-Bagdag-


Se envolvió en la manta y se acomodó en el sofá con el libro en las manos, un te humeante sobre la mesa y un paquete de galletas de chocolate. Sonrió complacida ante la tranquila tarde que le esperaba y se concentró en la lectura.

No le hizo falta levantar la cabeza del libro para saber que Spike acababa de entrar en la sala, se acercó a ella y se apoyó en el respaldo del sofá. Sonrió de oreja a oreja y la miró con descaro con aquellos maravillosos ojos oscuros y ella se las arregló para no perder la compostura. Aunque viniese de entrenar y su piel estaba cubierta de sudor y lo único que le apetecía a ella era lamerlo de arriba a bajo. Spike levantó las cejas sonriendo aún más, como si hubiera leído su mente y sintió que sus mejillas se incendiaban .

- Hoy tú y yo salimos - dijo con toda la tranquilidad del mundo, cogiendo su taza y bebiendo un trago de su te.

- ¿Perdón? - parpadeó incrédula observando como alargaba la mano para coger una galleta.

- En una hora, vamos a divertirnos un rato- dejó la taza sobre la mesa e hizo crujir sus nudillos.

- ¿Pero tú que té crees? ¿ Que no tengo planes? - replicó golpeando la mano de Spike que se lanzaba a por otra galleta.

- Es sábado y estás envuelta en una manta con un te, no, no tienes planes - murmuró masticando de manera exagerada.

- ¿ Y crees que salir contigo es más interesante que saber qué le pasa a Edmund Tully el día de su boda? - preguntó señalando el libro.

- ¿ Sabes que no llegó a publicar jamás los dos últimos? - dijo Spike sonriendo golpeando la portada del libro con un dedo. - Una hora, Valentine, no me hagas esperar.

Y tal cual como había aparecido se marchó, con las manos en los bolsillos y ligeramente encorvado. No pensaba moverse del sitio, Spike era un pájaro arrogante y descarado, si creía que con su encantadora sonrisa y un paseo iba a conseguir que cediese lo tenía claro. Volvió a concentrarse en la lectura intentando borrar de su cabeza lo bien que siempre olía ese chico.

Al cabo de cuarenta minutos cerró el libro indignada, ya había bastante muerte en su vida, para también tener que sufrirla en una novela. Lo tiró sobre la mesa y reprimió un grito de frustración cubriéndose con la manta.


Ya había pasado una hora, estaba esperando en el hangar a que Faye apareciera, aun no tenía muy claro si lo había perdonado. Pero las cosas entre ellos se habían suavizado y por lo menos volvía a hablarle con normalidad. Estaba nervioso y aunque había usado toda la caradura que tenía para pedirle una cita, Faye era capaz de ignóralo por completo, dejarlo tirado como una colilla y herir su ego sin tan siquiera pestañear. No llevaba la cuenta de los cigarros que había fumado en los veinte minutos que llevaba esperando cuando escuchó unos tacones aproximarse a él, se dio la vuelta intentando trasformar su estúpida sonrisa de felicidad en una soberbia expresión de triunfo.

Faye se cerró la cremallera de una chupa de cuero roja, que nunca había visto y lo miró apoyando las manos en las caderas. Llevaba unas botas negras de tacón muy alto que hacía que sus interminables piernas pareciesen más largas aún.

- Solo hago esto porque el libro está en una situación critica y necesito olvidarlo - murmuró mirando a un punto distante detrás de él.

- Lo que tu digas Valentine - sonrió y ella caminó delante de él sin contestarle.

Llevaba unos vaqueros tan ajustados que estaba seguro de que en algunas culturas eran considerados delictivos y tuvo que contenerse para no empotrarla contra la pared de la Bebop y desnudarla allí mismo.

Había estado pidiendo favores y reclamando deudas para encontrar el sitio perfecto, al final había conseguido unas entradas para un local llamado Bagdag, que por lo que le habían dicho era el mejor sitio de Venus y era prácticamente imposible ir allí sin enchufe o sin esperar 6 meses en una lista.

Se sentaron en un reservado y Faye se quitó la chaqueta, revelando una camisa de gasa negra tan trasparente que podía adivinar hasta la mas delicada linea del encaje de su sujetador. Fue incapaz de esconder un sonrisa de satisfacción al pensar que se había puesto tan guapa para él. Faye entornó los ojos apoyando la mejilla en la mano al darse cuenta de como la estaba mirando.

- ¿ Que te apetece beber? -

- Ron

Comenzaron una conversación intrascendente sobre lo difícil que resultaba encontrar buenas recompensas desde que habían cancelado el Big Shot. Pero él en lo único que era capaz de concentrarse era en el rojo de sus labios que era exactamente del mismo tono que el de su chaqueta y en como las luces del bar se reflejaban en sus ojos mientras le miraba. Así que siguió hablando sin saber muy bien que decir pero encantado porque ella lo observaba atenta con un sonrisa en los labios.

De pronto Faye dejó de prestarle atención, concentrándose en lo que sucedía detrás de él, sus ojos se abrieron sorprendidos y parpadeó incrédula, se llevó las manos a la boca para ocultar una sonrisa que sus ojos no podían esconder. Había perdido su atención por completo y se dio la vuelta para ver lo que ella estaba viendo.

Sobre un pequeño escenario una pareja desnuda practicaba sexo delante de todo el mundo. Él era un armario empotrado lleno de músculos y ella una rubia oxigenada con los pechos operados que gemía y gritaba en cada envestida.

No podía creérselo ¿Dónde demonios la había traído? Miró a su alrededor, bailarines y bailarinas semi desnudos se repartían por toda la sala. Perfecto, ahora Faye pensaría que era un pervertido, que la había traído allí con alguna intención oculta y él lo único que quería era llevarla a bailar o a divertirse.

- ¿ Donde me has traído Spiegel? - preguntó riendo.

No se atrevía a mirarla a la cara, iba a matar a Stuard, iba a estrangularlo con sus propias tripas y dejarlo colgado en uno de los jardines de Venus. ¿ En la cabeza de quien aquel sitio podía ser perfecto para sorprender a una chica?

Faye permanecía atenta a la pareja a la que pronto se unió un tercer participante con más músculos que el primero.

- Esa postura tiene que ser tremendamente incómoda para la pobre muchacha- comentó distraída y clavó su vista en él exigiendo una explicación.

¿ Qué demonios iba a decir? ¿Que su amigo le había dicho que aquel lugar era el sitio más famoso de Venus? ¿Que todo el mundo quería estar aquí? ¿ Que no había preguntado nada más porque era idiota? Se llevó las manos a la frente resoplado y apoyó los codos en la mesa tratando de relajarse, le empezaba a doler la cabeza. Faye iba a mandarle a la mierda y los pocos avances que había hecho tras su charla en el baño acabarían desapareciendo. No quería ni mirarla.

- ¿Nos vamos no? - preguntó y no supo distinguir si estaba molesta o si se estaba riendo de él.

De pronto se sintió ridículo y enfadado. Se levantó de la silla sin decir nada, se terminó de un trago lo que quedaba en su copa, cogió su chaqueta y se dirigió a la salida sin esperar por ella.

Abrió la puerta y escuchó al portero despedirse de Faye sin perder la ocasión de coquetear con ella y aquello le enfureció aún más.


Salieron de aquel bar, en un principio quiso hacerle creer que estaba enfadada, que le había molestado que la llevase a aquel sitio de vicio y depravación, pero solo de ver lo apurado que estaba se enterneció y decidió no bromear con el tema . Caminaba delante de ella hablando o mas bien gritándole a alguien por teléfono.

No era capaz de pensar en que Whitney le había vendido un cuento de hadas, se había presentado como el caballero de brillante armadura que estaba allí para salvarla. Grandes palabras, gestos dignos de una película y toda la historia de amor. Ella estaba tan perdida, tan asustada que lo había creído por completo. Creyó que iba a cuidarla y a quererla pero la abandonó con el corazón roto y una deuda impagable.

Y ahora allí estaba, caminando detrás de Spike Spiegel, que palabras pocas y gestos los justos pero con algo que la había sorprendido, en la intimidad era muy dulce.

El sexo con él era fantástico, divertido, era salvaje, hasta el punto de ser una autentica adicción. No importaba lo duro que hubiesen jugado, no importaba como, daba igual si estaban en un baño o en su habitación, al acabar siempre se abrazaba a ella y le susurraba cosas al oído. Sonreía y le daba pequeños besos. La trataba con cariño, pese a que ella no era capaz de tratarle igual, de que trataba de tener la cabeza fría y no dejarse llevar por el calor de sus abrazos. Había luchado con todas sus fuerzas por no caer, por no sentir, por no dejar que llegase a ella. Pero lo quería y no podía evitarlo. Y no sabía que pensar de esta cita ridícula y de lo enfadado que estaba.

Spike era un romántico incurable, toda su historia con Julia era una prueba fehaciente de ello, quiso dejarlo todo por ella, arriesgó su vida por ella y sin ella no le encontraba sentido a vivir. Julia le había roto el corazón y aun así la amaba hasta el punto de no importarle seguir con vida y aunque lo negase si estuviera viva, habría desaparecido de su lado sin mirar atrás. Estaba tan segura de ello que le provocaba ansiedad, ganas de huir lejos de él para evitar males mayores. Evitar pensar que Spike preferiría estar con Julia o que pensaba en ella cuando cerraba los ojos y la besaba.

Tenía el corazón roto pero Julia estaba muerta y no quería que un fantasma le arrebatase lo único bueno que había en su vida. Así que necesitaba creer que Spike había dudado a quien elegir, que ella era algo mas que un remplazo y que significaba algo para él.

- ¿ No tienes hambre? - preguntó cuando colgó su comunicador y se detuvo en mitad de la acera.

- No - contestó de mala manera dándose la vuelta para mirarla. - Pero podemos parar en algún sitio si te apetece.

Asintió sin saber muy bien que decir, no entendía que estuviese tan molesto. Aunque sabía que estaba herido en su orgullo y ella intentaba no reírse, pero todo aquello no era mas que una pataleta. Caminaba junto a ella en silencio, con las manos en los bolsillos y había reducido su paso para acomodarse a su paso.

- Conozco un sitio donde ponen porciones de pizza muy ricas - dijo por fin parándose frente a ella.

- ¿ Cocinan desnudos o vestidos? - le preguntó riendo intentando que él sonriese de nuevo.

Spike hizo una mueca de disgusto y se le pusieron rojas hasta las orejas. Ella sonrió, se acercó a él y le dio unas palmaditas en la espalda.

Cenaron con tranquilidad sentados en la barra de la pizzería, sin hablar demasiado y viendo videoclips en una vieja pantalla de televisión.

- ¿Volvemos a casa? - preguntó Spike, estaba enfurruñado y parecía que su única intención era desaparecer y encerrarse en algún lugar a soltar maldiciones.

- No - la miró sorprendido y se quedó en silencio arrugando la servilleta de papel entre sus manos.

- Mejor buscamos un sitio tranquilo donde pasar la noche ¿Quieres? - preguntó levantándose y pasando una mano por su alborotado cabello.

Spike pasó un brazo por su cadera y la atrajo hasta él, suspirando apoyó la cabeza en su hombro y murmuró algo contra su cuello.

Llegaron a un hotel encantador, la recepcionista les entregó la llave y subieron en silencio hasta la tercera planta. La calefacción estaba puesta y hacía un calor agradable dentro de la habitación. Se sentó en la cama para poder quitarse los tacones que la estaban matando y Spike se apoyó en la pequeña mesa que había frente a ella, se quitó la chaqueta, la colocó en la silla con cuidado y se remangó la camisa. Parecía triste y decepcionado, apoyó las manos en la mesa y la miró mientras ella frotaba sus doloridos pies.

Se levantó de la cama y se colocó frente a él tocando su cara con cuidado.

- ¿ Estás de mal humor eh? - preguntó en un susurró con los dedos entre su pelo.

- No- contestó con sequedad.

Era incapaz de dejar pasar las cosas y cuando algo no le salía como quería, afectaba a su humor y a la forma en la que trataba a los demás, acarició su mejilla y le dio un pequeño beso. Bajó las manos por su cuello y comenzó a desabotonar su camisa. Suspiró al volver a ver la cicatriz que atravesaba su pecho, pasó con cuidado la mano sobre ella y Spike cruzó los brazos tras su espalda acercándola a él.

- ¿ Te duele? - susurró sin dejar de acariciar el corte de arriba a bajo con afecto.

- No - podía sentir los ojos de Spike clavados en ella pero aun así no levanto la vista de su pecho.

- No fui capaz de coserte- deslizó las manos hasta su espalda y se abrazó a él. - Me temblaban tanto las manos que Jet me apartó de un empujón y lo hizo él.

Le escuchó suspirar profundamente y sintió como cerraba los brazos alrededor de ella besaba su cabello. Susurró su nombre y la arrulló entre su brazos con ternura.

- ¿Me contarás algún día lo que pasó con el sindicato? - preguntó muy bajito dudando si quiera que él hubiese podido oírla.

- No - respondió usando aquel tono de voz cortante que empezaba a cansarla, se separó de él que pareció darse cuenta ya que suspiró de nuevo. - No te gustaría saber la clase de hombre que soy.

- Ya se la clase de hombre que eres Spike- contestó agarrándole la cara con ambas manos y besando su frente.- La clase de chico que te lleva a un bar con porno en directo en la primera cita.

Él frunció el ceño y refunfuñó cerrando las piernas, acercándola de nuevo a él. La cogió con firmeza de la cintura y la miró con gesto serio.

- No era nuestra primera cita de todas formas- susurró desabrochando el botón de sus vaqueros y bajando la cremallera.

- ¿ Ah no? - preguntó llena de curiosidad.

- Fuimos a cenar y a beber la noche antes de encontrar a Decker, aquel que robaba los camiones- deslizó los pantalones por su cadera y ella los dejó caer al suelo.

- Estábamos trabajando, necesitamos cenar Spiegel, eso no fue una cita- replicó cruzándose de brazos mientras él enredaba con su pelo.

- Acabamos en la cama - bajó un par de octavas el tono de su voz y un escalofrío recorrió su espalda solo por la manera en la que la observaba.

- Nunca fue mi intención, estábamos muy borrachos - balbuceó nerviosa sintiendo pequeñas descargas eléctricas allí donde el posaba sus manos.

- Si la mía, empleé todos mis trucos de seducción - le dedicó una de sus embaucadoras sonrisas mientras la agarraba de los brazos y deslizaba sus manos por ellos.

- Tienes suerte de que no me acuerde de nada- acarició las palmas de las manos de Spike tratando de contener las ganas de saltar sobre él y devorar cada centímetro de su piel.

- De hecho fue mi intención desde que te vi detrás de aquella mesa del casino, con tu chaquetita rosa - dijo tocando uno a uno los botones de su camisa.

- ¿ Si eh? - susurró en su oído mientras acariciaba su nuca y notó como se le erizaba la piel. -¿Que querías hacerme?

Spike se rió, agarró su trasero con ambas manos y pegó su cuerpo contra él, acariciando su espalda con cuidado.

- Quería morderte, lamerte, tocarte- la agarró del pelo y la miró mordiéndose los labios. - Quería oírte gritar mi nombre.

Cogió aire y se estremeció al sentir los dedos de Spike dibujando pequeños círculos allí donde acababa su camisa.

- Y bien ¿A qué estás esperando? - susurró casi rozando sus labios sintiendo la tensión con la que Spike la agarraba de la cintura.

La contempló con una sonrisa cargada de deseo y sin pensarlo un segundo, la besó hasta que se quedo sin aliento. Se separó de ella para coger aire agarrándola de la cara, sin dejar de mirarla a los ojos, retándola, pidiendo mas, exigiendo mas. Volvió a besarle mientras terminaba de quitarle la camisa arrinconándolo contra la mesa. Pero Spike era más fuerte así que sin ningún tipo de esfuerzo por su parte la levantó de la cintura con un brazo y la llevó hasta la cama.