Cómo Entrenar A Tu Dragón y sus personajes no me pertenecen, y tampoco esta historia me pertenece, la historia pertenece a P-Artsypants, a quién agradezco por permitirme traducir su historia y publicarla en mi muro, si quieren pueden agradecerme por la traducción, pero cualquier comentario sobre la historia será para P-Artsypants.


Astrid Hofferson nunca se asustaba. Ella miraba al miedo en la cara con un destello que convertía a los hombres en piedra. Ella era fuerte, fiera, e implacable. Así que cuando un grupo de chicos saltaron sobre ella una noche, su confianza la cegó.

Déjenme empezar desde el comienzo. Era el invierno tardío en Berk, algo que cómodamente llamaríamos primavera. Aún era frío, por lo que la gente no era propensa de estar afuera.

Fue esta particular semana que la tribu de los Costas Temblorosas había venido a Berk. El jefe, Hamish, era buen amigo de Estoico. El hombre trajo a sus tres cabezas de clan y por alguna otra razón, cinco de sus hijos. Dos jóvenes, tres mayores. El mayor, Fragonard, era muy similar a Patán; engreído, y seguro de que él no podía hacer nada mal, aunque, él nunca tuvo su corazón en el lugar correcto. Los otros dos en la línea eran sin carácter y hacían lo que sea que el mayor mandara.

Por cualquier estándar normal, el día de Astrid, hasta ese fatídico momento, habría sido considerado bueno. No perfecto, pero no devastador. Ella desayunó en el Gran Salón con sus amigos, y luego todos bajaron a la academia para algún entrenamiento de dragón. Ella gritó a todos, incluyendo a Hipo, lo cual fue una Azaña para recordar. Después de almorzar en casa, ella abandonó todo contacto con el mundo exterior y atravesando el bosque para arrojar su hacha en unos nada suspicaces árboles.

Tormenta había ido a volar todo el día sin ella, dando a la dragona adolescente libertad. Había sido agradable, pacífico, y lejos de cualquier responsabilidad que ella sin duda no se envolvería debido a los visitantes. Luego de que el atardecer comenzara a fijarse, ella hizo su camino de vuelta a la villa. Se deleitaba en la suave briza que susurraba a través de las hojas, como refrescaba su suave piel. Ella removió sus hombreras y enrolló sus polainas, saboreando la gelidez de la fresca tarde de primavera.

Como ella pasó por el arsenal, que estaba más cerca de los bosques que el pueblo, escuchó gente adentro. Tanto como ella supiera, nadie estaría ahí. Supuso, que tal vez era Hipo, dejando algunas armas que él había hecho con Bocón. Curiosa, ella echó un vistazo.

"¿Hola?, ¿Hipo?" Ella preguntó.

Tres chicos estaban adentro en lugar de él.

"Mierda, Fragonard!" Uno susurró duramente, sus manos llenas de armas.

"¡Rápido! ¡Agárrala!"

Una malo jaló su muñeca y la tiró completa dentro del arsenal, mientras la puerta se cerró detrás de ella, cortando la luz. Recuperando su equilibrio, liberó su brozo de su agarre.

"¡Mantén tus mugrientas manos fuera de mí!" Ella ladró.

"Uh oh, es una peleadora." El chico siguiente a ella fijó.

Uno diferente agarró su muñeca y la jaló detrás de su cabeza.

"¡Ouch!" Ella se volvió y le dio un codazo en el estómago. "¡¿Qué creen que están haciendo?!"

"¡Sólo tratando de tener algo de diversión!"

"Si, este lugar es tan aburrido."

"Y nos están robando, ¿por diversión?" Ella burló, golpeando lejos la mano que alcanzaba la suya. Oh, ella deseó que pudiera hacer más. Pero esos eran los hijos de un jefe visitante. Una pequeña molestia no era nada para romper sus tibias. Aunque, ella realmente quería hacerlo.

"Hmm," el mayor de los tres miraba sobre ella, "Tienes razón, hay algo mucho más divertido que podemos hacer." Él agarró su mentón, sus uñas clavaban en sus mejillas. "¿No es así, preciosa?".

Ella lo golpeo en su nariz con su mano libre. "No te atrevas." Ella disputó, vehementemente. Su interrupción solo cruzó a acoso sexual. Eso era algo que ella no iba a tolerar.

Él se río, limpiando la sangre lejos. "¡Ooo! ¡Febril! ¡Esto será divertido!".

Astrid peleó y se liberó de cada agarre. ¡Ella no se rendiría! Cada vez que consiguió un brazo libre, su otro era atrapado contra ella. Desafortunadamente, su fuerza no estaba a la par como estaba exhausta debido a su entrenamiento. Había demasiadas manos. Ellos habían llevado su hacha lejos de ella. Forzando, sus brazos fueron retorcidos detrás de ella, un trapo puesto dentro de su boca. Su falda acorazada bajada, justo como su orgullo. La sujetaron en el suelo, uniendo su cabeza en el piso y haciéndola aturdida y confusa. Muchos ruidos y era muy caliente y muy frio al mismo tiempo. No había esperanza ahora.

La usaron, como a un trapo sucio. Su integridad fue desgarrada, su inocencia destrozada. Ella rasgó la madera debajo, incapaz de gritar. Sin importar que, su dignidad no le permitiría llorar, aunque ella rogaba por hacerlo.

Después de lo que pareció ser una hora, los chicos habían tenido su diversión y dejaron a Astrid avergonzada y miserable en el arsenal.

"¿Qué pasa si ella habla?" Uno dijo mientras se iban.

"Ella no lo hará, no si ella quiere mantener su orgullo." Luego la puerta se cerró.

Astrid se trajo a si misma a sentarse, y tiró la prenda fuera de su boca. Ella estaba en calma mientras usaba el trapo para limpiar la evidencia en el piso con incontrolables sacudidas de manos. Un abrumador entumecimiento la agarró mientras rápidamente se vistió y dejo la habitación, descargando el trapo en el basurero más cercano. Era extraño, como si, ahora que eso se había ido, parecía que nada había pasado.

Afuera, el sol se había puesto hace tiempo y ella tembló. El hogar aún se sintió lejos y esos primeros pocos pasos afuera del granero eran asombrosos. Pronto descubrió por qué mientras ella de repente vomitó. Ella se inclinó ligeramente en el marco de la puerta y trató recuperar su aliento. Había shock. Esto no estaba pasando, ¡esto no podía pasar! Ella era Astrid, ¡la intocable! Aun así, pasó, pero ella estaba completamente determinada en llevar eso consigo a su tumba. Además de los indicios de sangre en su blusa, no había evidencia exterior de lo que ocurrió en ese arsenal.

La herrería estaba cerrada, y el pensamiento de Hipo era más confortable que ir a casa. Definitivamente, ella hizo su camino al edificio candente. Ella levantó su mano para tocar la puerta, pero se congeló. Justo un momento para reunirse ella misma.

Repentinamente, la puerta se abrió. "¡Oh! ¡Astrid!" Bocón sonrío. "¡Pasa, estaba a punto de salir!" Él cambio de lado y la dejó pasar. "Ahora ustedes dos manténganse limpios, Yo aplaudo la atención, pero no hagan nada de lo que se arrepentirán después."

Ambos adolescentes pronto se sonrojaron.

"¡Tengan una buena noche, los dos!" Él dijo antes de irse.

Hipo se veía celestial y acogedor por el brillo del fuego. Sus brazos envueltos en su ropa, cubierto con un delantal, guantes en sus manos. Ella podría abrazarlo.

"Hey Astrid, ¿tu hacha necesita afilarse de nuevo?".

"Mi hacha-…" Oh si, ella la dejó en el arsenal. Bueno, no estaba a punto de volver por ella. "Oh, Yo debo haberla dejado…en algún lado…".

"¿Estas bien?".

"¿Hmm? Oh sí, estoy bien."

Él sonrió. "No es que no estoy feliz de verte, pero tú casi nunca vienes aquí a menos que necesites algo."

"Bueno, pensé en cambiar eso. Sólo quería venir y pasar algo de tiempo con mi buen amigo, Hipo."

Él la miró escéptico. "¿Enserio?"

"Bueno, si tú no me quieres aquí, puedo irme…" Ella esperaba que él la detuviera.

"No no, puedes quedarte…es sólo algo nuevo, eso es todo."

Ella sonrió y se levantó hasta el mostrador. "Así que, ¿qué estás haciendo?"

"Papá quería que haga una espada para el mayor de los hijos de Hamish. Preferiría que sea para el segundo mayor, Bertand, pero él no vino. Por lo que estoy estancado con Frag, ni siquiera me agrada ese tipo."

"¿Por qué no te agrada?" Ella preguntó, un poco muy ansiosa. Ella abrazó sus rodillas contra su pecho.

"Me recuerda a una anguila. Lo he conocido por años y se siente como que él hace cosas malas, pero nunca se mete en problemas por eso. ¡Lo he visto! ¡Pelea con personas! ¡Roba! Creo que es sólo cuestión de tiempo antes de que viole a una de nuestras mujeres."

Astrid lo miró mortificada, con ojos bien anchos.

"Lo siento, estoy seguro que él no lo hará." Él trató de ponerla en calma, pero su vista sólo se apartó. "Y, ¿qué estuviste haciendo después de que nos separamos esta mañana?"

"Oh, practiqué mi lanzamiento de hacha en los bosques."

"Ah, ¿todo está bien?"

"Sí, ¿por qué?" Ella preguntó rápidamente.

"Pues, cuando tú estás frustrada, vas a arrojar tu hacha."

Ella había olvidado todo eso. Fue en el almuerzo que sus padres habían mencionado, muy casualmente, que debería empezar a pensar en el matrimonio. Después de todo, ella tenía 18, era sólo cuestión de tiempo antes de que vinieran a llamar. Pero ahora, después de lo que pasó, sabía que si alguien se enterara, el matrimonio sería la última cosa por la que ella sería ofrecida. Ella estaba bien contaminada ahora, quién sabe qué enfermedades agarró, ¡o si ella incluso pronto tendría un niño! ¡Pánico de solo pensarlo!

"¿Astrid?" Él pregunto cuando ella no respondió.

"Oh uh, cosas de padres. ¿Tu papá, um, también está insistiéndote con el matrimonio?"

Él se sonrojó. "Sip."

"¿Y?"

Él flexionó sus hombros y habló en un bajo, tono Escoses. "Muchacho, debes pensar en encontrar una esposa. Cuanto antes te cases, más pronto puedes tener un heredero, y el clan no puede sobrevivir sin un heredero." Luego él sonrió. "Pero sin presiones."

Ella sonrió desde su posición. "Eso suena familiar."

"Sé que tiene razón. Pero voy a seguir peleándole con diente y uña. Me casaré cuando yo quiera."

Ella sonrió, deseando tener su optimismo. Seguro, un día ella quería casarse, y, en algunos aspectos, ella figuró que se casaría con Hipo. Él era el más elegible, siendo su mejor amigo y todo. Pero, ahora… ¿cómo podría el hijo de un jefe, sin importar cuan cuidadoso y atento, querer a una víctima como novia? El solo pensamiento fue suficiente para traer lágrimas a sus ojos. Inconscientemente, sus uñas se arrastraron a través de la tela de sus polainas.

"Estás espaciada hoy." Él reconoció.

"¿Lo estoy?" Su sonrisa era sórdida. "Sólo estoy cansada."

"Ah." Él martilló el filo de nuevo y lo inspeccionó. "Si, eso es bueno, ahora a moldearlo." Él aumentó la rueda pedaleando.

Astrid observó con interés sordo mientras las chispas salían de la hoja. Era realmente asombrosa, la manera en la que él convertía un pedazo de metal crudo en un arma perfectamente elaborada. En cualquier otro momento, ella se metería en una conversación con él, la intención del proceso, ¡y dispuesta a aprenderlo! Pero no ahora. Ella no pudo encontrar ninguna palabra para decir que sonaría genuina en su aire melancólico. Así que ella observó en silencio.

Finalmente él sumergió la espada en una cubeta, provocando un sonido candente. "Ahora a dejar que se enfríe."

"¿Siempre tienes un comentario cuando haces armas?." Ella finalmente preguntó, entretenida.

Él soltó una risa. "Nop, sólo imaginé que tú querrías mantenerte fría."

Mientras él comenzó a remover su delantal, ella decidió en ir por eso, "¿Puedo hacerte una pregunta?"

"Acabas de hacerlo." El empezó con una sonrisa.

"Una personal."

"Oh, seguro, ¿Qué pasa?"

"¿Tú me quieres?"

Hipo estaba atónito, aturdido, obviamente tomado por sorpresa. Él no la quería, la amaba. Pero era certero que el sentimiento no era correspondido. "Uh…" ¿Dónde estaban sus palabras?

"Y-Yo quiero decir, agradar, sólo agradar, no cómo, gustar gustar, ¿sabes?"

"Agradar… ¿gustar como un amigo?"

"¡Si! ¡Como un amigo!"

"Pues, ¡claro!" Él soltó un suspiro como su secreto seguía a salvo. "Eres mi mejor amiga, bueno, amiga humana…"

Ella sonrió por eso. Nadie podría reemplazar a Chimuelo. "¿Puedo hacer otra pregunta?"

Solo la mirada de paciencia en su rostro le respondió.

"¿Tú me querrías, incluso si yo estuviera rota?" Su vos era suave.

Hipo no sabía muy bien cómo responder a eso. Pero luego, miró abajo a su pie.

Astrid siguió su mirada, sólo para verlo levantar su pierna falsa. Él la miró con su cabeza inclinada. "No soy exactamente la definición de 'perfecto'."

Sólo por ese simple gesto, ella se desplegó de su espacio acurrucado y le sonrió. "Gracias, Hipo."

Él le devolvió la sonrisa, pero entonces sus ojos se abrieron de ancho. "¿eso es sangre?"

Ella se sonrojó fuertemente. "Yo-Yo… Yo no estaba prestando atención, y yo accidentalmente maté una ardilla con mi hacha, y… uh… ¡la sangre salpicó por todos lados!" Mintió descaradamente.

Afortunadamente, Hipo le creyó. "Bueno, tienes algo en tu mejilla, aquí, déjame sacarla." Él lamió su pulgar.

Astrid se estremeció fuertemente mientras él la limpiaba. Su toque picaba. Este es Hipo, ella tenía que decirse a sí misma.

El chico vio eso y retrocedió. "¡Lo siento!" Él se rio. "Ugh, juro que Bocón está influenciándome. Sin juego de palabras."

Ella sonrió con afección a él, realmente apreciando lo que estaba haciendo por ella, incluso si él no lo sabía.

"Te estas fatigando rápido, está escrito en todo tu rostro. ¿Por qué no te acompaño a tu casa, sólo para estar seguro de que no te caigas en el camino de vuelta?"

Esta vez su sonrisa era realmente sincera. Ella estaba contemplando el preguntárselo, porque no podía soportar el pensamiento de caminar ahí sola, pero aun así no se permitiría a sí misma a preguntar. "Eso sería genial, gracias Hipo."

Él puso la espada a enfriar y bajó el calor de los fuegos. "¿Lista?"

"¿No vas a apagar las llamas?"

"No, porque es muy difícil obtenerlas, así que sólo dejamos arder bajo y avivarlo a la mañana." Él ofreció su brazo. "¿Deberíamos?"

Ella suavemente evadió tocarlo pretendiendo que no vio su brazo. La rubia destelló una sonrisa y luego se movió hacia la noche. Esto perturbó a Hipo, pero él no dijo nada mientras la alcanzó rápidamente.

"He estado creciendo," dijo distraídamente, "Voy a tener que empezar a pensar sobre una nueva pierna."

"Hmm…" Ella respondió. Él esperó que ella lo felicitara, o al menos decirle de una manera burlona… no completamente ignorarlo.

"Mientras tanto, sólo tendré que hacer unas pocas extensiones, hasta que haya terminado de crecer."

"Oh, eso será divertido."

"¿Segura de que estás bien?"

"Positivo." Aunque, su tono decía otra cosa.

"Puedes decirme cualquier cosa, no lo olvides, Astrid." Él sonrió. "Después de todo, tú mantuviste mi secreto sobre Chimuelo. Prometo que no me volveré tan loco como tú lo hiciste."

Y si ella se lo dijera, el probablemente lo haría. Ella rodó sus ojos a pesar de la sonrisa. En este momento, habían llegado al hogar de Astrid. "Buenas noches Hipo."

"¡Buenas noches!" Él dramáticamente puso sus manos en su bolsillo. "Oh, ¿qué es esto?" Él tiró una flor, de pétalos gruesos y blancos con un pequeño centro amarillo. Una rosa blanca. Ella se rio.

Este era un juego que ellos habían jugado por meses. Cuando paso por primera vez, él empezó con que sólo la encontró cuando volaba por afuera. Él se la presentó a ella y dijo, 'Pensé que a las chicas les gustaban las flores.' Ella lo golpeo y le dijo que viniera con una mejor razón, y entonces él dijo, 'Creo que te hace brillar.' En respuesta, ella lo besó en la mejilla. Así que al igual que eso, él le daría una rosa, y ella entregaría un pequeño beso. Siempre en privado, no para dejar avergonzados a ninguno de ellos, pero eso había llegado a ser un ritual favorito para ambos.

Hipo esperó con una sonrisa tímida y volvió su mejilla hacia ella.

Ella no podía hacerlo. Aquellos labios habían sido envenenados antes. Ella no podía arruinar la piel de Hipo. "Buenas noches." Y ella se metió a la casa, dejando a un confuso y decepcionado adolescente en su puerta.

"Oh, ¡hola querida! ¡Apenas te vi en todo el día!" El dulce sonido de su madre calmó sus nervios. "¿Dónde estabas? ¿Ya has comido?"

"Estuve hablando con Hipo en la herrería, y no, no lo he hecho."

"Tenemos estofado de ostras para la cena, guardamos suficientes para ti."

"Oh, gracias, pero no tengo hambre…" De hecho, ella se sintió enferma del estómago. "Estaré arriba." Ella se volteó.

"¿Esa es otra rosa de Hipo?" Su padre preguntó.

Astrid sonrió educadamente al hombre que había preguntado. "Si, es un tipo de broma."

"Pues, si un chico va yendo por ahí dándole flores a mi niña, Yo pensaría que sería más serio. ¿Cuándo crees que él vendrá a pedirte?"

Nunca, espero. Un distinto dolor la golpeó en su núcleo. Ella no quería que Hipo averiguara sobre esto. "Yo no sé…pero Estoico le insiste sobre el matrimonio, también." Ella esperó que eso lo apaciguaría.

"Ah, matrimonio. La más honesta unión para tener…" Y al igual que eso, su padre estaba en una tierra de maravillas, imaginando que él tendría algún tipo de palanca con el jefe cuando ellos se casaran. Es correcto, los padres de Astrid creían completamente que Hipo estaría primero en la línea con el mayor precio de novia.

"Estaré arriba." Ella empezó de nuevo y huyó.

Una vez en su habitación, Astrid colocó la flor en el ya lleno de flores ramo colgando del techo. Un raro, ligero lado sentimental de ella quería guardar las rosas y usarlas en su boda. Pero eso no estaba pasando.

Lo siguiente, ella prácticamente arrancó sus ropas. Apestaban con un olor a pecado, sin mencionar que estaban manchadas con sangre. Luego ella tomo el cubo de agua y comenzó a limpiarse a sí misma. Ella sabía que realmente quería tomar un baño, pero la tina estaba afuera y ¿quién sabe quién estaba esperando por otra oportunidad? Ella limpió el sudor y la sangre de su piel, pero tuvo que recurrir a una toalla menstrual para colectar la sangre que aun fluía.

Como se desvistió, vio los moretones visibles que se estaban formando en su carne. Eran negros, ¡y era horripilante! ¡Fue como si en todo lugar que ese chico había tocado hubiera sido contaminado! Ella lo sintió así, todo estaba comenzando a doler, especialmente en su pelvis.

Ella vomitó otra vez, en su pote de baño. Hubo un sonido chirriante desde afuera de la ventana, y Astrid la abrió para encontrar a Tormenta. La dragona había escuchado el sonido y había estado preocupada.

"Estoy bien, chica." Astrid se extendió y titubeante alcanzo el cuello de la dragona. Ella temía que picara, como el toque de la mano de Hipo, pero no lo hizo. Aliviada, abrazó al reptil, finalmente buscando consuelo. Los agudos sentidos de la dragona olfatearon a su agresor, y ella figuró que era porque estaba enferma. El miedo, la vulnerabilidad, los signos estaban ahí, este humano había estado atacando y lastimándola. Nadia lastima a su humana. Si Tormenta atrapaba olor de nuevo, protegería a Astrid, incluso si eso le costaba la vida.

Entonces, la dragona también olfateó a Hipo, y a ella le agradaba Hipo. Sólo esperó que el chico no fuera la causa del trastorno de su humana.

Astrid se recostó para dormir, pero tan pronto como cerró sus ojos, ella pudo ver a la fea cara de Fragonard mirándola. La imagen fue grabada en sus retinas, su toque como baba que hacía que su piel se estremezca, aun fresca y persistente. Ella no pudo dormir. Los eventos siguieron repitiéndose en su mente, nunca dejándola descansar, nunca dándole paz. Tal vez ella debería haber tomado el chaleco de Hipo antes de que dijera adiós, tal vez él no lo hubiese notado. Astrid temía dormir, solo imaginar las pesadillas que le seguirían… el que pasara en la vida real ya era suficientemente duro. Se levantó de la cama y encendió el fuego. No, ella no dormiría.