- ¿Acaso un hombre no puede disfrutar del beneficio de su trabajo honrado, del sudor de su propia frente? El Estado, la caridad, Dios… Cuando vine aquí, elegí algo diferente. Elegí "el sueño de Rapture". Como todos, en realidad.
- Vaya, Samy, no suenas para nada como el vocero de Ryan Industries. – Se echó a reír un segundo hombre. – Parece que lo que quieres no es tanto el sudor de tu frente sino el del culo de Andrew Ryan.
- Ríete cuanto quieras. – Replicó Sam. – Pero reconoce que Ryan al menos tenía ideales. Tenía un propósito noble.
- Bueno, era agradable no tener que estar preocupándose de todos esos malditos commies… No te ofendas, guapa… – Miró a la joven que los miraba, taciturna, con una copa en la mano. – Pero era evidente que la sociedad utópica de Ryan no era más que una fantasía. Tarde o temprano iba a surgir alguien como Fontaine, alguien que supiera agitar a las masas.
- Alguien que encendiera la hoguera. – Dijo un tercero.
- Exacto. Y, aunque Fontaine ha muerto, las llamas se propagan, usando el ADAM como si fuera gasolina.

Y es que, pensándolo con la cabeza fría, aquello era un poco surrealista: Allí estaban, en una ciudad en medio del Atlántico, a cientos de metros de la superficie. Andrew Ryan les había prometido la libertad. Ética, moral y científica, y las mentes más brillantes del momento habían acudido como moscas en la miel.
Pero el progreso desenfrenado, la libertad y el libertinaje tenían un lado oscuro: La gente de poder, como Sam Walsh, que ahora negaba con la cabeza bebiendo otro trago, o Andrew Ryan, eran incapaces de ver que, por debajo, su modo de vida se sostenía en una montaña de gente más desafortunada. Gente que había ido allí a buscar trabajo, atraída por el sueño de Rapture, y se había encontrado con que era, en realidad, una pesadilla.

Y, mientras la élite estaba allí, en Fort Frolic, bebiendo y apostando, viviendo los últimos coletazos de un estilo de vida destinado a desaparecer, en las áreas menos favorecidas de Rapture, los disturbios estaban prácticamente a la orden del día. Y los Splicers, aquellos adictos a los que el ADAM había convertido en mutantes, luchaban pos ganarse el sustento, hundiendo más aún la ciudad del fondo del mar.

- Yo creo que todo eso ha sido culpa de Ryan. – Decía uno de los tertulianos, mientras tanto. - ¿No decía que quería libre mercado? ¿No quería libertad? ¿Por qué entonces poner a los contrabandistas en el punto de mira? ¿Por qué acaparar el poder de esa manera?
- Porque la gente como Fontaine ponía en peligro la vida en Rapture. – Replicó Sam. – La gente sólo veía sus "casas para los pobres" y su orfanato, pero mientras tanto se dedicaba a comerciar ilegalmente con el exterior. ¿Y si en los Estados Unidos, o, peor, la Unión Soviética, hubieran descubierto Rapture? Entonces sí que habría sido el fin.
- En cambio ahora nos va de maravilla. – Replicó Johnny con ironía. – Mira, lo que debería hacer Ryan es dejarse de tonterías, y controlar el negocio del ADAM y los plásmidos, recoger los restos del imperio comercial de Fontaine y ponerse las pilas. Después de lo que pasó en Año Nuevo, ésta ciudad necesita un poco de control.
- Que no te oiga Ryan. – Dijo Lou, con una sonrisita, y luego se volvió a la joven rubia, que se había manteniendo en silencio hasta entonces. - ¿Y qué opina la señorita Diamant? ¿El romanticismo revolucionario de Atlas o el atractivo aire empresarial de Ryan?
- ¿" Atractivo aire empresarial"? – Se echaron a reír, pero la señorita Diamant se libró de tener que responder, cuando un joven, cuya ropa humilde y gafas de protección, destacaban – en el mal sentido – en el aire aristocrático de la fiesta.

- ¡Señorita Diamant! ¡Señorita Diamant! – La tomó del hombro. – Ya está abierto, creí que querría verlo por usted misma…
- Esfúmate, chico. – Lo frenó uno de los hombres. - ¿No ves que estamos hablando?
- Disculpen, caballeros… - Intervino Diamant, delicada y gélidamente cortés. – El señor Salazar prometió despejarme un túnel de mantenimiento que ha encontrado tras Brigitte & Sandals, y le pedí que me avisara de inmediato. Si me disculpan…
- ¿Un "pasadizo secreto" detrás de la tienda de ropa? – Repitió como un loro uno de los hombres, mientras le daba un repaso a su parte trasera al alejarse. – Hoy en día ya no saben qué eufemismo poner.
- Bueno, tampoco puedes culpar al chico. – Otro le dio un codazo, entre risas. – Yo también le buscaría el pasadizo secreto si se deja. He oído cosas sobre la flexibilidad de las patinadoras que…
- Venga, dejad de decir tonterías. – Dijo otro, entre risas. – Y vamos a ver si encontramos a Guertena para felicitarle por su Mundo Fabricado o si Sander Cohen ha decidido convertirlo en una estatua por fin.
Y se marcharon, sin prestarles más atención a la joven Diamant ni a Roy Salazar, el técnico de mantenimiento aparentemente afortunado, que, sin embargo, no tenía ninguna intención de llevarla a ninguna tienda de ropa.


- Creen que vamos a hacer cosas indecentes. – Indicó, según se alejaban de allí, en dirección a la estación.
- Cerdos…
- Oye, que a mí no me importaría cumplir con esas expectativas. – Bromeó, ganándose un pescozón de la patinadora.
- ¡Roy! ¡Eres igual que ellos!
- Venga, Inke, estaba bromeando. – Se disculpó él, echándose a reír. La puerta del vehículo se abrió, permitiéndoles el paso. – De tíos que no saben diferenciar entre la URSS y Finlandia yo no esperaría grandes opiniones… Aunque admite que es mejor pensar que hacemos cosas indecentes, a saber, que hacemos cosas indecentes e ilegales.

La ayudó a subir al vehículo de transporte entre áreas, tomándola de la mano por cortesía a pesar de que la patinadora era más que capaz, no sólo de subirlo sola, sino de hacerlo llevando a Roy a cuestas.
- ¿Y bien? – Preguntó ella, sentándose. - ¿A dónde nos dirigimos?
- Vamos al lugar donde todo comenzó. – Sonrió Roy, sacando su arma y comprobando que estaba cargada.
- ¡El Kashmir! – Comprendió Inke, incrédula.
- Así es. – Replicó Roy. – Desde la bomba que Atlas y los suyos pusieron allí el otro día, el lugar está infestado de splicers y cadáveres. Y ya sabes lo que tienen ambos en común… El ADAM.

El Kashmir era un lujoso restaurante, no muy lejos del centro de bienvenida a Rapture, donde, en la fiesta de Año Nuevo, Atlas y sus revolucionarios habían colocado una bomba, poniendo así en marcha la primera guerra civil de Rapture. La inseguridad se había extendido por las calles, dando alas al negocio de los plásmidos y el ADAM, y muchos de sus usuarios habían comenzado a sentir los efectos secundarios. Mutaciones, deformidades y pérdida del control, pasando a convertirse en monstruos vagamente humanoides, llamados splicers.

Un sueño venenoso que no sólo había afectado a los más pobres y clase media, sino que cada vez hacía más mella en las altas esferas, que aprovechaban para convertirse en versiones más poderosas – y atractivas – de sí mismos.

- ¿ADAM? – Al oírlo nombrar, Inke tragó saliva, y su rostro, siempre tranquilo, se contrajo en una mueca. – No, Roy… ¡Detén este trasto! ¡No debo ir allí!
- Te necesito conmigo, Inke. – Replicó Roy. – Todo estará bien, ¿de acuerdo? Te lo prometo.
- ¿Bien? ¿Cómo puedes decir eso cuando vamos a un lugar lleno de potenciales fuentes de ADAM? – Dijo ella, bajando la voz. – Después de todo el esfuerzo que estoy haciendo para no consumir más, para no seguir la corriente. Allá arriba, entre magnates, actores y deportistas, el ADAM también corre por las esquinas. Y sí, da poder. Da más fuerza y habilidades increíbles, pero es una maldición. Y yo… No quiero convertirme en una splicer, no quiero dejar de ser yo.
- Eso no va a ocurrir. – Replicó él. – No eres como esos mutantes, no estás sola. La doctora… Tenembaum dijo que era algo psicológico, ¿Vale? Dijo que al principio no es más que una simple adicción. Que se puede curar.
- ¿Y cómo voy a hacerlo? – Replicó ella. - ¿Cómo pretendes que me cure si lo que queda de Rapture cada vez apesta más a ADAM?

- Por eso vamos a salir de aquí. Te lo prometo. – El vehículo se detuvo, y, cuando se abrió la puerta, los dos bajaron. – Y éste es el camino más corto. Pero antes… Antes quiero hacer una parada. – La tomó de la mano. – Por aquí, por favor. Y estate alerta. A partir de ahora, estamos en territorio hostil.

Diamant era perfectamente consciente de ello. Había visto a aquellos monstruos, los splicers. Había pensado lo que significaría convertirse en uno de ellos. Perder su humanidad, sus hermosas facciones, y verse convertida en un mutante, un infraser, con el cuerpo y la mente descubiertos por el ADAM. Y ahora mismo, ella estaba al borde del abismo, mirando hacia abajo por el precipicio. Pero no debía dudar. No, si quería salir de allí, si quería volver a ver la luz del sol. Se frotó los guantes dorados que aún llevaba, mientras que Roy empuñaba su arma.

Avanzaron por los pasillos, semiderruidos, con huellas de los recientes disturbios, mientras hablaban en susurros. – Bien, no sé si lo recuerdas, pero cuando te propuse irnos de aquí, te dije que no quería volver allá arriba con las manos vacías. Y creo que he encontrado la indicada. Verás, las he estudiado, y creo que cada una suele recorrer un mismo patrón… ¡Espera! – La detuvo, con un gesto, al oír pasos a la vuelta de la esquina. – Ahí están. Atrás, ¡vamos! – La apremió a esconderse tras un trozo de pared hueco.

Y entonces, ocultos, vieron al responsable de aquellos pasos. Al que provocaba pequeños temblores al caminar. Una de las bestias que vagaban por los recovecos de Rapture, sin pasado, sin presente, y, sobre todo, sin futuro. Un Big Daddy, con aquella escafandra característica de la Serie Bouncer, redonda y repleta de pequeños ojos, que brillaban con color verde en la penumbra.

Y, junto al coloso, una silueta diminuta, de talla infantil, caminando con sus piececitos descalzos entre los escombros, los charcos y los muertos. Sus ojos color ámbar brillaban en la penumbra, y, al verlos, Inke Diamant contuvo el aliento. Una Little Sister.

Aquellas dos criaturas eran una muestra más de la depravación de Rapture, de lo retorcida que podía llegar a ser la mente humana. El ADAM era una sustancia que, de forma natural, era producida por cierta babosa de mar, pero cuando el negocio de los plásmidos comenzó a salirse de madre, los investigadores idearon una forma de multiplicar la producción y reutilizar el ADAM de los cadáveres de splicer.
Y así, de la mano de la Dra. Tenembaum y el Dr. Suchong, había nacido el proyecto Little Sister. Utilizando pequeñas del Orfanato Little Sister de Frank Fontaine, los científicos habían creado un protocolo de reprogramación, tanto genética como mental, implantando las babosas en sus estómagos y convirtiéndolas en máquinas vivientes de cosechar ADAM. Inmunes al daño físico gracias a la regeneración otorgada por el ADAM, y manipuladas mentalmente para ver un lugar de ensueño, recorrían Rapture por los conductos de ventilación, drenando el ADAM de los muertos y reciclándolo en su estómago.

Por eso, las Little Sisters eran uno de los blancos más preciados por los splicers, que las asaltaban y secuestraban, y ante los que las pequeñas poco podían hacer. Ahí es donde entraba el segundo elemento de la relación, el protector, comúnmente llamados Big Daddies.
Originalmente buzos de mantenimiento de Rapture – de ahí su apariencia – los colosos ejercían incansablemente como guardaespaldas de las pequeñas, atados a ellas por un vínculo irrompible. Despojados de toda su humanidad y mutados para fusionarse con sus trajes, los Big Daddies habían visto sus motivaciones reducidas a una: Proteger a las Little Sisters de todo peligro, eliminándolo violentamente con sus gigantescos taladros.

Y ahí es donde empezaban los problemas, porque aquel protector había perdido su taladro. Cuando lo pudieron ver mejor, se dieron cuenta de los desgarrones de su traje. Había visto días mejores.
- Ahí está. – Dijo Roy, mirando a la pequeña, que se acercó en silencio a un cadáver, con la jeringa preparada. – Esa es la que te decía. La "Mute Sister". Verás, cuando observas a una Little Sister, suelen canturrear y hablar con sus protectores, como… - Sintió un escalofrío. – Como niñas normales.

Pero aquella era diferente. Tal vez hubieran hecho algo mal al reprogramarla, o tal vez su mente no había resistido los cambios y hubiera revertido. Tal vez estuviera traumada… Pero nunca, nadie, la había oído emitir un sonido.
Aquello, en el fondo, no era demasiado, ya que los Big Daddy, sus únicos compañeros consistentes y a quienes llamaban "Señor Pompas", no eran lo que se dice muy conversadores, pero cuando había un peligro, cuando los atacaban bandadas de splicers en busca de ADAM, los Big Daddies les permitían trepar a su espalda y salían corriendo, reconociendo cuando eran incapaces de vencer a un enemigo.
Pero aquella no trepaba. Aquella no se asustaba. Aquella se quedaba quieta, ahí parada, mirando fijamente a los splicers, mientras éstos trataban de hacer retroceder al protector.

Y puede que los Big Daddy fueran grandes, fuertes y poderosos, y tuvieran un taladro en vez de mano derecha, pero tarde o temprano, el desgaste y los ataques continuos acababan con ellos, y entonces, sólo entonces, la pequeña se escabullía, sin quedarse a llorar por ellos como cualquier Sister normal.
- Ya debe ser el tercero al que hace eso. – Susurró Roy. – Y por eso, es nuestra mejor oportunidad. Quiero llevármela, Inke. Quiero llevarme el ADAM, y la babosa de su interior, para poder investigarlo todo con calma en la superficie. Y, con suerte, poder curarte. Poder curaros.
Inke tragó saliva. ¿Escapar con una Little Sister? Estaba loco. - ¿Y qué quieres que haga, acabar con el grandullón yo sola y hacerme con ella?
- No… Sola no. Escucha.

Inke agudizó el oído. Tenía razón. Pasos, pasos ajetreados. Pasos ligeros, en comparación con los del Big Daddy, que también los había oído. Gruñidos, gemidos de excitación, y sonidos de ganchos de metal al clavarse en la pared. Splicers.
Y no se detendrían ante nada, hasta obtener el ADAM que portaba la pequeña en su estómago.
Los ojos del Big Daddy, o los de su escafandra, cambiaron a rojo, mientras éste daba un pisotón en el suelo, pero la pequeña no pareció darse cuenta, y siguió tranquilamente extrayendo el ADAM.
Y así fue como aparecieron los monstruos. Seres deformes, mutantes, con un vago aspecto humano y con jirones de ropa sobre sus miembros y tumores. La mayoría iban armados con barras metálicas o tuberías, y se lanzaron en manada hacia el Big Daddy, sabiendo que éste era el mayor peligro y el más inmediato si querían obtener el tesoro.

Por su parte, el Big Daddy decidió discrepar. Un splicer araña, de los que gateaba por el techo, se lanzó sobre él, pero el coloso lo agarró en el aire, lanzándolo contra otro mutante y derribándolos a ambos. Para entonces, sin embargo, ya había otros dos atacándolo con barras y otras armas, y el protector se volvió hacia ellos, apartándolos de golpe con el muñón donde antes habría estado el taladro.
Pero los Splicers eran mutantes, y aunque el abuso de ADAM había convertido a la mayoría en mutantes sin cerebro, no todos ellos estaban indefensos. Había algunos que, antes de perder el control por culpa de los chutes de ADAM, habían tomado los chutes adecuados.

- ¡QUE VOOOY! – Gritó una voz desde el otro lado del pasillo. Y una columna de fuego iluminó el lugar, pasando a través de los mutantes, que le habían abierto camino, y abrasando al protector. Un splicer ígneo, de los que aún tenían control sobre sus poderes. Un adversario que había que tener en cuenta.
El Big Daddy retrocedió, rugiendo dolorido, superado en número, y los splicers vieron la oportunidad y le atacaron en grupo, golpeándole una y otra vez, y disparándole los que tenían armas. El Big Daddy, por muy fuerte que fuera, carecía de su arma principal y de su taladro, y estaba siendo superado en número. Roy creyó incluso ver a uno, que debía tener el plásmido de electricidad, preparar en su mano una carga eléctrica, pero antes de que lo hiciera, el Big Daddy retrocedió y, sin preocuparse por la pequeña, huyó por uno de los pasillos, siendo perseguido unos metros por los mutantes, que se reían y se burlaban de él.
- ¡La ha abandonado! – Dijo Diamond, sin poder creérselo. - ¡La ha abandonado a su suerte!
- Se habrá dado cuenta de que ella tampoco va a hacer nada para protegerlo… - Suspiró Roy, viendo a la pequeña, que ya había acabado, mirar a los splicers con aquellos ojos brillantes.
Los splicers se acercaron, rodeándola entre risitas.
- ¿Qué te pasa, pequeña, has perdido a tu papá? – Dijo uno, burlón.
- Ven con nosotros, cielo… - Lo acompañó una mujer. – Te daremos caramelos y ropas bonitas…
- Sí, ven con nosotros, tú y todo ese ADAM…

Era el momento. Los splicers habían derrotado a la mayor amenaza para Inke y para él, y a su vez, éste les había propinado una buena paliza. Aquella pequeña era la más desprotegida, y por allí… Por allí no había ningún conducto de ventilación disponible. Era su oportunidad.
- ¡Eh! – Gritó Inke, y ambos dos salieron de su escondrijo. - ¡Ese ADAM es mío, mutantes! ¡Soltadla! – Desenfundando la pistola y aprovechando el factor sorpresa, Roy abatió a uno, mientras que Diamant, por su parte, empuñó una palanca del suelo y saltó hacia el grupo.

El que tenían más cerca se lanzó hacia ellos, pero no durante mucho tiempo. - ¡Quieto! Gritó Inke, extendiendo la mano. Puede que al tomar ADAM hubiera cometido el mayor error de su vida y puede que hubiera puesto en peligro su carrera, pero aquella sustancia milagrosa también tenía cosas buenas: Ahora, con sólo desearlo, era capaz de convertir a sus enemigos en sendas esculturas de hielo, lo suficientemente frágiles como para quebrarse bajo la sugestión de la palanca que había recogido.
La manada de mutantes se lanzó hacia ellos, pero Roy e Inke no eran un Big Daddy agotado por batallas anteriores, ni estaban indefensos. Sobre todo, Inke, el verdadero peligro, pues se paseaba alrededor de la niña congelando a diestro y siniestro, protegiéndose de los golpes de los splicers con la palanca y arreándoles sin dudar.

Roy disparó a una de las estatuas de hielo, haciéndola añicos, pero luego tuvo que agacharse para esquivar la bocanada de fuego del splicer llameante. - ¡Inke! – avisó a la rubia. - ¡cuidado!
Con un movimiento circular, la joven usó a otro splicer de escudo, y ambos pudieron oler la carne quemada, mientras Roy disparaba para abatir al piroquinético.

Pero aquella era su última bala, la que derribó al mutante de fuego, y, sin su arma, Roy no era más que un técnico computacional. Un cerebrito entre mutantes sobrehumanos. Un futuro cadáver, como bien se preocupó de recordarle un splicer, que lo agarró, con intención de acabar con él… Para ser abatido, en el último momento, por un disparo. De Diamant.
- ¿Qué? – Preguntó, rodeada de estatuas de hielo. – Me he quedado sin EVA.

Roy suspiró. Claro, el EVA, el ADAM procesado que se utilizaba para cargar las habilidades de los plásmidos. No era tan adictivo como el ADAM puro, ni tan escaso, así que Roy había podido hacerse con un par de jeringas para Ikana. Una pena que no hubiera sido tan previsor con sus propias balas. Pero a pesar de todo, no era eso lo que le preocupaba.
- Un… ¿Un arma? ¿Cómo es que…?
- No soy patinadora. – Dijo ella, tras decidirlo con un suspiro. – Bueno, sí lo soy. Lo era. Mi nombre es Ikana Diamond, de la Interpol. Vine aquí investigando las desapariciones. El patinaje era mi coartada.
- Pero te capturó el sueño de Rapture, ¿Eh? – Sonrió Roy, mirando a su alrededor, al igual que Inke. Los splicers restantes podían atacar en cualquier momento, desde las sombras. - No te culpo, yo acabé aquí de forma similar. Las mentes más brillantes del mundo, reunidas en una sola ciudad…
- Bien, pues ya has visto que las mentes más brillantes no son más que un puñado de tarados megalómanos que no han tardado en destruirse a sí mismos. – Replicó Diamond. – Y yo tengo suficientes datos y pruebas como para salir de aquí e ir directa a informar. Sabes qué, creo que la pequeña sería una buena prueba.

Miró tras ella, buscando a la pequeña, que seguía allí, mirando a un lado. Por casualidad, siguió su mirada, y allí la vio: La silueta de la criatura, con la mano iluminada por las chispas que la recorrían. Un plásmido eléctrico. E Ikana… Ikana estaba de pie sobre un charco, producido por el hielo que se descongelaba desde sus guantes.
Y todo el mundo sabe qué pasa cuando apuntas a un charco con un plásmido eléctrico.

Se lanzó hacia Ikana sin previo aviso, empujándola al tiempo que el splicer disparaba. Pisó el charco, sin querer, y notó la descarga acertarle en el hombro derecho y recorrerle el cuerpo entero, que sufrió convulsiones, transmitiéndole la electricidad a su acompañante, a quien aún tenía agarrada.
Gritaron de dolor, gritaron al caer al suelo y notar cómo sus músculos convulsionaban sin orden ni concierto, cómo perdían la fuerza, dejando caer sus armas. El EVA… No, no podía ni pensar en alcanzar la jeringa para dársela a Diamond, no con aquella descarga.
Cuando, finalmente, la tortura acabó, los dos permanecieron en el suelo, torturados, doloridos, indefensos, a manos de aquel aterrador mutante eléctrico que se acercó con una sonrisita. – Habéis tocado donde no debíais, donde no debíais… - Canturreó. Roy giró la mirada, viendo a la pequeña en el rabillo del ojo. ¿Por qué no se movía? ¿Por qué no huía?
- Habéis acabado con todos los demás, así tendré más ADAM para mí solito… - Se rió, burlón. – Pero antes… Antes me aseguraré de que no podáis impedírmelo. Y me quedaré con ese EVE…- Se colocó ante ellos, apuntando a las jeringas azules que habían caído del bolsillo de Roy, con su rostro mutante y deforme oculto tras una máscara de teatro. Alzó la mano, que chisporroteó, preparada para terminar de freírlos.

Hora de morir, pensó Roy. Hora de acabar con todo. Allá iban sus ilusiones, sus sueños de volver a ver el sol, de regresar al mundo real, al de la superficie. Sus ilusiones de investigar el ADAM en la superficie. Con una infectada como Diamond y una Little Sister, habría tenido material suficiente y, quién sabe, tal vez hubiera podido descubrir la manera de revertir sus efectos. Tal vez habría logrado salvarlas.
Pero allí se acababa todo. Así se acababan las historias en Rapture. En un callejón oscuro, sucio, a manos de un drogadicto mutante. Éste alzó la mano, mientras Roy trató de mover sus miembros de nuevo, y entonces… Se convirtió en una puerta blindada.

No, no sería exacto decir que "se convirtió" en una puerta blindada. Más bien, una puerta blindada sustituyó al splicer ante Roy y Diamond. Una puerta a manos del Big Daddy, que la estampó en el suelo, haciendo temblar el pasillo y rugiendo imponentemente, asegurando su dominio sobre el splicer, su dominio sobre todo aquel que quisiera hacerle daño a la pequeña.
Porque no la había abandonado, sino que únicamente había ido a buscar un escudo, algo para protegerla. Y ahora, de vuelta con su escudo, el Big Daddy volvía a ser el más fuerte y el más grande del lugar.
-¡Maldita sea! – Gritó Ikana, que ya había vaciado una de las jeringas, recuperando su hielo. - ¡Tú otra vez! – Irguiéndose, se dispuso a enfrentar al protector, mientras que éste volvía a levantar la puerta con intención de convertir a Diamond en otro amasijo de carne splicer.

Pero Roy no pensaba permitirlo. Ni una cosa, ni la otra.
- ¡No! – Gritó, tratando de recobrar el control del todo, interponiéndose entre ambos y alzando las manos. - ¡Deteneos! No vamos a luchar, no queremos hacerle daño a tu pequeña. – Continuó, mirando a Ikana y al Big Daddy correspondientemente. - ¿Es que no lo veis? ¡Todos aquí tenemos el mismo objetivo!
- ¿De qué estás hablando? – Preguntó Diamond, acompañada de un gruñido del gigante, cuya escafandra brillaba con luz ámbar, de advertencia.
- De que todos queremos lo mismo. Queremos que esta pequeña esté a salvo. – Apuntó a la Little Sister, que miró su dedo, ladeando la cabeza. – Queremos que esté bien, y él también. – Se volvió al Big Daddy. - ¿No es eso?

La criatura emitió un sonido que se podría interpretar como un "continúa", aun interponiendo la puerta entre ellos y la pequeña. Pero había luz verde, lo que significaba que al menos le daba una oportunidad. – Escucha, nuestra intención es salir de aquí. De Rapture. Creo que es posible piratear una de las batisferas, liberarla para subir nosotros sin el control de Ryan. Queremos sacar a esta niña de Rapture. ¡Queremos llevarla al mundo de la superficie!
Aquello no pareció gustarle al Protector, que recuperó el ámbar, y levantó la puerta, golpeando con ella el suelo de nuevo con un gruñido.
- ¿Y qué quieres, que se quede aquí? – Replicó Ikana, enfadada, con una capa de hielo formándose alrededor de sus guantes. Sin saber si aquel intento de negociación llegaría a algo o el Big Daddy no era más que un perro guardián. - ¿Quieres que siga así, en ese estado, dominada por el ADAM, como tú y como yo?

- Escucha, sabemos que no eres un animal. – Siguió intentándolo Roy. – Tienes inteligencia, eres racional. Has podido arrancar esa puerta de los malditos goznes y usarla como arma. Contigo si nos aliamos, podemos deshacernos de lo que nos manden Ryan y sus secuaces. Podemos sacarla de aquí. Podemos curarlas. – Tomó a Ikana del hombro. – Hacer que sus vidas dejen de girar en torno al ADAM. ¿Quieres lo mejor para esa pequeña, no es así? ¡Incluso tú podrías venirte con nosotros!

- Verás, esto es muy sencillo. – Añadió Ikana, encarándolo con seriedad. Aun allí, con la única luz titilante, con el vestido roto por la batalla y los guantes recubiertos de hielo, seguía estando claro que era la jefa. – Tienes dos opciones: Puedes decidir sacarla de Rapture, hacer lo mejor para ella, o puedes quedarte con tu maldita programación mental y matar a todos los que se acerquen a ella hasta que un splicer un poco avispado acabe contigo. Ha pasado antes, con otros Big Daddy. Sabes que pasará contigo. En ese estado, no creo que dures otro combate como éste.
- Puedes aliarte con nosotros, - Concluyó Roy. – o seguir vagando por ahí, esperando la muerte, obedeciendo y poniéndola en peligro. Y recuerda una cosa, chico… - Se cruzó de brazos frente a él, y alzó la mirada, mirando fijamente al casco que le devolvía la mirada. – ¡El hombre elige, y el esclavo obedece!

Ikana Diamond, ex-patinadora y agente secreta.