NT: Aloh! Pasaron siglos pero ha llegado el capítulo 2. Espero que lo difruten :D


Capítulo 2: Puntadas

Carine fue la única que mantuvo la calma. Al ser doctora, ella había pasado siglos en salas de emergencia en presencia de sangre humana y estaba totalmente bajo control.

—Eleanor, Royal, lleven a Jessamine afuera —dijo tranquilamente.

Eleanor asintió, viéndose algo agitada.

—Venga, Jess —murmuró —. Vámonos.

Jessamine no dejó de luchar contra el fuerte agarre de Eleanor, sus ojos seguían pegados en mí.

Edythe estaba blanca como un papel y note, mientras se encorvaba delante de mí de forma protectora con los labios crispados en un gruñido territorial y los ojos fijos en Jessamine, que no estaba respirando. Royal se unió tomando uno de los brazos de Jessamine para ayudar a Eleanor mientras la arrastraban hacia la salida. Tal vez lo estaba imaginando, pero creí ver un extraño toque de triunfo en su rostro.

Earnest se les había adelantado para mantener la puerta abierta para ellos. Estaba cubriendo su nariz y boca con una mano y brevemente me dirigió una mirada antes de enfocarla en el suelo.

—Perdón, Beau —dijo en una voz baja, dolorida, antes de voltearse y seguir a los otros al jardín.

Carine se aproximó.

—Déjame verlo, Edythe —dijo con tranquilidad.

Edythe permaneció rígida en su lugar por un largo rato, aún encorvada. Al final se enderezó y asintió una vez en silencio.

Carine se arrodilló a mi lado para echar un vistazo a mi brazo mutilado.

Archie se aproximó, toalla en mano.

—Toma —dijo seriamente, ofreciéndosela a Carine.

Carine negó con la cabeza.

Me temo que hay demasiado vidrio en la herida. Tendrá que ser retirado.

Arrancó una tira de tela del mantel y comenzó a enrollarlo alrededor de mi brazo a modo de torniquete.

Nunca pude soportar el olor de la sangre y me sentí repentinamente mareado. Mi estómago se tensó y retorció de manera incómoda y tuve miedo de perder la pizza que comí en lo de Charlie.

—Beau —dijo Carine muy suavemente —, ¿Quieres que te lleve al hospital o prefieres que me encargue de ti aquí?

—Aquí está bien —dije vagamente.

Incluso aturdido como estaba, seguía lo suficientemente lúcido para darme cuenta de que, si me llevaba al hospital, no había manera de que Charlie no se enterase. Sólo otra ventaja de un pueblo pequeño.

Carine era ahora la clínica profesional y sabía lo que debía hacerse.

—Archie —dijo ella —, ¿podrías por favor traer mi bolso?

—No hay problema.

Archie se volteó y desapareció en un latido.

Carine se dirigió a Edythe después.

—Llevémoslo a la mesa de la cocina.

Sin decir una palabra, Edythe deslizó un brazo bajo mis piernas y con la otra sostuvo mi cabeza, y me levantó con facilidad mientras Carine mantenía la presión en mi brazo. De no haber estado en esas condiciones, el tratamiento de princesa hubiera hecho subir el color por mi cuello.

—¿Cómo te sientes, Beau? —Carine preguntó con voz suave.

—Bien, creo —respondí y me sentí aliviado de que mi voz lo aparentaba.

El rostro de Edythe pudo haber estado tallado en mármol.

Archie había vuelto y el bolso negro de Carine descansaba en la mesa junto a una luminosa lamparita ya enchufada a la pared. Edythe me sentó cuidadosamente en una silla frente a la mesa y Carine acercó otra para sentarse ella. Se puso a trabajar de inmediato.

Edythe permaneció a mi lado con una mano aferrada al respaldo de la silla. No respiraba.

Suspiré.

—Te puedes ir, está bien.

Sabía lo malo que era para ella, peor que para cualquiera de los otros.

—Ve a tomar aire fresco, Carine se encargará de mí.

Hice una mueca cuando Carine me inyectó una anestesia.

Edythe apenas entornó los ojos.

—Me quedaré —insistió apretando los dientes —. Lo puedo manejar.

Carine intervino:

—Creo que deberías ir también y buscar a Jessamine antes de que vaya demasiado lejos —dijo ella —. Estoy segura de que está molesta consigo misma y probablemente no escuchará a nadie que no seas tú.

—Sí —dice rápidamente —. Estaré bien, en serio.

—Harías algo útil —agregó Archie.

Edythe permaneció donde estaba por un minuto, desafiante y rígida. Pero al final asintió una vez. Le dio un suave apretón a mi hombro y salió por la puerta trasera de la cocina.

Me rehusé a mirar mi brazo con miedo a marearme y desmayarme después, pero empecé a sentir una sensación entumecida, muerta expandiéndose por él, y el dolor de los cortes empezó a disminuir. Para distraerme, posé mis ojos en Carine, mirando su rostro mientras trabajaba.

Vi movimiento en la puerta trasera y noté que Archie se estaba yendo, dedicándome una sonrisa culpable mientras lo hacía.

Mis ojos volvieron a Carine. Ella estaba en perfecta calma, totalmente concentrada en lo que estaba haciendo. En vista de cómo todos los demás habían reaccionado, su tranquilidad era aún más increíble. Escuché el leve clink, clink de los fragmentos de vidrio al caer en la mesa por un minuto, después no pude contenerme:

—¿Cómo lo haces?

No apartó la vista de su trabajo, pero sonrió un poco.

—¿Hacer qué? —preguntó con suavidad —¿Poder oler sangre humana sin entrar en un frenesí?

—Bueno… sí.

Negué con la cabeza. Sabía que ella había sido doctora por años, pero, aun así, ni Archie ni Earnest pudieron haber hecho esto, de eso estaba seguro. Era como si ella estuviera en un nivel completamente diferente.

Otro clink de vidrio sonó contra la mesa.

—Hábito establecido —respondió finalmente —. Es lo único que se puede hacer. Simplemente tengo siglos de experiencia que los otros no tienen. De hecho, puedo decir honestamente que apenas noto el olor. No es una tentación como lo era antes.

Plink, plink, plink. Más vidrio que pasaba de estar en mi brazo a la mesa. Seguramente era mucho pero no me atrevía a mirar el montoncito de fragmentos ensangrentados ya que quería mantenerme consciente.

Tratando de distraerme, dije:

—¿Acaso no es difícil? Digo… —busqué las palabras adecuadas —Es obvio lo difícil que es para los demás. Edythe… ella cree en esta vida con la misma fuerza que cualquiera de ustedes, pero aun así cuando me vio por primera vez, te tomó toda la fuerza de voluntad que tenía, no matarme. Y hace un rato, estaban todos tan tensos, ni siquiera podían estar cerca de mí… Tal vez estés bien ahora, pero tuviste que haber empezado como ellos alguna vez. ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo viviste todos esos años luchando contra tus instintos naturales?

El rostro de Carine estuvo pensativo mientras escuchaba el sonido de otro pedazo de vidrio caer sobre la mesa.

—Mmm... Fue difícil, supongo. De todas formas, siempre fui capaz de mantener los ojos en el futuro, más allá de la inmediata necesidad carnal para saciar mi sed. Continuamente me recordaba sobre la gente, cuyos sueños y esperanzas terminarían si alguna vez titubeaba o cometía un error. También mantuve los ojos en el pensamiento de qué podrían ser capaces mis habilidades mejoradas si tan sólo tuviera la disciplina. Creo que fue el poder de esos dos pensamientos lo que me permitió soportarlo todo, hacer los sacrificios necesarios. Ahora, es satisfactorio saber que las vidas de algunas personas son mejores porque existo, por lo que soy. Que las habilidades que poseo me han dado el poder de salvar vidas que, de otra manera, no pudieron haber sido salvadas.

Carine pasó un dedo sobre la herida para asegurarse de que se había deshecho de los pedazos de vidrio restantes. Luego sacó las herramientas necesarias para realizar las puntadas.

La idea de la aguja me hizo sentir un poco mareado así que traté de mantenerla hablando.

—¿Pero dónde empezó —quise saber —Calculo que no hay una gran cantidad de vampiros nuevos que pudieran siquiera pensar en pensar así. Los vampiros tienen una forma de vida establecida... una fuente de natural de alimento... ¿Qué te hizo decidir desde el principio ir en contra de eso, tomar el camino más difícil?

La escuché cortar el hilo con la tijera, y un extraño olor llenó mis fosas nasales mientras pasaba un líquido oscuro sobre la zona de la operación. Por un momento me sentí mareado, confundido.

—Nuestros instintos son muy fuertes —admitió —. De eso no hay duda. Pero eso no significa que no tengamos elección. Yo simplemente tomé la mía —hizo una pausa, sonriendo un poco —. Pero sí, mi historia previa a mi transformación es un poco inusual y pudo haber ayudado a predisponerme a una manera distinta, o al menos pudo darme la oportunidad. Edythe te contó la historia, ¿no?

Asentí mientras Carine pegaba la venta a mi brazo, finalizando el proceso.

—Sí... me acuerdo. Pero cuando pienso en eso sigue pareciendo imposible-

Ahora que había terminado con mi brazo, Carine estaba limpiando todo con una gasa bañada en alcohol y el olor quemó mi nariz. Volvió a hablar mientras trabajaba:

—Tal vez recuerdes que mi padre era un clérigo.

Asentí lentamente.

Los ojos de Carine estaban distantes.

—Él... tenía una dura visión del mundo, mi padre. Lastimó a mucha gente inocente en su pasión de destruir lo que él veía como el mal. "Los monstruos de Satanás", o así los llamaba.

Había recogido todas las gasas en uno de los cuencos de vidrio, junto con todos los cristales ensangrentados, y prendió un fósforo. Salté al ver el contenido del cuenco consumirse en una cegadora mancha naranja.

Carine suspiró profundamente y observó las parpadeantes llamas con una mirada distante en sus ojos.

—No estaba de acuerdo con la forma de mi padre, incluso en ese tiempo, y solía rogarle que tuviera misericordia. Muchas familias fueron fragmentadas por el celo de mi padre de destruir el mal. Mucha gente lo detestaba y le temía, y eventualmente, comenzaron a temerle al dios del que hablaba mi padre, el dios que, a través de él, sembraba fuego y juicio. Pero yo... Mi visión era diferente. Por mucho que amara a mi padre, no veía a Dios en él... no hasta los últimos momentos de su vida. Cuando uno de los monstruos que pasó su vida entera cazando estaba frente a él, torturándolo, y sus ojos estaban llenos, no con odio hacia ellos, sino con amor... Amor, incluso por eso que pronto se convertiría en eso que él más odiaba.

Mis ojos se posaron en el vendaje de mi brazo, algo sorprendido de a dónde se había dirigido esta conversación.

Carine estaba sonriendo ligeramente como si me leyera la mente.

—Estoy segura de que esta clase de charla debe sonar extraña viniendo de un vampiro. Lo que quiero decir es que, supongo, en los casi cuatrocientos años desde mi nacimiento, nunca he visto nada que me haga dudar de la existencia de Dios, de una forma o de otra. Así que sigo teniendo esperanza de que hay un punto en esta vida después de todo; incluso para nosotros. Tal vez estamos condenados, como creía mi padre, como muchos creen, pero sigo esperando que haya algo diferente para nosotros.

Me quedé sentado donde estaba, analizando eso en mi cabeza.

—¿Y qué hay de los otros? —pregunté —¿Qué piensan ellos?

Carine sonrió un poquito.

—Quieres decir qué piensa Edythe —concluyó perceptivamente. Asintió —. Hemos pasado tiempo discutiendo este tema con profundidad. Hasta cierto punto estamos de acuerdo las dos. Ella cree indudablemente en Dios y en el Cielo... y, por consiguiente, en el Infierno. Pero no cree que hay una vida después de la muerte para nuestra clase —la mirada de Carine estuvo distante mientras miraba la oscuridad a través de la gran ventana sobre la pileta* —. Verás —dijo con suavidad —, ella cree que hemos perdido nuestras almas.

Las palabras que había dicho Edythe más temprano ese día volvieron a mí. "No es fácil morir para un vampiro... o lo que sea que nosotros hagamos".

—Ese ha sido siempre el verdadero problema, ¿no es así? —dije lentamente —La verdadera razón de por qué está tan en contra de mi transformación.

—No puedo evitar creer que hay un lugar para nosotros —dijo con suavidad —. Mi hija es una persona tan amable, compasiva, y ha hecho tales sacrificios voluntariamente... No puedo evitar creer que debe haber un lugar adonde llegar al irnos de este mundo. Un lugar donde nuestras decisiones en la vida cuenten para algo —hizo una pausa y su mirada se posó en la mía, mirándome a los ojos —. Pero deberías considerar esto, Beau... Si creyeras lo que ella cree, ¿podrías hacerlo? ¿Destruir su alma, condenarla para siempre?

Me quedé en silencio. Ya había tomado la decisión de qué haría con mi vida. Estaría con Edythe. Pero de algún modo, puesto de esa manera, responder no era tan sencillo.

—Si es mi alma, entonces debería ser decisión mía —dije al fin.

Carine negó con la cabeza.

—Creo que conoces mejor que eso la clase de persona que es mi hija, Beau. Cualquier acción que realiza, toma todo el peso de su responsabilidad, sin excusas. Para hacerte eso, tiene que también ser decisión suya.

Presioné mis labios en una delgada línea, pensando.

—Tal vez ella no tiene que cargar con esa responsabilidad —dije lentamente —. Tal vez alguien más puede hacerlo —le di a Carine una mirada filosa.

Ella rio y la tensión del cuarto pareció disiparse.

—No, no, eso no. Edythe es familia y no haré nada a sus espaldas... y tampoco lo harán los demás, incluido Archie. Es la decisión de ella y no interferiremos —Carine suspiró de repente —. Creo que en su mayoría puedo estar satisfecha, de que hice lo mejor que pude con lo que me entregó el destino... ¿Pero estaba justificada a condenar a los otros a esta vida? Sobre eso, incluso ahora, sigo bastante indecisa.

No respondí. Estaba agradecido por lo que Carine había hecho, de que hubiera podido conocer a Edythe y nada lo cambiaría.

La mirada de Carine volvía a estar distante, y murmuró:

—Esa primera vez, cuando seguía viviendo mi vida en soledad... fue el padre de Edythe quien me hizo decidir.

Parpadeé, sorprendido. Edythe nunca me había dicho mucho sobre sus padres. Sólo que habían muerto hacía mucho tiempo y que no podía recordarlos muy bien. Pero obviamente los recuerdos de Carine estaban perfectamente claros.

—Su nombre era Edward. Edward Masen. Su madre, al ser internada, nunca recobró la consciencia y murió en la primera oleada de la gripe. Pero Edward resistió por una fuerza de voluntad sobrenatural, y estuvo alerta hasta sus últimos momentos. Edythe se le parecía... Heredó su extraño cabello cobrizo y sus ojos verdes esmeralda.

—Verdes —murmuré tratando de imaginármelo.

Los ojos de Carine volvían a estar en la oscura ventana mientras revivía recuerdos de casi un siglo atrás.

—Edward estaba... inusualmente apegado a su hija, en especial para la época. La adoraba. Cuando ella enfermó, utilizó lo que había estudiado de medicina para intentar curarla él mismo, a pesar de que a él ya lo estaba destrozando la fiebre, y arriesgó sus propias oportunidades de sobrevivir.

Esperaba que Edythe se fuera primero, estaba apenas lúcida, con pocas horas restantes. Pero cuando el final llegó a Edward, pasó muy rápido... después de que se pusiera el sol, cuando apenas había llegado al hospital para continuar mi trabajo. Fui a ver a Edward y Edythe primero, como solía hacer... A pesar de saber lo insensato que era hacerlo, algo sobre su historia me había llegado y me había apegado particularmente a ellos. Noté al instante que había empeorado y no le quedaba mucho más de vida.

A pesar de que en ese tiempo era apenas una enfermera, los ojos perceptivos de Edward habían visto la forma en que compensaba los errores de otros doctores, la forma en que mis diagnósticos solían ser los más acertados, y era yo quien Edward quería que se encargara principalmente de su cuidado y el de su preciada hija. Él solía contarme lo brillante que ella era, cómo estudiaría e iría a la universidad sin importar la oposición.

En sus últimos momentos, encontró d algún modo, la fuerza para mirarme fijamente, tomar mi mano y apretarla con fuerza. "Sálvela" me ordenó con voz ronca. "Debe hacerlo. Haga todo en su poder... haga lo que otros no pueden".

Estaba aturdida, y por sólo un instante estuve segura de que me había descubierto, de que sabía lo que era en realidad. Luego le ganó la fiebre y falleció a la hora.

De todos modos, sus palabras me decidieron. Por décadas había contemplado la idea de crearme un compañero… otra persona que supiera lo que era. Pero me había resistido, incapaz de hacerle lo que se me había hecho a mí. Pero ahora había una elección clara frente a mí: quedarme ahí y simplemente dejarla morir como morían los otros, por lo que sabía no podía tener más que horas restantes... o hacer lo que nadie más podía hacer. Por capricho, hice mis planes y actué. Incluso ahora, no sé si actué correctamente, pero nunca me he arrepentido de ello. Nunca me he arrepentido de haber salvado a Edythe.

Los dos permanecimos en silencio por un momento, Carine reviviendo recuerdos de tantos años atrás; yo, visualizando la escena en mi mente. Al final, Carine sonrió y sacudió la cabeza.

—Bueno —dijo —, supongo que ahora debo llevarte a casa.

—Yo puedo hacerlo.

Me volteé para ver a Edythe entrando desde el sombrío comedor. Se movía con una lentitud antinatural, su rostro en blanco, imposible de leer. Pero sus ojos contenían el trazo de alguna emoción que me dejó intranquilo.

—Está bien, Carine me puede llevar —dije. No dudaba de que el olor de mi sangre la seguiría molestando. Bajé la mirada hacia mí remera y vi manchas en partes iguales de sangre y cobertura de chocolate —. Eh, creo que debería también cambiarme, así no le agarra un ataque cardíaco a Charlie.

—Haré que Archie te dé algo —dijo Edythe, y su voz era plana y sin emoción. Se volteó, yéndose de la cocina por donde había entrado.

Edythe estaba obviamente molesta, y por una vez, no estaba ansioso por el tiempo a solas en el viaje de vuelta. No tenía idea de qué decir.

—Perdón por todo esto —murmuré, sin estar totalmente seguro si le estaba hablando a Carine o practicando mi disculpa para el regreso.

Carine puso una mano en mi hombro.

—No te preocupes por Edythe, Beau. Es sólo que una noche como esta es exactamente lo que ha temido todo este tiempo: tú siendo puesto en peligro a causa de lo que somos.

—No es su culpa —murmuré observando mi dedo. Todavía podía ver el delgado corte de piel, más blanco a los costados.

Volvimos a la habitación principal. Earnest estaba ahí limpiando el desastre con un trapo.

—Hay, déjame ayudar —dije dando un paso adelante.

—Está hecho —dijo volteándose hacia mí con una sonrisa —. ¿Cómo te sientes?

—Como un idiota —admití —. Pero el brazo no está mal. Nunca había visto a un doctor que cosiera así de rápido.

Carine y Earnest sonrieron, y Archie y Edythe entraron por las puertas traseras. Archie tenía una remera blanca colgando de su brazo y me la entregó.

—Esta es algo como el estilo que estás usando. Charlie no notará nada, ¿no?

—Podrías darme una remera musculosa con las mangas arrancadas y probablemente no se daría cuenta —dije.

Me alivié cuando Archie sonrió un poco, pero el rostro de Edythe pudo haber estado tallado en piedra.

Me dirigí a un baño lejos del hall y Archie vino conmigo, tal vez para asegurarse de que pudiera ponerme la remera con mi brazo malo. Después de todo lo que me había ayudado luego del ataque la primavera pasada, era como una especie de acuerdo no-verbal entre nosotros.

—Entonces —dijo en voz baja cuando pensé que estábamos lejos como para no ser escuchados, lanzando una mirada en la dirección en la que había visto a Edythe por última vez —, ¿qué tan malo crees que sea?

Archie frunció el ceño.

—¿Te refieres a cómo Edy se está tomando todo esto? Honestamente, hermano, creo que es demasiado temprano para saber.

De todas formas, a juzgar por la tensión en su rostro, asumí que pensaba que era bastante malo.

—¿Cómo está Jessamine?

Archie suspiró.

—Bastante enojada consigo misma. Es tan difícil para ella, sabes, y detesta sentirse derrotada por sus instintos.

—Lo sé —dije —. Lo entiendo. ¿Le dirás que, en lo a mí concierne, estamos bien?

Me devolvió una pequeña sonrisa.

—Lo haré.

Cuanod volvimos, Edythe seguía parada frente a la puerta, como si no hubiera movido un músculo mientras no estábamos. No dijo nada mientras fue a abrir la puerta.

—No olvides estos —dijo Archie entregándome los regalos restantes de la pila en la mano: el suyo y de Edythe y un segundo que sólo pude asumir que era de parte de Carine y Earnest.

Afuera, inhalé profundamente en aire frío de la noche. Edythe se dirigió al lado del conductor y yo fui al del acompañante sin protestar.

Un largo listón rojo había sido pegado en el tablero, sobre la nueva radio. Lo arranqué rápidamente y lo arrojé hacia atrás, fuera de vista.

Edythe estaba callada como una estatua, sin mirarme a mí o al estereo nuevo al girar la llave. De alguna manera, el rugido ensordecedor del motor de mi camioneta sólo pareció intensificar el silencio y me sentí tentado de encender la radio para romperlo. Mi camioneta aceleró, yendo un poquito demasiado rápido por la carretera devanada de lo que le sería sano.

Sentía como si tuviera algo trabado en la garganta, y después de tragar saliva, hablé por fin.

—Hey... lo siento.

—Lo sientes —siseó Edythe, y su voz estaba tan marcada con disgusto que me estremecí —. ¿Sientes qué exactamente?

Miré el espacio vacío entre nosotros.

—Tuve que haber sido más cuidadoso.

—Más cuidadoso —dijo con desprecio; una risa rígida escapó de su boca —. "Más cuidadoso" dice él. ¿En qué? Por cortarse con un papel... honestamente, ¿cómo puede tu sentido de la realidad estar así de deformado? Si hubieras estado en cualquier otra casa y te hubieras cortado un dedo, ¿qué es lo peor que pudo haber pasado? ¿No poder encontrarte una curita?

—Hey —comencé, tratando de interrumpir, pero Edythe habló por encima de mí.

—Digamos que tropezaste y caíste en una pila de platos de vidrio. ¿Cuál es el peor de los casos? ¿Manchar de sangre los asientos mientras te llevaban a Emergencias? Si hubieras estado en la casa de McKayla Newton...

—Hey —volví a decir, esta vez elevando mi voz sobre la de ella y dejó de hablar. Pude sentir la intimidación causada por su mal humor convertirse en irritación —. Si hubiera querido estar en lo de McKayla, estaría ahí. ¿O no?

—Bueno —dijo Edythe severamente —, tal vez después de esta noche, empieces a reconsiderar tus opciones. La clase de chica que de hecho sería buena para ti.

No respondí, sólo la miré con mi mejor expresión asesina, mientras ella miraba por la ventana con ojos de basilisco, sin mirarme.

Edythe estacionó la camioneta frente a la casa, apagando el motor. De todos modos, sus pálidas manos permanecieron en torno al volante con fuerza como si lo hubiese querido doblar en dos.

Había estado buscando una manera de arreglar la noche arruinada durante todo el viaje, pero no se me había ocurrido nada.

—¿Subirás por un rato esta noche? —pregunté al final.

—Debería ir a casa —murmuró.

La miré, preocupado de que fuera e hiciera nada que no fuese hacerse mala sangre por el resto de la noche.

—Es mi cumpleaños —le recordé.

Edythe bufó suavemente y su expresión se veía un poco más liviana que antes.

—¿Quieres que la gente ignore tu cumpleaños o no?

—Cambié de parecer. Es mi cumpleaños.

Sonrió un poquito.

—Está noche no entraré. Creo que necesito un rato para pensar y enfriar mi cabeza. Pero estaré cerca.

—¿No irás a casa a deprimirte? —pregunté dudoso.

—Trataré de no hacerlo —dijo sonriendo un poco.

Me giré y coloqué los paquetes que me había dado Archie en mi regazo.

—No tienes que llevártelos —dijo frunciendo el ceño —. Además, Earnest y Carine gastaron dinero.

—Está bien —dije —. Es mi cumpleaños, quiero mis cosas.

Desenvolví el primero (un largo rectángulo plano marcado de parte de Earnest y Carine). Tuve cuidado extra esta vez con el papel.

Adentro, encontré una pequeña caja blanca; al abrir la tapa encontré una gruesa hoja de papel cubierta en tinta.

—Hey —dije escaneando las letras —, es un voucher para un pasaje de avión. Dos pasajes de avión. Jacksonville —la miré perplejo —. Puedo visitar a mi mamá. ¿Pero a quien más voy a llevar?

Edythe sonrió.

—A quien quieras, Beau.

Lo pensé, luego una lenta sonrisa se dibujó en mi rostro.

—¿Tú? Wow, mi mamá se va a volver loca. Pregunta por ti todo el tiempo —vacilé —. Pero tendrás que quedarte adentro todo el día. Todo ese sol.

—No me molesta —dijo Edythe, luego frunció el ceño —. Qué reacción apropiada hacia un regalo, Beau. Sabía que tuve que ignorar tu ridícula petición.

—Bueno, ellos no —admití —. Pero esto es genial. Mi mamá se pondrá contenta.

Dejé los tickets en el asiento del medio de la camioneta y tomé el de Edythe y Archie. Efectuando mis movimientos con cuidado de nuevo, rompí el papel para encontrar una caja de CD transparente con un disco plateado en blanco adentro. Lo giré para ver si había algo escrito en la contratapa para darme una pista, pero no había nada.

—¿Qué es? —pregunté.

Los ojos de Edythe brillaron.

—Lo sabrás cuando llegues arriba.

Bajé mi vista hacia ella y repentinamente me dolió el pensamiento de separación.

—¿Así que no subirás? —pregunté otra vez.

Pensé en agregar que sería bueno tener algo frío que presionar contra mi brazo, pero implicaría admitir que empezaba a doler otra vez.

—Esta noche no —dijo, sonriendo un poquito, sin embargo, sus ojos permanecían distantes —, pero estaré cerca. Dejaré tus regalos arriba para que no tengas que cargarlos.

Sus ojos volvieron al parabrisas de la camioneta, mirando en la oscuridad.

Por alguna razón, mi ansiedad se intensificó en mi estómago.

—¿En qué estás pensando? —pregunté antes de poder contenerme.

Volvió a mirar en mi dirección, considerando. Al final, dijo:

—En nada, en realidad. Solamente en el bien y el mal.

Por algún motivo, me encontré a mí mismo queriendo distraerla. De cuales fuesen los caminos peligrosos que su mente estaba tomando.

—Sabes —dije de repente —, es mi cumpleaños.

—Me lo has estado recordando por el último cuarto de hora.

—Así que… —dije, dejando la frase inconclusa.

Me incliné un poco sobre el asiento medio de la camioneta, esperando que captara la indirecta.

—En serio estás muy codicioso hoy, Beau —murmuró ella, aunque su boca se transformó en una sonrisa.

—Cumpleaños —repetí.

Edythe se rio, luego suspiró. Alzó su mirada hacia mí y había algo en sus ojos dorados que no podía entender, un poco de desesperación, un parpadeo de agonía silenciosa.

Luego elevó las manos, sosteniendo mi rostro en ellas, y delicadamente acercando mi rostro al suyo. Nuestros labios se tocaron ligeramente y fue como siempre lo era entre nosotros. Mi corazón totalmente exagerando; ella como piedra, moderada, cuidadosa. Comenzó a apartarse y me preparé para volver a controlar mi ritmo cardíaco.

De todos modos, cuando comencé a alejarme de mala gana, sentí repentinamente sus fríos brazos alrededor de mi cuello, estrechándome contra ella, labios estampados contra los míos. Pude sentir su fuerza sobrenatural mientras me abrazaba, sus helados dedos en mi cabello.

Luego se apartó abruptamente, empujando mis hombros.

Me golpeé contra la puerta, jadeando, dándome cuenta de que me había olvidado de respirar.

—Lo siento —dijo, y a pesar de que los vampiros no necesitaban respirar, también jadeaba un poco —. Creo que fui un poquito lejos.

—No... no hay problema —dije, frotándome el cuello. Luego me detuve, queriendo que el frío de su tacto perdurara. De todos modos, sentí algo queriendo escapar de la oscuridad de mi mente. Un recuerdo al borde de mi consciencia.

Negué con la cabeza.

—¿Uno más? —pregunté esperanzado.

Edythe sonrió.

—Creo que ya has presionado demasiado tu suerte por una noche, Beau. Mejor ve a descansar un poco. Dejaré tus regalos en tu escritorio por ti.

—Okey —dije de mala gana.

Con una última mirada en su dirección, salí del coche hacia la puerta de la casa.

Adentro, aún podía oír el murmullo del televisor, lo que significaba que Charlie seguía mirando el juego. Preguntó cómo estuvo y respondí lo mejor que pude. Desafortunadamente notó mi brazo, el cual me estaba empezando a molestar otra vez, pero sólo saludé con mi brazo bueno e hice alguna excusa sobre tropezar, luego subí al piso de arriba.

Medio esperaba que Edythe estuviera ahí después de todo, pero mis hombros se hundieron al ver los obsequios sentados en mi escritorio, la ventana apenas abierta.

Suspirando, me puse el pijama, fui al baño a lavarme los dientes (lo cual tuve que hacer con una sola mano), luego volví a mi cuarto, tomando un poco de Tylenol en el camino.

Curioso, puse el CD de Archie y Edythe en el reproductor. Sentí lágrimas quemando mis ojos al oír el ritmo familiar de las clásicas composiciones de Edythe. Pude imaginar sus dedos volando sobre el piano, brincando de una tecla a la siguiente como un baile. Esta canción era mi favorita, la que ella dijo que había escrito como una especie de nana conmigo en mente.

De camino a la cama, tomé mi doblada copia de Veinte Mil Leguas De Viaje Submarino de mi mesa de noche con la esperanza de que me ayudara a relajarme un poco. Pasé las familiares páginas de monstruos marinos y venganza, mientras escuchaba la tranquila música en el fondo.

Me acababa de quedar dormido con el libro a mi lado cuando se me vino a la cabeza porqué ese último beso en el coche se había sentido casi familiar. La pasada primavera, cuando nos habíamos tenido que separar mientras Edythe y los otros fueron tras la cazadora, me había besado como despedida, sin saber cuándo (o si) nos volveríamos a ver alguna vez. Por algún motivo que no podía imaginar, éste se había sentido casi igual. El mismo tinte de dolor.

No es nada, me dije a mí mismo. Sólo imaginas cosas de nuevo.

Pero, aun así, cuando al fin caí en un sueño profundo, sentía una profunda incomodidad en los rincones de mi mente.


NT: Mi lista de excusas para haber tardado tanto es,

Exámenes, dramas, Lorien Legacies, The Vampire Diaries, La Ilíada, la película Troya y (admito que me suele pasar) me súper colgué. Sigo teniendo esperanzas de que exista una cura para eso… Bueno, en fin, muchísimas gracias por leer y los veo en el próximo capítulo :)

Publicado: 25-09-17