Disclaimer: Los personajes y el potterverso pertenecen a J.K Rowling. Este fic participa en el minireto de Febrero para "La Copa de las Casas 2017-18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

Regenerarse o morir

Odiaba ese sonido repetitivo y acuciante de las teclas. Detestaba el giro hipnotizante y mortecino de la manivela. El vuelaplumas rasgando el papel a toda velocidad, dibujando números de la nada. La calculadora mágica. Pero sobre todo aborrecía su trabajo. Pasar los días llevando la contabilidad de los tugurios de alcohol y droga que la mafia italiana tenía en Inglaterra, casi encerrada en un zulo, no era como había imaginado vivir sus últimos días. Y aun así su maldita conciencia le decía que todavía debía agradecer el no haber corrido la misma suerte que su hermano, terminar en Azkaban.

Pero si había algo que Alecto Carrow maldecía y abominaba por encima de todas las cosas, era su asqueroso cuerpo. Un cuerpo tullido. Un cuerpo inútil. Todo lo que había conseguido de su apoyo a Voldemort- ya no tenía miedo a pronunciar su apestoso nombre- en la derrota final.

Necesitaba de unas sucias muletas para caminar. Había perdido sus dos piernas, y las patas de palo que las habían sustituido le hacían sentirse extraña, ridícula, desvalida y completamente inferior. Pero Alecto guardaba un secreto. Algo que nadie sabía y que permanecería en la insondabilidad de su mente para siempre. Se llevaría el secreto a la tumba.

Cuando terminaba su asqueroso trabajo Alecto se aparecía- le había costado volver a dominar este arte con sus execrables piernas- en una pequeña playa poco transitada y allí hundiéndose poco a poco en el agua salada hacía su magia.

Donde antes había una persona (o lo que quedaba de esta) ahora una medusa se abría paso entre las olas. Nadaba rítmicamente, sin que sus escasos apéndices le impidieran dar giros, y cabriolas bajo el mar. Pero Alecto sabía que si se quedaba el tiempo suficiente bajo el agua, el cuerpo de la medusa se iría regenerando poco a poco, solucionando lo que su deprimente cuerpo humano no podía hacer. Y ahí volvía a estar ella. Completa. Solo el placer de correr bajo las aguas, sintiéndose entera otra vez, la salvaba de una muerte anticipada.