Capítulo 5.

El Amor, mi motivo.

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Cada vez dolía menos, todavía no podía entender ¿Cómo había soportado toda aquella agonía extrema? Agradecía infinitamente ya no encontrarme tan incómodo y aburrido. Los analgésicos aliviaban mi martirio.

Los pasados días había permanecido internado en un hospital. Los médicos trabajaron duro para lograr que los tendones de mis pies no quedaran permanentemente dañados. Mis pronósticos eran buenos y gratamente no permanecerían secuelas.

En un principio, pensé que tal vez no podrían salvar mis extremidades inferiores, llego un momento en que ya no los sentía y sabía que eso no era nada bueno. Después de aquel horrible enfrentamiento; prácticamente habían quedado destrozados.

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Recostado en la cama de nuestro departamento, si, nuestro hogar. Lo menos que podía hacer es valorar más la vida y agradecerla. Senpai y yo milagrosamente logramos salir vivos de aquella montaña, el Aokigahara, finalmente había quedado atrás, no solo en la distancia, si no también en nuestros miedos.

Los días anteriores, no había hecho más que recordar aquellos terribles sucesos. Y admito que hubo noches que ni siquiera dormí. Y aun en mi mente tenía vividas imágenes de lo ocurrido:

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Antes de lograr salir del túnel, al levantar la vista, sin siquiera imaginarlo, vi brillar a lo lejos dos reflejos rojos candentes. Me detuve al instante, sin tener voluntad para retroceder, mi mente enseguida los relaciono con ojos, ojos de algún animal nocturno que normalmente lucen así en la oscuridad, y esos ojos, sin duda se acercaban a . De repente, sonó lejanamente un estruendo que reconocí. Eran los truenos de la tormenta que estallaba con violencia, que la abundante vegetación y lo elevado del lugar ocasionaba que casi siempre lloviera pero, no lograba acostumbrarme a esa humedad.

Mientras estallaban los truenos afuera, aquellos ojos me miraban fijamente con furia reflejada.

Su misma mirada, me guio al sitio donde estaba a quien yo deseaba encontrar con total desesperación. Souichi miraba al vacío, su mirada perdida me perturbo. Sus ropas no eran las que vestía cotidianamente, llevaba prendas como las que vi en el diario y sus cabellos estaban sueltos. Cuando volví mi vista a aquellos ojos, por fin pude ver de quien se trataba. Sin embargo la imagen me parecía desvirtuada, lograba reconocer algunas facciones pero, definitivamente, también parecía un ser monstruoso.

Mi cabeza era un caos enorme, todo sucedía rápidamente. Lo llame varias veces, él continuaba perdido y no respondía mis llamados; sorprendido vi que había regresado al mismo lugar. Otra vez estaba en donde se encontraba el mausoleo de Hayashi Gillou, y este se encontraba abierto, alguien había removido la roca plana y lisa que cubría la lápida.

Después de los intempestivos truenos y los reflejos deslumbrantes que me cegaron momentáneamente, volví a ver y esa abominable mujer Kobadashi Ángela, la supuesta periodista; quien ahora entiendo personificaba a Ángela Delmont. Estaba guiando a Souichi a beber de una copa, que a simple vista parecía vino.

Sentí terror, de inmediato deduje que se trataba de vino envenenado. Ella lo rodeaba con los brazos alrededor de su cintura y Souichi en ese momento volvió su rostro hacia mi dirección. Yo tenía lágrimas corriendo por mis mejillas y estaba inmovilizado, hacia un enorme esfuerzo por moverme y hablarle. Sin embargo algo no me lo permitía, me sentía tan impotente, tan inútil y cuando nuestras miradas se cruzaron, pude ver una reacción en su mirada y vi que en su mano sujetaba un frasco, si, era uno de los frascos que el viejo experto de la aldea próxima a la mansión Hayashi le había obsequiado e informado algo sobre estas.

Mientras el yuurei se mantenía abrazándolo con delicadeza, Souichi destapo el frasco y lo vertió en la copa de esa mujer; creo que de alguna manera sabía que se proponía hacer Ángela y cuando ella se apartó de él, está recordando mi presencia, camino hacia a . Sentí miedo, un enorme miedo. Sabía que no se trataba de una mujer como todas, además de ser un yuurei, esta había esperado por más de cien años volver a reunirse con su amado, pero ¿No entendía que Hayashi Gillou estaba dentro de la lápida? ¿Que senpai era otra persona?

Yo continuaba sin poder moverme, mi cuerpo y mente presentían lo peor. La adrenalina causaba que mi corazón latiera sin poder calmarlo y me aterraba que después de deshacerse de , continuara con su objetivo de llevarse a Souichi.

Con sus manos y unas enormes garras, con fiereza tomo mi mandíbula y me obligo a verle de frente. Pude sentir que una garra rasgo mi carne. Y entonces pensé que si sus manos se deslizaban hacia mi cuello, muy fácilmente lo degollaría o lo rompería, unas enormes venas sobresalían de sus brazos; muestra de su tremenda fuerza. Sin embargo, después de unos segundos, me hablo, su voz lejos de su apariencia amenazante, en esos momentos sonaba apacible:

- Solo a ti te he permitido vivir ¿Sabes por qué? Porque pude ver que vives para él y solo deseas protegerlo. No entiendo cómo puedes amarlo de la misma manera que yo, si eres un hombre. Pero eso no importa ya, él por fin estará conmigo, como siempre debió ser -

Para mi sorpresa, Ángela solo me empujo fuera de su camino y regreso a donde se encontraba senpai. Tomo ambas copas y ofreció una a mi amor, quien me miro por un instante tirado en el piso. Bajo el descuido de ella, comencé a sentir que podía moverme un poco, pero aun sentía demasiado pesado mi cuerpo. Souichi parecía obedecerle en lo que ella le susurraba al oído, sin embargo, yo estaba seguro que algo de conciencia se mantenía en él. Podía leerlo en el brillo de sus ojos, cuando repentinamente nuestras miradas se encontraban.

Intente con todo mi esfuerzo posible ponerme de pie antes de que Ángela consiguiera que senpai bebiera de aquella copa. Fue demasiado tarde cuando lo logre y un quejido agudo apenas salió de mi garganta mientras veía como ambos bebían aquello que parecía vino. Vi en fracciones de segundos como Souichi comenzaba a perder la conciencia y cuando la falsa periodista noto que yo me movía y me dirigía a ellos, esta intento deshacerse de , pero senpai la tomo del brazo ante lo que pareció ser un desmayo en él; fue eso... O tal vez deseaba protegerme.

Ella lo tomo invirtiendo los papeles, lo cargo como si de su princesa se tratara y comenzó a descender al mausoleo. Como pude me arrastre hasta ese sitio y los seguí. Dentro de aquel oscuro lugar reducido forcejeamos por Souichi, frente de la pared de la lápida vi un pequeño túnel, entrada o salida, no lo , y por este empuje con todas mis fuerzas a senpai; su cuerpo inmóvil pesaba. Creo que debajo de la mansión todo era un laberinto y eso te hacía sentir aún más perdido.

Si alguien estaba cerca del sitio, sin duda habría escuchado mis fuertes gritos de dolor. Mientras yo impulsaba a senpai, abajo de mi cuerpo, ese terrible ser había logrado aferrarse de y desgarrar mis pies, estos dolían demasiado, no si lo hizo con sus dientes o con sus garras; sin embargo yo sentía que filosas lanzas atravesaban mis carnes, se mantuvo jalándome y yo me aferraba a algunas raíces que salían de la tierra húmeda dentro de la tumba.

Mi tortura se detuvo después de unos segundos, pareció que se había detenido, estaba oscuro adentro y no lograba ver con claridad, pero al fondo de la cripta si se reflejaba un poco lo blanco del vestido que ella llevaba puesto y parecía que yacía sin moverse. El veneno había hecho efecto.

Como pude, pase por encima del cuerpo de Souichi inconsciente y lo fui jalando por ese pequeño túnel donde lo había logrado meter cuando luchábamos por mantenerlo. Salir de allí por arriba de la misma cripta era imposible, las paredes de la tumba se desmoronaban fácilmente y de haber insistido en escalar por allí los más de tres metros, solo hubiese conseguido que aquello se derrumbara encima nuestro. El pensar que quedáramos sepultados los cuatro allí, aun me dan escalofríos. En ese sitio, solo debían reposar los restos de Hayashi Gillou y Ángela Delmont.

Mi desesperación aumentaba, cuando me acerque al rostro de Souichi, pude sentir aun su respiración. Sin embargo, temía por su vida, estoy seguro que lo que había bebido era veneno, uno tal vez potente, pero lo que había vertido a la copa del yuurei, definitivamente era mucho más efectivo.

Calculo que había avanzado arrastrándonos unos quince metros, cuando vi el reflejo de un trueno.

Vi que efectivamente llegamos a un enorme boquete, no temí en tratar de escalar por allí; el lugar no era tan estrecho como para quedar sepultados si la tierra se deslizaba. En las condiciones que me encontraba, no lograría subir con el peso de senpai sobre mi espalda; debía escalar primero yo.

Seguí arañando y avanzando desesperadamente en el caos de tierra que caía y se deslizaba, hasta que la lluvia que me mojaba la cabeza me serenó, y vi que había llegado a la superficie de un lugar familiar: una zona en pendiente y sin árboles, en la ladera de la montaña. Los constantes relámpagos iluminaban y sacudían todo el terreno revuelto. A escasos metros vi la finca Hayashi, parecía que nunca nos alejábamos de allí.

Rápidamente ate las sogas que llevaba en la mochila que siempre mantuve en mi espalda a dos enormes arboles; después de amarrar una soga a mi cintura, descendí por senpai. Asegure su cuerpo que sentí demasiado frio a las demás cuerdas y una vez que subí mas rápido apoyándome en estas, con fuerzas y haciendo palanca con mis pies heridos logre traerlo conmigo a la superficie.

Como pude, llegamos hasta la casona y recosté a senpai en un lugar seco, ahora con calma pienso que todo aquello sucedió rápidamente, si acaso diez minutos, diez minutos que en mi desesperación de mantenerlo vivo se volvieron infinitos. Busque algunas telas con que cubrirlo, más que todo necesitaba quitarle esas ropas mojadas y calentar su cuerpo que ya lucia muy pálido.

Comencé a llorar, no sabía que más hacer, que los venenos químicos actúan rápido, rogaba que el que bebió fuera a base de hierbas, tal vez aún tenía tiempo si llamaba por ayuda. La desolación y la desesperanza comenzaban a apoderarse de .

Concentrado haciendo esto rápidamente, de algún lugar de esas ropas cayo otro pequeño frasco que tenía la escritura de Souichi, trabajosamente por la tinta corrida; leí que decía antídoto. Con bastante temor, supuse que debía dárselo a beber si aquello que Ángela le había dado era veneno. Rogando al cielo por no equivocarme, lo senté un poco y abrí su boca para que lo tragara; tosió como reacción, pero lo bebió.

Lo natural era salir de allí, sin embargo, algo dentro de me decía que esto aún no había acabado. Pedí ayuda a la policía montada con mi celular, las llamadas no lograban entrar, pero los mensajes logre enviarlos. Me sentía entre las cuerdas, no quería separarme de senpai, pero, también sabía que el auxilio tardaría en llegar. Tenía que asegurarme que aquel yuurei no causara más desgracias y hasta fuese capaz de seguirnos a Nagoya; creo que a estas alturas ya estaba paranoico y creía posible cualquier cosa.

Lo único que me empujo después de un tiempo a atreverme a dejar a mi vida, a sempai solo ahí, fue que su cuerpo comenzó a recuperar color y calor; su respiración ya no estaba tan agitada. Aun así, haría todo por regresar rápido a su lado.

Recordé que la noche que nos quedamos en la mansión Hayashi, si, esa cuando Yamagushi y los demás desaparecieron, vi entre las cosas que movimos un tambo entero de petróleo, si, pienso que se trataba de petróleo que usaban como combustible en aquellas viejas estufas en las que cocinaban. A estas alturas la sensibilidad en mis pies empezaba a desaparecer, pero como fuera posible lo haría. Llene un galón de petróleo y me asegure de tener los encendedores que senpai siempre llevaba para encender sus cigarrillos.

Llegue justo a la lápida y pude ver alumbrando con mi lámpara, que Ángela aún estaba ahí, sin embargo, no si fue mi cerebro o realmente su cuerpo se había movido un poco. Por unos segundos dude en continuar, mi mente escéptica me decía que mataría a una persona y no aun yuurei, un ser que dejo de vivir desde hacía mucho tiempo. Trague saliva y retome mi aplomo... Si se trataba de una cosa o de otra, no me acobardaría, vertí todo el contenido del garrafón que llevaba y arroje una antorcha que rápidamente improvise, como pude me arroje al piso lo más lejos que pude, pues unas enormes llamaradas salieron a prisa. Después...

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Me desperté con la intuición de que debía hacer algo, mi mente estaba confundida, salí a la oscuridad con la certeza de que era lo debido.

La humedad de mi cuerpo, me hizo temblar y me percate de la desnudez de mis pies frágiles y muy heridos. Cada paso fue una agonía y temeroso deambule con el miedo palpitante en el pecho, un miedo que no me paralizó por única vez; que sin embargo me empujaba hacia las sombras.

Me interné en la noche, en esa oscuridad tantas veces temida. Un rayo ilumino el cielo y los truenos dieron aviso de que la tormenta nuevamente regresaba. Con mucho esfuerzo y temor seguí mi camino. El agua ciñó mi ropa a mi cuerpo mientras lo golpeaba.

Mi recorrido continuó, la mente un poco más lucida me ayudo a ver como disminuir la carga sobre mis pies. Irrumpí entre las ramas y las piedras lastimaron mis pies, pero, una de aquellas ramas me serviría de soporte. Mis brazos y mi rostro también sufrieron castigo, pero el dolor fue desapareciendo por el frío de la lluvia. Caminé no sé por cuanto tiempo por esa tormenta endemoniada, pudo haber sido minutos, o como yo lo sentí; una eternidad. Ningún sonido se escuchaba, ni vislumbre algún signo de vida. Supuse que esa desolación era lógica. ¿Quién en su sano juicio deambularía ahí? Pero de alguna forma confiaba que vendrían por nosotros.

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Lo volví a ver, ahí lo encontré; después de tanto dolor, de tanta incertidumbre. Protegido de la tormenta; de lo único que no podía lastimarlo. Lo mire con ojos cansados, ambos estábamos hechos un caos, yo había perdido algo de sangre, me sentía casi moribundo, veía fosfenos reflejo de mi condición.

Entendí en mi interior la fuerza que me había motivado, la que me empujo hasta este rincón, a asumir este camino tan temido por mí. Y lo abracé, lo bese con un toque ligero DE VERDAD LO AMO y me dormí en paz a su lado, bajo el techo de aquella temible mansión que, ahora servía de protección para la lluvia; ya no me importaba si viviría mañana; si despertaría nuevamente. Souichi estaba vivo y eso me hacía feliz.

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Si el cielo tiene compasión, algún día borrará de nuestra conciencia las cosas que vivimos y nos dejará permanecer juntos sin tener que experimentar algo tan angustiante.

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- ¡Oí, oí! ¡Morinaga! -

- ¡Waaah!...¡Me asustaste, senpai! No te escuche llegar -

- Si, estas más distraído que de costumbre. Traje un poco de pollo y nikuman ¿Prefieres comer primero, o bañarte? -

- Etto, quisiera bañarme primero. Sin embargo, siento que soy muy pesado y te agotaras demasiado al ayudarme -

- No te preocupes por eso...tengo una sorpresa, es algo que te enviaron los habitantes de la montaña en agradecimiento por liberarlos del yuurei. Una silla de ruedas, con esta tu recuperación será más rápida; a mí tampoco me gustaría que apoyaras parte de tu peso sobre tus pies -

- Descuida, seré cuidadoso además, ya no duelen tanto creo que están sanando bien... Por cierto senpai, aun no me has dicho como es que sabias que un frasco de los que te dio aquel hombre era un veneno potente y el otro un antídoto -

- ¿No te lo dije? Creo que si lo hice..., Ese hombre me dijo que esos frascos me salvarían la vida, yo pensé en tirarlos pues creí que estaba loco, ¿Cómo podría saber lo que pasaría? Sin embargo los conserve y los analice por las noches, supuse que eran singulares pues sus compuestos en su mayoría eran de las plantas de aquella zona, pero, una sustancia me fue imposible identificarla. Lástima que se usara hasta la última gota, quería investigar más..., tal vez cuando estés bien por completo, regresemos por más muestras -

- ¡Queee! ¿Estás loco? Jamás regresaría a ese lugar..., A menos que tengas una muy buena forma de persuadirme -

- ¿A qué te refieres exactamente? -

- Bueno, a que, lo que yo más deseaba era protegerte y estas heridas de mis pies no son nada. Al final estas vivo y yo también..., pero, ¿No crees que merezco siquiera una recompensa? Ni siquiera me diste un beso de bienvenida después de regresar del hospital -

- ¿Que estás diciendo? No pretendes hacer nada ¿verdad? De todos modos, con los pies lastimados..., eso sería imposible -

- Vamos senpai, sabes que si podemos hacerlo..., solo es cuestión que sigas mis instrucciones y no me lastimare -

- ¡Que yo..., que yo que! ¡Olvidalo debes descansar! -

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Bueno, innecesario es explicar que logre persuadir a senpai. Fue maravilloso volverlo a tenerlo encima de mí en el sillón, como aquella vez que casi nos alejamos por completo. Ver su rostro tan sonrojado frente de mí, ver su cuerpo empapado de sudor al ser el quien llevaba las riendas en el sexo, ver como apoyaba un brazo en mi hombro y otro en mi pierna para impulsarse y darnos placer a ambos; fue espectacular.

Creo que me gustara estar en recuperación las siguientes semanas y Souichi solicito unos días en la universidad, dijo que me atendería al menos hasta que mis pies fueran capaces de soportar parte de mi peso, pues me trajo unas muletas que evitarían que los sobre esforzara. De todos modos, no pensaba hacer nada de quehaceres o trabajos.

Si senpai deseaba consentirme y cuidarme, era algo que sin duda aprovecharía. Conociéndolo, sé que esta oportunidad seria difícil que se presentara otra vez. Algo bueno debía recibir después de tanto susto.

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En la universidad, cumplieron lo prometido y aunque no finalizamos la investigación en el Aokigahara, podíamos continuarla. Senpai, tan genial e inteligente como siempre; había logrado guardar bastantes muestras de las plantas del mar de árboles.

Fukushima sensei, estaba más que satisfecho por los reportes y nos dijo que encabezaríamos la lista en las siguientes expediciones de investigación que se realizaran. Algo que por cierto, no me agrado.

Además de la silla de ruedas que los habitantes del monte de las tormentas enviaron, también, redactaron varias cartas que agradecían lo que habíamos hecho. La policía montada y los asistentes de Kobadashi Ángela, se encargaron de contar lo que habían visto cuando fueron por nosotros a la vieja casona en ruinas.

El mausoleo donde prendí fuego, había quedado en el fondo como sellado, como si aquella tierra fuera barro o las piedras se hubieran fundido. Pienso, que finalmente Hayashi Gillou y Ángela Delmon; descansarían juntos por la eternidad.

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FIN.

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Creo que me olvide de informarles en el pasado capitulo, que se avecinaba el final de esta historia.

Aunque pienso que se deducía fácilmente.

Espero haya sido de su agrado. que a muchos no les gustan los cuentos de terror, sin embargo, son un buen ejercicio mental.

En lo personal disfrute escribir este. Y seria ingrato y una enorme falta de mi parte, no dar créditos en quienes sirvieron de guia para :

Aunque no fue una adaptación como tal, si me inspiro mucho la manera de narrar del genial Escritor Estadounidense Howard Phillips Lovecraft, mejor conocido como H. P. Lovecraft, autor de novelas y relatos de terror y ciencia ficción. También, algunos relatos de terror del Aokigahara, incluso hay una película que habla de los suicidios en ese lugar y en el que se menciona a los yuurei.

Finalmente, agradezco sus lecturas y a quienes se animaron a dejar un comentario.

A menos que desaparezcan mis ganas de escribir, nos leemos en más fics. Abrazos.

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