-DOG DAYS-


Estaba haciendo un ruido del infierno, pero no es que pudiese evitarlo. Sus movimientos eran lentos y descoordinados. Chocó contra una pila de trastos viejos que cayeron al suelo, cerró los ojos, aún bajo su pies el sonido parecía lejano.

Cuando se dio la vuelta Spike la estaba apuntando con su Jerico. Dio un pequeño respingo, asustada, y apretó el botiquín contra su pecho. Maldito y silencioso idiota. Maldito y cegato idiota que no parecía reconocerla, de pronto su expresión cambio completamente, como si estuviese viendo un fantasma.

- ¿ Vas a dejar de apuntarme? ¿ O piensas rematarme como si fuese un caballo moribundo? - su voz sonaba agotada. Lo estaba. También estaba borracha, o por lo menos había restos de alcohol en su organismo.

- ¿ Que demonios te ha pasado? - preguntó irritado y escaneándola mientras bajaba el arma.

- He tenido una alegre discusión con un idiota sobre el derecho a decidir – respondió con sarcasmo. - Si me disculpas, estoy muy cansada y quiero irme a dormir.

Dio un par de pasos, torpes y lentos, pero sus piernas no parecían dispuestas a cooperar en su camino a la habitación. Iba a caer al suelo y dudaba de poder extender sus brazos para frenar el golpe. Cerró los ojos, dispuesta a darse la ostia de su vida, y tal vez perder un diente, todo sea por el espectáculo.

Por suerte el pecho de Spike frenó su caída.

- Oooh – dijo al notar el olor a tabaco y algo que no supo identificar, invadiendo cada uno de sus sentidos. - Has estado rápido.

- ¿ Pensabas darle un beso al suelo? - preguntó ayudándola a incorporarse

- Dudo que pueda extender mis brazos – susurró contra la tela amarilla de la camisa, aspirando nuevamente su aroma. - Hueles muy bien...

- ¿ Puedes caminar? - la fuerza del latido del corazón de Spike contra su oído parecía adormecerla.

- Supongo – se apartó de él con cuidado.

Cada gesto era mas doloroso que el anterior. Spike, que no se había separado de ella, pasó el brazo por su cintura y la llevó casi en volandas a la habitación.

Se sentó sobre la cama con el botiquín aún bajo su brazo y lo colocó sobre su regazo.

- ¿ Vas a mirarme así todo el tiempo? - preguntó tratando de abrir la maldita caja, no fue capaz, el dolor era insoportable, tendría que añadir una muñeca rota a la lista.

Spike pareció darse cuenta, porque se lo arrebató de las manos.

- Eres un puto desastre – masculló enfadado.

- No me grites -

- No lo he hecho -

- Tu voz suena tan alta entonces...- solo quería que la dejase en paz, lamerse las heridas y dormir hasta que llegase el fin del mundo.

- No te muevas – ordenó.

- ¿ Donde piensas que voy a ir? ¿ De parranda? - refunfuño con ironía.

- Cállate Faye -

Desapareció de sus vista sin decir nada mas, pero ella se quedo muy quieta, mirando la puerta, que parecía ondular.

- Primero deberías limpiar toda la sangre que tienes en la cara - no se dio cuenta de que había regresado hasta que escuchó su voz.

Extendió su mano con precaución para que le pasará la toalla empapada que había traído. Sin embargo se acercó a ella y poniéndose de cuchillas comenzó a pasarla con suavidad por su frente, su mejillas, limpiando meticulosamente la sangre ya reseca de su rostro. Fue incapaz de decir nada, solo de mirarlo con incredulidad, sus gestos eran delicados y amables, definiciones que en su vida se habría atrevido a poner junto a Spike. Cada vez que ella se quejaba, Spike chasqueaba la lengua molesto.

- Gracias – susurró cuando el dejo la toalla a un lado.

La miró con seriedad, mientras examinaba su rostro con atención.

- ¿ En que lió te has metido?

- Yo no he hecho nada.- protestó enojada.

- Ya – masculló exasperado mirándola de nuevo de arriba a bajo – Tienes la chaqueta empapada de sangre, quítatela.

- No - protesto ella. - Está bien.

- No seas cría – replicó. - Quítate la chaqueta.

Lo miró indignada, pero la forma en la que le estaba observando la ponía nerviosa. Así que decidió hacerle caso. Se llevó la mano a la cremallera pero le dolían los brazos y desistió del intento.

- Me duele – dijo frotándose la muñeca.

- Joder Faye – contestó echando la mano a la cremallera.

En fin, había intentado evitar ese momento. Los ojos de Spike se abrieron de par en par cuando vio su camiseta hecha pedazos y el sujetador desgarrado.

- Faye... - la miraba con intensidad y sus manos temblaron al separarse de ella.

- No me mires así – dijo molesta cubriéndose con un brazo. - Ya es bastante vergonzoso que tengas que ayudarme para que además...

- ¿ Estas bien? - parecía realmente preocupado y la hizo estremecer.

- Si... - suspiró.- No ha pasado nada.

- ¿ Seguro? - acarició su mejilla

- Si – sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no quería llorar delante de él, respiro con profundidad tratando de recomponer se y sacudió los hombros. - No ha pasado nada, solo ha sido una noche horrible.

- Esta bien... ¿ De donde sale toda esta sangre? ¿ Donde te han herido? - apartó la chaqueta de sus hombros en busca de heridas abiertas.

- La sangre no es mía - murmuró entre dientes.

Volvió a mirarla de aquella indescifrable manera mientras la ayudaba a quitarse la chaqueta.

- ¿ Quieres ponerte otra cosa? - preguntó mirando con horror los moratones de su brazos.

- Si, por favor – estaba medio desnuda, cubierta de sangre y terriblemente cansada, no podía imaginar otra situación peor. - ¿ Puedes acercarme otra camiseta? En los cajones tiene que haber alguna.

Spike se levantó, acercándose al armario, mientras ella se quitaba como podía los jirones de su camiseta y terminaba de limpiarse.

- Le he cortado el cuello – dijo finalmente mirando la toalla manchada de sangre, todo a su alrededor parecía borroso, la única visión que capaz de focalizar era aquella maldita toalla. . - Él...no podía quitármelo de encima, era mucho mas fuerte que yo... Nunca había visto tanta sangre...

- Se lo merecía – contestó con seriedad, pasándole la camiseta.

- Si …

Sintió deseos de ponerse a llorar de nuevo cuando se vio incapaz de vestirse por si misma. Le dolían las costillas, le dolía todo.

- Déjame a mi – antes de poder protestar él ya estaba pasándole la camiseta por la cabeza y ayudando a ponérsela. - Tengo que examinarte la muñeca.

- Lo se...

Cogió con cuidado su brazo y suspiró frustrado. Ella trató de no quejarse pero la realidad es que le dolía muchísimo. Spike se mordía los labios con rabia mientras palpaba a lo largo de su brazo. Los moratones parecían realmente escandalosos en contraste con la palidez de su piel.

- No esta rota – dijo mientras rebuscaba entre las vendas del botiquín hasta que encontró un paquete nuevo. Tras colocar una pieza de metal para mantenerla recta, la vendó con precisión – Deberías mantenerla en alto .

Trató de sonreír cuando él comenzó a guardar el resto de vendas en el botiquín. Spike no la miraba, estaba concentrado en ordenar meticulosamente todos y cada uno de los objetos que había dentro.

- Tengo una crema para los moratones, es bastante buena... – dijo con la vista clavada en el botiquín.

Se levantó de nuevo y volvió a dejarla sola en la habitación. Se dejó caer sobre la cama agotada, dejando que el sueño la venciese por completo.

Al volver a abrir los ojos, estaba dentro de las sabanas, pero no recordaba ni haberse descalzado ni haber entrado en ellas. Al llevarse las manos a la cara descubrió que tenía un par de tiritas sobre la ceja y la mejilla. El bote de crema estaba sobre su mesilla de noche. Se incorporó y extendió como pudo la crema sobre su brazo. Se levantó de la cama, estaba sedienta y todo le dolía mas que antes de dormir.

Se acercó a la cocina a beber un vaso de agua. Había una luz tenue en la sala, Spike veía la televisión a oscuras. Se giró para mirarla. Era inescrutable, no podía descifrar lo que pensaba. Le sonrió con cansancio, pero él no movió ni un musculo de la cara.

- ¿ Te he despertado? - preguntó por fin bajando el volumen del televisor.

- No, tenía sed – contestó levantando el vaso lleno de agua.

No le apetecía estar sola, pero tampoco sabía si quedarse.

- ¿ Como estás? - dijo tendiendo una mano hacía ella.

El corazón le dio un vuelco y se quedo inmóvil. El pestañeó como si estuviese despertando de un sueño y retiró la mano.

Se sentó junto a él y cogió el paquete de tabaco de la mesa, era difícil maniobrar con una sola mano. Mordió el cigarro y antes de tratar de coger el mechero la llama apareció ante sus ojos. Sonrió con franqueza y Spike le devolvió la sonrisa.

- ¿ Que ves? - preguntó llena de curiosidad.

- Boxeo -

- Oh – se acomodó en el sofá como pudo. Spike la miraba por el rabillo del ojo. Lo escuchó suspirar y volver a mirar a la pantalla.

El combate de boxeo se interrumpió para dar las noticias. Habían encontrado el cuerpo, sintió como el aire a su alrededor se espesaba, su agresor era un criminal muy conocido. Casi no oía a la locutora por encima de los latidos de su corazón. Lo habían metido en la cárcel por, torturar violar y asesinar a seis mujeres. Escapó hacía unos días. Spike echó la mano al mando del televisor.

- No - su mano temblaba pero aun así no le dejo cambiar el canal.

No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que sintió las lágrimas en sus labios.

- No tienes por que ver esta basura – dijo Spike apagando la televisión.

No estaba segura de haberlo escuchado bien, solo era consciente del palpitar de su corazón. Intentó llenar sus pulmones de aire, pero no lo consiguió.

- ¿ Faye? -

No podía respirar, se llevó las manos al pecho y se clavó las uñas, como si pudiese arrancarse la piel para dejar paso al oxigeno.

-Respira – Spike la sujetó por los hombros, obligándola a mirarle a los ojos. - Todo ha acabado,

No podía hablar, ni podía dejar de llorar. Se abrazó a él que pasó las manos por su pelo y las colocó en su espalda. Se estaba ahogando, trató de tomar aire otra vez, pero lo único que consiguió fue un quejido agónico. Spike se separó de ella. Su expresión confundida y llena de pánico hizo que ella se asustará aun mas.

- Por favor, Faye, respira – cogió su cara con ambas manos.- No me jodas, hazlo con mucho cuidado, despacio.

Él tomó aire lentamente, sin apartar los ojos de ella, se concentró en observar el pequeño cambio de tonalidad entre ambos ojos, mientras intentaba imitar las respiraciones lentas y metódicas de Spike. Las lágrimas seguían resbalando por su rostro, pero sintió que volvía a tener el control. Spike retiró las lágrimas de sus ojos y sonrió, apoyando su frente en la de ella.

- Eso es – su voz sonó relajada.- Eso es, poco a poco.

Apoyó la cabeza en el hombro de Spike y cerró los ojos, mientras él seguía acariciando su pelo. Sus latidos no parecían calmarse, sin embargo era capaz de respirar. Sintió que la rodeaba con los brazos, acercándola a él. Spike desprendía un calor acogedor y agradable, que la reconfortaba. Agradecía su silencio y la forma en la que pasaba los dedos por su pelo. Agradecía que la dejase llorar y que estuviese allí. Dejo escapar un "gracias" apenas inaudible contra su pecho. Le escuchó tragar saliva y reírse nervioso. La estrujó entre sus brazos antes de soltarla.

- ¿ Seras capaz de respirar por ti misma o me estas engañando para que te haga el boca a boca? -bromeó al tiempo que le regalaba una de sus inconfundibles sonrisas

- ¡Ja! Ya te gustaría a ti poner tus labios sobre los mios – contestó mirándole de reojo y dejándose caer sobre el respaldo del sofá.

- ¿ Dejo el boxeo? - preguntó con indiferencia encendiendo de nuevo el televisor.

- Ni lo sueñes, hay un programa sobre operaciones estéticas que han salido mal en el canal 93, ponlo -

- No pienso poner esa basura -

- Dame el mando, Spiegel -

- Por encima de mi cadáver, Romaní -


Mis vacaciones han acabado y a la espera de ponerme de nuevo con mi otro fic, aquí os dejo este one shot. Espero que os guste.

Un beso.