Akatsuki no Yona le pertenece a Kusanagi. Spoilers de los capítulos 137, 174 y 175 del manga.

¡Muchas gracias por sus reviews en el capítulo anterior! Me alegra mucho que me den la oportunidad de ser leída pese a lo mucho que demoré en retomar esta historia. Hoy le toca a nuestro querido dragón negro y amado Hak. (L) Con gusto les informo que ya el próximo es el último capítulo, a ver si adivinan a quién le toca ser la última persona en darse cuenta de que Yona está enamorada de Hak~.


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»arrebol || capítulo siete: negro

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A Hak se le ocurre por primera vez cuando, un día, Yona lo besa.

Con todas las batallas que se avecinaban, con toda la desgracia que podría caer sobre ellos, con la visión de la espalda de la princesa alejándose… Con todo, es ese gesto tan inocente lo que remece el interior del general con más fuerza que cualquier cosa en la vida entera. La princesa tiene aspecto de no haber pensado mucho aquello, por lo que cree que se ha imaginado ese contacto de sus labios que había anhelado durante toda su vida. Quizás se lo ha esperado tanto que había llegado a delirar, pero las burlas de los espectadores de aquel súbito beso le hacen darse cuenta de que sí había sucedido en realidad.

Piensa y piensa y piensa. Es quizás una forma extraña que han desarrollado las mujeres de despedirse, una que jamás había visto y nadie le había avisado, pero que de seguro no tiene nada que ver con lo romántico. Porque es ridículo siquiera pensarlo, ya que eso sería creer que existe la mínima posibilidad de que Yona lo quiera de vuelta. Se ha dado vencido en ello hace años, cuando su corazón estaba tranquilo con la perspectiva de que Soo-Woon y Yona —las personas que más quiere— caminaran con las manos amarradas y con coronas en sus cabezas, reinando como nadie lo había hecho antes. Esa ilusión se había roto de manera irreparable y su corazón no podía evitar escaparse algunos latidos con ciertas acciones de la princesa, pero se había prometido controlarse porque no deseaba morir por ella y sus acciones.

¡Pero que le diera un descanso!

Pasa sin pena ni gloria el hecho para todos, y ninguno de los dragones se entera, pero él no puede evitar carcomerse la cabeza las noches con ese recuerdo fugaz. Sin embargo, intenta no pensar mucho en el asunto, porque aires de guerra se respiran en esos tiempos, y la princesa termina inconsciente en sus brazos un tiempo después. Es verdad que su felicidad más grande es la felicidad de Yona, una de las tantas razones por la que la protege con tanto ahínco, así que verla herida le lastima el alma y lo pone particularmente furioso. Su prioridad es sacarla a salvo del lugar, así que no piensa demasiado en el contacto de sus cuerpos mientras la carga o lo cálido que se está cuando ella está cerca, pero Yona susurra unas palabras que lo dejan sin aliento.

—Hak… —Sus ojos se vuelven hacia la princesa con rapidez, dispuesto a acatar cualquier orden que pudiera tener—, te amo.

Eso hace que se le pare el corazón un segundo, aunque cuando va a buscar a los ojos de Yona, comprende que está en un estado delirante probablemente. No es nada, no es nada, no es nada —se repite sin éxito. Lo único que lo hace calmarse un poco es la urgencia con que necesita llevar a Yona a un lugar a salvo, pero está seguro que esa frase lo dejará insomne por muchísimas noches. Incluso si su corazón ha encontrado un descanso ahora que Yona ya sabe de sus sentimientos, es diferente escuchar un te amo de sus labios dirigido a él, se siente como si el mundo diera un revuelco y comenzara a ver estrellas. Las llamas se hacen más intensas y le es imposible pensar más en el asunto, así que lo deja pasar. Yona tiene la garganta herida y los pies encadenados, y Hak no puede evitar abrazarla con fuerza contra su pecho y darle las gracias por seguir con vida.

Siempre ha dicho en serio todo. Sigue a Yona no por órdenes de Il, sino por su propia voluntad, por el orgullo que ella le genera. La quiere por tantos aspectos, incluso los que le desesperan, y encuentra que la alegría más grande es saber que ella sigue con vida. Lo quiera o no, no es importante mientras pueda verle aunque sea la espalda, mientras al menos pueda tener la certeza de que la princesa sigue bajo el mismo cielo que él. Si no podía tomar su mano, rompería las cadenas que la ataban, cargaría con ella cuando se cansara, hablaría cuando ella estuviera herida, sonreiría cuando ella fuera feliz. Estar al lado de Yona no ha sido jamás un yugo, sino que resultaba liberador caminar cerca de una persona tan inspiradora como ella.

Pero el humo es denso y llena sus pulmones, por más que se repite que debe ser fuerte comienza a tambalearse. No puede dejar el lado de Yona, no quiere hacerlo. Quiere protegerla, sacarla de ahí. Quiere preguntarle si dice en serio eso de que lo ama, si ese beso había sido un beso de verdad, si alguna vez ha rondado por su cabeza la posibilidad de que hubiese algo más entre ambos. Y también la quiere proteger aunque la respuesta a todo lo anterior hubiera sido que no.

Se jura a sí mismo que sólo necesita un segundo y podrá salir con Yona de ese infierno. Debe vivir, porque si bien el beso de hace un tiempo le atormenta la cabeza día y noche, tanto que lo piensa si tiene la guardia baja y lo obliga a tomarse los cabellos casi con desesperación, quiere saber si volvería a probarlo. Por qué tiene que pensarla tanto. Siempre encuentra la manera de deslizarse en su mente, de hacer que a veces pose sus ojos en los labios de ella y se pregunte si podrá saborearlos de nuevo y…

—Princesa, mantente alejada de…

Lo hace. Las manos de Yona se posan en su cara y no comprende lo que está pasando hasta que sus labios se juntan.

Está sediento de forma literal, pero la figurativa es la que le duele en el pecho hace meses, años incluso. Porque si ella le quiere dar agua con su boca, la recibirá, pero que Yona comprenda que lleva sediento de ella tanto tiempo que no recuerda un momento en que no hubiera deseado estar así, besándola y rodeando su cuerpo con sus manos. Yona, inocentemente, le dice que no queda más agua.

Hak no encuentra forma más fácil de explicarle que no es lo que necesita ahora que seguir besándola. Desde siempre ha sabido que Yona lo ama con todo su corazón, pero no de la misma forma que él y ésa había sido la verdad absoluta hasta la primera vez que Yona lo besó. Había derrumbado todas sus expectativas, le había hecho albergar esperanzas y había sido un poco cruel el haber actuado como si nada. Pero ahí estaba ahora, con Yona dándole de beber agua entre sus labios, aunque sabía a ambrosía y maná, y juraba que una vez que hubiera probado eso, nunca más querría dejarlo.

—Es porque tu boca es tan pequeña… que no es suficiente.

Y la prueba de nuevo y de nuevo, en las sienes latiéndole las palabras que Yona ha dicho cuando estaba inconsciente. Ha construido un escudo para evitar que las esperanzas crecieran, pero parece que la princesa quiere ser clara esta vez con él y es esta la primera vez cuando Hak tiene la certeza de que Yona está enamorada de él.

Y, cuando Yona le repite sus sentimientos con la voz clara y fuerte, Hak está ahí para recibirlos al fin.