N/A: ¡Hola! Aish, ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que actualicé, soy una vergüenza para mis vacas. Pero estamos en cuarentena y como tal, me vi con tiempo de sobra para dedicarme un rato al frikismo, que no pierdo nada. Si supieran que este capítulo está escrito desde agosto de 2017 me ahorcarían, pero pasaron cosas XD En realidad, pasó el tiempo y empecé a sentirme insegura con esta historia, comenzó a no gustarme y fui encontrándole más y más defectos hasta que la dejé en el olvido. Pero aquí estamos hoy, con una nueva actualización porque me estuvieron llegando algunas reviews y me dio tanta nostalgia que decidí actualizar.

No hay mucho por comentar, es un capítulo corto. Mientras lo releía me reía mucho, pareciera que quería imitar Cincuenta sombras de Grey y ni siquiera leí ese libro. En realidad no estoy leyendo novela romántica hace años así que le perdí el hilo a todo lo sentimental, por eso cada vez que pienso en este fanfic, pienso en él como algo muy cursi, y es que me volví un poco anti-amor con el tiempo. Lo que sí me inquietó al releer este capítulo es la racionalidad enfermante que le di Byakuya, es mi fiel reflejo en este fanfic y les pido perdón por eso, mi mente piensa y piensa.

Como dije, el capítulo es corto así que si seguimos en cuarentena, espero poder publicar el siguiente dentro de quince o veinte días (no quiero chicanear, pero si dejan reviews eso motiva mucho, muchísimo, un montón). No tengo idea de cómo estará la página de FanFiction actualmente ni de qué fandoms puntean entre los más productivos. Ahora que lo pienso, podría aprovechar el tiempo para leer algún manga. Escucho recomendaciones :)

Les mando un beso y espero que la entrega les agrade, o al menos los entretenga por un rato. Disculpen por los posibles errores y gracias por leer.

Aclaración: El título del capítulo es el nombre de la canción (en ingles) a que se alude al final del mismo.

Disclaimer: Bleach y todos sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


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¿Podré darte lo que necesitas?

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Era una lucha sofocante: el cuerpo de Rukia se debatía entre el deseo y el terror, emociones oscuras y polarizadas que se agitaban en su centro. Los dedos de Byakuya tanteando la tela de sus bragas la estaban encendiendo pero al mismo tiempo, el tacto acompañado por su mirada demandante y celosa la oprimía… incluso la aterraba.

No me gusta compartir…

A Byakuya le disgustaba absolutamente este llamado, Rukia pudo notarlo sin dificultad. El tipo quería que su atención estuviera puesta solamente en él y no en Kaien-dono. La postura de su cuerpo y la expresión de su rostro se lo estaban exigiendo, la estaban doblegando... Era insoportable, esta situación estaba obnubilándola.

—Sí, escucho… —Kaien indagó acerca de alguna reserva tomada por Rukia para esa noche y la joven en realidad tuvo que esforzarse mucho en poner atención, los dedos de Byakuya le estaban acariciando la entrepierna por encima de la tela de una manera para nada recatada. Su mirada, oh, cielos, tenía que colgar este llamado… —N-No, es a las nueve y media… Sí, es para Masaoka… Sí, así es…

No lo soportaba. Sus caricias la estaban consumiendo.

—Mesa para seis, sí… —Era imposible continuar hablando. Los dedos de Byakuya estaban jugueteando sin piedad con el elástico de la tela estirándolo hacia arriba, dejando la piel de su intimidad al aire y soltándolo con un chasquido que hacía estremecer esa zona tan sensible de su cuerpo—. Entiendo, lo olvidé… Lo siento de verdad, Kaien-dono…

No, realmente no podía seguir soportándolo. Los dedos de ese hombre estaban acariciándole la ingle y parte de su zona íntima con una presión demasiado contundente, y otra vez volvía a estirar el elástico de sus bragas, la piel de su cuerpo expuesta… Era demasiado.

—Sí, lo sé… Mis más sinceras disculpas… Kaien-dono…

Ya no podía más: Byakuya le dio una fuerte caricia con la mano entera a lo largo de toda su zona íntima, sus dedos presionándola y abarcándola por completo mientras dejaba que su respiración se agitara contra su cuello. Era un mensaje demasiado cabal y cuando Rukia se percató de ello, se estremeció: Byakuya no toleraba escuchar ese nombre.

Fue entonces cuando recordó.

Espero mi orden… El filo de su mirada apuntándola.

Pareces muy territorial con respecto a este lugar...

¿Te gusta tu trabajo…? ¿Qué clase de vínculos…?

¿Qué clase de relación tienes con tu patrón…?

¿Te gusta? Ese sitio…

Byakuya lo sospechaba, era evidente. Byakuya sospechaba que a ella le gustaba Kaien-dono. Rukia no entendía cómo ni por qué pero estaba claro que él había advertido algo, este recelo sutil que él había empezado a manifestar lo sugería. ¿O es que se lo estaba imaginando? De cualquier forma la intuición de una mujer nunca fallaba: que a Byakuya le molestaba que ella mencionara a Kaien-dono era demasiado patente. Y sin embargo… ¿debía preocuparse? En esos instantes el único que ocupaba su mente era él, ahora no había espacio para Kaien-dono. Las manos de Byakuya hacían que se olvidara del mundo.

Finalmente sus dedos se inmiscuyeron por debajo de las bragas y comenzaron a tantear con presteza la cálida extensión de su parte íntima. Y su mirada, oh cielos, él la estaba reclamando… Estaba reclamándola absolutamente, no se podía dudar. El pecho de Rukia se infló, no pudo continuar sosteniendo ese llamado. Kaien-dono se despidió al otro lado de la línea y sin que pudiera devolverle una sola palabra, Rukia colgó y dejó que el aparato cayera al suelo.

Los dedos de Byakuya continuaron realizando su trabajo, probando al tacto la textura de sus flujos. Rukia lo contempló sofocada: la camisa deshecha y el pelo desordenado, la expresión de su rostro todavía despótica, la fragancia de su pecho embotándola, la imagen de su cuerpo entero hundiéndola… Por todos los cielos, esto era demasiado.

—Byakuya…

—¿Qué pasa…? —la provocó él, todavía acariciándola y mirándola fijo, su tono de voz fue como un siseo dulce y asimismo cruel. Los brazos de Rukia perdieron fuerza y un gemido intenso producido por su boca copó el espacio del coche. No podía pensar, él la había abnegado en su totalidad.

Byakuya frotó entre sus piernas aumentando la intensidad de los movimientos: eran lentos pero consistentes, primorosos y desgarradores. Rukia estaba tan húmeda… tan húmeda para él, y sólo para él. Esperándolo, pidiéndolo. La expresión de su rostro era de un irrefutable placer, estaba nada menos que rendida al deseo. Rukia realmente lo deseaba, no había lugar para la duda.

Acentuó las caricias de arriba hacia abajo a lo largo de su entrepierna, estaba tan húmeda y caliente. Sus dedos conocieron la forma dilatada de su centro y le arrancaron gemidos provocados solamente por él. Tan húmeda, tan húmeda... Cómo sería su sabor, pensó, debía de ser un néctar exquisito.

Se deslizó sobre su cuerpo para volver a besarle la barriga y por fin introdujo un dedo en su círculo. Su carne era como la manteca: suave y blanda. Rukia gimió con mayor intensidad, la voz empapada de placer. Elevó una pierna tratando de envolver su torso y atraerlo más contra sí.

—Sí… Sí…

Sí, ella quería esto y lo quería de él. Byakuya introdujo otro dedo y comenzó a moverlos dentro de su centro buscando el ritmo más convincente, ensayando la presión y la velocidad adecuadas. Era definitivo, él iba a hacer que Rukia olvidara a ese sujeto. Ya lo tenía decidido y podía decir que en ese momento lo estaba logrando: el deseo de Rukia sería solamente suyo. Introdujo un dedo más.

—Oh, cielos… Byakuya…

Oh, sus manos pequeñas y salvajes… Qué chica impertinente, estaba restregándole el pelo. Sí, realmente le gustaba este salvajismo, nunca había experimentado tal placer ante la manifestación de semejante fuerza primitiva. Pero eso era lo que ella era al final de cuentas: naturaleza en estado puro, incontrolable y ahora exclusivamente rendida a su merced, y él, asimismo, rendido a la suya. El deseo de Rukia se revelaba tan imponente que también lo subyugaba.

—Rukia… —musitó el nombre sobre la piel de su ombligo, delicado y delicioso. Estaba tan húmeda, tan lista allí abajo... Y sólo para él, nada más que para él.

No había sido de esta forma con Yoruichi, ni con Sayuri o con Aika, ni siquiera con Hisana. Nadie lo había hecho sucumbir de esta forma, nadie lo había rebajado a este inconcebible salvajismo. Él jamás había concebido la idea de hacerlo dentro del coche, hacerlo hubiera constituido un acto estrictamente inapropiado, absolutamente censurable y sobre todo indecoroso, incluso antihigiénico. Y ahora… ahora quería tomarla allí, se estaba contagiando de esa barbarie dulce y descomunal que lo seducía y lo torcía, que lo llamaba de mil maneras a desatarse.

Aquella chica lo empujaba violentamente hacia una libertad que se sentía abismal.

Siguió moviendo los dedos hacia dentro y hacia fuera con la mirada absorta en la expresión placentera de su rostro. Estaba apretada, sus paredes muy constreñidas, al parecer llevaba algún tiempo sin hacerlo con alguien. ¿Cuántos habrían sido antes de él? ¿Aún hablaba con ellos? Quizás ni siquiera importara preguntárselo.

Rukia realmente lo había descolocado. Y ahora eran sus uñas violentas y feroces las que habían empezado a tirar de su pelo provocando un hormigueo en su espina dorsal. Una atención demasiado certera la suya: Byakuya entonces decidió que era momento de pasar al siguiente escenario.

No obstante, otra vez volvió a sonar el teléfono y sólo recién ambos se dieron cuenta de que había empezado a llover más fuerte. Rukia estiró el brazo para recoger el aparato del suelo y echó un vistazo al remitente: esta vez era un llamado de oba-san.

—Oba-san…

Byakuya, al oír que se trataba de su tía, interrumpió la actividad y mientras Rukia atendía el llamado aprovechó para tomar aire; ese vehículo estaba hecho un calor de estío.

—Oh, es cierto —Rukia se sobresaltó—, lo olvidé por completo. Está bien, enseguida voy —Colgó la línea y comenzó a recomponerse la ropa con la respiración todavía agitada, su rostro azorado. Byakuya le dirigió una mirada confundida—. Tengo que regresar a casa… —alegó, su expresión poco a poco retrayéndose—. Oba-san organizó una cena íntima y lo olvidé.

La mirada de Byakuya era tan expresiva que Rukia casi no lo pudo creer. En su rostro había un trazo de desilusión que era inconfundible. Él guardó silencio mientras intentaba sosegarse.

Los dos permanecieron largos segundos sin decirse nada hasta que Byakuya finalmente asintió. En el fondo, Rukia sintió que algo se removía dentro de ella.

—Rukia —musitó él de un momento a otro—. Esto no es un pasatiempo. Realmente me gustas.

En el rostro de Rukia hubo una agitación diminuta pero palpable, una reacción que dejaba ver que esas palabras la habían tocado. Algo se sintió distinto dentro de sí y fue entonces cuando tomó consciencia de lo lejos que había llegado: había estado, incluso podía decirse que todavía lo estaba, dispuesta a entregarse a él sin ninguno de los prejuicios típicos que solía tener siempre. Ella y Byakuya habían llegado a ese nivel de intimidad en muy poco tiempo cuando nunca antes lo hubiera hecho de esa manera con nadie.

Una avalancha de sentimientos encontrados se deslizó sobre ella, tanto buenos como malos. ¿Cómo pudo haber perdido los estribos con él? ¿Y por segunda vez, llegando hasta este punto? ¿Acaso acababa de desvalorizarse sucumbiendo al deseo de esta manera o en realidad esto era algo normal y era ella quien se empeñaba en reprimirse todo el tiempo?

Byakuya la estaba mirando de una forma tan emocional que Rukia se sentía derretirse y aun así… simplemente no podía decir nada. Sintió miedo. Era evidente que algo no iba bien consigo misma y que tenía que resolverlo cuanto antes. Además esto no tenía nada que ver con Byakuya ni con Kaien-dono, eran inseguridades estrictamente personales.

Tenía tiempo sin experimentar ese tipo de sensaciones. Se encogió de hombros sin saber bien qué responderle, todo esto era demasiado nuevo e inesperado para ella.

Sin embargo, Byakuya aún no había terminado de hablar.

—No me malinterpretes —dijo—. Lo que quiero decirte es que lo que acaba de acontecer entre los dos no se trata de un simple entretenimiento para mí, más no tengo intenciones de presionarte. Aun así, esperaré. A menos que me detengas, lo intentaré las veces que haga falta. Eso es todo.

A Rukia entonces le pareció que, dada la franqueza de sus palabras, le estaba debiendo una buena dosis de consideración a ese hombre, Byakuya era un caballero con todas las letras y con esas palabras había llegado a sosegar un poco su agitado corazón. Por lo tanto, meneó la cabeza en señal de gratitud y luego, cuando se corrió en el asiento para continuar vistiéndose y no le quedó más opción que reflexionar, cayó en la cuenta —casi estruendosamente— de que Kuchiki Byakuya iba realmente en serio con ella y que esto no era ningún juego para él.

Era terrible… Byakuya se había interesado genuinamente desde el principio y ella no había hecho más que utilizarlo para olvidar sus ridículos sentimientos por Kaien-dono. Quería salir corriendo cuanto antes de allí, se sentía culpable y fatal.

Una vez que ambos se reubicaron en los asientos frontales, el motor del coche arrancó y el bello paisaje nocturno de aquel predio de árboles blancos sacudidos por la lluvia comenzó a alejarse de sus vistas. El parabrisas se balanceaba de un lado a otro sobre el vidrio escurriendo una y otra vez el agua.

Esta vez fue un viaje bastante silencioso para los dos pero no por ello desprovisto de ansiedad y de alborotados sentimientos.

.

Después de deslizar el cerrojo para trabar el portón, Rukia se despidió de Byakuya con un gesto rápido de la mano y entró a la casa lo más rápido que pudo, la lluvia arreciaba. Cuando entró y cerró la puerta tras de sí, se encontró con que tía Senshumaru estaba en pie junto a la ventana.

—Oba-san…

—¿Con quién viniste? —indagó su tía con curiosidad. Rukia se quedó en suspenso por un segundo.

—Con un compañero… de la universidad —mintió.

La otra arqueó una ceja, totalmente descreída. Rukia, que conocía bien ese gesto, se azoró un poco.

—Un compañero de la universidad que no es la primera vez que viene por ti —señaló su tía. Rukia la miró anonadada—. Kirio-san te ha visto todas las veces y, por supuesto, no tardó en coger el teléfono para comentármelo.

Kirio era la típica vecina que profesaba la lastimosa afición de pasar horas enteras de su vida pegada al teléfono y a la ventana, deleitándose en mirar, o mejor dicho: fisgonear lo que se hacía en el barrio. La mujer tenía una amistad con Senshumaru también.

—Oh… —Rukia se quedó boqueando. "Esa mujer, siempre chismosa…"—. Eso…

—No voy a invadir tu privacidad, Rukia, pero sí será acertado que me tome ciertas precauciones —Senshumaru compuso un gesto exigente—. Confío en ti, pero no quiero verte sufrir otra vez. Tómate el tiempo que haga falta para conocerlo. Disfruta tu juventud pero con cuidado.

—Él no es como Grimmjow —aclaró Rukia en rotundo y asombrándose a sí misma con sus propias palabras.

No podía ser. ¿En qué momento había hecho esa comparación? Es más, ¿en qué momento Byakuya había entrado en una categoría de sentimientos que podía corresponderse con la misma que en el pasado había ocupado Grimmjow? Y más aún, ¿desde cuándo Byakuya había pasado a ser un candidato potencial como para tener que justificarlo ante oba-san? Ni ella lo sabía, su mente era un caos, pero ahora, bien que mal, parecía que tenía esa certeza…

Senshumaru la contempló por un momento antes de responder.

—Eso es genial —Se limitó a decir—. Andando, hay que preparar la mesa. Tenjiro y sus padres están en camino.

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Una vez que la cena finalizó y los invitados se hubieron retirado, Rukia terminó de guardar las lozas ya secas en la alacena y se preparó un té digestivo. Ahora, su taza con motivo de conejillos descansaba sobre su mesa de noche mientras ella se echaba cómodamente en la cama. Sólo entonces su cuerpo y su mente se relajaron.

Esto no es un pasatiempo. Realmente me gustas…

A menos que me detengas, lo intentaré las veces que haga falta…

Sus pensamientos eran un absoluto desorden pero al menos seguían un patrón en común: Kuchiki Byakuya.

Rukia comenzó a evocar cada minuto que habían compartido hace pocas horas dentro del coche, cada caricia que él había ejecutado hábilmente con sus manos, cada beso que había disparado certeramente sobre su cuello. Había sido algo tan abrupto… Y ahora que se detenía a pensarlo con la cabeza en frío, podía ver que Byakuya lo había hecho casi con el mismo ímpetu que ella, ambos guiados por un insólito descontrol. No se habían reprimido, aun cuando se encontraban en pleno espacio público. Ella, que siempre había procurado ser más o menos estructurada y él, que demostraba ser tan escrupuloso, se habían dejado llevar por el deseo nada menos que en el asiento trasero de un coche.

Eso no era típico de ella. De él no lo sabía ni se figuraba que lo fuera, pero ella, justamente ella… Estaba segura de que jamás hubiera hecho algo así.

Vayamos atrás…

Me gustas tanto…

Byakuya la había sobrepasado. O mejor dicho: su deseo por él la había sobrepasado. La Rukia de hoy no era la dama inglesa que cuidaba sus modales ante Kaien-dono, la Rukia de hoy era la misma salvaje que durante la infancia trepaba árboles y se ensuciaba en el barro del parque con Renji. Nada de reglas ni modales, sólo el disfrute de los buenos momentos.

Con Grimmjow tampoco había sido así del todo, en ese entonces ella aún era inmadura y procuraba no generarle impaciencia. Sus caracteres colisionaban a menudo y Rukia trataba de evitar que después, Grimmjow la ignorara durante días por alguna grotesca actitud suya que le molestara. Se había reprimido un gran tanto con él y ahora, después de años, su verdadero yo estaba volviendo a ver la luz.

Ahora que verdaderamente se detenía a meditarlo se daba cuenta de que no tenía que reprimirse con Byakuya, pudo ser ella misma desde el principio con él, aun cuando el sujeto la hubiera sacado de sus casillas en pleno restaurante. Aquel mismo día incluso se había aventurado a darle un rodillazo… Santo cielo, eso no había estado bien, pensó. Debía bajar algunos cambios.

Pero con todo, Byakuya… Él se mostró divertido al provocarla y todavía más al verla enfadada, aparentemente era real que la aceptaba tal y como era.

Y no sólo eso, también había hecho que se sintiera deseada de una manera que antes no lo había hecho nadie. No que Grimmjow no la hubiera deseado pero lo que había sucedido aquella noche con Byakuya era totalmente diferente, él la había deseado como a una verdadera mujer.

Byakuya era tan distinto a Grimmjow, era definitivo que no se asemejaban en nada, los dos eran polos opuestos. Y Kaien-dono, ya que estamos, también venía a colación en esa extraña comparación.

Kaien-dono… ¿qué era realmente lo que le gustaba tanto de él? ¿Por qué en estos momentos sus sentimientos por él se sentían tan difusos hasta el punto de que tuviera que considerarlo en un tercer plano?

Rukia no podía decir que lo conociera del todo. Era cierto que su apariencia y su personalidad la atraían pero eso no era suficiente para afirmar que pudiera estar enamorada ahora que lo pensaba.

El corazón se le detuvo.

Ella… ¿no estaba realmente enamorada?

No, no podía haber estado ofuscada hasta ese punto, era absurdo. Kaien-dono había sido el hombre quien le robara el sueño durante meses y no se podía negar esa realidad, era inconcebible. Eso era, estaba cansada y había comenzado a tergiversar sus propias divagaciones. No podía ser tan estúpida como para confundirse de ese modo, ella era una chica inteligente, por Dios.

Terminó de beber su té, se aseó y puso el pijama para meterse en la cama. Cuando ya estuvo acostada y tapada hasta el cuello, giró la cabeza a medias hacia la mesita de noche, donde descansaba el teléfono móvil conectado al cargador.

Deberíamos alquilar una cabaña en el lago durante ese día…

Me gusta la expresión de tu rostro en este momento, es caprichosa y voluble pero también es radiante…

Esto no es un pasatiempo. Realmente me gustas…

La única razón por la que estoy aquí es mi deseo de verte, así sea nada más que para mirarte pasar entre una mesa y otra…

Esta chica dura y aguerrida que ahora está frente a mí realmente me atrae…

Y ahora, de repente, era Byakuya quien le robaba el sueño. Qué extraño se sentía todo esa noche. Rukia estaba enteramente descolocada.

Con un último suspiro, abrazó su conejo de peluche cerrando los ojos y una amalgama de calidez e inseguridades se abrazó asimismo a ella.

-o-

Shinji miraba el salón con un gesto huraño, estaba indignado de pies a cabeza: ahora los centros de mesa tradicionales habían sido reemplazados por ridículas representaciones de Wakame Taishii y por si eso fuera poco, fabricados con material de primera categoría. Era increíble.

—¿Qué pasa, Shinji-kun? —indagó Lisa cruzando la barra—. Te ves conflictuado.

—¿Y qué esperabas, Lisa-san? Sólo tienes que ver esos estúpidos bodoques para perder la fe en el arte. Quiero suicidarme.

—Ni que lo digas. Kensei dice que está hasta las pelotas de hacer masas dulces con forma de algas.

—Tch…

—¿Qué está pasando?

La figura de Byakuya Kuchiki emergió detrás de los dos empleados como una aterradora sombra fantasmagórica salida de alguna película de terror o novela de Stephen King. Shinji se quedó sin aire.

—K…Kuchiki-dono…

—Me pareció haberte dicho esta mañana que hoy cambiaríamos el repertorio musical —sentenció Byakuya en lo que para Shinji fue como el rugido de un demonio—. No lo voy a repetir.

—Enseguida.

El joven encargado casi que bamboleó por el aire hacia la computadora, refunfuñando en un susurro imperceptible. Cogió el ratón, hizo un par de clicks en la pantalla y al poco tiempo el salón comenzó a gozar de una alegre y estimulante melodía interpretada por una cantante apodada Birdy. Shinji tarareó sin que nadie lo escuchara.

Mientras tanto, Byakuya inspeccionó la disposición de la mercadería en las vitrinas y luego reacomodó la pequeña estatuilla de Wakame Taishii que descansaba en el mostrador.

"Tiene un desperfecto en el ojo izquierdo, tendré que informárselo al artesano…".

—Qué suerte que te encuentro, Byakuya-san —Gin acababa de entrar alegremente a la tienda cargando un bolso.

—Gin.

—Oh, vaya, qué bonita tienda has puesto, ¿eh? —comentó encaramándose al mostrador—. Tienes buen gusto, de veras. Y… ese muñeco…

—Wakame Taishii —informó Byakuya con la usual parquedad—. Es la marca personal de la empresa, constituye un foco de innovación y dispersión para la susceptibilidad de los clientes. ¿Qué te trae por aquí?

Gin observó la "marca personal de la empresa" con cierta reticencia y cuando decidió que mejor reservaría sus comentarios, repuso:

—Vaya… Pasaba a saludarte, comencé a tomar clases en el natatorio que está cerca de aquí. Tú también deberías volver, Byakuya-san.

—¿Cuál natatorio?

—¿Oh? ¿No lo conoces? —Se extrañó Gin—. Bueno, después de todo, el sitio está bastante escondido y va poca gente. Por esa misma razón deberías considerarlo, además te queda cerca.

—Ya veo —Byakuya recibió la propuesta con agrado—. ¿Quieres pasar a la oficina?

—Estoy bien aquí. Eso sí, deberías invitarle un café a un viejo amigo de la universidad.

Los jóvenes se quedaron charlando un rato en el mostrador mientras Byakuya cobraba las órdenes y Gin le relataba con énfasis lo mucho que le estaba costando conquistar y entender a Rangiku.

—Ya ves, esta chica es realmente difícil, la llevé a cenar a un restaurante de primera y cuando salimos, terminó llevándome a un conventillo para beber sake con sus nakamas. Por supuesto, no podía rechazar su invitación así que cuando la reunión se acabó, ella estaba muy ebria y cantaba demasiado alto, incluso me pidió que nos casemos, ya verás. Al final, una de sus nakamas dijo que la llevaría a su casa, así que me marché. No he vuelto a tener noticias de ella hasta el momento.

—Es una mujer extraña —se limitó a acotar Byakuya, por no decir lo que realmente pensaba…

—Sí, aun no logro saber qué es lo que busca, estoy confundido —resopló Gin—. Aunque es muy hermosa, es algo difícil de prever.

—Ya veo.

—¿Y tú? ¿Qué tal vas con esa chica? ¿Has vuelto a verla?

Un cliente se acercó al mostrador para abonar su orden así que Byakuya tuvo que evadir momentáneamente la cuestión.

Había pasado una semana desde aquel encuentro con Rukia y hasta ahora, ella no había respondido ni uno de sus mensajes. Él se cercioró de que se encontraba bien dándose una vuelta en coche por el restaurante para verla de lejos. La situación lo tenía apenado pero en el fondo, sabía que no podía presionarla, era inevitable que debiera respetar su tiempo.

Vaciló un instante antes de responder.

—Ella también es difícil —alegó—. Y ahora que lo mencionas, creo que tampoco sabe qué es lo que busca, si es que algo busca.

—Mujeres… —Gin apoyó el codo sobre el mostrador y miró hacia la puerta—. Son tan bellas y a la vez tan malas.

Era una situación ardua de encarar. Por momentos, Byakuya experimentaba una molesta opresión en el pecho que le recordaba lo mucho que había sufrido cuando Hisana lo abandonó. Sin embargo, él más o menos podía intuir qué era lo que le sucedía a Rukia, se atrevía a inferirlo por lo que hasta el momento había logrado observar de ella.

Era posible que estuviera sintiendo alguna inseguridad y eso lo turbaba tanto como lo aliviaba, porque aunque era una mala señal también era la prueba de que ella tenía alguna clase de sentimiento por él. Aunque Rukia hubiera evidenciado un tipo de atracción contundente, lo había hecho de forma reticente y eso lo hacía boyar. Por esa misma razón le preocupaba su alejamiento: si Rukia estaba confundida y llegaba a conocer a otra persona… ¿qué haría él?

No tenía intenciones de renunciar a ella, tarde o temprano volvería a insistir. Rukia era realmente alguien difícil de tratar, no era una chica como cualquiera pero por eso mismo lo atraía tanto. Era madura, inteligente, decidida, tenía una determinación en su forma de encarar la vida que lo dejaba sin aire. Pero por supuesto, también tenía defectos, y actualmente el que más le inquietaba era que se reservara y retrajera tanto. Rukia era muy difícil de alcanzar, tener un encuentro íntimo con ella no significaba nada si todavía no podía ver en su interior. ¿Qué caso tenía entonces llegar hasta allí? Él no buscaba sexo, él buscaba conocerla.

Asimismo, pensar que ella no se encontrara en condiciones de intentar una relación lo apaleaba, porque de ese modo no tendría más opción que ser él quien se alejase. Con todo, Rukia tenía menos edad y por lo tanto menos experiencia, no la podía culpar por encontrarse desorientada, aún había cosas que necesitaba vivir.

De todos modos, él ya había tomado su decisión y no podía dar marcha atrás, la esperaría.

Si Rukia tenía algún conflicto debía resolverlo sola, él no podía hacer nada. Tampoco sería una espera vana, él era muy perceptivo y podía intuir que Rukia tenía alguna clase de sentimiento por él, y por más pequeño e insignificante que éste fuera, se aferraría a él como la última esperanza que tuviera por alcanzarla.

De cualquier manera, si fuera fácil tampoco valdría la pena luchar.

Por otro lado también estaba la posibilidad de que Rukia estuviera confundida por culpa de otra persona, aunque no podía cerciorarse de esto ya que aún no era capaz de prever hasta ese punto. ¿Sería por ese sujeto llamado Kaien? No podía estimar hasta qué nivel llegaba la evidente atracción que Rukia tenía por ese sujeto pero algo era seguro: si el sujeto no correspondía dicha atracción, era probable que no hubiera sucedido nada entre ellos y por ende, que los sentimientos que Rukia tenía por él no fueran consistentes.

Sería absurdo, el sujeto sólo era su patrón, en ese caso Rukia debía de estar experimentando alguna tonta idealización típica de las mujeres y eventualmente abriría los ojos. Pero si la confusión venía de la mano de su ex novio entonces sí debería preocuparse, porque un pasado no resuelto no puede hacer prosperar un presente ni mucho menos un futuro. Sería un bloqueo total para él. Aunque si lo pensaba un poco más… La vez que Rukia mencionó a su ex novio, aquella tarde en el jardín botánico, no pareció retraerse por algún tipo de sentimiento que no fuera el de la sorpresa generada por su indagación.

Tanta incertidumbre era dura de soportar pero fuera la razón que fuese, saber que Rukia se encontraba contrariada o confundida o lo que fuera, no hacía más que alimentar la culpa que había comenzado a sentir desde aquella noche que pasaron en el coche hace una semana: la culpa de estar ocultándole algo tan importante como lo era la relación que él había tenido con Hisana, y en lo cual no había dejado de pensar.

No podía ocultárselo por mucho tiempo más, Rukia merecía conocer la verdad. Mentirle no haría más que lastimar a ambos, sobre todo a ella. Debía renunciar a ese absurdo sentimiento de competitividad por el que se había dejado dominar al notar cómo ella miraba a su patrón, en todo caso lo mejor que podía hacer era sincerarse de una vez por todas y que ella también lo hiciera con él.

¿O estaba pidiendo demasiado? ¿Acaso tenía derecho a exigirle algo?

¿Acaso Rukia en algún momento habría pensado en él de la misma forma en que él había pensado en ella?

Por ahora lo único cierto era que estaba pensando demasiado y ello no hacía más que incrementar la ansiedad y estimular el malestar. Mejor que escuchara el consejo de Gin y comenzara a practicar un deporte cuanto antes, tantas inquietudes sumadas a la cantidad de trabajo terminarían por estresarlo.

—Así que, ¿cuándo empezarás a tomar clases, Byakuya-san? Deberíamos coordinar un día para ir juntos. No conozco a nadie en este natatorio y es aburrido, pero también me queda a mano de camino al trabajo.

—Intentaré empezar hoy. Luego fijaremos un día para ir juntos, Gin. Primero necesito organizar mi agenda.

Gin terminó de beber su café y antes de irse de la tienda, intercambiaron algunas palabras más y se llevó algunas galletas de Wakame Taishii para comer en el camino.

Cuando Byakuya se quedó solo en el mostrador deslizó la pantalla de su teléfono móvil, pensativo, con la vaga ilusión de ver un mensaje nuevo de Rukia mientras en el salón sonaba una lenta melodía de Birdy que una tarde habían escuchado juntos.