Dolor

Era una broma. Una maldita y condenada broma. Una macabra.

Cedric no estaba muerto, ese cuerpo tieso y frío en la camilla tan impersonal de la enfermería no correspondía con su amigo.

El castaño aparecería en cualquier momento, con la sonrisa en los labios diciendo que estaba bien y que no debía preocuparse.

Pero las horas pasaban y la realidad estaba empezando a golpearlo con una fuerza que lo apabullaba, demostrándole que la vida puede ser una verdadera maldita cuando se lo propone.

El corazón le dolía horrores, los lagrimales se habían quedado sin lágrimas hacía horas y todavía no podía encontrarle un sentido a lo que estaba sucediendo.

Deberían haber evitado el torneo si sabían que podía ser tan peligroso como para poner la vida de sus participantes en riesgo. Deberían incluso haber evitado que Harry Potter participara, y tal vez de esa manera Cedric todavía seguiría vivo.

Sin embargo aquello no era así y ya no podían hacer nada más que lamentarse.

Por desgracia, el hombre del que estaba enamorado no volvería a hablarle, besarlo, o cualquier otra cosa, y a Heidi aquello lo destrozaba.

Ya no tenía ganas de seguir vivo sin esos ojos grises y esos ojos castaños para iluminarle el día a día.