Descargo de responsabilidad: No poseo Hunter x Hunter.


Luces relampagueantes, dolorosas, como si estuvieran gritando, opacando sus gemidos lastimeros que salían de su cuerpo sin poder detenerlos. Ya terminó, se decía a sí mismo, como si fuera un mantra de cada día.

Nada podía prepararlo cuando era un niño, ni sus padres, ni sus mayordomos. Nadie lo ayudaría. Él lo sabía muy bien. Estaba completamente solo.

No obstante, con el pasar del tiempo, ya no experimentaba la misma sensación de dolor como antes. Se alivió, pensando que de una condenada vez el infierno al que se encontraba se terminaría.

Pero lo peor estaba por venir.

— ¡No me mates por favor! ¡te daré lo que sea! —suplicaba el hombre moribundo con vehemencia, esperando que un ápice de bondad se apoderara de la persona que estaba enfrente suyo, con los ojos fríamente observándolo, imperturbables.

Nada. No sentía absolutamente nada. Ni siquiera eran necesarios los sentimientos, repetía nuevamente. Sentía que esas palabras de alguna manera lo protegían del cruel horror que estaba experimentando, atormentándolo siempre con pesadillas turbulentas y despiadadas. Se lo merecía. Nada podía compararse con las muertes que él mismo había realizado a mano desnuda todos estos años. Sin embargo... un destello de duda cruzó por sus orbes azulados. ¿Estaba bien asesinarlo por el bien suyo y el orgullo egoísta de la familia Zoldyck? Ante esos pensamientos, su cuerpo reaccionó instintivamente.

La cabeza se desprendió del cuello, como si lo arrancaran de cuajo, tan rápido que no tuvo tiempo de gritar. Carne, sangre, huesos. Todo... y el corazón dejó de latir.

— Muy bien, Killua —decía en un susurro la mujer de pelo azabache, mientras acariciaba su rostro sonriendo dulcemente.


La verdad, me atraía mucho hacer esta clase de fanfics algo oscuros, junto con este enigmático personaje. En fin, acá lo tienen.