Disclaimer: Ninguno de los títulos o personajes utilizados aquí, me pertenecen. Son propiedad intelectual y mercantil de sus respectivos autores.

Títulos: El Origen de los Guardianes. Cómo entrenar a tu dragón. Valiente. Enredados. Los Croods. Hotel Transilvania. ParaNorman. Epic: El Reino Secreto. Nuevas adiciones: Gravity Falls. Star VS Las fuerzas del Mal. Hora de Aventura. Miraculous: Las Aventuras de Lady Bug. Over the Garden Walls. Frozen. Moana: una aventura en el mar. Sendokai Champions. Avatar: La leyenda de Aang y la Leyenda de Korra. Kubo y la Búsqueda Samurai. El Loráx. Steven Universe. Coraline y la Puerta Secreta. Seis Grandes Heroes. Intensamente. Ralph el Demoledor. Los Increíbles.

¡Hola, quimeras! Tiene tiempo que no actualizo. Aclaro una cosita: Esta tercera parte de la saga será la más larga, ya que contendrá muchas cosas (la introducción de la mayoría de los personajes de todas las series, películas, caricaturas y animes implicados, la explicación de los cuentos, mitos y leyendas de todos los países implicados y un montón de temas más), además de que habrá emparejamientos extraños que puedan o no puedan agradarte, por lo que si prefieres leerte algo más corto tendrás que buscarlo en otros fanfics. Cada quien es libre de leer lo que quiera. Si de casualidad mi fanfic te gusta, eres bienvenido a quedarte, dejar comentario y disfrutar, si no es así, repito, puedes buscar por otra parte. Nunca obligaré a un lector a permanecer donde no quiere estar.

Ahora, agregué un poco más a una escena del capítulo anterior. A la parte donde Mérida se encuentra con Thuggory y Camicazi. Vayan a leerla porque es importante, ¿sí?


Capítulo Doce

Distintos Caminos


"La gente que sale adelante en este mundo es la gente que se levanta y busca las circunstancias que quiere, y si no las puede encontrar, las hace".

—George Bernard Shaw.


Adrian le había advertido a Jason sobre lo que pasaría en cuanto se fueran de Durmstrang. «Espera lo peor», y le había puesto una mano sobre el hombro. Otros habrían dimitido en cuanto se percataran de la titánica tarea de sobrevivir en un instituto gobernado por familias tercas, maestros ambiciosos y egoístas y políticos cobardes. Jason se quedó a pesar de las miradas penetrantes de Viggo, o de los intentos de King para que se uniera a su pequeño grupo. Krogan era el peor, ya no fingía siquiera lo que hacía todo más difícil para Jason.

No iré contigo, Regan —dijo Wilfred, uno de los pocos chicos con los que Jason se llevaba bien. Era más pequeño que Jason y tenía el cabello de un brillante color rubio—. No diré nada de lo que me has dicho, pero no te creo nada. El director Grimborn y el profesor Raske me aseguraron que estaríamos a salvo si hacíamos lo que nos dijeran.

Ellos mienten, Wil.

Yo no soy como tú. Yo pertenezco aquí. Mi familia ha vivido en Noruega por siglos. No podemos abandonar nuestro hogar así como sí. Lucharemos si es necesario.

Jason se limitó a mirarlo con aprehensión. Habría querido decirle que había convencido a varios estudiantes de unirse a su plan, pero aunque Wilfred no diría nada sobre la conversación que tuvieron, Jason no podía arriesgarse e involucrar a los demás.

Si cambias de opinión, estaré aquí —dijo Jason sonriendo un poco. Wilfred correspondió por unos segundos, para que su cara no mostrara más que una absoluta sobriedad después.

"Un niño debería tener una gran sonrisa cubierta de chocolate", habría dicho Jeremiah para luego pellizcarle las mejillas. "Un niño debe conocer la dulzura de la inocencia, no endurecerse con los problemas del mundo. Todos terminan siendo adultos duros y amargados". Pero eso era cuando el mundo no se estaba yendo a la mierda en tan poco tiempo. Jason no podía culpar a Wilfred por eso.

Jason evitó soltar un suspiro adolorido mientras veía a Wilfred irse. Se ajustó su bufanda con el escudo de la Casa Olsson y dio la vuelta para ir hacia los establos, meditando sobre lo que tendría que hacer a continuación. Procuró no usar una ruta cotidiana. Sabía que Viggo había puesto a Krogan a que lo vigilara, así que intentaba ser lo menos rutinario posible y había destruido el galeón que Adrian le dejó antes de que se fuera. Después de todo, sólo lo usó para comunicarse una vez con Tara así que no había necesidad de guardarlo.

"Empieza la canción", repitió en su mente el pequeño mensaje. Tara no era la mujer desprevenida que muchos creían que era; a su manera había conseguido dejar un plan en caso de que le pasara algo. Por supuesto, un hechizo como ése no podía llevarse a cabo sólo por las manos inexpertas de Jason, por eso mismo había confiado en que los eventos en la prueba sirvieran para despertar a los participantes de Durmstrang y así conseguir más aliados. "Un plan arriesgado. Menos mal que salió bien".

El hechizo creado por Stanford Pines estaba basado en una fórmula matemática, simple en apariencia, pero complicada al momento de aplicarla. Jason había pasado los últimos días colocando las anclas en sitios específicos. Las tías de Lorna y Beatrice lo habían apoyado moviéndose donde él no podía, para que todo estuviera a tiempo.

Las hojas del Bosque de Árboles de Edelwood habían invadido el terreno del castillo. No era una vista agradable considerando lo que había sucedido en la prueba. Además, varios de los equipos de investigación, los que fueron a estudiar el bosque para controlarlo, habían desaparecido. Con la atención de los medios enfocada en el torneo y en lo que había ocurrido en Rumania, el estado crítico de Durmstrang había sido dejado de lado y nadie estaba haciendo nada.

Jason no quería pensar en lo que pasaría cuando los últimos equipos de investigación se fueran, persuadidos por Viggo para que abandonaran Durmstrang. Huha le había dicho que debía reunir a los que pudiera, a quienes quisieran salvarse, a quienes no estuvieran aliados con Viggo y sus secuaces. Había logrado que muy pocos lo hicieran; de todas las familias, sólo siete habían aceptado y estaban preparándose para el momento.

En total sólo eran cincuenta personas, sin incluir a las profesoras Notshizi, al profesor Endicott y a la profesora Grey, y a Ralph, por supuesto.

"¿Qué pensarían mis padres de lo que estoy haciendo? ¿Se decepcionarían de mí por no salvar a todos?". Sus hermanas también estaban haciendo su parte en Hogwarts y sus padres hacían lo que podían para ayudar.

Josh y Jeremiah eran parte del enorme entramado de aliados de Adrian, por lo que mantenían a Jason al tanto de las noticias mundiales. Por supuesto, habían tenido que recurrir a un código simple para decírselo todo en sus cartas, aun así Jason les había pedido que moderaran el número ya que no quería que nadie descifrara su código. «Los monstruos son reales, hijo mío», había escrito su padre cuando Jason expresó su preocupación sobre las acciones de sus compañeros, que preferían traicionarse entre sí que ayudarse. «Viven dentro de nosotros, y a veces, ellos ganan».

"Hemos perdido mucho en estos meses, no podemos permitir que nuestros temores y odios sigan ganando".

El sonido de una pala moviéndose lo distrajo. Miró hacia los establos para ver al gigante Ralph tratando de quitar la nieve y las hojas. Tara se había llevado a sus aethonan, por lo que el establo principal estaba desocupado, pero Ralph lo limpiaba todos los días dejando que algunas criaturas del bosque, las que se habían salvado, se refugiaran ahí. Ralph parecía un tipo duro, pero era más amable que muchos profesores. Jason se llevaba bien con él y era porque no lo trataba como la mayoría de los estudiantes.

Hola, Ralph —saludó Jason recargándose en el cerco de madera. El gigante dejó de palear un instante para contestarle con un «Qué hay», estirarse un poco y seguir con su trabajo—. ¿Has recibido una carta de Vanellope?

Ralph bufó y echó una gran cantidad de nieve hacia atrás.

Esa mocosa de cabellos pegajosos lo único que me da son problemas. Su cerebro de tutifruti sólo puede procesar mocos, vómito y babas. Su tiempo lo desperdicia en travesuras, no en escribir cartas.

Jason se rió, sabiendo que detrás del aparente desinterés había una gran preocupación. Ralph se había rehusado a que Vanellope participara. Ella era un genio. Era la única niña en toda la historia de Durmstrang en estudiar en el instituto sin tener la edad adecuada. Como su tutor, Ralph podría haberse negado a que participara en el torneo, pero Vanellope había insistido tanto al punto que hizo que la directora Queen firmara un acuerdo en el que se comprometía a mantenerla a salvo. El despido de Tara había desechó eso, por lo que Ralph le había pedido a Viggo que sacara a la niña, pero incluso si Viggo hubiera querido el contrato mágico anularía cualquier intento.

Muchos consideraban a Ralph un torpe musculoso, una imagen totalmente alejada de la realidad. La abuela de Ralph había sido una gigante, de ahí que él fuera tan alto e impresionante. El mestizaje estaba prohibido, por lo que él tuvo que asistir a muchos juicios para que le permitieran vivir tranquilamente. Ese mismo proceso había convertido a Ralph en un experto en leyes locales, ya que ningún defensor mágico había querido representar su caso. No tenía un título que lo avalara, pero su conocimiento era incuestionable.

Que no hubiera presionado a Viggo no quería decir que se había rendido, sino que estaba buscando la grieta que le permitiría alejar a Vanellope del peligro.

Era de los pocos que estaban comprendiendo la situación.

"Maquiavelo afirmó que los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos ven, pero pocos comprenden lo que ven", pensó Jason.

Ojalá fueran todos como tú, Ralph —dijo mientras el gigante apilaba la nieve restante en un pequeño montículo—. Si estuvieran dispuestos a aceptar la ayuda que se les ofrece…

Antes de curar a alguien, pregúntale si está dispuesto a renunciar a las cosas que le enfermaron —intervino la solemne voz de la profesora Gray. Ella se había acercado aprovechando su distracción. Era una bruja con un peinado alto y una sonrisa tranquila y encantadora—. En otras palabras, antes de ayudar a alguien tenemos que preguntar si desea ser ayudado. Hay personas que son felices en su infelicidad, aunque nos cueste trabajo entenderlo, joven Regan.

Profesora Grey —dijo Jason bajándose de la barda para saludarla debidamente. Incluso si Margueritte Grey no lo había tratado más que con fría cortesía durante los primeros meses, eso había cambiado en la última semana. La profesora había sido una de las más reticentes a aceptar el nuevo puesto de Viggo—. ¿Son esas palabras de Hipócrates?

De él y muchos otros —dijo Margueritte levantando el largo de su túnica para que no se manchara de nieve.

¿No es una lección muy dura? Literalmente significa abandonar a personas a su suerte.

La suerte que eligieron, y como tal, debe ser respetada. Ése es el principio de la libertad, joven Regan. Ahora, ¿qué nos queda hacer a los que tomamos un camino diferente? Continuar, por supuesto. Estoy lista para enfrentar lo desconocido, pero no tengo idea de toda la destrucción que se avecina. Aunque, más que temerle, le temo a las ideas tontas que los mandos en los países del norte tienen para Durmstrang. Un absurdo no refutado de hoy es el lema aceptado de mañana.

Cuidado con las palabras que utiliza, profesora. Las paredes en este castillo tienen más oídos que antes —advirtió Ralph.

Oh, Viggo no necesita paredes para enterarse de lo que sucede —sonrió la bruja—. ¿Acaso creen que es tan tonto? Él conoce bien el juego y conoce bien a Tara. Ella no es de las que se rinde ante el primer movimiento del oponente, por lo que Viggo está preparando sus propias contingencias.

¿Es decir que sabe de nuestro plan? —preguntó Jason, inquieto.

Margueritte le dirigió una mirada severa, no para regañarlo, sino para actuar para los estudiantes que pudieran verlos desde lejos, para que pensaran que estaba dándole un sermón.

Es decir que sabe qué haremos algo —respondió—. Endicott ha hecho lo posible por mantener a los equipos de investigación restantes aquí, por lo menos hasta el próximo fin de semana. La Bestia no se ha aparecido por ahora, y espero siga así, pero he armado un plan de emergencia con Whisper y Adelaide en caso de que tengamos… que apresurarnos. Admito que es un mal plan considerando la situación…

Un mal plan es mejor que no tener ningún plan, escuché decir a mi mamá —dijo Jason—. No se preocupe, profesora Grey, lo lograremos.

Celebraré una vez estemos fuera de este lugar —dijo Margueritte echando un vistazo a las copas de los árboles que se asomaban por los adarves. El amarillo y ocre de sus hojas le causaba escalofríos—. Endicott logró convencer a otras dos familias… fueron de las que perdieron a sus hijos en ese endemoniado bosque. No les agrada la idea de abandonar su hogar, pero harán lo que sea por mantener a sus otros hijos fuera de peligro.

Y lo estarán —aseguró Jason—. La directora Queen ha encontrado un lugar ideal para ponerlos a salvo de… de todo esto.

Margueritte sonrió sombríamente.

Joven Regan —dijo con un tono que Jason tomó como sarcasmo—. Nadie escapa de la guerra. Podrías correr o esconderte en el sitio más remoto del mundo y aun así te encontraría. La guerra es inevitable porque los humanos así quieren que sea.

Los monstruos viven dentro de nosotros, ¿no? Y ellos ganan en ocasiones…

Uno pensaría que el ser humano debe ser capaz de detenerse, de razonar, de pensar —negó con la cabeza en un gesto elegante—, pero henos aquí. Todo a causa de nuestros monstruos.

¿Usted ha logrado controlarse siempre, profesora?

Margueritte pareció auténticamente sorprendida por la pregunta. Ralph ahogó una risa ante la audacia de Jason, mientras el niño sólo esperaba una respuesta.

No siempre —admitió la bruja—. Afortunadamente, mis monstruos sólo salen cuando Endicott olvida ordenar sus baratijas para limpiar varitas o cuando insiste en afirmar que nuestra casa era más su casa por un mero centímetro.

Entonces es verdad que estuvieron compartiendo su mansión sin saber que el otro también vivía allí —dijo Jason. Había sido uno de los primeros chismes que había conocido cuando entró al instituto.

Una historia vieja —desestimó Margueritte sacudiéndose la nieve de su túnica—. Nuestra charla se ha alargado más de lo planeado. Ese enano de King Candy ha estado vigilando mis pasos y no dudo que le cuente esto a Viggo, así que sugiero que acompañes a Ralph a despejar de nieve las murallas. Creerán que te castigué y podrás poner las anclas en esa zona —y agregó dirigiéndose a Ralph—. Confío en que mantendrás a salvo a este niño mientras te ayuda.

Lo aventaré sobre la muralla al primer indicio de peligro —dijo Ralph.

Bien —asintió Margueritte dándose la vuelta para volver al castillo.

Cuando los dos se quedaron solos compartieron una mirada contemplativa.

Parece que te estás ganado el respeto de la profesora Grey, chico —pronunció el gigante—. Usualmente ella, bueno, todos aquí, no se preocuparía por la seguridad de un foráneo.

Supongo que lo hace por amabilidad. Estoy arriesgando mi vida para salvar la de muchas personas.

Los niños no deberían arriesgar su vida, deberían vivirla y ya —sonrió Ralph recargando la enorme pala sobre su hombro—. Como sea, ve por una pala al cobertizo y alcánzame en la entrada. Asegúrate de hacer gestos enfermos, como si tuvieras malestar estomacal para seguir con esto.

Así lo haré, Ralph —dijo Jason poniendo su mejor cara de acritud, notando la nada discreta presencia de Krogan oculta entre las sombras del castillo.


Sebastián apenas tuvo tiempo de sacudirse el polvo tras salir por las llamas verdes. La red flu era una vía rápida y efectiva para viajar, pero estaba abarrotada y no había tiempo siquiera para que pudiera llegar sin ser empujado por el que venía atrás. Sebastian se topó con Las Tres Escobas al límite de su capacidad y ni siquiera su profunda amistad con la dueña le consiguió el espacio suficiente para descansar. Resignado a tener que buscar otros lugares salió hacia el clima frío de las calles de Hogsmade, encontrando el mismo número enorme de gente yendo y viniendo.

"Bueno, sabía que esto pasaría", pensó abriéndose paso para tomar uno de los carruajes hacia Hogwarts. El desastre de Rumania puso al mundo en alerta. El pánico estaba gestándose en los corazones de todo, y ante la crisis sólo pocos atinaban a pensar con claridad. "Afortunadamente una de esas personas es Minerva McGonagall".

—¿Smith? —oyó que le hablaban a lo lejos—. ¡Oye, Smith, por aquí!

—¿Goyle? ¿Atticus? —dijo Sebastian empujando a un hombre robusto para llegar a donde los dos ex estudiantes de Slytherin esperaban. A su lado estaba una chica morena de corto cabello rizado a la que reconoció al instante—. ¿Phaemie? Por Merlín, parece que no fui el único con la idea de venir acá.

—Bueno, yo no tengo nada que hacer desde cancelaron mi diplomado de Leyes Mágicas —respondió Maela—. Mack está igual con lo de la temporada de quidditch y Eric sólo viene a visitar a su novia.

—Oye, no hagas que parezca como si yo fuera un vago. He estado ocupado —dijo Eric ajustándose el cuello de su capa—. Mi padre está nervioso y mi madre casi sufre un paro cardiaco cuando le dije que vendría. Pero no podía quedarme en casa cuando… joder, sé que mi ayuda no hará la diferencia, pero prefiero estar aquí que en casa sin saber qué hacer.

Los cuatro guardaron silencio hasta que fue su turno. No pudieron evitar lo nostálgico de entrar al carruaje, no obstante, y a pesar de sus mejores esfuerzos, la nostalgia se mezcló con preocupación y con la idea de que podría ser la última vez que pudieran hacerlo. Sebastián no compartió este pensamiento en voz alta, pero intuía que sus tres ex compañeros también lo sentían. Las cosas habían dado un giro de 180 grados.

—Lo que sea que pase —dijo Maela atrayendo la atención de los tres chicos—, empezó hace tres años, y sea que los dragones son parte de eso o no, lo enfrentaremos. Esto no ha acabado.

El carruaje los dejó justo en la verja de entrada. El profesor Flitwick y la profesora Bell registraban a los visitantes en largas listas, no sólo había ex estudiantes sino también familias enteras. Ante la crisis, McGonagall había accedido a resguardar a algunas familias mientras el torneo durara, tanto para apaciguarlos como para que el Ministerio de Magia pudiera actuar.

—¡Eric! —saludó Petunia Adams dándole un abrazo a su novio—. Oh, joder, creí que tu madre haría lo imposible porque no vinieras.

—Meh, mi padre la distrajo cuando le dijo que viajaría a Japón —se encogió de hombros—. Leí tu carta, preciosa, ¿en qué podemos ayudar?

—Lo tenemos casi todo cubierto —dijo Adams. Ni Flitwick ni Toothiana parecieron molestos por la presencia de los cuatro chicos, simplemente les dieron la bienvenida y les miraron con orgullo—. Gracias a los grupos de integración del profesor Longbottom fue más fácil coordinarnos. Desde primer año hasta séptimo estamos apoyando en lo que podamos. Phaemie, la profesora Parkinson y el profesor Black están haciendo simulacros de emergencia con los de séptimo.

—No digas más, Pet, iré con ellos —asintió Maela.

—¡Ellos están en las aulas del este! —informó Petunia cuando la otra chica se adentró en el castillo—. Ahora, los profesores Sandman y Repairman están tratando de construir una barrera que confunda a los dragones en caso de que ataquen Hogwarts.

—Parece que no tendremos tanto tiempo juntos, bebé —dijo Eric sosteniendo la mano de su novia—. Mack y yo somos buenos en esas cosas. Ayudaremos a los profesores por mucho que Sandman no me agrade. Nos vemos al rato, Pet.

Compartieron otro abrazo, más corto que el anterior. Sebastian los miró con mortificación. Conocía a ambos desde hacía años, aunque no habían estado en la misma casa comprendía lo duro que era separarse de la persona que querías. Eric y Mack también se fueron, dejándolos solos.

—La profesora Mirage hizo un grupo para recopilar información sobre futuras… contingencias —dijo Petunia a Sebastian—. Ingerman, Alistair y otros más están allá. Están revisando todo el material de la biblioteca para descartar lo que no sea útil.

—Eso no le va a gustar a Pince. Preferiría salvar un libro que a una persona.

—Su opinión no es importante en esta situación, al igual que la de ese viejo amargado de Filch —dijo Petunia—. Como sea, Quincey también está en el grupo…

—¿Elizabeth? ¿En serio?

—Se peleó con Williams, por lo que han intentado mantenerse alejadas para evitar más problemas.

Sebastian evitó palmearse la cara. Conocía bien el carácter indómito de Elizabeth, pero no había creído que pusiera su terquedad por encima de lo demás.

—Bien, bien, yo me haré cargo —aseguró aunque no tenía la certeza de que pudiera hacer que Quincey cambiara de opinión. Desde que rompieron su noviazgo, ella había dejado de hablarle—. En fin, ¿quién está dirigiendo a los de Hufflepuff?

—Dirás a todos los estudiantes —respondió Petunia con una sonrisa zorruna—. Adivina quién, chico listo.

—Kinkerll —ni siquiera tuvo que pensarlo mucho.

Petunia asintió con orgullo.

—Cuando regresó de Durmstrang empezó a organizarnos a todos, claro, nosotros también entendemos que no estamos para ponernos nuestros moños. Ella tuvo la idea de condicionar el campo de quidditch como un refugio temporal para las familias, ya que por el reglamento de la escuela no pueden hospedarse en el castillo.

—Sabía que ella llegaría lejos —dijo con aprobación—. Bien, nos vemos luego, Adams.

Petunia resopló poniendo las manos sobre la cadera cuando él se fue sin decir más.

—¿De malhumor, Adams? —preguntó Dimitri Collins tras volver de guiar a una familia.

—¿Acaso se puede estar de otro humor? —volvió a resoplar, mientras masajeaba sus sienes—. Se nos vienen unos meses duros, Collins. Me habría gustado que mi única preocupación fueran los EXTASIS, pero parece que el destino tiene pintorescas maneras de joderme la vida.

Detrás de ellos, oculta por una columna de piedra, Agatha Prenderghast procuró que no se dieran cuenta de su presencia. El ir y venir de los visitantes era constante y los estudiantes hacían lo posible porque se realizara de forma ordenada. Ella estaba a cargo de vigilar el proceso. Sus ojos detectarían a cualquier visitante extraño.

—¡Formen una fila, por favor! —dijo Mildred usando su varita para aumentar el volumen de su voz. Ella y un grupo de alumnos estaban a cargo de llevar a las familias a los pabellones construidos en el campo de quidditch, después de que revisaran su equipaje y los profesores Flitwick y Bell los anotaran—. ¡Lupin, Dixón y Whitehourn, llévenlos a las tiendas de la quince hasta la veinticinco! ¡Y si ven al tonto de MacQuoid, díganle que no se escaquee de sus responsabilidades! La directora dijo que el inventario del equipo de quidditch debe estar listo para hoy en la tarde.

Por supuesto, Mildred Margorie no sólo estaría a cargo de un grupo solamente, sino de varios.

—¿A quién se le ocurrió la maravillosa idea de poner a cargo a Margorie? —preguntó Zane a Emery, atento de no hablar alto ya que ella podría escucharlo.

—La prefiero a ella que a Gordon, ¿te imaginas cómo sería?

Zane tembló nerviosamente.

—Siempre hay un pez más gordo en el lago.

Las familias no sólo estaban formadas por magos y brujas, sino también por muggles. Las caritas asombradas de los niños pequeños al ver como sus baúles eran levitados brindaban un poco de inocencia ante tanta tragedia.

—Por aquí, señora Croods —dijo Teddy poniéndose frente a la familia de Eep.

—Oh, no seas tan formal, Edward —dijo Ugga mientras intentaba que Sandy no se le saliera de sus brazos cuando Douglas, la mascota de Thunk, se puso a revolcarse en la nieve—. Eep me ha contado mucho sobre ti. Te admira.

—Ella es una excelente amiga —sonrió Teddy consiguiendo que la pequeña hermana de Eep se quedara quieta y le saludara con una coqueta sonrisa.

—Mira, Lupin, lo que hace tu atractivo animal —acotó Emery—. Thor se va a poner celosa.

—Oh, cállate, enfermo —Teddy se aclaró la garganta y se dirigió hacia los Croods. Definitivamente, Eep se parecía a su madre—. Síganme, por favor.

—Te seguiría hasta el fin del mundo, guapo —dijo Gran, guiñándole un ojo.

—¡Mamá! —regañó Ugga mirando a Teddy con estupor—. Él tiene la edad de tu nieta.

—Afortunadamente no es mi nieto —soltó una gran carcajada cuando Teddy se sonrojó un poco—. Oh, déjame divertirme un poco. Desde que Grug se fue no he podido reírme tanto como antes.

Teddy deseó que el padre de Eep volviera pronto. Broma o no, prefería estar fuera del radar de la abuela Gran. Cuando avanzaron hacia el campo de quidditch (luego de que Teddy tuviera que conjurar una correa para amarrar a Douglas cuando se le escapó a Thunk por tercera vez), Teddy los llevó a sus tiendas correspondientes.

—¡No te cuelgues de otras personas, Viper! —gritó Derba (ella supervisaba que todo estuviera en orden) sosteniendo al somnoliento muchacho que había intentado anclarse de una mujer rechoncha—. ¡Lo siento, señora! Él suele hacer eso cuando le gusta el aroma de una persona.

—Oh, no hay problema, querida —sonrió mostrando sus bonitos hoyuelos en las mejillas regordetas—. Mi hija solía hacer lo mismo cuando era pequeña.

—¡Mamá! —dijo Miranda con las mejillas rojas como manzanas—. No tienes que contarle eso a la señorita Kinkerll.

—¿Oh, así que ella es Derba Kinkerll? Miranda me ha hablado un montón sobre ti, cariño. Te admira mucho.

La pobre Miranda Orson ya no podía con la pena. Su madre volvió a reírse y colocó las manos sobre sus hombros, empujando a la niña rubia frente a Derba.

—Si no es mucho pedir me gustaría que vigilaras a mi niña. Estos tiempos son inciertos, así que eso ayudaría aliviar mi preocupación.

—¡Madre!

—Descuide, señora Orson, Miranda es mi amiga y siempre cuido a mis amigos —aseguró. Myrna Orson se regocijó y procedió a acaparar a Derba para gran vergüenza de su hija.

—Parece que Kinkerll se ha ganado el corazón de otra mamá —dijo Johnny. A su lado estaba Wee, esperando a que Lord Dingwall llegara. Al parecer habían enviado una carta a su hijo diciéndole que tenía una noticia importante que decirle en persona—. En fin, ¿qué crees que vaya a decir tu papá?

—No lo sé —dijo Wee jugando con un galeón entre sus dedos.

—Oigan, chicos —dijo Tier cuando los vio sin hacer nada—. Entiendo que estén cansados, pero deben continuar guiando a las familias restantes si quieren terminar antes de la comida.

—Vale, vale, ya vamos.

Cuando Wee y Johnny regresaron a la verja principal, Wee notó como su amigo se detuvo repentinamente. Anteriormente pocas cosas hicieron que Jonathan Stein pareciera como si estuviera a punto de ser degollado. Wee no tuvo que preguntarle qué sucedía porque ya lo sabía. Cerró los ojos, contó hasta tres. Había sabido que se convertiría en el principal soporte de Johnny con la ausencia de Eep y Rapunzel cuando su familia viniera a Hogwarts.

Por supuesto, Frank Stein no era el problema, sino la madre y los hermanos de Johnny.

Eunice Westenra, una mujer alta de peinado ridículo, intentaba amedrentar sin éxito al pobre profesor Flitwick. Wee no tenía idea de que estaban discutiendo, pero le bastaba saber que Johnny no estaba cómodo con la presencia de su familia para actuar a consecuencia.

—No tienes que hablarles si no quieres —dijo Wee. Lo cierto era que la madre y los hermanos de Johnny fueron los primeros en dejarle de hablar.

—Yo…

—¡Ahí estás! —chilló Eunice empujando al profesor Flitwick en cuanto vio a Johnny. Detrás de ella venían Robert y Line, sus dos hermanos mayores, que tenían cara de querer golpear a alguien—. ¿Cómo te atreves a hacernos esperar? Ese hombrecillo extraño se atrevió a cuestionarnos nuestra presencia aquí. ¿Acaso no sabe que soy tu madre y tengo todo el derecho de saber dónde estás?

Johnny pareció empequeñecerse con cada palabra. Varios se detuvieron al ver la escena, mirando con desaprobación la actitud de Eunice. Wee sintió un inusual burbujeo, como si algo luchara por salir de él. Taciturno como era, casi siempre actuaba como si nada le importara. Pero esto que le importaba porque se trataba de Jonathan Stein, uno de sus mejores amigos y a quien no le parecía aburrida su forma de ser.

Así que se movió con la primera idea que se le vino a la mente.

Atacó.

Se aventó sobre Eunice despeinándola y arruinándole el maquillaje barato. Cuando Robert y Line intentaron quitárselo de encima descubrieron que la apariencia debilucha de Wee era todo menos eso. La conmoción que causó fue causa de distintas reacciones, desde pánico hasta risa; cuando los que temieron fuera un ataque de dragones se dieron cuenta de lo que realmente era comenzaron a reírse.

Jonathan fue uno de ellos.

No pudo culpar a Wee por lo que hizo. No pudo evitar sentir cómo el peso disminuía sobre sus hombros. Johnny no había esperado que su madre y sus hermanos vinieran a Hogwarts (de hecho, le sorprendía considerando que su padre lo había prohibido), pero no iba a enfrentarlo solo.

—Basta ya, joven Dingwall —intervino Toothiana dándole una palmadita cariñosa en la cabeza para que dejara de morderle el hombro a Robert. Wee soltó al muchacho que se alejó entre tropiezos—. Lamento lo sucedido, señora Westenra, pero a Wee no le gustan los ruidos fuertes, por eso actuó de esa manera.

—¡Deberían encerrarlo como el animal que es! ¡Mire cómo dejó a mi pobre bebé! —gritó Eunice sosteniendo a un aterrado Robert entre sus brazos.

—Nuestra enfermera, la señorita Chang, es una experta en este tipo de heridas. Descuide, su hijo estará como nuevo en cuestión de segundos —dijo Toothiana dándose cuenta que Johnny se veía más estable para soportar a su familia—. Stein, llevaré a tu madre y a tu hermano a la enfermería. Tienes que venir conmigo para arreglar este malentendido, ¿de acuerdo?

—Sí, profesora Bell.

—¿Puedes hacerte cargo de la entrada, Filius? —preguntó Toothiana al aturdido profesor que apenas se recuperaba del tornado que había sido la señora Westenra.

—Por supuesto, querida, ve con ellos. Puedo verme viejo, pero aún tengo energía para terminar el registro. Además —agregó en voz baja— prefiero apuntar mil nombres más que estar en presencia de esa agresiva mujer.

Toothiana no pudo evitar soltar una risita.

—Bien, pues síganme por aquí —y sacó su varita para que a la señora Westenra no se le ocurriera la idea de que podía intimidar a una bruja en Hogwarts.

Eunice se puso pálida y siguió a Toothiana sin rechistar. Aunque Line no había sido incluido se apresuró a alcanzarlos cuando se vio rodeado de personas desconocidas.

—Hombre, qué loca está la mamá de Stein —dijo Dimitri que había presenciado parcialmente la pelea—. Parece que Stein tendrá algunos momentos difíciles que enfrentar.

—Lo sé —dijo Wee sacando el galeón y jugando con él otra vez—, pero por ahora puede estar tranquilo. Ella no lo molestará si sabe que eso puede provocar que muerda a sus hijos otra vez.

—Eres un buen amigo, Dingwall —asintió Dimitri—. Stein te necesita más ahora que Soleil y Croods no están. Creo que si hubiera sido un torneo normal los cuatro habrían sido escogidos.

—Mi señor padre me habría presionado para que me esforzara por entrar. Una de las cosas buenas que puedo sacar de lo que está pasando es que no me obligó a hacerlo. Lo único malo es que Manny y Ferret fueron escogidos para el grupo de apoyo y yo no, así que está un poco molesto.

—¿Por qué no quisiste acompañarlos? Pensé que irían a apoyar al equipo, especialmente porque DunBroch está allá.

Wee siguió el movimiento de la moneda, atento a que no se le callera. Dimitri esperó con paciencia la respuesta. No era cercano a Wee Dingwall, pero gracias a Rapunzel había llegado a comprender su actitud pasiva.

—Mérida está perdiendo el camino —respondió Wee tomando la moneda entre su dedo índice y el pulgar. Dimitri lo miró con confusión—. Manny me contó lo que pasó durante la primera semana. Al parecer, Mérida ha tenido problemas aunque no es inusual. Cuando se siente acorralada, ataca, y cuando ataca, se arrepiente. Mérida detesta herir a los demás por sus arranques, pero no puede evitarlo. Aún no.

—¿Entonces…? —presionó sabiendo que si Wee estaba compartiendo una parte tan privada de su vida, como lo era su amistad con Mérida DunBroch, debía tratarlo con cuidado.

—Necesita espacio y conocer a otras personas que crea que no la juzgaran. Ferret insistió en quedarse, pero Manny regresó porque tuvo la misma idea que yo. Conocemos a Mérida desde que éramos niños. Presionarla para que hable nunca ha dado resultados, ella solía intimidarnos para que la dejáramos en paz.

—¿Y crees que en el torneo habrá alguien que pueda ayudarla?

—El mundo es grande, Collins, y las personas son tantas que me niego a creer que no haya alguien que pueda hacerlo. En tiempos inciertos como estos se necesita más amabilidad que practicismo —Wee suspiró—. Estoy preocupado, pero no seré yo quien la ayude esta vez.

Dimitri nunca habría esperado que el taciturno Dingwall fuese tan sensible y certero. Su apariencia aparentemente ajena del mundo era sólo eso, una apariencia. Wee era perceptivo, y sobre todo, leal. Eran esas cualidades las que lo impulsaban en sus acciones. Wee prefería no intervenir a menos que fuera totalmente necesario.

"Creo que eso nos faltó practicar en estos meses", reflexionó Collins. "¿De qué sirve aprender todos los hechizos, de qué nos sirve saber cómo colocar los ingredientes de una poción, si no sabemos dónde poner nuestra rabia y tristeza?

—Oye, Dingwall—dijo Dimitri. Wee miró de reojo al estudiante de cuarto año de Gryffindor. Dimitri había crecido más de veinte centímetros, lo que lo hacía el más alto de su curso. Había dejado crecerse el cabello hasta sus hombros haciendo que pareciera más grande—. ¿Tu padre es un hombre con cabello levantado color blanco, una nariz ganchuda y dientes grandes de ratón?

—Jamás había escuchado una descripción tan precisa de mi padre —dijo Wee con una sonrisa.

—Tengo que admitir que lo supe por el parecido —dijo Dimitri señalando hacia la verja donde el susodicho Lord Dingwall estaba parado junto a dos hombres más, los padres de Manny y Ferret—. Por las caras que tienen, parecen que están discutiendo.

—Es lo habitual, si no lo hicieran me preocuparía. Gracias por avisarme, Collins.

—No hay de qué —se despidió mientras Wee caminaba hacia su padre—Vamos a estar muy apretados como sigan llegando más personas.

—Escuché que están construyendo dos pabellones de tiendas más —informó una voz detrás de él. Era MacQuoid, su compañero del equipo de quidditch.

—Hasta que te dignas a aparecer.

—Me encontré con varios ex estudiantes. Fletcher me entretuvo con los nuevos rumores sobre lo que está pasando en Uagadou. Parece que todo se está saliendo de control.

—No me digas —dijo Dimitri con pleno sarcasmo—. Entre la destrucción de todo un país y que un grupo antimagia quiera jodernos la vida, ¿cuándo te diste cuenta que esto se descontroló?

—Oye, no seas así, sólo estaba repitiendo lo que me contaron —observó a las familias que seguían registrándose—. ¿Cuánto más durará esto?

Dimitri exhaló pesadamente, que le preguntara una cosa así no era algo que pudiera responder. Desde lo de Rumania, McGonagall había decretado que todos los estudiantes usaran el EM3D en todo momento, incluidas las espadas. Dimitri no sabía cómo sentirse al respecto. Una cosa era entrenar y otra diferente imaginarse en una batalla.

"Las cosas de las que debemos deshacernos para sobrevivir… son demasiadas para niños como nosotros".

—Ah, creo que Prenderghast va a tomar un descanso —señaló MacQuoid hacia donde el profesor Flitwick detenía un momento el registro para que la niña pudiera ir al baño—. Hombre, ella no ha parado desde la mañana. Sé que su habilidad es importante y todo, pero tiene doce años. No pueden hacer que se esfuerce tanto.

Dimitri casi no había hablado con Agatha en los últimos meses. La niña siempre le había parecido muy tímida y reservada, asustadiza como un ratón. Cuando el poder de sus ojos quedó al descubierto, entendió un poco el motivo. Agatha podía ver cosas que ni siquiera los magos y brujas comunes podían ver. Mildred y Rapunzel habían pedido a todos en el Club de Gobstone que fueran comprensivos con Agatha, pero desde que Rapunzel se había ido la niña no se había presentado a las reuniones.

"Hasta Margorie está preocupada por esto", recordó las veces en que la presidenta le había pedido hablar a solas sobre Agatha. "Supongo que no quiere que termine como Heller y toda su pandilla".

No era necesario recalcar lo distante que el grupo de Alvin era del resto de la escuela. Los rumores de que intentaba obligar a estudiantes de primero y segundo a seguirlo eran desconcertantes. Los prefectos y compañeros de años superiores se habían unido para mantenerlo vigilado. Su apoyo hacia Gothel era bien conocido, por lo que no dudaban que pudiera traicionarlos.

—¡Collins! —exclamó Alanna sobresaltándolo—. El profesor Longbottom te busca para que le ayudes con el último lote de flores para la profesora Raven. Berrycloth ya está allá.

—Pero yo estoy ayudando a guiar a las familias a los pabellones…

—Deja que MacQuoid se encargue de eso. Lo vi toda la mañana hablando con Hitchens, el muy vago.

—Oye, estoy aquí —dijo MacQuoid. Alanna sólo lo ignoró.

Dimitri soltó un resoplido desconsolado.

—Hombre, ¿cuándo tendré un descanso?

—¿Y crees que eres el único con mucho trabajo? La profesora Raven nos pidió a mí y a Deidre que hiciéramos tres docenas de filtros variados. Hemos llenado caja tras caja con suministros. Mi caldero quedó desgastado de tanto uso.

—Déjame quejarme a gusto, Finbar —dijo Dimitri tomando nota mental de buscar a Agatha cuando terminara de hacer sus tareas.

—Sí, sí, lo que sea. Apúrate, por favor. El profesor Longbottom ha recibido otro pedido de la medimaga Zabini. Al parecer ha conseguido crear una poción curativa tan potente como para contrarrestar las heridas por el fuego de dragón.

—¿Es eso posible? —preguntó MacQuoid, muy asombrado—. Blaise Zabini escribió en su libro que era casi imposible sobrevivir a las quemaduras de esos dragones.

—No esperaba menos de su esposa —sonrió Dimitri—. Esos dos son un equipo imparable.

—Es sólo un rumor —dijo Alanna—. En todo caso, las pociones con las flores de Rapunzel son más efectivas que otras comunes. La profesora Raven ha estado trabajando incansablemente para crear más. Apenas me ha dado tiempo para mis propios asuntos. Como sea, ya he entregado el mensaje. Nos vemos al rato, chicos.

—Bueno, supongo que me tengo que ir también —dijo Collins estirando los brazos hacia arriba—. Hasta el rato, MacQuoid.

Dimitri se dirigió hacia los invernaderos, bajo la atenta mirada de Agatha que había presenciado todo desde un sitio oculto. Durante esa semana se había vuelto común que los profesores requirieran la ayuda de sus estudiantes para un proyecto en específico. Ella misma había ayudado a la profesora Bell a hacer un recuento de los artefactos muggles que podrían "servir" para lo que venía.

Agatha soltó un largo suspiro y se escabulló por los pasillos, lejos del gentío para dirigirse al baño. Había aprovechado la oportunidad para observar a Dimitri, y aunque le habría gustado hablarle directamente, sabía que no podía actuar con tanta libertad considerando lo importante que eran sus ojos en ese momento. Quería estar con Dimitri, pues sus gentiles sonrisas y sus palabras de consuelo eran un gran tranquilizante para ella. No sabía si estaba enamorada. Creía que era muy joven para saber si todo lo que él le hacía sentir era parte de un sentimiento mayor, pero…

"¿Cómo se supone que debes resistir la atracción gravitatoria de alguien, especialmente cuando brillan como la luz del universo forjado en un solo ser?"".

Pensó en la última lechuza que su tía había enviado informándole que ella y el tío Perry estarían en allí cuando la prueba fuera en Hogwarts. Sandra era una mujer agradable, pero Perry había estado de un humor voluble, por lo que dudaba que fuera una visita bonita.

"¿Qué pasó con mi determinación?", no era extraño que estuviera angustiada, pero había creído que podría manejarlo ahora que había aceptado su poder. "Extraño a Norman y a Rapunzel. Se supone que tengo que encontrar coraje por mi cuenta, pero no puedo evitar flaquear. A veces quisiera poder acercarme a otras personas. ¿Pero cómo lo haría? No soy amiga cercana de Jones, Ayala y Bennett, y Stein y Dingwall parece que tienen sus propios problemas".

—Ve por dónde caminas, mocosa —dijo Filch cuando Agatha chocó contra su espalda por estar distraída. El viejo conserje siempre le había parecido temible a Agatha por lo que se quedó congelada cuando lo vio.

Filch era un anciano amargado y cruel, pero en la actualidad eso se había duplicado y se pasaba el día tratando de que castigaran a cualquier que le desagradara. Agatha no entendía por qué McGonagall no despedía a alguien que pensaba tanto en lastimar a los demás.

—¡Oh, ahí está, querida Agatha! —interrumpió la cantarina voz del Fraile Gordo, que pareció inmune a la mirada de odio de Filch—. La he estado buscando para me ayude a revisar algunas cosas.

Era una mentira. Agatha lo sabía y Filch también, pero si el fantasma le había dado una excusa para escapar, ella la tomaría. Se disculpó con el conserje y siguió al Fraile Gordo hasta que lo perdieron de vista.

—Eso estuvo cerca —dijo el Fraile Gordo—. Últimamente ha estado de un humor insoportable, si es que alguna vez en su miserable vida estuvo de un humor mejor. Pero es mejor no enfocarnos en eso. ¿Se encuentra bien?

—Estoy bien, señor —contestó.

El Fraile Gordo era un fantasma amable, el único que actuaba normalmente luego de la «desaparición» del fantasma del profesor Binns y del poltergeist Peeves. Después de la batalla contra Gothel, de que ella usara su terrible poder, los fantasmas también lo habían resentido. Nick Casi Decapitado había afirmado que, aún en ese estado, podían seguir sintiendo. El Barón Sanguinario simplemente se había rehusado a decir una sola palabra. Agatha conocía al único fantasma que tenía una explicación más lógica.

La Dama Gris era un fantasma solitario, pero honesto. Agatha se había vuelto su amiga y solía visitarla para contarle cualquier cosa. Los fantasmas no eran seres transparentes a los ojos de Agatha, sino que tomaban el color de los sentimientos que retenían en su núcleo. La Dama Gris tenía una coloración azul clara, lo que podía asociarse con su tristeza y arrepentimiento.

"El profesor Binns desapareció cuando se dio cuenta que estaba muerto al fin", le había dicho a Agatha, "pero Peeves era un poltergeist, creado a partir de la energía de las travesuras y juegos de los estudiantes. Peeves representaba la infancia y eso se acabó en el momento en que inició todo esto".

—Bueno, recomiendo que vaya a hacer lo que tenga que hacer, joven señorita. No dude en mencionar mi nombre si Filch vuelve a molestarla —dijo el Fraile Gordo, despidiéndose mientras atravesaba el muro.

Agatha sonrió agradecida y retomó su camino. Sin embargo, ante el repentino sonido de pasos, se ocultó detrás de un estandarte con los cuatro símbolos de las casas de Hogwarts. Identificó una de las voces y supo que no podría salir de su escondite hasta que fuera seguro. Los rumores de chicos siendo intimidados por Alvin y su pandilla eran demasiados como para correr el riesgo. Si eran ciertos y la veían sola, Agatha estaría en problemas.

—Spencer y Bourbon no han recolectado datos útiles —dijo Eve. Agatha la conocía por las muchas veces que la veía al lado de Alvin, Gabriel, Gilbert o Reid—. Sea lo que sea que las quimeras están planeando, tiene que ver con los libros que ocultan en la cabaña de Hagrid. Si mi galeón aún estuviera conectado con los suyos podría saber cómo entrar sin activar todas esas trampas…

—No he encontrado nada qué pueda neutralizar los hechizos de Domani o los maleficios de Xarxus —pronunció Reid como si realmente hubiera hecho un esfuerzo enorme. Agatha sabía que no entraba a la biblioteca a menos que lo obligaran.

—Descuida, Truman —comentó Eve con una voz suave y dulce. No sonaba como antes, cuando tartamudeaba cada dos palabras—. Sé lo mucho que te esfuerzas. Alvin y yo confiamos en ti, y es por eso que es importante que averigües qué es lo que traman esos tontos. Con la mayoría fuera por el torneo es nuestra oportunidad para descubrir que guardan tan celosamente. Han estado juntándose con personas que no son los miembros originales, por lo que es posible que estén buscando ayuda.

—Eres muy lista, Kwan, esos bobos no saben lo que perdieron al tratarte de esa manera. Definitivamente hiciste bien en unirte a nosotros. Gothel sí sabe cómo…

Agatha no pudo verlo, pero sí escucharlo. El sonido inconfundible de labios siendo besados para mantener a salvo un secreto. Sin embargo, el nombre había sido revelado. Agatha sintió que su pulso se aceleraba. Necesitaba ir de inmediato con McGonagall para informarle sobre esto.

Cuando Eve y Reid se fueron (él había quedado embelesado por el beso y no se quejó que ella lo apresurara), Agatha esperó unos minutos hasta asegurarse que no estaban cerca. Cuando creyó que estaba a salvo, salió debajo del tapiz sólo para ser detenida por la monstruosa fuerza de una enorme mano.

—¿A dónde crees que vas, cervatillo? —preguntó Alvin—. ¿Se te perdió algo?

Agatha se paralizó. No pudo pensar en una manera de zafarse de él para poder correr. Su miedo le impidió notar las raras fluctuaciones de magia alrededor de Alvin.

Alvin la arrastró hasta un aula desocupada, aprovechándose de la diferencia de fuerzas y de que Agatha no estaba peleando. La presionó contra el escritorio con su monumental cuerpo, dejándola sin escapatoria. Agatha nunca había experimentado un contacto tan cercano y tan repugnante, por lo que el más puro terror se apoderó de su alma cuando Alvin sacó su varita.

La punta rozó la garganta de Agatha.

—Tienes suerte que me gusten rubias, Prenderghast —masculló el animal. Su apestoso aliento dejó una impresión permanente en ella—. Si le cuentas a alguien lo que pasó aquí, haré que te arrepientas, ¿entendido?

Agatha estaba demasiado impactada para responder, por lo que Alvin volvió a presionarla con más fuerza.

—¿Entendiste?

Agatha chilló angustiada.

—Déjala ir, Heller. Si no quieres terminar como queso, más te vale hacerlo rápido.

La repentina voz de su salvadora le dio a Agatha el suficiente estímulo para dar una patada en el diafragma al desprevenido Alvin. Agatha se escabulló para ponerse detrás de Heather, que apuntaba con su varita al agonizante muchacho.

—M-Maldita… —masculló el torpe mirando con odio a Heather, que no lució nada intimidada. Alvin no había puesto el pestillo de la puerta y como había estado tan concentrado en Agatha, no escuchó a Heather entrar—. ¡Eso fue sucio! ¡Te haré pagar por esto!

Heather no advirtió una segunda vez. Movió velozmente su varita creando un relámpago morado que impactó contra Alvin dejándolo noqueado. Tomó a Agatha de la mano y ambas salieron rumbo a pasillos más amplios. Agatha estaba aturdida por lo que no respondió a las preguntas de Heather hasta que ambas llegaron a la enfermería.

—Ese cabrón… —dijo Heather entre dientes—… ¿cómo se atrevió? Si no hubiera estado por aquí y visto en el mapa… Rayos, Prenderghast, ese imbécil merece algo más que un encantamiento aturdidor.

Agatha apenas recuperó el aliento para responder.

—Gracias, estoy bien… no pasó nada más… —pero su tono desmentía sus palabras.

Heather le puso una mano sobre el hombro, pero la quitó cuando Agatha se sobresaltó.

—Tenemos que contárselo a la directora —dijo Heather—. Esto no puede quedarse así. Alvin no merece ninguna consideración.

—Pero… pero él… me dijo que si decía algo…

—¿Acaso crees que Minerva McGonagall va a permitir que el imbécil de Alvin Heller se acerque a ti otra vez? El día que eso pase ya nos podemos ir rindiendo ante Pitch. Confía en mí, Prenderghast, ella te ayudará.

Agatha reprimió un sollozo y asintió. Heather le dio unas palmaditas en la espalda y la acompañó a la oficina de McGonagall, también sacó un galeón donde escribió algunas palabras. Agatha no supo qué exactamente, pero en menos de cinco minutos, MK Bomba y Justine Regan aparecieron a un pasillo de donde estaba la entrada.

"A veces olvido que las quimeras tienen formas rápidas de comunicarse", pensó Agatha recordando lo que Norman y ella alcanzaban a escuchar de Courtney sobre eso.

—Puedes ir tranquila, Prenderghast —dijo Justine sonriendo con amabilidad—. Si ese tarado se atreve a aparecerse por aquí, va a recibir algo más que un rayo morado de mi parte. Wave y yo seremos la retaguardia. Podrán hablar con McGonagall sin interrupciones.

—G-Gracias…

—No tienes que agradecernos. Sé que no son muy unidas, pero eres la prima de Hawk —comentó MK—. Ayudaremos en lo que necesites y nunca temas acercarte a las quimeras. Somos los principales rivales de esos papanatas, ya les hemos dado su merecido varias veces, pero no entienden.

Agatha y Heather dijeron la contraseña a la gárgola para que las dejara pasar. Justine y MK se quedaron custodiando el pasillo.

—No puedo creer lo que ese imbécil hizo —dijo Justine cuando se aseguró que Agatha no la oyera—. Necesitamos programar una junta de emergencia para evitar que lo haga de nuevo.

—Tenemos el tiempo muy limitado —enfatizó MK haciendo una mueca. Las cosas no estaban saliendo como esperaban; añadir el terreno a Durmstrang al Mapa de los Cuatro Grandes no había sido sencillo, pero lo habían conseguido gracias a la ayuda de Justine, quien logró mejorar el hechizo, sin embargo, no habían podido hacerlo indetectable con la poción borralmas pues Alanna y Deidre no consiguieron perfeccionarla. Por ahora sólo pudieron poner en orden la información que tenían, por si era necesario usarla a futuro—. Quizás si le pedimos a los prefectos que doblen sus rondas…

—Ellos ya están doblando sus rondas, Wave —suspiró Justine—. Joder, esto se está poniendo demasiado tenso como para agregar las babosadas de Heller y compañía.

—No entiendo por qué McGonagall los mantiene aquí considerando que no temen ocultar sus lealtades, Vags. Supongo que es eso de mantener a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca.

—Eso es tonto. Una cosa es vigilar a tus enemigos, pero invitarlos a tu espacio es estúpido. McGonagall es una bruja muy competente aunque siga pensando como Gryffindor, creyendo que todos se guían por acciones éticas. Cualquier cosa que planeen Alvin y sus garrapatas no es cosa de su ingenio, sino de alguien más. Tenemos que vigilarlos de cerca, sobre todo porque uno de su grupo pertenecía a Quimera.

La mirada de MK se ensombreció. La traición de Eve había dolido porque no había razón para ello. Nunca la habían tratado mal. Nunca la habían menospreciado. MK no lo entendía.

—No siempre hay una respuesta, Wave —intervino Justine dándole una mirada comprensiva—. Si hay algo que debemos aprender es que a veces se sabe y a veces no, y no hay nada que podamos hacer al respecto.

—Si estás tratando de animarme…

—Oh, ni siquiera se me pasó por la mente —declaró Regan—. Has tenido un día difícil, no querría empeorarlo mostrándote algo de empatía.

MK casi sonríe. Casi. Como Justine lo había dicho, MK había tenido un largo día lleno de problemas. No le molestaba ayudar, sólo que nada le estaba saliendo bien y había cometido muchos errores que por poco arruinan los avances de los demás. Para colmo había tenido una discusión muy fuerte con su padre cuando llegó a Hogwarts.

Radcliffe Bomba no era la clase de hombre del que MK pudiera decir sin pena que era su padre. Aun sentía vergüenza por la escena que había hecho en la mañana cuando Radcliffe se puso como loco acercándose a todo ser que fuera mágico; hizo preguntas incómodas a Flitwick y Toothiana, acosó a estudiantes y casi causó que Buckbeack quisiera arrancarle la cabeza por saltar en su corral. Tomó mucho tiempo para que se calmara o para que quisiera escuchar a su hija.

"Si mi madre estuviera aquí, al menos habría actuado con más decoro", por eso MK no había podido evitar gritarle, pedirle que se comportara como un adulto y no como un niño en un parque de diversiones. Radcliffe la había mirado con asombro, en sus ojos verdes MK pudo ver el dolor que había sentido, pero ella no sintió compasión. Detestaba que su padre arruinara las cosas para ella.

"Sólo espero que mamá venga pronto". Aunque tampoco estaba segura si la vería seguido. MK tenía muchas responsabilidades que atender, apenas tenía tiempo para descansar. Estaba preocupada por lo que pasaría si no conseguían hacer indetectable el mapa… quizás los capitanes de Durmstrang, Beauxbatons y Castelobruxo romperían relación con Hogwarts. El torneo era peligroso, mucho más ahora que los dragones habían destruido un país entero y que el MA estaba poniendo a los muggles contra la comunidad mágica. "Alicia dice que no debo preocuparme tanto, pero sé que ella lo hace. Están pasando tantas cosas a la vez que no puedo concentrarme".

—Sabes, MK —mencionó Justine atrayendo su atención. MK se dio cuenta que no la estaba mirando— a veces me preguntó qué estaría pasando si Pitch no hubiera sido liberado. Bien, no sabemos si su presencia causó la aparición de los dragones, pero lo demás no habría pasado. O tal vez sí, si las profecías de Hanabi tienen algo de ciertas.

—¿No crees lo que dice?

—Creo que el futuro no está decidido —confió con una sonrisa—. Somos seres humanos. Nuestra voluntad rige nuestro camino, Wave, sin importar que se interponga seguiremos adelante. No puedo decirte si llegaremos todos a ese futuro, pero sí que no nos vamos a rendir. Ahora parece todo perdido, pero nosotros estamos comenzando. No te agobies.

Esta vez MK sonrió aceptando el consejo de Justine.

—Mira hacia el frente siempre, MK —continuó la Slytherin— es la única forma de llegar al futuro.


El laberinto en Beauxbatons ofreció el sitio adecuado para su reunión. Aun así Kuvira no escatimó sentir el terreno para prevenir cualquier presencia inesperada. Con una patada en el suelo asintió satisfecha cuando comprobó que la mayoría de los asistentes estaban desperdigados en otras zonas.

Tantrum sólo pudo observarla intentando controlar el mohín disgustado de sus labios. Su célebre capitana era competente, lo que hacía todo más difícil. Si Kuvira fuera un poquito inútil podrían quitarla de su posición de líder y colocar a cualquiera de los hijos de las Cinco Casas Antiguas.

"Una pérdida de tiempo, si tengo que decirlo", pero afortunadamente Tantrum no tenía que hacerlo. Kuvira era consciente que había sido elegida por sus excelentes habilidades, y eso, más que el orgullo pisoteado de un montón de magos y brujas de sangre vieja, fue lo que el director Toffee consideró más importante para el torneo.

Su decisión no hizo feliz a nadie de las Cinco Casas, pero Toffee había sido inflexible incluso cuando el disgusto incrementó cuando añadió a los Parr. Toffee era un hombre misterioso. Tantrum no lo había visto en persona ni una sola vez, al igual que sus demás compañeros incluyendo a Kuvira, casi todo el tiempo permanecía recluido en su oficina y sólo se comunicaba a través de hechizos basados en la magia mental.

¿No deberían estar aquí los demás? —preguntó Violeta. Sus mejillas redondas estaban teñidas de carmesí por el frío. Era hermosa, alta y delgada. Si hubiera continuado estudiando en el Instituto de Brujas de Salem, probablemente habría robado la atención de muchas personas.

Sin embargo, con su sangre diluida, Violeta Parr no tenía lugar en Koldovstoretz donde la sangre lo era todo, donde habían mantenido sus tradiciones, costumbres y «pureza» durante milenios. Tantrum no menospreciaba a los de sangre diluida, simplemente meneaba la cabeza en negación ante su falta de conocimiento sobre la historia de la magia. Violeta y su hermano Dash, ese niño rubio de mirada impaciente y temperamento corto, habían sido sólo un favor de Toffee hacia Robert Parr.

Al parecer, el director de Koldovstoretz era amigo del padre de los Parr.

Violeta y Dash todavía residirían en Estados Unidos de no ser por el ascenso de puesto de su madre, Helen, un puesto que había conseguido por propio mérito del que pocas personas podían presumir, es decir, era un logro trabajar en el Ministerio de Magia de Rusia.

Prefiero hacerle frente a la profesora Belova, que tener a Dagur aquí —acotó Dash cerciorándose de que el dichoso pelirrojo no estuviera cerca por si acaso.

"No es tan tonto como se ve", admitió Tantrum delineando su labio con su dedo. Dash era impulsivo, pero hasta él se daba cuenta que Dagur era todo menos débil. Un duelo contra él siempre terminaría con el mismo resultado para Dash: una completa derrota.

Bueno, no necesariamente él —dijo Violeta—, pero Bog-Burglar y Meathead sí que tendrían que escuchar sobre esto. Después de todo, el director Toffee confió en nosotros para trabajar con los estudiantes del ITME.

Era un plan secreto dirigido por las respectivas autoridades de Rusia y un sector del gobierno nipón, dispuesto para combatir a los dragones (aunque por el panorama global actual –la caída de Rumania, las complicaciones en el torneo y los conflictos civiles ocasionados por el cada vez más latente Movimiento Antimagia-, Kuvira sospechó que su propósito sería modificado). Era de vital importancia que la cooperación entre las dos naciones permaneciera oculta hasta constatar las bases de todas las operaciones por llevar. Todos los proyectos ya habían comenzado, Kuvira, sus compañeros y los del equipo del ITME simplemente serían un puente de información usando el propio torneo para compartir los avances. Pero, a diferencia de los profesores del ITME que estaban al tanto de todo, Excellinor, Alvin y Mala habían sido relegados a un segundo plano. Después de todo, los participantes de Koldovstoretz tenían un nivel suficiente como para actuar de intermediarios sin que los descubrieran.

Honestamente, Parr, ¿crees que podrías obligarlos a venir aquí? —dijo Tantrum con una sonrisa divertida, que se transformó en una risita cuando las mejillas de Violeta se tiñeron más de rojo.

Violeta sabía la respuesta. La había aprendido como aprendió a desglosar cada frase que escuchaba en Koldovstoretz (un arte que Dash no podría nunca dominar). Las Cinco Casas Antiguas dominaban allá, sin temor a que su poder fuera cuestionado —al menos así fue hasta que Kuvira llegó—, durante más años de lo que Violeta podía contar si eran ciertas las canciones y cuentos que había oído desde que llegó.

No había sido del todo ignorante de los Primeros Pueblos, sin embargo, las historias en Salem eran más parecidas a grandes mentiras. Por supuesto, todo había cambiado al mudarse a Rusia, enterarse que, de hecho, no eran del todo mitos, y que había toda una jerarquía establecida por lo que los descendientes directos de los Primeros Pueblos denominaban sangre vieja y sangre diluida. No tenía nada que ver con las ideas puristas de los magos y brujas de Europa, ni tampoco la arbitraria mentalidad de la MACUSA en la década de los 20, sino, en simples palabras, era la trasmisión de poder de generación en generación. Algo que realmente Violeta seguía sin entender.

De esta manera Kuvira podía ser la capitana, quien decidiera al último segundo lo que se debía hacer, pero si Camicazi, Thuggory, Tantrum o Dagur la obedecían, era por voluntad, no porque los obligara. Si Tantrum estaba aquí no era por sentir una particular devoción hacia su equipo, sino por cumplir su deber.

¿En verdad esto es correcto? —preguntó Violeta mirando a nada en particular, pero con conflicto en sus ojos.

Es lo que tenemos que hacer —contestó Dash con un encogimiento de hombros. La lógica en él era sencilla; haría lo que fuera que le pidieran, siempre y cuando no les hiciera perder el torneo—.

Exactamente, Parr —asintió Kuvira volteándose hacia un sendero cubierto por nieve donde seis figuras se acercaban—. No nos corresponde decidir si es correcto o no, sólo hacerlo.

Tantrum se contuvo de reírse, aunque no porque temiera a Kuvira, sino para evitar delatarse (lo mejor era siempre mantener una imagen cordial). Si los de la vieja sangre eran testarudos, Kuvira lo era aún más. Si estaba haciendo todo esto, actuando en ese escenario, era porque era necesario para sus propios propósitos.

"Obsesionada con una niña", bufó en su cabeza mientras enrollaba uno de sus mechones pelirrojos, ocasionando el jadeo de Dash por la acción. "No es tan distinta a Dagur como cree".

Las seis figuras resultaron ser los participantes del ITME. De inmediato Kuvira se posicionó frente a su propio grupo. Las reuniones solían hacerse de la misma manera desde su primer encuentro en Australia. A diferencia de ella, el líder del equipo del ITME no se molestaba en demostrar que era quien mandaba. Kuvira no permitiría la mitad de cosas que Tadashi permitía a sus amigos. Era inamisible esa clase de actitudes infantiles que no aportaban nada.

"Por eso abandoné a Uagadou", pensó Kuvira oyendo el inútil parloteo de Fred, ese squib sin sentido de su posición, acerca de lo increíble que sería poder convertirse en un enorme monstruo lagarto.

Kuvira no había decidido ir a Koldovstoretz sin ningún motivo. Su decisión se debió a las pésimas decisiones que el ministro Aang, apoyado por el director Soka, había tomado para detener el desarrollo del Movimiento Antimagia. El eterno pacifista no logró nada con diálogos y discursos de amor y comprensión al misterioso líder del movimiento, el tal Amon. Kuvira no podía permitir que la situación se saliera de control por la ineptitud de algunos insensatos. Tenía que hacer algo, y la oportunidad se presentó cuando la hermana mayor de su maestra, Lin Beifong, regresó a la África subsahariana para convencer a Suyin de irse de allí.

Koldovstoretz no era como Uagadou; era álgido, brutal y muy cerrado. Estaba gobernado por familias antiguas mágicas que se habían originado hace miles de año, no muy diferente a Uagadou en cuanto a eso (la magia que se enseñaba en la escuela africana era de las más viejas de todas). Por la forma de impartir educación de Koldovstoretz, Kuvira se encontró en su elemento. Lo único que desdeñaba eran de las historias y canciones sobre el pasado; a pesar de ser una institución recluida, había cierta calidez cuando se trataba de las canciones de personajes heroicos, de tragedias y también de profecías. Old Wrinkly había instruido a Kuvira en ese particular aspecto, el viejo se sorprendió cuando ella desestimó todo aunque en Uagadou se compartieran canciones similares.

"El mundo mágico ha hecho mal en olvidar sus canciones", le decía a menudo, luego de tener un supuesto trance donde aseguraba ver el futuro. "Lo peor es que los de sangre diluida no parecen entender lo que ocurre, a pesar de que una gota del poder original se ha filtrado en sus venas".

Gracias por asistir a esta reunión —dijo Tadashi, tan educado como siempre, inclinándose frente a ellos. Su manejo del ruso era aceptable y necesario considerando que las negociaciones se habían hecho en ese idioma desde el principio.

Detrás de él sus compañeros se veían distintos a Tadashi, pues mientras él siempre permanecía serio y calmado, ellos actuaban como si no fuera nada importante. Kuvira se bastó con asentir hacia Tadashi, a la vez que señalaba una de las bancas cercanas para que pudieran sentarse y hablar cómodamente. No fue un gesto de cordialidad, sino uno para aparentar. El increíble jardín de Beauxbatons era hermoso como para romper el hielo. La álgida tensión había sido olvidada momentáneamente en pos de disfrutarlo, rápido se hizo común ver a los estudiantes de todas las escuelas en cortas charlas.

Así que Kuvira usó eso a su favor para que esto pasara por algo informal.

Kuvira y Tadashi habían conversado durante la travesía del Drazki, pero sólo fue para concertar esta reunión, la más importante y la que decidiría su plan de acción para el futuro. Las vidas de miles de magos y brujas dependían del éxito que los proyectos implicados tuvieran.

Tantrum se sentó al lado de Kuvira. No le pasaron desapercibidas las miradas de admiración, anhelo y deseo de los chicos en el ITME, no es que la halagaran; aliados o no seguían teniendo su sangre diluida. Eran un grupo particular, eso sí, empezando con Tadashi, su madurez y tenacidad eran lo que mantenía funcionando al equipo, eso compensaba la testarudez de Hiro, la ansiedad de Wasabi, la indolencia de Gogo y la inquietud de Honey. En cuanto a Fred… Tantrum ni siquiera brindó unos segundos de su atención a ese aberrante. Los squibs eran antinaturales, cuerpos en los que la magia no podía fluir, en los que la sangre vieja no podía hacer nada que se suponía debía hacer.

Además ningún squib entendería jamás la magia.

¿En qué estás pensando, Fred? —preguntó Gogo al notarlo callado. Era habitual que Fred parloteara hasta cansarse (lo que nunca ocurría), así que el hecho de que no hubiera dicho una sola palabra desde hace media hora, era un preocupante.

Fred metió las manos dentro de su chaqueta, exhaló de tal manera que se formó una gran nube de vapor frente a su cara.

En nada, ¿por qué?

Tienes cara de que quieres pensar en algo, pero no puedes porque eres estúpido.

¿Ésta es la manera en la que quieres animarme, Gogo? Prefiero tus golpes al veneno que escupes de tu boca.

Oh, vamos, hombre —le dio un codazo—. No tomes sus palabras en serio. Beauxbatons no es como el ITME. No puedes esperar que te acepten en todos lados.

Fred prefirió no decir más. Aunque Gogo tenía razón eso no lo hacía menos doloroso. Ser un squib no era fácil. Saber que no podías usar magia a pesar de pertenecer a una familia de magos y brujas, era como estar en el Paraíso sin poder tocar nada. No había tenido problemas desde que fue aceptado en el ITME, y aunque había sabido que no podía esperar lo mismo de otras escuelas, fue sorprendido por el gran rechazo.

Nuestro director ha confirmado el presupuesto para llevar a cabo cuatro proyectos de la lista final —dijo Kuvira a Tadashi. Sacó de su manga dos pequeños pergaminos—. En Koldovstoretz hay más de quince bases alrededor de la fortaleza principal que servirán como laboratorios o lugares de prueba. En estos pergaminos encontrarán la ubicación de dos.

Perfecto —asintió Tadashi guardando los papeles rápidamente—. El director Callaghan se encargará de "Unión de Mundos" y uno de nuestros profesores del proyecto "Defensa". Nuestro ministro ha convencido a los políticos muggles de Japón de no desplegar al ejército, a aguardar a que el torneo acabe para movilizar totalmente nuestras fuerzas conjuntas y hacer frente tanto a los dragones como al Movimiento Antimagia.

¿Ha habido nuevas noticias sobre el estado actual en África? —intervino Tantrum llamando la atención de Tadashi. Sin la presencia de Camicazi, Thuggory y Dagur, ella tenía que representar los intereses de los de sangre vieja.

El ministro Aang ha decidido cerrar fronteras para limitar la guerra civil.

¿Guerra civil? —cuestionó Violeta, palideciendo. Creyó que la situación no era tan crítica.

El movimiento ha conseguido que muchos muggles se pongan de su lado —explicó Tadashi—. Ha habido reportes de peleas, desapariciones… algunos creen que magos y brujas han sido secuestrados y que han descubierto una manera de… "sellar" la magia. No sé cómo explicarlo de otra manera.

Estamos en estado crítico —dijo Tantrum, asintiendo con comprensión. Sin duda el tiempo estaba en su contra por lo que era imprescindible que los planes se llevaran a cabo con exactitud—. Por ahora lo mejor será continuar con lo pactado y asegurarnos de entrenar para lo que viene. Los proyectos son apoyo valioso, pero los guerreros deben ser eficaces y competentes al momento de luchar.

Con los avances que hemos hecho, dudo que se necesiten "guerreros" —indicó Hiro con petulancia—. Los diseños de las máquinas asegurarán una mayor eficacia en el campo de batalla. Cualquier idiota será capaz de manejarlas cuando estén listas.

Tantrum lo miró como si una mosca muy molesta hubiera zumbado cerca de ella.

"Si cualquier tonto puede controlar sus baratijas, ¿cómo podremos tener confianza en que funcionarán? Tendremos a cobardes tomando las decisiones importantes y a los idiotas luchando las guerras. Todo un desastre".

Hiro acabó por revelar algo de vital importancia. Los líderes de las Cinco Casas Antiguas no aceptarían que cualquier incompetente dirigiera los proyectos.

Bien —retomó Kuvira—. Por ahora hemos establecido el primer paso, ya hablaremos de nuevo cuando finalicé la prueba de Beauxbatons sobre los avances y la logística de las siguientes semanas

¿Han establecido contacto con Beauxbatons? —preguntó Wasabi—. Tadashi y yo hemos intentado acercarnos a su capitán, pero se ha mantenido al margen de nuestras insinuaciones.

Precisamente porque son insinuaciones, no sirven de nada —dijo Kuvira haciendo que Wasabi, Gogo y Hiro fruncieran el entrecejo—. Kristoff Glacefolle no hará ninguna alianza que Gabriel Agreste no apruebe. Si queremos anexar a Beauxbatons, lo mejor será demostrarle al director Agreste las ventajas de dicha alianza.

Dudo que ese ermitaño loco quiera hacer algo —dijo Hiro cruzándose de brazos. Su cuerpo tiritaba y estaba empezando a nevar; odiaba la nieve—. Los rumores dicen que cambió luego de que su esposa se accidentara.

Esos rumores son infundados —desestimó Kuvira, poniéndose de pie—. Como sea, sin importar qué debemos asegurar que se nos unan. Dado que sus intentos no han dado fruto, mi equipo y yo nos encargaremos de eso. Es todo por ahora.

Si Tadashi y los demás se molestaron por las palabras y tono de Kuvira, no tuvieron la oportunidad de externarlo. Con los asuntos prácticamente discutidos, Kuvira no tenía que quedarse más tiempo. La prueba sería dentro de dos días en los que tenía que prepararse, además, si quería construir una alianza con Beauxbatons lo mejor sería tratar con la profesora Sancoeur —quien parecía muy cercana al director Agreste.

Ante la actitud de Kuvira, Tantrum sólo suspiró con indignación. Violeta intentó suavizar las cosas con cumplidos y sonrisas, y Dash no aportó nada más que miradas airadas por donde se había ido su compañera.

Su amiga sí que es dura —comentó Fred cuando Kuvira estuvo lo suficientemente lejos para que no lo escuchara—. Pensé que Wasabi era severo con su afán con la higiene y el orden, pero ella le gana.

Que tú uses la ropa hasta que huela como retrete tapado, no significa que yo lo haga. La limpieza es fundamental para las personas. Es lo que nos diferencia de los animales.

Sí, bueno, sabemos que Fred es una bestia así que tiene sentido que quiera oler como una —comentó Gogo ganándose una mirada indignadísima de su compañero.

Tantrum decidió que no quería quedarse a escuchar acerca de los hábitos poco higiénicos de un squib, por lo que se excusó y se levantó sintiendo las intensas miradas de los hombres (porque hasta Tadashi no pudo evitar echar un vistazo). No llamó a los Parr, no le interesaba lo que hicieran en su tiempo libre. Tantrum estaba segura que lo usarían para el ocio, justo como Camicazi, Thuggory y Dagur estaban haciendo.

"Bueno, yo también puedo hacerlo". Después de todo, los jardines eran hermosos (en Koldovstoretz no había nada igual) y su guía les había mostrado que la mejor manera de aprender la historia de la escuela no sólo era mediante libros, sino por las estatuas. Tenía mucho que averiguar, entonces.

Ella es hermosa —comentó Fred totalmente cautivado, sintiendo como sus mejillas enrojecían no precisamente a causa del frío.

No tienes ninguna oportunidad con ella, papanatas —dijo Gogo.

Uy, alguien está celosa —comentó Honey picándole la mejilla izquierda—. Pero me pregunto, ¿por cuál de los dos será?

Gogo rodó los ojos mientras detenía a Fred de ir tras Tantrum, más que celos lo que hacía era evitar un conflicto. Los estudiantes de Koldovstoretz, sobre todo los de la supuesta sangre vieja, miraban a Fred como si fuera poca cosa. Gogo siempre protegería a sus amigos, pero en este caso no podía poner en riesgo la alianza por un malentendido. Por ahora lo mejor era mantener alejado a Fred de problemas.

Gracias por brindarnos su tiempo —agradeció Tadashi haciendo otra reverencia. Hiro resopló detrás de él; si había algo que le disgustara tanto como los estudiantes de Mahoutokoro (excepto Riley) y el vejete de Stanford Pines, era la excesiva cortesía de Tadashi.

Antes de que Hiro pudiera abrir la boca para dejar salir algo grosero e innecesario, Tadashi con ayuda de Honey y Wasabi se lo llevaron. Hiro podía ser un niño genio, pero debía aprender cuándo callarse.

A Riley no le gustan los chicos malhablados y desagradables, Hiro —dijo Honey poniéndole una mano en su hombro.

Sí, a ella le gustan más los chicos agradables y educados como Kub-… —Wasabi no terminó al ver la enfurecida expresión de Hiro.

Hiro odiaba a Kubo. Aunque nadie sabía exactamente por qué.

No tenemos tiempo de pensar en el amor no correspondido de Hiro —comentó Gogo empujando a Fred que insistía en mirar hacia atrás—. La prueba de Beauxbatons será dentro de dos días. Hay cientos de estatuas en este lugar, ¿qué les hace pensar eso? Hay mucho que debemos investigar si no queremos toparnos con sorpresas.

A mí lo que me sigue poniendo los pelos de punta son las mismas estatuas —dijo Wasabi mirando las figuras a su alrededor con aprehensión. Procuró no usar un volumen alto para que no lo escucharan—. ¿Y la más tétrica de sus historias? Definitivamente la de la mujer que hizo muñecas de los niños que secuestraba y asesinaba, lo peor es que dicen que siguen apareciendo muñecas.

¿Temes que te conviertan en una? —cuestionó Gogo—. No seas infantil, Wasabi.

No es infantil evitar que nos asesinen. Están pasando demasiadas cosas preocupantes desde lo del bosque en Durmstrang. Deberías pedirle ayuda a ese tal Hans. Nos vendría bien un consejo de un estudiante de esta escuela.

¿Un consejo de Hans? Es como pedirle un favor al diablo.

Tadashi se mantuvo distante de la discusión que inició entre ellos. Gogo tenía razón. Debían prepararse luego de lo que sucediera en Durmstrang. Tadashi no era ingenuo, no se había tragado las explicaciones de Sidmodius. Lo que vio durante la prueba, la inusual administración del instituto y el despido de Tara Queen, lo pusieron en alerta. Algo grande se estaba cocinando detrás de escena, pero a qué punto o quiénes estaban involucrados así como sus motivos eran preguntas que todavía no podía contestar.

Y las palabras de Adrian Flint venían a él con frecuencia, cada que se decía a sí mismo que todo estaría bien.

"¿Serán reales los rumores? Pitch Black, Gothel… no hay información más que la que el ministro inglés Nott confirmó. No puedes creer en todo lo que diga una sola persona… sin embargo, ¿qué ganaría con ello? ¿Qué pretenden hacer los de Hogwarts?", así como se percató de las irregularidades, también lo había hecho de los cambios en él mismo. El incidente con los Babcock continuaba siendo un recordatorio de cómo inesperadamente había perdido el control. El enojo lo había cegado, y como consecuencia, había herido a dos niños que sólo estaban tratando de hacer lo mejor. "Necesito hablar de esto con alguien. No soy imparcial en estos momentos. Quizás la profesora Callaghan pueda ayudarme".

Tadashi tenía miedo de lo que podía llegar hacer si no entendía esta parte de él. Había visto las marcas en el rostro de Courtney y los azulísimos ojos de Norman llenos de indescriptible terror luego de la prueba. No podía permitir que eso pasara otra vez.


La reunión de emergencia de la Confederación Internacional de Magos concluyó con desacuerdos y más conflictos que soluciones, Theodore comprendió que la situación estaba perdida. No había calculado correctamente la influencia de los poderes combinados de Pitch y Gothel, así que había esperado que en la junta, dado lo que sucedió en Rumania, se limaran asperezas y se trabajara en conjunto para tratar de equilibrar la situación.

Se había equivocado.

Los intereses de cada sector no habían encontrado un punto medio y las distintas amenazas —con la respectiva importancia que le daban a cada una— habían hecho imposible un acuerdo dividiendo al mundo entre buenos y malos.

"Para comprender el estado de la humanidad puede que basta con saber que la mayoría de los triunfos y grandes catástrofes de la historia no se deben a que las personas son buenas en esencia o malas en esencia, sino que a las personas son esencia personas", citó a Pratchett y Gaiman respecto a la situación actual.

Al regresar al Ministerio de Magia de Reino Unido e Irlanda le pidió a Angelina repasar los tratados internacionales y revisar los permisos y organización del torneo para hallar una razón para detenerlo ya fuera en la mala administración; prefería hacerlo de otro modo, pero tenía otros problemas que atender por lo que un plan más elaborado era imposible a estas alturas. Afortunadamente Angelina estaba tan furiosa por lo que había sucedido que le prometió que tendría el trabajo ese mismo día. Theodore sabía que cumpliría su palabra.

Theo envió un mensaje a Susan para que ella y Goyle configuraran una red de apoyo y ayuda para lo que se avecinaba, tendrían que trabajar en cooperación con MacMillan y Regulus (en cuanto volviera de su misión en Transilvania) para hacerlo más rápido. Si una guerra se desataba, que era lo más seguro, era sensato asegurar los suministros y mantener el flujo económico como mejor pudieran. Tendría que hablar con Dean Thomas al respecto.

—Fue un día duro —dijo Hermione tomando asiento frente a su escritorio mientras Theodore se desajustaba el cuello de su túnica gris. Ella había asistido a la reunión y había terminado tan exhausta como él—, pero al menos pudimos lograr algo.

Ese algo fue una breve oportunidad de contactar con los ministros de otros países. Theodore había conseguido hablar con el ministro de Japón y el de Rusia aunque no había sido por coincidencia, fue un movimiento premeditado desde que supo acerca de los Primeros Pueblos, y considerando que las autoridades de África se habían aislado sin asistir a la junta, Theodore tuvo que conformarse con lo que tuvo a mano.

—Fleur trabajó un año en Japón —comentó Hermione deshaciendo el apretado peinado que se hizo para la reunión—. Ella conoce mejor que nosotros la administración de su ministerio. Podemos preguntarle ahora.

Theodore evitó sonreír. La energía de Hermione Granger era inacabable y muy contagiosa, parecía que nunca se detendría hasta no haber hecho un cambio. Era… una cualidad que apreciaba. Informó a Percy que volverían a salir para que acomodara sus restantes reuniones para mañana y que le avisara a Alois y Alaudi que tendrían que quedarse más tiempo con los Parkinson.

—¿Regulus ha vuelto?

—Aún no, señor —respondió Percy mientras leía uno de los muchos archivos antiguos sobre Durmstrang. Él también estaba esforzándose por encontrar un nombre que les diera una pista sobre lo de los árboles de Edelwood—, tampoco Zabini ni los Scamander lo han hecho.

—Cuando lo hagan, avísame enseguida —pidió Theodore extrañándose que para ese momento ninguno hubiera regresado.

Él y Hermione tomaron la red flu para ir a casa de Bill y Fleur. A los propietarios no les sorprendió verlos llegar, por lo que los recibieron con naturalidad poniéndose al tanto de las circunstancias. Fleur explicó el funcionamiento del Ministerio de Magia de Japón, extrañándose que su ministro se acercara a Theodore por voluntad propia.

—Tienes que ser precavido —dijo Fleur—, no es por ser alarmista, pero ellos son… misteriosos, a falta de mejor palabra. Al igual que los rusos. Cuando trabajé con ellos percibí cierta distancia hacia mí. Ellos son muy reservados y si quisieron aliarse contigo es porque descubrieron que tienes algo que puede beneficiarlos.

—Si es así tendremos que averiguar de qué se trata —pronunció Hermione—. Lo mejor será concentrarnos en las metas más cercanas.

—¿Te refieres a lo de Durmstrang? —inquirió Bill—. Entonces los sortilegios que les di sí funcionaron.

—Eso está por verse, Weasley —dijo Theodore invocando con su varita un modelo a escala del terreno de Sta. Katherine, donde podían apreciarse puntos que señalaban la posición del hechizo de transportación—. Draco y Astoria lo han preparado, pero la cantidad de magia que se requiere sigue siendo demasiada. Astoria no está en posición de usar magia por ahora, así que hay que encontrar a más personas que puedan ayudar a mantener el hechizo hasta que se complete el viaje.

—Cuenta con nosotros, los Malfoy son nuestros amigos y haremos lo que sea para ayudarlos —dijo Bill al instante. A su lado Fleur asintió con vehemencia—. Espera, ¿ellos no iban a ir a Beauxbatons para la prueba? Astoria no debería salir si su salud es delicada.

—Intenta decírselo a ella. Draco ya desistió —suspiró—. Nadie detendrá a una madre de ver a sus hijos… Tuff y Ruff están en medio de un gran problema. Astoria moriría antes de dejar que algo les pasara.

—Iremos con ellos —propuso Fleur con ese tono que no dejaba lugar a discusiones. Bill la conocía muy bien para saber que no sólo Astoria era una madre preocupada—. La última vez que hablé con Toria me dijo que sus padres los acompañarían, pero unos cuantos más no estorbaran. Iremos este fin de semana y luego regresaremos para apoyarlos con lo de Durmstrang.

Si hace unos años alguien le hubiera dicho a Theodore que un Weasley estaría dispuesto a ayudar a un Malfoy, se habría reído. La amistad entre Draco y Bill había comenzado cuando Bill creyó que alguien había robado dinero de las cámaras de los Malfoy. En ese entonces Bill no tenía mucha estima por ellos, pero era un Gryffindor de corazón y su consciencia le habría impedido dormir si no lo informaba a Draco.

"Y Draco sólo tuvo que decirle que no había sido ningún robo, sino la 'compensación' que el ministerio exigió por los crímenes que su familia cometió", una compensación de varios miles de galeones. Bill se había sentido mal, como si perder dinero fuera una tragedia (porque para Bill que había vivido siempre con lo justo durante su infancia, lo era), pero eso inició algo que ninguno de los dos esperaba.

Aún recordaba la primera vez que Draco invitó a Bill y a su esposa a cenar en la antigua mansión de los Malfoy; las caras que pusieron Blaise y Pansy habían sido impagables y hasta Narcissa había lucido desconcertada.

La barrera que protegía la casa de Bill se estremeció. Había llegado una visita inesperada y no querida si es que la expresión alterada de Bill era un indicio. Los cuatro se pusieron en guardia; Fleur fue inmediatamente a la habitación de Louis mientras que Theodore, Bill y Hermione tomaban posiciones. Una línea de fuego se veía desde la ventana y temieron lo peor.

Cuando salieron se toparon con la inusual imagen de un enorme dragón negro recostado sobre la arena de la playa, sobre su lomo estaba un acalorado Charlie Weasley con marcas inequívocas de que había estado en el aire por mucho tiempo. Bill se apresuró en bajar, seguido por Theodore. Hermione fue con Fleur para ponerla al tanto de quien había llegado y asegurarle que estaban a salvo.

—No se preocupen por ella —dijo Charlie cuando Bill y Theodore permanecieron a una distancia considerable de la exhausta Norberta—. Nos hicimos amigos en el camino. Supongo que es lo que pasa cuando huyes por tu vida. No les hará daño.

—¡Por la Espada de Godric Gryffindor, Charlie! —exclamó Bill pasándose una mano por el cabello pelirrojo—. ¿Qué diablos hiciste todo este rato? Nuestra madre está histérica por lo que pasó en Rumania. Cuando nos dijeron que todo el país fue reducido a cenizas, temimos lo peor.

—No soy fácil de matar, hermano —sonrió Charlie bajando a la playa. Sus piernas temblaron y cayó de cara sobre la arena. Aunque Norberta había volado, Charlie había tenido que mantener sus piernas fuertemente apretadas en su lomo para no caerse… se haría una silla para montar en cuanto pudiera sentir las piernas de nuevo—. Tengo muy malas noticias…

Bill y Theodore tuvieron que cargarlo para llevarlo hacia la casa. Charlie tuvo que explicarles reiteradas veces a Hermione y Fleur que Norberta no atacaría, que estaba demasiado cansada para pensar en otra cosa que no fuera dormir. Había sido un largo viaje y no habían parado ni para comer (salvo Norberta que pudo cazar algunos animales lanzándose en picada sobre alguna desprevenida granja). Cuando Charlie bebió un poco de hidromiel, pudo hablar de todo lo que había ocurrido.

Cuando terminó no le sorprendió el ambiente de pesadumbres que quedó. Charlie no hizo nada para aliviarlo. Tenía cosas en las que pensar ahora que todo por lo que una vez había vivido ya no estaba. Volar en Norberta fue su sueño cumplido, pero también que fue un sueño que había costado la vida de innumerables dragones que había cuidado por años. Si su trabajo no le hubiera endurecido hasta el alma, se habría puesto a llorar desconsoladamente.

Miró a Theodore, el hombre que había enviado a Regulus para asegurarse que Mavis Drácula permaneciera a salvo, para asegurarse que esa niña no tuviera que vivir más experiencias desagradables. ¿Qué estaría pensando? ¿Estaría arrepentido aun si no fue su culpa? ¿Actuaría fríamente, analizando la información que Charlie y Regulus habían conseguido recopilar en tan poco tiempo? Theodore había demostrado que las situaciones peliagudas no lo amedrentaban y Charlie admiró que su rostro no mostrara nada sino una tranquila sobriedad cuando él sólo quería tomar una siesta de varias horas para luego atender a Norberta de las heridas que había recibido.

—Ya veo —dijo Theodore—. Weasley, en cuanto recuperes fuerzas necesito que hagas un reporte acerca para que lo entregues a Daphne Zabini.

—¿La jefa de la unidad médica? —inquirió Bill—. ¿Por qué?

—Gothel hacía experimentos con cadáveres cuando se ocultaba bajo la identidad del Asesino Sinrostro. Daphne ha tenido la teoría que intentara crear más cosas horripilantes. Ella será capaz de averiguar qué podríamos estar enfrentando en un futuro cercano. Weasley —Bill supo que ahora se refería a él—, informa a tu familia de la llegada de tu hermano, pero no menciones al dragón. Habrá un escándalo si el público descubre que uno está en el país, así no pertenezca a los nuevos. También habla con los duendes de Gringotts. No les gustará la idea, pero deben mover su centro de operaciones a otra parte. La catástrofe de San Mundo les ayudará a agilizar esa decisión. Hermione y yo iremos a Grimmauld Place a informar a Lady Black de lo que pasó con su esposo.

Se movieron de prisa. Bill llevó a Charlie a una de las habitaciones de arriba, donde Louis se sorprendió de ver a su tío.

—¿Estás bien, Nott? —preguntó Fleur cuando Theodore y Hermione se acercaron a la chimenea para irse—. Conozco esa cara, es la misma que Draco pone cuando está pensando en algo importante y no quiere que los demás lo sepan.

—No estoy bien —respondió Theodore sabiendo que una respuesta indirecta haría que Fleur lo detuviera más tiempo—, pero tengo cosas por hacer. No puedo detenerme hasta que esto acabe.

Sin decir más desapareció entre flamas verdes dejando atrás a las mujeres que se miraron mutuamente.

—Hermione —dijo Fleur cuando ella tomó un puñado de polvos flu—. No lo dejes solo. Es el problema con ellos —era obvio que se refería a Draco, Theodore y todos los antiguos Slytherin—, no creen que pueden contar con los demás en situaciones como ésta. Theodore puede no aparentarlo, pero está preocupado por lo que pasó con Regulus Black.

Ella asintió. No tuvo que pensar demasiado en lo que Theodore estaría sintiendo en ese momento. Aunque actuara como si no le importara, él se preocupaba por las personas con las que trabajaba. Pero no sólo era por Regulus. Theodore había enviado a Blaise y a los Scamander a Durmstrang para investigar ese condenado bosque. Si Black no había regresado de una aparentemente misión sencilla de Transilvania, ¿qué habría sido de Blaise y los Scamander?

Hermione no comprendía del todo la amistad de Theodore y Blaise. A ratos parecía que sólo se molestaban, pero conocía bien a Theodore para intuir que nunca estaría cerca de una persona que sólo le produjera dolores de cabeza. Blaise era importante para Theodore y si lo había enviado a un lugar sumamente peligroso, se sentiría culpable.

Theodore se había vuelto su protector, así que si algo lograba lastimar a sus amigos, él tomaba toda la culpa.

Petunia los recibió con cortesía, un tanto intrigada de su presencia en la casa. Su nuera y sus nietos también estaban ahí; Henrietta y Anthony sonrieron cuando vieron a Theodore y Hermione, mientras que Magnolia sostenía a una dormida Kate mientras que el pequeño Robert intentaba que Kreacher le dejara jugar con su viejo guardapelo.

Theodore miró fijamente a Petunia y a Kreacher, y les pidió que lo acompañaran a la sala para hablar.

—Es mi esposo, ¿verdad? —dijo Petunia acabando con el ruido que sus nietos hacían, logrando que todos se miraran entre sí con confusión. Theodore no dejó que el silencio fuera su respuesta, por lo que asintió.

Hermione estuvo atenta a la reacción de Petunia. La historia de amor entre ella y Regulus le seguía pareciendo increíble y era extraño verlos juntos cuando ella había estado casada tanto tiempo con Vernon, pero al final no importaba porque ambos se veían felices. Creyó que Petunia estallaría en llanto, que gritaría y reclamaría, pero Petunia Black no era como Petunia Dursley; esta Petunia no hizo amago siquiera de gemir lastimeramente, esta Petunia estaba casada con un mago que había vuelto de la muerte y no iba a derrumbarse.

—¿Qué mensaje dejó? —su tono bien pudo competir con la frialdad de cualquier Slytherin. Hermione comprendió qué había visto Regulus en ella. Hasta Kreacher dejó de estremecerse para imitar la fuerza de la esposa de su amo.

—"Hoy no" y "Lo siento" —dijo Theodore.

Petunia escuchó el mensaje en un solemne silencio. Cerró los ojos y respiró profundamente. Le tomó un rato reunir la fuerza necesaria para hablar, para mirar a Theodore directamente a la cara.

—Mi señor esposo es un bromista —dijo—. Promete que regresará, pero luego se disculpa como si no fuera hacerlo. El idiota cree que lo voy a esperar otra vez, cree que no le diré nada por matarme de la preocupación. Cuando vuelva me aseguraré que entienda que irse a ser el héroe ya no es una opción para él, que ahora tiene cosas por las cuales debe de regresar. Gracias por tu consideración, Theodore, pero no debes preocuparte por Regulus ni sentirte culpable. Él volverá.

—¿Está bien el abuelito Reg, abuela? —preguntó Henrietta.

—Claro que sí —le dijo a su nieta—, él sólo está atrasado.

Petunia avanzó hacia Theodore que lució indiferente a su cercanía. Lo agarró de los antebrazos con gentileza.

—Es imposible predecir lo que el mundo hará, Theodore, y si no lo entiendes es que sigues siendo ingenuo. No te equivocaste a enviar a Reg a Rumania. ¿Acaso crees que dejaría a mi esposo ir si supiera que no volverá? No subestimes la preocupación de una mujer. Mi esposa volvió de la tumba y creo firmemente que es porque todavía hay algo que debe hacer. Así que no te atrevas a suponer lo peor.

Para Hermione Theodore había sido un misterio la mayoría del tiempo. Conforme lo había conocido, luego del asunto de las novatadas y su ascenso como ministro, se había dado cuenta que su reputación era… inadecuada. Theodore era inteligente y frío, pero eso no era lo que Hermione rescataba de él solamente, no. A pesar de todo Theodore no era un héroe, sus acciones no estaban regidas por el altruismo, sino por su ego (se ha enseñado que el ego es sinónimo del mal y el altruismo el ideal de la virtud, pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Ésas son las funciones del ego).

—¿Para qué sirve el arrepentimiento, Theodore? —cuestionó Petunia con amabilidad—. El arrepentimiento no borra nada de lo que ha pasado. El mejor arrepentimiento es simplemente hacer algo al respecto.

"Theodore es un monstruo", concluyó Hermione cuando miró al hombre del que se había enamorado. Tuvo que descubrirlo en ese momento. Theodore no era un caballero galante que iba a salvar el mundo, Theodore era un ser monstruoso que usaría a cada personas, objeto o cosa a su disposición para asegurar sus intereses. "Pero tal vez un monstruo sea lo que necesitamos".

Los ojos claros de Theodore Nott prometían un sinfín de actos inimaginables, imperdonables e inescrupulosos para quienes se interpusieran en su camino, porque Theodore no era nada sino un egoísta que no quería perder lo que más le importaba. Ése era su miedo más profundo, un miedo que nunca había dejado que lo domara.

Hermione no había sabido qué decirle cuando dedujo que Theodore estaría preocupado por el paradero de Blaise, pero ahora sí. Por eso cuando se despidieron de Petunia y su familia —luego de acordar que sería ella quien le informaría a Sirius sobre Regulus— y volvieron a la oficina del ministerio, Hermione lo tomó de la mano.

—Theo —dijo suavemente atrayendo su atención hacia ella. Quería que la mirara para que viera lo mucho que le importaba—. No me importa lo que seas ni tampoco en lo que te conviertas, estaré contigo hasta que esto acabé.

Supo que él confiaba en ella cuando recargó su frente entre su espeso cabello. Theodore apreció el momento y hasta se permitió ser gracioso.

—Seré la envidia de muchos ahora. Hermione Granger me ha escogido.

—Oh, calla —le dio un golpecito en el antebrazo—. Nadie en este mundo es digno de ser envidiado. Todo el mundo es patético.

—¿Pretendes cautivarme más?

Ella pretendió que sus palabras no la hicieron sonrojar.

—Pretendo recordarte que tú sigues siendo parte de este mundo, Theodore Nott.

Theodore apretó su mano con anhelo.

—Sí, definitivamente me has cautivado, Hermione Granger.


Maite respiró profundamente. Sus vuelacámaras descansaban junto a ella luego de haber reunido el material que necesitaba. No solía tomar tanto tiempo prepararse para cada trasmisión, pero después de las últimas noticias sabía que debía hacerlo mejor que nunca. Durante la última semana se había topado con la irritante, pero no poco familiar, sensación de impotencia, de no saber qué más podía hacer.

Mucho más cuando, después de asegurarse que Courtney Babcock estaba bien, había intentado hablar de nuevo con sus antiguos profesores de Castelobruxo. El maestro Waialiki se había negado rotundamente, sin darle tiempo a explicarse; Maite no pudo enojarse con él por mucho que su terquedad la impacientara. El problema vino cuando quiso tratar con Kya.

Kya siempre había sido razonable, pero los cambios bruscos y la inminente amenaza de los muggles, dragones y el MA, habían conseguido endurecerla. Aun así Maite había tratado de convencerla y la respuesta fue breve, pero brutal.

"¿Acaso crees que es un asunto de todos contra Hogwarts ahora? Eres lista, Maite, pero una vez te casas con una idea, no hay nada que te disuada de ello. Temes por ellos, pero no por el mundo. Las noticias son terroríficas y en lo único que te enfocas en ayudarlos a ellos".

Maite no pudo sino darle la razón. Había enfocado su atención en Hogwarts y había olvidado que no sólo ellos estaban luchando. Los demás también se estaban arriesgando.

—Es un lugar encantador, ¿no lo crees?

A Maite no le sorprendió encontrarse inesperadamente con la profesora Lalith, ni tampoco la familiaridad con la que le habló. Lalith tenía una apariencia extraña, similar a las imágenes de extraterrestres de los muggles. Era alta con el cuerpo delgado y torneado, y cuatro brazos. En Castelobruxo de rumoreaba que había obtenido esa apariencia debido a fallidos experimentos de transformación; la verdad pocos la conocían, y a pesar de haber intentado descubrirla, Maite había fallado.

—Es agradable, profesora —contestó Maite mientras ambas tomaban asiento en la orilla de una fuente donde brincaban distintas figuras blancas parecidas pequeñas libélulas—. ¿Cree que finalmente…?

—¿… cancelen este torneo? Si en verdad lo hubieran pensado ni siquiera habríamos viajado a Francia. No, no lo harán, hasta qué punto intentaran continuar es una incógnita para mí, señorita Rubio.

—Sidmodius podría…

Lalith la interrumpió de nuevo, claramente ufanándose de la aparente ingenuidad de Maite.

—Vaya que esos chicos te han cambiado. Antes no habrías dudado en decir que él era demasiado estúpido para hacer algo bueno. No estoy aquí para criticar a los de Hogwarts, que conste, es que no veo ningún propósito en lo que hacen considerando la situación actual. No es un problema que pueda ser solucionado sólo por ellos.

—Pero se originó en Hogwarts —replicó Maite sabiendo que el ministro Nott no había tenido reparos en compartir información sobre Pitch y un poco sobre Gothel para mantener alerta a los otros ministerios—. Ellos quieren salvar este mundo de la destrucción.

—A menudo la necesidad de salvar el mundo esconde la necesidad de gobernarlo —refutó Lalith con calma ante el ceño fruncido de Maite—. El ministro Nott, McGonagall y todos esos niños pueden pretender buenas intenciones, ¿pero las tienen?

—Así es —aseguró Maite—. No son perfectos, profesora, ni ídolos de lo que podamos anclarnos para hacer acciones buenas. Son humanos, pero se están esforzando. ¿Acaso cree que no preferirían estar en su hogar, de vuelta en su escuela donde no los tratan como si estuvieran intentando destruir el mundo? Muchos de ellos han sido parte de las redadas de dragones, muchos han peleado directamente contra Pitch y Gothel, expusieron memorias sobre eso en la apertura y sólo obtuvieron indiferencia. Está bien que desconfíen, pero desde el principio ellos han dicho que no es momento para juegos y no los han escuchado. Ahora que pasa esto tratan de actuar como si siempre hubieran estado al pendiente de la amenaza.

Lalith se quedó un rato mirando a su ex alumna. Había considerado a Maite una bruja excepcional, siempre con metas claras en la cabeza y una tenacidad que escaseaba en el mundo. No había cambiado desde sus años de escuela, pero podía notar las deferencias; Maite no era inexpugnable. No era una columna de piedra indemne, por lo que podía decir que estaba pasando por una gran presión.

"¿Pero qué es el cambio sino una gran turbulencia en nuestra tranquilidad?", Lalith no podía decir que era el mejor momento para dudas, ¿pero cuándo lo era? Tampo le habría dicho que todo tiene su tiempo y su lugar, que no hay prisas ni lentitud.

—Ten fe en ellos, entonces —dijo Lalith poniéndose de pie y colocando una de sus cuatro manos sobre el hombro de Maite— y ten fe en ti misma. Hay muchas cosas que cambiarán y cosas que tendremos que hacer para enfrentarlas, por ahora no hay que caer en la desesperación.

—¿Es posible no desesperarse cuando todo parece perdido?

—Es precisamente cuando debemos ser capaces de sobrellevarlo, señorita Rubio. Si te sirve hablaré con el profesor Waialiki y con Kya. Malentendidos o no, debemos llegar a un acuerdo sobre cómo proceder ahora.

—Gracias, profesora —sonrió apenas. Lalith asintió retirándose, conforme se alejaba se llevaba la atención de los pocos estudiantes alrededor.

Maite volvió a suspirar. Bien, tenía mucho que hacer ahora. Empezando por preparar el material para la trasmisión antes de la cena. Kya y Lalith habían tenido razón al hacerle notar que se estaba enfocando en Hogwarts, así que trataría de ampliar su margen para incluir a las demás escuelas como pudiera.

We'll meet again. Don't know where. Don't know when. But I know we'll meet again some sunny day.

Maite volteó tan rápido que tuvo la certeza que se había lastimado el cuello. Él no la miraba, pero estaba segura que no lo necesitaba para sentir la presión de su presencia. Había procurado no quedarse a solas con él —lo cual era un tanto cobarde de su parte— aunque no solía escabullirse de sus problemas (¿desde cuándo él se había convertido en un problema?).

"Parece tan humano", pero no lo era. Era una máscara que ocultaba a un monstruo terrorífico.

Un monstruo con cabello rubio, piel pálida y traje sastre. Stanford le había confiado, en una de esas conversaciones profundas que compartieron, sobre la primera apariencia humana de Bill. No era ese adulto joven de sonrisa maniaca, pero jovial, no, era un ser más espeluznante. Un humano gordo con un solo ojo y la boca con los dientes torcidos. Fuese por un asunto estético o para no causar un trauma en quienes lo vieran, Stanford había manipulado el hechizo de tal manera que pudo «configurar» la apariencia de Bill.

Pese a todo no podía dejar de pensar en Bill Cipher ni en las pequeñas pistas que le dejaba para alimentar su curiosidad. ¿Por qué era eso, no? Las miradas hacia los gemelos Malfoy, cómo los llamaba, cómo se comportaba con ciertas personas… Bill esperaba que ella lo investigara, o quizás sólo quería que se quebrara la cabeza para divertirse.

¿Qué hacía allí con ella? ¿Stanford lo sabría?

Win dain a lotica, en val tu ri si lo ta. Fin dein a loluca en dragu a sei lain. Vi fa-ru les shutai am en riga-lint.

Maite parpadeó con confusión. Al principio le tomó desprevenida oírlo cantar, pero se obligó a controlarse y analizar lo que estaba pasando. El idioma era desconocido para ella así como la canción. La voz de Bill no era atractiva sino que tenía algo, una nota tal vez, que se percibía como una advertencia.

"Las criaturas no se acercan", notó Maite. Las figuritas de la fuente se habían apartado hasta donde podían. "Incluso si es humano le temen".

¿Qué era lo que él quería realmente de ella? ¿Qué podría interesarle en un humano para tomarse la molestia de acercarse tanto? Maite estaba segura que sólo era entretenimiento, después de todo, la humanidad de Bill lo aburría, pero… pero había algo más. Siempre era así.

Y no era la primera vez que lo pensaba.

Verdaderos espíritus y humanos, Maite no era experta en el tema y salvo lo que Stanford le había enseñado sólo había podido hipotetizar que tal vez Bill Cipher había dejado que un ser humano contagiara su núcleo espiritual, si podía decirlo de alguna manera. Pero si era así, ¿qué fue exactamente lo que lo consiguió? ¿Riqueza? ¿Territorios? ¿Poder? ¿Qué?

Escuchó que Bill se reía. Maite se sintió muy estúpida. Bill conocía el futuro, pero no podía conocer todo. Si así fuera no habría fracasado cuando intentó apoderarse del mundo. Bill tuvo que saber sobre la trampa de los Pines para poder contrarrestarla, pero no lo hizo. Pudo ser porque no le importaba, porque se confió o porque realmente no lo pudo ver. Si Bill era incapaz de ver todo lo que deparaban todos los futuros posibles, entonces significaba que sólo podía saber algunas cosas. En palabras simples sólo podía conocer parcialmente los resultados.

"Quizás es por eso que no se acerca a mí del todo", porque Bill no podía saber exactamente qué clase de pensamientos estaba teniendo en ese momento, sólo sabía que estaba pensando en algo relacionado con él o relacionado con las pistas que le había dejado. "Sólo viene para comprobar cuándo le diré lo que él sabe que diré en ese momento. Entonces, si sigo esa lógica no está aquí para molestar, sino para saber si he llegado a alguna parte en este maldito acertijo retorcido".

¡Pero qué maldito acertijo era! Maite ni siquiera consideraba que fuera uno.

—No entiendo —dijo Maite finalmente. Se giró hacia él con la cara expresivamente ofuscada—. No entiendo nada.

—Ah, entonces entiendes todo.

—Basta de eso —replicó—. Basta de… de tratar de confundirme. Sé que debe ser aburrido ser un humano para ti, pero debes detenerte.

—Al contrario, excepto por comer, dormir y defecar para no morir, todo me parece curioso. El dolor es lo más divertido de todo. Han pasado milenios desde que conocí al primer humano y no dejó de sorprenderme de su capacidad de sufrir.

—He dicho que basta —insistió Maite odiando el hecho de que no la miraba—. ¿Qué pretendes que descubra con esto? ¿Qué clase de juego quieres que juegue?

—No hay nada peor que un jugador se queje cuando va perdiendo.

—No hay nada peor que me reproches cuando ni siquiera acepté participar en este juego.

—Tú misma lo has dicho. Que no entiendes nada, que debo detenerme, que no lo encuentras divertido… si no hubieras aceptado jugar te habrías ahorrado un sinfín de dolores de cabeza, pero aquí estás quejándote.

Una parte de Maite quería abofetearlo. Se abstuvo solamente porque no tendría el resultado esperado. Una bofetada era dolorosa y Bill lo adoraría. Tenía que encontrar una manera de emparejar las cosas (precisamente, al pensarlo, se dio cuenta que Bill tenía razón, pero tampoco podía dejarlo así).

Guess where. Guess who. Guess why —tarareó Bill.

"Piensa. Piensa. Piensa", se obligó a concentrarse como nunca lo había hecho. Tenía que agarrarse de los hechos, de lo que estaba comprobado. Bill era un verdadero espíritu. Bill conocía partes del futuro. Bill usaba palabras extrañas cuando hablaba con ciertas personas. Bill parecía demasiado interesado en los gemelos Malfoy.

Un verdadero espíritu cambia cuando conoce los sentimientos.

Un ser humano es la encarnación de todo sentimiento.

Bill no se interesaría por un humano cualquiera.

"Todas las personas somos iguales… cuando encuentras a alguien diferente, no es que lo sea, es que…", le tomó a Maite más de unos segundos terminar la oración, "… te has enamorado".

Era el mayor sinsentido que había tenido en toda su vida. La idea más idiota, la más increíblemente absurda, pero… pero seguro Bill no lo esperaría. La crueldad y la locura se le atribuían, ¿pero el amor? Maite se arriesgaría.

—Lo querías, ¿no es así? —dijo procurando que su voz sonara clara y firme.

—¿Gobernar esta dimensión? Sí.

—Quieres que juegue este juego, bien, pues tendrás que aguantar las reglas que tú mismo pusiste —replicó Maite—. Dominar una dimensión pudo ser siempre tu meta, pero no es lo que más has querido. Te has contentado con ser un humano y perdido el tiempo en estas cosas.

—Cuando mueran los sellos de mi círculo de trasmutación seré libre de conquistar mi meta. Fordsie sólo postergó lo inevitable.

Maite lo ignoró.

Sifr era su nombre, ¿verdad? Supongo que conociste a esta persona hace mucho tiempo —y eso hizo que se sintiera repentinamente melancólica. Bill había vivido miles de años, quizás millones, y si había encontrado alguien que le interesara y eso hubiera cambiado algo en él, perder a esa persona sería… para alguien como Bill…—. La amabas. No sólo la querías. La amaste completamente.

—Ah, el amor. La solución de todos los seres humanos a un mismo problema. Un problema que no existe.

—Eso no impidió que lo sintieras, ¿no? Cuando conociste a esta persona, quiero decir.

Bill guardó silencio, o al menos Maite creyó que era así, por lo que esperó.

Él no se movió. Parecía que ni estaba respirando. Tenía los ojos fijos al frente, perdidos entre la nada y los recuerdos.

"¿Quieres salir de ahí?".

Bill se giró hacia ella, agarró sus mejillas con una mano y acercó sus rostros. Fue tan rápido que Maite no pudo sacar su varita. Fue tan abrumador —sus ojos amarillos por fin revelaron toda la crueldad de la que era capaz—, que sintió su corazón detenerse.

—El amor es un parásito —dijo en voz baja—. Se cuela dentro de tu organismo sin que te des cuenta. Empieza constriñéndote el estómago y luego sube a tu corazón. Como una garrapata se engancha ahí, y si pretendes arrancarlo sólo consigues que se entierre más. Se alimenta de tu sentido común, de tu calma y de tu independencia. Succiona, y mientras lo hace, rellena los huecos que deja con veneno. Te infecta de miedo, celos y posesividad hasta que sientes que no hay dentro de ti nada además de eso.

Maite presintió que si decía algo sería lo último que saldría de su boca. Desconocía si había dado en el clavo o si Bill simplemente había esperado ese momento para matarla. Como fuera, Maite decidió que estaba harta de temerle a un bastardo con una reputación mala con la cual protegerse. Haberle temido, haber sentido tanta angustia por este ser que seguiría siendo humano por muchos años, era estúpido.

—Y aun así ese parásito también vive en ti infectándote como dices —pronunció tomando la mano de Bill, torciendo hasta zafarse. Ella había aprendido un par de cosas de Levi. Ella se levantó, activando sus vuelacámaras para que la siguieran—. Adoras el dolor, pero esto, lo que el amor te hizo sentir, no lo adoras, ¿verdad?

—Esperaba una conversación más interesante —admitió Bill—. Dejarte vivir para descubrir lo que pensabas, no valió la pena. Podría decir que perdí ganando.

Ella dejó pasar el hecho de que estaba viva gracias a su curiosidad.

—Así que es cierto que no has visto todo el futuro.

Él se encogió de hombros.

—Ya no tengo ningún interés en seguir jugando contigo.

—¿Por qué? ¿Descubrí algo que no querías que supiera? ¿Es esta Sifr, la única persona que has querido?

—No hay espacio en mí para ese sentimiento —refutó Bill parándose, viéndola de reojo cuando pasó a su lado—. Tuviste una oportunidad y la perdiste. No puedo decir que me sorprende, eres humana. Los humanos siempre pierden oportunidades.

Se alejó de ella sin agregar más. Como había dicho, el juego había terminado. Maite se quedó parada, sin importarle que comenzara a nevar fuertemente. Su mente procesaba la charla como si insistiera en encontrar algo que sirviera para después.

Para ella el juego continuaba.

No fue amor. Fue lo que Bill dijo.

Entonces, ¿qué fue?

Bill continuó caminando por el laberinto. Había esperado divertirse más, pero tendría que acostumbrarse a la decepción mientras estuviera usando esta apariencia humana. Las imágenes que había visto del futuro habían pintado un cuadro más interesante, uno que había querido explotar, ¿pero esto? Rayaba en lo asquerosamente aburrido.

—El juego aún no ha acabado —provino de una voz femenina. Bill no volteó a su derecha, ya sabía quién y por qué estaba ahí.

—¿Una predicción? Creí que tu visión futura sería inútil a estas alturas. Ahórrate las palabras, yo también he visto el futuro.

—¿Oh, es así?

—Acabas de hablar con Aqva —señaló Bill, indiferente.

—Me pregunto por qué insistes en jugar de esa manera —prosiguió como si no hubiera hablado—. ¿Tanto la quieres para llegar a este punto?

Bill se rió histéricamente, asustando a unos mooncalf que pasaban por ahí.

—No eres diferente a ningún otro espíritu verdadero, Bill Cipher —dijo Garnet como sentencia— y terminará destruida justo como Sifr hace tanto tiempo.

—Sifr no está muerta —declaró Bill mirándola con sus ojos amarillos, había un brillo extraño en ellos—, pero pronto lo estará si todo sale cómo espero. Este juego ha acabado, Garnet, y yo gané. Muy pronto obtendré mi premio y dejaré que este mundo se consuma por completo.


—El profesor Pines y yo lidiaremos con Sidmodius y los organizadores cuando se dignen a aparecer —dijo Adrian cuando la enfermera confirmó que Courtney tendría que descansar hasta la mañana siguiente—. No hay nada que hacer por ahora así que salgan de aquí, especialmente tú, Thor. El vínculo entre ustedes ha pasado por muchos percances. Babcock no necesita que también termines exhausta.

—Eres un… —masculló Ruffnut a punto de darle un puñetazo.

—Tranquila, hermana —intervino Tuffnut tomándola del brazo y llevándosela con él. Thomas los siguió de cerca, y así, uno a uno, abandonaron la habitación.

—No vayas con Overland todavía —pidió Flint a Fitzherbert cuando pasó a su lado. Eugene se detuvo, no lo parecía pero estaba nervioso—. Busca a Waialiki y habla con ella. Si pasa algo…

—Ahí estaremos —prometió Eugene sin agregar más. La seriedad en su rostro no era habitual en él.

—Él lo hará bien, Fitzherbert —comentó Rapunzel cuando estuvieron afuera. Puso una mano sobre su hombro para darle consuelo. Él no lució interesado, demasiado preocupado para atenderla.

Rapunzel lo vio irse. Nunca antes había puesto demasiada atención en Eugene Fitzherbert. Él era un niño popular con una actitud arrogante y burlona ante cualquier reto. Luego de tres años siendo amigo de Jackson Overland algo había cambiado en Eugene. Rapunzel no dudó que si las cosas se ponían más complicadas, Eugene sería el pilar que sostendría a Jackson.

—Venga, Punz, vayamos a despejar nuestra cabeza un rato —instó Eep. Ella había intentado animar al resto del equipo sin ningún resultado positivo. Todos estaban desmoralizados, y aunque Rapunzel también se sentía agotada no quería que Eep decidiera explorara sola.

Recorrieron el camino que las llevaría hacia el pueblo. Molly y Dominique habían hecho un espléndido trabajo al guiarlas, por lo que habían aprendido bien cómo moverse por su cuenta.

—Guou, parece que alguien las hubiera sentenciado a prisión, chicas —interrumpió Wei Beifong cuando se cruzó en su camino. Wing estaba a su derecha—. Creí que siendo más jóvenes que nosotros tendrían más energía.

—Se ven como si el peso del mundo estuviera sobre sus hombros —agregó Wing.

—Quizás —mencionó Eep.

—Pues qué arrogantes —dijo Wing, no había rastro de malicia en su voz—. La responsabilidad de salvar al mundo, si es que hay algo que salvar, no recae en una sola persona ni siquiera en un grupo.

—¿Estás diciendo que no hay que proteger al mundo?

—No se puede, Croods. Así no funciona. Nadie puede controlarlo todo, por eso no puedes salvar el mundo, pero al menos puedes proteger a quienes te importan. Ese esfuerzo es más humilde, pero más real en mi opinión.

—¿Eso no es ser egoísta?

—Por supuesto que no, las personas o cosas que no sean importantes para ti lo serán para alguien más. Hay quienes se preocupan por las hormigas, hay otros que no les interesan esos bichos y se preocupan de otras cosas. No somos iguales, pero todos queremos proteger algo y eso nos une.

—¿Hay algo que quieras proteger, Croods? —preguntó Wei.

Si lo había preguntado al azar o con seriedad, Eep no fue capaz de responder al momento.

—¡Ahí está tu prima, Punz! —indicó Wing señalando un punto donde Anna caminaba junto a sus amigas.

Rapunzel no quería conversar con ella tan pronto, por lo que pidió que se fueran antes de que los viera. Necesitaba distraerse no hartarse con una conversación trivial; no pensar en Terra, ni la manera en que se aseguró que su reencarnación conociera su legado. Los miraculous eran de suma importancia. Necesitaba encontrar a los portadores correctos, aunque antes había qué averiguar cómo se usaban. Fu no estaba seguro de cómo, ¿pero qué si le estaba poniendo a prueba o guardándole un secreto? Rapunzel no quería causar más daño en el hombre, pero tenía la impresión que él esperaba que ella hiciera algo para confirmar algo.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Eep trayendo a Rapunzel de vuelta a la realidad. Había estado tan ensimismada que no se percató que ya estaban en la plaza. Era un lugar encantador, rústico, con olores hogareños y agradables que la hicieron sentirse cómoda de inmediato.

—Es por mi sentido sísmico —explicó Wei—. Soy un Maestro Tierra, Croods, podemos sentir cada vibración en el suelo. Hay quienes son tan buenos que pueden conocer toda una ciudad sólo con caminar en línea recta. Mi abuela es capaz de hacerlo.

—¿Toph Beifong? —inquirió Eep que conocía bien el apellido de los gemelos gracias a Rapunzel—. ¿Ustedes son nietos de la legendaria Bruja Ciega?

—Oh, parece que la abuela también es famosa en otros países.

—¡Blaise Zabini la menciona muchas veces en sus viajes a África! —exclamó Eep con entusiasmo. Hablar sobre los libros de Blaise siempre la ponía de buen humor.

—Al parecer ese Zabini dejó una buena impresión en nuestra abuela. Opal suele hablar más con ella que nosotros y nos ha dicho que Toph también recuerda a Blaise.

—Blaise siempre quiso aprender la magia de Uagadou —confesó Rapunzel sintiendo añoranza por los días en que él y ella eran unidos. Ante la mirada interrogativa de los Beifong tuvo que aclarar—. Él era mi padrino y amigo de mis padres.

—Uy, lamento el tiempo pasado —dijo Wing—. Es difícil cuando perdemos una amistad.

—Y que lo digas —suspiró Rapunzel con congoja.

—Pero no vinimos a recordarles cosas tristes. Te prometimos que te enseñaríamos Tierra-Control y eso es lo que vamos a hacer.

—¿Justo ahora? —preguntó Rapunzel echando un vistazo alrededor. Los lugareños les miraban de vez en cuando, conscientes que eran participantes del torneo. No tomó mucho para que Rapunzel se diera cuenta que sus caras irritadas eran porque sabían que ella y Eep eran estudiantes de Hogwarts.

—Ya te habíamos contado un poco de teoría, así que sí. Hoy será tu primera clase oficial. La mejor forma de aprender es intentándolo —le aseguró Wei dándole una palmadita en la espalda.

—Por ejemplo, ¿sabes cuál es la diferencia entre la Magia Elemental y la Magia Céntrica, que usan la mayor parte de los magos y brujas del mundo? —preguntó Wing—. Verás hay quienes afirman que el origen de la magia data de hace cuatro mil años aproximadamente, pero hay quienes, y esto es parte de nuestras historias, creen que es más atrás. Que la magia se originó cuando el alma de un humano se combinó con el alma de un verdadero espíritu y ese poder fue dividido entre cuatro personas diferentes.

Ni Rapunzel ni Eep se asombraron que los cuentos y las profecías que habían aprendido fueran parte del folklor de otras culturas. Lo realmente curioso era que ellos, los de Hogwarts, fueran los últimos en saberlo, en conocer esa información.

—La Magia Elemental se basa en ese poder original —continuó Wei tomando entre sus manos una piedra, dándole una forma diferente con cada movimiento de sus manos—, en su conexión con la naturaleza. Es cierto que los magos y brujas estamos conectados con este mundo de una forma diferente a los muggles, pero también es cierto que quienes practican la magia elemental estamos conectados tanto física como espiritualmente.

—¿Espiritualmente? —inquirió Eep.

—La magia tiene un origen espiritual, Croods —respondió Wing—. Actualmente el ITME afirma que la magia no es más que la combinación de distintas disciplinas muggles como la física, la química, etc. No están equivocados, al menos no al decir que los muggles también son capaces de crear cosas maravillosas usando estas cosas, pero la magia está viva, podemos sentirla, podemos apreciar cómo se mueve. Es ese poder original divido en cuatro y luego dividido más y más y más hasta nosotros.

—Entonces —dijo Rapunzel tomando la piedra que Wei había estado moldeando. Ahora tenía la forma de una flor que ella conocía muy bien— lo que estaría aprendiendo seria a percibir mi vínculo con este mundo.

—Así es —asintió Wing—. Ustedes no están acostumbradas a sentir el ambiente, por lo que no será fácil. Me encantaría enseñarte las cosas divertidas, Punz, pero si vas a enfrentarte a Kuvira otra vez conviene que aprendas lo básico.

—Oigan, no quiero sonar aguafiestas, ¿pero cómo saben que Punz puede hacer Tierra-Control? —cuestionó Eep—. Han dicho que en Uagadou hacen una especie de examen para descubrir con qué elemento son afines.

—Muy buena pregunta —alabó Wei—. Realmente no lo sabemos. No somos expertos en realizar esos exámenes.

—Pero —añadió Wing ante la expresión interrogativa de Rapunzel y Eep— Jinora sí lo es. Ella es… más espiritual y puede saber con qué elemento eres afín.

—Así que cuando me ofrecieron enseñarme fue Jinora quien les dijo que la tierra es mi "fuerte".

—Ajá —admitieron sin vergüenza.

—¿Ella les dijo qué elemento es para mí? —preguntó Eep con gran curiosidad.

—Puedes preguntarle cuando la veas, Croods —respondió Wei—. Jinora te explicará más cosas de las que nosotros podemos, porque seguramente harás muchas preguntas.

—¡Genial! —exclamó Eep y se dirigió a Rapunzel—. Por ahora me conformaré con apoyarte, Punz, ya luego tú lo harás cuando yo empiece a entrenar magia elemental.

—Gracias, Eep —sonrió Rapunzel llenándose de energía ante la determinación y alegría de su amiga—. Bien, ¿qué es lo primero que tengo que hacer?

—Ponte aquí, cerca de esta fuente. Cierra los ojos. El punto es utilizar los sentidos que usualmente limitas por enfocarte en la vista. Todos los maestros elementales, sin excepción, son capaces de usar sus sentidos al máximo dependiendo de cuánto los entrenen —cuando Rapunzel lo hizo, Wing se apartó unos pasos—. Ahora, concéntrate. ¿Qué sientes? ¿Qué hueles? ¿Qué percibes?

—Si huele feo es porque mi hermano no se ha bañado desde que nos fuimos de Durmstrang —comentó Wei.

Eep y Rapunzel se rieron. Wing le dio un codazo a Wei para que se callara.

—No todos tenemos la misma hidrofobia que tú, hermano —dijo Wing.

—Ssh, cierra el pico o ella no podrá concentrarse.

—Ya basta, ustedes dos —intervino Eep dándoles un zape—. Vamos, Punz, sólo déjalo fluir.

Rapunzel encontró complicado enfocarse en su entorno porque todo la distraía. No podía diferenciar un ruido de otro, incluso el olor del pan recién horneado se perdía con la frialdad del clima. Era confuso. No sabía qué debía sentir y estuvo tentada a abrir los ojos cuando algún ruido la ponía nerviosa.

—No tengas miedo, Punz —susurró Wing a su lado izquierdo—. Se trata de sentir al mundo de otra manera. Nuestra magia nos une a él, así que confía en ella.

—Es… no es tan fácil como pensé —admitió Rapunzel. Hasta hace poco había podido desprenderse de su imagen de niña abnegada, pero aún no podía renunciar del todo a su debilidad. Abrió los ojos sin que se lo ordenaran para toparse con los rostros de Wei y Wing mirándola con atención—. Lo siento, yo…

—No estamos esperando que lo domines enseguida… —comenzó Wing.

—Aunque deberías, ya que te enfrentarás a Kuvira —comentó Wei recibiendo una mirada irritada de su hermano y un codazo de Eep—, quiero decir, el Tierra-Control es tan genial que sólo queremos que seas parte de lo que nos apasiona tanto.

—A tu ritmo, claro —enfatizó Wing—. Punz, eres una chica extraordinaria y no lo digo por tu cabello. La primera vez que te vi supe que había algo dentro de ti, algo grande y asombroso. Aún… no somos tan amigos como me gustaría, pero quiero conocerte más. Compartir más momentos contigo.

—Yo también quiero que seamos buenos amigos —sonrió Rapunzel—. Los momentos agradables serán escasos a partir de hoy. Así que deseo aprovechar cualquier oportunidad para pasarla con mis amigos.

—¡Que así sea! —exclamó Eep abrazándola hasta que sus mejillas se tocaron—. Mañana podrás aprender más. Por ahora, vayamos al pueblo. Vi varias tiendas de comida que huelen delicioso.

—Siempre pensando en comer, Eep —dijo Rapunzel con resignación—. Bueno, si paseamos ahora podremos dedicarnos estos dos últimos días a entrenar y prepararnos para la prueba.

—¿Cómo creen que será? —preguntó Wing mientras meditaban qué lugar deberían visitar primero—. Yo creo que será algo muy de alta alcurnia, como tener que calcular cuántos terrones de azúcar deben echar a una taza de té.

—Yo creo que será una especie de concurso de poses pomposas y voces pedantes —opinó Wei—. En ese sentido los de Beauxbatons nos llevan la ventaja.

—Oh, vamos, no son arrogantes o presumidos.

—Solamente son unos estirados —sonrió Wei—. Admítelo, Punz, te consta que algunos son así. No es por insultar a tu familia, pero tu prima no actúa precisamente con humildad. Si Jinora no fuera una excelente líder, Meelo, Ikki y Kai ya le habrían gastado un par de bromas por sus comentarios poco oportunos. Hasta tú te escapaste para no tener que estar con ella.

—Anna no tiene malas intenciones. Ha pasado la mayor parte de su vida aislada, como la heredera de Elsa no tiene mucha libertad. Tiene expectativas altas que cumplir.

—No sé mucho sobre realeza, Punz, ¿pero no se supone que debe ser cuidadosa con lo que dice? —inquirió Eep. Quedaba claro que no había olvidado lo que Anna hizo durante el primer reto en el Drazki.

—¿No te agrada tampoco? Tienes buen gusto, Croods —dijo Wei levantando su mano para que Eep la chocara—. Creo tú y yo podríamos ser buenos amigos también.

Primero fueron a la librería donde Rapunzel adquirió varios libros sobre historia y arte mientras Eep y Wei apostaban a que Wing no sería capaz de hacerle una broma a Lars, que estaba revisando la sección de jardinería. Luego pasaron a varias tiendas de comida donde Eep compró bolsas de dulces que metió en su equipamiento especial de espacio infinito; casi se peleó con Meelo por las últimas trufas ácidopicantes de chocolate y logró arrebatarle dos cajas de hadas de gelatina a la insoportable Ponnyhead. Visitaron la tienda de animales con un letrero de un kneazle y un crup persiguiéndose; Pascal fue quien más ganó en esa tienda ya que Rapunzel le compró golosinas y una bufanda color lila.

—Es raro tener un camaleón de mascota —comentó Wing cuando salieron—, pero también muy genial, ¿dónde lo compraste?

—Es una historia curiosa —dijo Punz guardando sus compras en la bolsa de espacio infinito. Quizás también debería comprarle algo a Courtney. No eran amigas, pero ella se había esforzado por darles un uniforme durable, era justo darle algo a cambio—. Fue un regalo de cumpleaños. Es especial, sabes, cuando era pequeña me perdí y pudieron encontrarme gracias a él.

Era pronto para contarles sobre Gothel. La Bruja Milenaria la había secuestrado cuando era una niña, torturándola durante interminables meses para destruir su confianza. Sólo Johnny, Eep y Wee conocían bien su historia, con Hiccup tuvo ciertas reservas al contárselo.

—Pascal es un camaleón especial —continuó Punz—. Es capaz de seguir el rastro de magia de su "dueño". Desde que él me encontró somos amigos. Lo quiero mucho.

—Tendré que venir a comprar más golosinas para él. Si es tan importante para ti, tengo que ganarme su confianza también.

—Ya le agradas —aseguró Rapunzel. Eep y Wing apenas salían de la panadería, ella llevaba una enorme bolsa llena de delicias que compartiría con sus amigos más tarde

Al parecer ellos se estaban llevando bien, lo que no sorprendió a Rapunzel. Su amiga era agradable y su mente abierta y curiosa fácilmente se adaptaba con cualquiera a pesar de su brusquedad. Algo del miedo a lo desconocido que Grug le inculcó aún permanecía, pero Eep confiaba en sí misma para desechar sus dudas cuando te daba una oportunidad.

Eep y Wing comenzaron a contarle a ella y a Wei sobre la variedad y exquisitez de los postres, dulces y panes que les vendieron. Wei estaba sorprendido que Eep consiguiera que su gemelo sonara tan entusiasmado por hablar de comida, por lo que rápidamente se inmiscuyó dejando a Rapunzel un poco aislada de la conversación.

No es que le molestara, le dio la oportunidad de pensar en algunas cosas que no debía postergar si Jackson Overland regresaba con una historia extraordinaria acerca de su desconocido pasado. ¿Descubriría algo similar a la historia de Terra? Rapunzel cubrió un suspiro con su bufanda y caminó unos pasos detrás de sus amigos. Pensó en lo que Fu le había contado y lo que ella había sabido de Terra gracias al cuento.

"Hace mucho, mucho tiempo, un tiempo lejano de sueños interrumpidos y anhelos eternos, hubo un enorme y frondoso jardín, tan hermoso y único donde podías encontrar miles de maravillas. En el jardín nació una flor de las lágrimas y el dolor, del primer aliento y del grito de la vida. La Flor fue la primera en conocer la tierra, mucho antes que el fuego, el viento o el agua nacieran para convertirse en sus hermanos", recordó a la perfección el inicio de La Flor de Primavera de Cuentos para la Hora de Dormir. "Una Flor llena de inocencia y sueños, demasiado ingenua para advertir el mal, demasiada enamorada del mundo para temerle. La Flor tenía un corazón dadivoso y asistía a su madre cuando ella ayudaba a quien se lo pedía. Había uno que se burlaba de su ingenuidad, pero la Flor no lo escuchaba".

¿Había sido así? ¿Terra habría sido un niño dulce e inocente, pero las circunstancias lo cambiarían a tal punto de no importarle a quien lastimaba?

"Su virtud era su bondad, y cuando uno excede en virtud la convierte en vicio", continuó Rapunzel. Esa frase había quedado grabada en su mente, precisamente por lo que había sucedido el año anterior.

"Muchos intentaron aprovecharse de la Flor. Quisieron robar sus secretos, herirla, pisarla; tomar sus pétalos para maltratarlos, su perfume para encubrirse. La Flor no tomó represalias, la maldad de esos muchos le daba lástima. Las únicas veces en las que mostraba sus espinas fueron cuando habían querido herir a su sangre. «Mi amable Flor», le dijo su madre con mucho amor, «traes luz a este mundo, pero no confíes en los hombres; sé como yo, yo amo a todos los que vienen a mí, pero ninguno tendrá jamás mi corazón. Guárdalo y no se lo des a nadie nunca». Pero la Flor no pudo hacerlo. La caricia suave del viento lo sedujo y su corazón se abrió aun sabiendo que nunca podría ser correspondido…".

Terra había amado a Aer desde la primera vez que la vio, al igual que Ignis, al igual que Aqva aunque naciera años después. La había amado profundamente, y a pesar de eso Rapunzel no lograba comprender si eso lo había afectado posteriormente. Si Aer no hubiera nacido, ¿algo habría cambiado entre los hermanos?

"Su corazón se hinchó de amor, de anhelo por su pequeña hermana, la adorable ventisca. Pero la Flor no era nada salvo una mártir, por lo que ocultó lo mejor que pudo su cariño y se conformó con mirar a la distancia. Sabiendo que no sólo él la quería, sino también su hermano el siempre iracundo fuego", Rapunzel le sonrió a Eep cuando ella se percató que la habían dejado un poco atrás. Rapunzel apuró el paso para alcanzarlos mientras pensaba el resto de la historia. "Renunció a su deseo y prometió que siempre los protegería, pero las espinas de una rosa no son nada frente al poder absoluto de la maldad. Su madre fue víctima de la codicia de un espíritu corrompido, que destruyó su alma totalmente. La Flor y sus hermanos lloraron por la pérdida durante varios días hasta que decidieron mantener más que sólo el recuerdo de su calidez. Gracias a un hechizo especial y a la ayuda de buenos espíritus que amaron a su madre, la Flor y sus hermanos obtuvieron un pedazo de su alma bendecido con el núcleo de uno de los espíritus. El poder fluyó por su ser, la melancolía disminuyó. El Gran Regalo brindó grandes poderes, aterradoras habilidades si no se les usaba con precaución; uno de los espíritus puso tres sellos como restricciones para evitar más tragedias, pero ¡ay, de ellos!, las tragedias no pararon. La Flor era la más fuerte por haber nacido primero, pero no lo suficiente para detener al fuego de destruir a sus otros hermanos. Devastada por la pérdida, la Flor juró con su nuevo poder que haría lo posible por volver a encontrar a sus hermanos, para hacer las cosas correctamente".

En el cuento era la flor quien hacía la promesa del recuento, pero en la profecía de Hanabi y en la historia del maestro Fu todo indicaba que había sido un juramento hecho por los cuatro. Pascal jugueteó con Wei y Wing para distraerlos y que no notaran nada (lo que no sirvió con Eep, por supuesto, pero ella entendió que Punz necesitaba un rato para pensar).

"La Flor nació primero, pero fue la última en morir. Vivió durante décadas, siglos, milenios. Tuvo muchos hijos. Tuvo muchas esposas. Fundó pueblos, creó cosas maravillosas y destruyó a sus enemigos. El mundo le habría pertenecido si a lo hubiera deseado, pero la Flor no deseaba ya nada que no fuera reencontrarse con sus hermanos. Cuando estuvo convencido que no sería en ese cuerpo con el que sucedería, decidió darle por fin paz a su forma. Antes tomó diecinueve de sus pétalos para crear pequeños seres que servirían para conseguir que su objetivo se cumpliera".

Rapunzel se detuvo abruptamente. El cuento decía que Terra había usado diecinueve pétalos, pero el maestro Fu dijo que eran siete…

Podía tratarse de un error, pero tenía la certeza que no lo era. Después de todo, Fu era leal a Terra, no a ella.

"La Flor le entregó sus diecinueve pétalos a su hija y ella le prometió que no se usarían más que para lo que fueron creados. Con esa última promesa, la Flor aceptó el abrazo de la muerte que la había estado esperando por tanto tiempo."

—Ya sé cómo se abren los miraculous —susurró Rapunzel sintiéndose repentinamente mareada por la revelación. ¿Cuál era la única función que Terra le habría puesto a objetos creados por él? Alcanzar su propio objetivo, no el de nadie más, y si era así, entonces Rapunzel tendría que dirigir sus metas hacia lo que él deseaba hacer…

—Está nevando más fuerte —señaló Wing.

Rapunzel notó enseguida la excesiva cantidad de nieve que caía con prisa, como si repentinamente una tormenta nevada estuviera por desatarse. Fue entonces que notó que habían caminado más de la cuenta, saliendo del pueblo y adentrándose en el bosque. No le aterraba la idea de quedar atrapados en un lugar así (después de todo, el Bosque Prohibido había sido cien veces más aterrador), pero estaba segura que los gemelos habían sabido a donde las guiaban. Su sentido sísmico detectaría cualquier peligro, por lo que decidió seguirlos cuando dijeron que podrían refugiarse en un lugar más seguro, una taberna apodada El Patito Modosito.

—Mi francés no es tan bueno, pero escuché a una chica de Beauxbatons decir algo sobre esta taberna, aseguró que era un lugar cómodo y acogedor y quedaba justo en medio de este bosque.

—Piensas ir a emborracharte, ¿verdad, hermano?

—No, nada de eso, es sólo que… bueno, sonaba como una buena idea y quiero conocer todo lo que hay aquí antes de partir. En Durmstrang no había mucho que ver.

—Suena bien para mí —dijo Eep que había ajustado su abrigo para que fuera más cálido—, aunque el nombre apesta.

—Los patitos son lindos —enfatizó Rapunzel tratando de ocultar su perturbación. Tenía que compartir su descubrimiento con Adrian antes de volver a contactar con el maestro Fu.

Conforme se fueron acercando al sendero que los llevaría al Patito Modosito, Rapunzel creyó que ya no era tan buena idea como parecía al principio. Los árboles lucían negros y lóbregos y el terreno parecía abandonado, pero eso no los detuvo. Regresar tampoco era una idea adecuada. Wei les aseguró a las chicas que, en caso de ser un sitio peligroso, se irían y ellos construirían una fortaleza de piedra para aguantar a que pasara la tormenta.

Y por fin la encontraron. Casi integrada a un gran árbol, el Patito Modosito parecía una cabaña donde una vieja bruja los estaría esperando para convertirlos en ingredientes para sus pociones.

—Se ve como mi antigua casa —dijo Eep luchando contra las corrientes de viento frío—. Y no sé si sea una buena comparación.

Restaron la pequeña distancia hasta llegar a la puerta donde había pintado un patito amarillo. Rapunzel rápidamente se dio cuenta, así como sus amigos, que no sólo el nombre apestaba. Entraron con reservas, esperando encontrar algo horrible… y así fue. Los muebles, la apariencia de las paredes y el pestilente hedor que desprendían los muchos, aterradores y gigantescos clientes serían suficientes para disuadir a cualquiera de dar un paso adentro.

Y la tormenta empeoró.

—Podemos cavar un agujero bajo tierra hasta llegar al castillo —sugirió Wei atento a las miradas nada agradables de los hombres más pestilentes que tuvo la desgracia de conocer. La ropa que llevaban era una extraña combinación de harapos y pieles de animales que seguramente habrían recogido de una carretera.

—Se parecen a los ex compañeros de trabajo de papá —informó Eep, aunque ciertamente ellos olían mejor que estos—. ¡Ah, ése de ahí tiene un casco de cuernos! ¿Será un vikingo? Aunque Skull me contó que los vikingos no usaban cascos con cuernos.

Eep se habría alejado… de no ser por su curiosidad. Llevaba consigo el EM3D y a su fiel varita Ginger, por lo que no temía a esos hombres de aspecto cada vez más aterrador.

—No creo que debamos estar aquí, Eep —dijo Rapunzel tomándola del brazo.

—El Patito Modosito debería llamarse el Pato Apestosito —se quejó Wing intentando no vomitar cuando vio a un hombre quitarse la mugre de las uñas de los pies con una daga—. En serio, no importa si nos regañan por allanar el terreno de Beauxbatons. Tenemos que irnos.

Uno de los hombres les cerró la puerta en cuanto se dieron la vuelta.

—Busquemos una mesa —dijo Rapunzel, actuando tan diplomáticamente como podía al final. No los habían atacado ni se habían acercado a ellos, así que no harían nada para provocar una pelea. A cada paso que daban era más obvio que no era un lugar apropiado para ellos.

—Parece que en cualquier momento saltaran para intentar vender nuestros órganos —comentó Wei.

—Escuchen, no se alteren —pidió Eep—, pero si alguien quiere pelear, tendremos que golpear a ese alguien.

—¡Eep! —chilló Rapunzel pidiéndole que bajara la voz. Probablemente estaban rodeados de magos tenebrosos que no dudarían en usar magia prohibida en unos niños.

Se sentaron en una mesa cercana a un viejo piano. Rapunzel echó un vistazo discreto, percatándose de una cosa curiosa. En el Caldero Chorreante o las Tres Escobas podían ver a las sillas levantándose solas cuando los clientes las desocupaban, a las escobas barriendo o a los vasos lavándose detrás de la barra. En el Patito Modosito, las sillas se quedaban dónde estaban, las escobas no se movían —quizás por eso había tanto polvo— y el cantinero limpiaba los vasos con un estropajo sucio. Los clientes no lucían como… bueno, como magos. No tenían túnicas o sacaban sus varitas para realizar pequeños encantamientos para entretenerse. No jugaban snap explosivo o ajedrez mágico.

—Qué bueno que comimos en el pueblo. No quiero descubrir qué clase de alimentos preparan aquí —indicó Wei mirando a un par de ratas pasar debajo de su mesa.

—¿No que podían sentir todo con su sentido sísmico? —preguntó Eep.

—Las ratas son inevitables, Croods, y el sentido sísmico nos indicó que había personas dentro de la taberna, pero no somos tan diestros para identificar si tienen buenas intenciones o no —respondió Wing viendo como dos borrachos empezaban a discutir hasta llegar a los golpes—. Debimos invitar a Korra. Ella es una Maestra Agua y nos habría ayudado con la nieve.

—Al menos está cálido —dijo Rapunzel viendo el lado optimista.

—Eso es lo de menos. ¿Qué hay del olor? Me recuerda al color marrón —comentó Wei—. En cuanto disminuya la tormenta, nos iremos. Es horrible aquí.

¿Algún problema con eso, muchacho? —interrumpió bruscamente un hombretón con un garfio en vez de mano izquierda—. ¿Este sitio no es aceptable para niñitos como ustedes?

Ya que lo mencionas… —comentó Wing, pero Rapunzel lo hizo guardar silencio.

Oh, no es eso, mi señor —se apresuró a decir esbozando una sonrisa y empleando un francés perfecto—. Mi compañero se estaba quejando del clima. Es horrible que esté nevando cuando estaba tan despejado hace sólo unos minutos.

Mano de Garfio los miró con sospecha durante un instante interminable.

Ustedes no son estudiantes de Beauxbatons —señaló con cierto interés, ocasionando que los demás clientes se levantaran para rodear la mesa.

Así es, somos visitantes —respondió Rapunzel manteniendo la calma—. Nuestros profesores nos recomendaron dar un paseo por el terreno antes de descansar en el castillo.

Los profesores no sabían que estaban allí, pero ellos no tenían por qué saberlo. Wei y Wing sopesaron varios planes para sacarlos a ellos y a las chicas de este lío. Eep colocó una mano sobre la bolsa donde estaban sus panes y comida. Rapunzel sólo esperaba no tener que usar la fuerza.

Tu cabello es realmente largo —mencionó un hombre tocando un mechón suelto de su trenza. Rapunzel hizo lo posible por no estremecerse.

Así me gusta.

Mano de Garfio usó su mano derecha para poner unos papeles sobre la mesa. Rapunzel se premió mentalmente por no haber saltado del susto y miró de reojo las hojas. Su miedo fue intercambiado a una total sorpresa. Eran hojas de periódicos obviamente con noticias en francés. Las fotografías mostraban a ella, a Eep y a Tuffnut practicando sus encantamientos. Había otras con Wei y Wing charlando con el resto del equipo de Uagadou, incluso varias imágenes de los participantes de las otras escuelas.

¡Son ellos! —señaló un hombre con una gran nariz. En cuestión de segundos, el ambiente cargado de tensión se disipó. Todas las caras arrugadas por el tedio y la amargura pasaron a unas de entusiasmo—. ¡No puedo creer que lo sean!

—Esperen, ¿qué? —dijo Eep muy confundida. No entendía el idioma, pero estaba segura que las enormes sonrisas que pusieron no significaban que iban a matarlos.

Olvidé presentarme —se dio un golpecito en la frente por su error—. Me llamo Niels Armistead, pero todos me dicen Narizotas por mi prominente nariz. Es un placer conocer a dos de los participantes del equipo de Hogwarts.

—¿Nos conocen?preguntó Rapunzel.

—¿En serio somos tan famosos? —comentó Eep cuando la escuchó.

—¿Qué si lo son? —se rió un hombre llamado Vladimir, usando un rudo acento inglés—. El gobierno no querrá que nos enteremos de los sucesos importantes en el mundo mágico, pero el Torneo de las Excelencias en Magia es tan grande que algunos medios muggles ya se han enterado.

—¿Los muggles saben sobre el torneo? —inquirió Wei, desconcertado.

—¿Cómo que el gobierno no quiere que ustedes se enteren? —cuestionó Eep—. Creí que todos en el mundo mágico tendrían acceso a las trasmisiones.

Una mirada sombría pasó por el rostro de todos los hombres. Más que temerla, Rapunzel notó algo en ella. Flint había tenido razón. Si en Durmstrang fueron capaces de ocultar por tanto tiempo el tema de las desapariciones, ¿qué horrores estarían detrás de la gloria y el prestigio de Beauxbatons?

Mis señores —pronunció Rapunzel, alto y claro, mirándolos fijamente, pero evitando cualquier rastro de imposición en su postura. No estaba tratando de intimidarlos sino que confiaran en ella—. No puedo siquiera imaginar las circunstancias en las que se encuentra el país en este momento. Son tiempos difíciles en los que todos deberíamos trabajar juntos, no obstante, nuestra arrogancia y miedo nos lo impiden. No voy a mentirles, no sabía acerca de esto, por lo que solicito, si no es atrevido de mi parte, que compartan sus historias conmigo. Si lo hacen, tendrán mi palabra de que trataré de hacer lo que esté a mi alcance para traerles justicia, pero si prefieren no hacerlo, lo aceptaré.

Lo que muestran de ti en la caja mágica no te hace justicia, princesa Rapunzel —dijo Narizotas realmente conmovido.

Mi señora madre renunció al trono. No soy ninguna princesa, mi señor.

No soy señor de nada tampoco —repuso con gentileza—, pero basta de inútiles cortesías. Haz hecho una solicitud, y aunque soy un humilde squib, haré lo posible por responder todo.

—¿Squib? —dijo Eep, pues era la única palabra que había entendido.

Por eso es que no hay objetos mágicos aquí —susurró Rapunzel.

Permítenos hacer más presentable este lugar, princesa —pidió Mano de Garfio—. ¡Attila, prepara algo decente para nuestros invitados! ¡Posadero, ellos beberán hidromiel en vasos que no hayas limpiado con tus babas! ¡Tor, Gunther y Fang, añadan más leña a la chimenea! ¡Bruiser y Killer, traigan ropa más abrigadora! Esta tormenta no es normal, así que tendrán que ir más abrigados cuando vuelvan al castillo. Greno, tú ve a hablar con Retaco; ese viejo borracho está dormido en la bodega de suministros, si queremos escoltar a la princesa y sus amigos necesitaremos que venga con nosotros o no nos dejarán entrar al pueblo. Narizotas, Vladimir, acomoden las mesas para que todos estemos cómodos.

Cuando sus órdenes se cumplieron, Mano de Garfio se sentó frente a ellos. Wei y Wing se sorprendieron de la disposición de Rapunzel a escuchar a perfectos extraños que pudieran ser peligrosos. Eep simplemente se encogió de hombros cuando la miraron por una explicación.

—Punz siempre ha sido así desde que la conocí —respondió en un susurro—. Como sabe lo que es no tener opciones trata de ayudar en lo que pueda.

Mano de Garfio, Narizotas y Vladimir contaron sobre su situación. Todos los clientes de la taberna eran squibs. En Reino Unido los squibs habían sido tratados como parias, lo que había cambiado a una total indiferencia en la actualidad, no eran parte del mundo mágico ya que no podían usar la magia, y aunque no era precisamente una mejoría, ya no sufrían abusos. En Beauxbatons, los squibs valían menos que nada.

Ya que no podían usar magia con la que supuestamente nacieron, eran apartados bruscamente de todo lo que conocían. Hijos eran arrebatados de sus familias y puestos en una «casa de integración al mundo muggle», que no era otra cosa que un orfanatorio que asignaba a los niños a una familia desconocida para que vivieran. Por años intentaron cambiar esta situación, apelando hasta con los ministros muggles para que intercedieran por ellos, pero fue en vano.

Nuestras solicitudes fueron negadas —dijo Narizotas—. Comprendo que no podamos usar magia, pero separar a un niño de sus padres es cruel.

No hemos sabido sobre eso —mencionó Wei molesto por lo que hacían en esta parte de Europa—. ¿Por qué la Confederación Internacional de Magos no ha hecho nada?

Gabriel Agreste se ha encargado de ello —respondió Mano de Garfio—. Ese hombre sólo es la cabecilla de un grupo poderoso de familias prestigiosas que quieren mantener lejos cualquier mancha. La situación actual es desconocida porque pagan por ello, o porque, siendo que somos squibs, no somos tan importantes.

Wing traducía todo lo que decían a Eep. Por su expresión era obvio que pensaba que la situación era injusta.

Las familias en Beauxbatons están metidas en asuntos muy turbios, mucho más desde lo que pasó con los anteriores reyes —confirmó Vladimir con voz grave. Hablaba en susurros, como si alguien peligroso fuera a escucharlo—. No sabemos demasiado sobre el asunto. Retaco es el profesor de Metafísica en el castillo y nos informa lo que puede cuando nos visita, pero él tampoco sabe mucho.

Rapunzel no había dedicado mucho tiempo en pensar en sus fallecidos tíos, pero ahora comprendía que el asunto no era tan sencillo como le habían informado.

¿Por qué nos cuentan esto? —preguntó Wei—, es decir, no es que no les creamos, sólo que…

Mano de Garfio levantó uno de los periódicos mostrando un titular con fotos de la apertura. Rapunzel se miró a sí misma tal cual había aparecido descendiendo en medio del escenario con su cabello resplandeciendo. A pesar de esto, el título del artículo proponía otra cosa.

"¿BRILLO DE ESPERANZA O DE ARROGANCIA?".

Rapunzel leyó de prisa, sin sorprenderse que la prensa extranjera fuera todo menos amable con ellos.

A tu grupo y a ti los han tratado como a nosotros, princesa —dijo Mano de Garfio—. No voy a decirles que creo en todo lo que dicen los diarios, porque es fácil tergiversar un hecho. Desconozco que pasó allá para que hayan tenido que llegar a ese punto, pero tienen mi apoyo.

El de todos nosotros —indicó Narizotas recibiendo una afirmación general de todos.

Son una inspiración —continuó Mano de Garfio sin saber lo mucho que eso significó para Eep y Rapunzel—. El mundo está cambiando, pero no creo que sea para bien. Los muggles pronto se darán cuenta de lo que pasa, y si eso sucede, temerán a los magos y brujas.

Cuando Wing le tradujo lo último que Mano de Garfio dijo, Eep sólo pudo asentir. Sabía que no todos tendrían miedo, que habría una parte que podría aceptarlos y que habría otra —por desgracia, la mayoría— que no tolerarían la existencia de personas capaces de llevar a cabo grandes e increíbles hazañas y también actos horribles y espeluznantes por la magia. Miró a los hombres en la taberna, tan deseosos de que se respetaran sus derechos y de que no los desterraran del mundo al que pertenecían. Flint le había explicado por qué los squibs no debían estar cerca de la magia, y lo comprendía, pero eso no implicaba que se tomaran medidas tan crueles.

"Todavía hay mucho que discutir al respecto. No todo se soluciona con permitirlo. Filch es un squib al que le permitieron quedarse, ¿y qué pasó? Está lleno de amargura y envidia, por tener que ver a tantos disfrutar lo que él jamás tuvo".

No compartió ese pensamiento en voz alta. No era el lugar adecuado para tratar con el tema. Eep se dio cuenta que tampoco podía hacer algo. Sólo era una niña, incluso si se esforzaba por poner el tema sobre la mesa, ¿qué ganaría cuando había otros asuntos prioritarios por atender?

Parece que la tormenta ha amainado —señaló Greno sirviéndoles ponche de huevo en tarros limpios—. De todos modos es mejor esperar un rato.

Me parece bien —dijo Wei cuando quedó claro que no los lastimarían—. No creí que me enteraría de esto, es decir, creí que no lo soltarían estando nosotros aquí.

Cualquier amigo de la princesa Rapunzel y su buena amiga Eep, es nuestro amigo también —afirmó Mano de Garfio rascándose el bigote con su gancho—. Cambiemos a temas más alegres. Un poco de música no vendría a mal.

¿Música de ese piano? —inquirió Wing.

Oh, muchacho, no sabes el magnífico instrumento que es. Sobre todo si lo toca un experto como yo —dijo Mano de Garfio tomando asiento frente el viejo piano y comenzando a tocar una hermosa melodía.

El ambiente cambió a uno más ameno, incluso la apariencia no era tan atemorizante. Los gemelos comenzaron a bailar, mientras que Eep se enfrascaba en un duelo de vencidas con Vladimir y Attila, quienes creían que podían vencerla (obviamente perdieron). Rapunzel se animó a cantar un par de canciones hasta que el ponche de huevo hizo efecto y tuvo que excusarse para ir al baño.

Hay uno dentro de la taberna, princesa, pero no recomiendo que vaya. Los hombres que frecuentan el Patito Modosito no suelen ser los más limpios, ya que algunos magos les echan maldiciones de pestilencia para alejarlos del pueblo. Ahora sólo está nevando, así que puede ir al que está fuera. A mano derecha, cerca de las raíces del árbol, hay un baño más decente que reservamos para las visitas, si es que las hay —dijo Mano de Garfio.

Rapunzel informó a Eep a donde iba para que no se preocupara de su ausencia. Salió del Patito Modosito contemplando los pequeños copos de nieve caer lentamente. Ya había oscurecido, por lo que tendría que usar su varita para alumbrar ya que del árbol sólo colgaban lámparas diminutas que no iluminaban nada. En cuanto dirigió su mano al estuche especial para su varita, sintió la presencia de alguien a sus espaldas. No tuvo tiempo de actuar cuando una enorme mano le tapó la boca. Un brazo musculoso la aprisionó con tanta fuerza, que de no haber sido preparada para combatir a personas del doble de su peso, se habría escaqueado.

Yo no intentaría ningún movimiento si fuera tú —dijo un hombre cerca de su oído. Rapunzel se detuvo, pero no por amenaza, sino porque otro más se materializó frente a ella. Era un hombre adulto con el cabello pelirrojo vestido con una extraña túnica negra. No ocultaba su rostro, lo que indicó que no le importaba que lo viera o que estaba seguro que él y su socio se saldrían con la suya—. Creímos que tendríamos que asesinar a todos esos inútiles, pero tú lo has puesto fácil. Confiaste en que nadie te haría nada y bajaste la guardia.

No es nada personal, princesa —dijo su captor mientras el segundo hombre sacaba una soga y un trapo para amordazarla. Ellos no sabían cuánta información le estaba proporcionando sólo con sus movimientos. Rapunzel se preparaba para el contraataque—. El precio que han puesto por tu cabello es demasiado alto para no arriesgarse. Me pregunto si podremos pedir el doble. Después de todo, no muchos entregarían entero al sujeto que piden.

Algunos cazarecompensas no saben hacer un buen trabajo, hermano —dijo levantando sus grandes manos para sujetarla.

"Si no usan magia y aun así saben sobre mi cabello, ¿qué otra información se habrá infiltrado al mundo muggle?", pensó Rapunzel sabiendo que el momento de actuar había llegado.. Debía concentrarse si quería salir de este problema.

Fue como si su mente se vaciara de todo, como si no existiera nada. Pero no pudo actuar. Concentrarse había traído una consecuencia no planeada. Fue como aquellas visiones donde se habían presentado imágenes tan difíciles de interpretar. Los mismos sentimientos desbordantes se apoderaron con tal fuerza de ella que tembló agresivamente mientras los hombres le ataban las manos. Ellos confundieron eso con miedo, pero poco podían saber que en ese momento Rapunzel estaba sufriendo un tipo de dolor diferente.

¿Por qué estaba pasando eso justo ahora?

De golpe voces cantando, gimiendo, gritando, clamando por guerra, exigiendo paz, aullando por justicia, ahogándose de angustia o de felicidad, engulleron su propia voz. El ataque fue tan potente que Rapunzel olvidó quien era ella por unos segundos. Para finalizar su agonía, el mismo ojo monstruoso se presentó ante ella reflejando el apabullante dolor de la vez anterior.

Cerró los parpados con fuerza…

Sus captores fueron repelidos al instante, dejándola caer sobre el suelo. Tomó un instante para que Rapunzel recuperara la consciencia. Cuando lo hizo se levantó con harta dificultad, abrió los ojos de golpe al ver a los dos hombres encajados en el suelo lejos de ella. Se vio las manos… ya no tenían la cuerda.

¿Qué había sucedido?

—Parece que su poder ha despertado, mi señora —ésa era la voz del maestro Fu.

El anciano apareció como si hubiera estado esperando la oportunidad de mostrarse. Rapunzel se obligó a pensar aunque en ese momento tuviera unas terribles ganas de vomitar. Fu llevaba una caja bajo el brazo, la misma caja que contenía los miraculous. Rapunzel entendió qué estaba pasando cuando él se hincó frente a ella con la frente tocando el piso, tras poner la caja frente a ella.

—Ahora que he presenciado una muestra de su asombroso poder, mi vida le pertenece para siempre —por alguna razón, ese juramento había sonado más sincero que el primero. Rapunzel estaba horrorizada. Fu levantó la cabeza para mirarla, en su expresión no había nada más que admiración; abrió la caja mostrando los seis miraculous, pero un gesto de su mano hizo que cajones laterales se abrieran revelando un total de dieciocho objetos—. Mi señora, le entrego formalmente la herencia de Terra, el Primer y Último Hermano.

"Todo fue una prueba", pensó Rapunzel sintiendo una ira tal que su magia vibró peligrosamente para regocijo de Fu que sonrió con aprobación. "Maldita sea".

El maestro Fu había maquinado todo este escenario para asegurarse que ella era la verdadera heredera de Terra. Quería hacer algo para borrarle esa expresión de suficiencia, de hacerle saber que no le gustaba que jugaran así con ella… y se dio cuenta al fin lo que Adrian les había pedido hace unos días. El nudo en su garganta fue difícil de deshacerse cuando se atrevió a hablar.

Rapunzel había aprendido la lección.

—Encárgate de esos dos y vuelve al castillo sin que nadie te vea y espera mi regreso —ordenó sin una pizca de amabilidad en su voz, algo que odió con todo su corazón—. Me dirás todo lo que sabes sobre los miraculous y los kwamis, y si mientes de nuevo, extrañarás la maldición que te puso Terra comparado con lo que yo te haré.

—Sí, mi señora —reverenció otra vez.

—Vete —repitió Rapunzel que no podía soportar verlo más. El maestro Fu se retiró en silencio dejándola sola… le tomó mucho animarse a dar la vuelta sólo para toparse con Eep y Pascal parados en el umbral.

Se miraron mutuamente, sin decir nada, pero comprendiendo un montón de cosas.

—Sé que lo que voy a decir es lo más tonto del mundo —dijo Eep cuando sintió que Rapunzel debía saber lo que pensaba—, pero no debes seguir el camino de Terra. Las historias de los hermanos sólo nos demuestran todos los errores que cometieron… y no digo que no vayas a cometer errores, pero no creo que la manera en que Terra hizo las cosas vaya a cambiar algo. No te rindas, Punz, en seguir tu propio camino.

—Yo…

Eep meneó la cabeza negativamente.

—Yo creo firmemente que siempre hay tiempo para todo, si eres constante. No tienes por qué tener las respuestas ahora.

Rapunzel se sintió muy cansado, pero logró sonreír.

—Gracias, Eep —la abrazó con fuerza. Pascal rápidamente se aferró a su mejilla—. Agradezco que estén aquí conmigo.

—No hay de que —palmeó su espalda—. Ahora, debemos regresar… aunque creo que no pudiste hacer del baño con lo que pasó. Accidentes que pasan.

—¡Eep, no pasó nada de eso! —se sonrojó y la soltó para dirigirse a hacer sus necesidades mientras la risa de Eep opacaba un poco la culpa que estaba sintiendo.


Astrid se retiró la enfermería tan pronto como se afirmó que Courtney estaba fuera de peligro. Ella no le agradaba por lo que no tenía sentido fingir que estaba preocupada. Molly se había ofrecido a escoltarla a su alcoba, pero Astrid no tenía ganas de ir por lo que se negó, alegando que no necesitaba compañía por el momento. La pequeña Weasley pareció comprender de inmediato su genio porque no insistió y la dejó salir.

No entendía cómo una persona de personalidad tan fuerte como Courtney —nunca lo diría en voz alta— se dejó vencer por el toque de una estatua. Fuese cierto o no lo de la supuesta maldición del Extraño, Courtney simplemente habría mandado a volar las probabilidades y plantado cara a su destino.

"¿Y con qué derecho criticas su debilidad, cuando tú no eres la excepción?". No era habitual recriminarse, pero entre el desprecio de su padre y hermana y su aparente incapacidad para agradarle a la gente Astrid estaba en un punto crítico de su corta vida.

Caín había ayudado a recobrar un poco de equilibrio. Un respiro del episodio más doloroso que hubiera vivido. Sin embargo, toda herida tardaba en sanar. Aún dolía, quizás no con tanta intensidad, pero todavía supuraba como si sus intentos fueran en vano. Astrid no lo comprendía.

Se suponía que sería más fácil con sus sentimientos aclarados. Podía elegir emanciparse de los Hofferson, vivir con Hannah y su familia hasta que tuviera la edad suficiente para irse por su cuenta y pretender que nunca había tenido un padre y una hermana. La realidad era más difícil de aceptar. Eran exactamente los mismos sentimientos que tuvo en segundo año, cuando aún había tenido esperanzas de que Mérida, MK, Alicia y Eve fueran sus amigas.

A veces cuando entrenaba con su hacha no podía evitar sentirse nostálgica por su padre y hermana. Imaginando si estarían orgullosos de ella por haber sido escogida, si estarían decepcionados (en el caso de Damian) o molestos (por Heather) por la escandalosa pelea que protagonizó con Fitzherbert. En cuanto lo pensaba se detenía y se quedaba mirando el hacha con vergüenza, como si fuera la representación de Caín y él le reprochara su falta de valentía.

"No tengo tiempo para preocuparme por estas cosas", meditó. Después de todo tenía asuntos importantes que atender. Debía prepararse para la prueba, por lo que tenía que encontrarse con Fitzherbert para practicar juntos. No le hacía mucha ilusión y prefería mil veces ser emparejada con Hiccup, Thomas o hasta Guy, pero Adrian había sido perentorio con su orden y Astrid no le daría motivos para degradarla como había ocurrido con Mérida.

Pero… era inevitable.

Su mano rozó distraídamente el bolsillo derecho de su pantalón, donde ocultaba el hacha de Caín. ¿Qué le diría él acerca de su inseguridad? ¿Le quitaría el hacha para que no estuviera en las manos de alguien llena de dudas? ¿Le recordaría el dolor y las lágrimas que había derramado a causa del desamor de su padre?

"Probablemente nunca vuelva a verlo", pensó ignorando las risitas tontas de Brittney y Pacífica cuando pasó a su lado. Al parecer, el desmayo de Courtney fue una noticia rápidamente difundida porque ellas hicieron burlas al respecto, como si a Astrid eso le provocara una reacción. "Un extraño como él me aceptó cuando mi familia no dudó en rechazarme".

Ahí recaía todo su dilema. Astrid había encontrado la determinación de seguir adelante por su cuenta, pero en ciertas ocasiones, la soledad y el anhelo eran fuertes. Emanciparse le daría libertad, pero también legitimaría su situación, la haría más real.

"¿Más real que las palabras que te dijo tu padre ese día? Hay que ser masoquista para querer más dolor. Eso, o ser idiota", emuló en su mente lo que Caín podría decir.

"Alto, ya no pienses más en eso", se regañó enfocándose en pensamientos más productivos, pero no menos negativos. Había tantas cosas de las que no tuvo conocimiento durante tanto tiempo, que el simple hecho de organizarlas dentro de su cabeza estaba siendo una labor titánica. Perfecta para distraerla de sus problemas.

El tópico más importante por ahora —al menos para ella—, era Jackson Overland. No le pasó desapercibido que Eugene había ingresado a la enfermería sin su lapa. Jackson siempre le había parecido peligroso, antes no tanto cuando todo a lo que podía temer de él era una broma pesada. Sin embargo, si es que Jackson cargaba con un pasado más oscuro de lo que creía, como espíritu malévolo relacionado con Pitch, Astrid no iba a subestimarlo.

La pregunta primordial era qué podría hacer ella si Jackson resultaba ser un enemigo. Había quedado claro durante la batalla contra Gothel que no era fácil derrotarlo.

"Entonces, ¿por qué Gothel no decidió llevárselo cuando estuvo bajo su control?", no había pensado en ello hasta ahora. Si la bruja milenaria trabajaba con Pitch, era lógico que conociera sobre su relación con el Jackson del pasado. Si era así, ¿no sería más sencillo tenerlo cerca, mantenerlo de su lado? Tenía que discutirlo en privado con Flint. Si se equivocaba lo que menos quería era que sus compañeros de equipo la trataran como villana si se atrevía a insinuar que Jackson podía estar ayudando al enemigo sin ser consciente de ello.

Creaking van iddli fla lu va, pretty sah lu feh iddli twu ki padi. Trelly goilly doilly seli pretty chedi —ella se detuvo al escuchar la voz de un hombre entonar una letra en idioma extraño. No era como el que Jackson les había enseñado, por lo que descartó que alguien de los demás equipos hubiera logrado descifrarlo—. Emi swalin gwoh. Seri ferin dorin greh fairy seiry don sweedes machin twinky doo. Fweeden soreti.

Sentado en la orilla de una fuente pentagonal donde bailaban arañas antropomorfas, sin romper la superficie del agua, Hans estaba cantando. Astrid admiró su perfil, dándose cuenta por primera vez de lo elegante de sus facciones. De no ser porque conocía su personalidad y que ella no era alguien que se derretía por la hermosura de otros, Astrid se habría sentido cautivada.

—¿Tus amigos te hartaron tan rápido? —preguntó Hans sin voltear hacia ella, parando la canción. Seguía con la mirada perdida en los pequeños copos que comenzaban a caer.

Lucía… melancólico.

—No te culpo, parecen terriblemente insufribles. Te elogio por buscar compañía más amena.

—Si así fuera no te buscaría a ti —replicó Astrid a sabiendas que Hans no se ofendería. Al muchacho parecían siempre resbalársele los insultos. Se acercó hasta sentarse junto a él, logrando que las arañas refunfuñaran por su presencia—. Creo que no les agradó.

—Fueron hechas por un director que odiaba a las mujeres —comentó Hans—, tienes suerte que no se te hayan echado encima. Es difícil deshacerse de su seda.

—Pueden intentarlo —sonrió Astrid pensado en sacar su hacha y darles una probada de lo que una mujer era capaz de hacer si la molestaban—, pero no quiero darle a Sidmodius otra razón para quitarme puntos.

—Creo que no necesita razones para ser un imbécil con ustedes. El castigo que les dio por esa pelea fue injusto.

—¿Hablando de injusticias? ¿Quién eres y qué le has hecho a Hans?

—Auch, hieres mis sentimientos, Hofferson. Debe ser porque no soy Snow y Huha. Lamento no ser un norteño salvaje como ellos, pero simplemente vivir temiendo a que se me congelen las pelotas no es lo mío. Prefiero el calor, es más colorido.

—¿Estás celoso? —cuestionó con una sonrisa fácil. Era sencillo sonreír estando con Hans.

—Para nada.

Astrid había convivido lo suficiente con Hans para saber lo impertinente y poco educado que se portaba estando con personas en las que «confiaba», también que solía ocultar cosas con sus sonrisas. Eran su arma preferida, esas sonrisas a Gogo no le agradaban ni qué decir de Korra y Asami cuando hablaban con él en contadas ocasiones.

Era fácil para Astrid saber que más que un arma la eterna mascara de confianza de Hans era un escudo.

¿De qué estaría protegiéndose? Astrid quería preguntarle, pero si Hans no la había cuestionado sobre su distanciamiento con los miembros del equipo de Hogwarts, ella le brindaría ese mismo respeto al menos.

—¿Qué era lo que cantabas?

—Te contaron sobre lo de la muggle que convirtió a sus víctimas en muñecas, ¿verdad? —Astrid asintió; le había parecido una historia desagradable e injusta. La mujer había cometido un crimen atroz mostrando así su ingratitud, envidia y poca cordura—. La canción la inventó una de las sobrevivientes en un idioma extraño, una mezcla de varias palabras en inglés, francés y demás. Ella misma hizo la traducción, así que no me reclames si la letra es alto rara, ¿de acuerdo?

—¿Por qué hizo una canción de una tragedia así?

Hans se encogió de hombros con desinterés.

—Sólo sé que lo hizo como una advertencia. Tengo que admitir que es un poco tétrica. Lo que alcanzaste a escuchar viene siendo: "La puerta está crujiendo, ten cuidado. De lado a lado llama tu nombre. Nunca jamás abras esa puerta. Las cosas no serán iguales. Avanza despacio, porque es la mano de la araña en busca de su próxima presa. Pronto serás capturado y después quedarás atrapado en su telaraña".

—Qué poético.

—Y que lo digas —sonrió ante su sarcasmo. Luego puso una expresión seria—. He estado pensando en lo que dijeron sobre historias de monstruos en Beauxbatons. Como se habrán percatado, hay demasiadas. No sé qué pensará Flint sobre lo que vio en el recorrido, pero creo que ya estará planeado algo.

—Pienso que lo hablaremos en la próxima reunión, ya sabes —y añadió en voz muy baja—, cuando ustedes, nosotros, los de Durmstrang y los de Castelobruxo tengamos que poner la información en orden. ¿En serio crees que nos toparemos con esa mujer?

—Bueno, en el Bosque de los Árboles de Edelwood nunca creyeron que existiría una bestia antigua, capaz de convertir a personas en madera —dijo Hans con apatía.

Una apatía que para Astrid, pese a su poca capacidad para tratar de entender a los demás, no era natural. Hans no era diferente a otras personas. Ocultaba sus debilidades y temores. Astrid estaba segura que debajo de su máscara de frivolidad había alguien que realmente se preocupaba por lo que sucedía. Fuera por su propio beneficio o no, Hans fue el primero en unirse a ellos.

—Oye —dijo Astrid. Los ojos verdes del pelirrojo se fijaron en ella, en curiosidad—, ¿no te cansas?

La pregunta fue inesperada, ella lo supo por la tenue sorpresa en su rostro que Hans se apresuró en disimular. El silencio se postergó unos minutos, en los que los copitos les cubrieron hasta formar una capa delgada. Estaba empezando a nevar con más fuerza. Antes de que pudiera responder, el cuerpo de Hans se tensó de pronto, como una presa cuando percibe a un depredador.

—¿Qué pasa? —preguntó ella mirando hacia el frente, donde Hans había puesto su atención. De no ser porque estaba segura que él estaba sentado junto a ella podría jurar que el hombre enfrente era una muy buena imitación.

Aunque la similitud se debía más a un asunto de parentesco. Hans le había contado que tenía doce hermanos mayores, por lo que este hombre tenía que ser uno de ellos. Cuando miró a su amigo para obtener una confirmación, Astrid se sorprendió de la severidad en su rostro. Todo rastro de picardía, de juego y relajación, había desaparecido.

Astrid no sabía qué pasaría, pero presenciaría la respuesta a su pregunta en breve.

Parece que mis suposiciones fueron correctas —dijo el desconocido con un remarcado acento, muy petulante en su opinión—. Debo decirle a Hensen que se equivocó. Apostamos sobre el tiempo que te tomaría envolverte con la gentuza. Él dijo que lo harías desde el primer día y yo que te tomaría una semana. Tengo que decir, pequeño Hans, que no me sorprende. Siempre has mostrado un afán por deshonrar a nuestra familia mientras te denigras a ti mismo.

Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Hans.

—¿Deshonor? —preguntó en inglés sabiendo cuánto sus hermanos odiaban ese idioma—. Han dicho innumerables veces que mi existencia es insignificante, ¿cómo podría manchar el honor de nuestra gloriosa familia si es así? Ah, Hammel, anhelo que llegue el día en que tu poco ingenio innove tus insultos. Ya no me divierte regresártelos.

Tu maldita arrogancia… ¿Tengo que recordarte que estuviste a punto de ser exiliado por tu estupidez? Intentar un compromiso con nuestra prima, una princesa, fue un movimiento apresuradp, pequeño Hans. Sin duda alguna, tu castigo fue leve considerando tu crimen.

—¿Me puedes culpar por querer sólo lo mejor? —se encogió de hombros—. Sé que estás acostumbrado a las sobras de Hemmen, pero yo no tengo el mismo gusto por las cosas que otros hermanos tomaron. Cuestión de higiene, ¿sabes?

¿Y tus gusto incluyen niñas de sangre inglesa? —dijo Hammel señalando a Astrid como si fuera un montón de basura apilada—. Una estudiante de Hogwarts. Oh, no creí que pudieras caer más bajo, pero parece que el suelo no es tu límite. ¿No te cansas de untarte en la suciedad?

Astrid comprendió un par de cosas.

No era la única persona que tenía una relación de mierda con su familia. No era la única en sentir que tenía que defenderse de aquellos que supuestamente debían cuidarla y protegerla. Había preguntado a Hans que si se cansaba de siempre estar a la defensiva, de actuar presuntuoso para que nadie lo hiriera.

"El desgaste mental es real", pensó sintiendo la conocida bilis subir por su esófago. La misma sensación que cuando recordaba a su padre y Heather. "Y es peor que cualquier agotamiento físico".

—Oye, tú —pronunció Astrid con un tono duro, tanto Hans como Hammel la miraron—. No tengo idea de quién eres y no me interesa saberlo. Por tu cara puedo suponer que eres un grandísimo idiota. No voy a desperdiciar mi tiempo con uno, así que ahórranos la molestia. Hans, por respeto a nuestra amistad pasaré por alto esto, pero como este imbécil vuelva a interrumpirnos nadie podrá detenerme de hechizarlo, ¿entendido?

Hammel pareció atragantarse con algo. Sus hombros se movían con indecisión y se veía dispuesto a propinar un castigo. Astrid ni siquiera le prestó atención, esperó a Hans, esperó su respuesta y que él entendiera lo que estaba tratando de hacerle ver con sus palabras y acciones.

Era difícil que entendieran a Astrid.

Hans lo hizo.

En menos de un minuto algo floreció en la mirada del muchacho. No fue sorpresa o molestia, sino algo más suave, y sin duda, nuevo.

Aceptación.

Por primera vez en su vida una persona parecía dispuesta a defenderlo, a aceptarlo a pesar de todo. Fue una sensación tan agradable que sus defensas desaparecieron. Las de ambos. Hammel, tan estúpido como era, no notó lo que estaba germinando en ese momento. Él no pudo comprender el nacimiento de la confianza entre dos seres desconfiados por supervivencia.

—Me disculpo, mi señora —dijo Hans levantándose y brindándole su mano a Astrid, quien la tomó fingiendo un resoplido de indignación. Hans miró a Hammel—. Parece ser, estimado hermano mayor, que no tendremos más oportunidades de hablar. Verás, cuando uno es seleccionado en un torneo tan importante como éste tiene que dedicar su tiempo a cosas más útiles que tratar con un idiota.

Hammel se quedó quieto y lívido, sin poder decir nada cuando Hans se alejó con Astrid.

Los anchos senderos del laberinto dieron paso al camino adoquinado que conducía al pueblo. No fue hasta que cruzaron por el puente que Hans decidió detenerse.

Astrid no había pensado demasiado en lo que hizo. Ella simplemente actuó. Desconocía si haber intervenido pudo molestar a Hans. A muchas palabras no les gustaba que otros pelearan sus batallas (ella misma era un ejemplo). Sin embargo, más que estar molesto, más que sentirse menospreciado, Hans empezó a reírse.

—Por Catherin Dehayes, la cara que puso fue… —logró pronunciar entre carcajadas—. Oh, fue lo máximo.

Fue espontáneo y, descubrió Astrid, muy agradable. No pudo evitar unirse a él. Tomó media hora para que ambos pudieran componerse lo suficiente para mirarse sin volver a reír. Astrid notó la vitalidad que había adquirido el rostro de Hans, la tensión y severidad habían desaparecido.

—Así que, ¿ahora somos amigos? —inquirió con tono juguetón—. Espero no lo hayas dicho sólo para molestar a Hammel, aunque tampoco me molestaría si así fuera. A él no le agradan los ingleses.

Astrid no había pensado en eso. Desde que Mérida, MK, Alicia y Eve rompieron contacto con ella, nunca había intentado acercarse a nadie más. Había aprendido a distanciarse, a convencerse que no necesitaba tener amigos para conseguir sus metas.

"Pero había sido tan solitario", pensó recordando las risas, travesuras y aventuras que pudo disfrutar con las que pudieron ser sus amigas. Astrid se había afanado tanto en su supuesta independencia que cuando se quedó completamente sola, no pudo entender por qué se sentía tan mal. "Es algo terrible estar solo".

—Parece que no soy el único con problemas —dijo Hans reconociendo su expresión y haciendo una seña para que se recargaran en la barda empedrada del puente. El agua congelada del riachuelo debajo les devolvió su reflejo. Los transeúntes les daban miradas esporádicas—. Mis hermanos han hecho de mi vida un infierno desde que tengo memoria. Mis padres fingen que no pasa nada, que sólo son juegos entre hermanos.

—Tus padres deberían aceptar que tus hermanos son imbéciles —dijo Astrid, aunque sólo había conocido a Hammel.

—Oh, créeme, lo saben, pero son sus hijos y si son unos malditos es más fácil pretender que no es por su culpa. Como no contaba con ellos tuve que aprender a defenderme cuando me rendí de tratar de agradarles.

—¿A qué te refieres? Por lo que vi no tienes ningún problema para encargarte de ellos.

—No siempre fue así —admitió Hans. A Astrid no le quedó duda que él confiaba en ella, ¿con qué frecuencia le contarías tus problemas personales a una persona que conociste hace una semana?—. Ellos son mi familia, es un hecho que no puedo cambiar. Por años traté de ganarme su favor, de hacer que me quisieran…

—¿Por qué lo intentaste?, quiero decir, ellos no…

—Es difícil aceptar que tu familia no te quiere —dijo Hans y Astrid no pudo contradecirlo—. Me tomó años comprender que algunas cosas no son posibles de cambiar sin importar cuanto lo intentes, y que desgastarte por agradarle a alguien que te odia, te hiere profundamente. La herida no la sana el tiempo, las distracciones o las promesas, sana cuando la entiendes.

—¿Cómo sabes que lo has superado?, ¿que ya sanaste?

—Depende de cada persona, pero… —sonrió tristemente— a veces cuando lloras sin consuelo te das cuenta que nunca lo hiciste, que sólo le pusiste pausa a ese sufrimiento. Pero —y en este punto, Hans colocó una mano sobre su hombro— no es imposible. Si te sirve de algo, hay cosas que aprendí de esto. Una, que no necesitas que todo el mundo te quiera.

—Porque quizás lo único que quieres es que una persona lo haga —dijo Astrid—. ¿Has encontrado a esa persona?

—No hay prisa. La otra cosa es procurar ser quien soy, me amen o no. Cuando traté de que mis hermanos me quisieran dejé de lado todo lo que soy. Me abandoné. Nunca permitas eso, Astrid.

—Yo…

—Te duele y aun así estás aquí. La herida sanará cuando la entiendas, pero por ahora está bien que duela. No es debilidad. No estamos hecho de piedra. Mientras encuentras la respuesta, deja que duela. No hay nada de qué avergonzarse.

Astrid sintió que algo se rompía dentro de ella. No había sido su corazón esta vez (una vez roto, lo demás sólo eran pequeñas resquebraduras), sino la resistencia que había impedido aceptar una verdad. Damian y Heather no la querían, pero ella sí a ellos, y admitirlo le había dado el valor de enfrentar mejor su situación. No podía obligarlos a quererla, pero ella sí podía deslindarse del dolor que su desamor le causaba.

—Alguien me dijo que no permitiera que nadie, incluso si era familia, me hiciera sentir mal —musitó Astrid luchando contra el impulso de llorar—. Me preguntó si sería capaz de elegir un camino por mi cuenta y recorrerlo como me diera la gana. Le respondí que no quería estar sola, y el muy imbécil me citó a un tal Thomas de Quincey, como si eso fuera la solución.

—¿Y lo fue?

—Hasta este momento no aprecié lo valioso de su lección —respiró profundamente y cerró los ojos por un instante—. Hans, no tengo idea de lo que haré una vez termine el torneo. No quiero volver con mi padre, pero tampoco quiero alejarme sin dejar claro lo maldito e insensible que fue cuando me rechazó.

—Bueno, quizás si me cuentas todo el embrollo pueda ayudarte. O quizás te dé un consejo tan malo que cualquier cosa que pienses será mejor.

—Conociéndote me sugerirás envenenar a mi familia.

—¿Ves? Todavía no te digo nada y ya se te ocurrió algo sumamente interesante.

Astrid le golpeó el hombro.

—Y eso que no te he mostrado mi hacha —le guiñó el ojo.

—Me acabo de hacer amigo de una bruja que tiene un hacha oculta —Hans suspiró melodramáticamente—. Mi juicio parece estar comprometido.

—Para empezar, tu juicio nunca ha estado bien. Ahora, cállate y escucha, que esto promete ponerse muy sentimental.

Astrid no había esperado esto, por supuesto. Jamás creyó estar dispuesta a abrirse así, desnudar lo más profundo de su alma, con alguien a quien apenas conocía. Sin embargo, Hans era honesto a su manera, y al menos no la juzgaría. Abandonaron el puente para adentrarse en el pueblo, caminando juntos mientras Astrid hablaba sobre todo lo que había pasado.

Describió su confusa infancia cuando Hans la llevó al Emporio de Artículos Variados. Narró con lujo de detalle su resolución de sacar del pozo a su familia, luego de que Finn Hofferson los deshonrara por haber trabajado con mortífagos; para entonces, Hans le estaba mostrando las pequeñas tiendas donde vendían equipo de quidditch y pulidores de escobas. Estaba tan concentrada que ignoró por completo las miradas intransigentes a su alrededor, incluso cuando Jeremy de Ilvermony se burló de ella.

Hans embrujó al mocoso insolente, claro, y no pudo más que admirar la voluntad de Astrid de llevar las cosas al final.

Astrid le contó de su primer año en Hogwarts y Hans comprendió muchas cosas, entre todas que ella no temía mostrarse como era así se quedara sola y que, a pesar de esa admirable cualidad, Astrid deseaba sentirse aceptada, saber que había personas a las que le importaba. Hans no conocía personalmente a las niñas que habían rechazado a Astrid durante su primer año, pero podía suponer que no habrían estado interesadas en lidiar con una persona que por motivos personales casi mata a otra.

—Así que casi matas a uno de los Gemelos del Diablo, eh. Te habrías convertido en una leyenda.

—Que tengan una mala reputación no significa que quiera matarlos, Hans —aseveró Astrid—. En ese momento no pensé mucho en ello. Me sentí traicionada por el hecho de que DunBroch se preocupaba más por Malfoy que por mí, pero ahora me doy cuenta que no siempre mi carácter me ayuda. Se supone que tengo que actuar inteligentemente.

—¿Actuar inteligentemente? Por Circe, Astrid, no tienes que fingir que no quieres partirle la cara a quien te está molestando. ¿A qué te llevó eso? —preguntó Hans luego de comprar dos panes recién salidos del horno y entregarle uno a ella. Ambos se dirigieron a una de las mesitas privadas en esa panadería para continuar su conversación—. No conozco personalmente a tu familia ni a esas niñas que te rechazaron, pero pudieron ver lo que tú no.

—¿Y eso es? —elevó una ceja, no muy segura de lo que iba a decirle.

—Que odias ser como eres —respondió Hans partiendo el pan para untarle mantequilla de los recipientes de porcelana sobre la mesa. La panadería estaba hasta el tope, pero Hans era amigo de la dueña y había conseguido apartarles un lugar—. Bueno, no del todo, hay cosas que no soportas hacer, pero las haces para que te alaben, para que te reconozcan. Mira lo que pasó con tu padre. Dejaste que su paranoia influyera en ti y te propusiste metas que en una situación "normal" no habrías escogido.

—Bueno, yo…

—Astrid —pronunció Hans tan seriamente que ella no tuvo más opción que callar—, el tal Caín ya te lo dijo. Tienes que escoger tu propio camino y esto también significa escoger tus propias metas. ¿Quieres seguir esforzándote para devolver la gloria a tu apellido? Bien, pero que sea porque es tu decisión, que todo lo que hagas, que toda actitud que tomes, sea algo para enriquecerte, no para odiarte.

Hans le dio una mordida a su pan, dejando que su consejo llegara a la testaruda Astrid Hofferson. Ella se vio indecisa, jugando con un pedazo de pan en el que había puesto mermelada. Echó un vistazo a su alrededor. Kubo, Riley y Audrey hacían fila discutiendo qué delicioso postre comprarían, cuando notaron su presencia la saludaron con cortesía. También estaba ese tipo idiota de Uagadou, Bolin, peleándose con la dependienta porque no había entendido su pedido; Mako y Opal intentaban calmarlo en vano. Coraline estaba regañando a Finn y a Jake por no haber llevado dinero consigo y que ella tuviera que pagar por las trufas que pidieron.

—Envidiaba a Heather por eso —dijo Astrid volviendo su atención hacia la entrada, donde aparecieron Thomas y Alejandría muy seguramente a comprar refrigerios para sus amigos en la enfermería—. Ella podía ser como es sin sentir culpa, sin pensar demasiado en ello. Pensaba: "Demonios, que fácil es para ella actuar así".

—Todos tenemos máscaras incluso tu hermana.

—Y aun así nuestro padre la prefiere.

—¿A qué te refieres?

—No te he dicho todo —confesó Astrid con nerviosismo. Hans mantuvo una expresión serena, evitando a toda costa hacer cualquier movimiento que ella pudiera interpretar de mala manera—. La razón por la que ahora vivo en el Caldero Chorreante es porque…

Astrid se percató a qué grado había estado aguantando todo. Al no poder exteriorizarlo hasta este momento, fue cuando al fin entendió lo difícil que era enfrentar la adversidad estando sola. Había pasado días y noches sin nadie con quien hablar… excepto con Hannah. Un sentimiento profundo estrujo su corazón al darse cuenta de lo mucho que Hannah había hecho por ella sin exigirle nada a cambio. Después de tantos meses anhelando imposibles, que las cosas se resolvieran por sí solas, llegó a aceptar que, para bien o para mal, sí había una persona que se preocupaba por ella.

Los ojos se le nublaron de lágrimas. Cuando se apresuró a limpiarlas, no se dio cuenta que Hans había colocado un rápido hechizo ilusorio para que nadie inadecuado la viera llorar.

Entonces, Astrid Hofferson habló.

Habló del desprecio de su padre, de cómo no dudó en confesar lo que durante tantos años debió ser obvio para los ojos de extraños. Habló de Heather, de su reencuentro luego del conflicto, cuando su hermana intentó herirla todavía más. Habló de Hannah y los Longbottom, del apoyo que le brindaron, y volvió a mencionar a Caín con un nuevo toque de afecto en su voz. Habló de Eugene Fitzherbert, el imbécil más grande del mundo, de cómo tenía ganas de sumirle su cara de bobalicón con un puñetazo. Habló de lo que pensaba del torneo, de Pitch Black, Gothel y lo que había sucedido en Durmstrang y que estaba afectando tanto a Nod y a Eret.

Cuando Astrid terminó, la dueña estaba a punto de cerrar el local. Hans no dijo nada durante los primeros minutos en los que se limitó en despedirse de la dueña y dirigirse junto con Astrid hacia la salida. Ella esperó. Usualmente se impacientaría por obtener una respuesta, pero no la necesitaba; Hans la había escuchado, la había aceptado como una amiga…

Hans de las Islas del Sur era el primer amigo de Astrid Hofferson.

—¡Vaya que sí está nevando! —exclamó Hans cuando salieron al frío exterior. Colocó su varita para hacer un encantamiento de sombrilla, que los salvó de lo peor. No había ya personas en las calles del pueblito—. Supongo que tu historia fue tan triste que el clima decidió ponerse en modo depresivo.

—Tonto —dijo Astrid metiendo las manos en su chaqueta—. Si fuera el caso estaría lloviendo. La lluvia es pura tristeza. La nieve es como un abrazo frío.

—Prefiero un abrazo cálido, si no es mucho pedir —dijo Hans sacudiéndose un poco debido a una ventisca particularmente álgida—. Joder, sólo a las malas personas podría gustarle este tipo de clima.

—¿Eso significa que soy una mala persona?

Hans sabía que ella sólo estaba jugando. Astrid, como él, también odiaba el frío.

—La peor —sonrió de lado, pasando un brazo sobre los hombros de Hofferson. Era notable la diferencia de altura, así como de años y de origen, pero eso poco les importó. Eran amigos y el contacto fue natural para ellos—. Ahora bien, puede que cambies mi opinión en cuanto me cuentes cómo planeas vengarte del estúpido de Eugene Fitzherbert.

—Flint dijo que debía llevarme bien con él.

—Flint no tiene por qué enterarse de que los posibles y futuros accidentes que le ocurran a Fitzherbert son causados por ti. Tienes mi palabra de caballero, mi señora, no diré nada si tú tampoco lo haces.

Astrid se rió.

—Bueno, pensaba en dejarlo calvo…

—Mmm, una excelente idea que se puede pulir, eso sí.

Volvieron al castillo, ambos con una sonrisa sincera en el rostro… como hace tanto tiempo no habían podido mostrar.


El equipo de Castelobruxo había decidido descansar luego de un rápido paseo por el pueblo y bosque en Beauxbatons. Lon, Maui y Cloe se habían negado a hablar con ellos y se habían ido a dormir enseguida, mientras que Zack, Kiet y Fenzy discutían sobre las criaturas que se habían topado a la vez que Fenzy organizaba sus cromos de jugadores de futbol muggle sobre una mesa. Por su parte, Moana permanecía en silencio. Desde que había descubierto que su vínculo con Jackson y Eugene era algo más había meditado al respecto.

Moana siempre había buscado por algo desde que tenía memoria. Cuando era más pequeña había tenido extraños sueños llenos de nieve, temor y dolor que la hacían que despertara entre lágrimas. Sus padres se habían preocupado al principio, pero luego creyeron que sólo trataba de llamar su atención por lo que la dejaron ser, prometiéndole que acabaría un día sin que lo planeara. Por el contrario, su abuela sí se había comprometido a buscar una explicación.

Su abuela que le contaba las historias del Origen, de misteriosos asombrosos y viajes increíbles; las Waialiki habían logrado preservar grandes historias antiguas del olvido, gracias a que lograron escapar de las guerras en el viejo continente, incluso antes de que los vikingos pisaran América. Eran las mujeres las encargadas de hacerlo, de mantener la responsabilidad de nunca olvidar. Su abuela la confió con Kya, una maestra agua que provenía de las tribus mágicas de África.

"El agua tiene memoria, mi niña", explicó su abuela cuando le preguntó porque la enviaba con Kya. "El agua que forma parte de ti, formó parte de algo antes. Con la ayuda de Kya sabremos quién fuiste en esa vida anterior que te causa tanto dolor ahora".

Kya logró que las imágenes fueran más potentes, pero no aclaró nada. Moana veía a personas desconocidas, dos hombres de los que sólo podía recordar el color de ojos: azul y gris. Con el tiempo y dándose cuenta que no podía dejar que eso la torturara más, dejó de darles importancia hasta que consiguió dormir relativamente bien… aunque lo que permanecía era la intención del par de ojos azules.

Grandes ojos azules que la miraban como nunca nadie la había mirado.

Con tanto amor que se preguntó cómo es que sabía que era eso.

Llegó a creer que era eso el anhelo en su corazón, lo que le hacía mirar siempre al horizonte más lejano. Moana se obsesionó, presionando a Kya para que le enseñara Agua-Control y así recuperar más recuerdos de esa vida anterior.

"No te obsesiones con lo que fuiste antes, mi niña, por lo que una vez fue no regresa de la misma manera", dijo su abuela luego de enseñarle a bailar. ¡Pero es que tenía que descubrir la razón detrás del amor de esos ojos azules!

Moana se detuvo un poco cuando entró a Castelobruxo. Gracias a la insistencia de su padre para que fuera una bruja excelente, Moana se dedicó a estudiar, pero nunca pudo del todo adaptarse. Aún seguía queriendo encontrar ese algo.

Y lo había encontrado en el sitio menos esperado en circunstancias casi improbables, en personas que no se parecían en nada a las que veía en sus sueños… pero se había sentido tan bien, tan correcto. Había sentido tanta alegría que no había pensado en otra cosa en ese instante. Ahora sabía que había sido su alma resonando con las almas de Jackson y Eugene, y ellos le dieron la bienvenida y por fin supo que su lugar en el mundo era ese, al lado de ellos dos.

Aunque eso no respondía a una de sus importantes preguntas sobre su aparente vida pasada. Había intentado hablar de eso con Kubo, pero él no poseía conocimiento sobre eso y le había dicho lo que siempre le decía a Jackson: que debía esperar a conocer a Sariatu.

—Sí que esos dos te tienen enganchada, Moana —dijo Fenzy mientras arreglaba sus cromos del más común al más raro. Kiet esperaba la oportunidad de robarle uno. Ellos eran fanáticos del juego muggle aunque no tenía la espectacularidad del quidditch o ni la destreza del sendokai (un juego que parecía futbol, pero mucho más complicado)—. Jamás te había visto tan pensativa y callada, ni siquiera cuando estabas en Castelobruxo.

Moana se sintió un tanto avergonzada cuando se dio cuenta que Fenzy tenía razón.

—No es lo que parece, es solo que…

—¿Sólo qué, Moana? —dijo Fenzy dándole un manotazo a Kiet cuando quiso agarrar un cromo muy raro—. No es difícil notar lo importantes que son esos dos para ti. Sabes, siempre creí que nunca tendrías amigos. Permanecías distante de todos en la escuela y creí que era porque nadie te importaba realmente, hasta que llegaron ellos y ¡pum!, todo cambió.

—Yo… siento haber dado esa impresión…

—No tienes que disculparte, no te estoy culpando —dijo Fenzy con una sonrisa exasperada, dándole un manotazo a Zack cuando pretendió hacer lo mismo que Kiet—. Por lo que entiendo no es que los hayas elegido tú, sino tu alma. A diferencia de Lon, Maui y Cloe soy capaz de entender que a veces puedes meter la pata por algo que todavía no eres capaz de controlar. ¿Y qué si es muy raro lo que pasó entre ustedes? Creo que nada sucede por casualidad, en el fondo todo tiene un plan secreto aunque nosotros no lo entendamos. Quizás haya un motivo por el cual tuviste que conocerlos hasta ahora, quizás no.

—Sabes, fenzy, creo que tu tamaño no es proporcional a tu inteligencia y buenos consejos —dijo Zack haciendo que Kiet hiciera una mueca cuando Fenzy le respondió con un puntapié—. ¡Auch! Estaba tratando de halagarte

—Halagar de esa manera es lo mismo que recibir un puntapié. Haz un favor y cierra la boca, Zack. Bien, como te iba diciendo, no tienes que presionarte para entenderlo, Moana, por donde lo veo la situación general es tan mala y tan rara que lo tuyo es relativamente normal.

—Con lo que nos contaron los de Hogwarts sí lo creo —dijo Kiet—. Cuentos, profecías, monstruos indestructibles… de haber sabido no me hubiera esforzado tanto por entrar al torneo como quiso la abuela.

—Y espera a la siguiente reunión —apuntó Zack cuando logró robar un cromo, como era muggle el jugador no se movía—. ¿Qué creen que pase?

—Sea lo que sea sólo espero que no tengamos que pelear contra alguien invencible —dijo Kiet, temblando ante la posibilidad—. Lo peor es que no podemos contar con la mitad del equipo.

—Al menos sabes que cuentas con la mitad que sabes que no te dejará solo —dijo Fenzy.

—Si yo no hubiera abandonado a Cloe en el reto del Drazki, estaría apoyándonos —enfatizó Moana.

—No lo creo, Moana, cuando el amor llega, te llega la idiotez —dijo Fenzy jugando entre sus dedos con su cromo favorito—. Cloe era una chica buena onda y simpática que cambió cuando se hizo novia de Lon. Antes era independiente y ahora si él dice que salte ella pregunta qué tan alto. A veces me preguntó porque ustedes dos no terminaron juntos, Zack, seguro que habría sido mejor.

—Ella era indecisa y yo era estúpido. Es una pésima combinación.

—Como dije, el amor te vuelve idiota

—Ajá, ¿y cómo explicas lo de Moana? Ella sólo tuvo un desliz no se volvió una maniática dependiente como Cloe —apuntó Kiet con la delicadeza del caminar de un erumpent.

—Yo no sé qué siento hacia ellos con exactitud —admitió Moana. Irónicamente, gracias a lo que había sucedido se había vuelto más cercana a su equipo—. Sólo que es fuerte. Quiero estar a su lado… pero no sé por qué.

Fenzy dejó el resto de los cromos sobre la mesa y se acercó a Moana, dándoles una mirada de advertencia a esos dos de que morirían si los tocaban.

—Sé que estás preocupada no sólo por eso, sino porque la tal Gothel parece joder la vida jugando con nuestras emociones y sentimientos —dijo Fenzy—, que cualquier debilidad que muestres será aprovechada para destruirte, pero tienes que saber esto, Moana, el amor es siempre un proceso, nunca un encuentro. Sentiste alivio cuando los conociste luego de haber pasado toda tu vida buscándolos sin saberlo, pero no fue amor. El amor es algo más que unos acelerados latidos del corazón.

Moana sintió mucha curiosidad. Fenzy solía actuar sin ninguna reserva, siempre directa y sin ningún rastro de la supuesta y delicada femineidad que las mujeres "debían" tener. Había mucho más en ella que pocos modales, y era por eso que había sido escogida. Fenzy era madura y tenaz, aunque cuando tenía la edad de Moana no había sido así.

—En poco tiempo te sentiste tan unida a ellos que más que tranquilizarte, te alteró. Nunca los viste antes, pero estás dispuesta a dar tu vida por ellos. Desconozco lo que Overland y Fitzherbert sientan al respecto, pero es más natural en ellos ya que llevan juntos más tiempo. Y es lo que necesitas, Moana, tiempo para conocerlos y tiempo para conocerte a ti misma otra vez. No eres la misma Moana y ahora es momento de descubrirte.

—Fenzy tiene razón, Moana —aportó Kiet dándole un torpe golpe en la espalda que Zack y Fenzy encontraron doloroso, pero Moana lo aceptó—. El amor no está destinado a sacudir un mundo sino a crear uno. ¿Y cómo vas a crearlo si no te arriesgas a conocerlos?

Zack y Fenzy le miraron como si hubiera dicho que la tierra era plana.

—Oigan, puede que no lo parezca, pero soy más listo de lo que creen —espetó él muy ofendido.

Moana se rió junto a ellos por la expresión de Kiet. Supuso que podía aceptar sus consejos. Tenía que descubrirse a sí misma ahora que ellos eran una parte importante de su vida (y así descubrir esa vida pasada que la había atormentado en su infancia).

"Eugene no ha tenido los mismos sueños que yo", pensó cuando recapituló que sólo Jackson y ella parecían sufrir de esa manera. "¿Por qué será?... supongo que lo averiguaré pronto".


La pequeña lámpara sobre su escritorio iluminaba tenuemente, lo suficiente para acabar con el papeleo correspondiente. Una última pasada de su pluma y finalizó con el trabajo de ese día. Miró al reloj de péndulo en su oficina percatándose que tenía media hora libre cómo había calculado. Guardó su pluma y acomodó los papeles para que Nathalie los entregara el día siguiente. Se levantó y caminó hasta quedar al lado del reloj, donde accionó un mecanismo que abrió una compuerta secreta donde se ocultaba un retrato que mostraba el hermoso arte de una mujer rubio de ojos verdes.

Gabriel Agreste acarició con sumo cuidado la mejilla de la pintura, como si realmente tuviera vida aunque supiera que el movimiento que tenía era sólo por un hechizo. Había sido pintada por Gustov Kimt, un regalo para Gabriel luego del accidente que había sufrido su esposa.

—No tolero que se me espie en mi propia oficina —dijo de pronto, bajando el dedo pero sin dejar de mirar el cuadro—. ¿Hay alguna razón por la que sigas haciéndolo a pesar de que te he dicho varias veces que dejes de hacerlo?

Una risa oscura vibró desde las sombras. En la oscuridad resaltaron los ojos amarillos y la sonrisa blanca del espíritu oscuro, Pitch Black.

—¿Para interrumpir tu íntimo momento? No, mi buen colega, no sería tan maleducado —respondió—. Y considerando lo que has hecho por mí hasta ahora, sería toda una ofensa.

Pitch se mostró plenamente. Gabriel le miró con indiferencia cuando se paró a su lado.

—El retrato es bueno, pero apostaría todas las riquezas del mundo a que no le hace justicia a la verdadera Emily Agreste

—¿Viniste sólo a halagar a mi esposa?

—¿Te haría perder el tiempo así? —dijo con una sonrisa torcida—. Tengo noticias recientes que pueden interesarte.

—Ya sé lo que el líder de mi escuadra hizo —pronunció Gabriel—. A menos que estés hablando de lo que tu espía descubrió para ti. Así que finalmente está haciendo su trabajo.

—Oh, no puedes juzgarlo, su posición no es la mejor. Está bajo constante vigilancia, pero sabe lo que hace. No lo han descubierto y no creo que lo hagan… admito que hasta para mí sería difícil hacerlo. Pero vayamos al punto. Mi espía me contó sobre la alianza que hizo su capitán con tu muchacho Glacefolle, pero eso no es todo, al parecer hablaron sobre la posibilidad de hablar con ciertas seres que pueden ayudarlos.

—¿Los trolls de piedra? —inquirió Gabriel, un poco impresionado—. Ellos quieren mucho al chico, pero no creo que accedan a sus demandas. No quisieron hacerlo conmigo cuando le pedí a Kristoff que me ayudaran con lo de Emily.

—Hay que ser precavidos —dijo Pitch—. No sabemos si estas criaturas harán una excepción con ellos… porque parece que ya lo han hecho.

—¿A qué te refieres?

—Kristoff llevó a Jackson Overland a verlos, por petición del mismo jefe de los trolls.

—¿Me contarás finalmente por qué debemos ser precavidos ante un niño de trece años? Vi los números de Jackson Overland y es "normal" si lo comparamos con los que están hasta arriba en el top, incluso su líder Adrian Flint es una amenaza mayor.

—Me sorprende que no lo hayas deducido, supongo que has estado ocupando pensando en los asuntos que te encargué —dijo Pitch—. Los números no dicen nada de alguien como ese niño. Puede que no lo veas ahora, pero él era sumamente poderoso hace trece años, y no lo desconoces totalmente, tu esposa llegó a contarte sobre él.

Gabriel se mostró confundido, hasta que Pitch señaló una pequeña fotografía de una pequeña Emily jugando en la nieve acompañada por dos niñas, una de ellas era su gemela y la otra una pequeña más joven de largos cabellos rubios y ojos azules que sostenía un peluche de jarvey. Gabriel lo dedujo entonces.

Los Primeros Pueblos (o los Originales, como los conocían en los países de Europa central) habían sido un cuento para Gabriel hasta que conoció a Emily Graham de Vanily. Emily era una bruja excepcional que descendía de lo que ella denominó como sangre vieja. Al principio Gabriel no le había creído, pero conforme se conocieron Emily le desglosó información extraordinaria sobre el origen de la magia, los Cuatro Hermanos, incluso sobre una profecía acerca de una mándala. Emily le explicó que aún existían personas como ella, descendientes directos de las primeras familias, que habían mantenido el poder en la sangre gracias al incesto. Emily y su hermana eran producto de la unión entre una tía con su sobrino. Se habían ocultado a ciertos problemas, al parecer un hombre se había estado dedicando a secuestrar a miembros de las familias antiguas.

"Mi prima desapareció cuando tenía cuatro años. Mis padres creyeron que fue ese hombre quién lo hizo, y quien asesinó a los padres de ella… No hemos descubierto su razón, ni hemos podido detenerlo, pero eso cambió nuestros planes. Habíamos descubierto una rama familiar que se había integrado completamente con los muggles. Mi tío pensaba casar a mi prima con el hijo de esta familia para unirlos de nuevo a nosotros… pero todo tuvo que adaptarse…"

Amelie era la hermana gemela de Emily y había tenido que casarse con su medio hermano para asegurar una herencia pura. Félix, el primo de Adrien y Cloe, tenía la misma edad que ellos y estaba comprometido con su prima. Gabriel lo había aceptado porque había sido el sueño de Emily unir a su familia de esta manera.

"No se trata de la sangre sino del poder", siempre decía.

—¿Qué tiene que ver un niño con los Primeros Pueblos?

—Tu esposa conocía sus historias —dijo Pitch. Por supuesto, Gabriel no le había dicho que Emily era una descendiente sino que conocía sobre los Primeros Pueblos por su interés en la historia de la magia—. Jokul el Rey Solitario, ¿te suena?

—Era su cuento favorito —respondió con sinceridad—. Un niño que fue secuestrado por un verdadero espíritu y que vivió solo durante muchos años, sin poder comunicarse con nadie. ¿Insinúas que Jackson Overland tiene algo que ver con este cuento?

—No lo insinúo, mi buen amigo, Jackson Overland fue Jokul. Ahora, antes de que digas algo, no sé qué pasó con él para que terminara así —Gabriel lució confundido por eso, por lo que Pitch aclaró—. Conocí a Jokul hace años. Habíamos llevado una relación de rivalidad hasta que… hasta que un día se presentó ante mí con una propuesta. Desconozco qué lo habrá hecho cambiar, pero tenemos que aprovechar su debilidad. Una aliada mía me confirmó una de mis sospechas, al parecer mi viejo amigo sigue existiendo en este mundo.

—¿Pretendes hacerlo pagar su traición?

—Oh, no, conozco su corazón. Él era un caso perdido de odio y rencor. No dudo en que ni siquiera él pueda escapar de sí mismo, así que no descartaré la opción.

—Es por eso que necesitas acceder a los pergaminos del Árbol del Conocimiento —dedujo Agreste—. ¿Quieres que averigüe cómo entrar? No pierdas el tiempo ni me lo hagas perder a mí, Emily me aseguró que es casi imposible lograrlo.

Casi es la palabra clave —dijo Pitch chasqueando los dedos. Su arena negra formó una cordillera de montañas—. Gracias a la colaboración de mis aliados conseguimos la localización exacta de una de las entradas cerca de donde está Uagadou. Cuando acabe la prueba aquí la siguiente será allá. Tus estudiantes tendrán que averiguar cómo entrar. Descuida, no hay registro de que las entradas ataquen a quienes quieran entrar en ellas.

—¿Por qué Uagadou? —preguntó Gabriel—, con lo que está pasando creí que se pospondría. Además, ¿por qué necesitas que ellos lo hagan?

—Tus chicos estarán a salvo. He hecho arreglos para que no pase nada mientras estén allá. En cuanto al por qué debes enviarlos se debe a las restricciones que presenta el lugar. Los espíritus como yo no pueden entrar ni tampoco ninguno de mis allegados, por eso tus estudiantes tienen que intentarlo. Tú y yo tenemos un trato, Gabriel Agreste, no debes temer a que reciban daños.

—Y cuando consigas lo que buscas, entonces…

—Cumpliré con mi parte del trato —confirmó—. Este plan no es algo que se cumpla de un día para otro, Gabriel Agreste. Es cuestión de tiempo, constancia y esfuerzo para que se realice. Los proyectos con Rusia y Japón han iniciado. Mis aliados también han logrado interesantes progresos con los dragones, y cuando todo esté en regla, el MA pagará por lo que hizo. Tu esposa volverá a ser como era antes, mi buen amigo. Te lo debo por lo que has hecho y por lo que hiciste a los anteriores reyes. Ellos se habían negado a unirse a mí a pesar de los beneficios que tendrían… si no te hubieras desechó de ellos, esto sería un poco más complicado.

Gabriel guardó silencio, recordando esa escena. El rey Agnar y la reina Iduna reuniéndose con él para hablar sobre una posible alianza con Reino Unido e Irlanda debido a la amenaza de Pitch… queriendo ayudar cuando a él le habían negado eso cuando pidió por su esposa.

Gabriel ni siquiera dudó cuando les apuntó con su varita.

—Si algo le pasa a Adrien…

—Lo sé —sonrió Pitch bastante divertido de que Gabriel no mencionara Cloe—. Nos veremos pronto, mi amigo.

Pitch regresó a las sombras dejando a Gabriel observando el retrato de Emily quien le sonrió como si aprobara lo que acababa de hacer.


Creo que crearé un pequeño glosario de todos los términos que he usado en lo que va de la saga, para que sea fácil identificar cada cosa.

La frase que escribe Josh en su carta a Jason pertenece a Stephen King. «Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros, y a veces, ellos ganan".

La frase de Bill Cipher sobre el amor pertenece enteramente a Metanfetamina. Aparece en el capítulo 28 de su fanfic "Mortífago" que es una joya. Un hermoso fanfic que me hace pensar en escribir algo decente antes de subirlo (pero luego recuerdo que nada de lo que hago es decente, así que ya ni modos).

La frase de Agatha… no sé si sea de un autor en particular, pero un contacto de Facebook y me pareció bonita. Recuerdo que a la edad de Agatha me ponía bien intensa con mis pensamientos románticos, y pues quería plasmarlos jajajaja.

Hay autores que citó implícitamente, así que no creo que deba nombrarlos aquí.

Me encantaría responder a sus review, pero en este capítulo no lo haré. En el siguiente capítulo sí, así que anímense a escribirme. Me gustan los review largos, pero algo corto está bien.