Después de muchos días por fin llegó el 24 de diciembre y en la Mansión Prince había un ambiente navideño impresionante. Desde por la mañana temprano, Edward Prince, el padre de Eilen y abuelo del Pequeño Severus, hechizó las paredes de todas las estancias para que sonaran canciones navideñas previamente elegidas por su nieto, había decidido darle ese capricho por ser la primera navidad que pasarían todos juntos.

También, la abuela Sophie había estado ocupada desde por la mañana temprano ayudando a la elfina de la familia que estaba encargada de la cocina. Después de almorzar y tras una rato de siesta, el pequeño Sev se les unió permitiéndole su abuela y la elfina manejar los utensilios de cocina que no supusieran un peligro para su seguridad y permitiéndole cortar los ingredientes con la mirada atenta de ambas.

Finalmente llegó la hora de cenar y Severus ayudo a poner la mesa a su familia cogiendo los vasos y las servilletas y llevándolas a la mesa donde cenaría la familia. Cuando estuvo todo listo, el pequeño se puso en la puerta del comedor donde cenarían esa noche para contemplar la mesa ya totalmente decorada, ¡les había quedado estupenda!, le dijo a su abuela horas más tarde.

Finalmente, cuando llegó la hora de cenar, se sentaron todos a la mesa y empezaron a comer. Había de todo, desde el clásico pavo muggle hasta comidas puramente mágicas. Como postre pusieron pastel de calabaza y un gran Pudin de Chocolate, y como no, las ya famosas galletas que hacían Sev y su abuela en sus ratos libres. Todo acabó de una forma espectacular.

Cuando terminó la cena, el peque no quería irse a la cama ya que quería esperar la llegada de Santa Claus, pero su madre le convenció diciéndole que Santa no iba nunca a la casa de los niños que se mantenían despiertos toda la noche esperando por ellos. Tras decirle eso, Severus salió corriendo a su habitación, se puso el pijama de renos y se acostó.

A la mañana siguiente, Eilen fue a la habitación de su querido hijo y se lo encontró despierto e su cama leyendo la versión infantil de un libro de pociones, asignatura que amaba gracias a su madre. Sonriendo Eilen le saludó y le instó a bajar para por fin a ver los regalos que le había traído Santa. En ese instante, Sev dejó el libro en una de las estanterías de su habitación y le dio la mano a su madre para bajar las escaleras

Cuando bajaron al salón el pequeño Sev alucinó con los regalos que había debajo del árbol. Había muchos, y algunos muy grandes. Se sentaron alrededor del árbol y le fueron entregando sus regalos que resultaron ser los aparatos necesarios para un pequeño laboratorio de pociones, además de un perrito de peluche de raza Husky Siberiano.

Esa misma tarde el abuelo de Severus montó el mini laboratorio de pociones de su nieto en una habitación en el sótano de la casa al lado de la habitación que tenía Eilen y cuando estuvo listo, llamó a Sev y lo guió hacia su nuevo laboratorio, al verlo Sev pegó un grito de entusiasmo y se abrazó como un koala a su abuelo dándole besos y sin dejar de darle las gracias, todo estaba perfecto, tal y como a él le gustaba.