TOC TOC ¿Hay alguien ahí?

Perdooooooon por la demora.


La entereza de Malfoy


La vista nublada por gruesas capas de lágrimas la hicieron trastabillar un par de veces por las losas sobresalientes de los pasillos de Hogwarts. Se aferraba con brazos y uñas a su anaranjado gato, cuya estática apariencia parecía haberlo convertido en una peluda piedra en el apretón. No sabía hacia dónde dirigirse, sus pasos eran adiestrados por la inercia de la tristeza y la confusión sobre ¿qué hacer? Se sentía traicionada por Ron, amenazada por Lucius y confundida por Draco. Y una pequeña, pero no por ello menos importante parte en su interior, se sentía avergonzada de sí misma; era la mejor bruja ante los ojos de todos y no podía ser posible que un par de nimiedades como ésta, lograran aplacarla.

La velocidad de unos pasos acercándose con violencia, punzaron directo en la incomodidad, no deseaba ser vista por nadie en ese estado así que se arrinconó contra la pared, sin dejar de caminar, esperando que la apurada persona siguiera su camino sin notarla. El ruido de los zapatos punteando el suelo aumentó en la soledad del pasillo, ¿Y si era Lucius? El sólo pensamiento provocó una descarga de valentía ardiente en su estómago. Sujetando a Crookshanks con una mano, buscó con la otra la varita en el bolsillo de su túnica entrelazándola en sus dedos y se giró de lleno con un brusco movimiento de cuello que hormigueó dolorosamente en un costado de la cabeza.

A escasos metros de sus ojos se chocó con la plata de otros, con una mano presionó su pecho para expulsar el suspiro de alivio que le produjo ver a Draco, ligeramente sonrojado por la caminata a prisa para encontrarla.

—Granger —expresó de manera agitada, percatándose del triste semblante en Hermione—, necesito hablar contigo.

Ella se pasmo en el acto, de haber sido posible hubiera eludido esa conversación el mayor tiempo posible.

—Malfoy, ahora no es un buen momento —debatió, limpiando las gotas de llanto con el borde de su túnica—, debo alimentar a Crookshanks.

El gato se revolvió entre sus brazos para saltar con agilidad al suelo y enredarse melosamente entre las piernas de Draco.

—Pues él no parece tener mucha hambre —resolvió el rubio, inclinándose para darle mimos al embelesado animal—, ven, vamos a dar un paseo.

Sin darle tiempo de responder, posó su mano en la espalda de Hermione convirtiéndose en su guía, y aunque una débil resistencia trató de forjarse en las piernas de ella, finalmente cedió ante la presión de Malfoy y los alegres pasos de su gato junto a él.

Atravesaron un tramo del pasillo, llegando a un arco que permitía el acceso a la zona exterior del colegio. Ambos cruzaron hacia el césped, rodeados de la belleza de un interminable cielo azul, lamidos por una cálida brisa que se arremolinaba entre el cabello de Hermione y agitaba las hojas de los árboles.

Crookshanks saltó entretenido, persiguiendo algunos gnomos esquivos en el césped iluminado por orbe de luz en el centro de cielo que emanaba la dosis justa de calor para derretir el helado miedo en el interior de Hermione.

Draco llevaba la delantera. Deteniéndose frente a un taburete de madera, extendió su mano con fineza, invitando a Hermione a descansar en el. Ella, se desmoronó recostando su cabeza en el espaldar de la silla esperando con ello asentar sus ideas y cortar la relación de un tajo y sin dolor por el bien de los dos.

Junto a ella, Draco tomó posesión de su lugar, apoyó los codos en las rodillas, fijando su mirada nostálgica en los destellos sinuosos del lago.

—Padre me ha golpeado —confesó con voz entrecortada, obteniendo la entera atención de los ojos de Hermione—, no es la primera vez, y estoy seguro que tampoco será la última.

Hermione contuvo el aliento por unos minutos incapaz de hallar las palabras para mitigar el dolor que cargaba la confesión de Draco. Lo sentía herido, impotente y frustrado en iguales cantidades; y lo que ella estaba a punto de hacer, lo quebraría por completo.

—Malfoy, esta amistad es demasiado arriesgada para los dos —expresó, incorporándose e inclinándose hacia él—, no tiene sentido que lo ignoremos. Tú, necesitas terminar el curso de una manera tranquila, sin dificultades para que puedas regresar a la vida que tenías antes—advirtió, disminuyendo el tono de su voz—, y volveremos a ser tan distantes como siempre.

Los ojos de litio se desconectaron del lago para confrontar la mirada asustada de Hermione. Era tan transparente su gesto que Draco se vio reflejado en el por un momento, viendo los años de prevención hacia su padre, de extrema prudencia por no hacer algo que pudiera enfadarle o hacerlo impropio ante sus ojos, y sin embargo, a pesar de su esfuerzo, siempre era un perdedor ante el concepto de Lucius.

—¿Y después qué? —indagó él, irguiendo su espalda y levantando el mentón—, ¿crees que las cosas van a cambiar con mi padre?, nada de lo que haga lo hará sentirse satisfecho jamás. Siempre habrá una elección que no le guste, una decisión que lo moleste— discutió, observando con fiereza los ojos de Hermione que lo detallaron con asombro—, Hermione, nunca he sido más libre que este último año. Aún sin mi dinero, sin el poder de mi familia, por primera vez siento que estoy haciendo las cosas por mí mismo.

Granger, boqueó un par de veces en pos de debatir los argumentos extremadamente convincentes de Malfoy. En su escaso razonamiento, había tomado en cuenta todos los puntos excepto la convicción de Draco ahí presente. Sin embargo, su padre era un ser peligroso y de cuidado, era un cabo suelto que permanecería libre al viento incomodando y exponiendo a quien quisiera enredarse con él.

—Pero es un riesgo demasiado alto —murmuró, encerrando la mano del rubio entre la suya—, él es una amenaza.

—No me importa —resolvió él, apretando el agarre de Hermione y bajando el rostro a su nivel—, estoy cansado, de luchar contra mi pasado, de perder todo lo bueno que hago, de fingir que las cosas no me importan cuando me están partiendo por dentro. Esto no es vida para nadie y prefiero perder el apellido de mi familia antes que volver a vivir con él.

Un impulso de viento, sobrevoló por los cabellos de Hermione atrayéndolos con prisa sobre su rostro. En un rápido movimiento, Draco deslizó su mano a través de las hebras enloquecidas llevándolas de nuevo a su lugar y, temiendo que si ella seguía razonando, encontraría mayores argumentos para apartarse de él. Atrapó con dulzura su quijada, acercándose a sus labios más de lo debido, menos de lo que Hermione hubiera querido, porque el momento la hizo recordar el instante de inoportuna interrupción por Lucius. Entonces, se avivaron unos deseos incontenibles por conocer el gusto a sus labios, por saberse suya en esa boca que había observado, analizado y estudiado al detalle, salivando sin quererlo y acercándose sin evitarlo.

Draco, notó la debilidad en ella; sintió la piel temblar por debajo de su tacto, vio su mirada ceder al miedo y abrirse a la curiosidad, y en ese justo momento, su deseo se irguió seguro en su boca que se apropió de la de ella como lo soñó desde el primer día que estudiaron en la biblioteca. Ahogó un suspiro con su lengua que suave se deslizaba en los contornos de la boca de Hermione, explorando, desafiando, acariciando, para que ella comprendiera cuanto la quería en su vida y que poco le importaba la opinión de su familia.

Ella, se sorprendió de la necesidad de sus labios por dejarse llenar de ese beso, liberó la mano sujeta de Malfoy y dedicó sus manos a explorar ese rostro que sin saberlo había ansiado recorrer y retener, porque tenía la devastadora certeza que al terminar ese beso, todo sería espuma entre ellos y una aplastante realidad derrumbaría el maravilloso vacío que se abría en su estómago para llenarse de mariposas.

Sin embargo, el beso duró más de lo imaginado y los brazos de Malfoy la envolvieron aprisionándola contra él, determinado a fusionarse con ella en labios y manos, sintiendo el gozo de tenerla, temiendo que ella lo rechazaría al primer intento y completamente satisfecho de verse aceptado.

Crookshanks maulló de manera agresiva, irritado por los gnomos que no habían dejado de burlarse de él. En una treta por atrapar uno de ellos, clavó sus garras sin clemencia en la pierna de Malfoy, cuyo dolor se expandió ramificado hacia todas las conexiones nerviosas y crispando sus manos enlazadas a Hermione. Ella, se percató de la tensión en los labios y de manera pausada se apartó de él siendo sorprendida por el leve y firme tirón de Draco en su labio inferior.

Con reticencia, el rubio, despegó sus brazos de Hermione y masajeó la zona dolorida bajo el pantalón que se marcaba por tres pequeños agujeros. Opuesto a lo que ella imaginó, la sensación no se esfumó, al contrario, una vivida alegría bailoteaba en su pecho y la necesidad de contacto cosquilleó en sus manos que pasaban del rostro, al cabello de Malfoy intermitentemente.

Algo en su interior se preguntaba, en dónde se hallaba el sentimiento de culpa, miedo o inseguridad que tal vez debería embargarla ante esta novedosa situación, sin embargo, por más que revolvió en su interior, sólo encontró una increíble sensación de bienestar.

—Draco —susurró su nombre viendo la alegría en su gesto—, ¿estás seguro de esto? —indagó, envolviéndolos en un círculo invisible con su dedo índice. Sin dudarlo Malfoy la tomó de la mano de una forma segura.

—Jamás había estado más convencido de algo en mi vida.

La firmeza en su voz, cortó la respiración de Hermione entendiendo que a partir de ese momento, su decisión no tendría punto de retorno y lo que hicieran desde allí en adelante, sería de dominio público. Incluyendo a Lucius.

—¿De verdad no quieres volver con tu padre? —cuestionó presionando los dedos de Malfoy entre su mano, temerosa de perderlo por el plan que empezaba a fraguarse en su mente.

—Ni en un millón de años —resolvió, frunciendo el ceño —, sin embargo, me preocupa madre. Ella debe seguir viviendo con él, y aunque este enojado con ella por enseñarle mi carta, algo me dice que no lo hizo de manera voluntaria y temo por ella.

El pulgar de Hermione revolvió nerviosamente los límites de la piel de Malfoy, pensando. Evitó su mirada fingiendo vigilar al gato que afilaba sus uñas contra el tronco de un árbol, sin embargo el mordisqueo en los bordes internos de su labio la acusó, sintió el tacto de Draco acariciar levemente la arruga que ya atravesaba su frente, delatando su preocupación.

—¿Qué estás pensando? —susurró, contorneando el rostro de Hermione entre sus dedos y depositando un beso en su cabeza.

—Si te dijera que tengo una solución a tu problema, pero podría llevar a tu padre a Azkaban, ¿me odiarías? —preguntó ella con tono inseguro, clavando su mirada en la corbata del Slytherin.

Con el suave movimiento de su mano, levantó la quijada de Hermione, examinando sus concentrados ojos castaños. No la conocía tan bien para saber que en su pregunta, estaba implícito un plan organizado con sus pasos y consecuencias; sin embargo, un brillo esperanzado y temeroso se agrandó en su mirada combinando con el crecimiento desmesurada de su pupila al observarlo. Le gustaba. Atrapó la boca entre sus labios porque por un fugaz instante sintió perderla, mientras jugueteaba curioseando con su lengua la de ella que se rendía al instante, desprendiendo una respiración entrecortada. Enredó sus dedos entre el desastre de cabello que nunca había sido más agradable para él y pretendió pensar en un lugar en el mundo dónde no estuviera su padre.

Le pareció plenamente liberador, y recordó las escasas veces que se permitió razonar diferente a su padre, cuestionando, contradiciendo y pensando en la injusticia que era la libertad de Lucius.

Disminuyó la velocidad del beso antes de terminarlo, dándole espacio a Hermione para recobrar su olvidada respiración. Con cuidado, se desprendió de las hebras que lo aferraban a la cabeza de ella y la observó intrigado.

—No te odiaría —resumió, tragándose un millar de excusas que deseaba decirle, ella jamás lo había tratado con desprecio a pesar de tener motivos de sobra para hacerlo—, nada de lo que hagas me hará odiarte. No sé lo que quieres hacer y comprendo si prefieres no decírmelo, pero, si sabes acerca de algo que sea mínimamente incorrecto acerca de mi padre, es mejor que se lo digas a la persona adecuada—pasó saliva visiblemente afectado, entendiendo que con sus palabras, la brecha entre su familia y él, crecía desmedidamente—, no quiero ser responsable de sus equivocaciones, aunque yo no sea el autor, la gente seguirá culpándome de ellas. Haz lo que debas hacer.

Ella inclinó la cabeza en gesto decidido, dedicándole un mimo en el rostro con su mano. Draco tenía razón, su padre se convertía en una sombra absorbente de luz en el camino y por más que sintiera culpa, era una amenaza. Se inclinó hacia él para apenas rozar sus labios afanada por el tiempo que corría en su contra.

—Nos vemos aquí en un par de minutos —murmuró al despegar sus labios, y siendo seguida por Crookshanks se dirigió al interior de Hogwarts


Hola.

Lo siento mil veces, he sido la más impuntual con este capítulo. Quería escribir algo más, pero eso me hubiera tomado mucho más tiempo así que preferí dejarlo hasta ahí.

Gracias por seguir aquí, por leer, por esperar, por todo, son lo mejor del mundo.

Especial agradecimiento a las personas que me dejaron su hermoso review en el capítulo anterior crazzy76, artemisvan89, pelusa778, Natdrac, Pauli Jean Malfoy, Nathy Malfoy Granger y lightfeatherxa. No saben cuánto me encanta leerlos.

OMG Antes de despedirme quiero agradecer a la inigualable lightfeatherxa por regalarme la hermosa portada de este fic.

Me hago algo de autopromoción y es que escribí un drabble cortito, se llama El infinito entre nosotros. Es dramione, así que si tienen un rato les espero por ahí.

Ahora sí, ¿qué tal ha estado el capítulo? ¿eh? Por fin hubo beso, y ahora Hermione buscará la solución al problema de su suegro. ¿qué creen que sucederá?

Déjenme un lindo review para saberlo.

Un abrazo de aquí al infinito

Sta Granger