Vivir.

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Segunda parte.

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No creo que vayan a llorar, pero si ese fuese el caso... Les aseguro que no será de sufrimiento o pesar, no, sino a que los momentos pueden ser muy emotivos, claro desde mi perspectiva.

Me esforcé al escribir algo así, no soy del tipo de persona que derrama miel y espero el haberlo hecho de manera aceptable.

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Jamás en mi vida había sentido un dolor semejante, las palabras que acababa de escuchar de labios de Souichi punzaban dentro de mí como fuertes aguijones de avispas ¿Cómo podría definirlo? ¿Qué me arden? ¿Qué me queman? O ¿Qué me matan?

Ver su hermoso rostro lleno de sombras causaba una llaga en mi corazón. ¡Lo que me pedía era demasiado para mí! Y aquello que dije la ocasión que lo forcé en mi departamento, que estaba dispuesto a hacer todo por él. No era una mentira, ¡Pero esto! No, no podría aceptar algo así.

De alguna manera tengo que hacerlo razonar.

Se mejor que cualquier persona que nadie tiene que entender lo que significan tus jodidos suspiros de dolor. No porque no se esfuercen en hacerlo, sino porque seguramente no lograran comprenderlo.

Siempre he tenido en cuenta que lo que siento, lo que creo y lo que deseo, así como el realizarlo, es en su totalidad responsabilidad mía.

Siempre he sido consiente que la vida es algo más que sentarse bajo la lluvia a esperar que no te mojen las gotas. Y por gotas me refiero a pruebas, problemas y sufrimiento. Aun soy inexperto, apenas tengo veinticuatro años y me falta mucho por aprender, pero he visto vez tras vez que de la mayoría de los problemas podemos salir adelante. Y eso era lo que tenía que hacerle entender a Souichi, que un laberinto oscuro puede tener muchos probables caminos para llegar a la salida, que no debía rendirse al topar ante la primera pared. Yo tenía que mostrárselo de algún modo.

Recordé que tiene años que no toco ni un yen de los que mis padres me enviaban cuando vine a estudiar a Nagoya, ni siquiera sé cuánto se ha acumulado en aquella vieja cuenta. Pero conociendo el deseo de acallar sus culpas y remordimientos que inevitablemente deben sentir por desecharme tan fácilmente, la suma ahora debe ser grande. El disgusto que me provoco su rechazo, causo en mí un deseo de olvidarlos y dejarlos atrás, verlos como una parte de mi vida que no quería recordar, una frecuente disociación.

Ese dinero que me enviaban, a mis ojos parecían limosnas, ¡mínimo debería sacarles algún provecho! Pensé incontables veces. Pero por mi gran decepción y orgullo, decidí en ese tiempo salir adelante por mí mismo y comencé a trabajar en el bar Adam site junto a mi ahora amigo Hiroto kun.

Pensaba demostrarles a mis padres que yo tampoco necesitaba nada de ellos o al menos nada material, ya que lo que en realidad añoraba me lo negaron; su amor y aceptación. Y con eso en mente pensé que al cabo del tiempo les mostraría que no tome nada de ellos para terminar mi carrera.

Pero la situación ahora era distinta... Dejaría de lado mi orgullo, tomaría todo ese dinero y llevaría a Souichi a la capital, a Tokio. En ese lugar se encuentran los mejores especialistas del país, pero, ¡Si tan solo me lo permitiera, si terminara aceptando que soy su amante y pareja! Todo podría ser tan distinto.

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Souichi no suele destacarse por ser alguien empático, al contrario, muchas veces es egoísta, un tirano.

Pero ahora debía mostrarle que tenía que al menos tratar de entenderme, tratar de ponerse sobre mis zapatos, tal vez así cambiaria de opinión. Por esas razones lo encare sin mostrarle ni un poco de inseguridad, al contrario me impondría en esta ocasión como hice muchas veces al principio de nuestra relación cuando le mostré vez tras vez que mi fuerza física era superior a la de él.

Ante la horrible petición que me hizo de dejarlo morir dignamente, siendo el su propio ejecutor, le dije:

- ¿Sabes lo que me estas pidiendo? ¿Entiendes en que situación me pones? Me convertiría en tu ***kaishaku, sería como si yo tuviera que asestar el último golpe para evitarme ver tu sufrimiento. Entonces... ¿Tú harías eso senpai? ¿Me dejarías matarme sin antes tratar de hacer algo? ¿No me convencerías de buscar una segunda o hasta tercera opinión? -

Vi de inmediato por la expresión en su rostro, que de un momento paso de una seguridad inquebrantable por lo que me pedía, a un rostro triste. ¡Ya tenía una respuesta a mis preguntas! Con su voz temblando y la mirada fija al piso, me dijo:

- No, seguramente... No dejaría que te causaras daño. ¡Pero no estamos hablando de ti! y no quieras utilizar conmigo esos argumentos ¿Desde hace cuantos años me conoces? Ya deberías saber que no cambiare de opinión, no cuando se trata de mí. Tal vez contigo siempre cedo... Pero conmigo es diferente y lo sabes muy bien -

Claro que lo sabía, Souichi siempre quiere resolverlo todo solo, aguantando solo, sin decirle nada a nadie.

Sin embargo esta vez no tenía por qué ser así.

- Muy bien senpai..., yo no permitiré que te rindas y es que ¿Sabes? El problema de rendirse es que no te das cuenta que lo has hecho hasta que ya es demasiado tarde y aunque jamás has aceptado que somos amantes y he tenido que renunciar a muchas cosas a las que como tu amante tengo derecho. En esta ocasión no lo hare, ¡Soy tu amante! Y aunque me digas que no ¡Sabes que hacemos cosas que solo los amantes hacen! Y por eso, reclamo el derecho a que me dejes opinar, a decidir juntos, a buscar juntos que otras alternativas existen y por supuesto... A aportar económicamente todo lo que tenga para tu atención -

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¿Porque nunca lograba saber que había en su cerebro? ¿Porque siempre ambos parecíamos interpretar las cosas de distinta forma? Y en esta ocasión, las cosas continuaban igual.

- Cuando dije que me apoyaras... No me refería a eso...

- ¡Sé a qué te referías! ¡Y es por eso que lo digo! -

Lo tenía enfrente de mí, mirándome de manera confusa ¿Cómo trasmitirle lo que siento?

Decirle que es un placer inmenso contar con su compañía, sentir su mano junto a la mía, el apoyo que siempre me ha dado aun sin ser consiente, sí, siempre he sabido que si cedió a que continuara tomándolo como mío desde un inicio, era porque no deseaba que arruinara mi vida dejando la Universidad y siempre me he conformado con su mucha confianza y que ya responde a mi besos y caricias.

Deseaba decirle cuanto hubiese querido que fuera el primero y único amor en mi vida, pero así es esto de amar y vivir, primero hay que fallar para aprender a reconocer el amor de verdad.

Falle con Masaky y lo agradezco infinitamente, porque gracias a eso... Eso me llevo a encontrar a Souichi, él es el amor de verdad.

Creo que al final tantas palabras sobran, quiero y le pagare con mi vida y mis alegrías todo lo que él me ha hecho sentir. Souichi amor mío, no el primero, pero si el segundo amor, un amor mucho más bello, un amor mucho mejor... Mi verdadero y más puro amor.

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Una llamada al celular de Souichi interrumpió nuestra conversación y mis pensamientos, era la tía Matsuda san quien le preguntaba si iría este fin de semana a visitarlas, ya que a Kanako la dejarían salir del colegio para ver a su familia. Esto sirvió de excusa para que él ya no deseara seguir hablando del tema.

- Morinaga hoy es nuestro segundo día aquí y aún no hemos podido subir el monte. La verdad es que quisiera ver la vista desde allí como te dije -

Deseaba insistir, implorar, suplicar si era necesario. Pero el, que nunca mostraba verdadero interés por algo o que deseara hacer alguna cosa en especial, y esta vez me lo repetía; cedi al no continuar hablando del tema por el momento.

- Esta bien Souichi, pero arriba debe ser muy frio, regresemos al hotel por nuestras chamarras y guantes. Además entre mis cosas traje dos gorros que nos servirán mucho, ya sabes, el calor del cuerpo se pierde por la cabeza y lo que menos necesitamos ahora es un resfriado.

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Con el auto que rentamos, avanzamos hasta donde estaba permitido llegar en vehículo. Una vez que lo estacionamos, teníamos que subir por lo menos tres kilómetros. En plano no era la gran hazaña, pero ir hacia arriba sería un esfuerzo triple.

En mi mochila lleve bebidas calientes y algo de alimentos, de todas formas solo llegaríamos hasta donde yo viera que senpai estaba bien. Había bastantes personas que tenían planeado hacer lo mismo, para nuestra desgracia no faltaron las chicas que se alborotaron al ver a un par de jóvenes sin compañía femenina.

Ya habíamos avanzado más de la mitad del camino y las coquetas mujeres seguían tratando de ligarnos, llego un momento en que los sujetos que venían con ellas celosos e ignorados por estas, perdieron la paciencia y comenzaron a querer provocarnos. Tuve que detener a Souichi que ya estaba listo para pelear..., sigue alterándose rápidamente.

Lo mejor que se me ocurrió es decirle que nos sentáramos un rato a beber y comer algo, lo hice con la intención de que aquel grupo se adelantara y nos dejaran en paz.

Sé que senpai es guapo, demasiado apuesto y yo..., no sé, supongo que también llamo la atención de las mujeres, pero estaba cansado de que centraran su atención en nosotros. Mi incomodidad aumento cuando estábamos tomando café y ahora otras jóvenes frente a nosotros intencionalmente levantaban la voz para que las escucháramos. Souichi hacia unos gestos que yo entendía a la perfección lo que pensaba "Que vulgares"

- Los dos tienen muchos atributos y creo que también un gran paquete y las espaldas ¡Que espaldas! -

- A mí me enloquecen sus clavículas perfectas, y el de cabello oscuro debe estar mejor equipado -

- No, el rubio, definitivamente el rubio es demasiado interesante. ¡Tiene un porte! Es elegantísimo -

Antes de seguir escuchando cosas tan desagradables, decidimos levantarnos y continuar nuestro camino. Aquellos que buscaban pelea antes ya debían haber avanzado un poco y no queríamos seguir siendo escudriñados y que nos compararan con ganado o sementales y mucho menos que nos miraran tan lascivamente directamente a nuestros miembros tratando de adivinar qué tan grande lo teníamos ¿En qué momento las mujeres japonesas se volvieron tan superficiales y liberales?

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Morinaga parecía de lo más tranquilo. Aquella escalada no le había afectado en nada, en cambio yo estaba agitado. Pero ahora también me sentía extrañado, durante todo el día no me había quedado dormido y tampoco mis piernas me habían traicionado y ¡Al fin logramos llegar a lo alto! No, no exactamente a la cumbre. En esta época del año no estaba permitido arriesgarse, demasiada nieve y las tormentas heladas abundaban y no dejarían a simples principiantes subir más.

El maravilloso escenario frente a mí me hizo comprender que jamás había prestado atención a las sorprendentes cosas que nos rodeaban. Entendí lo estúpido que siempre he sido ¿Cómo alguien que se dice ser científico puede pasar por alto la magnificencia que hay en toda la naturaleza? Yo que me la pasaba metido todo el día en la universidad encerrado en el laboratorio tratando de descubrir cosas imperceptibles a la vista y delante de mi había una tan imponente, tan basta, tan majestuosa.

Definitivamente el lugar en el que estábamos se prestaba para meditar y reflexionar, algo que casi siempre me negaba a hacer. De repente recordé a un viejo profesor de mi primer año en la Universidad y lo estúpido que me pareció el primer ejercicio que nos hizo hacer.

Aquella práctica consistía en salir a los campos verdes que los deportistas utilizaban. Ordeno que nos sentáramos todos sus alumnos y que trazáramos un cuadro imaginario alrededor nuestro de unos treinta centímetros. Después nos dijo que con la lupa que llevábamos recolectáramos en los recipientes de vidrio todos los insectos y plantas diferentes al pasto que encontráramos. También nos pidió llenar uno de los envases con la tierra que se encontraba debajo de nuestros traseros.

Todos los alumnos nos miramos con unos rostros de ¿Qué? Sí, todos nos preguntábamos que podríamos encontrar en un espacio tan pequeño, y ¡Sorpresa! Ese día todos regresamos al laboratorio con los envases llenos, había desde pequeñas hormigas de diferentes especies y de escarabajos ni hablar. Las plantas que se escondían entre el pasto eran tan variadas y algunas hasta contaban con diminutas flores y que decir de las lombrices y otros seres que se esconden entre la tierra.

La tierra que recolectamos al último y que estaba tibia, la miramos bajo el microscopio y ¡Voilá! ¡Vida! Mucha vida que fue atraída por el calor que despedía nuestro cuerpo. Seres microscópicos que el ojo humano no captaba a primera vista.

Muchos de nosotros cada día atravesábamos aquellos campos de futbol sin ningún cuidado, yo... Yo entonces entendía las enseñanzas de buda y como los monjes en los monasterios siempre que barren hacen a un lado a los insectos y no lo hacen por el temor de ser picados, si no por preservar la vida que les parece tan preciosa, tan valiosa aun la de un insecto. Recuerdan a cada paso que dan el valor de todos los seres vivos.

¡Maldición! ¿Porque tengo que recordar todo eso? Yo mismo estoy tratando mi vida como si esta careciera de algún valor, estaba ignorando todo el esfuerzo que mis padres pusieron en mí, en tratar que yo creciera y me desarrollara como un ser humano completo.

Todas la veces que preocupados se desvelaron por mí y se aseguraron de que tuviera todas mis vacunas. La lista de lo que hicieron para conservarme vivo y sano, sería interminable.

Pero ahora veía a la vida como un juego perdido de antemano, y que sólo se puede jugar una vez. Es como un alegre y triste suicidio; llamarle agridulce seria lo adecuado. Es como tragar una capsula de dinamita y encender tranquilamente un cigarrillo. El panorama me parecía tan propicio para decir tantas cosas y pensé en guardarlas en mi celular.

¿Mi celular? ¡Maldición! ¡Lo deje en el auto! Y Morinaga quien también veía fascinado el paisaje, noto que buscaba ansioso algo y entonces pregunto:

- ¿Qué pasa Souichi? ¿Necesitas algo? -

- Mi celular, creo que lo deje en el auto y quería grabar toda esta vista para mis hermanos y... Tal vez despedirme -

Las últimas palabras las dije tan bajo que dudo que Tetsuhiro las haya escuchado, lo sé porque no trato de discutir, solo me dijo:

- No te preocupes, voy rápido a buscarlo, mientras puedo dejarte el mío para que logres capturar ese hermoso nublado a lo lejos, no tardare, bajar es mucho más rápido y subiré rápido -

¡Claro! Morinaga siempre rebosa de energías, el muy bastardo no desaprovecha en tener sexo conmigo aunque se encuentre agotado y hasta me dice que, cansado duerme mucho mejor.

Tenía que aprovechar que se había ido, deseaba grabar unas palabras para mi familia y que ellos las miraran las veces que quisieran cuando ya no me encontrara entre ellos... Pero, más aun, deseaba decirla tantas cosas a Morinaga que nunca me atreví, tal vez porque no sabía que sentía aquello o tal vez porque simplemente me parecía demasiado vergonzoso decirlo.

Tome su teléfono y comencé a video grabarme, claro que lo pasaría a mi teléfono y después lo borraría del suyo. Mentalmente me lo repetí varias veces para no olvidar hacerlo.

Mire serio la pantalla y comencé a decir lo que de verdad sentía, algo en lo que mi corazón y cerebro al fin parecían estar de acuerdo, no más dudas o rechazos a la condición de amar a alguien del mismo género y entonces comencé a hablar ante mi propia imagen:

● Morinaga Tetsuhiro: Llevo días pensando que decir y de pronto todo adquiere un sentido, creo que aprendí algo tarde lo que de verdad importa en la vida y, fue que al conocerte cambiaste el eje en que gira mi vida.

Antes giraba alrededor de mí mismo y eso era muy aburrido, me liberaste de mi ego, de mi egoísmo y obstinación. Es mucho mejor que mi último pensamiento sea para ti y no para mí... Y eso me alivia mucho.

Siempre pensé que mi destino era quedarme solo y aunque no lo creas, sólo puedo decirte estas cosas cuando duermes, muchas veces me quedo despierto y pretendo que me oigas. Y podría decirte que eres todo lo que siempre quise y podría pronunciar cada una de las palabras que tú siempre esperabas oír

Me estremezco cuando pienso que puede que no este aquí para siempre como lo has deseado desde que me conoces. ¡Y siento mi corazón latiendo tan fuerte! ¡Y creo que voy a gritar! ●

¡TE AMO MORINAGAAA!

- ¡Qué! ¿Estaba llorando?... Si, y no quería que me viera así, deje de grabar y continúe unos minutos dejando que el agua salada de mis ojos callera.

Creo que permití que mis sentimientos me controlaran por completo, y nuevamente entendí a ese tonto. Todo lo que me llevo a decir esas palabras que grabe y a gritar que lo amaba, era algo que el sentía cada vez que me veía y no podía contenerse de repetirme lo que rebosaba en su corazón.

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Legue al auto y no encontraba el celular de Souichi por ningún lado, de repente comenzó a sonar y pude guiarme por el sonido que este estaba bajo el asiento donde venía sentado mi amado. No alcance a contestar, pero pude observar que había cuatro llamadas perdidas procedentes del hospital de Nagoya. Seguramente era el medico que atendía a senpai quien deseaba saber si el había cambiado de parecer respecto al tratamiento.

El teléfono ya no sonó y aunque trate de comunicarme con ellos, ya nadie contesto. Cierto ya pasaban de las seis de la tarde y seguro el cambio de turno llego. Y escuchar a algunos vigilantes de fujisan gritar que se aproximaba una tormenta de nieve y que los que estuvieran por subir mejor lo hicieran después, me apremio a ir en busca de Souichi rápidamente. Contaba con suficiente tiempo según me indico uno de aquellos hombres.

Sofocado y agotado llegue hasta donde estaba Souichi, quien se sorprendió de lo rápido que volví. Y me dijo:

- Juntos tardamos mucho más en subir, creo que el cigarro me ha robado condición -

- Más bien subí lo más rápido que pude, ¡Debemos bajar cuanto antes! Los vigilantes están apresurando a todas las personas a dejar el lugar ¡Se acerca una tormenta de nieve! Y por lo que dijeron, será muy fuerte -

La agresiva ventisca empañaba los lentes de Souichi y varias veces tuve que pedirle que no se soltara de mi aunque le disgustara, resbalamos dos veces y ahora estábamos mojados, en el camino las demás personas estaban gritando muy indignadas y bastante molestas ante la falta de aviso ese día y las malas condiciones ¿Cómo permitieron los encargados de la seguridad a las personas subir si el tiempo sería malo?

Para mí eso era lo menos importante ahora, lo que en el momento me preocupaba era llegar al auto y así lo hicimos. A pesar de que la nieve caía tupida y rápidamente cubría todo de blanco, logramos llegar al pequeño hotel donde estábamos hospedados y al entrar, enseguida pedí a la recepcionista que el agua del baño de nuestra habitación estuviera muy caliente.

No dude en ayudar deprisa a senpai a quitarse toda esa ropa que mojada pesaba tanto. Estaba tan agotado que no se quejó y me permitió tomar el control de su cuerpo. Adentro del baño lo ayude a mojar sus pies con agua tibia primero y después sus piernas, así poco a poco hasta que su cuerpo se regulara en cuanto a temperatura.

Agradecía las clases de medicina en la universidad, me servían bastante en esos momentos, en algunas lecciones había aprendido que muchos colapsos cerebrales se daban cuando las personas mojan primero sus cabeza con agua caliente en vez de comenzar con la parte inferior y poco a poco llegar hasta la cabeza.

Recibí varios regaños por atreverme a meterme desnudo con él al baño, pero no me importo.

- ¡Sal! ¡Ya te he dicho que puedo limpiarme por mi mismo! -

Bajo la regadera abrazaba su cuerpo, en un principio deseando pasarle calor del mío. Sentí su cuerpo temblar y también percibí que necesitaba sostenerse de mí, pues sus rodillas parecían flaquear, desgraciadamente como siempre ocurre conmigo cuando lo tengo cerca; las cosas se complicaron un poco. Mi evidente erección se dejó ver y sentir, aunque me esforzara por esconderla.

- Morinaga ¡Estas duro como siempre! -

Souichi incomodo, pero no molesto dejo que continuara abrazándolo. Esa falta de resistencia en el me llevo a tomar sus labios. ¡Cielos! Sabían a gloria bajo el chorro de agua, podía juguetear tanto como lo deseara con aquel lubricante natural cayendo de la regadera por todo nuestro cuerpo.

Sentí sus jadeos. Sabía que estaba excitado y eso me hacía muy feliz. Sin casi moverme, sin hacer poco más que nada, sólo con mi presencia, él se convertía en un hombre dispuesto. Entreabrí los ojos y contemplé el efecto que hacía en sus pezones el demandante toque con que lo había frotado surtió efecto. ¡Creí que iba a explotar! De muchas formas, yo también estaba súper excitado. En esos momentos era capaz de hacer que el mundo dejara de girar a nuestro alrededor, era capaz de abrirme el pecho de par en par y regalarle mi corazón rebosante de amor.

Continúe aprovechando que soy poco más grande y pesado. Lo abracé hasta inmovilizarlo contra la pared. Allí el dejó de quejarse y nos besamos de nuevo. Fue un beso tan pasional, tan carnal y agresivo; ¡Un beso que jamás olvidare! Oprimí su miembro a mi miembro y el con su pierna derecha trataba de detenerme mientras yo lo apretaba con cada vez más fuerza contra la pared. Parecíamos como dos adolescentes aprendiendo a besar en un callejón oculto y oscuro en el colegio.

- ¡Estás loco! ¡En este lugar podemos resbalar! -

- No te soltare, ¡Vamos Souichi! Sabes que siempre he deseado bañarme contigo -

- ¡Tu tratas de hacer algo mas que bañarte conmigo, pervertido! -

No existe tal cosa como lo trivial o lo importante.

Simplemente somos lo que somos, nuestra alma se revela tanto en los gestos, como en los detalles más pequeños.

La forma en que acaricias el rostro de la persona que amas puede decir más de ti que la más romántica y elocuente declaración de amor.

Una breve mirada puede tener mucho más significado que el más de los ingeniosos discursos. Y la mirada que él me daba en esos momentos me hacía conocer lo que sentía por mí, si, vi amor en sus ojos destellantes.

Sentía su cuerpo tan ceñido al mío, su respiración inquieta llegando hasta mis oídos, su piel al borde de mi aliento mientras su boca empezaba a buscarme casi con naturalidad, y mi boca recorría el camino hasta él. Y quise que el fuera consciente de sus deseos.

- ¡Ves! Tú también lo estás deseando, el tuyo pide mi atención -

Nos habíamos besado por primera vez en el baño, un beso que algo tenía de paseo y algo de escape. Un beso efusivo en el que parecíamos eternos y cada mínimo contacto de nuestra piel tenía una profundidad que me estremecía.

Mis manos recorriendo su nuca, levantando sus rubios cabellos, el hermoso carmín en su rostro y sus ojos brillando como el oro.

Muchas ocasiones nos dicen lo que debemos hacer: qué hay que amar, qué hay que pensar, qué hay que luchar, qué hay que vivir; y hasta que debemos odiar.

Todos seguimos esas normas, lo que supuestamente nos hace humanos. Pero lo que nos hace individuos, es que: a pesar de todo hay pequeñas luces en nosotros que escapan a esas reglas a seguir.

Lo que nos hace únicos son esas pequeñas desviaciones de la normalidad... Si, mis padres decían que yo no era normal y esas desviaciones anidan, en primer lugar, en nuestros sueños y fantasías Y Souichi siempre fue un sueño para mí. Y en los sueños todos somos libres.

¡Cuán libre me sentía tomándolo entre mis brazos!

Me agarraba de la mano fuerte, tal vez sentía que caería, comencé un movimiento despacio, lo tome de la cintura y lo recargue de nuevo sobre la pared, sus manos recorrían mi cuello, las mías lo rodeaban y paseaban por su hermoso cuerpo, él olía tan apetecible, esa fragancia de su cuerpo que llevo tatuada en mi mente y que nunca confundiría con la de ningún otra persona.

Veo el techo para observar la luz tenue del baño y pienso en lo mucho que recordare este momento.

Al final, estamos hechos de tiempo, el tiempo de momentos y los momentos de recuerdos.

Inclino la cabeza para ver su cara, y toco su miembro apretándolo entre mi mano, toda la humedad del vapor y agua facilitan los movimientos. Y él aun excitado, cuestiona:

- ¿Es en serio? ¡De verdad! ¿Piensas hacerlo en el baño? -

No le contesto con palabras, lo miro intensamente y tomo una de sus piernas y la apoyo sobre mi cadera, acomodo mi miembro sobre su abertura, con una pequeña penetración entro lentamente, me detengo unos segundos y vuelvo a probar sus labios que ahora mantiene abiertos ante la sensación de mi pene invadiéndolo.

- ¿Esto te responde lo serio que soy? Senpaí...

En esta ocasión no le aviso como siempre lo hago, tampoco lo prepare... - ¡Auch! - Se queja y la velocidad empieza a crecer, nos estremecemos varias veces, hay tensión, vértigo, adrenalina al mismo tiempo que se siente una gran dulzura y suavidad en las caricias, en la atmosfera. Llenamos de sonidos y vida todo ese pequeño lugar.

- ¡No me dejes caer, idiota! -

Gotas de sudor que como roció se revuelven con el agua resbalan sobre nuestros cuerpos, los temblores nos agitan, el color de nuestra piel se acentúa, se moja, nuestras lenguas se rosan, mis manos se aferran fuertemente a sus nalgas, nos falta el aliento, la tempestad de mi vientre se agita, y mis caderas se mueven cada vez más fuerte e intenso, el ritmo va en aumento.

- ¡Ahh! ¡Mori! ¡No! -

Sus manos acarician mi espalda, en reacción mis pezones se van erizando al mismo tiempo, no puedo evitar el gemido que sale de mi boca, - ¡Ahí! Haa! - Lo tomo con más ganas al ver como oprime sus ojos con fuerzas. ¡Me enloquece ver cómo puedo lograr que sienta que estoy adentro de él! ¡Que mi pene fácilmente toca su punto de placer! Lo sé porque sus manos me toman del cabello fuerte presionándome hacia él, con insistencia busco su boca una y otra vez, como la gran necesidad que tengo de sentirme unido a él.

Entre tantas sensaciones y gemidos, el orgasmo se derrama como un disparo de agua que brota de lo profundo de nuestro ser, aumentando con la velocidad de cada una de las penetraciones, es como un ansia que crece desde nuestras entrañas, terminamos con un gemido juntos, se nos va el aliento pero al mismo tiempo se siente el éxtasis total.

Siempre escucho a mi corazón latir rápidamente y siento los latidos de su corazón, y mi pene bajando de a poco su hinchazón, reposa su rostro sobre mi cuello y yo muerdo su hombro como muestra de que es mío y lo mucho que satisface. Lo mantengo unido a mí unos segundos más.

De momento me asalta el deseo de tener una conversación que debe seguir después de hacer el amor, el corazón multiplica los espacios vacíos de mi esperanza, el orgasmo puede seguir a susurros eternos, si sabes escucharlos.

- ¡Que deliciosa imagen tengo de ti, soñé tantas veces en tomarte en la ducha! -

- ¡Eres un maldito estafador! Se supone que solo me ayudarías a entrar a la ducha -

- ¿Y desaprovechar tan valiosa oportunidad? Seria estúpido, cuando has participado tanto -

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¡Morinaga siempre cree que lo sabe todo! Y para mi desgracia, en esta ocasión no se equivocaba. Tenía razón al decir que yo también deseaba que esto pasara, bueno, en realidad hubiese preferido que lo hiciéramos en el futon de la habitación y no en el baño. Más de dos meses sin sentirlo cerca y probar sus labios, me hacían sentir extraño.

Sé que es muy fuerte físicamente, ¡Vaah! En realidad es mucho más fuerte que yo. Me ha dominado incontables veces y sería capaz de tomarme las ocasiones que le vinieran en gana. Si no lo hace, es por lo que dijo en aquella ocasión:

Realmente, quiero dar la mayor importancia a senpai, no quiero perder por segunda ocasión su corazón.

En aquella ocasión, no di el sentido que ahora le daba a esas palabras. Si, ahora me perdería, y no sería porque yo no deseara más que estuviera a mi lado, me perdería por las circunstancias que ahora afrontábamos y no éramos capaces de controlar.

Cuantas veces en el colegio me enseñaron que lo único que valía la pena en la vida, era sacrificarlo todo por nuestros ideales. Esa es una de las enseñanzas básicas en Japón. Me lo repetían tanto y nunca busque el significado de aquellas palabras, no al menos en el sentido que ahora tomaban para mí.

Solo años después, en la preparatoria aprendí que un ideal era un modelo perfecto a seguir y yo me preguntaba ¿Un modelo perfecto? No hay uno como tal, ¡La perfección no existe! Pero un sabio maestro me explico que Hay que sacrificarlo todo a un principio alcanzable, a la perfección.

Me dijo que entendiera que perfección no debía tomarlo como sinónimo de ausencia de errores, fallas o faltas, porque eso no existe, y es inútil buscar lo que no existe, sino que debía comprenderlo como sinónimo de armonía.

Una armonía entre defectos y virtudes. Eso sí puede ser perfección, porque eso sí que existe.

Es como la persona que tiene un encanto único, por el cual es posible llegar a amarla y a cada uno de sus defectos tanto como se puede amar a toda su belleza. Esa persona es perfecta para su amante, y no porque no cometa faltas o errores o no tenga la nariz chueca, o un ojo más grande que otro, es porque su carne, su espíritu y sus modos transpiran total coherencia, total armonía.

Y yo veía en Morinaga eso, armonía, coherencia entre lo que hacía y lo que me decía. Sí, me había dicho incontables veces cuanto me amaba y también me lo demostraba en sus actos. También sé que tiene numerosos defectos, pero estos son superados por sus virtudes.

Mi conclusión era que el... Él era mi ideal.

Y mi ideal ahora me pedía sacrificarme, y sé que los sacrificios que se hacen en vida son los que realmente valen la pena. Sacrificarse muriendo por otros o por uno mismo era ilógico. Pero, entonces ¿Para qué tengo un cerebro en la cabeza y zapatos en los pies? Puedo ir a donde elija...

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La necesidad de orinar lo hizo levantarse del futon antes de Souichi, un extraño zumbido le llamo la atención... ¡Es cierto, ayer habían llamado del hospital de Nagoya! Seguramente insistían en comunicarse con su senpai.

A duras penas alcanzo a contestar.

¿Quieren enterarse de lo que Morinaga escucho? Bien, se los diré aunque tal vez ya lo pensaron:

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- Perdone la insistencia, pero es urgente hablar con Tatsumi Souichi y desde ayer tratamos de localizarlo sin ningún éxito -

- No se preocupe ya no es tan temprano pero, él aún está durmiendo. Sin embargo como en la ocasión anterior yo puedo darle su mensaje -

- Bueno, en realidad es muy vergonzoso tratarlo por teléfono, lo ético seria hablar en persona. Nos gustaría que viniera -

- Por favor deje las formalidades aun lado... Resulta que no estamos en Nagoya y si lo que necesita decir en verdad es urgente, dígalo sin pensar que lo tomaremos a mal -

Después de unos segundos, la mujer nerviosa explico.

- Bien... Resulta que cometimos un error imperdonable... Ayer llego al hospital un paciente con un edema cerebral crónico y no fuimos capaces de hacer nada por él -

- Y ¿Eso que tiene que ver con Tatsumi Souichi? -

- Vera, ¡Tiene mucho que ver! Ese hombre que falleció... Tenía más de sesenta años y cuando buscamos sus estudios en el archivo y seguimiento médico, descubrimos nuestro gran error. Las tomografías y la resonancia magnética nos mostraban el cerebro de una persona joven y bastante sana. Entendimos que esos estudios no eran de él.

Ese hombre que murió se llamaba Tatsumi Suuichi, si Tatsumi Suuichi, no Souichi, como su familiar de veintiséis años. Tatsumi Souichi, su pariente en realidad está muy sano, según su estudio. El médico que lo atendió reviso nuevamente su expediente y concluyo de acuerdo a la entrevista que, lo más probable es que se trate de una migraña o principios de esta junto a mucho estrés y agotamiento... Por lo anterior, los estudios que se le mostraron no eran los suyos, él no tiene ningún tumor -

Tetsuhiro estaba asimilando lo que le informaban, ¿Se equivocaron solo por una letra en los nombres? ¿Intercambiaron los resultados y ese hombre murió creyendo que no tenía nada malo y por ende no se le dio la oportunidad de escoger la quimioterapia?

¿Souichi había decidido algo tan macabro como quitarse la vida el mismo por un enorme error humano?

Morinaga deseaba gritarle todos los improperios conocidos y por conocer a aquella mujer, pero el enojo era superado por mucho por la enorme felicidad que sentía al saber que Souichi no tenía la enfermedad que pensaba tener y que la persona más importante en su vida seguiría vivo. Si, ¡seguiría con vida!

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Y eso no era lo único que lo hacía infinitamente feliz. Tras concluir la conversación con esa persona. Busco su teléfono y ¡Descubrió el video que Souichi olvido borrar de su celular y transferir al suyo el día anterior!

Su rostro no podría estar más radiante y reflejar esa felicidad, alivio y dicha que sentía en lo hondo, intermedio y superficial de su mismo ser.

Maravillado veía en la pantalla la hermosa imagen que tanto amaba, si, Souichi le decía de frente lo que su corazón y mente realmente sentía y guardaba neciamente. La mirada melancólica y fija, lo nervioso y cristalino de sus ojos, la tremosa voz. Todos sus rasgos y gestos le decía que estaba por escuchar algo sincero, algo verdadero:

Morinaga Tetsuhiro: Llevo días pensando que decir y de pronto todo adquiere un sentido, creo que aprendí algo tarde lo que de verdad importa en la vida y, fue que al conocerte cambiaste el eje en que gira mi vida.

Antes giraba alrededor de mí mismo y eso era muy aburrido, me liberaste de mi ego, de mi egoísmo y obstinación. Es mucho mejor que mi último pensamiento sea para ti y no para mí... Y eso me alivia mucho.

Siempre pensé que mi destino era quedarme solo y aunque no lo creas, sólo puedo decirte estas cosas cuando duermes, muchas veces me quedo despierto y pretendo que me oigas. Y podría decirte que eres todo lo que siempre quise y podría pronunciar cada una de las palabras que tú siempre esperabas oír

Me estremezco cuando pienso que puede que no este aquí para siempre como lo has deseado desde que me conoces. ¡Y siento mi corazón latiendo tan fuerte! ¡Y creo que voy a gritar!

- ¡TE AMO MORINAGAAA! -

Ver la última parte que fue interrumpida abruptamente, le hizo casi llorar. ¡Alcanzo a ver las lágrimas que brotaban de esos tristes ojos miel! Pero, al mismo tiempo sentía una dicha que no podría contener y riendo fue sorprendido.

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Souichi finalmente despertaba bastante adolorido de su pierna izquierda que fue levantada de manera acrobática la noche anterior que Tetsuhiro lo tomo, quejoso trataba de levantarse y confundido miraba a Morinaga sonreír como un vil idiota.

- ¿Te causa gracia que apenas pueda moverme después de tus perversiones? -

- ¡Ah, senpa! ¡Buenos días!... De hecho ¡Maravilloso día hace hoy! -

Souichi expectante ante esa declaración, solo dijo lo que se le ocurrió.

- ¿Maravilloso día? ¡Tanto deseabas hacerlo en el baño, idiota! -

- ¡No! Bueno, sí, pero no es a lo que me refiero. Por cierto ¿Dónde está tu celular senpai? -

Souichi, busco a su alrededor y escucho que había llegado un mensaje. Sin entender por qué Morinaga preguntaba eso, contesto:

- Aquí, donde lo deje anoche ¿Por qué? -

- Creo que se escuchó que te llego un mensaje ¡Revisalo! Y entenderás por que digo que hoy es un maravilloso día, de hecho ¡El mejor día de mi vida! -

- ¿Ha? -

Cuando abrió el mensaje y vio su rostro, de inmediato recordó su gran descuido. Se había repetido varias veces para no olvidarlo, que lo primero que haría seria pasar aquel video a su celular y borrarlo del de Tetsuhiro. Pero todo lo que sucedió, las prisas de llegar al hotel antes que la nieve fuera tan densa que se los impidiera, los cuidados que recibió de su amante para que se bañara pronto y el sexo en la ducha. ¡Sí que tenía como justificar ese error!

Una mezcla de disgusto, vergüenza y sorpresa lo hizo ver al teléfono y luego a Morinaga, y repetir a la inversa: a Morinaga y mirar nuevamente el celular.

- ¿Viste esto? ¡Morinaga! ¿Viste esto, Bastardo? -

Morinaga muy tranquilo camino hacia él y tomo su barbilla levantándola levemente, sus ojos desbordantes de amor trataban de transmitirle confianza y sus palabras:

- Souichi, escucharte decir todo eso ha sido tan bello, y como te dije antes, no debes sentir vergüenza es lo más natural trasmitirlo a la persona que amas y yo ahora estoy seguro que tú me amas... Aunque me gustaría mucho más que me lo dijeras ahora mismo, aquí frente a mí -

- Eso, eso no tenías que verlo todavía y yo...

- Pero si lo viera para cuando lo planeaste no podría ya decirte nada, ni abrazarte, ni besarte cómo voy a hacerlo ahora mmm...

Soiuichi volteando su rostro para tomar aire después de ese tierno beso, miro el rostro de Morinaga que aún estaba muy cerca de él, enseguida noto que tenía esa cara que siempre hacia cuando quería pedirle algo y parecía infantil.

- Senpai... ¡Dímelo sí! Anda yo empiezo, Te amo Souichi, te amo demasiado...

- Y ¿Que se supone que diga, tonto? - ¿Ya lo viste en el video no? -

- Te dije que lo quiero oír así, frente a frente ¿No me concederías eso? A pesar de lo que tú esperas que haga -

- ¡Como siempre eres un maldito chantajista!... Pero, lo hare si eso te hace feliz y me apoyas con lo que te pedí -

- ¡Ahora! ¿Quién es el chantajista?...

- Bueno si no te callas, ya no diré nada... Morinaga, yo te, yo te... ¡Ah mi jodida suerte! ¿Tengo que decirlo? -

Con los brazos cruzados y mirada seria, Morinaga dijo:

- Sigo esperando senpai...

Souichi tomo aire y evitando verlo a los ojos dijo muy rápido:

- Morinaga yo te amo, te amo y me hubiera gustado estar contigo para siempre. Lo siento -

Las últimas dos palabras las dijo de manera triste, pero Morinaga ya no podía seguir torturándolo. Pero si no aprovechaba ahora para presionarlo, tal vez debería seguir esperando otros seis años o más para escuchar a ese testarudo hombre decirle "Te amo".

- ¡Estoy tan feliz de escuchar lo que sientes y piensas senpai!... Que ya no me importara si quieres golpearme después de que oigas lo que acabo de saber -

- ¡Qué! ¿Qué se supone que sabes Morinaga? -

- Bueno hace unos minutos llamaron del hospital de Nagoya para informarte algo que no deseaban tratar por teléfono, pero les explique que estábamos lejos de la ciudad y que deberían decirlo si era algo importante. Así que me dijeron que habían cometido un gran error y que los estudios que te mostraron ese día no te pertenecían, si no que eran de un hombre de unos sesenta años y que ayer falleció.

Y esto me hace ahora pensar senpai, que la terquedad es una soga al cuello, que tu terquedad pudo haberte costado la vida, que si ese hombre no hubiera muerto y esos médicos imbéciles no hubieran revisado todo y tu seguías obstinado en realizar tu "Suicidio digno" no te hubieras nunca enterado de esto y yo me habría muerto de dolor después de ti-

Souichi no sabía que decir, lo que escuchaba le sorprendió, pero estaba más atenazado al ver a Morinaga disgustado y nuevamente llorando frente a él.

- Morinaga... Lo siento, no es que no pensara en ti, al contrario pensando en ti más que en nadie es que había decidido aquello. Sé que habrías abandonado tu trabajo por atenderme, sé que me verías consumirme de a poco hasta quedar irreconocible, me verías perder el cabello y vomitar todo el tiempo, pasarías momentos de mucho más dolor al verme así... Pero no creas que te liberaras de ser golpeado, me hiciste decir aquello aun sabiendo lo de mis estudios ¡Teme! -

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Bueno, y podría decir que continuaron hablando y Morinaga deteniéndolo, pues Souichi bastante determinado deseaba regresa ya mismo a Nagoya para partirle la cara al médico y su equipo de malditos incompetentes como los llamo.

Pero permanecieron todo el domingo exponiendo su sentir, al final de cuentas, ambos ya habían comenzado a exteriorizar un poco más sus emociones y sentimientos. Y aunque Souichi era alguien muy inteligente, esta vez sí que se precipitó al decidir. La vida puede ser bella, pero también monstruosa y muchas veces contribuimos para que nos vaya más mal de lo que se esperaría.

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FIN.

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***Durante los siglos XVII y parte del XVIII, el seppuku o harakiri de los japoneses, una especie de suicidio asistido, el cual devolvía al honor a quien lo ejecutara en caso de haberlo perdido de alguna u otra forma, honor que debería compartir con una persona de su completa confianza, quien en caso de que fallara el ejecutor, debería culminar su trabajo. Esto puede sonar un tanto trágico para nuestra cultura occidental, pero deberíamos ver el mensaje que oculta todo este simbolismo, el suicidio es la acción más honorifica que podía realizar un hombre.

En realidad muy pocas muertes tenían lugar de la propia mano del samurái. De ser así era un proceso prolongado y agónico que podía durar varias horas. A su lado asistía un kaishaku o ayudante, generalmente un amigo o familiar, que decapitaba al moribundo bajo una señal previamente acordada.

El ritual completo consistía en clavarse el tanto por el lado izquierdo con el filo hacia la derecha; cortar hacia la derecha firmemente y volver al centro para terminar con un corte vertical hasta casi el esternón.

Pero, naturalmente, esto resultaba demasiado doloroso y al mismo tiempo desagradable para el público, por lo que la figura del kaishaku se hacía casi imprescindible para aligerar el acto.

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Espero les haya gustado este Two-Shot. Como siempre, si desean pueden comentar.

Saludos.

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