- Shelter -

- Epilogo


Como cada año se acercó al cementerio. Había enterrado a tanta gente que la muerte era solo un tramite. Una condena para todos aquellos que se acercaban a él. Estaba maldito. Condenado. Dejó flores en la tumba de Julia. Dejó flores en la tumba de Annie, en la de su madre. Las mujeres de su vida yacían allí, polvo y cenizas.

Las flores no eran para Ed. Retiró el molinillo de papel que un año atrás había dejado en un pequeño florero. El sol y viento habían desgastado los colores y lo cambió por uno nuevo, repleto de color, que es lo que siempre había sido Ed. Un arcoíris brillante y lleno de luz. Una incansable compañera capaz de arrancarle una sonrisa en el mas oscuro de los días. Ein dormitaba sobre la fría piedra del nicho. Esperando a que Ed despertase de aquella horrible pesadilla y volviese a cogerlo en brazos. Agitó las orejas al verlo pero ni se movió. Su pelaje había adquirido ese tono blanquecino de los perros viejos. Llenó de agua un cuenco que alguien había dejado allí y se sentó junto al perrillo que apoyó la cabeza en su regazo. Permaneció en silencio durante horas.

Al salir vio a Faye apoyada en la pared que rodeaba el recinto. Se sorprendió al verle y le saludó con la cabeza, hacía años que no hablaba con ella, que no la veía. No sabía si pasar de largo o detenerse. Sus pies tomaron la decisión por él. Se acercó a ella y le ofreció un cigarro. Ella miró su mano extendida con atención. Aquel gesto era un acto reflejo. Un habito del que no había logrado desprenderse. Pese a que siempre fue un pequeño truco para no perder la compostura frente a ella y así poder evitar sonreír como un idiota nada mas verla.

- Hola – dijo con media sonrisa mientras cogía con mucho cuidado el pitillo.

- Hola – contestó él a la vez que encendía el mechero frente a ella.

Se miraron sin saber que decir, fumando, tratando de leerse, de saber cual sería el siguiente movimiento. Como tantas veces hicieron en el pasado. Como si las palabras fuesen incapaces de llenar todos sus silencios.

- ¿ Vas a entrar? -

- No, no soy capaz, todo fue culpa mía, no puedo, no debo.-

No supo que decir, no era culpa suya, no era culpa de nadie, o tal vez de todos. El mismo lo había pensado millones de veces. No importaba, nada cambiaría el hecho de que Ed estaba muerta y esa era la única verdad. Cualquier cosa que dijese sonaría a mentira.

- ¿ Y bien? ¿ Cómo te va? ¿ Sigues cazando? -

- Si – contestó ella .- ¿ Tú?

- No, lo dejé hace tiempo, después de... después de Ed, tengo un pequeño taller mecánico. -

A pesar de haber estado rodeado de muerte toda su vida, ninguna le había afectado tanto como la de Ed. Se sentía incapaz de empuñar un arma. Con Ed se había ido la esperanza y el futuro. Siempre respondió con violencia a la violencia pero estaba cansado. Ya no tenía sentido. No quedaba nada que proteger.

- Encaja bien contigo - sonrió como si estuviese imaginadolo – Un taller...

Las campanas tocaron a muerto en un chiste macabro. Faye se llevó la mano a la garganta y se rió nerviosa. Cerró los ojos a la vez que se mordía los labios y dejó caer los brazos con desgana a lo largo de su cuerpo.

- ¿ Estás con alguien? -

- Si - contestó sin mirarle.

- ¿Si? - trató de enmascarar de curiosidad el revoltijo de emociones que se desataba en su interior.

- Un policía – se rió con timidez cuando él alzó la ceja llenó de curiosidad. - Ya ves, las vueltas que da la vida... trabajé un tiempo en Venus, él estaba en la comisaría. Fue bastante insistente y al final...me convenció... ¿ y tú? ¿Estás con alguien?

- Si...- ella tragó aire con cuidado, pero no le pasó inadvertido aquel gesto, cargado de congoja.

-¿ Cómo es? -

- Buena chica... rubia -

- Un hombre de costumbres...¿Eh?

- Supongo que si -

Ella suspiró esta vez de manera exagerada y se apoyó de nuevo en la pared. Rubia porque era el único color que no le recordaba a ella. Rubia para asimilar la derrota. Porque le habría dado igual incluso calva, porque ninguna era ella.

- ¿ Tu policía te hace reír? -

- Soporta mi mal humor... que es suficiente.

- No. Mereces el mundo -

Faye ahogó una exclamación que hizo que sus ojos se abrieran de par en par.

- ¿ Te lavas los dientes antes de besarla ? - preguntó sin mirarle mientras subía y bajaba la cremallera de su chaqueta.

- No -

Le miró con una sonrisa incrédula que le hizo sentir vacío. ¿Alguna vez creyó en él?

- Me alegro de que te vaya todo bien -

- Si, yo también – imaginó que había sonado igual de falso que ella, aunque sería mezquino decir que le habría gustado que ella fuese miserable sin él.

Le dedicó una mueca agria como si hubiese leído su pensamiento. Desvió su mirada a algún punto perdido en el horizonte y cruzó los brazos sobre su pecho. Aquel ademán que repetía cuando se sentía desprotegida.

- Me tengo que ir – dijo al fin, mirando absorta como la ceniza quemaba el cigarrillo del que apenas quedaba la colilla.

- Faye... - hacía tanto tiempo que no pronunciable su nombre que le supo amargo en los labios.

- Dime, vaquero – sonrió y aquellos pozos verdes llenos de tristeza hicieron que su corazón se rompiera en pedazos.

Alargó su brazo para atraerla hacía él y la abrazó. Faye se enganchó a él como si su vida dependiese de ello. Quería detener el tiempo.

- Hueles tal y como lo recordaba - murmuró apoyada en él con la boca pegada a su cuello, su aliento cálido le hacía cosquillas.

- No he dejado de quererte – susurró rozando con los labios en su oído al mismo tiempo que cerraba los brazos alrededor de su cintura y la atraía hacía él.

- No logramos que funcionara, Spike -

- Ya lo se, pero si no te suelto, voy a besarte y no seré capaz de soltarte jamás. - confesó sin dejar de acariciar su espalda con las yemas de los dedos. Ella se agarró con fuerza a su chaqueta, respirando con intensidad contra su piel.

Deslizó con suavidad el brazo por su espalda y se separó de ella con una sonrisa en los labios. Ella le devolvió la sonrisa, si la suya era la mitad de triste que aquella podía darse por jodido, no engañaría a nadie. Odiaba dejarla marchar. Pero tenía razón eran demasiado iguales para que aquello funcionase. Se quedo mirándola, sabiendo que se arrepentiría de ello.

- Adiós gitana mía – se inclinó, cerró los ojos y besó con delicadeza la comisura de su boca, prolongando el contacto de sus labios sobre su mejilla.

- Adiós payo – contestó ella posando la mano encima de su corazón, respiró y le contempló con sus ojazos verdes, tan expresivos, tan tristes y brillantes, que pedían a gritos que la besara, que no la dejara marchar. El corazón le palpitaba desbocado bajo su mano. La decisión estaba tomada. Colocó la mano sobre la de ella y la retiró con esa ternura que solo ella era capaz de provocar en él. Faye apartó los ojos de él y sin decir una palabra se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Bajó la mirada, incapaz de ver como se iba, sabiendo que está vez sería para siempre.


I've got our love to remember
That will never change
I have you in my head
And no, I'll never hold you
And I'm still asking why
I guess that this is goodbye

Goodbye – Eddie Vedder.


Ahora si que se acaba. Espero que os haya gustado.

Muchas gracias a todas.

A Diana Carolina

A Hurumigirl

A Mary- animeangel

y a Ivyblue

a mi anonimo/a

Nunca me canso de agradecerlo, pero sienta tan bien que comenten tu trabajo. :) me haceis feliz!

muchas gracias

Nos leemos! besotes!