Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


Advertencia: Estos drabbles son historias para el HakYona Week 2017. Son 5 palabras (y 2 bonus) que los autores usamos con esta pareja que tanto amamos. Para evitar confusiones quiero advertir que yo intento crear un Universo Alterno nuevo para cada palabra y por lo tanto, una nueva vida para que Hak y Yona se puedan volver a elegir.


~Always You

Día 7: Prendedor

Yona mira su reloj una vez más. 5:27. A pesar de su incredulidad, los minutos habían seguido pasando sin que la figura de Hak apareciera por algún lugar, corriera hacia ella y, jadeando, comenzara a disculparse por haber llegado tan tarde.

Y con su personalidad, era probable que Hak llegara una hora tarde sin siquiera tener el saludable impulso de pedir una disculpa.

La pelirroja resopla, indignada, completamente segura de que el chico lo había planeado. Después de todo, no había nada que hiciera más feliz a Hak que hacerla enojar.

Una sonrisa maliciosa se dibuja en el rostro de la chica al pensar en todas las cosas que podía hacer para vengarse de él. Acusarlo con su abuelo es una, por ejemplo, subir las fotos más vergonzosas de su infancia a las redes sociales es otra incluso más cruel.

Y entonces algo en un puesto cercano llama su atención, e incluso antes de que pueda darse cuenta de lo que está haciendo, Yona lo tiene entre las manos.

—Buen día —saluda alguien frente a ella, seguramente el vendedor de aquella mesa de baratijas. Pero Yona no puede responder a su saludo ni despegar la mirada de aquel objeto. Es un prendedor simple, adornado por una peonia de un rosa descolorido y que, a pesar de parecer antiguo, resalta al instante como la cosa más valiosa en aquella mesa de chucherías.

A Yona nunca le habían interesado ese tipo de cosas, no porque fueran feas o demasiado infantiles, sino porque su rizado cabello le hacía imposible colocar cosas lindas en él.

Pero aquel prendedor… era diferente.

—Se le vería muy bien, señorita —le comenta el vendedor, probablemente buscando apurar esa venta—. Haría resaltar su cabello.

—No, yo no-

—Pero… quizá no sería adecuado para usted.

¿Eso quería insinuar que no podría pagarlo? Yona despega la mirada del prendedor finalmente y la sonrisa del vendedor es tan brillante como para deslumbrarla y hacerle olvidar toda ofensa que hubiera imaginado escuchar.

—Después de todo, ese prendedor tiene una historia triste.

Los ojos azules del vendedor la miran fijamente sin vergüenza alguna ¿Ya lo había visto antes en otro lugar? No, por supuesto que no. Alguien que usaba naranjas tan llamativos sería imposible de olvidar y Yona, contra toda razón, susurra:— ¿Una historia triste?

—Así es, señorita. Se cuenta que este prendedor perteneció a una princesa justo antes de que la desgracia llegara a su vida.

Las cejas de Yona se fruncen y su mirada amatista recorre una vez más el adorno. ¿Era posible que algo tan inofensivo fuera capaz de encausar tal destino?

—Si este prendedor es tan terrible… ¿Por qué usted va por ahí, vendiéndolo?

Los brazos del vendedor se estiran por sobre su rubio cabello mientras él suspira.

—Un chico tiene que hacer lo que un chico tiene que hacer para poder llevarse comida sabrosa al estómago. Además, señorita, el prendedor debe encontrar a su legítimo dueño.

Detrás de ellos, el peso del tren hace resonar las vías, impidiéndoles escuchar nada que no sea su estruendo. Cuando el ruido cesa y las personas comienzan a descender, Yona pregunta:— ¿Y cómo sabrá cuando encuentre a su dueño?

—Oh, es sencillo —sonríe el vendedor una vez más—: ambos lo sabremos.

Yona parpadea, asombrada –¡eso no le explicaba nada en absoluto!–, pero antes de poder decir nada más, una conocida voz surge detrás de ella.

— ¿Que nadie te enseñó a no hablar con extraños, princesa?

— ¿Y a ti nadie te enseñó a llegar a tiempo? —resopla ella de vuelta, fulminando al recién llegado con la mirada.

Él, sin embargo, ignora el desafío, centrando su mirada azulada en el prendedor que ella aún sostiene.

Sus ojos parecen oscurecerse, quedándose quizá demasiado tiempo observando el indefenso adorno, y tras devolverle la mirada, sentencia:— No se te vería bien.

Yona se queda boquiabierta. ¿Realmente había despertado con ganas de molestarla? Primero se había atrevido a llegar tarde y después… ¿Se atrevía a insinuar que había algo mal con ella? No había nada en el mundo que le impidiera verse bien con ese tonto prendedor de la mala suerte y si Hak creía-

—Esto —dice Hak entonces—, éste si se te vería bien.

La respiración se le atora en los pulmones a la pelirroja cuando ve el objeto que Hak encontró en aquella mesa. El anillo con un corazón de zafiro parece pequeño entre las manos de Hak, pero Yona sabe que a ella le quedaría a la perfección.

Con cuidado, ella deposita el prendedor en la mesa, y quizá con demasiada fuerza, coloca el anillo en el mismo lugar, casi haciéndole un hoyo a la mesa.

—No me compres anillos —sentencia ella, con las mejillas tan enrojecidas como su cabello.

— ¿Por qué no?

—Es nuestra primera cita, Hak.

El pelinegro se inclina frente a ella, pareciendo no comprender el dilema.

—Yo no planeo salir con nadie más.

Yona suelta un chillido, ¿lo estaba haciendo a propósito, no era cierto?

—Por supuesto que no lo harás, ¿Quién más va a querer salir contigo si llegas tan tarde?

—Nadie más que tú, espero.

Completamente ruborizada, Yona se disculpa con el vendedor y comienza a jalar a Hak hacia la salida.

— ¡No puedes seguir diciendo cosas así frente a las personas! —lo regaña ella— Y con ese tono de voz tan alto…

— ¿Preferiría que se las susurrara al oído, princesa?

La pelirroja suelta un grito y un golpe pasa muy cerca el brazo del chico, quien incita una cómica persecución al sacarle la lengua a la chica.

—Ah —el vendedor suspira, acomodándose en su pequeña silla para pasar otra eternidad—, la juventud.


N/A: ¿Qué? ¿Ya es 2018? Juré que lo terminaría -qué bueno que nunca dije cuando ;w;-

Levemente inspirado en un dorama que vi por ahí ;)