Harry Potter no es de mi propiedad, es de J.K. Rowling.

El crédito de la imagen no es mío.

Nota: Este fic participa en el reto #14: "Amortentia al azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Nota 2: Este fic fue producido gracias a la valiosa ayuda de mi amada Amai Star of Darkness. Gracias Jho, te quiero.

Advertencias: Contiene Slash / Yaoi / BL / relación Hombre x Hombre, es un liguero AU, en este fic Severus Sanpe es un Elfo Oscuro.

[CAPITULO UNO|SÁNDALO]

Estaba frustrado, de nuevo su amado hermanito estaba muy lejos de él. Y no podía hacer nada para salvarle de las garras de esos hipócritas. Su familia era un asco, llena de corrupción y las sonrisas que vomitan mierda. Mientras veía a Regulus responder a esa rubia estúpida llena de codicia, que paso a ser una invitada más en aquella innecesaria fiesta de los Black. ¿Acaso no se daba cuenta que todos ellos eran sus enemigos? Deseando la caída de la familia. Deseando la fortuna Black para ellos.


Suspiro cansado, sus emociones le estaba sobrepasando. Tan solo recordar los últimos días en la mansión Black le alteraba, llevando su magia a dolorosos tirones. Su respiración se agito, solitario en la torre de astronomía no le preocupaba romper el hermoso silencio. Las estrellas brillando en el cielo oscuro. Oscuro como su dolor. Su magia vibrante le hería, ardía, su piel picaba. Abrazándose, en una posición protectora, tratando de reprimir un gemido de dolor. Sabía que estaba solo, que su familia le abandono, en realidad le ignoraba desde su ingreso a Hogwarts cuando se clasifico como un león. Su querido hermanito, estaba siendo corrompido y él no podía salvarle de las mentiras de los sangre pura. Un escalofrío le recorrió, haciéndole doblar de dolor. Pronto una ráfaga de aire trajo sutilmente un fuerte aroma, uno desconocido pero reconfortante, lleno de calidez. Sin pigricia el dolor retrocedió y su magia se calmó ante la esencia que le hizo suspirar lleno de paz. Cuando sus sentidos volvieron a él, o al menos lo suficiente para dejarle notar que era otra persona a su lado. Solo sentado sin hacer más, sin hacer algún sonido. Su presencia era inexistente, de no ser por lo cerca que estaba y el notable aroma que desprendía, no hubiese sido capaz de sentirle de forma alguna.

¿Qué es esto?

Pronto su mente se desconectó de la tierra. Llevando a su cuerpo a un estado de total paz y relajación. Descansando por fin de este pesar que le afligía y llenaba de estrés cada momento del día. El alejamiento con su familia y su presión ante la sociedad sangre pura eran unas de las pocas razones por las que Sirius Orión Black casi pierde el control de su magia aquella noche en la solitaria torre de astronomía. Despertó con un hechizo calefactor en su persona, era una magia suave y delicada, y a su lado aun podía sentir el bondadoso olor a sándalo.


Detuvo sus pasos ante aquel añorado aroma, era sándalo. Era la misma esencia llena de calidez y dulzura. Dejo que su olfato le guiara, poco le importo separase de la manada o desviarse de los límites, no tenía sentido preocuparse por límites en el bosque prohibido. Nunca en su vida había estado tan agradecido de la utilidad de su forma animaga. Pues ser un can con buen olfato, era una bendición en su búsqueda. Justo ahí, frente a él, se encontraba una figura que bajo la luz de la luna llena era sublime. Un ser místico, de interesantes contrastes, pues aunque su piel era blanca llena de vida y suavidad, como la leche. Su cabello brillante como el lienzo de la noche, sus ojos oscuros como la muerte, pero radiantes de vida. Y sus túnicas de negro opaco, solo destacable la típica corbata de Slytherin. Con una mano posada en el tronco de un árbol frente a un estanque de agua que brillaba por las luciérnagas; o eso creía, y una expresión suave adornando su rostro, la vista en alto, era claro que se estaba comunicando, si el brillo a su alrededor indicaba algo, era su magia poderosa en magnitud la responsable de esto. Esta poderosa pieza de arte, era complementada por un sutil detalle, sus orejas puntiagudas tal como un elfo. Y si la memoria no le fallaba, este se trataba de un elfo oscuro. Pero pareciera que la planta tomaba un dorado en sus hojas más brillante. Ahora era claro, este elfo estaba sanado tal planta. Solo hizo falta una sonrisa de satisfacción, de picardía lúgubre para notar quien era el dueño de tan ansiado aroma; Severus Snape.

Sus patas prestas tomaron velocidad mientras escapaba de aquella escena, de aquella irreparable realidad. Aquella curiosidad nunca se apagó, ni menguo. Aquel gusto obsesivo creció. Ahora entendía, porque su amado hermanito Regulus orbitaba siempre alrededor de esta persona. Su presencia calmante y reconfortante era algo adictivo, algo que los humanos comunes como ellos no podían luchar. Después de todo no olvidaba que esta persona tan pulcra era un elfo oscuro. No era un ser humano, pero no era un monstruo, era un tesoro que deseaba poseer. Tan egoísta como un Black, el deseaba esa calidez y belleza para sí mismo. Pues ahora sin los prejuicios entre casas era obvia la belleza de tal espécimen.