Hola a todos! Este fic sospecho no será muy largo, además que el contenido tal vez sea algo complicado y no se adapte a todo gusto. Sin embargo, los protagonistas son nuestros personajes preferidos de KSB.

Es un AU y se regirá mas por las emociones humanas en un grado de madurez más allá de la adolescencia, como he tratado en todos mis fics.

Espero hacerlo ameno y entretenido. Más que todo deseo que lo disfruten.

Seres insatisfechos.

Capítulo 1.

Remembranzas.

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Para la mayoría de personas que transitaban por Nagoya, ese día lucía como cualquier otro. Aquella parte de la ciudad se encontraba abarrotada de estudiantes. Los establecimientos todos llenos, la música no se escuchaba lo suficiente, al menos, no más que las pláticas y risas de los jóvenes que divertidos hacían gala de sus mejores máscaras y poses.

Abarrotaban el lugar dispuestos a satisfacerse de algún modo, de pasar un buen momento. Llenar el vacío de sus vidas y salir de la rutina.

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Sin embargo, una persona no lo veía así. Para esta, no era un día como cualquiera, era un día muy especial, anhelado, diferente a los demás. Había esperado años por ese momento y finalmente, ese día había llegado.

Lejos de todo aquel alboroto, en el interior de un café. Donde concurren personas que se reencuentran, se citan para conversar o hasta amantes que disfrutan la cercanía de su pareja. Bastante más serios, se apreciaban en una mesa: una hermosa universitaria de unos veinticuatro años, resaltaban sus cabellos negros, largos y lacios cortados en capas.

Se adornaba con la compañía de un apuesto joven, quizás de la misma edad. Este fumaba y no fijaba su mirada a un sitio en particular y más que otra cosa, parecía evadir la vista que la chica no le quitaba de encima.

La seguridad que el joven proyectaba no pasaba desapercibida, sus cejas fruncidas mostraban algo de molestia ante lo lleno del lugar. En una esquina del café, en otra mesa ocupada de lindas estudiantes de distintos grados, que de vez en cuando lanzaban miradas hacia el chico, se escuchaban risas y se veían rostros sonrojados. Su acompañante, las fulminaba con la mirada; había notado los descarados flirteos dirigidos al joven.

Durante los primeros minutos del añorado encuentro, él no le pudo decir nada lindo, ni tierno, algo que la joven ansiaba escuchar. Ella no le pudo dar una mirada coqueta porque tenía los ojos llenos de sombras de tan gastadas que tenía ya las lágrimas.

La mujer destacaba por bien vestida, sobresalía su deseo de causar la mejor impresión. Y después de beber ambos de sus tazas. La joven con voz decidida, acariciando su labio inferior, término con el suplicio de aquel breve silencio incomodo:

- ¿Sabes que te esperé? Durante cada estación, tres meses por estación.

Varios inviernos aguardé tu regreso, y esos inviernos que sin importarles congelaban mi ser; no lograron derretir el calor en mi corazón que tú despertabas.

Te espere todas las tardes de otoño que violentamente sacudían mi cabello y se llevaban con el viento mis lágrimas, esas lagrimas dirigidas a ti, mientras desojaban los arboles de aquellas hojas secas y pardas.

Te seguí esperando todas las mañanas de verano, que con el fulgente sol, bronceaba mi rostro e irritaba mis ojos. En ocasiones, ni siquiera acepte salir de vacaciones con mi familia.

Aun, en primavera continuaba con mi espera, con mucha más esperanza, por aquello de que en primavera todos se enamoran y yo tonta e ingenua, esperaba que naciera tu amor por mí; sin saber que este jamás existió, que yo era presa de tu olvido.

Recordé tu orgullo y sabía que no deseabas regresar y revivir nada del pasado. Te espere año tras año y cada vez seguir aguardando; me resultaba más doloroso y desesperante -

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Discretamente, el hombre miraba en esos ojos oscuros frente a él ira y tristeza, eran lo que reflejaban. Aquellas palabras sonaron con un volumen rayando a susurros, pero firmes; que lograron impactarlo.

Cuando llego ahí, lo menos que pensaba era escuchar aquellas confesiones. Sus expectativas eran muy distintas, él esperaba un recibimiento alegre y algo escandaloso, pues en sus recuerdos aquella chica solía actuar así, de manera extrovertida. Tampoco esperaba escuchar reproches de algo que él en su mayoría ignoraba, pero todo sucedía de manera inesperada y rápida e intrigado contesto:

- Lo siento, no sabía que tú sufrías de esa manera. Yo siempre te he recordado a ti y a tu familia. ¡Cómo no recordarlos, si siempre me apoyaron de manera tan desinteresada!

Perdóname por favor, si, conforme paso el tiempo ya no te conteste, si ya no te llame. Perdí el contacto por completo, pero no era algo que pudiera evitar..., Es que...es que nunca estoy en casa, normalmente estaba en la universidad y si no te respondía los correos, sucedía porque me encontraba cansado, cargado de trabajo e investigaciones; sé que suena a una excusa. Pero esa es mi única explicación -

Aquella respuesta no la hizo sentir satisfecha, sus esperanzas y anhelos eran otros. Por unos segundos, espero obtener una respuesta estrechamente ligada a sus propios sentimientos. Tristes instantes, tristes momentos y confirmar que el amado joven no sentía lo mismo.

Molesta, evidentemente irritada, acerco su rostro al centro de la mesa, para continuar y sin levantar el tono de su voz cuestiono:

- ¿Llamas a eso una explicación? El día que te fuiste, nunca llegaste al lugar que te cite..., Te confieso que ese día, todo el día pensé en ti; y aunque no aceptaste salir conmigo durante todo el tiempo que estuvimos en la preparatoria, aun guardaba esperanzas ¡ja! ¡Que idiota! Y a pesar de todo, ese día decidí arreglarme más que nunca y preparar los detalles de una cena.

Cocine todos los platillos que sé que te gustan para que fuera una noche romántica y especial para los dos.

Me desperté muy temprano, creo que en realidad, ni siquiera dormí. Fui a ejercitarme y bajé por mi bicicleta. Porque siempre te escuchaba decir, cuando trataba de llevar el auto, que así no contaminaríamos y ayudaría al medio ambiente y al mismo tiempo a mi salud. ¡Tú y tu afán por la naturaleza! Y cuando llegué a mi casa, estaba tan distraída pensando en ti, que cuando sonó el teléfono y eras tú; mi pecho casi estalla de la emoción.

Al escuchar desde donde llamabas, de inmediato entendí que olvidaste por completo la cita. Me hablaste de lo mucho que te dolía irte de la ciudad, que si pudieras evitarlo lo harías y tras escucharte hablar por más de quince minutos; descubrí que habías pasado de ser un gran amigo estimado, a ser la persona que más quería en el mundo..., aunque eso lo sabía desde hacía mucho tiempo.

Que ironía que tuvieras que partir para finalmente aceptar lo que ya sospechaba.

También, me di cuenta, que eres exactamente lo que siempre he querido, lo que siempre busqué en un hombre, haciendo a un lado lo atractivo que eres. Aunque siempre discutes cuando algo no te parece, aunque tienes un genio que casi nadie soporta. Pero al decirme que ya estabas en el aeropuerto y no llegarías; algo dentro de mí se rompió. Esa noche no pare de llorar -

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Él inclino su rostro, sentía una gran pena de ver que su querida amiga padeció por tanto tiempo y en silencio; comprendió que ella estaba sacando todos aquellos sentimientos reprimidos.

No sabía cómo reaccionar ¿tomar su mano? Le pareció algo complicado, no deseaba que ella se sintiera aún más confundida. Porque eso pensó; que simplemente estaba confundida y que no podía sentir de manera tan intensa todo lo que le había confesado. Y menos que después de tanto tiempo sin verse, tuviera el coraje de hablarle de ese modo; sin siquiera parecer un poco cohibida y tomando la iniciativa. Decido volver a disculparse y evitar el contacto.

- No sé, ¿qué puedo decir?..., disculpame, yo no tenía idea. Bueno, sí, un poco quizás, pero no en ese sentido. Siempre fuiste tan atenta y protectora conmigo, siempre al tanto de mis necesidades y si, sabes que soy muy distraído en ese tipo de cosas. Lo lamento -

Ella comprendió que aquel joven, la veía como una parte muy importante de su pasado y que aunque vivió muchos buenos momentos con ella y lo que ahora era su familia; él no deseaba recordar un fragmento doloroso de su pasado. Habían pasado casi siete años desde la última vez que se vieron y no podían ser los mismos, no, la gente cambia, las experiencias, el entorno, las amistades, los intereses se vuelven otros y ellos ahora no eran los mismos. Pero para desgracia de ella, los sentimientos que por él sentía; continuaban siendo los mismos y para aumentar su sufrimiento, aquellos mismos se intensificaban por la enorme atracción física que también la invadía.

No se rendiría tan fácilmente, la vida le había enseñado que ese amor no había pasado en su corazón. Y decidida retomo sus intenciones de conquistarlo. Cual mujer coqueta sonrió dulcemente.

- No te disculpes por favor, mejor cambiemos de tema. Me gustaría escuchar tus historias, los caminos que has andado, las personas que has conocido, si has tenido tropiezos y como te has levantado de ellos. Tus desastres y tus alegrías, tus aciertos y desaciertos.

Si has conseguido todas tus metas y lo más importante; me gustaría escuchar que ya no te iras..., que no volverás a abandonarnos, que al menos en momentos deseabas vernos tanto como nosotros lo deseábamos -

Él comenzó a plantearse preguntas de lo que ella le decía, ¿Los caminos que había transitado? Si después que se fue de Nagoya y llego a Tokio, solo se dedicó a estudiar. Su clara meta a conseguir y fría visión de las cosas, no le permitían desviar el rumbo de sus objetivos.

Comenzar una nueva vida y conocer gente nueva, le pareció demasiado tedioso y por eso lo evitaba ¿Sus tropiezos, desastres y alegrías? Prácticamente le parecían desconocidas esas palabras y más el significado detrás de ellas, con lo brillante que era en los estudios y demás campos, difícilmente experimento fracasos y si es que los tuvo, ni siquiera los noto.

Aprendió a responsabilizarse y resolver la mayoría de las cosas por sí mismo. La vida de Nagoya y Tokio no eran iguales, enfrento mayores retos en esa enorme ciudad llena de bullicio y movimiento.

Las alegrías, esas apenas las percibía y solo las relacionaba a las personas que amaba y pertenecían a su familia, que estos se encontraran bien y que no volvieran a vivir tan terrible perdida. También experimentaba satisfacción, algo que confundía con la alegría cuando sus investigaciones acertaban. Sin embargo, prefirió posponer hablar de esos temas.

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- Te aburriría de lo poco que tengo que contarte, y, además, estoy casi seguro que estas mismas cosas, las querrán conocer en tu casa. ¿Te parece si mejor lo dejamos para mañana que me reúna con tu familia? Yo preferiría que me dijeras ¿cómo han estado todos? Y si decidiste estudiar medicina como siempre lo decías ¿Porque no me hablas más acerca de lo que me he perdido? -

Parecía que escuchaba, pero no, sus pensamientos divagaban por las insatisfacciones de su vida. Él había perdido todo interés por tener amigos, y sin embargo no le faltaban los que se acercaban, tal vez su intelecto, tal vez era que por ser callado lo veían como alguien que sabía escuchar.

Con las mujeres, poco se relacionó con algunas, era imposible que a sus veinticinco años no lo hiciera, al menos para corroborar su capacidad y virilidad. Pero de eso a sentir algún sentimiento por ellas, no había sucedido, no hasta el momento.

Encontraba vacía y vulgar a la mayoría de la gente. Algunas noches bebía en los bares cercanos a la universidad, siempre conversando con algunos compañeros de aula, evitaba emborracharse alguna vez. Los libros lo hacían vivir, en ellos se perdía en su eterna buscada de saber más.

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Ella muy popular en la Universidad, a pesar de siempre soñar con su regreso; llego a salir con algunos chicos. Pero siempre estaba esa insatisfacción, esa negativa de dejarse llevar, ninguno lograba despertar en ella lo que él lograba con su sola presencia, con solo una mirada la atravesaba, la despojaba de sí misma.

Parecía obstinada, si no era él, no sería ninguno. Como si pudiese obligar a alguien a amar, ¿cómo pretender que la amara como ella deseaba que lo hiciera? Para ella era el primero y el último, que no mentía al decir que daría por él su vida entera.

Y ese día lo tenía nuevamente frente a ella, después de tantos días, después de tantos meses, después de tantos años ¿Cómo conquistarlo si parecía alguien inalcanzable y distante?

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En otro punto.

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¡Ese momento!..., aquel, donde muere el ocaso, las aves retornan a sus nidos en los frescos árboles, la luna se asoma, y los gatos en los tejados hacen su arribo. El momento donde la oscuridad es la reina y señora, donde su eterno enamorado el sol descansa.

Cuando al terminar las jornadas de escuela o trabajo, todos corren a buscar como relajarse, como perderse de ese día a día que, si no sabes observarlo y disfrutarlo, sientes el hastío, la insatisfacción y deseas perderte, desahogarte de algún modo.

Vivir fuera de tiempo para olvidar quienes son en realidad. Llenar las horas vacías con aquello que ayude a terminar pronto. Pensando en sacar provecho del tiempo cuando no se siente su paso, cuando este se esfuma ¡Vaya estupidez!

Por fin ha llegado la noche, se ha sobrevivido a otro día. Sean llenado las horas, pasa otro día sin sentirlo; tan fácil, se pierde la vida. No todos escogen la mejor manera para hacerlo, pero de alguna forma; lo intentan. Vivir.

Y allí, en la puerta del Bar donde es todo alegría, donde convergen nuevos conocidos; se asoma el muchacho alegre. El de pícara mirada, el más alto del sitio, el más popular. El que todos aprecian por bonachón y alma solidaria, por buen amigo, porque aun sin esforzarse siempre destaca, de lucha inagotable y por consiguiente; eterna.

Que en su fabula de sueños e ilusiones rotas, no desfallece.

Todos lo miran, todos lo conocen. Pero sus pensamientos constantemente se transportan a otra época de su vida. Cuando juntos parecían amarse, cuando juntos discutían hasta por pequeños detalles carentes de importancia. ¿Cómo olvidar aquel tiempo? Si fue cuando más vivo se sintió. Ahora su mente solo podía preguntarse si su corazón alguna vez sanaría, si existía alguien a quien podría amar más que a su ex.

El rostro que todos veían era solo una fachada, al igual que la mayoría de los seres humanos; vivía insatisfecho.

La gran cantidad de cosas que se había propuesto, había logrado realizarlas. Sus escasos veintitrés años, no fueron un obstáculo para actuar con madurez, para tomar decisiones.

Una carrera a punto de finalizar, un empleo casi seguro que comenzaría inmediatamente después de graduarse y que con el entrenamiento, ya le redituaba ganancias, una buena relación con su familia y amigos que tenía por montones ¡Que paradoja! Lo que más anhelaba su alma, no lo poseía y una vez más se encontraba en aquel lugar.

Nunca le faltaba con quien conversar, eran tan bueno en ello y aunque parecía buscar a alguien; nadie lograba estar a la altura. Pero bajo esa fachada se distraía de su propia infelicidad.

Se enteró que ese día regresaba, tenía tanto tiempo sin ver aquel rostro, sin escuchar sus escandalosas risas

¿Cuánto tiempo había perdido buscando su rastro? Encontrarse y perderse, olvidarse del tiempo, cumplir el sueño de comprobar que ya no sentía nada y sanar esas viejas cicatrices, no anhelar estar a su lado cuando se presentaran las nuevas, ni ser su aliado.

Estaba seguro que ya no le provocaba temor ver en el fondo de sus ojos. Sabía jugársela, solo dos opciones: ganar o perder. Su alma nocturna que ansiaba esa vida e inventarse el amor por un momento, por una eternidad. Solo esperar.

No corrió a su encuentro, lleno de seguridad y aplomo, no sintió esa necesidad.

Había también recibido la llamada de su hermana adoptiva quien lo turbo más al decirle que ella en esos precisos momentos estaba con una persona muy amada, alguien del que siempre le hablo en sus días de preparatoria.

No le importo mantener esa conversación, corto la llamada y fue directo a su refugio. Siempre muy bien recibido por el master principal y anfitrión, a quien ahora miraba.

El sujeto detrás de la barra, estaba acostumbrado a seguirles la corriente a todos los borrachos.

Desgraciadamente, era parte del trabajo. La mayoría contaba historias de glorias y triunfos pasados. Fanfarroneaban diciendo que habían sido grandes artistas, políticos, escritores famosos, empresarios, o lo que se les ocurriera. Se excusaban de manera débil, lloriqueando que un mal giro del destino los había convertido en lo que eran ahora: fracasados profesionales que se arrastran al bar cada noche con la esperanza de ahogar sus penas en alguna botella, barata o buena. Según lo que llevaran en sus bolsillos.

Pero aquel a quien tenía enfrente, lo veía diferente, muy distinto. El joven atractivo y alto, jamás se emborrachaba; siempre tenía presente su límite de copas, cuatro, siempre que aparecía se detenía en la cuarta y se despedía; era como un ritual.

Extrañamente esa noche ya llevaba seis. Tampoco era un cliente frecuente, tal vez, una o dos veces al mes aparecía. Sentir la mirada de su amigo que preparaba bebidas, logro hacer que retomara su presente, con singular entusiasmo y dispuesto a embriagarse; alzo sus brazos y a voz de protesta solicito:

- ¡Me estas olvidando! ¿Que no vez vacío mi vaso? ¡Llenalo! ¡Qué esperas! -

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Así, el comienzo de esta historia. Pueden comenzar a deducir que pasara. Me gustaría saber de qué creen que va este fic. Saludos.

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