Disclaimer: personajes de JK Rowling. No gano nada haciendo esto más que divertirme y divertirlos.

Nota: este fic participa del Amigo Invisible de Verano 2017 del foro La Madriguera.

El amigo invisible que me tocó es... ¡Miss Lefroy Fraser! y como ella podía dejar varias peticiones, yo hice la más difícil. Que en mi caso fue la que salió primero, porque no tenía pensado escribir sobre esto xD. Así que, amiga invisible, espero de todo corazón que te guste. Y cumpla tus expectativas. Y sea coherente xD.

Ella sabe perfectamente cuál es la petición que hizo, pero ustedes van a tener que averiguarlo. Les digo de antemano que son 10 capítulos y que los iré subiendo en el correr de los días.


El misterio de los elfos domésticos

Capítulo 1: La nueva Ministra.

La mayor parte de las personas influyentes e importantes del mundo mágico del Reino Unido están reunidos aquel día en el Ministerio para asistir a la asunción de la nueva Ministra de Magia, Hermione Granger. Es sin duda un acto más que esperado por muchos de los defensores de los hijos de muggles, aunque con el paso de los años el prejuicio sobre éstos últimos fue reducido casi por completo.

Para semejante acto ceremonial el lugar había sido especialmente arreglado: varias mesas con manteles y sillas blancas distribuidas por el lugar, un atril de mármol blanco en el centro con una estela de asientos por detrás y la fuente de la igualdad y la paz, instalada luego de la guerra en sustitución de la que en su momento habían modificado los mortífagos, estaba bellamente adornada con algunas diminutas veelas que sobrevolaban a su alrededor emitiendo un blanquecino brillo.

Lejos de estar disfrutando del agasajamiento de los invitados, Hermione se encontraba en su antigua oficina, ultimando los detalles de la redacción de su primer proclama oficial: la liberación de absolutamente todos los elfos domésticos, prohibiendo bajo pena de terminar en Azkaban la contratación de cualquiera de esas criaturas.

En cuanto tuvo el pergamino listo lo enrolló y guardó en el cajón de su escritorio, para después de eso salir del lugar con una sonrisa en los labios a recibir las felicitaciones y los saludos de toda la gente.

—Será un placer trabajar a la par con usted, señora Granger. —Fue lo primero que sus oídos captaron en cuanto puso un pie en el salón. Al voltear hacia el sonido divisó los ojos azules de un miembro del Wizengamot, sin poder reconocerlo en el primer momento.

—Muchas gracias, puedo decir que espero cumplir las expectativas —contestó algo desorientada. Con una inclinación de cabeza continuó caminando hasta que llegó a su amigo, Harry.

El hombre esbozó una sonrisa burlona en cuanto ella llegó a su lado, pero le permitió sentarse a su lado y mantuvo un prudente silencio. Hermione se lo agradeció.

Por una de las puertas laterales apareció entonces Kingsley Shacklebolt, quien ocupó el lugar frente al atril, mientras que detrás de él se fueron acomodando los miembros del Wizengamot en una perfecta medialuna, de esa manera todos los presentes se acomodaron en sus asientos y guardaron un silencio absoluto que sólo fue interrumpido por la calmada voz de ex auror.

—En más de veinte años he tenido la tarea titánica de ocupar el más alto rango que puede haber dentro de estas paredes, por lo que estoy verdaderamente agradecido: a la población que confió en mí, a todos los miembros del Ministerio quienes trabajaron a mi lado para ayudarme y a toda la comunidad mágica internacional, quienes también me apoyaron en los momentos difíciles y nos ayudaron tanto después de los tiempos oscuros. —Varios aplausos sonaron en esos momentos, por lo que Kingsley esperó a que terminaran para continuar.

»Sin embargo el momento de ceder el puesto de Ministro ha llegado, y para ello hemos buscado a los magos y las brujas que consideramos más aptos para llevar adelante la tarea. La decisión final terminó siendo alguien que todos acá conocemos perfectamente, una persona que no sólo luchó por traer de regreso la paz sino que también siguió luchando para mejorar los derechos de toda la población mágica, humana o no. Estoy hablando de Hermione Granger, a quien le pido que se acerque hasta mí y completemos la ceremonia. —El hombre hizo un gesto con la mano hacia ella, quien se levantó agradeciendo con la cabeza, y caminó hasta quedar parada frente a Kingsley.

Se estrecharon las manos como si fueran a hacer un juramento inquebrantable, acto seguido el presidente del Wizengamot los unió por un lazo de color naranja, y apuntando a ambos con la varita dijo:

—Hermione Jean Granger, ¿acepta gobernar el mundo mágico en el Reino Unido con los valores de justicia, igualdad y responsabilidad que se han instaurado en estos años?

—Acepto.

—¿Promete cumplir con las obligaciones correspondientes, cuidando siempre el bien la sociedad?

—Sí, lo prometo.

—¿Jura proteger y hacer cumplir el Estatuto Internacional del Secreto Mágico?

—Sí, lo juro.

El mago se giró hacia el otro hombre que estaba junto a ella y entonces le dijo:

—Kingsley Shacklebolt, ¿afirma usted que cede su cargo a la señora Hermione Granger?

—Sí, lo hago.

—¿Se compromete usted a guiarla y ayudarla durante los primeros tiempos, sin pedir ni recibir con ello ningún beneficio personal?

—Sí, me comprometo.

—Finalmente, ¿renuncia a todos los derechos políticos que el ser Ministro le confieren y los transfiere a la mujer que lo sucederá?

—Sí, renuncio a los derechos políticos y los transmito a Hermione Granger, quien considero seguirá adelante con tan grande tarea, promoviendo una sociedad más justa y equitativa para todos por igual.

—En ese caso, con la conformidad de ambas partes y también con el apoyo de toda la población, nombro como nueva Ministra de Magia y máxima autoridad a la señora Hermione Granger Weasley. Felicitaciones.

Una serie de aplausos estallaron por el lugar, mientras que Hermione saludaba a su viejo amigo y agradecía uno por uno a todos los magos que estaban a sus espaldas.

Después de eso bajó las escaleras y abrazó a toda su familia, antes de volver a subir y anunciar la liberación de los elfos.

Carraspeando para hacerse notar esperó a que todas las miradas estuvieran nuevamente centradas en ella para decir:

—Lo primero que quiero hacer es agradecer a todos por un recibimiento tan cálido; lo segundo es asegurarles que trabajaré duro para que todo funcione como es debido, en lo posible sin altercados ni injusticias para con nadie, con el fin de fortalecernos como sociedad. Y lo tercero y último es anunciarles mi primer proclama como Ministra, algo que durante años ha sido mi mayor motivo de preocupación y mi mayor motor impulsor en lo social: a partir de hoy, todos los elfos domésticos que alguna vez han pertenecido o pertenecen a alguna familia son completamente libres. —Un silencio sepulcral se apoderó del salón, mucha gente observándola con una sonrisa congelada por el shock y algunos puños cerrándose en tensión. —Ahora pueden elegir qué quieren hacer, cómo y cuándo. Y no estarán más bajo el yugo de los magos. De ninguno de nosotros.

Acto seguido se bajó del lugar y caminó de nuevo hasta sus allegados, ignorando las muecas de extrañeza que podía ver en sus rostros.


Sólo habían pasado quince días desde la asunción de Hermione como Ministra, y contrario a lo que ella esperaba, las cosas no estaban en absoluto tranquilas.

Infinidad de familias estaban furiosas por la liberación de los elfos, incluso muchos de ellos habían acudido personalmente a ella para hacerle recapacitar de su decisión, pero se había mantenido inamovible. Los sangre pura que todavía mantenían una gran cantidad de prestigio y contactos fueron los primeros en mover las cuerdas para tratar de revertir la situación, sin tener éxito.

Los pequeños seres, cansados de intentar hablarle, llevaron adelante una serie de protestas en su contra en las calles, cosa que la sorprendió de sobremanera. Sin embargo ella es una mujer fuerte que no da marcha atrás cuando considera que lo que está haciendo tiene beneficios para los implicados, así que los ignoró hasta que pasados cinco días se dieron por vencidos y desaparecieron.

No era posible cruzarse con un elfo en ningún lugar, y aunque ese no era un hecho que debiera pasar desapercibido, ella no se hizo demasiado problema. Tal vez se hubiesen establecido en algún lugar del Reino Unido para poder decidir qué hacer con sus vidas de ahora en adelante.

La situación, en cambio, sufrió un grave giro una de esas mañanas en las que el Ministerio parecía estar en alerta. La gente corría de un lado al otro, las personas estaban cuchicheando en los rincones y el Departamento de Seguridad Mágica se notaba en constante movimiento. Eso fue lo primero que notó Hermione cuando subió hasta el lugar a pedido de su amigo, Harry Potter.

A él lo encontró en su oficina, rodeado de aurores y dando órdenes. Algo que no resultaba anormal si no fuera por el hecho de que quienes estaban reunidos a su alrededor eran en realidad los más experimentados.

—Quiero que Dawson, Sammuels, Jefferson y Malfoy vayan a la escena y la examinen, busquen pistas, tomen declaraciones y mantengan a los muggles alejados. También traten de encontrar vestigios de magia oscura, o de magia en general —decía Harry en esos momentos, con una expresión un poco preocupada. Los hombres y mujeres a su alrededor asintieron a sus palabras y se pusieron en marcha, así, ella pudo acercarse y hablar.

—¿Para qué solicitaste mi presencia, Harry? Estoy segura de que lo que sea, puedes manejarlo perfectamente sin mi presencia. —Los ojos verdes se posaron en ella. Estaban serios, tanto como cuando Voldemort todavía era una amenaza en sus vidas. —¿Qué sucedió como para que esté todo tan revolucionado?

—Toma mi brazo y sujeta tu varita, vamos a desaparecernos y entonces podrás verlo por ti misma.

Ella lo obedeció y en cuanto el proceso de aparición empezó y sintió la conocida sensación de ahogamiento, cerró los ojos. Al abrirlos nuevamente se vio frente a una casa de estilo victoriano en lo que parecía una zona residencial mezcla entre lo mágico y lo muggle. Allí estaban presentes varias personas, los aurores de la oficina y algunos más, un inefable, la prensa y la policía muggle. Aunque los últimos se veían bastante atontados y tenían una expresión perdida, seguramente víctimas de un Obliviate.

No pudo mirar mucho más porque enseguida, Harry la guío hacia el interior de la casa.

Todo era normal hasta que llegó al comedor.

Lo que sus ojos veían era verdaderamente macabro.

Allí estaba una familia completa, con la mesa puesta, la comida aparentemente como si fuera recién servida, perfectamente conservada gracias a la magia, y una aparente sensación de calma.

Claro que había calma.

Estaban los cuatro muertos.

Hermione estuvo a punto de gritar, si no fuera porque la voz simplemente se le quedó atragantada. Frente a sus ojos tenía una escena grotesca no por ser sangrienta, sino por el hecho de que todo parecía milimétricamente calculado.

Cada uno de ellos ubicado correctamente en sus lugares: el padre en la cabecera, la madre a la derecha y el pequeño niño a su costado parecían esperar que alguien les sirviera la comida para comenzar a alimentarse.

Serían unas muertes normales si no fuera porque a todos les faltaban los ojos y una expresión de horror surcaba sus facciones, como si antes de que se los sacaran hubiesen visto lo más espantoso del mundo.

Harry fue el primero en acercarse a Draco, que estaba junto al inefable, para poder tener más datos. Ella caminó detrás de él de forma autómata, tratando de no mirar lo que tenía enfrente.

—Lo encontramos en el cuarto principal, y en estos momentos los otros aurores están llevándolo al cuartel para que ustedes se encarguen de interrogarlo —decía el hombre, a quien Hermione reconoció como Blaise Zabini—, aunque estoy casi seguro de que no obtendrán mucho, ya que asegura no recordar nada. Si necesitan ayuda siempre pueden buscarme en el Ministerio. Buenos días, Ministra.

Hermione hizo un movimiento de cabeza que esperó sirviera como saludo, porque no se sentía preparada para decir ni siquiera una palabra, aunque estuviera intrigada por saber de qué hablaban los dos ex Slytherin.

—Gracias Blaise, te haré saber cualquier cosa —respondió Malfoy. El moreno hizo un asentimiento y salió de la casa. El rubio prosiguió.—. Encontraron un elfo doméstico arriba, el resto ya lo escucharon. Y deben observar eso que está ahí y que ustedes no han visto aún —les dijo, señalando hacia la pared que estaba a sus espaldas. Ambos voltearon.

Allí estaba, grabada, una marca de un triángulo, un círculo y una línea.

Hermione y Harry cruzaron una mirada con el mismo pensamiento en sus cabezas: las Reliquias de la Muerte.

Draco, en cambio, les recordó algo que ellos no solían asociar con ese símbolo.

—Esa es la marca de Grindelwald.

El único pensamiento que Hermione pudo formar en su mente después de escucharlo fue: «Por favor, que no sea otro mago oscuro».


Como verán, esta historia será algo oscura. No mucho... sólo lo suficiente como para que los géneros coincidan. Es algo sin romance alguno, así que si alguien por ahí entra porque cree que habrá algo así, le aviso que no. Sin embargo, me gustaría que le dieran una oportunidad, porque hay pocos fics que no involucren romance y sean de varios capítulos.

Nos vemos en el siguiente. Besos,

Ceci.