Te protegeré.

Capítulo 1.

Mar de Árboles.

El Aokigahara, conocido como El Mar de Árboles, es un bosque de treinta y cinco kilómetros cuadrados, ubicado al noroeste de la base del Monte Fuji entre la prefectura de Yamanashi y Shizuoka, Japón, se le llama así porque desde lo alto el extenso panorama parece un hermoso mar verde. El bosque tiene una asociación histórica con demonios de la mitología japonesa, y hay poemas de 1000 años de antigüedad que indican que el bosque está maldito. El turismo ha quedado limitado únicamente a zonas vigiladas, y aunque no está prohibido adentrarse al bosque, se colocan numerosas señales de advertencia en varios idiomas para ayudar a las personas que piensan en suicidarse a que busquen ayuda de familiares antes de dejarlo todo.

La historia que les contare, está relacionada a este hermoso lugar, que contradictoriamente la gente en vez de disfrutar de la tranquilidad del sitio y su amplia belleza, la ha escogido como el último destino al cual llegar y suprimir su largo sufrimiento.

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¿Puede un lugar influenciar en lo más profundo de su ser a las personas? Lo primero que capturo por completo mi atención, fue el llamativo y tétrico letrero que encontramos a la entrada del lugar, no había uno solo, las autoridades habían colocado varios, en diversos puntos, no solo estaban escritos en japonés, si no en muchos idiomas ya que el sitio aun con la fama que le rodea, es muy visitado y frecuentado por turistas. Yo leía:

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"Pensemos una vez más en la vida que te fue dada, tus padres, tus hermanos y hermanas, y los niños. No sufras solo, antes, contacta a alguien", decía un aviso en una de las entradas del bosque, que incluye un número telefónico para pedir ayuda.

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Los truenos y relámpagos estremecían alumbrando la noche, el aire soplaba fuerte y entumía más nuestros rostros y manos, estábamos cerca de una cabaña deshabitada, en lo alto de la Montaña o Monte Fuji, exactamente en el bosque de los suicidios, sin saber fuimos a buscar el horror oculto. No íbamos solos, porque ser temerarios no era parte de nuestro trabajo, tampoco formaba parte de algún amor a lo grotesco y lo terrible que ha cambiado el panorama del lugar los últimos años. Venían con nosotros cuatro investigadores, hombres sensatos y con mucho conocimiento a quienes había mandado llamar la Universidad de Nagoya cuando llegó el momento, hombres que desde hacía mucho tiempo investigaban los alrededores del lugar ante los sucesos y eran muy capaces por sus aptitudes y conocimientos singulares.

Salimos de Nagoya discretamente, a fin de evitar a los curiosos e insistentes periodistas que aún quedaban, después del tremendo miedo escandaloso del mes anterior: la muerte solapada de muchas personas, las cuales llamaron suicidios en los medios de comunicación. Todos pensamos que esos comunicadores podrían ser de ayuda, pero en ese momento no los queríamos alrededor, eran muy ruidosos y hacían todo tipo de preguntas, consiguiendo molestar a senpai. Pensando en los sucesos ahora concluyo que debimos dejarles compartir esa búsqueda con nosotros para no haber tenido que soportar solos el suceso tanto tiempo, por temor a que el mundo nos tomara como paranoicos, o enloquecidos ante las pavorosas implicaciones del caso. Ahora que hemos decidido contarlo, no sea que al guardarlo en silencio nos convierta en maníacos, quisiera que esto no se hubiera ocultado jamás. Porque, nosotros, sólo nosotros, sabemos qué clase de horror se ocultaba en esa montaña espectral y solitaria.

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Senpai y yo recibimos la invitación para unirnos a esta encomienda, en un principio dudamos pues prácticamente deberíamos permanecer en el lugar por meses. Sin embargo Fukushima sensei nos explicó que era nuestra gran oportunidad para participar en el mayor descubrimiento del siglo:

Encontrar, que estaba sucediendo con las plantas de ese bosque, al parecer del lado de la ciencia se creía que algunas micro esporas estaban influenciando en el comportamiento de los habitantes y visitantes de ese sitio, pero por el lado de los que habitaban el lugar y habían presenciado los acontecimientos, juraban que había una fuerza poderosa, misteriosa y ávida de muerte la que estaba detrás de todo.

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La Universidad de Nagoya cubriría por completo nuestros gastos, además de retribuirnos con un jugoso sueldo. También nos llevaríamos el crédito si constatábamos y obteníamos nueva información y pruebas. No voy a mentir que la idea me pareció genial, para mi seria como un paseo al lado de mi gran amor, vivir aventuras juntos, algo que aumentaría la historia de nuestro amor y que yo felizmente guardaría en mi memoria. Aunque para senpai mas lo motivaba su pasión por la investigación y el reto de descubrir algo nuevo, aun así lo vi entusiasmado ante la propuesta y al final ambos aceptamos.

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Recorrimos en una pequeña van tipo jeep, kilómetros de montes y bosques principales, hasta que nos detuvo un camino imposible de atravesar en vehículo. El tramo tenía un aspecto más tétrico de lo normal, de noche y sin la acostumbrada cantidad de investigadores, así que a menudo nos sentíamos tentados de utilizar las lámparas de leds, aun enterados que podían llamar la atención. No resultaba un paisaje deleitable en la oscuridad, creo que habríamos notado su morbosidad aun ignorando el terror que allí acechaba. No nos habíamos topado con animales salvajes, ni rastreros, lo que nos advertía del peligro, ya que son prudentes cuando la muerte anda cerca.

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Los viejos arboles marcados por los años, parecían descomunalmente grandes y retorcidos, si fijabas tu vistas en ellos comenzabas a ver figuras tétricas en sus sombras, también era demasiado espeso el resto de la vegetación, mientras que unos extraños montículos y pequeñas protuberancias en tierra cubierta de maleza y rocas nos hacían pensar en serpientes y animales rastreros. El horror había estado oculto en el bosque de los suicidios durante más de un siglo. De esto nos enteramos enseguida por las noticias, sobre la catástrofe que había hecho que el mundo se fijara en esta región.

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Se trata de una remota y solitaria elevación donde la civilización japonesa penetró débil y transitoriamente en otro tiempo, dejando al retroceder unas cuantas casas ruinosas y una casi desaparecida población degenerada de habitantes que crearon pequeños pueblos rurales.

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Raramente era visitada esta zona por la gente normal, hasta que se formó la policía estatal, y aún ahora la policía montada se limita a pasar de tarde en tarde. El horror, sin embargo, goza de antigua tradición en todos los pueblos vecinos, y es el principal tema de conversación en las tardes de los habitantes que dejan sus casas para ir a cambiar sus cestos y tapetes artesanales por artículos de primera necesidad, ya que no pueden cazar, criar ganado ni cultivar la tierra.

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Después de pasar la noche en aquella vieja cabaña, decidimos delegar trabajo de dos en dos, por supuesto que para todo yo elegiría estar con senpai.

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- Deberíamos ir a ese pequeño mercado nocturno por algunas provisiones..., etto Yamagushi ¿te encargas de las cosas, mientras voy con senpai?

- ¡Eh! ¿Porque debo ir contigo? Yo quería observar otro poco las plantas.

- Vamos senpai, en el camino las puedes ver, además no creo que quieras ayudarles a preparar la cena.

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Mientras caminábamos escuchaba las quejas de senpai, observamos que el horror oculto moraba en un lugar muy nombrado y conocido, la desierta y apartada finca Hayashi, que paradójicamente significa "bosque", la cual coronaba la elevada pero gradual cúspide cuya propensión a las frecuentes tempestades le valió el nombre de Monte de las tormentas. Pues durante un centenar de años, la antigua casa de piedra, rodeada de árboles, había sido tema de historias increíblemente descabelladas y monstruosamente horrendas, historias sobre muertes escondidas, solapadas, el lugar era colosal que destacaba al exterior en verano. Alcanzamos a escuchar como con mucha insistencia, los habitantes contaban historias sobre un ser horrendo que cogía a los caminantes solitarios después del anochecer y se los llevaba o los abandonaba en un espantoso estado semidevorado, de desmembramiento, mientras que otras veces hablaban de rastros de sangre que conducían a la lejana finca. El barullo de la gente era estresante y mi lindo rubio ya había aguantado bastante.

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- No me gusta escuchar todas esas narraciones, apresurémonos en regresar.

- No te preocupes senpai, yo siempre me asegurare que nada te lastime, por eso mantengámonos juntos ne.

- Idiota, no es que tenga miedo..., es solo que me distraen y sabes que soy bastante capaz de defenderme y ¿qué es eso de los yuurei? ¿Porque dicen que está lleno de ellos aquí? -

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Una amable viejecita alcanzo a escuchar las preguntas de senpai y cortésmente nos explicó que a diferencia de los fantasmas en occidente, los yuurei tienen una presencia física en este mundo. No son seres invisibles, sino que tienen un cuerpo y pueden interactuar físicamente con sus alrededores. También, a diferencia de los fantasmas, los yuurei pueden ser más peligrosos, pues buscan venganza contra aquellos que le hicieron mal en vida y sólo desaparecen cuando han saciado su sed de venganza. Hay algunos sin embargo, que guardaban tanto odio en vida que atacarán a cualquier persona que se interponga.

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Otras características particulares de los yuurei son el pelo y la presencia de agua. Apariciones de pelo en la almohada o en el drenaje de la regadera se relacionan con la presencia de un yuurei. Asimismo, en muchas ocasiones se les representa con el pelo mojado, o se les asocia con cuerpos de agua como lagos.

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Cuando la amable abuela termino de explicarnos, todavía seguíamos alcanzando a escuchar lo que hablaban, algunos decían que los truenos mostraban al terror oculto de una presencia, y otros que el trueno era su voz presente, aun fuera de esta apartada región, nadie creía en estas historias contradictorias y dispares, con sus incoherencias extravagantes y exageradas descripciones de un ser horrendo vislumbrado, pues las visitas de los turistas nada habían menguado, sin embargo ningún habitante dudaba que la finca Hayashi daba cobijo a una macabra existencia. La historia local impedía semejante duda, sin embargo, cuando corría entre las personas algún rumor especialmente dramático, los que iban a inspeccionar el edificio no encontraban nunca nada. Las abuelas contaban extraños cuentos sobre el espectro de Hayashi, relatos concernientes a la propia familia Hayashi, a la extraña similitud heredada de sus miembros, a sus monstruosos y antiguos relatos del asesinato que había ocasionado su maldición.

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Lo que nos había llevado al lugar no era la súbita y portentosa confirmación de las leyendas más delirantes de los montañeses. Era nuestra vocación de científicos y después de unos días, una noche de verano, tras una tormenta de una violencia sin precedentes, la población se despertó con una desbandada de habitantes que ninguna ilusión podría haber originado. La horda de personas chillaba y contaba gimoteando que un horror indescriptible se había abatido sobre ellos, cosa que nadie puso en duda, lo que habían visto una espesa niebla y detrás de esta habían oído tales alaridos en una de las viviendas, que inmediatamente supieron que la muerte reptante los visitaba.

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Por la mañana, los ciudadanos y la policía estatal siguieron a los aterrados montañeses al lugar que, según decían, había visitado la muerte. Nosotros también llegamos y en efecto, la muerte estaba allí. El terreno en el que se asentaba uno de los pequeños poblados se había hundido a consecuencia de un rayo, destruyendo varias de las pequeñas casas, pero a este daño comprensible se evidenciaba una devastación orgánica que lo volvía insignificante. De unas treinta personas que poblaban el lugar, no encontraron ni a uno solo con vida. La tierra revuelta estaba cubierta de polvo amarillo, pero lo que nos dejó helados fueron los restos humanos que revelaban los estragos de unas garras y unos dientes infernales, sin embargo, no se veía ningún rastro que se alejara del lugar de la barbarie ocurrida.

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Por todos los medios posibles trate de evitarle a mi amado esa visión terrible, pero el siempre tan terco se apresuró, no escuchándome cuando le dije que no estaba permitido el paso, me sentí terrible al ver su rostro despavorido, discretamente lo tome de la mano y lo aleje del sitio. Ya en un lugar distante, asegurándome que nadie nos mirara, lo abrace entre mis brazos para tranquilizarlo y él respirando profundo reposo su cabeza en mi clavícula, deseaba besarlo pero alcanzamos a escuchar que se acercaban algunos de los habitantes conversando nuevamente en voz alta, por lo que pude deducir muchos se estaban cauterizando en sus emociones ante tantas cosas vistas y escuchadas. Sin embargo yo no deseaba eso para senpai y para mí a toda costa lo protegeré.

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¿Qué les pareció? Nunca he sido muy afecta al Horror y Terror, pero últimamente me ha llamado la atención este género, además de que lo veo como un reto, en si me gusta trabajar en cosas que sometan a prueba mis habilidades y creatividad, por ello notaran que no escribo mucho de romance o amor tierno, pues creo que es de lo que más podemos encontrar y a mí en lo particular me gusta leerlo mucho de otras creadoras de fics. Espero este fic sea de su agrado. Saludos