Prólogo Capítulo 9

Lainie Jensen estaba en el hospital, en la cafetería. Tony estaba con ella; su marido se había ido a dormir a su casa y la chica que había permanecido al lado del mejor amigo de su hijo se había ido con sus padres.

No sabía que su hijo tenía tantos amigos. Conocía a Tony, y Clay le había hablado de Jeff. Ambos estaban acompañados de chicas; una de ellas, la acomodadora del cine, no paraba de pedirle perdón.

Habían sido 96 horas de poquísimo sueño. Clay, su bebé, su hijo único había ido a una fiesta. Percibió el perfume cuando le dio un beso de despedida y sintió celos; quizás alguna adolescente lujuriosa anduviera rondando a su tesoro.

Cuando llegó al hospital ya estaba en la mesa de operaciones. La operación había sido un éxito, pero la pérdida de sangre era masiva y las existencias de ese tipo y factor (0+) eran muy bajas. Las hemorragias internas del adolescente lo habían llevado al borde de la muerte y si bien estaban suturadas, no había suficiente sangre en el nosocomio para él.

Entre llantos, Hannah le contó todo. Cómo Clay había trepado un tejado para rescatarla y a dos personas más mientras ella estaba paralizada por el miedo, y cómo se había quedado para cubrir la huida. Como se había dado de lo que estaba pasando antes que nadie y le avisó a Tony, que se encargó de explotar las motos con gasolina de su coche. Si no hubiera sido por eso, quizás la masacre hubiera sido aún peor.

Su hijo era un héroe. Pero ella no quería un héroe ni un mártir. Quería tenerlo de vuelta, prepararle el desayuno, llevarlo a la escuela, verlo crecer, graduarse, casarse y darle nietos.

Recordó a Hannah y la envidia le pinchó el corazón. Era la novia de Clay, o algo así; ojalá sus novios de la secundaria hubieran sido como su hijo. De alguna manera, había decidido que la adolescente era una buena razón para morir.

Justo cuando el stock de sangre que el muchacho necesitaba estaba en su mínimo, llegó un donante anónimo, 0+. Entró y se fue como un fantasma, a Lainie le hubiera gustado agradecerle pero le fue imposible.

Clay recibió la transfusión y dos días después fue transferido a terapia intermedia.

Capítulo 9

Sus ojos fueron adaptándose a la luz de a poco. La habitación estaba iluminada suavemente, pero de todas maneras la vista le dolía. Sentía una calidez extraña y un perfume familiar, con notas de vainilla y flores, por encima del olor a antisépticos.

No estaba más en el limbo oscuro; esto era una habitación de hospital. La garganta le dolía y le raspaba. Estaba recostado, con una mujer mayor sentada en una silla tomándole la mano a su derecha y una adolescente recostada a su izquierda. La cama era bastante amplia para ser de una clínica, aunque la chica dormía muy pegada a su lado, con la cabeza sobre su pecho.

Respiró por la nariz y el aroma lo terminó de despertar. Abrió los ojos totalmente y las reconoció; estaba con su madre y Hannah. Trató de moverse y el abdomen le envió puntadas de dolor a todo su cuerpo. No pudo levantarse, pero alcanzó para despertar a su chica, que se incorporó y lo miró fijamente. Los ojos azules brillaban más que nunca.

-Oh, Casco…- y no pudo decir más. Un torrente de besos, agradecimientos y disculpas aturdió al joven convalesciente.

-Te eché y volviste… me salvaste… nos salvaste a todos.-dijo llorando.

Su madre se despertó súbitamente y contempló la escena con lágrimas en los ojos.

-Estás castigado por mucho tiempo- dijo, y su voz se quebró.-Los dos, Hannah Baker. Voy a hablar con tus …- y abrazó a su hijo y a La Chica.

Eran las cuatro de la madrugada, pero hablaron hasta entrado el mediodía. Había estado una semana internado, la mayoría de ese tiempo en terapia intensiva. Crestmont había sido una zona de guerra la noche de la fiesta; habían baleado negocios del padre de Bryce y asesinado a algunas personas, entre ellas a la madre de Justin y su pareja Seth, un dealer. Los motociclistas se habían ensañado particularmente con la fiesta y habían matado a cinco chicos además de Bryce; ninguna de las otras víctimas era blanca.

Zach y Ryan estaban muertos para cuando llegaron las ambulancias.

El detalle de la munición lo asustó: habían empleado balas expandibles, eso explicó la explosión de la cabeza del violador. Recordó la cruz clavada en la pared de la habitación. El tiro lo había atravesado y la bala se había expandido en la pared. Si hubiera entrado en alguna parte de su cuerpo que opusiera resistencia, la munición habría explotado dentro de él y estaría tan muerto como sus tres compañeros.

Jeff pudo refugiarse en la casa de al lado con Sherri; probablemente eso les salvó la vida a los dos. Se puso contento por ambos. Jessica estuvo en observación en el hospital bajo asistencia psicológica y psiquiátrica. Justin había conseguido sacarlas a las dos, y lo bendijo por eso, aunque en este momento estaba durmiendo en un hogar sustituto: con 16 años, no tenía forma de valerse por sí mismo. Una idea nació en su cerebro; no lo iba a abandonar.

Tony, bueno, fue otro héroe de la noche. Había llegado a la fiesta justo para escuchar el tiroteo desde la vereda. Los neonazis habían dejado sus motocicletas en el patio sin custodia, así que simplemente roció sus vehículos con nafta y los incendió. Los criminales escaparon en una camioneta que robaron de una casa cercana, pero se tirotearon con el sherrif Standall y su equipo; ninguno vivió para contarlo.

-Mamá, ya sé que estoy castigado, pero quiero pedirte algo. Quiero que Justin Foley se quede con nosotros el tiempo que haga falta.

-Pero corazón…

-Él me ayudó a salvar a Hannah y a Jessica y podría haber muerto también. Está solo en el mundo, y no voy a abandonarlo ahora.- ordenó Clay, con voz fuerte y clara.

Hannah sintió una puntada de dolor. Justin era el tipo que había destruido su reputación con esos rumores, y no deseaba tenerlo cerca de Casco, aunque tenía razón. Recordó cómo Justin la ayudó a saltar la cerca esa noche fatídica. Quizás este no era el momento de seguir en el pasado; si fuera por ella, estaban a mano.

Se miraron a los ojos, de forma profunda e intensa. Se sintió avergonzado; Hannah estaba perfecta, como siempre. El en cambio, estaba con su bata de hospital y lleno de tuberías conectadas a sus venas. Un parche de gasa cubría el lado izquierdo de su abdomen. Su apariencia no estaba a la altura de todo lo que quería decirle; pero tampoco podía esperar más.

-Voy a llamar a tu padre. Ya está enterado de que despertaste, y va a venir a quedarse a la tarde. En unos momentos te traerán el desayuno- dijo Lainie, corriéndose convenientemente del medio de su hijo y la chica de sus sueños.

No la conozco, pensó, pero me gusta para Clay. Es linda, inteligente, y se quedó toda la semana en el hospital. Se habían vuelto bastante amigas, aunque al principio le tenía algo de celos. Después de todo, era la chica por la cual su hijo había decidido morir, y no se imaginaba enterrando a su bebé.

Hannah se sentó en la cama, mientras Clay tomaba su mano.

-Hannah, perdón. Por todo-

-No, yo soy la que tendría que pedirte disculpas. Yo te eché y volviste para salvarme- dijo la chica, empezando a llorar.

-No, no… fui yo el que no se atrevió a invitarte a salir antes. Además dije cosas que no estuvieron bien cuando fue lo de la lista. Y te presioné demasiado en la habitación de Jessica.- dijo, incorporándose- Te amo.

El dolor en su costado fue intenso, pero no le importó. Acercó su rostro al de la chica y miró de vuelta esos ojos azules, la imagen que se hubiera llevado al infierno mismo y que ahora llevaría el resto de su vida. La besó suavemente en los labios y la abrazó suavemente.

La Chica, Su Chica, respondió al beso. No fue un beso lleno de lujuria y alcohol como el de esa noche, sino lleno de sentimientos. Se abrazaron más fuerte. Por un momento sus demonios retrocedieron y se sintió contenida, amada. Así tendría que haber sido desde el principio.

-Yo también. Ojalá te mereciera, Clay. No hubiera soportado que murieras por mi…-

La Chica sintió que un dique se rompía adentro suyo, y comenzó a hablar de todo. De lo sola que se sentía desde que Kat se había mudado, de la foto con Justin, de la lista infame, de su pelea con Jessica, de las fotos con Courtney, de la indiferencia, del rechazo, de los comentarios.

Entre llantos, el demonio más grande, ese que amenazaba con degollarla en la visión del limbo, salió a la luz.

-A veces pienso que si muriera, todos estaríamos mejor. Si yo hubiera muerto, no estarías en esta cama de hospital.

-Mira, Hannah… nunca estuviste sola. Siempre me tuviste, desde el día cero. Y además está Tony, el grupo de poesía, tus padres… si no estuvieras, nos destrozarías a todos. Yo no lo toleraría.

Las palabras de Clay, ya un hombre forjado en el plomo y el fuego, reconfortaron a La Chica.

-Necesitas ayuda, más de la que yo puedo darte.-continuó- Cuando era chico, tenía trastornos de ansiedad graves. Fui a un doctor, me medicaron y pude aprender a vivir con eso. Quiero que vayas a verlo, y si hace falta voy a acompañarte en cuanto tenga el alta.

Tenía sentimientos encontrados. Amaba a Clay, ahora lo sabía. Pero le chocaba la idea de ir a un médico. Sin embargo, sí había funcionado para él, tenía que darle una oportunidad. Ya no por ella, sino por toda la gente que la rodeaba.

-Está bien. Pero si me prometes que me vas a acompañar.

-Siempre. En esta vida, y en la que sigue.- contestó Clay. Un aullido retumbó en su cerebro.

-X-

Cierre: "Dreams", The Cranberries