Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


~Miss Fortune


Hustle: S. Una manera deshonesta de ganar dinero.


Y tan de pronto como había llegado, el chico volvió a salir por la puerta.

Madame Ryoko parpadeó una, dos, tres veces… sin poder comprenderlo.

Bueno, quizá había sido un simple error… ¿No? ¿Quién no se equivocaba de vez en cuando?

La puerta se abrió y él entró una vez más. La habitación llena de colores vistosos parecía ridículamente chocante en contraste con él y sus tonos oscuros. El chico pareció centrar toda su atención en las velas, la bola de cristal y la mullida alfombra… pero nunca en ella.

Por alguna extraña razón, eso irritó a Ryoko a más no poder.

Ella carraspeó, obteniendo al fin su atención y cuando sus miradas se cruzaron… saltaron chispas.

El corazón de Ryoko comenzó a latir con fuerza y ella estaba completamente segura de que si hubiera estado de pie, sus rodillas habrían flaqueado –Y es que… ¡Por qué tenía que ser tan increíblemente guapo!–. Aun así, su orgullo se sintió aliviado al notar la plácida sorpresa que adornaba los rasgos del chico.

Él tomó valor después de unos largos segundos de silencio, y, sin despegar la mirada de ella, dijo:— ¿De verdad eres… sólo una adivina?

El ceño de Ryoko se frunció, sorprendida por la peculiar pregunta y decepcionada de la primera impresión, pero él no le permitió contestar.

—De verdad… ¿De verdad? Soo-Won estaba… —sacudió la cabeza, finalmente despegando su mirada de la de Ryoko— Y yo que pensaba…

— ¿Eres amigo del chico…? —preguntó Ryoko, tratando de comprender la situación— ¿Y tú que pensabas qué?

—No puedes culparme —él se excusó—. Mis dos amigos comenzaron a actuar raro, escondiendo algo, y de pronto tienen esta… tarjeta con el número de una "madame"… ¿De verdad eres sólo una adivina?

Un leve rubor cubrió las mejillas de madame Ryoko, finalmente comprendiendo lo que él insinuaba… pero fue reemplazado con furia al instante mientras ella lo fulminaba con la mirada.

— ¡¿Cómo te atreves…?! —Ryoko se puso de pie, apretando su falda con sus manos para evitar exaltarse y terminar lanzándole algo directo a la cara— Dices estar preocupado por tus amigos… pero, ¿Qué ganas al venir aquí a insultarme?

— ¿Puedes contestar a mi pregunta? —rogó él.

— ¿Qué pregunta?

— ¿De verdad eres una adivina?

El rostro de Madame Ryoko se ensombreció, provocando que algo frío recorriera la columna del chico y con tres grandes zancadas ella quedó frente a él. La mano izquierda de la pelirroja se levantó entre ellos –y aunque ella deseaba darle su más fuerte bofetada, se contuvo– y le señaló la salida.

— ¡Fuera! —ella rugió.

—No. No, no, no. Lo siento, espera-

— ¡Fuera!

—Soy un cliente cualquiera, sólo quiero…

— ¿Irritarme? —se burló la chica.

Información.

Madame Ryoko inhaló, manteniendo el aire dentro de sus pulmones por un largo rato mientras barajaba las posibilidades… y finalmente, lo dejó ir.

— ¿Un cliente cualquiera?

—Sí, sí. ¿Cuál es el procedimiento a seguir? —cuestionó él.

Ryoko dio un paso hacia atrás, repentinamente consciente de lo cerca que habían estado. Con un gesto le señaló la mesa en la que solía trabajar y los cojines alrededor de la misma.

—Siéntate —le indicó ella, tomándose un minuto entero antes de seguirlo para eliminar toda su energía negativa.

El chico se sentó obedientemente en los cojines con las piernas cruzadas, haciendo que su ya de por si pequeña mesa se viera incluso más diminuta. Madame Ryoko tomó sus cartas –ni siquiera había tenido tiempo para acomodarlas– y se sentó junto a él.

— ¿Tienes que sentarte aquí? —protestó el chico.

— ¿Te molesta?

—No, pero, ¿Cómo puedo creer que no intentas seducirme si-?

—Si me siento frente a ti, la predicción podría ser incorrecta si una de las cartas sale al revés y no lo interpreto bien.

El chico se giró a verla, pareciendo desinformado de lo intrusivo que era el mirar tan fijamente a alguien y después de unos segundos, dijo: —Entonces, ¿Sí crees en esto?

Madame Ryoko detuvo su reacomodo de cartas e, intrigada, hizo frente a su atrevida mirada.

— ¿Qué quieres decir?

— ¿Realmente crees en todo esto? —se explicó él— Y en los horóscopos, supongo.

— ¿Cómo planeas ser mi cliente si no crees en "esto"? ¿No quieres que te lea las cartas, ¿verdad?

—No. Quiero averiguar cuál es tu método para engañar a las personas. ¿Sabías que estafar es un crimen?

Ryoko ahogó un grito de molestia, ¿Había sido eso lo que las cartas le habían querido advertir? ¿Él iba a matarla de un disgusto?

—Sé que no eres muy observador… —suspiró ella, después de haber contado hasta diez— ni siquiera pareces ser muy amable, pero si sabes leer podrás notar ese enorme cartel.

El chico siguió la dirección que ella le indicaba y encontró un cartel dorado escrito con redondeadas letras moradas.

«Todas las lecturas son con fines recreativos, la tarotista no tiene ningún poder mágico ni puede leer el futuro.»

—También estoy legalmente obligada a decirle a todos mis clientes que no puedo causar ni quitar hechizos —continuó Ryoko—, que soy inútil ante el 'mal de ojo' y que no puedo hacer que nadie se enamore de nadie… entre otras cosas.

—Entonces, ¿Qué es lo que sí puedes hacer? —cuestionó él.

—Leer las cartas, siempre y cuando estés bien consciente de que no es una lectura exacta.

—Y Soo-Won… ¿Soo-Won viene a que le leas las cartas?

—Puedes verlo de este modo: tu amigo viene, me cuenta sus problemas, le doy ánimo y unos cuantos consejos y ya. Sólo eso. Es la primera vez que viene por su cuenta, de todas formas.

—¿Por su cuenta?

—Sí, solía acompañar a Kija, el chico lindo y peliblanco. ¿Es otro de tus amigos?

—Sí… Kija… —caviló él unos segundos— ¿Qué es lo que hace Kija aquí?

—Bueno, eso tendrás que preguntárselos tú. Fue un placer conocerte, eh… No me has dicho tu nombre.

—No —fue su única respuesta.

—…Bien. Es mi hora de cerrar y no esperas que te lea las cartas, así que…

Ryoko se levantó, tomando un pañuelo rosado de su falda y envolviendo las cartas con sumo cuidado en él. Tras dejar las cartas en medio de la mesa se acercó al chico, dispuesta a guiarlo hacia la salida.

—Si tienes alguna otra duda, te recomiendo que lo hables con tus amigos. No es bueno que andes por ahí a sus espaldas…

—Lo siento, pero tengo la impresión de que los problemas de mis amigos se originaron aquí —confesó él.

—Me estás dando demasiados méritos, ¿No es así? Sólo soy una simple adivina… —rió la chica.

—Una muy bella…

Las mejillas de Ryoko se encendieron una vez más.

—…Y hábil con las palabras. ¿Por qué debo creer que no nos estás engañando?

—No tengo porque darte más explicaciones, chico sin nombre-

—Soy Hak —agregó él rápidamente—, y soy mayor que tú. No soy un chico.

—No soy una estafadora.

—Entonces pruébalo.

— ¿Cómo? —preguntó ella, si él esperaba que les regresara el dinero- ¡La dejaría en la ruina!

Ryoko se preparó para el contraataque, ¡Podía ser que no fuera la forma más honesta de trabajar, pero ella había ganado cada centavo que el chico peliblanco le había dado sin reparos! Y estaba más que dispuesta a dejárselo saber…

…Bueno, al menos hasta que él soltó aquella bomba.

—Sal conmigo.

El ceño de Ryoko se frunció y todas las posibles respuestas murieron en su boca.

— ¿Eso… cómo ayudaría-?

— ¿Cómo confiaré en alguien que no conozco?

—Yo… no salgo con clientes.

Los labios de Hak se estiraron en una burlona sonrisa antes de decir:— ¡Qué bueno que no soy tu cliente!

La chica se mordió los labios, completamente segura de que había caído en la trampa de aquel que la acusaba de engañar…

—Volveré el viernes a esta hora. Espera por mí, madame Ryoko.

Y vaya que ninguna predicción, real o no, habría podido prepararla para eso.


N/A: Dedicado con mucho cariño a: SF, Love tenten, Ninoska algo, skarllet northman, Sofitkm, Nikurin Jaqui12323, gleysi chavarria, Nanami-HmL y mutemuia.

Por su enormísima paciencia para esta locura de historia :)