El Clima está loco.

El mes de julio estaba finalizando, el curso escolar lo había hecho el mes anterior; cuando les habían comunicado que harían ese viaje de fin de curso. Decir que estaba entusiasmado con esa idea era quedarse corto. Sus padres habían firmado enseguida la autorización, también una para su hermana que le habían pedido su profesor, pese a que esa excursión era únicamente para alumnos de cuarto, quinto y sexto. Su hermana todavía estaba en segundo, pero había mostrado un gran interés cuando lo había anunciado en casa, queriendo ir ella también al campamento con él. Ese día, 31 de julio, el profesor Fujiyama les había comunicado, durante la última reunión informativa, como serían los grupos en los que irían, había establecido que los mezclaría en grupos de ocho, con miembros de diferentes clases y cursos; para que no estuviesen siempre con las mismas personas. Eso en parte le fastidiaba, pero al mismo tiempo se alegraba porque le encantaba hacer amigos. Consultó la lista que habían colgado en el pasillo, de su clase, de quinto año estaban en su grupo Sora y Matt, los conocía a ambos y mientras que Sora le caía bien y se entendía, con Matt no tanto, lo veía demasiado retraído y solitario. De cuarto año estaban una chica bastante presumida llamada Mimi, y un chico llamado Izzi, le parecía que era ese que siempre estaba a parte leyendo o en la sala de ordenadores; era un poco extraño la verdad. De sexto año estaba únicamente Joe, un chico que siempre estaba diciendo a los más pequeños lo que tenían que hacer, era un poco agobiante. Que sólo hubiese un chico de sexto año en su grupo le pareció un poco extraño, sabía que su hermana Kari, de segundo año, estaba en el mismo como excepción; pero se esperaba que hubiese dos se sexto año. Al fijarse el el último nombre de la lista vio que había otro estudiante de segundo año, un tal Takeru, no le sonaba, su hermana no lo había mencionado nunca, ¿Seria alguien nuevo?.

- Tai - Lo llamó un amigo, Akira - Vamos a jugar un partido, ¿te apuntas?

- Vale

Era consciente que tenía que preparar las cosas para el campamento, pues partían al día siguiente. La fecha la tenía señalada en el calendario desde que comunicaron lo del campamento, el uno de agosto de 1999, sólo señalaba en el calendario las fechas especiales, como los partidos de fútbol o los cumpleaños de sus mejores amigos. Tenía el equipaje a mitad hacer, pero no le preocupaba mucho, disponía de toda la tarde para hacerlo y ahora quería disfrutar completamente de ese partido de fútbol. Resultó ser uno de los partidos de fútbol más entretenidos que había jugado, y eso que no se trataba de un partido de competición, quizá por el hecho de la agradable temperatura que hacía sin nada del calor habitual, al menos en ese día; ese verano estaba siendo muy inconstante en cuanto a temperaturas y esas cosas, tanto era así que su padre decía que el tiempo estaba loco. Eso no le preocupaba nunca, eran temas que no eran de su interés. Prolongaron el partido todo lo que les pareció, prácticamente hasta mitad tarde, hubiesen seguido si la mayoría no se hubiesen marchado a sus casas porque sus padres habían venido a buscarlos. Se le había hecho más tarde de lo que pensaba, cogió su bicicleta y comenzó a pedalear en dirección a su casa, todo lo rápido que podía; acababa de recordar que tenía cosas que comprar y que se era mejor hacerlo antes que se hiciera de noche.

En otro punto de la ciudad, un chico rubio de unos once años abría la puerta del apartamento en que vivía con su padre. Tenía el equipaje completamente preparado y a quien había estado esperando en esa casa que era un poco desastre acababa de llegar. Su hermano pequeño, al que había traído su madre y que iría con él al campamento. Le sorprendía el entusiasmo y alegría natural de su hermano pequeño, no comprendía demasiado aquello y no sabía muy bien como tratarlo. Había conseguido que le permitiesen ir al campamento prometiendo que cuidaría de él y así lo pensaba hacer; su hermano era a lo que le tenía más aprecio, aunque a veces le costase reconocerlo. Apenas había estado atento en la reunión pensando en su hermano y en qué le prepararía como sorpresa especial, su padre iba a tardar en llegar a casa, curiosamente siempre que TK iba a su casa su padre tardaba mucho en venir, empezaba a sospechar que era para no ver a su madre. Se alegraba de ver lo saludable que parecía estar su hermano. Con el equipaje ya preparado y la mochila llena de todo tipo de dulces y comidas no perecederas; contuvo una mueca, muchas veces había sentido cierta envidia al ver lo bien cuidado que estaba su hermano, pero él no tenía la culpa.

Así pasaba con varios de los niños que iban a ese campamento, ultimando todos los detalles para el viaje que emprenderían al día siguiente. Pasando esos instantes con sus familias, todos y cada uno de ellos, cada cual a su manera particular; algunos mostrándose más agradables que otros con sus familiares, otros de forma un poco más brusca. Todos, en su mayoría, se conocían entre sí, pese a ser de distintos cursos, aunque no se habían tratado demasiado. Pero todos ellos estaban dispuestos a pasarlo bien.

A la mañana siguiente todos ellos se dirigieron al colegio, con su equipaje; dejándolo en el montón que un par de profesores estaban metiendo en los maleteros de los tres autobuses que los llevarían a todos. El profesor Fujiyama, había insistido que para que la convivencia fuese mejor durante el campamento compartiesen de primer momento autobús los que tendrían que compartir tienda en el campamento. Sus intenciones parecían buenas, de hecho para controlar que todos fuesen como debían iba de autobús en autobús pasando lista, asegurándose al mismo tiempo que no faltaba nadie. Tai se adelantó cuando fue llamado junto con su hermana, pero se adelantó el solo.

- ¿Y tu hermana, Tai? - Le preguntó el profesor Fujiyama.

- Esta enferma, ayer se encontraba un poco mal y hoy a amanecido con algo de fiebre, sólo unas décimas; estuvo con gripe la semana pasada y nuestros padres temen que tenga una recaída.

- Entiendo, es una pena que se pierda el campamento.

- Si estaba muy ilusionada.

- Pasa y sientate junto a Izzi Izumi de cuarto año - Le indicó el profesor; era uno de los niños que había mencionado antes junto a Mimi tachicawa. Mientras subía al autobús logró escuchar los dos siguientes que nombraba - Matt Isida y Takeru Takaishi - ¿Por qué los llamaba de dos en dos?, ¿acaso el profesor tenía mucho más interés en ponerse en marcha que ellos mismos?

Cuando todos estuvieron en el autobús las puertas se cerraron; iba a ser un trayecto largo como de unas tres horas y Tai estaba cansado por todo lo que había tenido que madrugar, pero la emoción lo compensaba todo. En un par de ocasiones había intentado entablar conversación con el tal Izzi, sin conseguir lograrlo demasiado, el chico estaba demasiado ocupado con su ordenador portátil. Se giró para hablar con Matt, pero este estaba más pendiente del niño pequeño que estaba sentado a su lado; miro hacia donde estaba Sora, sentada con cara de aburrimiento al lado de una niña vestida completamente de color rosa, intercambio una mueca con su amiga, pensando en que ambos estaban aburriéndose bastante. Al fondo del autobús el tipo de sexto año llamado Joe Kido, les daba a todos la brasa con que bajasen el volumen que estaba estudiando para un examen muy importante, ¿Quien estudiaba estando de vacaciones?, desde ese si que era más aburrido que el del portátil. Sin muchas posibilidades con las que entretenerse durante el trayecto, se puso a mirar por la ventana, quedándose completamente dormido.

La ciudad dio lugar poco a poco a paisajes montañosos conforme se iban alejando; se encontraba un poco fastidiada; primero su madre, diciéndole que el corro que llevaba no era muy femenino, pero era su gorro preferido y no pensaba dejar que le dijesen que podía o no llevar. Le fastidiaba que su madre quisiera que se comportase de otra manera y que dejase de jugar a los deportes que le gustaban, le agobiaba que simplemente no la dejase ser. Pasó todo el trayecto cruzada de brazos y mirando por la ventanilla, escuchando la incesante chachara de la chica que tenía al lado, Mimi, por como hablaba de la ropa y los maquillajes habría podido llegar a pensar que en lugar de cerebro tenía un tocador. Reconocía que era un pensamiento un poco cruel, pero esa chica estaba poniendo al límite su paciencia, ¿no había otra cosa de la que pudiese hablar?

- ¿Y como es que se te ocurrió venir al campamento con ese vestido rosa? - Preguntó en un intento de seguirle la corriente un poco pero usando un tono un poco brusco.

- Pues porque conjunta con mi sombrero, y porque soy una señorita, y porque es el mejor de mis vestidos, y porque me gusta el rosa y...

No supo cuando paró de enumerar las razones, desconectó mucho volviendo la cabeza hacia la ventana del autobús y disfrutando con el paisaje, preguntando ¿dónde estaría su padre en esos momentos? y, ¿a que lugar lo habrían llevado sus investigaciones como historiador de la universidad?. Por fortuna, cuando llevaban ya un buen trecho de trayecto, decidieron poner una película en la tele del autobús, no era una que hubiese visto pero parecía bastante interesante, al menos servía un poco como distracción todo eso de naves espaciales y espadas de color azul y rojo. Aunque no podía comprender la mayoría de los diálogos entendió lo suficiente como para proponerse verla con tranquilidad en casa, le pesase a quien le pesase. Con esa distracción pudo evitar quedar con Tai, era una lástima que se hubiese dormido, seguro que la película era también de su agrado. Con la película el trayecto se hizo más llevadero, al punto que ni se había enterado cuando llegaron. Mientras todos bajaban del autobús ella se acercó a Tai, moviendolo suavemente hasta despertarlo.

- Vamos que tenemos que coger la mejor de las cabañas.

- Si vamos.

- No sabes que pedazo película te has perdido.

- Normal que se la pierda - Intervino Matt que estaba bajando de la rejilla el equipaje del niño que había estado con él todo el trayecto - Se ha quedado dormido, como hace en clase.

- Matt, no te metas conmigo.

- ¡Eh vosotros! - Les gritó el profesor Fijiyama - Dejad de holgazanear y poneros a organizar vuestra cabaña; a menos que queráis quedaros sin tiempo para jugar.

- Ya vamos, profesor.

Encargarse de ese asunto fue fácil, tan sólo tuvieron que encargarse de llevar su equipaje a la cabaña que les habían asignado y dejar las cosas sobre el colchón, la mayoría de ellos llevaba saco de dormir, y al más mayor de cada grupo le habían dado una bolsa con provisiones. Se suponía que en media hora comenzarían con la actividad de supervivencia o algo por el estilo, o que la comida debía durarle los tres días que duraba el campamento, la verdad que estando tan distraídos como estaban ninguno había prestado mucha atención a eso. Salieron de la cabaña con una sonrisa, al menos la mayoría de ellos; Izzi se quedó en el umbral con su ordenador portátil. Tenían la mejor cabaña de todas, en lo alto de una escalinata de piedra por la que estaba subiendo Joe con la bolsa con la comida; esa cabaña parecía una especie de antiguo templo. Tai se subió a uno de los árboles, estirándose a tomar el sol en una de las ramas; mientras el resto exploraban el bosque que tenían por los alrededores sin alejarse de la cabaña.

Ninguno de ellos se lo esperaba, pues hasta el momento estaba haciendo buen tiempo, ni siquiera los adultos lo comprendían, pues de la nada, de un día completamente despejado comenzaron a caer copos de nieve, para a los pocos segundos formarse quedar todo el cielo negro y formarse una verdadera ventisca, con nieve cayendo sin parar y con fuerza. Niños y adultos corrían a refugiarse, muchos de ellos pensaban que era absurdo que se pusiera a nevar, pues estaban en Agosto.

- Vamos Izzi - Le dijo Sora al chico del portátil - Hay que entrar.

- Quiero saber porque esta pasando esto, no estaba previsto que por esta zona apareciese un frente de bajas presiones; además cuando nieva lo suele hacer a mayor altitud

Izzi se había quedado embobado al ver los primeros copos, con el ceño fruncido y observando extrañado y al mismo tiempo como queriendo dilucidar el por qué la climatología se estaba comportando de aquella manera; se había quedado parado mientras entraban en la cabaña Joe, Mimi y Sora. El se había limitado a cerrar su portatil y obserbar el fenómeno que cada vez era más intenso. Mientras tanto Tai, que había bajado del árbol de un salto, se dirigía rápidamente hacia la cabaña, superando a Matt que iba a la carrera arrastrando al niño pequeño que había asignado a su grupo, a TK, que era como Matt lo había llamado. Cuando Tai llegó a la puerta, se quedó en el umbral de la misma para que pudiesen pasar los dos rubios rezagados.

- Gracias - Dijo Matt secamente.

Tai miró por unos instantes a Izzi, dándose cuenta que lo que parecía un pequeño huracán de nieve iba hacia donde estaban ellos. Sin pensarlo dos veces, lo sujeto bien y tiró de el hacia la cabaña, consideraba que aunque fuese alguien poco ameno no era como para dejarlo salir volando. Ya todos dentro de la cabaña, suspiró.

- Y pensar que se trataba de un campamento de verano.