cuenta de que en sus brazos Harry cargaba a un bebé. Tom por el momento no dijo nada, pero vio la incomodidad en el chico y fulmino a todos los estudiantes, en especial aquellos quienes no dejaban de ver a Harry y a su hija.

Harry no había pensado en el hecho de que sus compañeros comenzarían a hablar, y a penas el gran banquete había terminado casi salió huyendo para que nadie se le acercara, pero tanta era su mala suerte que de entre todos los que le pudieron abordar tuvo que ser aquel idiota el que lo hiciera de primero.

-Así que… ¿Dónde te habías perdido Potter? Fuera donde fuera, al parecer no perdiste el tiempo. ¿Quién te dejo botado con un bastardo a cuestas?

Harry tenía ganas de escupirle a la cara y decirle que él era el bastardo, pero se contuvo por el simple hecho de que así lo único que lograría sería revelar lo que con esmero había ocultado a excepción de la directora, Poppy y recientemente Tom. Gracias a alguna deidad que le tuvo piedad, Tom apareció antes de que dijera algo estúpido.

-Esa bastarda es mi hija, y le aconsejaría no decir ni una palabra más si no quiere tener problemas y ser expulsado a tan solo un día de haber iniciado el año escolar, señor Diggory. –Si las miradas mataran, Harry suponía que Cedric ya estaría tres metros bajo tierra.

Tom se acercó a Harry y con un brazo rodeo al chico en forma protectora, a Harry se le pintaron las mejillas de rosado pero no hizo ningún amago de alejarse, se sentía bien allí. Diggory por el contrario miraba muy sorprendido a los dos, no se esperaba esa respuesta.

-Sera mejor que regrese a su sala común, y recuerde sobre el respeto hacia sus superiores ¿O es que en su hogar no le enseñan modales?

Diggory se puso rojo de ira, y con una última mirada a Harry se alejó con rumbo a Hufflepuff. Una vez que había desaparecido, Harry se permitió suspirar liberando la tensión sobre sus hombros.

-No tenías que decir eso, pude arreglármelas solo.

-No dejaría de acosarte y molestarte, además… me dio rabia el cómo se refirió a Isis. No tenía ningún derecho a llamarla así. –Tom tenía fruncido el ceño y por un momento Harry pareció ver un destello rojo en sus ojos azules.

-Te lo agradezco, pero ahora él pensará que en serio es tu hija.

-¿Y eso te molesta?

-No, pero…

-Entonces no hay ningún problema. Nadie tiene por qué enterarse de que Isis no es mi hija, y si te dicen algo bien puedes decírmelo o hablar con Minerva. Sabes que ella no dejará que hablen mal de ti o de tu hija.

Harry le regalo una sonrisa a Tom y dio un beso en la mejilla antes de desearle buenas noches y dirigirse a la torre que compartían. Mientras Tom se preparaba mentalmente para un largo año.

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Harry no tuvo más incidencias que un par de mal disimuladas miradas a él, su hija o Tom, cuando estaban en el gran comedor o cuando paseaba por los jardines de Hogwarts, aun así nadie se atrevía a decir nada después de lo de Cedric, además de que en el primer día de clases de DCAO a todos los alumnos desde Primero a Séptimo, Tom se encargó de dejar en claro que no quería faltas de respeto hacia él o su familia (entiéndase Harry e Isis) y a cualquiera que se le ocurriera hablar mal de ellos, tendría una visita a la oficina de la directora.

Harry se sentía seguro al lado de Tom, él siempre se fijaba en los pequeños detalles y estaba al pendiente de todo lo que necesitaban, aunque no tenía necesidad de hacerlo. Isis cada día crecía más fuerte y sana. Los días de semana Harry pasaba las mañanas con su hija y en las tardes ayudaba a Tom a revisar ensayos y a calificar trabajos, o asistía a las detenciones que dejaba Tom a los alumnos latosos, siempre con su pequeña acompañándolo, ella no era impedimento para hacer cualquiera de esas tareas. Los fines de semana sin embargo, eran de ellos tres. Solían almorzar en la torre fuera de ojos curiosos y luego pasear a orillas del lago, otras veces solo se quedaban intentando enseñarle a gatear a Isis o jugando con ella. Harry realmente comenzaba a pensar que sí parecían una familia, y le asustaba. Tom no era nada de ellos dos, y un día se iría, no quería que se fuera él también. Ya varias veces lo habían abandonado, no quería que volviera a pasar.

Tom dándose cuenta de los mortificantes pensamientos de Harry, una tarde se puso a platicar con él, y sacando a flote sus temores le dijo que no había por qué preocuparse, él no se alejaría. Lo había decidido desde el momento en el que acepto ser profesor de Hogwarts, y lo había hecho solo por él. Y por Isis.

Harry, con lágrimas en los ojos y una sonrisa, abrazo a Tom. Después de mucho sufrimiento, un poco de esperanza había aparecido en su vida desde aquella noche tormentosa de invierno. Tom por el contrario, sin darse cuenta, había encontrado una familia sin proponérselo, y la protegería a como dé lugar.

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14 años después.

-¡James! Se hace tarde, apúrate. –Una chica de largos cabellos castaños gritaba desde la sala mientras intentaba ponerse los zapatos.

-Me dices que vaya más de prisa cuando tú sigues luchado con esos zapatos. –Bufo el niño de doce años que bajaba por las escaleras corriendo para pasar a la cocina donde sus padres ya lo esperaban.

-Es que no sé por qué tengo que usar zapatos. ¡Odio los zapatos! No hay una ley en Hogwarts que obligue a llevar zapatos. –Dijo frustrada la chica al terminar de ponerse los incomodos zapatos nuevos.

-Amor, sí la hay, es esa donde describen el uniforme y la forma correcta de usarlo. –Respondió un Harry más adulto, sonriendo a su hija. Se estaban preparando para llevar a sus hijos a la estación de trenes, él como maestro podía tomar la red Flú, pero prefería disfrutar del viaje. Él sí podía, a diferencia de Tom.

James trato de ocultar su risa con la taza de chocolate que estaba tomando, él sabía que su hermana disfrutaba de sus pies al aire libre y todos los años era el mismo dilema.

-¿Ya tienes todo listo, James?

- Sí, papá. Esta listo desde anoche.

-Entonces ¿Por qué te tardabas tanto allá arriba? –Rebatió Isis.

-Me estaba despidiendo de Andora. –Isis bufó al escucharlo, entendía por qué su hermano menor sí podía hablar con las serpientes y ella no, pero eso no quitaba el hecho de que ella también quisiera poder hacerlo. Le parecía cool poder entender y hablar pársel, y le fascinaba ver a James y su papá Tom hacerlo. Todavía recuerda la vez que intento traducir los silbidos que escuchaba salir de sus bocas, pero no lo logro. Tom le explicó que no era una lengua que se aprendiera, se nacía con esa habilidad. Ella no volvió a intentarlo.

-No deberías ni preocuparte por eso, sabes muy bien que la volverás a ver en la oficina de papá.

-Sí, pero la extrañare hasta entonces. No es justo que por el simple hecho de que los demás se asusten por una serpiente, no pueda llevarla a todos lados. Ella no le haría daño a nadie.

Harry miraba desde su asiento a sus hijos discutir, con una sonrisa se giró a ver a Tom quien tomaba su café con parsimonia, él también observaba la discusión de sus hijos, de vez en cuando mostrando una sonrisa por los comentarios que hacían. Cuando Tom le conto que era estéril le dio mucho pesar porque en serio quería tener un hijo de él, pero Tom le dijo que con Isis le bastaba y por un tiempo fue así. Sin embargo, cuatro años después, un día no se sintió bien y decidió visitar a Poppy, que al igual que la primera vez, muy alegre le dijo el resultado de los exámenes. Volvía estar embarazado. No cabía en su felicidad y no sabía cómo decírselo a Tom.

El embarazo de James fue mucho más tranquilo que el de Isis, pero eso no evitaba que Tom se pusiera paranoico y quisiera protegerlo hasta de una simple pluma, tanto que lo desesperaba algunas veces. Tom también ayudo en el parto de James y casi se puso a llorar cuando lo tuvo en brazos. Muchas cosas habían pasado desde aquel entonces y Harry era feliz, es cierto que a veces tenía sus días de drama o de ira, no siempre era sonrisas, pero con tal de que su familia siguiera unida era suficiente para seguir adelante, siempre adelante.

Era extraño el rumbo que había tomado su vida, desde que nació siempre recibió sorpresas, unas más gratas que otras, pero no deseaba cambiar nada, amaba su vida tal y cual era. No cambiaría nada ni volviendo al pasado.

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Bueeeeeeeeeeeeno, este capítulo si fue largo. Decía romance y tu NOTP, nadie dijo que mi NOTP terminaría como pareja al final. En serio odio el Cedric x Harry aún más que el de Harry x Ginny, sé que soy multishiper pero esta pareja no me pasa ni con agua.

Espero que les haya gustado y no les pareciera tan tediosa, sé que es larga y cambie muchos puntos, pero así iba la trama. Disculpa por los repentinos giros y saltos de tiempo. Quería escribir más pero se estaba haciendo demasiado largo, 7680 palabras! Demasiado xD

Bueno, Gracias por leer.