Los personajes del laberinto y su historia original lamentablemente no me pertenecen (En especial Jareth T_T) La trama de este fic y el resto de los personajes que menciono fuera de los esperados del casting de la película/libro original "Inside the Labyrinth" son originales de mi sobrecargada imaginación, con la sola excepción de "Titania y Oberón" por razones obvias. Este fic es un Jareth/Sarah y para el momento de la publicación del primer capítulo debo señalar que ya está completamente terminado y a la espera de su publicación. Si no les gusta la pareja simplemente elijan otra historia, si no les gusta el estilo entonces elijan otro autor, agradecería leer sus opiniones gracias.

Dedico este fic principalmente a la memoria del siempre amado David Bowie quien me enseñó muy joven porque los "odiosos y molestos" chicos existían (en especial en esos pantalones de montar apretados XDDD) salve a eterno Rey Goblin que ha regresado a su reino en el Underground donde sigue derrochando su encanto.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)


" Los sueños pueden llevarte a través de hermosas fantasías, un escape a la realidad llena de responsabilidades, de tristezas y de todo lo que la vida real lanza sobre uno para hacernos completamente miserables, a veces los sueños pueden ser tan dulces como un bocado de algodón de azúcar o una mordida de un jugoso melocotón que aun con su ligero toque cítrico, es delicioso y adictivo… y otras veces ese mismo sueño puede volverse contra uno y convertirse en nuestras peores pesadillas lo sé bien, a mí me sucedió… ¿Cuándo empecé a temer de mis sueños incluso mientras estoy completamente despierta?... ha si… desde "aquella" noche… desde "aquel" error…desde "ÉL"… pregunta estúpida… hagamos como que nunca pregunte "

Sarah Williams


Cap. 1: Del pasado.


Sarah William era una joven adolecente en los inicios del florecimiento femenino de larga y tupida cabellera caoba oscura y ojos de un brillante verde esmeralda como las colinas de Irlanda, de piel pálida y sin macula alguna, labios rosados ni muy delgados ni muy carnosos, era simplemente hermosa, alta y esbelta, y ahora corría sin parar hacia arriba y hacia abajo por las escaleras de piedra clara, de la confusa y enredada habitación de Escher sin llegar nunca a ninguna parte, mucho menos cerca de su objetivo el rubio bebé de ojos azules que en un arranque de ignorancia y estupidez había deseado a los goblins. (Como si ella hubiera podido creer que aquellas cosas realmente existían, cuando las terribles palabras escaparon de su boca en su ciega furia e infantil frustración)

Ahora mientras corría aterrada y desesperada por arreglar aquel terrible error, su corazón golpeaba furioso contra sus costillas casi de forma dolorosa y su aliento tenía un patrón errático y entrecortado como resultado de su experiencia en laberinto y ahora la desesperada carrera en aquella habitación en particular, su respiración errática era muestra de su enorme fatiga, más ella no se detenía en su empeño de recuperar lo que estúpidamente había deseado a los goblins (Que había descubierto aquel día que eran definitivamente MUY reales para su desgracia)

El eco de la acechante y terrible canción llena de furia, rencor y otras emociones más que ella no podía detenerse a entender, aún resonaban con fuerza en sus oídos, en su misma alma y allí estaba el, el hermoso, terrible y misterioso rey goblin siempre presente mirándola desde la oscuridad, observando su avance, acechándola y estudiándola con sus disparejos ojos azules clarísimos y atemporales, ojos que habían visto mucho, ojos que habían visto todo y que parecían taladrar profundamente dentro de ella hasta alcanzar su misma alma, asustando a la joven de él y sus intenciones, y asustándose de sí misma y las extrañas emociones que él parecía evocar en ella con aterradora facilidad, haciéndola sentir una extraña y confundida, una intrusa en su propio cuerpo, mente y alma.

— ¡Toby! — Llamó Sarah una vez más tratando de ganar inútilmente la atención de su hermanito, el rubio y risueño bebé de apenas un año al que horas antes en un arrebato de egoísmo y estupidez extrema, había deseado fuera de su vida sin saber que sus palabras serian escuchadas por aquel rey mágico, que más que ser un personaje de fantasía de un libro olvidado por el tiempo como había creído (y esperado) era tan real como ella misma y ahora ella estaba allí corriendo contra el reloj para recuperarlo y enmendar el terrible error que había cometido con sus acciones irresponsables y egoístas.

Una vez más la risa del bebé y el sonido tintineante de la traslúcida y perfecta esfera de cristal que rodaba y rebotaba de un lado a otro subiendo y bajando por las escaleras y que el bebé perseguía riendo con deleite, llamaron su atención hacia donde se encontraba su hermanito ahora en un nuevo lugar de la habitación de Escher, ella sentía mucha desesperación el tiempo se acababa y podía sentir los ojos inhumanos del rey goblin clavados en su espalda como si fueran brasas ardiendo, esperando, siempre esperando con un brillo de alegre malicia verla fracasar y observando cada uno de sus movimientos haciéndola sentir aún más incómoda de lo que ya se sentía.

Sarah Williams se sentía aterrada (no por primera vez desde que había empezado a recorrer aquel laberinto al que había llegado a creer por unos minutos era producto de su vivida imaginación reflejada en algún sueño, pero que había resultado ser dolorosamente real) ante la idea de fracasar y perder a su hermano, al que la experiencia que aún estaba viviendo, le había demostrado lo mucho que en realidad lo amaba, también se sentía culpable por haberlo deseado a los goblins, horrorizada, arrepentida y avergonzada de sus acciones contra el, ella había madurado un poco y a la fuerza en aquellas diez horas en atravesar el traicionero y mágico laberinto, sus pruebas y las muchas trampas del rey goblin empeñado en hacerla fracasar.

Finalmente se detuvo tomando amplias bocanadas de aire sintiendo una puntada de dolor en su costado y mirando a su pequeño hermano jugar encantado con la esfera de cristal que finalmente había logrado atrapar entre sus rechonchas manos de bebé, sus carcajadas de júbilo ante el triunfo de atrapar aquella esfera resonaba a través de la habitación de Escher.

Él estaba justo bajo el arco del tramo de escaleras donde ella estaba, a unos cuatro o cinco metros por encima de él; al parecer no había forma de alcanzarlo y el tiempo ya llegaba a su fin, con resignación y tratando de controlar la histeria y el terror que le subía por la garganta sofocándola ante lo que iba a hacer, respiro profundo y saltó al vacío con un pensamiento resonando como un grito aterrorizado en su mente si perdía a su hermano era mejor morir en el intento, que quedarse de brazos cruzados de todas maneras ella no podría vivir sabiendo lo que había hecho, lo que había perdido en un arrebato de profunda inmadurez, egoísmo y estupidez

Notó entonces que conforme caía lentamente y desafiando por completo las leyes de gravedad, toda la habitación de Escher alrededor de ella empezaba a desmoronarse y caer a su alrededor lentamente hecha pedazos, hasta que finalmente tocó el suelo notando de inmediato y para su profunda consternación la ausencia de su hermanito, mas no tuvo tiempo de registrar el pánico que la embargaba ante su ausencia, pues desde la oscuridad con porte regio el rey goblin se presentó ante ella una vez más, imponente y dolorosamente hermoso, su hermoso rostro de rasgos patricios cincelados a la perfección masculina, mirándola indescifrablemente mientras ella se debatía en un mar de emociones encontradas a las que no podía poner nombre en su mayoría, porque ella era después de todo solo una adolescente de quince años acabados de cumplir, protegida y a pesar de todo soñadora aun para su edad, la mayoría de las jóvenes contemporáneas con ella estaban pendientes de algún novio o curándose de un amorío y listas rápidamente para la llegada de otro, ella se había apartado infaliblemente a casi todas las jóvenes de su edad, haciendo de los libros a sus más apreciados amigos y compañeros y sus sueños infantiles de un amor perfecto, verdadero y eterno de la mano de un príncipe encantador.

Entonces una vez más vino de sus crueles labios la tentadora oferta, sus sueños más anhelados allí frente a ella al alcance de su mano, solo a un par de míseros pasos, encerrados en la perfecta y transparente orbe de cristal que el ofrecía en su mano enguantada extendida hacia ella para que la tomase, como deseaba extender su mano y aceptarlos, pero estaba Toby y ella debía salvarlo a como diera lugar de su arrebato de profundo y malicioso egoísmo que le había llevado a aquel mundo en primer lugar y ahora amenazaba con perder a su hermano.

— Pido tan poco... Sólo témeme, ámame, déjame gobernarte, haz lo que yo diga y seré tu esclavo para siempre — Dijo el rey goblin, rica voz vibrando con una nota de urgencia y suplica, las marcas alrededor de sus ojos y sus mismas orbes azules de pupilas disparejas ardían con un feroz brillo primitivo que apenas contenían una emoción que ella no podía entender, pero que tocaba algo dentro de su corazón, más sus palabras y esa emoción salvaje que parecía irradiar de el abrazándola de los pies a la cabeza sólo la aterraron aún más al no comprender lo que él quería de ella.

— Tu… Tú no tienes poder sobre mí — Pronunció dudosa y casi en trance tras recordar finalmente las palabras que asegurarían el regreso de Toby a casa, ella habría deseado quedarse allí en aquel hermoso mundo de fantasía, imaginación, magia y color, pero ella sabía que no podía hacerlo, no pertenecía a aquel mundo y también extrañaría a sus padres aunque estuviera dando tumbos entre ellos para ganar inútilmente su atención y su amor.

Sarah vio la mueca de profundo dolor, tristeza y algo más que no pudo captar en las leves líneas que surcaron aquel hermoso rostro, sus labios apretados en una fina línea de amargura, vio como sus disparejos ojos azules que antes habían brillado con emoción, ahora se oscurecían lentamente y se apagaban como las brasas de una hoguera en los últimos segundos de fulgor antes de yacer fría y muerta en el suelo y algo dentro de ella quiso ir a hasta él y abrazarlo con fuerza y no dejarlo ir jamás, pero igual sabía que no era posible y cuando todo se derrumbó de golpe y la oscuridad se lanzó sobre ella, Sarah la recibió de buena gana queriendo alejarse de la mirada atemporal y acusadora de pupilas disparejas que él le había dado antes de desintegrase en una nube de polvo, escarcha, humo y plumas blancas como la nieve, justo frente a ella y con él, todo lo que la rodeaba.

Sarah sintió una oleada de vértigo cuando el mundo cambio de eje y al volver al mundo real, Sarah corrió ciegamente hacia la habitación de su padre y su madrastra deseosa de confirmar que Toby estaba en su cuna, a salvo de la mayor estupidez que había cometido en su corta vida, rezando por lo bajo a todo los santos que podía recordar en esos momentos y casi escuchando sus dientes castañearle ante el incontrolable temblor que la embargaba ante la sola idea de no conseguir a su hermano donde esperaba que estuviera.

Y al ver a su hermanito profundamente dormido en su cuna, el alivio que atravesó a Sarah Williams la dejó mareada y al borde de las lágrimas, ella se sentía completamente drenada física, mental, emocional y espiritualmente así que ignoró el sonido de la puerta de la entrada de la casa por donde justo cuando ella dejaba a Lancelot junto al apacible bebé que dormía en la cuna, su padre y Karen hacían su entrada después de la velada de aquella noche, mas ella no se sentía de ánimo o con las energías suficientes para discutir con ellos y Karen seguro tendría alguna cosa que señalar de su hijastra, así que se escurrió todo lo rápido que pudieron llevarla sus cansados y adoloridos pies de regreso a su habitación y tras pasarle llave a la puerta le dio un vistazo al lugar y a pesar de ser el mismo de hacía unas horas y en el que ella había dormido desde niña, el que ella misma había decorado de aquella forma, ahora le pareció un lugar extraño, vacío, como si algo importante faltará en el lugar pero ella no podía saber exactamente que faltaba, más se olvidó de aquello cuando sus amigos del laberinto aparecieron en el enorme espejo ovalado de su tocador para despedirme de ella, entonces algo dentro de sí misma se quebró dolorosamente, ella no quería dejarlos a ninguno de ellos, ni aún al malvado, terrorífico y hermoso rey goblin, entonces fue ella la que hizo la súplica desesperada.

— ¡Los necesito, los necesito a todos! — Dijo aterrada ante la idea de perderlos y con ellos esa chispa de magia recién descubierta.

Era un hecho, ella los quería y sabía que cuando ellos salieran de su vida entonces su infancia habría acabado realmente y sus sueños y fantasías desaparecerían por completo y entonces ya jamás podría verlos, la vida se volvería monótona y gris, amarga y muy deprimente, ya estaba resignada a que el día llegaría y ella quería retrasarlo lo más que pudiera.

Así que cuando respondiendo a sus palabras su habitación se llenó con los muchos habitantes del laberinto, la ciudad goblin y el castillo, su mirada esmeralda busco con avidez al pícaro rey goblin y no tardó nada en notar su ausencia para su completa y profunda decepción Seguro debe odiarme pensó Sarah entonces sintiendo un doloroso nudo en la garganta mientras se tragaba las lágrimas y la tristeza que la ausencia del ladino rey le causaba y se concentró en sus invitados nocturnos, que para el día siguiente ya no estarían en su habitación, sin notar jamás al hermoso búho nival con su prístino plumaje posado en la rama del árbol de manzanas frente a la ventana de su habitación, observando con sus dorado ojos de pupilas disparejas, la celebración y mucho menos vio a la misma magnifica ave tomar vuelo con un graznido de dolor entremezclado con la voz del rey goblin susurrando dolorosamente su nombre mientras se perdía en el cielo nocturno hasta desaparecer de aquel mundo.

¡Sarah! Pareció susurrar el viento con la partida del ave rapaz, pero en el Aboveground al igual que en el Underground nada es lo que parece y aquel búho no era una simple ave, sino un poderoso rey inmortal, y no cualquier rey sino un poderoso e inmortal rey Seelie.

Horas más tarde Sarah no podía conciliar el sueño y muy pesar de estar agotada hasta la medula, algo seguía molestándola y por más que pensaba no podía saber qué era y nada de lo que había hecho la había ayudado a simplemente deslizarse en la tan necesitada necesidad de dormir a pesar de que se sentía física, mental y espiritualmente agotada.

Sarah había tomado un baño tibio con las sales aromáticas que su madre le había enviado un par de semanas antes con una disculpa y otra promesa que en el fondo sabía que no cumpliría, luego había secado su cabello hasta que estuvo liso y reluciente, se había puesto su bata favorita de fino algodón blanco con delicados bordados de diminutas y frágiles rosas y se había tomado una enorme taza de té con leche y un par de cucharadas de miel y aun así de nada había servido.

Al final lo último que había hecho había sido escribir toda su experiencia en un cuaderno, con dibujos detallados de todo lo que había visto en el Underground en especial dibujos a color de "el" y que desde aquel día, mantendría oculto del resto del mundo, pues lo último que quería era pasar el resto de sus días encerrada en un sanatorio, que era donde seguro Karen la haría enviar si alguna vez se enteraba de aquello, con eso en mente Sarah se levantó de un brinco del asiento empotrado frente a su ventana y avanzó hasta su cama y con un movimiento mecánico apartó la alfombra y hundió sus dedos entre las junturas del tablón suelto que tenía bajo su cama, y tomó el cuaderno en el que había escrito y dibujado todo lo que había ocurrido y para estar más segura añadió también el libro rojo con letras doradas, que la había metido en aquella historia que ella no compartiría con nadie más, y lo dejó caer en el vestido blanco con el que hasta aquel día jugaría en el parque, tras envolverlos juntos en la tela formando un pequeño bulto, los dejó caer en el hoyo oscuro donde antes había ocultado muchos de los regalos/consuelo de su madre, decidida a dejar aquella historia oculta y si era posible olvidada, para siempre.

Con un poco de suerte, se quedaran allí donde no puedan hacer daño a nadie, donde no sean más que un lejano recuerdo, hasta que sea grande y llegue la hora de abandonar esta casa, mientras tanto, quédense allí, oh quédense allí por favor, por favor, por favor Suplicó Sarah en su mente colocando el tablón y la alfombra nuevamente en su lugar y viendo el punto donde estaban ocultos con la mirada ausente antes de dejar caer el cobertor de su cama ocultando el lugar.

Tras eso Sarah Williams se negó a darle más vueltas al laberinto, a sus amigos a sus experiencias en aquel mundo mágico y por supuesto, se negó si quiera a pensar en el rey goblin, así que apagó las lámparas de un manotazo enfadado gruñendo molesta ante la inutilidad de no pensar en "el" y con la mano latiéndole como un corazón por el golpe que se había dado sin cuidado al apagar la lámpara y se cubrió la cabeza con la colcha y se obligó a dormir.

Aquella madrugada sus sueños estuvieron plagados de largas veredas de piedra y setos, de escarcha y gusanos parlantes, de bestias amigables, elegantes y tenebrosos bailes de salón con un ligero toque de locura, de muchas manos sosteniéndola y dejándola caer, de risas profundas capaces de atravesar su misma alma, de bailes elegantes, melocotones encantados, de esferas de cristal y por supuesto de él, el misterioso y terrible rey goblin y su sonrisa maliciosa con sus ojos de pupilas disparejas llenas de brillo travieso, como un niño a punto de develar su última gran broma o que guardaba un secreto maravilloso.

=== I O F ===

Aquella mañana en casa de los Williams la rutina transcurría como siempre desde que casi dos años atrás Karen pasara a formar parte de la vida de Robert Williams y su hija Sarah.

— Sinceramente Robert, Sarah no toma ninguna responsabilidad en esta casa, solo yo me encargo de que todo esté en orden y limpio, de la comida y la ropa, mientras ella está vagando en ese parque con ese sucio perro haciendo solo dios sabe que — Como siempre se quejaba aquella mañana Karen mientras atendía el desayuno.

Mientras bajaba los últimos escalones y se quedaba unos segundos más frente a la puerta de la cocina, Sarah Williams respiró profundamente tratando de calmar las ganas que tenía de entrar hecha una furia a la cocina y gritarle a aquella horrible mujer hasta que le sangraran las orejas a todos.

— Son sus vacaciones Karen — Protestó el hombre en voz baja en un tono débil y miserable, mirando la taza de café en sus manos como rogándole por ayuda.

— ¿Y cuando son las mías Robert? — Pregunto en forma gélida y cortante la mujer removiendo con furia los huevos que cocinaba en la sartén, sin importarle el desastre que estaba haciendo demasiado centrada en su furia para notar que parte de los huevos estaban ahora sobre el quemador de la cocina, el mesón y el suelo.

Fuera de la cocina Sarah escuchaba la rutina de quejas diarias de Karen, respirando pausadamente tratando de conservar la calma, Karen decía que ella no tenía responsabilidades y todos ellos sabían que mentía descaradamente, ella limpiaba su propia habitación, lavaba su ropa y muchas veces cocinaba para sí misma porque Karen se negaba a ser "su esclava" como se lo había hecho saber poco después de casarse con su padre, también atendía a Merlin, sacaba la basura y limpiaba todo el patio trasero cada dos días, sin nombrar que ella cuidaba de Toby cada vez que Karen y su padre salían o cuando ella salía sola (y eso era todos los días) y le molestaba sobremanera que Karen dijera que ella no hacía nada, y peor aún era que su padre sabiendo todo lo que ella hacía en casa no la defendiera con más firmeza, pero ella no podía esperar más que ese comentario de parte de él, Karen lo tenía bien dominado y rara vez su padre se revelaba, solo para volver a caer en la misma rutina de siempre, para su eterna frustración.

— Buenos días papá… Karen — Saludó Sarah con su mejor mascara de "felicidad" dándole un beso a su padre antes de abrir la nevera y empezar a sacar ingredientes para hacerse un sándwich, Sarah vio a Karen por el rabillo del ojo y notó como su cuello y sus orejas estaban rojas como la grana, mas ella no se engañó a si misma creyendo que era vergüenza (la mujer era incapaz de tener ese sentimiento, para eso tendría que reconocer en primer lugar sus errores y lo injusta que era con Sarah y eso no pasaría en esa vida) ella sabía que aquella reacción era producto de la ira que le provocaba su sola existencia, por no decir su presencia, en la que aquella mujer consideraba que era su casa, cuando en realidad era de Sarah y Toby pues la habían heredado de sus abuelos paternos.

— Buenos días cariño ¿Cuáles son tus planes para hoy? — Preguntó su padre lanzándole una mirada de silenciosa suplica a Karen, que permanecía en silencio sepulcral.

— Después de desayunar, voy a limpiar el patio trasero, luego a bañar a Merlin hoy parece que no va a llover, más tarde cuando Karen se vaya a su cita con la Sra. Malloreen voy a poner a lavar mi ropa, vigilar a Toby y echarle un vistazo a mis libros, pronto inicia el nuevo año escolar, por cierto... ¿Cuándo vamos a ir a comprar lo que necesitaré este año? — Contestó Sarah mientras armaba su ligero desayuno esperando que no le cayera mal, sobre todo cuando Karen la miraba de aquella manera y ordenaba todo lo que había usado de nuevo dentro de la nevera cerrando la puerta tras ella, después de tomar una botella de jugo de naranja.

Demasiado sorprendido con el plan de Sarah, Robert atinó a responder que saldrían al día siguiente, antes de que Sarah con su desayuno en mano se despidiera de él y Karen (cerca de empezar a echar fuego por la boca si el tono amoratado de su rostro y las orejas coloradas daban alguna señal) y saliera de la cocina de regreso a su habitación donde como todos los días desayunaría en paz y sin molestar a nadie, acallando la discusión que estalló con más violencia en la cocina apenas ella salió.

Aquella tarde después de haber hecho lo que había prometido tras un leve choque con Karen quien curiosamente había cambiado su rutina de lavado mañanero por el de la tarde de Sarah a ultima hora y sin avisar, lo que terminó enfrentándolas por el control de la lavadora que al final termino usando Sarah, tras lo cual Karen se fue echando humo a su cita con su amiga íntima dejándola a cargo de Toby como siempre.

Sarah recorrió su casa con la libertad que la presencia a de Karen le impedía normalmente, y notó de inmediato que la aludida esposa de su padre había retirado los pocos retratos en los que ella salía de todos los rincones de la casa, finalmente erradicando a Sarah de la imagen familiar que ella quería proyectar, tal vez con la esperanza de erradicarla por completo algún día, Sarah regresó a la habitación donde Toby dormía apaciblemente y por primera vez en muchos años desde que su madre se había ido dejándola a ella atrás y sin volverse a mirarla una sola vez, Sarah Williams lloró con toda su alma, sintiéndose realmente sola y extraña en su propia casa, en donde se suponía que ella debería sentirse acompañada y amada.

— Hay algo mal en mi Toby, algo que me aparta de mis seres queridos — Murmuró la joven deprimida mirando a bebé dormido, mientras se secaba las lágrimas con la manga de la camisa manga larga estilo poeta que le gustaba usar. — ¿Te apartaras tú también de mi Toby, vas a odiarme como tu mama me odia, como todos al final parecen odiarme? — Preguntó con una mueca de sonrisa en los labios antes de salir de la habitación y encerrase en la suya, dispuesta a hundirse en algún libro que la hiciera olvidar un rato su patética vida.

=== I O F ===

Al día siguiente Karen había hecho hasta lo imposible para intentar echar a perder la salida de Sarah con su padre sin lograr mucho, pues sabiendo que las clases de Sarah empezarían pronto Robert Williams terminaría saliendo igual con Sarah, aun sabiendo a lo que tendría que atenerse cuando regresara a casa y a su esposa controladora, a veces en la privacidad de su mente y cuando estaba lejos de la fuerte personalidad de su esposa él se preguntaba cómo había terminado casado con ella, ¿que había visto? y avergonzado de sus pensamientos, callaba sintiendo remordimiento de conciencia, aunque la verdad era que él no sabía aun como había terminado así.

Los días pasaron con rapidez para Sarah y entre cuidar de su hermano, sus varios deberes y sus discusiones con Karen, porque a pesar de intentar (y era casi imposible a los quince) de guardar calma cuando alguien está muy empeñado en molestarte y hacerte estallar.

Y Karen era igual a un bulldog cuando agarra, no suelta y ella estaba decidida a arruinar su pequeño triunfo sobre las compras con su padre, al punto que el mismísimo Robert Williams había estado llegando a casa muy tarde últimamente por cuestiones de "trabajo" pero Sarah sabía que era para evadir el problema que tenía bajo techo, la guerra campal entre Karen y Sarah estaba lejos de terminar, aunque habían demostrado que podían ser civiles la una con la otra y eso gracias a la llamada a la madurez que Sarah había tenido en el laberinto, cosa que no podía decirse lo mismo de Karen, a veces Sarah tenía que morderse la lengua para no desear a la esposa de su padre a los goblins, la tentación era mucha y solo un nuevo encuentro con el rey la mantenía a raya, sin hablar que ni ella le deseaba a los pobres goblins tener que lidiar con una bruja como Karen, además ya había aprendido una valiosa lección a Toby lo adoraba e iría al infierno y de regreso por él y SOLO por él, Karen por otra parte podía irse al infierno y ella feliz se uniría a las odiosas animadoras de su escuela y le haría una porra con baile incluido, para darle ánimo en su viaje-de-regreso-a-casa.

Al final con eso en mente Sarah se impuso una fuerza de voluntad que no sabía que poseía y logró capear muchos de los inicios cada discusión que deliberadamente Karen orquestaba, a veces Sara se encontraba penando que era buena cosa que la esposa de su padre, fuera de mente estrecha y no leyera (Jamás) un libro de fantasía, porque si ella hubiera abierto el libro de cuero rojo con letras doradas ahora oculto bajo la tabla y alfombra bajo a su cama, seguramente Sarah ya sería parte desde hace un par de años atrás de la manada de goblins del terrible rey goblin, que corrían por todo el castillo despreocupados y aterrorizando gallinas, porque Karen la habría deseado fuera de la vida de su padre, apenas puso sus ojos sobre él, y desearla a los goblins era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.

Si… definitivamente era una suerte para Sarah Williams que Karen no creyera en nada de esas cosas, por otra parte, el pobre Toby seguiría escuchando a su madre recitarle un acuerdo legal tras otro para poder dormir, a menos claro que Sarah le contara a escondidas alguna maravillosa historia claro está.


Continuara…


Por favor les agradecería mucho sus opiniones, les recuerdo que hago esto sin ánimos de lucro, y realmente me gustaría conocer sus opiniones, teniendo en cuenta el esfuerzo que hago para tejer una historia que comparto con ustedes.

Atte: La autora