Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.


Aclaraciones:

"— Diálogo con narrativa en tercera persona (Recuerdos)".
"Narrativa en primera persona"
"Narrativa en tercera persona"


Autora: Suki90
Serie: Saint Seiya
Título: Rememorando.


Capítulo 4: Aceptación

Aquella sensación de vacío que inundó mi corazón justo en el instante en que los cuervos de Jamian te llevaban lejos de las ruinas del coliseo es algo que simplemente no podré olvidar jamás, ni siquiera después de muerto. Todavía recuerdo que nada más pasó todo aquello, Shiryu me ordenó ir a tu rescate, como si supiera que sólo yo era capaz de lograr lo que parecía imposible en ese momento.

Por supuesto que mis caras no se hicieron esperar, no podía creer que aún después de lo que había dicho me estuviera literalmente ordenando que fuera por ti. Mi cerebro no entendía. Pero mi corazón, este órgano tan vital que nos mantiene con vida sencillamente dijo: Iré.

Tenía que salvarte, sí o sí, aunque mi cerebro, mi razón, dictara otra cosa.

¡Maldita sea! ¡¿Por qué siempre tiene que arrastrarnos a este tipo de situaciones?! —preguntó el pegaso justo en el momento en que comenzaba a seguir a los cuervos que a una gran velocidad alejaban cada vez más a Saori.

A pesar de que el caballero de bronce corriera a una velocidad impresionante, este sencillamente no podía alcanzar a esos pajarracos que secuestraban a la señorita de sociedad que clamaba ser Athena. Estaba impresionado, creyó que sería fácil llegar hasta ellos debido al peso extra que cargaban, pero no fue así. La frustración en su rostro fue notoria, y ni hablar de la impotencia que inundó su cuerpo al no verse capaz de poner a Saori a salvo a pesar de todo.

Que ironías, ¿quién diría que se sentiría así por aquella que decía odiar?

Debo admitir que aquella situación me dejó aún más abrumado que antes, pues si ya estaba confundido por lo que comenzaba a aflorar en mi corazón, esto incuestionablemente superó todo lo demás con creces. Jamás en mi vida creí que podría sentir un vacío tan profundo como el que estaba viviendo en ese momento, en especial por alguien que yo juraba odiar, que deseaba despreciar con todo mí ser…

Cerró los ojos con lentitud y se permitió ver el rostro de la mujer que siempre estaba en sus pensamientos y en su corazón.

Saori, realmente eres increíble…

Después de haber estado persiguiendo a Saori y a esos cuervos, el caballero de bronce terminó adentrándose en las montañas que estaban a las afueras de la ciudad. Eso no le daba buena espina, ese lugar era muchísimo más peligroso que la misma ciudad; no quería pensar siquiera en lo que podría pasar si aquellos pajarracos soltaban a Saori y él no se encontraba cerca como para prevenir cualquier percance.

¡Saori…! —pensó para sí, acelerando un poco más.

Con aquella motivación impulsándolo, el caballero de bronce intentó acercarse aún más a los cuervos que tenían sujetada a Saori. Al hacerlo es que vio cómo estas aves comenzaron a descender lentamente un poco más delante de él.

El santo de Athena no pudo evitar sentirse aliviado por aquello, al menos el peligro de que Saori cayera al vacío y se diera contra las rocas ya no era un problema.

O al menos eso esperaba.

Una vez llegando a donde los cuervos descendieron, el moreno pudo escuchar una desagradable voz.

Así que esta es la famosa Saori Kido —se escuchó decir—. Je… el patriarca pide cosas muy extrañas. Primero me ordena que destruya el coliseo y después que secuestre a esta chica…

Habiendo finalmente hallado un buen lugar para ocultarse, Seiya al fin fue capaz de divisar a la persona que parecía ser el amo de aquellos cuervos. Era un tipo realmente feo, con el perdón de todo aquel que se pareciera a este.

¿Quién rayos sería ese tipo? A primera vista podía deducir que era un caballero debido a su armadura, y para empeorarlo todo, de palta, pero no estaba seguro de haber escuchado sobre un santo que pudiera manipular a los cuervos así como lo hacía él.

Aunque lo peor para él vino cuando lo vio a punto de tocar a su diosa.

Estando a centímetros de tocarla es que Seiya interrumpe— ¡No te atrevas a tocarla con tus sucias manos! —gritó antes de saltar hacia donde estaban ellos.

Sorprendido por la repentina interrupción el caballero de plata alejó su mano rápidamente— ¿Qué? ¿Quién eres? —preguntó el santo mientras veía a Seiya acercarse.

Soy Seiya, un caballero de bronce —le dijo con determinación—. Y me regresarás a la señorita te guste o no —ordenó mientras se acercaba a ellos.

Debo admitir que si lo interrumpí de manera tan abrupta, fue simplemente porque algo curioso nación dentro de mi corazón, algo que no había sentido jamás. En su momento no supe qué era, pero era incómodo…

No obstante al final no le di importancia, lo único que quería era salvarte y tenerte junto a mí de nuevo, aunque sonara contradictorio a mi actitud de hacía un rato atrás. Eso era lo que sentía mi corazón, y tenía que irlo aceptando.

A decir verdad pensé que sería algo sencillo, pues Jamian no parecía ser alguien tan fuerte; pero me equivoqué, ese tipo me dio muchos problemas, me retrasó en tu rescate, y poco después te alejó una vez más de mí.

La impotencia que sentí en ese momento sigue aún grabada en mi corazón y en mi mente, se suponía que era tu caballero, tenía que protegerte a toda costa. Eras mi diosa, la deidad que protegía, pero a la vez… eras la mujer a la que había comenzado a amar sin haberme dado cuenta…

Tengo que salvarla. Debo… No, necesito salvar a Saori… —comenzó a decirse—. Cosmos de mi corazón, ¡necesito un milagro…! —expresó Seiya mientras recibía las patadas de Jamian en un intento de acelerar su muerte.

Parecía ser que el tiempo para Seiya se había terminado, o eso era lo que Jamian de Cuervo pensó al ver que el santo de bronce recibía sin resistencia todas y cada una de sus patadas.

Sin embargo, la sorpresa llegó a él cuando vio una enorme y poderosa luz emerger de entre las plumas de sus queridas aves; era una de las cosmoenergía más fuertes que había sentido jamás. Esta fue creciendo y creciendo con el pasar de los segundos hasta que sin esfuerzo alguno esta logró alejarlo del santo que estaba buscando aniquilar.

Ahí Seiya se puso de pie.

El cuervo estaba más que sorprendido por la resistencia del caballero de pegaso, ya que todos sus anteriores oponentes fueron incapaces de soportar el peso y la asfixia de las plumas de sus queridas mascotas. Pero por sobre todo, no podía creer que existiera un santo bronce que poseyera un cosmos tan alto como para igualar al de uno de plata.

Pero al final eso no importaba mucho, su misión estaba saliendo como debía ser, ya que la joven que decían era Athena estaba fuera del alcance del caballero pegaso.

¡Saori…! —se escuchó a Seiya gritar mientras perseguía de nuevo a la parvada de cuervos.

Jamian río con superioridad— ¡Es inútil, ahora están fuera de tu alcance…!

Ahí fue que la persecución comenzó de nuevo, y lo peor es que la sensación en mi corazón ahora era mucho más dolorosa que antes; tenía la impresión de que… si no me apresuraba te perdería para siempre… y no quería eso.

Sí, en muchas ocasiones fui un patán contigo debido a las incertidumbres que existían dentro de mi mente y mi corazón. Pero me conozco, y sé que en el fondo no quería que nada malo te sucediera. Si yo podía protegerte y cuidarte, si en mi estaba eso, entonces… me encargaría de que así fuera.

La persecución no duró mucho tiempo en esta ocasión, pues Seiya hizo uso de su fuerza y con sus meteoros de pegaso logró cortar las cuerdas con las que los cuervos llevaban a Saori por los aires.

Pero al hacer eso te puse en grave peligro…

Debido a las cuerdas que los meteoros del caballero de bronce rompieron, el peso del cuerpo de Saori pudo más que la fuerza de los cuervos, por lo que esta comenzó a caer hacia el vacío rápidamente a pesar de que varios de los sirvientes de Jamian aún la sostenían. Seiya, alarmado, hizo lo posible por alcanzarla y ponerla fuera de peligro.

Su corazón latió deprisa, tenía miedo… no podía dejarla morir— ¡Tengo que salvarla…! —gritó mientras caía para sostenerla.

Cuando el caballero pudo alcanzarla, este sintió un gran alivio en su corazón al tenerla en sus brazos. Pero eso aún no los dejaba fuera de peligro. Divisando una zona en donde poder caer, el santo del pegaso extendió su brazo para poder amortiguar la caída, pero cuando su extremidad derecha alcanzó la superficie… — ¡AAAAGH…! ¡Me rompí el brazo…! —se quejó mentalmente mientras caía al suelo y soltaba a Saori.

En ese momento todo pasó en cámara lenta. Tú, mi bella princesa, cayendo al vacio frente a mí y sin poder hacer nada. Eso fue lo que terminó por parar en seco mi corazón.

Mil y un preguntas inundaron mi mente, ¿cómo podría salvarte con mi cuerpo tan lastimado? Era imposible, todo estaba perdido.

Sin embargo mi cuerpo decidió que tú eras más importante que el dolor que yo pudiese sentir en ese momento, por lo que este se movió por su cuenta e hizo el mayor de los esfuerzos para tomar tu mano.

El deber de un caballero es proteger a Athena, no importa si estamos heridos o con un brazo roto, nuestra misión no es otra más que esa.

Sin embargo, en ese momento yo estaba comenzando a descubrir que mi lealtad, mi fidelidad no le pertenecían a esa diosa. No, todo lo que yo hacía, todo lo que protegía y cuidaba, era por ti, Saori; mi lealtad, mi fidelidad, todo… era por ti, eran sólo para ti. Esto ya no era una mera obligación, era una razón de vida para mí, aunque me costara admitirlo en ese entonces.

A pesar del increíble dolor que este sentía debido a su brazo roto, Seiya logró alzar de todas formas a Saori y alejarla rápidamente del precipicio. Con fuerza la apegó a su cuerpo y comenzó a alejarse de la orilla. Estando ya a unos cuantos pasos del acantilado, este comenzó a sentir una inmensa paz en su interior.

Posando su mirada sobre ella la observó con cuidado y no pudo evitar deleitarse con su belleza, y es que… a pesar de cómo se llevaban entre ellos, o cómo él la trataba a ella, no era ciego…

Saori era hermosa, extremadamente bella.

Es decir, no era por menospreciar a las demás mujeres, pues todas y cada una de ellas tenían una hermosura natural que no podía negarse. Miho era linda, su hermana igual, pero algo tenía la heredera de los Kido que lo hechizaba por completo. Incluso desde niños se dio cuenta de lo adorable que era a pesar de ser una pequeña tirana.

Sin embargo, este terminó siendo interrumpido por Jamian de Cuervo, quien se acercó para poder completar su misión. A lo que Seiya simplemente respodió— Jamina, continuaremos con esto en otro momento.

Tras haber dicho aquello, el caballero de bronce estuvo a punto de retirarse del lugar, cuando una voz femenina con gran rudeza y fuerza lo detuvo— ¡Seiya, no creas que esto ha terminado!

¿Qué? ¿Dónde he escuchado esa voz? —se preguntó Seiya, girando su rostro hacia donde había escuchado que provenía.

Ha pasado mucho tiempo, Seiya —dijo mientras se acercaba hacia él—. Como vez en esta ocasión traigo puesta mi armadura, como te lo prometí. Y esta vez pelearemos como es debido… —concluyó, finalmente dejándose ver—. Seiya, he venido por la revancha…

¡Shaina, eres tú! —exclamó Seiya, sorprendido de verla en ese lugar. Aunque en si tampoco le extrañaba del todo.

Con una risa burlona, Jamian hizo su aparición nuevamente. Ahora eran dos caballeros plateados contra un caballero de bronce con un brazo herido y una doncella que proteger.

Esto no era bueno para Seiya — Rayos, no puedo usar mi mano derecha, y siempre he tenido problemas con Shaina… Su presencia no ayuda para nada a la situación.

Alzando su brazo derecho, Shaina retomó la palabra— Seiya, está vez estás atrapado…

¡Seiya, no te escaparás! —afirmó Jamian con burla.

Piensa bien lo que harás. Tienes una barranca atrás de ti, y frente a ti… un valle como a trescientos metros más abajo… —recordó la santa de plata, quien no mostró duda en su voz, siempre firme. Seiya miró hacia ambos lados indeciso, no sabía bien qué hacer—. La única salida que tienes es atacar a Jamian o a mí; tú elige.

Ninguna de las dos opciones le gustaba realmente. Pero tenía que decidir… la vida de Saori estaba en peligro, y no podía darse el lujo de arriesgarla más de lo que ya estaba.

Maldición, no sé qué debo hacer. No puedo usar mi brazo derecho… y tengo que proteger a Saori —dijo para sí mismo, fijando su mirada en la doncella que sostenía.

Shaina, mostrándose tan impaciente como era, se acercó un poco más a los dos jóvenes— ¡Seiya, déjale esa chica a Jamian y pelea conmigo de nuevo!

Habiendo escuchado la amenaza de Shaina, sin pensarlo, el joven caballero no sólo responde, sino que hace una declaración— ¡No puedo hacer eso! ¡Esta dama es una princesa y representa algo muy preciado para mí…!

Esa fue la primera vez en la que mi corazón y mi mente se hicieron uno. Debo admitir que hasta yo mismo me sorprendí por las palabras que dije así sin más. No podía creer lo que acababa de salir de mi boca.

Por alguna extraña razón aquella confesión no le hizo mucha gracia a Shaina, pues su brazo comenzó a temblar repentinamente— Muy preciado…

El silencio entre los tres guerreros reinó por unos cuantos segundos, la tensión era inmensa. Dos de ellos buscaban atacar, mientras que el otro buscaba defender. Seiya tenía qué pensar en algo rápido si quería salir de esa situación.

Pero de pronto el silencio se rompió.

Las estrellas son… hermosas…. —susurró una dulce y melodiosa voz, llamando la atención del caballero de bronce.

Saori despertaste… —habló él, fijando su mirada en la doncella que alzaba su rostro hacia él.

Parpadeando un poco, la doncella le muestra una sonrisa— Ah, Seiya… e-eres tú… —susurró Saori, no pudiendo creer que hubiese sido él quien la fuera a salvar. Pensaba… creía que ya no quería volverla a ver.

Hubiera sido mejor que permanecieras dormida… —le dijo él desviando un momento su vista hacia Shaina y Jamian—. Esto es peor para ti… que para nadie más. Estamos en una situación crítica.

Más aún sabiendo cómo estaba la situación, la joven dama decidió que él era mucho más importante que cualquier otra cosa, incluso ella— Debo estar pesada Seiya…

Sorprendido por la declaración de Saori, Seiya giró su rostro hacia ella y le respondió— No digas tonterías, yo soy un caballero… —declaró sin siquiera dudarlo. De haber sido el muchacho de hace unas horas atrás, esta conversación ni siquiera se habría producido.

Ah… tienes razón… —susurró ella, feliz, segura en los brazos de su caballero.

Entonces las miradas de ambos se fusionaron y se hicieron una. Algo existía en los orbes del otro que los implicados no podían alejar su mirada de la del otro. Dicho instante se produjo en un mundo paralelo para ellos, pues se sentían ajenos a todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. El sonido de su corazón era cada vez más fuerte y claro para el otro debido a eso.

Y como si no fuera suficiente, la cosmoenergía de los dos los fue envolviendo poco a poco. El dulce y cálido cosmos de Saori se fusionó con el valeroso de Seiya, para así formar una esencia aún más fuerte que la de cualquier otra persona.

Pero no todo podía ser así de hermoso, tenían que afrontar la realidad. Es por eso que cuando Jamian alzó la voz, aquella burbuja se rompió y los trajo de nuevo al mundo al que pertenecen.

¡Shaina, no te quedes mirando solamente!

¡Cállate! ¡Ya lo sé…! —le respondió esta con rabia. No sabía bien por qué se sentía así, o si lo sabía… no quería admitirlo.

Haciendo caso omiso de lo que ambos caballeros plateados decían, Seiya y Saori continuaron observándose con devoción.

Saori… ¿Acaso te importaría que nos jugáramos el todo por el todo…? —le preguntó Seiya con suavidad.

Dejando pasar unos cuantos segundos de la pregunta, la dama Kido finalmente dejó salir una suave y cálida sonrisa de sus labios— Seiya… confío en ti…

Ese fue el momento en que comprendí que ya no podía hacerme de la vista gorda, seguir siendo el mismo contigo, ignorar todos tus esfuerzos por mejorar la situación que en ese momento pasábamos los dos.

Pero por sobre todo tenía que dejar que lo que mi corazón sentía por aquella que era Athena, Saori Kido, saliera a flote e hiciera entender a mi cabeza que no había vuelta atrás. Todo estaba ya muy incrustado en mi interior, y debía aceptarlo…

El cambio llegó y debía darle paso.

¡Maldición…! ¡Mueran los dos…! —gritó Shaina exasperada.

¡No te muevas Shaina, espera…! —le ordenó Seiya, viéndola por un instante, pero volviendo a fijar sus orbes en la doncella que yacía en sus brazos— Saori, sujétate bien y no vayas a soltarte… —le pidió con delicadeza, una que jamás pensó emplear con ella.

Saori únicamente asintió con lentitud, y no esperando ni un segundo más se aferró a él con fuerza. Era claro, su confianza en él estaba por los cielos, a pesar de la relación que llevaban, ella no dudaba ni un sólo momento de Seiya…

Por algo lo había elegido.

Habiendo finalmente tomado una decisión, Seiya comenzó a caminar hacia el barranco con paso firme. No había marcha atrás. Jamian y Shaina estaban sorprendidos. No… no podían estar pensando en aquello, fue lo que cruzó por sus mentes. Era una locura…

Pero ambos estaban dispuestos a arriesgarse. Mientras estuvieran juntos no había nada que temer. Eso es lo que pensaban.

Llegando finalmente a la orilla, Seiya se detuvo por un instante para contemplar a quien aunque no lo admitiese, había aceptado como diosa… y como una mujer importante en su vida.

Y no esperando ni un segundo más, saltó…

Antes de saltar… silenciosamente prometí no volver a permitir que te alejaran de mi lado. Me quedaría contigo para protegerte, aunque nuestra relación no mejorase de inmediato. Después de eso no recuerdo nada más… sé que dimos fuertemente contra el suelo y nos alejamos el uno del otro por culpa del impacto. Pero… no, no sé qué pasó luego…

Lo único que tengo presente de ese día es un cálido cosmos recorriendo mi interior. También logré percibir un tacto en mi rostro pero… estaba tan herido, tan cansado… que pronto dejé de sentir y caí en un mar obscuro.

¿Qué pasó ese día…? No lo sé. Quizá nunca lo sepa, ya que Saori siempre ha evitado hablar del tema… Lo único que sé, es que a partir de ese día… una batalla campal dentro de mí había dado inicio:

¿Profesar o no ese amor?


Suki: ¡Y bueno! Aquí está el capítulo 4 de Rememorando. En esta ocasión les traigo el tan anhelado capítulo de: El ardiente cosmos del amor, mezclado con los sucesos del manga. Más que todo, la mezcla se ve en algunos diálogos pero busqué no basarme completamente en el anime.

De nueva cuenta muchísimas gracias a quienes me han apoyado en esta historia: Fox McCloude, samirasama cullen, irips21, Guest 1, Aquila no Asuka y Guest 2.

Espero que les haya gustado. ¡Nos vemos!

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Suki90, presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?