Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.


Aclaraciones:

"— Diálogo con narrativa en tercera persona (Recuerdos)".
"Narrativa en primera persona"
"Narrativa en tercera persona"


Autora: Suki90
Serie:
Saint Seiya
Título:
Rememorando.


Capítulo 5: Incertidumbre

Si alguien me preguntara como es que me definía yo como persona, bueno… la lista sería tan extensa que no terminaría nunca. Todo eso se debe a que tengo más percepciones malas que buenas de mi mismo.

Muchos me definen como alguien valiente, determinado, e incluso hasta caballeroso, aunque personalmente siento que de caballero tengo poco o nada más allá de mi título como santo de Athena. Sin embargo, si en dado caso en verdad soy acreedor de esas cualidades, las malas virtudes siguen sobrepasando con creces mis defectos. Y no es tanto por el número, sino por el impacto que a veces esto puede llegar a tener sobre los demás.

La melancolía en los ojos del caballero no tardó en aparecer; el sólo hecho de pensar en el daño que pudo y puede causarle a sus seres más preciados siempre ha logrado hacerlo sentir vacío por dentro.

A pesar de ya no ser un niño, de haber madurado, sigo teniendo reacciones infantiles, arranques de un pequeño de 7 años al que no le compraron el juguete que quería. Soy una persona bastante imprudente, no sólo con mis palabras, sino que con mis acciones por igual. Por culpa de estas he metido en problemas a mis hermanos y amigos en más de una ocasión.

Y bueno, ni hablar de mi orgullo; como hombre no puedo permitir que nadie lo pisotee así como así, que me hieran. Puedo ser el humano más estúpido que hayan conocido jamás con tal de que no lastimen una de las cosas que siempre me han mantenido de pie…

Sin embargo, el peor defecto que tengo, o al menos desde mi punto de vista, es mi constante indecisión. La gente puede creer que no es así, que soy alguien decidido y que nunca en hacer lo que haya que hacer, pero en realidad tengo muchos problemas con ese detalle, especialmente cuando el tema trata sobre Saori. Aunque fue por ella que cometí muchísimas locuras, como lo fue enfrentarme a Aioria de Leo cuando este intentó lastimarla por el simple hecho de querer probar si ella era Athena o no.

He de decir que la tensión que sentí en mi corazón en ese momento fue asfixiante para mí, pues dos de las personas que más me importaban estaban más que dispuestas a luchar entre sí, a enfrentarse. ¿Y yo? Simplemente me quedé ahí, no sabiendo qué hacer. Intenté razonar con Aioria, esperando que no lanzara su ataque, que creyera en las palabras de Saori…

Pero no fue así. Leo es uno de los signos más orgullosos y fieles del zodiaco, por lo que para que él pudiera creer y ser fiel…

¡Voltaje Relámpago! —gritó el león Aioria mientras corría hacia Saori con su esfera de energía en su puño, dispuesto a lanzar su ataque. Pero aunque no lo pareciera, este realmente esperaba que aquella muchacha pudiera detener su golpe.

Sin embargo…

¡¿Qué…?! —expresó Aioria al ver lo que estaba frente a sus ojos.

Ugh…

No podía ser cierto…

Saori, quien finalmente bajó sus brazos, posó una de sus manos sobre su pecho, consternada— ¡Seiya…!

¿P-Pero cómo? —expresó Aioria, atónito— ¡Seiya atrapó mi Voltaje Relámpago directamente con la mano!

¡¿Cómo puedes hacerle esto…?! —preguntó el moreno con ira, aunque débil— ¡¿Cómo te atreves a usar tu Voltaje Relámpago con una mujer?! ¡Prueba o no prueba esto no se hace!

Recuerdo que estaba completamente furioso. No importaba que fuera Aioria, un hombre al que admiraba y respetaba, el que estuviera frente a mí… este había osado alzar su puño sobre Athena… sobre Saori, la mujer que más he amado en este mundo por ser la mujer que es.

Si ese ataque la hubiese alcanzado, si le hubiera tocado un solo cabello, no se lo habría perdonado jamás.

Ahora que recuerdo, en ese preciso momento toda indecisión desapareció de mi cuerpo. No había cabida a duda, me estaba permitiendo amarla como un hombre ama a una mujer, ya que sí, en ese instante decidí que yo protegería a Saori, no a Athena.

Sin embargo, una vez que todo terminó… que Aioria reaccionó y creyó en las palabras de Saori, todo volvió a mí; lo que hace unos minutos no me cuestionaba regresó como si fuera una recaída.

Permítanme ser claros con esto: Mi indecisión no caía sobre si amarla o no, porque eso ya era inevitable, estaba completamente enamorado de ella. Lo que no sabía si hacer era dejar que ese amor creciera aún más. ¿Podía darme la libertad de amarla aunque este fuese un secreto el resto de mi vida?

¿Debía incluso mostrar algún cambio de mi para ella?

Hoy por hoy esa pregunta habría sido respondida con muchísima facilidad, la decisión no me hubiese costado. Lo hubiera hecho sin dudar ni un solo instante mi decisión.

Aunque cuando hablamos de decisiones, tu siempre me superas.

Todavía recuerdo la vez en la en que me explicaste todo aquello sobre nuestros destinos. La vez en la que me preguntaste si aún estaba reacio a luchar a tu lado. Ese mismo día, después de varios minutos de haber luchado contra Aioria, me hiciste saber que habías tomado la decisión de ir a Grecia, al santuario, para enfrentar al Patriarca…

Seiya… —llamó Saori de nuevo, viendo al ahora desprotegido muchacho por detrás—. ¿Aún sigues empeñado en no luchar a mi lado?

Yo… —terminó Seiya por pronunciar, la verdad es que ya no estaba seguro de qué decir. Si bien todo lo que pasaron en la pelea contra Shaina y Jamian los unió bastante y él llegó de alguna manera a una resolución sobre lo que sentía… su orgullo seguía siendo muy fuerte, no podía permitir que aquella dama de carácter lo viese cambiar de opinión así como así.

A fin de cuentas seguía siendo un niño que le daba pena reconocer que se equivocó, que habló por hablar.

El silencio que se produjo poco después de haberle hecho aquella pregunta al Caballero de Pegaso, le dio a entender a Saori que su decisión seguía siendo la misma, por lo que suspiró con pesadez.

Está bien, entiendo… sé que todos me odian y que es por esa razón que no ven motivo para ayudarme —comenzó ella, aunque aquellas palabras lograron tensar un poco a Seiya—. Sin embargo, te pido por favor que por lo menos… no pienses mal de mi abuelo… Él sólo siguió el destino que las estrellas le tenían trazado…

Aquello que Saori pronunció logró captar la atención del moreno, el cual finalmente se decidió a voltear hacia ella.

¿El destino de las estrellas dices?

Así es —dijo Saori—. Y no sólo él, tú, Shiryu, Hyoga, Shun e Ikki también han sido guiados por los astros. Todos debemos cumplir con la misión que se nos encomendó desde el día de nuestro nacimiento…

Recuerdo que te escuché atentamente, ya que se trataba de quien se supone es mi padre, Mitsumasa Kido… Ahora finalmente sabía por qué él, un hombre cualquiera, había sido elegido por los Dioses para cuidar de la deidad que desciende a la Tierra cada 200 años.

Mi querido abuelo aceptó su destino y se convirtió en un demonio... —expresó Saori sin ver a Seiya—. Si los puso en un orfanato a todos ustedes, no fue por lástima ni por egoísmo… tan sólo fue la mejor manera en la que podría llegar a ustedes y tenerlos bajo su protección hasta que tuvieran la edad suficiente para cumplir con su destino…

Seiya tan sólo se mantuvo callado, ya que no sabía bien qué decir. Su opinión respecto a ella era una cosa, pero su abuelo, su… padre era una historia distinta.

No te estoy pidiendo que lo ames, Seiya… tan sólo te pido que no lo juzgues tan duramente. Es lo último que te pido —pidió ella con los ojos cerrados antes de comenzar su andar.

Aquella frase descolocó a Seiya. ¿Lo…?

¡¿Lo último que me pides?! —gritó desconcertado antes de girarse— ¡¿A dónde piensas ir?!

Naturalmente iré… al santuario —fue lo que contestó sin girarse.

¡No seas tonta! ¡¿Qué puedes hacer tu sola?! —le gritó Seiya con molestia, ¿qué le pasaba a esa mujer? ¡¿Cómo podía ser tan imprudente?! ¡Por muy diosa que fuera ella era sólo…!

Sin embargo, la rabieta interna del muchacho se detuvo cuando Saori, con una bella sonrisa, se dirigió a él— Como se lo dije a Aioria anteriormente… Mi lucha comenzó cuando mi abuelo me hizo saber la verdad. Desde ese entonces estoy lista para morir…

¿Por qué te veías tan segura? ¿Por qué te arriesgabas tanto? Esas fueron las preguntas que me hice una y otra vez mientras procesaba la información… Me dolía saber que pensabas de esa manera, no lograba entender…

¡Pero…! ¿Por qué ahora? ¿Por qué estás dispuesta a renunciar a vivir en la abundancia? ¿A morir…?

Con esa misma sonrisa, Saori se gira y finalmente le da la espalda a Seiya— Porque ese es el destino que han trazado las estrellas para mí; y también… por la justicia…

Saori, yo…

Adiós Seiya…

A partir de ese momento no pude dejar de pensar en todo lo que podía ocurrirte. Entendía que ahora estabas siguiendo tu destino como Athena, como la diosa que te tocó ser. Lo que me preguntaba era…. ¿por qué renunciaste a ser la joven? ¿Qué pasó con ella? ¿La dejaste morir…?

¿La volvería a ver siquiera?

Fueron muchísimas las preguntas que inundaron mi cabeza, y cada vez que intentaba buscar una respuesta, me dolía el corazón.

Saori se iba a ir, dentro de unos días estaría viajando a Grecia para luchar hasta la muerte por la Tierra. Pero, ¿y yo? ¿Qué iba a hacer? ¿La dejaría sola? Si bien lo que vivimos contra Shaina y Jamian nos acercó demasiado, ella seguía considerando mis palabras en el coliseo: No contar con mi ayuda para esa dichosa batalla.

¿De verdad eso quería? ¿Era tan importante mi orgullo como para permitir que ella fuese hacia su muerte?

Tantas preguntas sin respuesta se amontonaban en mi cabeza, sólo una la tenía, y era la única que jamás tuve que haberme preguntado.

Pasaron los días, y finalmente el día designado para el viaje de Saori había llegado. Todo estaba listo. Realmente no podía creer que ella estuviese dispuesta a ir sola, incluso supe que Tatsumi se rehusaba a que no llevara a nadie a su lado. Por primera vez… ese viejo mayordomo y yo estábamos de acuerdo en algo…

¡No puedo permitir que vaya sola, señorita! ¡Su humilde servidor Tatsumi Tokumaru, quien es tercer dan en kendo, la protegerá! —expresó el mayordomo con su traje de entrenamiento.

Olvídalo Tatsumi, con tu espada de bambú no derrotarás a ningún Caballero —expresó alguien más por detrás, sorprendiendo al viejo sirviente.

¡Pero si es…!

¡Seiya…! —gritó Saori con felicidad, se podía ver en su rostro la inmensa alegría que la recorría, incluso podía verse como sus ojos destilaban un brillo especial por tan sólo verlo.

Cuando Seiya observó a Saori, un pequeño sonrojo se formó en sus mejillas, pero lo disimuló rápidamente— Bueno, pensé que visitar mi lugar de entrenamiento no sería mala idea. Así que decidí acompañarlos.

Cuando Saori escuchó el motivo por el cual decidía acompañarla no pudo evitar soltar una pequeña risilla; sabía que esa no era necesariamente la razón... pero no pensaba discutírsela, como seguramente lo haría Tatsumi...

¡Maldito desgraciado...!

Sí, ahí estaba…

¡¿Dónde te había metido?! —le gritó con su espada de bambú en alto— ¿Por qué no estabas aquí desde antes? ¡No necesitas una razón más que la de ser el guardián de mi señorita!

No me escupas en la cara… eso es de mala educación —le dijo Seiya a Tatsumi con los ojos cerrados, no prestándole atención a la rabieta del mayordomo.

Con algo de lentitud, la joven de sociedad se acercó al joven de tez morena— Seiya... —llamó ella con suavidad en su voz, captando la atención del muchacho—. Muchas gracias...

Por favor no lo malentiendas —le dijo con los ojos cerrados y un poco de rubor en sus mejillas—, tú no eres el motivo de mi decisión... —se excusó, no siendo capaz de mostrar sus verdaderas intensiones.

Y momentos después, llegaron mis hermanos, mis compañeros; parecía ser que no fui el único que se pensó las cosas más de una vez.

Sin embargo no le tomé tanta importancia a eso… yo tan sólo me centré en la curva que se había formado en tus labios. La sonrisa que me transmitiste en esa ocasión me hizo sentir que había tomado la decisión correcta.

Pero nada, ni aún esa sonrisa… me aseguraba que esta se quedaría plasmada en tus labios para siempre… y que no sería sustituida por una mueca de dolor y sufrimiento.

Eso lo descubriría pronto, cuando estuve a punto de perderte nuevamente…


Suki: Y aquí está finalmente uno de los capítulos que más referencias al anime y manga tienen. Como se podrán haber dado cuenta, aquí hay una escena que nunca fue vista en el anime, que es justo después de la batalla con Aioria. Claro, el motivo era obvio, en el anime a estas alturas nuestros protagonistas ya no eran tan ariscos con Saori, en el manga aún tenían sus roces, por lo que dicho momento en la animación ya no entraba.

Por otro lado, este tipo de diferencias me ayudan mucho a demostrar la inmadurez de Seiya: Hay un momento en donde se le ve seguro de lo que quiere, a quien quiere proteger, pero hay otros en donde realmente no sabe qué seguir. A fin de cuentas aún es un niño, y siempre habrá ocasiones en las que no esté seguro de algunas cosas y dude.

Al final igual otro aspecto que juega mucho en su personalidad en el manga es su orgullo. Si bien para ese momento él ya puede haber aceptado a Saori, esta pequeña palabra que empieza con "o", algo que es muy importante para muchos, sigue predominando en él y en su forma de tratarla.

Claro, todo va cambiando conforme pasa el tiempo, pero en ese punto aún es algo notorio.

¡Verdad! Con respecto a los ataques de Aioria, aquí decidí hacerle caso a la versión japonesa donde el grita: LIGHTNING BOLT! (Voltaje Relámpago). Y si por si acaso se preguntan si no era "Plasma Relámpago", no, ese es "LIGHTNING PLASMA".

En fin, quiero agradecer a todos aquellos que me dejaron un bello review en el capítulo pasado: Fox McCloude, irips21, samirasama cullen, galletitadorada y Princesa Saiyajin.

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Suki90, presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?