Disclaimer: Los personajes y el potterverso pertenecen a J. K Rowling. Este fic participa en el minireto de Marzo para "La Copa de las Casas 2017-18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

Necesito una oreja

Las pesadillas de Minerva Mcgonagall durante el curso escolar eran cuatro: el polvo de oscuridad instantánea, los caramelos longuilinguos, las orejas extensibles y las varitas falsas, y todas ellas tenían nombre propio 'Sortilegio Weasley', pero lo que la profesora nunca imaginó fue que una de ellas se convertiría en su mejor aliada.

Todo empezó una noche de su cuadragésimo segundo año como profesora (si es que no había perdido la cuenta). El más difícil al que se había enfrentado nuca. Más que su primer año, en que muchos de sus alumnos habían conseguido tomarle el pelo, o incluso que aquél fatídico curso en el que tuvo que afrontar la muerte de su querido Elphinstone Urquart.

Paseaba por los jardines, convertida en gato -esos días se sentía más libre en su forma animal-, cuando oyó un murmullo que la inquietó, era la voz de Snape.

—El señor quiere hablar con nosotros. Avisa a tu hermana, a las 11 en mi despacho

Minerva se paró en seco y aprovechó su forma animal para agazaparse sigilosamente detrás de un árbol, pero ya no escuchó nada más que unas pisadas alejándose, y el roce de las túnicas deslizándose sobre la hierba. Maldijo su mala suerte. ¿Cómo narices iba a hacer para espiar el despacho de Snape, porque quería saber lo que Voldemort planeaba…? Y ahí fue cuando se le ocurrió la idea.

Todavía como gato corrió hacia el castillo y se coló por la ventana abierta de su despacho. Recuperó su forma humana y como loca comenzó a abrir todos los cajones, buscando una de esas orejas extensibles que tantas veces había confiscado a sus alumnos. Nada. Tenía surtidos saltaclases por doquier, pero ninguna oreja. Y entonces recordó. La última se la había regalado a Dennis Creevey un día que el niño había llegado a clase totalmente magullado y con una cara de infinita tristeza. Creyó que igual les era útil en su Ejército de Dumbledore, al fin de cuentas el chiquillo estaba ávido de demostrar a su hermano mayor de lo que era capaz.

Corrió hasta casi quedarse sin respiración a la torre Gryffindor, sorteó a la Dama Gorda que quería cantarle una canción triste sobre una guerra y despertó a Dennis

—Necesito una oreja

El niño, todavía adormilado no terminaba de creerse que McGonagall estuviera allí pidiendo una oreja. Al final ante la urgencia de la profesora, que le susurraba apremiándole, consiguió espabilarse y comprender que lo que realmente quería era la oreja extensible que le había regalado-cabe mencionar que ninguno de sus compañeros le creyó cuando al día siguiente mencionó su aventura-.

Con la oreja, Minerva fue capaz de escuchar lo que pasaba en el despacho de Snape, y así fue como se enteró de que Voldemort creía que Potter visitaría Hogwarts, el muchacho buscaba unos objetos importantes. Snape parecía saber de lo que se trataba, pero ella, como los Carrow, no tenía demasiada idea. Lamentándose que Dumbledore siempre le hubiera ocultado detalles importantes, trato de concentrarse en la conversación.