Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.

Aclaraciones:

"— Diálogo con narrativa en tercera persona (Recuerdos)".
"Narrativa en primera persona"
"Narrativa en tercera persona"


Autora: Suki90
Serie: Saint Seiya
Título: Rememorando.


Capítulo 1
"
Golpes inesperados".

¿Cómo poder olvidar ese día? Tras largos años entrenamiento en Grecia con Marín… finalmente fui capaz de volver a Japón, a mi tierra, en donde, a pesar de negarlo durante mucho tiempo, encontré otra razón para vivir…

Después de muchísimo tiempo finalmente regresó, a ese lugar que no hacía más traerle malos recuerdos de su niñez. Pero bueno, no es como que eso tuviera mucha importancia en ese momento, ahora lo único que quería es que aquel hombre, ese que los obligó a sufrir tanto, cumpliera su promesa.

¿Por qué tardará tanto ese viejo? —susurró para sí el moreno de forma impaciente.

Pocos segundos después la puerta finalmente se abrió, lo que por supuesto alegró los oídos del japonés de tez morena. Sin embargo grande fue su sorpresa al escuchar una voz muy diferente a la que esperaba oír.

Seiya, cuánto me alegro de verte —le dijo aquella voz.

Esto sí que era una sorpresa, y estaba completamente seguro de que sus ojos de alguna manera denotaron dicho sentimiento. Sin embargo decidió no alterarse de más y hacer de cuenta que no pasaba nada.

Dándose por fin la vuelta es que pudo observar a la joven dama que lo recibió.

Si, lo recuerdo bien… La primera vez que la vi después de 6 años me causó una gran sorpresa, ya que Saori se había vuelto una joven realmente hermosa, ya era toda una señorita de sociedad; algo que por supuesto siempre dudé y critiqué desde niño.

Por favor, deja esa pesada armadura y descansa un poco antes del combate de mañana —sugirió la Kido con elegancia y hospitalidad.

¿Combate…? —preguntó Seiya de pronto, confundido, rompiendo el eterno silencio que se había creado.

Saori, quien nunca dejó de mostrar su porte, se dirigió hacia su mayordomo— Veo que todavía no sabe nada. ¿Aún no se lo has explicado, Tatsumi?

Señorita, discúlpeme, pensé que le agradaría comunicarle usted misma esa noticia —se excusó el mayor.

Comprendo —girándose de nuevo a Seiya, la joven procedió—. Debes saber que el Desafío Galáctico es el mayor torneo entre caballeros del mundo. Todos los campeones se enfrentan ahí, y hoy ha comenzado. En tu primer combate te enfrentarás a…

El Caballero del Oso —mencionó Tatsumi.

Seiya sólo sonreía, dejando que terminaran de hablar.

Estoy segura de que será un combate apasionante, ¿tú qué opinas?

Ja, ni hablar —respondió Seiya, esquivando las miradas de los anfitriones.

Y como era típico de mi, le contesté mal…

Aunque nadie podía culparme en ese entonces, ya que si bien mi corazón se detuvo por culpa de su deslumbrante belleza… mi resentimiento hacia ella, hacia su familia era mucho más grande, y ese simple gusto por su apariencia física no era lo suficientemente poderoso como para hacerme olvidar aquel odio y desprecio que siempre guardé por dentro.

¿Cómo? —preguntó Tatsumi al aire, mirando a Saori desconcertado.

No voy a pelear porque no tengo ninguna intensión de participar en un espectáculo como ese —respondió, aún si dirigirles la mirada.

¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¡Le debes respeto a la señorita! —exclamó Tatsumi queriendo golpear a Seiya, pero olvidó un pequeño detalle…

Seiya lo tomó del brazo con facilidad y lo dejó en el suelo como si nada— Yo no le debo nada a esta señorita… —le dijo con formal desdén antes de girarse a Saori—. Quiero ver a Mitsumasa Kido.

No puedes verlo… Mi abuelo murió hace casi 5 años —respondió Saori con tranquilidad. Claro que esa noticia no fue bien recibida por el moreno.

Girándose completamente hacia ella, habló— ¿Qué dices…?

Un año después de que te fuiste a Grecia se lo llevó súbitamente una enfermedad —le confesó ella, dejando ver un poco de tristeza en sus ojos. Cosa que no pasó desapercibida por el caballero…

Pero, a pesar de la sorpresa, el joven guardó la compostura— Así que… está muerto… —susurró—. Se lo merecía. Después de todas las penalidades que le hizo pasar a tanta gente a lo largo de su vida.

Ahora que recuerdo todo lo que le dije sobre su abuelo… no puedo evitar sentirme mal por ella, especialmente porque Saori en ningún momento dejó de tener ese sentimiento de tristeza y dolor en su mirada.

En ese entonces no lo sentía, pero ahora de sólo recordarlo… deseo con tanta fuerza ir y darme una paliza yo mismo. ¿Cómo fui capaz de hacerte sufrir…? Si te viera ahora en esas circunstancias no podría soportarlo…

Saori…

¡No te permito hablar así…! —habló Tatsumi, pero Seiya lo detuvo con su brazo.

Ya que tú eres su nieta posiblemente puedas cumplir la promesa que él me hizo —dijo.

¿Una promesa?

Yo tengo una hermana. Cuando ella y yo estábamos en el orfanato a tu abuelo no se le ocurrió nada mejor que separarnos.

Saori sólo miró expectante, intentando comprender a qué promesa se refería Seiya.

Me obligó a ir a Grecia y realizar el entrenamiento de caballero. Y prometió que si volvía con la armadura sagrada me permitiría volver a verla —expresó con seriedad.

La dama de los Kido, quien escuchó atentamente todo lo que el moreno le dijo, finalmente habló— Sí, creo recordar…

He traído la armadura, ¡quiero ver a mi hermana inmediatamente! —demandó sin más.

De pronto la puerta volvió a abrirse, y de ella se vio salir a otro joven de su misma edad y complexión — No levantes la voz, Seiya —le exigió.

¿Qué…?

Si tienes miedo de participar en el torneo, no mereces llevar esa armadura que cargas —le dijo el rubio que había salido.

¿Quién eres tú? —demandó saber el moreno.

Tronándose los dedos y con una pícara sonrisa respondió— ¿Es que no me reconoces? Soy el gran Jabu, el Caballero del Unicornio.

Jabu… ni aún en mis recuerdos me alegro de verte. Sé que eres un caballero fiel a Athena, pero sabemos bien que a pesar de eso existe una rivalidad… y todos saben cuál es…

Ah, sí… Te recuerdo Jabu… —dijo sin mucha emoción.

Te prohíbo que te comportes de esa manera con una persona de la categoría de la señorita. Arrodíllate ante ella y pídele perdón —le exigió de nueva cuenta—. En cuanto a la armadura, tienes que entregársela…

¡Jabu tiene razón, haz lo que te dice! —le exigió también el mayordomo para más fastidio de Seiya, que ya suficiente tenía con uno. Pero parecía que Dios los creaba y ellos se juntaban…

Fastidiado, el moreno respondió— ¿Por qué no te metes en tus asuntos? No tengo intensión de entregar la armadura hasta que no vea cumplida la promesa.

¿QUÉ? — dijo entre dientes Tatsumi.

Ajustándose sus guantes, el unicornio habló de nuevo— Vaya, veo que no quieres hacerme caso. No digas que no te lo advertí, has vuelto a emplear ese tono tan familiar con ella, ¡y te dije que no lo hicieras! —gritó para finalmente lanzarle un puñetazo al caballero de bronce que acababa de volver.

Pero Seiya también se había vuelto muy fuerte, por lo que fue fácil evitar ese golpe con su pierna.

Jabu, te comportas como un perrito faldero que mueve la cola ante su dueña… —fanfarroneó el moreno, molestando al rubio. Bajando finalmente la pierna y alejando el puño de su compañero volvió a hablar—. Si no mal recuerdo ese comportamiento ya lo tenías hace bastantes años —expresó el moreno de ojos cafés mientras recordaba parte de su infancia—. Lo que no me explico es cómo has podido inspírate en el unicornio; hubiera sido más apropiado una rata, ¿no crees? —se burló, obviamente fastidiando al rubio.

Vas a callarte. Aunque han pasado 6 años no has cambiado nada, tienes la misma arrogancia y la misma agresividad. ¡Así que voy a ensañarte a respetar a la señorita!

¡Basta ya! —habló por fin Saori, quien se había mantenido al margen de la situación.

Debo confesar, que todavía me sorprendo por la actitud de Saori en esa ocasión… Dije tantas cosas, tantas palabras hirientes hacia su persona y hacia su abuelo… y aún así ella nunca me habló de la misma forma. Siempre se dirigió a mí con respeto… dejando ver la educación que había recibido…

Y cuánto había madurado. Aunque claro, yo en ese momento no quería verlo ni aceptarlo. Me daba rabia pensar que ya no era la misma niña malcriada que me molestaba de niño…

De pronto, un inmenso dolor devoró su pecho, haciéndolo erguirse debido a ese repentino suceso. Era como si algo le estuviera perforando el corazón una y otra vez. Se suponía que ya estaba muerto, entonces, ¿por qué continuaba sufriendo? Creía que con recordar su pasado… y atormentarse por no poder seguir a lado de la mujer que ama iba a ser suficiente. Pero se equivocó.

Unos cuantos segundos después el dolor cesó…

Ah, este… dolor… me recuerda un poco al que sentí aquella vez, cuando se me comunicó que mi hermana… había desaparecido y que no sabían dónde estaba.

Ah, pero si es por usted señorita —se excusó Jabu.

¿A caso tienes la intensión de desobedecerme Jabu? —le preguntó con firmeza.

Rendido, el muchacho sólo baja la cabeza y negó querer hacerlo. No podía contra ella por más que quisiera.

Si quieres combatir con él, tienes la oportunidad de hacerlo en el torneo y según las reglas del desafío galáctico —comentó ella.

A pesar de que esto iba dirigido a Jau, fue Seiya quien respondió, cansado de la situación.

¡Ya estoy harto de todo esto! Te repito que no he venido aquí para pelear ni para participar en ningún espectáculo. Así que llévame hasta mi hermana y te daré la armadura de bronce —exigió Seiya, buscando zafarse de esa situación lo más rápido posible.

Aunque parecía que eso no podría ser— Créeme Seiya, no tengo la más mínima idea de dónde está tu hermana… —confesó la Kido.

¿Qué dices? —preguntó Seiya.

Es cierto. Sólo sé que al poco tiempo de irte tu a Grecia, desapareció del orfanato en el que estaba y no se ha vuelto a ver por aquí, ni a saber nada de ella —explicó con los ojos cerrados, lamentando tener que informarle sobre la desaparición de su ser más querido.

¿Cómo que desapareció…? ¿No está… en el orfanato?

Recuerdos de su niñez llegaron a su mente, el momento en que hombres de la fundación Kido se lo llevaron del orfanato para entrenarlo y así poder mandarlo a Grecia. El último recuerdo que tenía de su hermana, era el de ella corriendo hacia él intentando alcanzarlo y caer.

Estupefacto, así es cómo se encontraba en esos momentos el joven de ojos cafés. No podía creer que su hermana hubiese desaparecido… No quería creerlo.

Ese sentimiento de impotencia jamás pude sacarlo de mí corazón. Tenía que encontrarla a como diera lugar. No importándome nada me di la vuelta para salir de ese lugar… pero nuevamente Saori me detuvo, siempre con mucha paciencia y preocupación en su voz…

Te lo suplico, cálmate por favor. Te aconsejo que no vayas a buscarla… Es muy peligroso —le dijo la Kido.

¿Peligroso? ¿En serio? Peligroso y riesgoso había sido ese bendito entrenamiento que le hicieron pasar en Grecia a él y a los demás huérfanos. ¿Cómo podía decir algo así…?

¿Por qué? —preguntó Seiya, viéndola a los ojos de nuevo.

El mundo es muy grande, entiéndelo. Y aunque dedicaras toda tu vida a buscarla no es seguro que la encuentres. Además, ¿quién te dice que aún sigue con vida?

A pesar de la serenidad con la que Saori dijo aquellas palabras, para Seiya fueron un golpe directo al corazón. Qué tonto fue al pensar que sólo lo había detenido por preocupación hacia su persona, ni si quiera supo por qué lo pensó. Pero es que ahora que reaccionaba, que aún a pesar de las apariencias, ella seguía siendo una Kido, y como son millonarios, poco le importa cómo dicen las cosas.

O eso es lo que él siempre creyó.

El silencio reinó por unos cuantos segundos, hasta que la heredera de los Kido decidió hablar nuevamente.

Te propongo un pacto.

¿Un pacto?

Si resultas ganador en el torneo y ganas el desafío galáctico, nuestra fundación se encargará de buscarla. Tenemos medios suficientes para ello… ¿Qué respondes? Es una propuesta generosa…

Seiya no sabía qué hacer. Sabía que sería mucho más fácil encontrar a su hermana con ayuda de la fundación pero… su orgullo…

Con una fundación tan organizada como esta, encontrar a alguien es como un juego de niños —comentó Saori, depositando mucha confianza en la organización Kido.

Muy a pesar de la propuesta decidí irme… En esos momentos no quería estar más en ese lugar aún con la oferta de Saori.

Momentos después fui despojado de mi armadura gracias a Jabu y se quedaron con ella. Al final terminé rindiéndome y aceptando indirectamente la propuesta que Saori me hizo momentos atrás para después marcharme.

Estoy consciente de que en su momento Saori pudo haber dicho todo aquello sólo por conveniencia propia, pero aún así pude percibir algo de sinceridad en sus palabras y ojos. Es probable que suene algo contradictorio, pero ella siempre fue así, a pesar de las duras palabras… en realidad era una buena persona. Eso era algo que todos sabíamos desde niños…

Y por eso lo que más me dolía, lo que más hería y golpeaba a mi orgullo y a mi corazón, es que esa parte de su personalidad se hubiese mantenido intacta…


Continuará…


Suki: Aquí les dejo el capítulo 1 como tal, aunque fanfiction lo catalogue como el 2 por el prólogo xD. Obviamente les recuerdo que no me iré capítulo por capítulo de la serie, sino por momentos especiales de ellos dos. Este, aunque no sea lo más romántico del mundo o algo que fomente la pareja, era la introducción para los dos, por lo que se me hizo correcto utilizarlo.

Si tienen algún momento que ustedes consideren fomenta a la pareja además de las escenas obvias, favor de dejarlas en un review :)

Por cierto, agradezco a todos y cada uno de los que se dio el tiempo de favoritear y seguir mi historia, además de comentarme que les pareció el prólogo: Fox McCloude, Adrit126, Aquila no Asuka, irips21 y samirasama cullen.

Nos vemos en el siguiente.

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Suki90, presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?