N/A: Saint Seiya y Saint Seiya Omega son propiedad de Masami Kurumada y TOEI.

cursiva: recuerdos.


El templo de escorpio se había quedado solo por un mes, su guardián había sido enviado a una misión con Kanon de Dragón Marino, por lo que Milo ordenó colocar una cuna para su futura alumna, quería que se acostumbrara al lugar; por ello, invitó a Shaina y a la niña a quedarse. No se daba cuenta, pero se había encariñado con la pequeña. Por otro lado, Shaina no se adaptaba muy bien al templo, era demasiado grande y sabía que cuando llegara su guardián debería volver a su cabaña con la niña. Agradecía que Milo le dejara libertades y una cama para ella.

Shaina se preparaba para dormir cuando sintió unos pesados pasos entrar al templo. Corrió agitada y se encontró a Milo cojeando en dirección a su habitación. La sorprendió pues se suponía que estaría afuera casi seis meses.

¿Qué sucedió? —preguntó la joven mientras ayudaba a recostarlo.

Nada… —contestó quejándose por el dolor.

Shaina revisó la pierna de Milo y admiró una profunda herida. Fue en busca de vendas y algún botiquín, pero Milo se negó a recibir su ayuda. El agitado cosmos de Milo fue percibido por la pequeña Sonia, provocándole un llanto incalmable.

Yo puedo curarme. Ve a ver a Sonia —ordenó, pero Shaina se quedó allí y colocó sus manos alrededor de la herida del caballero —. Ve por Sonia… yo puedo…

Milo se impresionó al sentir el cálido cosmos de la Santa, el dolor disminuía y, sin notarlo, la herida y ardor desaparecieron.

Gracias, Shaina —contestó secamente el escorpio —. Pero te recuerdo que estás en mi templo. Si te ordeno que hagas algo, lo haces.

Shaina frunció el ceño y corrió molesta a atender a la pequeña. Había tenido un buen gesto con el caballero, sin embargo, él fue descortés… o así lo creía ella.

A la mañana siguiente, Shaina tenía sus cosas y las de la pequeña listas para volver a su cabaña. Entró al baño a recogerse el cabello, pero cuando salió se encontró con el guardián del templo. Ambos se saludaron secamente, y ella continuó en dirección a la cuna de Sonia.

Te debo una disculpa —habló el escorpio —, anoche me ayudaste y me dejé llevar por el orgullo.

Disculpa aceptada —Shaina no tenía intenciones de ocultar su malestar —. Espero sea la última vez que me hable así, caballero.

Tienes mi palabra. Por otra parte, estaba pensando en que si es tu deseo dejar a Sonia unos días aquí en el templo, me gustaría cuidar de ella.

Caballero, sabe que no puedo dejar a Sonia. Es mi deber cuidarla.

Puedes quedarte también si quieres.

Shaina titubeó un poco, pero los ojos de Milo parecían un poco brillantes, al parecer se emocionaba tener a la pequeña consigo.

De acuerdo —contestó ella —, solo unos días.

Caía la madrugada y los rumores volaron rápido por el Santuario. Había pasado un mes de la ida del Caballero de Escorpio y el Patriarca había descubierto nuevas relaciones y aventuras en la Orden. Athena y Shion discutían por el despojo de las armaduras de los caballeros de plata involucrados en la fiesta de Misty de Largato donde muchos intimaron entre ellos y con algunas mucamas.

Por su parte, Shaina descansaba en su cama abrazada a la carta que le había escrito Milo. Se reía sola cada vez que la releía, pero a ratos su sonrisa se borraba al recordar al Caballero de Acuario. Lo odiaba por lo de Geist y por interponerse en su relación con Milo. Además, odiaba todos los secretos del Santuario de Athena. Todos tenían secretos: Camus, Geist, Marín, incluso la misma Athena. Al igual que ella, todos se escondían bajo una máscara.

Se acomodó y con papel y lápiz comenzó a redactar una carta para Geist. Necesitaba entender la verdadera razón de su huida y por qué era tan necesaria para detener el caos del Santuario. Sabía que el Patriarca rastrearía la dirección de esa carta, así que con tal de pedirle a Dohko o a su diosa, la carta llegaría a su receptor.

De un golpe, Shaina fue interrumpida. El maestro libra se adentraba angustiado.

—¡Maestro! No pueden verlo aquí.

—¡Shion los descubrió!

—¿A quiénes?

—Shion se enteró sobre Mü y Pavlin —Shaina empalideció. Tanto Mü como Pavlin eran considerados de los más ejemplares y respetuosos a las normas. Todos sabían el gran cariño que tenía el Patriarca por Mü, imaginarse que su antiguo alumno se viera involucrado en una relación clandestina sería un fuerte golpe. Aquel cariño impulsó a Mü a confesar, nunca le gustó estar entre secretos, para él negar a Pavlin era engañarse a sí mismo, por lo que decidió aceptar cualquier castigo.

Shaina odió a Mü por un instante, pero sabía que Pavlin compartía el pensamiento del joven aries, pues muchas veces vio el dolor en ambos al tener que evitarse frente al resto. Pavlin podía guardar secretos de otros, pero nunca fue buena para ocultar los suyos.

—¿Qué se supone que debemos hacer?

—Esperar —contestó nervioso el maestro libra.

—¿Esperar qué, Dohko? ¿Esperar a que sigan encerrado a los que no son castos? ¿a que condenen a las que decidimos quitarnos la máscara…? —Shaina se acercó al maestro y tomó sus manos —¿A pensando acaso qué hará el Patriarca cuando se entere que usted sabía de todos nosotros y nunca hizo nada?

—Confío en que Geist estará aquí para cuando llegue ese día.

Shaina se enfureció bajo la máscara. Nuevamente Geist sería la protagonista de los secretos del Santuario. Dio un golpe a la pared.

—¿Qué tiene que ver Geist en todo esto?

—Ya lo sabrás.

—¡No, maestro! Me lo dirá ahora. Estoy cansada de tantos secretos, de tantas mentiras —la voz de la amazona se quebraba en llanto —. Geist era mi amiga y nunca me dijo por qué nos dejó. Milo fue a buscarla sin siquiera saber por qué es tan importante… Perdí a Marín, ahora a Pavlin…

Dohko solo abrazó a Shaina. Lo que se escondía en el Santuario era una historia de siglos. Quizás Shaina no estaba preparada para saber todo, pero con contarle una parte que esperanzara a la chica bastaría.

—Está bien. Te contaré —contestó el libra —. Solo te pido que esto quede entre nosotros.

El invierno no era la estación preferida para muchos, Milo la sobrellevaba con buen vino. Con las indicaciones dadas por el Caballero de Libra, fue a un pequeño pueblo en Italia en busca de una mujer que nunca vio su cara. Apenas tenía una vaga descripción de Geist. Solo sabía que era un poco más alta que Shaina, de cabello negro y grandes ojos. Llevaba un mes buscando a Geist, pero no daba con ella. Dohko le había entregado la información sobre el hostal donde Geist trabajaba, pero no la encontró. El lugar estaba cerrado.

Decidió volver a su hostal. Para su suerte, era el único huésped. La señora Mary, dueña del lugar, le ofreció cenar. El escorpio aceptó con una sonrisa. Mary estaba encantadísima con el Caballero, pues presumía que en su juventud un hombre tan guapo como él la pretendió. Milo solo reía, esa mujer era una buena oradora y gran oyente.

—De donde yo vengo, una mujer tan encantadora como usted me espera —respondió el escorpio mientras degustaba el plato de comida en la mesa. Milo prefirió no comentar que era un caballero de Athena. Simplemente dijo que estaba vacacionando y disfrutaría más si la anfitriona oraba alguna historia. Mary le comentó cómo inició su hostal, todas las personas que habían pedido habitación… o al menos de las que se acordaba, y de Francesca, la chica que le ayudaba con el orden.

—¿Y ella no está?

—Francesca tiene muchos trabajos. Además, no está bien de salud. Viaja muy a menudo a Sicilia para que la atiendan. Como verá, este es un bello pueblo, pero inaccesible para algunas cosas.

Milo agradeció la cena y la conversación. Se despidió para descansar y retomar su búsqueda al día siguiente. Sin embargo, aquella búsqueda cesaría, puesto que por la puerta principal entró una joven mujer de cabello negro.

—¡Buenas noches! —se anunció la joven —. ¿Señora Mary?

La joven se adentró, dejó su maleta y los zapatos. La señora Mary apareció y corrió a saludarla.

—¡Francesca! ¿Cómo te fue? —ambas se abrazaron. Por el hombro de Mary, Francesca divisó al escorpio —. Él es nuestro huésped, el señor Milo de Escorpio.

—Un gusto conocerla al fin, señorita —Milo acercó su mano, pero Francesca fue desconfiada al estrecharla. Un silencio incomodo invadió el lugar.

—Igualmente… —respondió la joven, y por el brazo alejó a Mary —Disculpe, señor. Pero debo hablar a solas con la señora Mary, si no le molesta.

Milo hizo una leve reverencia con la cabeza y se retiró. La chica era extraña y desconfiada, lo intrigaba al punto de creerla deshonesta.

En tanto, Mary regañaba a Francesca por la actitud con su huésped. Normalmente Francesca era amable, pero distante. En esta ocasión la creyó exagerada.

—Él no puede estar aquí.

—Niña, ¿qué te pasó que llegaste tan descortés?

—Lo conozco —la señora Mary se cubrió la boca del asombro.

—¿No me digas que él fue tu amante?

—¡No! Él no… pero fue el amante de una amiga.

Sin importar lo pronto que caía la noche, June estaba enamorándose de Asgard. Al ser hábil con los dibujos, lograba avanzar rápido con los mapas y, así, le sobraba tiempo del día para disfrutar de la hermosa vista que tenía el jardín de Hilda: esculturas de hielo, algunas en forma de flores y arbustos, rodeaban el gran estanque congelado con una estatua de una mujer desnuda. June amaba verla, admiraba la libertad que expresaba la estatua, se imaginaba siendo ella.

Sentada en una de las bancas del jardín, decidió inmortalizar la escultura en un dibujo. Los trazos de June eran detallados y finos, calculados específicamente para resaltar la libertad que expresaba la estatua. Antes de terminar, Flare, hermana menor de Hilda, se acercó a saludarla.

—Es una bella estatua, ¿no? —comentó la asgardiana sentándose junto a June —. Se avecina una tormenta.

—Solo me faltan unos detalles. En seguida entro.

—No me refería a ese tipo de tormenta —June dejó su dibujo confundida —. Como la desertora, tu máscara dejarás y tu rostro todos verán, antes que desentierres el pasado.

No todos en Asgard sabían que Flare tenía visiones. June se inquietó, la fría incertidumbre detuvo sus pensamientos; no había preguntas que hacer, ni respuesta que dar. Flare se retiró y caminó hacia el Palacio.

June se revolcaba en su cama intentando dormir, pero las preguntas eran muchas y las respuestas pocas. "Desertora, máscara, rostro y pasado" repetía en su cabeza sin parar. Unió todas esas palabras y como resultado daba Geist, pues dejó su máscara en el pasado, siempre creyó inútil ocultar su rostro, por lo tanto, era una desertora. ¿Pero qué tenía que ver con June? ¿Ella también sería una desertora? ¿Y qué significaba desenterrar el pasado? Cambió de posición, y tan rápido como se movió, Lyfia entraba en su habitación con el desayuno. June se tapó la cara con una almohada al darse cuenta que se había desvelado toda la noche.

—Buenos días, June. Prepararé su baño.

—¡No! Lyfia. No dormí nada —se quejó June mientras se levantaba.

—¡Cuánto lo siento! Pero no se preocupe, puedo prepararle café si prefiere.

—Recuerda que te pedí que nunca me sirvieras café. Es terrible para la voz.

—Lo siento, June. Mi cabeza está en otro lugar —contestó la asgardiana entre risas mientras entregaba el vaso de jugo a la rubia —. Usted me recuerda tanto a una amazona que conocí. También se quejaba de mi café y de lo malo que era para la voz. ¿Será que todas en el Santuario odian el café?

El vaso de jugo cayó al suelo, quebrándose en pedazos, uno de estos hirió el desnudo pie de June; pero ella no sintió nada, quedó perpleja al escuchar "amazona" y "café". Tanto June como Geist compartían un rechazo al café, pues al ser amantes del canto, sabían que el café no era el mejor amigo de la voz al momento de cantar. Entonces, ¿Lyfia conoció a Geist? ¡Cómo sería posible si Lyfia nunca había salido de Asgard!

—Lyfia… —habló con un hilo de voz —¿cuál era el nombre de esa amazona?

—Francesca —contestó la aludida mientras recogía los pedazos del vaso —. ¿La conoce?

—No. ¿Cómo era ella?

—Tenía el cabello negro y ojos brillosos. Era más delgada que usted. Era muy hermosa.

—¿Y esa amazona no llevaba su máscara?

—No. Dijo que odiaba usarla. Así que abandonó esa vida y venía en busca de algo mejor —June intentaba disimular el quiebre en su voz. Esa descripción coincidía con Geist.

—¿Y dónde la conociste?

—Vino a Asgard con el Caballero de Acuario —cada palabra que decía Lyfia era un golpe para June. Acababa de enterarse que Geist, con quien entrenaba, con quien de pequeñas se desvelaba leyendo revistas y escuchando la música en su anticuada radio, esa Geist había abandona el Santuario para venir a Asgard, y en compañía de Camus. June se dejó caer, y rápidamente Lyfia la sostuvo para recostarla.

—¿June, se encuentra bien?

—No. Necesito descansar.

—¿Quiere que llame al Caballero de Acuario?

—¡No! —gritó con recelo —. Dile que estoy enferma. Y que nadie me moleste, por favor.

Lyfia obedeció, y se retiró tan pronto como pudo. June se recostó e intentó calmarse. Sabía que debía escribirle pronto a Shaina y exigirle explicaciones a Geist, pues nunca mencionó su viaje a Asgard con el maestro acuario. Para June era extraño que Geist se relacionara con alguien como Camus, mucho más si emprendían un viaje juntos. Necesitaba descansar y aclarar su mente. Encontraría la forma de hablar con el Caballero de Acuario.


N/A: Me disculpo por la demora.

Agradezco sus reviews. Creo que en el fondo lo que motiva a continuar esta historia es la aceptación que tiene.

Espero disfruten este capítulo.

Muchos cariños!