Disclaimer: Los personajes y el potterverso pertenecen a J.K Rowling. Este fic participa en el minireto de Marzo para "La Copa de las Casas 2017-18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

Un juego demasiado real

El chico rubio baja corriendo la escalera, mirando a su alrededor. Nervioso. No quiere cruzarse con ningún profesor, tiene miedo de le obliguen a abandonar el colegio. Una parte de su cerebro piensa que debe concentrarse, sacarse de la cabeza esos pensamientos pueriles. Está en una guerra.

"¡Es una puñetera guerra, concéntrate joder!" Pero su cuerpo recibe un escalofrío cada vez alguien se cruza en su camino. Todavía siente que no debería estar ahí, que lo van a expulsar. No se da cuenta que nadie repara en él. Todos corren sin rumbo con muecas desencajadas, absorbidos por el caos de la batalla.

El muchacho rubio, al que le encanta sacar fotos, ya ha llegado a la gran puerta de roble. La que le separa de la verdadera escaramuza. Hasta ahora ningún mortífago ha penetrado en la escuela. Pero sabe, por los gritos, que sí han conseguido llegar a los jardines. «Concéntrate por favor. Es de verdad. No es un juego»

Pero su cerebro sigue sin tener miedo, sin creer lo que está viviendo. Quizás sea un escudo de protección. Para no salir corriendo. Para atreverse a ser el héroe que siempre ha deseado en su fuero interno.

Y atraviesa la puerta. Luces de todos los colores se entrecruzan, y está ahí de pie, quieto. Paralizado.

El chico rubio, al que le encanta sacar fotos y que estudia sexto grado, aprieta su varita con fuerza. Lanza su primer hechizo sin tener un objetivo claro. Tiene la vista perdida y le tiemblan las manos. Pero no se da cuenta, porque lo único que piensa es que no debería estar ahí. "¡Alerta Permanente!, concéntrate joder. Demuestra lo que has aprendido"

Y, sin previo aviso, sale corriendo cuando ve una máscara. Esa que ha visto tantas veces en las fotos de los periódicos y sobre la que volcaba su rabia. Va a acabar con ese mortífago. Va a ser un héroe. Corre. Acelera. Casi sin respiración. Pero ya no lo ve.

–¡Avada Kedavra!—escucha a sus espaldas. Y sabe que es el fin. Cierra los ojos y se despide.

Pero el impacto no llega. Solo un grito en su lugar. '¡Creevey!' Desaprieta los párpados. El profesor Lupin está muerto delante de él, ni rastro del mortífago. Siente una mancha caliente en sus pantalones. Mira el cadáver de su viejo profesor. Sin llorar, sin sentir nada. Porque para su cerebro nada es real. Y corre.