Prólogo Capítulo 1

Querido diario,

Debería existir alguna palabra adecuada para esa mezcla de indiferencia y asco colectivo. Pero para ilustrarla con una imagen, alcanzaría con el pasillo de la secundaria cuando me ven pasar.

Es horrible ser la chica nueva en el colegio. Pero ser la chica nueva con buen culo, la de la foto en ropa interior, la puta es horrible, y apesta. Mi vida era más sencilla cuando era desconocida, antes de que me peleara con Jessica y Alex, no como ahora todo el mundo me conoce por las razones equivocadas.

Me encantaría tener la mitad de la diversión que todo el mundo cree que tengo. Me gustaría tenerla con alguien que me respete también.

Para colmo, extraño a Kat horriblemente. Hablamos seguido, sí, pero ya no es lo mismo que antes. Ojalá pudiera ser ella… fuerte, segura, inteligente. Ella sabría qué hacer. Pero ya no la tengo más cerca mío. Ojalá podamos irnos juntas a NY en la universidad.

El cine es mi refugio, y el chico nuevo, Clay, es un buen compañero. Podría ser algo más pero… no, mejor no me ilusiono. La foto con Justin fue el principio del fin de mi reputación; él no estaría nunca con la fácil del colegio. Y no voy a a dejar que mi necesidad de compañía lo destruya a él también.

En clases hoy pensaba… que pasaría si desaparezco? ¿Si me muero? ¿Dejarían de hablar de mí? ¿Los escucharía desde el otro lado?

Ojalá le importara a alguien.

Hannah

Capítulo 1

Era un hermoso día en la ciudad de Crestmont. Tan soleado y templado como puede ser un día de primavera en una ciudad de U.S.A, un gran día para merendar un sándwich en el parque antes de entrar a trabajar en el cine. Clay se encontraba disfrutando de su merienda alejado del resto de la gente.

Como siempre, prefería evitar la gente… especialmente la de la escuela. No, este era su momento del día, donde puede ahorrarse esa jerarquía de atleta-consejero estudiantil-estudiante llano y esa carrera de "tenerbuenasnotasparairaunabuenauniversidadporquesinovoyafracasarenlavida".

Tampoco se encuentra mal ubicado en esa jerarquía, no. Está en el consejo de estudiantes, a fuerza de buenas notas obtenidas con estudio y a fuerza de buena conducta obtenida con una sensatez impropia de su edad. De mantenerse así, alejado de los problemas y con su disciplina intacta, fácilmente conseguiría una vacante en alguna universidad de prestigio..

Mientras tanto, a trabajar en el cine. Con Hannah. Ella. O mejor dicho, La Chica. Obvio… su subconsciente dice una cosa. Pero, ¿cómo podría salir él con una ex de Justin? No es porque le preocupen los rumores… todo el año pasado la escuela estuvo llena de historias repletas de detalles tan escabrosos como imaginarios sobre su sexualidad. No, su cerebro racional se rebela. Una chica que haya salido con alguien como Justin no podría estar con él. No tiene nada para ofrecerle a alguien así.

Sin embargo, cuando La Chica sonríe, sus dientes blanquísimos y sus ojos azules iluminan la más oscura de las depresiones adolescentes. No sé si estoy enamorado, pensó, aunque es preciosa, y muy inteligente para contestar. Las conversaciones que tenían en los recesos del trabajo le recordaban a las que tenía con Tony, aunque Hannah era mucho más desafiante, sin ser grosera. Cada vez que hablaban, era como un ajedrez verbal, entretenido pero competitivo a la vez, y siempre terminaba con risas entre ellos.

Un zumbido interrumpe sus cavilaciones. No un zumbido de abeja, sino el humhumhumhum de un celular sonando en el piso. Un celular gris, con bordes negros y pantalla monocromática. Una antigualla.

Lo recoge extrañado. ¿Debería atender? Si atiendo, estaría invadiendo la intimidad de una persona, piensa. ¿Y si alguien lo dejó adrede para que lo atienda?

En ese dilema moral se encontraba cuando apareció caminando un hombre de unos 50 años. Calvo. No, no calvo, con su cabeza afeitada y una barba candado castaña prolija. Con chaqueta caqui, camisa verde, pantalón marrón y zapatos. Un hombre que podría pasar como El Hombre Más Común del Mundo.

-Gracias por encontrar mi celular, muchacho- dice el hombre más común del mundo con una sonrisa.

-De nada señor-. musita un desconcertado Clay.

-Estaba disfrutando el día igual que tú, y se me cayó. ¿Vives por aquí cerca?-

-Sí señor-. Qué querría este hombre? Espero que trate de tener algo conmigo, pensó el chico. Le habían contado historias de hombres mayores que perseguían adolescentes para tener sexo con ellos. Pero este no era el caso. No parecía tener ese tipo de interés al menos. Los rumores sobre su sexualidad, después de todo, se habían aquietado.

-Te molesta si te hago algunas preguntas? Quiero comprar una casa en Crestmont.-

Y así Clay conoció a Walter. Le pareció un hombre amable y educado, con mujer y dos hijos, uno por venir. Por su vocabulario, probablemente fuera un científico o algo así, aunque dijo que era dueño de una serie de pequeños negocios en su ciudad. Definitivamente no estaba vestido como un CEO. Y quería comprar una propiedad en Crestmont.

También Walter conoció a Clay. Le recordó de su adolescencia, dura como todas las adolescencias de las personas apasionadas por algo, y de los posibles caminos que podría haber tomado. El efecto mariposa. ¿Hubiera enfermado de cáncer si se hubiera dedicado a la matemática o a la cocina oriental? ¿Hubiera triunfado en los negocios (los legales al menos) si se hubiera quedado con su socio? ¿Sería feliz hoy con Gretchen? Su relación con Skyler era tensa como la cuerda de un piano y había estado así desde hace años.

Heisenberg, bueno, vio una oportunidad de sacar datos sobre la magnífica oportunidad de negocios y su competidor local. No existía la afinidad ni la empatía en el negocio del imperio.

-Porqué quiere vivir en Crestmont, señor?- preguntó Clay -No es gran cosa esta ciudad-.

-No, muchacho- respondieron al unísono el Diablo Azul y el Hombre Más Común del Mundo -Es una gran ciudad. Creo que necesita ser explotada al máximo. Te molestaría contarme algunas cosas de este lugar?-.

Clay le contó de Crestmont. Del cine, de las casas de los millonarios colina arriba, del café Monet y de todos los negocios y escuelas. El Hombre Más Común del Mundo absorbía todos los datos con avidez. Parecía realmente interesado, sobre todo en los detalles.

-Pero piensa poner un negocio también?-

-No, en absoluto. Pero quizás alguno de mis socios lo haga.-

-Se van a fundir. Esta ciudad es horrible. Todos nos conocemos y la gente vive comentando cosas de los demás.-

-Oh… me imagino- suspiró Walter - Seguramente cuando pongan un negocio y compre mi casa la gente diga que soy un narcotraficante, no?- y lanzó una carcajada.

Su risa era contagiosa, inusual en los cincuentenarios que Clay había conocido. La risa de un hombre viviendo la vida al máximo de sus posibilidades, y por un momento Clay sintió envidia. Hasta que esa risa se cortó abruptamente por un ataque de tos seca que encorvó a Walter como un anciano. Clay sacó con torpeza una botella de agua de su mochila mientras el Hombre Más Común del Mundo se golpeaba el pecho.

-Está bien señor?- preguntó Clay mientras alcanzaba el agua

-Sí muchacho. Estoy mejor. Gracias- dijo Walter, recuperando el aliento.

-Está enfermo?-

-Lo estuve. Cáncer de pulmón. Pero ya estoy curado… tuve mucha suerte.-

-Guau- dijo Clay con admiración .

-La vida, mientras continúa, esta llena de chances. Inclusive en una ciudad como ésta. Puede que algún día vaya a tu cine.- dijo, levantándose.

Le devolvió la botella de agua al joven y le dio la mano. Un apretón fuerte, sólido. No la clase de apretón que uno da de compromiso, sino un apretón que hace caminar más erguido al que lo recibe.

-Vive al máximo muchacho. La muerte nos alcanza a todos, y lo único que cuenta es haber vivido.

Se puso un sombrerito casi cómico, que Clay reconoció como del estilo "porkpie" y se alejó silbando por el parque, bajo un cielo azul sin nubes.

Que hombre tan agradable, pensó Clay. Espero cruzármelo de vuelta.

-X-

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