Escrito para el concurso de Face:

HAS TUS SUEÑOS REALIDAD

(MAKE ALL YOUR DREAMS COME TRUE)

Disclamer: De verdad tengo que aclarar que si Naruto fuese mío ya estarían por la segunda película yaoi-hard?

Mendigo kishimoto…ojala se te haya puesto como fideo recocido...Ejemm

RESUMEN:

Durante los últimos años, Naruto Uzumaki cuido a su querida abuela Tsunade. Ahora sin ella y sin tener fuerzas para seguir soportando rencillas familiares, se muda a un apacible pueblo de montaña llamado Konoha, de pocos habitantes, dispuesto a empezar a preocuparse por fin por el mismo. Una vida nueva, en una casa nueva es lo que espera el amable rubio de grandes ojos azules…

Susurros, pasos en la noche y una extraña presencia son lo que termina encontrando gracias a un corte de luz…

"Para ser alguien que siempre es comparado con la luz, tienes dentro demasiadas sombras...".

Dime Naru…

¿Le temes al oscuro?

MIEDO AL OSCURO

CAPITULO 1:

"O en donde uno trata de empezar otra vez"

El rubito contemplo con interés la casa que veía apenas bajo del auto.

"Terreno mediano, lleno de árboles frutales, casa sencilla construida en medio, planta baja. Seis ambientes: Tres habitaciones, dos baños, cocina-comedor. Amplios ventanales"

El anuncio rápidamente había llamado su atención y por eso estaba allí junto con su prima Ino Namikaze-Yamanaka, quien amablemente había accedido a acompañarlo para ayudarle a decidir.

Ambos primos comenzaron a caminar escuchando- pero no oyendo realmente- la cháchara del agente inmobiliario a su lado.

"El lugar no está amueblado Namikaze-san, por eso le sugerimos otro inmueble, más adecuado a su status, por supuesto, completamente amueblado, ¿un bonito departamento céntrico quizás? El terreno es grande y aun así no cuenta con piscina…"

Ino apenas escuchaba, notando más bien como su pequeño primo (solo de estatura, porque de edad era mayor que ella por varios años) observaba los arboles del lugar, divisando un pequeño columpio medio derruido.

Solo con verlos un poco podía notarse el parentesco, los dos eran rubios y de ojos azules, con la diferencia de que Ino tenía sus ojos y cabellos de un tono mucho más claro que el su primo.

Ya dentro, mientras el rubito vagaba saliendo y entrando de las habitaciones, un gesto impaciente de la Namikaze hizo callar al hombre, quien aún no entendía como alguien con la posición de la joven podía estar interesada en una casita tan…simple.

Se les había dificultado siempre venderla porque no estaba bien ubicada, aunque contaba con todos los servicios y facilidades, nunca lograban interesar a alguien por mucho tiempo. El lugar era demasiado tranquilo, se sabía que las casas cercanas estaban habitadas mayormente por personas que, o habían vivido allí desde siempre, o no se sentían atraídas por el bullicio de la ciudad; no eran algo turístico para el fin de semana como se acostumbraba por esas zonas, nada de cabañas con piscinas, complejos o demás… si tenía que decir la verdad, por más que el pueblo fuese de esos tipo postales, al pie de una montaña, Konoha era un barrio de viejos. Punto.

-¿y bien Naru?

El sonido de la voz de la rubia-espectacular rubia si era sincero. Lástima que estuviese casada y sea una de las sicopedagogas más reconocidas de los últimos años. Las rubias como ella no deberían de trabajar en algo tan…nerd- dirigiéndose al muchachito que los acompañaba lo saco de sus divagaciones sobre si podría o no venderle la casita.

El rubio volvía de revisar los cuartos al parecer y al girarse hacia ellos el hombre noto por primera vez los enormes y azules ojos que brillaban con diversión.

-Me gusta- contesto sonriendo.

-Entonces es tuya primo- le contesto con otra sonrisa la mujer –volvamos pronto a la inmobiliaria, mejor firmar ya los papeles para poder empezar a traer los muebles cuanto antes señor Hyuuga- sonrisa desapareciendo mientras volteaba a ver al vendedor.

-Por supuesto señora, si gustan seguirme…

Mientras el lujoso auto se perdía en el horizonte, un azabache de cabello largo que había estado observándolo todo por una ventana en la casa de enfrente meneo la cabeza suspirando para sí.

Un mes después, Naruto Uzumaki consiguió por fin mudarse y podía considerarse feliz, un poco.

Había pasado los últimos años cuidando de su abuela enferma. Tsunade Namikaze había estado llena de vitalidad casi toda su vida, pero al enviudar su mente había empezado a deteriorarse cada vez más, junto con el resto de su cuerpo. El no poder ya encargarse de su enorme jardín la sacaba de quicio, haciendo que su carácter se avinagrara y Naruto había aceptado la pesada tarea de cortar el pasto del terreno de mil metros con paciencia (y una podadora, por supuesto).

Comenzaron los ataques de pánico y Naru nunca se opuso a estar al pendiente de la rubia, colmándola de atenciones sin importarle lo que dijeran los demás, el prefería cuidar de su abuela, le reconociera o no del todo, asegurándose que este feliz y atendida antes de dejar que se fuera consumiendo poco a poco pero más "lucida".

Claro que le iban a dejar hacer eso. JA.

Las discusiones con su padre comenzaron apenas se mudó.

Siendo sinceros las discusiones habían empezado desde el mismo momento en que Naruto, cayendo de visita había visto realmente el terrible estado en el que estaba su pobre abuela. Sola, casi sin comer por culpa de una gran depresión, era alimentada por algunos buenos vecinos que se compadecían de ella y le traían "alguito" (como siempre decía).

Y eso que su hijo mayor Minato Namikaze, el padre de Naruto, vivía a solo media cuadra.

-Me vengo a vivir con la abuela papá- le había dicho la noche del segundo día de su visita.

-No te lo permito hijo- contesto su padre, todo digno, haciendo que el rubio menor levantara sardónicamente una ceja.

-Tengo 30 años pa, no te estoy preguntando, te estoy avisando- fue su declaración.

De vuelta en su casa; dejo a su novio (por más que estaban juntos hacia nueve años, su relación estaba decayendo cada vez más y no fue una gran pérdida…le dolió mas el tener que desprenderse de sus mangas), vendió todas las cosas que pudo y se fue con lo que no, sin pensarlo dos veces, sin mirar atrás.

Cuando llego y se instaló en lo de su abuela empezó el drama: Noches enteras sin dormir bien, tratando de no caer en la espiral de odio al que su padre y madrastra trataban de empujarlo. Pelear por ser apoderado legal de la jubilación y pensión de su abuela para poder administrarla realmente con justicia. Meses con migrañas cada vez más fuertes al intentar mantenerse al margen de la "guerra fría" que parecía estar como una nube de humo pesado flotando alrededor… sonrisas amables y preguntas atentas, mientras se trataban de apuñalar por la espalda; y en el medio de eso, su abuela que día por medio se ponía enferma de algo nuevo, si no era gastritis por tantos remedios, era su alergia, o sus huesos, o un ataque al hígado.

Pero Naruto había aguantado todo, por suerte su tía lo apoyaba, simpático el asunto, mientras su padre maquinaba en contra de su propia madre.

Por supuesto que Naru no era ningún santo inocente o ser de luz, cuando había llegado a ese pueblo no solo cargaba las pocas pertenencias que todavía le quedaban, sino también todos sus problemas de autoestima, sus dudas, sus inseguridades.

Su gran odio hacia sí mismo.

Naruto nunca podía entender como alguien quisiera verlo a la cara al hablarle, siendo que era bastante horrible.

No soportaba ver su reflejo.

Para el rubio, su propia existencia era simplemente insulsa. Sobraba.

Básicamente, contaminaba cualquier cosa con su sola presencia.

Si, sus problemas de autoestima eran tan grandes que el solía decir que no tenía "auto" al no saber manejar… y estima mucho menos.

Todo había empezado desde muy chico, ya que a los nueve años desarrollo sobrepeso, llego a tener máximo unos treinta, treinta y cinco kilos por encima de su peso ideal… problemas hormonales se fueron sumando, ya que Naruto era lo que actualmente se conocía como "Doncel" es decir, un hombre capaz de concebir y parir hijos igual que una mujer. Si bien con el correr de los años se fueron haciendo cada vez más comunes, por su edad el rubito había sido de los primeros, teniendo que soportar burlas y miradas de extrañeza, incluso de sus maestros y médicos.

Finalmente el año pasado había logrado tener un diagnóstico preciso para todos sus problemas: Sus órganos "hembricos" internos, tal como se los llamaba, no estaban plenamente desarrollados, por lo cual la mejor solución era operarlo para extirpárselos.

Ya sin ellos, por fin pudo bajar de peso y estar saludable, aunque todavía tenía secuelas, tanto externas, como por ejemplo no aparentar los años que tenía al verse máximo de unos dieciocho años, e internas, teniendo muchas dificultades para aceptar que podía ser atractivo para alguien.

Aun ahora le costaba horrores verse al espejo.

El rubito suspiro al terminar por fin de acomodar todo en la cocina, ya mañana seguiría con el resto de la casa. Sus muebles eran simples ya que su abuela se los había heredado, y después de comer un ramen instantáneo, pues no tenía muchas ganas de cocinar, se dirigió a su dormitorio para acostarse por fin. Mientras controlaba que las ventanas estuviesen bien cerradas –más por los insectos curiosos que por algún ladrón, sabía que ese lugar era muy tranquilo- se sorprendió al ver en el reloj de pared que era su hora favorita, las cuatro de la mañana.

Rápidamente al llegar a su dormitorio corrió las cortinas y abrió la ventana para poder observar el cielo, completamente negro.

Era curioso que si bien la oscuridad lo asustaba, le gustase tanto esa hora en particular, que fuera llamada la más oscura antes del amanecer. Respirando el aire puro, estaba por cerrar la ventana para acostarse cuando por el rabillo del ojo creyó ver algo que se movía, girándose rápidamente con el corazón en la boca noto que, obviamente, él era el único ser viviente en ese lugar…exceptuando una langosta bastante grande que trataba inútilmente de escapar de su cama, donde se había enredado en el cobertor tejido.

-Tremendo susto me pegaste ttebayo- regaño el rubito al bichito, mientras lo desenganchaba- Espérate un poco y te sacare, ¿sí?

Haciendo una especie de cueva con sus manos, tomo al insecto, se acerco a la ventana y lo solto por ella, cerrando luego para que no entrara nuevamente, y acostándose en su cama quedo dormido de inmediato, abrazado a su peluche de pokemon.

Al no haber corrido del todo las cortinas, los rayos de luna entraban en el cuarto iluminando pequeños pedazos del lugar, formando figuras algunas ;graciosas; como una llama con tutu de bailarina, y otras que de estar el rubito despierto, le hubiesen causado un gran susto; un cocodrilo sin cabeza, una mano acercándose a su cara…

Unos ojos rojos…


9-2-2017 (2:25 de la madrugada!)

Yyyy damas y caballeros, respetable público, hasta aquí el primer capi! Espero de corazón que les haya gustado aunque sea un "popito" como diría mi abue xDDD

Nos leemos en el próximo capi! :D