N/A: Saint Seiya y todos sus personajes son propiedad de Masami Kurumada.


Era otro frío día en el Santuario; el invierno se hacía notar con énfasis en el primer mes del año, por lo que los cuidados y las medidas de seguridad se habían vuelto más rigurosas para que este invierno no dificultara el trabajo de caballeros y guardias. Las primeras semanas de enero eran las más agotadoras para Athena y el Patriarca, ya que en conjunto debían organizar las próximas actividades del año. Sin embargo, ese mismo día el viejo Shion de Aries notó cierta apatía en el rostro de la joven diosa.

—Querida Athena— le comentó mientras ordenaba los largos pergamino de su escritorio —, entiendo su cansancio, pero debemos terminar las planificaciones hoy, estamos muy atrasados.

—Lo sé— respondió con desgano la joven —es solo que anoche no pude dormir pensando que este año cumpliré 20 años.

—¡Así es! el vigésimo aniversario de que Athena volvió a la Tierra. ¿desea hablar de aquella celebración? Imagino que quiere una gran fiesta, aunque aún tenemos muchos meses para organizarla…

—¡No es eso! — lo interrumpió con pena —anoche me di cuenta que no he hecho nada que una joven normal de 20 años… bueno, ya sabe, lo que cualquier chica hace—

Ante los dichos de la diosa, el viejo Patriarca se levantó de su enorme silla y se acercó hacia ella, tomó sus manos y dijo: —Usted no es una "chica cualquiera". Usted es la diosa Athena que ha vuelto a la Tierra para traer paz y justicia. — besó su frente como un padre a su hija, mas no dejó confortada a Saori. —Ahora volvamos a trabajar, querida. Luego hablaremos de su fiesta.

Apenas Shion volvió a su escritorio, uno de sus guardias interrumpió para anunciarles la llegada de los Caballeros que volvían de su misión. Saori de pronto volvió a tener brillo en sus ojos. Agradeció al guardia y se levantó con entusiasmo, pues sabía que el más fiel de sus Caballeros volvía después de varias semanas. Al instante de que el guardia saliera, los tres Caballeros entraron al despacho del Patriarca.

—Seiya, Hyoga, Shun. ¡Bienvenidos! — habló Shion con agrado y los susodichos hicieron una reverencia. —Espero traigan buenas noticias y que esta vez no hayan olvidado el reporte.

—¡Nada de eso! Aquí lo tengo — respondió Shun mientras le entregaba un enorme sobre —, y si me disculpan mi diosa y mis compañeros, quisiera hablar en privado con el Patriarca. — Los tres mencionados accedieron cordialmente y se retiraron de la habitación.

Aunque Hyoga y Seiya fuesen sus Caballeros, también eran sus amigos y, por lo mismo, Saori los invitó a su despacho para que les comentara todo sobre el viaje. No pasaron más de 15 minutos para que Hyoga terminara su relato y se excusara para retirarse. Apenas éste salió, Seiya y Saori se abrazaron fuertemente diciéndose cuánto se extrañaban.

—Hay mucho de qué hablar, Seiya.

—Lo sé, pero puede esperar… permíteme disfrutar tenerte entre mis brazos.

—¡No! — contestó ella separándose —puede ser peligroso si llegasen a vernos. Además, debo contarte algo importante… algo que está próximo a pasar.

—¿Próximo a pasar, Saori? ¿acaso se aproxima una guerra? —preguntó desconcertado.

—Fui a hablar con el Oráculo; me ha dicho que se vienen tiempos decisivos para el Santuario. No especificó ni mencionó detalles, solamente dijo que los vientos de hoy anuncian cambios y debemos estar preparados. — Seiya quedó más que confundido, pero una pizca de esperanza iluminó su rostro; quizás eran buenas noticias para él y Saori, pues ambos anhelaban poder expresar libremente su amor, pero sabían que sería imposible sin un milagro.

Las primeras dos semanas de enero eran fechas importantes, pues iniciaban las postulaciones a subcargos del Santuario: agricultores, arquitectos o restauradores, curanderos, geógrafos y representantes. Cada uno de estos subcargos tenían sus requisitos para poder ser aspirantes y consistían en tres años de educación; dos años de enseñanza fuera de Grecia y uno de práctica dentro del Santuario. Shun solicitó una postulación para ser curandero del Santuario, se necesitaban mínimo seis de estos en el lugar y la demanda era baja, pues los requisitos eran los más exigentes y, por eso mismo, muchos reprobaban.

—Muy bien, Shun. Estuve leyendo tu historial, — comentó Shion desde su enorme silla, mientras ojeaba una delgada carpeta —y déjame decirte que eres un Caballero ejemplar. Aunque no me sorprende, porque sé que eres un buen chico. Debo comentarte que Shura de Capricornio también ha solicitado el puesto de curandero, y al igual que tú, tiene un historial impecable. Viajarán juntos, así que te aconsejo que hables con él para que organicen su viaje. Dentro de unos días enviaré una carta a nuestra sede en Sicilia, Italia, para que los reciban a inicios de febrero. ¡Felicitaciones! — sin más que hacer, Shun se retiró dichoso. Ahora quedaba en comentarles a sus más cercanos y hablar con Shura. Al salir, se encontró con el Caballero de Libra, quien era seguido por June. Los tres se saludaron con una cortés reverencia y Dohko entró al despacho del Patriarca.

—¡June! ¡Qué alegría verte! —ambos se abrazaron amistosamente —Hacía meses que no nos veíamos. Dime, ¿ya eres geógrafa?

—Todavía no. Ahora mismo entrego mis resultados y mis trabajos. Espero que el Patriarca los acepte, además tengo el respaldo del maestro Dohko. — a pesar de la máscara, Shun notaba los nervios en June. Le dio sus mejores deseos y le comentó que fue aceptado para aspirante a curandero. Al instante, June fue llamada al despacho del Patriarca. No era secreto para Shun que la Santa de Camaleón tuviese fuertes sentimientos por él en su adolecer. June había tomado la decisión de convertirse en la geógrafa del Santuario como excusa para olvidar sus sentimientos hacia el joven Andrómeda y, a pesar de que al principio fue difícil, logró su objetivo. Ahora sentía tranquilidad y un amistoso cariño.

June entró al despacho, saludó cordialmente y entregó sus resultados y sus trabajos; mientras Shion ojeaba el álbum de dibujos, Dohko le guiñó graciosamente el ojo a la rubia. Él era el instructor de los aspirantes a geógrafos y June fue la única alumna que aprobó la disciplina en su totalidad.

—Muy bien, June— dijo el Patriarca apenas terminó de ver los trabajos —estoy impresionado. Tus trazos y tu estilo de dibujo son muy detallados y meticulosos, al igual que tus descripciones y análisis. En un principio pensé que mi amigo Dohko exageraba, pero al ver tus trabajos me doy cuenta que decía la absoluta verdad.

—Le decía a Shion — agregó el maestro libra —que tienes un gran talento para la cartografía y que puedes iniciar a actualizar los mapas desde principios del mes siguiente.

—¡Así es! Y estoy muy feliz de nombrarte geógrafa del Santuario— el Patriarca se levantó y le dio la mano a la joven —¡Felicidades! June de Camaleón, eres la nueva geógrafa del Santuario. ¡Aries tenías que ser!

—¡Muchísimas gracias, Patriarca! — June estaba orgullosa de sí misma; a pesar de que no podían ver su rostro, podían sentir la alegría en sus palabras. El Patriarca y Dohko volvieron a felicitarla y que confiaban en que le haría honor a su subcargo. Le recordaron que seguía siendo un Caballero de la Orden de Athena y que, si se le necesitaba en caso de guerra, debía acudir al llamado.

—Ahora ve a hablar con Camus de Acuario— ordenó Shion —, tu primera misión como geógrafa será acompañar a nuestro representante a Asgard, así que debes traerme un reporte del clima y del territorio — y así la amazona bajó hasta la décima casa.

Camus era el representante del Santuario, pero al ser esclavo de las formalidades, le gustaba que se usara el titulo original: "Representante de Relaciones Exteriores y Diplomáticas del Santuario de Athena", y como tal, tenía citado visitar Asgard para renovar los acuerdos amistosos entre el Santuario y Asgard. La tarea de June era simple: hacer una descripción actualizada del territorio y del clima. Si sus cálculos eran correctos, tardaría al menos tres meses en concretarlos, así que estaría un buen tiempo fuera del Santuario. Antes de que la Santa de Camaleón llegase a interrumpir, Camus se encontraba sentado con un café, mientras escuchaba las quejas de su querido amigo Milo.

—¡Sigo enfadado, Camus! — decía el escorpio mientras caminaba de un lado a otro —anoche me metí en su casa exclusivamente para aclarar las cosas… para exigirle otra vez una explicación y ¿qué crees que dijo?

—¿Qué dijo? — contestó aburrido el acuario.

—"¡Cómo se te ocurre meterte en mi casa, idiota!" — imitaba con burla —"¡Qué no te das cuenta que está prohibido que los hombres entren en territorio de amazonas!" ¡Já! Ahora se preocupa, siendo que hace medio año bien que nos revolcábamos en su cama.

—Milo, eres patético— interrumpió el francés —Si Shaina no quiere hablar más del tema, no la fuerces ¡Supéralo de una vez! Ella fue clara al decirte que no seguiría contigo por los riesgos que implica que los Caballeros de Athena se involucren… ¿O se te olvida lo qué pasó con Geist y Shura? — el griego, avergonzado y molesto, guardó silencio. —Tal vez Shaina te amó en algún momento, pero eso ya pasó y es tiempo que la dejes ir. Agradece que fue directa contigo y que aún puedes verla. No como Shura, que Geist simplemente se fue sin decir adiós— Antes de que Milo pudiese responder, la Santa de Camaleón llamó a la puerta y fue invitada a pasar por el dueño de casa.

—Lamento interrumpir, Caballeros, pero el Patriarca me ha enviado a hablar con el maestro Camus. — al oír esto, Milo se despidió y se retiró con enfado. Probablemente ahogaría sus penas en alcohol en la casa de Escorpio, pero eso ya no era problema para Camus. Invitó a la rubia a sentarse y ésta le comentó con entusiasmo las órdenes del Patriarca.

—Así que el viejo Shion te ordenó viajar conmigo— comentó el dorado —bueno, espero que seas resistente al frío. ¿has estado en Asgard con anterioridad?

—No, maestro. Pero he leído tres libros sobre Asgard.

—Eso es un no para mí, jovencita—respondió indiferente—bueno, al menos tienes conocimiento ¿Qué tan rápido lees? —

—Uhmm… ¿lo normal? — contestó confundida, pues no entendía a qué venía esa pregunta.

—¿Es una respuesta o una pregunta? — la joven se encogió de hombros y Camus rodó los ojos. Acto seguido, sacó un grueso libro de su enorme stand y se lo entregó a la rubia —Ten, es la Historia de Asgard, quiero que lo termines para cuando viajemos. No quiero viajar con un acompañante que desconoce la cultura de la zona.

—Pero aún no me ha dicho cuándo viajaremos.

—A principios de febrero. El viaje es largo y es muy frío. Así que te aconsejo que empaques tus mejores ropas de invierno.

Los días pasaron volando, tan solo faltaba un día para que terminara el mes y las Santas de Ofiuco, Camaleón y Águila se encontraban cenando en la casa de esta última, pues Marín tenía una inesperada noticia que darles:

—¡Estoy embarazada! —las otras dos quedaron sin habla —¡Por favor! No se queden calladas. ¡Digan algo!

—¡Oh, Marín! ¿qué es lo vas a hacer? —preguntó June mientras tomaba las manos de la pelirroja —¿Aioria ya lo sabe?

—Sí. — respondió Marín entre sollozos —se lo he dicho hoy en la mañana y vendrá a media noche a visitarme— de pronto Marín comenzó a marearse y quejarse de fuertes puntadas en el vientre, las otras dos chicas la ayudaron a recostarse en la cama y le aseguraron que la acompañarían hasta que se sintiera mejor. En tanto esperaban a que dieran las doce de la noche, Shaina preparaba unas hierbas medicinales para Marín. Desafortunadamente, ninguna de las tres tenía mayores conocimientos sobre el embarazo, pero June tenía un libro sobre hierbas medicinales que sería de gran ayuda. Y de repente, mientras le ayudaban a Marín a beber el agua medicinal, el Caballero de Leo llamó a la puerta, y al entrar, corrió al ver a su amada en cama.

—¡Marín! Ya estoy aquí — el griego enlazó sus manos entre las de la pelirroja y las besó queriendo consolarla. —¿Te sientes bien? — ella negó con la cabeza y pidió a sus amigas un poco de privacidad.

—Aioria, tengo miedo… Cuando todos se enteren me enjuiciarán y me quitarán al bebé— otra puntada le interrumpió —¿qué debemos hacer? — Aioria no pudo responder, estaba tan asustado como Marín. Sabía perfectamente que corrían el riesgo de ser exiliados y, peor aún, les arrebatarían el bebé apenas naciera. Confiaba en el buen juicio de Athena, pero no en el del Patriarca ni del resto de los dioses. De un momento a otro, Marín perdió el color y se desmayó. Aioria llamó a las otras dos amazonas pidiéndoles ayuda, ya que Marín no reaccionaba.

—¡Maldita sea! — habló Shaina mientras levantaba las piernas del águila —¡¿qué mierda haremos ahora?!

—No podemos llevarla al centro médico del Santuario— intervino el leo —, debemos llevarla al hospital de la ciudad.

—¡¿Estás loco?! ¡Es una hora y media de viaje! ¡Además, pueden vernos los guardias! —

—¡No tenemos opción!

—¡Chicos! — interrumpió June apenas levantó el cubrecama —¡Marín está sangrando!

La noche le daba la bienvenida a la madrugada y el frío se volvía cada vez más intenso. Esa tarde Milo había bebido lo suficiente como para hacer locuras. Se tambaleaba mientras intentaba llegar a la cabaña de la Santa de Ofiuco, llevaba consigo unas rosas que había robado de la Casa de Piscis exclusivamente para entregárselas a Shaina, confiaba que le gustarían. Estaba penetrando la zona de las Amazonas, cuando de pronto a lo lejos divisó tres siluetas en la oscuridad.

—¿Qué carajo? — balbuceó por lo bajo. Se acercó lo más rápido que pudo y reconoció a Aioria y Shaina, pero no identificó a las otras dos personas. Enfurecido, creyendo estúpidamente que su amigo tenía infidelidades con la mujer que amaba, les gritó. —¡¿Qué mierda está pasando?! — al bramido, los tres involucrados se voltearon con temor y, finalmente, Milo logró identificar que Marín era llevada inconsciente por Aioria y Shaina mientras June iba adelante vigilando el camino. June le dio la orden a Aioria y Shaina de seguir, en tanto ella espantaba a Milo.

—¡Milo! ¡Vete de aquí! — rogaba con desesperación la rubia, pero Milo exigía explicaciones. —prometo mañana comentarte todo, pero ahora debes irte—

—¡Quiero hablar con Shaina! ¡Permíteme ayudarlos! — pero June le negó y le rogó que dejara de hacer más ruido. Sin embargo, al oír las voces de los guardias, June abandonó a Milo y corrió hacia sus amigos. Aunque ya no se podía hacer nada: June llegó al lugar y vio como los guardias retenían a Aioria y Shaina, mientras el resto se llevaba a Marín directo al centro médico.

Continuará…


N/A: Hola! aquí traigo una nueva historia, muy diferente a la primera que escribí. Acomparación de mi primera historia, he cambiado el estilo de escritura, porque he querido intentar nuevas cosas y apegarme más a la forma universal (no sé si la más "universal", pero sí la más usada o correcta).

Espero les guste y les haya atrapado el primer capítulo.

Muchos cariños Ü