Los mandatos en el amor.

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Primer mandato: No juegues con fuego.

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No siempre he sido del tipo de persona a quien frecuentemente le llama lo complejo, o lo que me obliga a saltar obstáculos.

Los últimos años mi personalidad ha sido influenciada por los hechos que he vivido, y esta a su vez me ha llevado a interesarme por los hombres independientes y que baten sus alas como aves libres.

Los tipos que son impredecibles y tan difíciles de leer, los llenos de seguridad que siempre saben que ganaran sin importar que tengan que ofrendar.

Si, parece estúpido, pero me gustan los imposibles, los que me provocan al punto de causarme una gran alteración hasta conseguirlos y aunque algunas veces termine decepcionado al ver que en realidad no me habían costado demasiado esfuerzo poseerlos, la experiencia y el placer nadie me los quitaban y victorioso sumaba otro punto a mi lista de conquistas.

Y fue así, que sin buscarlo, sin pretenderlo apareció él con todas esas cualidades que me parecían irresistibles y algunas más que nadie poseía y como un diamante al ladrón me atrajo inevitablemente.

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Paso frente a mi sin siquiera notar mi existencia, mis ojos se clavaron en su hermoso cabello largo con ese color tan singular, mi mirada seguía su delgada figura que acentuaba su masculino y elegante porte. Caminaba con amplias zancadas por todos los pasillos de la Universidad sin prestarle atención a nadie.

Aquel hermoso rubio lucia muy seguro de sí mismo, con las manos dentro de los bolsillos de la bata blanca de laboratorio, era imposible que alguien lo ignorara; sin embargo, el no parecía ver a nadie y mucho menos prestarles atención y en cuanto pregunte discretamente algo acerca de él; comprendí que era muy conocido en la universidad, pero no por ser popular en el sentido de conquistador, algo que yo de inmediato había concluido.

Sentí un enorme alivio al escuchar que era alguien a quien solo le importaba estudiar y no socializar, de otra forma estaba seguro que tendría mucha competencia entre admiradoras y admiradores.

Ahora comprendo que yo tenía unas tontas ganas de complicarme siempre la existencia.

Parecía que no entendía, continuaba de fallo en fallo demostrando que nadie me importaba. Y a pesar de no estar interesado en tener una relación ni siquiera con él, acepto que su físico fue lo que me hipnotizo, cada día que pasaba, mi deseo por su cuerpo y sus labios aumentaban, imaginaba mil maneras en las que él se entregaba a mí.

El simple hecho de conseguir un roce de aquel joven con antecedentes de excéntrico, ya era algo que aumentaba mi adrenalina. Estaba obstinado a ser el primero en conseguir su atención, y esa era mi meta, acercarme a él utilizando cualquier pretexto.

No se trataba de que me hubiese convertido en un tipo malo o sin sentimientos simplemente había llegado al punto de decir ¡Ya no más! Después de mi desilusión con Masaky, estuve decidido a decirle basta al amor, al compromiso, a las heridas, a los sueños e ilusiones, ya no más a las buenas intenciones.

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Provoque que nuestro comienzo pareciera casual, después de un tiempo de perseguirlo por todas partes, algunos sucesos llevaron a convertirnos en amigos que parecían no separarse. Claro, era yo quien no se le despegaba, parecía su sombra.

Una noche mientras bebía con mi amigo del bar y él escuchaba mis primeras quejas sobre mi supuesta amistad con aquel tirano, me sorprendí bastante cuando Hiroto me hizo ver que ya estaba enamorado. Comprendí que lo que ahora sentía por él, había cambiado por completo mis planes; ahora ya me resultaba imposible traicionarlo y mostrar mis verdaderos sentimientos. Mis intenciones cambiaron.

Conseguí ya sin pretenderlo llegar a esa parte, esa parte en la que mi piel terminó fundida con la suya, en mi caso se trató de una entrega total como la que nunca tuve jamás, era demasiado el tiempo que llevaba deseándolo. Bese cada centímetro de su hermosa piel y exploré cada rincón de su cuerpo. Me encantaba su manera de resistirse y al mismo tiempo que a pesar de ser heterosexual, yo era capaz de hacerlo gemir de placer. Y él que no sabía nada de amor, con sus reacciones tan ingenuas y algunas hasta de susto, me hizo sentir que siempre le hice el amor de una manera única y especial.

Me dolía, me dolía que después de tomarlo en repetidas ocasiones, todo volvía nuevamente a la normalidad. El parecía reprogramarse al inicio, como si nada pasara entre nosotros. Con los días intentaba descifrar que éramos y es que cuando estábamos juntos yo sentía una conexión especial, a veces hacia pequeñas cosas que me alentaban a seguir, aunque después descubrí que teníamos maneras muy distintas de interpretar las cosas.

Me sentía más vivo que nunca, lo mejor era que podía olvidarme del mundo entero y perderme en su mirada miel mientras mi piel se unía con la suya.

Hiroto kun continuamente me llamaba masoquista y aun ahora en el laboratorio los asistentes piensan eso mismo de mí. Empiezo a creer que lo soy, aunque me duele su frialdad, su indiferencia y su nulo romanticismo estas siempre me hechizan, no es conocido por ser sociable o amable, al contrario lo llaman el demonio del laboratorio, pero para mí es mi demonio perfecto.

Lo que me propuse cuando llegue a la universidad años atrás, fui incapaz de cumplirlo. Sí, no volverme a enamorar y tomar todo lo relacionado al amor como un juego y placer.

Poco tiempo me llevo a darme cuenta que lo amaba más que a nadie y esta vez no podía salir, escapar o escabullirme como cuando veía que mis conquistas querían avanzar a una relación más estable conmigo.

Y conmigo siempre existe una paradoja, con él daría mi vida por avanzar, por permanecer estables...

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Segundo mandato: ¡Controlate!

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El silencio y tranquilidad que reinaba en ese pequeño cuarto de hotel, no encajaba con quien recostado trataba de descansar. Su mente hacia tanto ruido y no lograba serenarse ni contando ovejas. Pero ¿Quién demonios contaría animales esponjosos con tantos pensamientos inquietantes?

Primero, intento deshacerse de lo negativo:

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¡Soy tan feliz! ¡Estoy tan satisfecho, tengo la vida que siempre soñé!

Vivo en una de las mejores ciudades de Japón, mi trabajo es apasionante y muy redituable, mi familia puede no aceptarme y me importa cada vez menos. Todos mis amigos me aprecian tal como soy. Siempre he sido tan popular y ahora soy muy afortunado en el amor, la persona que más amo, no puede vivir sin mí ¿Que más podría pedirle a la vida?

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Na! ¡Mentira!... ¡Todo eso parece una maldita ilusión! En realidad desearía que mi existencia se resumiera de manera tan magnifica. Tal vez la mayoría de lo que dije encaja con la descripción de lo que vivo en la actualidad, pero lo que más me interesa y ser consiente que no va como quiero, me hace ver las cosas demasiado oscuras

Y en estos momentos lo mejor que podría hacer, es subir al puente más alto de Nagoya y aventarme desde allí; tal vez de esa forma el gran dolor y desilusión que siento desaparezcan. Hoy más que nunca reafirmo lo que siempre he sospechado: Que el destino se ensaña conmigo, parece que trata de masacrarme repetidas veces. Pasan una, dos, y muchas más cosas que cada vez me ponen en una situación peor.

Estoy en un momento en el que inevitablemente me siento invadido por la desesperación, y no puedo evitar preguntar ¿Por qué a mí?... Sé que no recibiré una respuesta, y eso aumenta mi sensación de vacío y dolor, me siento impotente, incapaz de actuar, el temor, la desesperanza y la tristeza me invaden tanto que simplemente no quiero hacer nada.

He aguantado seis largos años esperando que algo cambie, pero no, pasan los días y nada cambia, pasan los meses y nada mejora, por el contrario todo parece empeorar aun cuando pensaba que no podía estar en una situación más complicada. Entonces, no puedo evitar sentir que mi vida no ha tenido ningún sentido, y me pregunto ¿Significaba tan poco para Souichi, a pesar de que él es todo para mí?

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Pensando tanto, todo parecía indicar que hoy iba a ser una de mis tantas noches sin dormir más de lo que dura un capítulo de alguna serie de la BBC de Londres. Y sobre todo porque no estaba en mi habitación, obligadamente tuve que pasar la noche en un hotel.

Una cosa es tener insomnio moviéndome de un extremo de la cama al otro y escuchar a lo lejos los ladridos de los perros que se comunican diciendo quien sabe que, o soportar el maullido de una gata en celo llamando a todos los gatos del barrio, y otra cosa muy distinta es tener una horrible alarma de sismo o la corneta de un camión retumbando a menos de un metro de mis oídos, esa es la sensación que tenía al tirarme en la cama y tratar de cerrar los ojos. No sé cuantas vueltas había dado sobre aquella cama. ¡Que siempre tengo que vivir con esta inseguridad en mi vida!

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Una noche después.

Intentaba prestar atención de verdad, en todos los consejos de quien parecía saber, Hiroto kun, y hasta escuchaba sus burlas sarcásticas de cosas que ni siquiera le preguntaba pero, nada funcionaba. A estas alturas de mi desesperanza no hay una página en google que valga la pena para encontrar una solución, o un tutorial en YouTube que me explique paso a paso como sentirme seguro y dueño del amor de Souichi. Ni las mejores recetas y pócimas de amor funcionarían con este terco hombre.

¿Darle un escarmiento, obligarlo a abrir los ojos para que descubra que en verdad merezco la pena?

Mi cerebro está tan en cortocircuito, que ningún estudio neurológico sobre como nivelar las sustancias químicas del cerebro me sirven. Va! Servir creo que si sirven, pero mi sinapsis no tuvo la capacidad de procesamiento y conexiones para analizarlo, al menos no en estos momentos donde mi juicio se perdía ante los recuerdos. Y todo lo que Hiroto kun me había dicho minutos atrás en el bar, parecía que solo habían entrado por uno de mis oídos y salido por el otro en cuestión de segundos.

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Al otro día.

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Me sentía como un enloquecido caminaba un poco tambaleante hacia lo que yo aún consideraba nuestro departamento, nuestro hogar. Pateaba cualquier piedra que topaba y continuamente apretaba mis puños con frustración... ¡Maldición! ¡Mil veces, maldición!

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Trate de calmarme antes de entrar a nuestro departamento después de dos noches que tenia de haber llegado a Nagoya. Había prácticamente estado bebiendo en el bar de Hiroto y pensaba que ya había descargado gran parte de mi frustración al hablar con él, todo el trayecto venia pensando posibles diálogos para razonar con senpai. Sin embargo, de pronto como una ráfaga comencé a escuchar nuevamente todo en mi mente y en cuestión de segundos me hizo sentir tan furioso y cegado como la ocasión que encontré a Isogai en ese hotel de negocios esperando a senpai; ¡No, creo que esta vez estaba mucho peor!

Aún recuerdo como después de enfrentar a Taichirou, lleve a senpai casi a rastras a un hotel con buena finta después de tratar de irse gritándome que si no estaba conforme con sus desplantes me buscara a otro. Cuando entramos a la habitación prácticamente lo azote en la cama y bruscamente me encime en él; mis intenciones en esos momentos era mostrarle que si no podía besarlo, acariciarlo o hacerle cualquier muestra de cariño en lugares públicos, por lo menos deberíamos hacerlo abiertamente en la intimidad.

Mas en esta ocasión la mezcla de dolor, ira y pasión; me llevaron a planear hacer algo peor. Sin embargo, logre contenerme un poco, algo dentro de mí se aferraba a que senpai podría hablar y aclarar las cosas. Eso deseaba con toda mi alma, pero si reaccionaba como en la mayoría de las ocasiones que a él parecía no importarle nada. No estaba seguro de mis reacciones, creo que dependerían de su contestación y disposición.

Lo único bueno ahora es que Tadokoro no parecía estar en el departamento. Lo supuse así, por que no había otros zapatos en la entrada del genkan salvo los de senpai. Decidido y quitándome la chaqueta lo mire sentado en el piso revisando unos papeles y mirando la laptop sobre la mesa. Creo que ni siquiera había notado mi presencia hasta que hable, lo entendí por que dio un pequeño salto al escucharme.

- Souichi quiero hablar, ¿Podrías atenderme unos minutos? -

Me miro mostrando sus bellos ojos miel casi molestos por el susto que acababa de darle y por mi falta de cortesía al llegar y no saludar. El no parecía querer dejar de hacer lo que lo ocupaba, no sé si sabía de qué quería hablarle y prefería evitarlo, o simplemente actuaba frio como casi siempre lo hacía. Sin embargo eso no me hizo como otras veces retroceder y dejarlo hacer lo que le placiera. Aun con mi molestia, le daría una segunda oportunidad.

- ¡Senpai! Preferiría que dejaras lo que haces y me atendieras... Solo serán unos minutos -

Esta vez sí me contesto, pero no de la manera que hubiese deseado.

- Lo que sea que tengas que decirme, puede esperar... Si no lo sabes, mañana tengo que entregar concluido un experimento y es urgente que investigue unas cosas que aún no logro calcular a pesar de llevar días encerrado en el laboratorio trabajando hasta tarde. Además ¿Cuándo llegaste? Y ¿Porque no me llamaste para avisar que venias? -

Obviamente su respuesta me irrito, termino por derrumbar la poca cordura que todavía mantenía en mí. Yo a diferencia de él que parecía molesto con mi presencia, estaba ansioso por verlo, por escucharlo, por tocarlo, abrazarlo y besarlo. Sin más autocontrol de mi parte; estalle con violencia verbal.

- ¡Senpai..., he bebido más de seis copas de sake, acabo de ganar en el ajedrez, me siento como la maquina más potente de follar y ahora quiero una buena ración de tu culo! Quiero arrancarte la ropa, empotrarte con lujuria, embestirte, enterrarme en tu trasero y tu cuerpo hasta que el mismísimo Marqués de sade se ruborice en las puertas del infierno -

Souichi me miraba asustado, creo que notaba lo furioso y enloquecido que estaba. No sé muy bien por qué, fue demasiado. Me sentí furioso ante esa excesiva confianza que siempre mostraba, ante esa ostentación de dominio que sabía tenía sobre mí; que yo no era nada más que un perro dispuesto a moverle la cola siempre y lamer hasta el piso donde caminaba.

Minutos atrás estaba dispuesto a hacer preguntas, quería ser comprensivo ante lo que me dijera. Mi auto engaño llegaba al grado de estar dispuesto a creer lo que me dijera sin importarme que fueran mentiras. Al final, pensé que las mentiras siempre dicen la verdad. No deseaba comenzar con recriminaciones, pero su postura y contestaciones hicieron que en lugar de todo aquello, me acercara de dos zancadas a él.

Arrojé el portafolio que todavía llevaba, y arrastre a Souichi hasta su habitación, lo empujé violentamente sobre la cama. Su breve gesto de terror fue casi un triunfo para mí, él estaba tan desconcertado que ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar violento. Con mucho trabajo logro interponer una rodilla entre mi cuerpo y su cuerpo.

Tomé una botella de vino que no termine de beber en el bar y me acomode mejor sobre él. El abrió la boca a punto de gritarme algo, y yo apagué sus palabras con una cascada de licor cayendo sobre sus labios.

Escuché que se le atoraba al no querer que se derramara el líquido en su cuello y me reí con toda la crueldad que pude mostrarle.

- Ahora estaremos a la par con la bebida...jajajaja -

Bebí un largo trago de la botella y la arrojé al piso también, obviamente los cristales causaron ruido y saltaron por todo el piso.

Souichi intentó hablar de nuevo y puse una mano sobre su boca. Las oportunidades de hablar, las había perdido y muchas veces quise hacer esto.

Empecé a lamer el licor derramado sobre su rostro, sobre sus labios, sobre su cuello, y el de su pecho... ¡Mierda! ¿Por qué siempre me hace sentir así?

Disfrutaba tanto el roce de su piel, el contacto de mi lengua con ese delicioso sabor que se mezclaba con su sudor, su delicioso olor corporal mezclado con su loción y el tabaco.

Sentía mi pene tan grande y duro que no soportaba tener puesto el pantalón.

Él se giró y me dio la espalda. Me confundió un momento pensando que tal vez estaba dispuesto a que lo poseyera y hasta se estaba acomodando, pero luego vi más claramente que intentaba escapar de mí y sus ojos estaban aterrados, además de que continuaba con sus gritos.

- ¡Suéltame cabrón! ¡Más vale que tengas una explicación y me digas en menos de dos palabras que carajos te pasa! -

Mientras sus manos estaban ocupadas tratando de impulsarse lejos de mí recorriendo las sabanas, descendí hasta el extremo de su cinturón, de su cierre y lo baje.

Con violencia baje su pantalones, vi su trasero magnífico, el que desde el primer día junto a su gran paquete me hizo desearlo tanto. Lo mordí con ganas y después lo bese en ambas nalgas. Souicho gritó. Arranqué su bóxer con un solo gesto y le separé las piernas.

- ¡No, idiota! ¿Qué crees que estás haciendo?... Y encima estas borracho -

Gritaba senpai y al mismo tiempo levantaba su cadera, pues él sabía que cuando comenzaba me resultaba prácticamente imposible detenerme.

Souichi seguía luchando por soltarse de mi fuerte agarre y me empujaba bastante duro.

Lo único que consiguió fue que aumentara mi molestia por su trato, sujete sus dos manos con mi mano izquierda y lo inmovilicé. Su respiración acelerada me excitaba, ver que mi fuerza superaba a la suya, me hizo pensar en todas aquellas veces que pude haberlo hecho mío aunque se rehusara y que tontamente por amor desaproveche.

Desabroche hábilmente mi cinturón, baje mi cierre, apunte con certeza y lo embestí con rabia. Senpai ahogó un grito y dejó de luchar. Su cara y ojos en extremo abiertos me decían que no se podía creer que fuera capaz de penetrarlo sin antes prepararlo.

- ¡Duele imbécil! ¡¿Que mierdas te pasa?! ¿Acaso te volviste loco? -

Ignorándolo por completo, lo penetré, lo embestí, lo usé, lo goce de todas las formas que mi concupiscencia imaginó. Lo azoté varias veces contra la cama cuando deseaba escabullirse de mí.

Continuaba tan enfadado que deseaba abofetearle, deseaba obligarlo a decir que me amaba y que me deseaba tanto como yo a él, pero triste miraba su rostro que comenzaba a cambiar de dolor a placer. ¡Yo no quería que disfrutara de esto! Deseaba someterlo y causarle dolor, un dolor que siquiera simulara el uno por ciento de lo que yo sufría.

Llegue al extremo de amarrarlo con mi corbata y continuaba sometiéndolo. Lo alcé, lo arroje contra la cama cuando intentaba empujarme, hasta deseaba insultarle, y de nuevo volví a empezar. Senpai me gritaba todos los insultos que sabía, pero eso solo conseguía hacerme sentir más caliente y poderoso.

Ahora, cada vez que veía el deleite en los ojos de Souichi, cada vez que escuchaba los gemidos de su éxtasis, volvía a despertar mi rabia. No podía dejar de sentir que era él quien siempre lo controlaba todo, que yo era solo un títere bajo sus manos. Es verdad que me hacía sentir esclavo y amo al mismo tiempo; pero ahora prefería ser su amo.

- ¿Así te gusta verdad senpai? ¡Te gusta que duela!... Siempre te has asegurado de provocarme lo suficiente para conseguir esto -

Le decía esas palabras mientras enterraba con todo mi impulso mi polla en su trasero. No dejaba de sentir que toda mi ventaja y violencia no era sino el instrumento de su placer. Quería sentirlo vencido, entregado, sumiso; pero no lo lograba.

- ¡Dejame idiota! ¡Ahhh! Ugg... ¡Haaa! ¡Morii! -

Cada vez que lo sentía llegar al orgasmo creía alcanzar una pequeña victoria, pensaba que por fin lo había sometido, que el ya no podría más. Me excitaba pensar que me diría que me detuviera, que lo dejara descansar, que no podía más. Otras ocasiones lo hacía, me decía que ya no podría correrse una vez más, pero en esta ocasión el seguía siempre que yo seguía.

Creo que me estaba retando a su manera, aun en estas circunstancias quería ganar, siempre ganar.

En algún momento nos quedamos dormidos. Su cuerpo completamente utilizado estaba visiblemente marcado por mis labios, moretes y chupetes, que en otras circunstancias me hubiesen hecho sentir culpable. La habitación resulto un campo de batalla y todo el ambiente olía a sexo. Podía sentir todavía el calor y vapor fluir por todo el cuarto. Estábamos empapados de sudor.

Aun incrédulo me cuestionaba como podía haberlo disfrutado tanto, como podía haber sentido que moría y volvía a vivir tan solo por sentir su piel pegada a la mía. Sentía que mi pene palpitaba y sabía que amanecería inflamado de tanto sexo. Al castigarlo, me castigue yo mismo ¿Cómo fui capaz de hacerle esto a este hombre que tanto amo?

Sé que la mayoría de los humanos somos obsesivos a algo o a alguien, algunos lo demuestran más, otros parecen enfermos y en mi caso; creo que era lo segundo. Un enfermo y adicto a él.

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Desperté con una resaca terrible y desconocida. Entendí que el ron y el vino no era una buena combinación. Estiré mis manos por toda la cama a ver si palpaba el cuerpo de senpai. No estaba. Me atreví a abrir los ojos para confirmar su ausencia.

Reinaba un orden en la habitación que me extraño. Había desaparecido la botella de vino que había terminado hecha pedazos en todo el piso. Mi ropa estaba doblada a los pies de la cama, una cosa única; pues senpai siempre me dejaba todo a mí. Pero al seguir buscando era claro que Souichi faltaba.

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Antes de la llegada de Morinaga.

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Termino por acostumbrarse a salir más temprano de su departamento al sentir la presión de no contar ya con la ayuda de su mejor asistente, Tetsuhiro quien ahora estaba por ser contratado definitivamente por la farmacéutica de Hamamatsu, Souichi despertó casi de madrugada para adelantar al experimento en el que trabajaba. Casi le había llegado la fecha de entrega del proyecto de plantas marinas y algas en el que se ocupaba y aún faltaban muchas cosas importantes por agregar de sus hallazgos.

Ya no se sentía tan aprensivo como cuando comenzó a vivir al lado de Morinaga, ahora era muy capaz de manejar mejor los arranques infantiles e intentos de causar pena de su compañero de piso. Unos días atrás habían quedado muchas cosas pendientes por hablar entre él y Tetsuhiro, lo más importante era acordar lo del departamento.

Tetsuhiro se había ido por dos semanas a investigar y cuando se fue aun iba muy preocupado y disgustado de que su senpai fuese capaz de dejar a otro hombre dormir en su cama. Sabía que durante esos días Tadokoro estaría conviviendo con Souichi en el departamento bajo un periodo de prueba y que si se acomodaban lo suficiente, ambos continuarían cohabitando y su habitación seria ocupada por el eficiente kouhai.

Pero Souichi siendo una persona tan responsable y capaz en el trabajo, se esforzaba por no pensar en asuntos personales mientras estaba en la universidad y a cargo del laboratorio.

Sabía que su nuevo supervisor en el laboratorio lo detestaba por el choque de personalidades que tenían. Ambos contaban con las mismas virtudes para el trabajo, si es que se podrían considerase así: arrogancia, terquedad, un ego que tocaba el techo y mucha capacidad.

Aunque aquel hombre era veinte años mayor que él. Souichi conocía que la única razón por la que no lo limitaba en los laboratorios era porque el rubio demostraba ser demasiado bueno en su trabajo. Si fallaba en esta ocasión, no se lo perdonaría. Ya podía imaginar lo que en la universidad se comentaría acerca del demonio del laboratorio y su gran orgullo pisoteado ante un nuevo supervisor.

Tan concentrado se encontraba en sus labores, que no había notado los mensajes que a su celular llegaron minutos atrás.

Cuando se dio cuenta, el primer mensaje lo tomó por sorpresa al leerlo: "Si necesita ayuda hasta tarde, estaré allá para apoyarle".

No encontraba una explicación, con interrogación pensaba... No tenía idea de quién le escribía. Fue difícil identificar el contacto. Aparecía no un nombre, sino un seudónimo de algún personaje ficticio o al menos eso le pareció pues no sabía mucho de series o programas de televisión. Tampoco entendía por qué le escribía, por qué sabía esa persona que le enviaba el mensaje que necesitaba ayuda y por qué esa persona sabía que estaría trabajando en el laboratorio hasta tarde. Mientras se cuestionaba eso, llegó otro mensaje.

- Hola ¿Cómo estas senpai? ¿Ya ha llegado Tadokoro al departamento? Espero mantengas tu distancia, al menos mucho más de la que marcas entre nosotros -

El remitente era claro, se trataba de Morinaga. Souichi había estado tan ocupado que no recordó contestarle desde la noche anterior que el joven le había enviado tres o más mensajes. Se preparaba para escribir una contestación a Tetsuhiro, cuando la notificación de un tercer mensaje llegó.

- Entonces, ¿Le ayudo en el laboratorio o mejor vamos por unas bebidas a despejar la mente? -

Era un mensaje entendible, lo que no comprendía era quien lo enviaba. Se trataba nuevamente del primer contacto que no identifico. Pero le parecía que era alguien que lo conocía y que lo invitaba a tomarse una cerveza de manera demasiado confiada.

Llegaron dos mensajes más. Una vez más era Morinaga.

- Senpai, cuando tengas libre un minuto contestame por favor -

Antes de abrir el otro mensaje, le llego otro más. Fastidiado y sintiendo que perdía el tiempo, cerró la tapa del celular cansado. Tenía todavía mucho que hacer para entretenerse en esas cosas. De todos modos Morinaga había dicho en aquel mensaje que le contestara cuando tuviera tiempo y, en esos precisos momentos no lo tenía...

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¿Cómo están?...Bueno, esta es una loca ocurrencia que tuve después de leer los tres planes que llevamos del volumen 11 de Koi Suru Boukun, cuyos personajes pertenecen a la manos mágicas de Hinako sensei.

Por supuesto que esto no es algo que espero que suceda, pero me pareció gracioso narrarlo ya que los malos entendidos en las relaciones amorosas, se dan muchas veces por no seguir estos mandatos xd. Claro que no son mandatos en sí, pero sirven si se aplican.

Lo más seguro es que este fic acabe en dos capítulos mas. Si desean, pueden escribir que les pareció. Saludos.

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