Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


Esta historia participa en la actividad "Esa vez…" del foro El Feliz Grupo de Hambrientos.


~Buscar, encontrar

El sol se alza en lo alto del cielo, llenando de calidez cada rincón del castillo Hiryuu.

La primavera ha llegado y las flores adornan los jardines del castillo, convirtiéndolo en un mosaico de colores sin igual.

Y justo detrás de esas flores, de las más amarillas del lugar, algo se mueve.

Arrastrándose sigilosamente, asegurándose de que nadie lo vea, da una maroma impresionante y termina escondido entre los arbustos.

El dragón amarillo se ha infiltrado en el castillo.

Los arbustos lo cubren completamente, haciéndolo invisible, permitiéndole ver todos los movimientos del amplio patio.

Los sirvientes ni siquiera sospechan, paseando de un lado a otro, siguiendo con sus tareas sin que les cruce por la mente la idea de que algo los acecha.

Zeno lo encuentra terriblemente divertido.

Cuando esta seguro de que no hay nadie cerca, sale de los arbustos –llevándose unas cuantas ramas y hojas con él– y se escuda de la vista de cualquiera con las altas paredes del castillo.

Dudándolo unos segundos, sigue su recorrido en dirección contraria a las cocinas, que a esas horas deben estar repletas de gente. Y, poniendo especial cuidado en que los guardias no lo descubran, entra al castillo por la puerta principal.

La entrada se encuentra desolada, con unos leves murmullos de voces llegando desde las cocinas como único ruido de fondo. Zeno se toma unos segundos para admirar los bellos acabados del recientemente construido castillo, y sin dudar ni un segundo continúa su camino.

Zeno deja atrás varios pasillos adornados bellamente, escondiéndose un par de veces para evitar a uno que otro sirviente y finalmente llega a su destino.

Las habitaciones del rey.

La mano de Zeno duda unos segundos, acariciando los delicados acabados de la puerta del rey, preguntándose si ese es el movimiento adecuado a seguir.

…Y entonces, la puerta se abre deslizándose suavemente y dejando a un alegre infante frente a él.

— ¡Te encontré, Ouryuu! —ríe el pequeño príncipe, viendo la sorpresa marcada en el rostro del dragón.

— ¡Príncipe Yak-Shi! ¿Cómo lo hizo?

—Te vi por las ventanas —es toda la respuesta del niño, quien a pesar de no tener la misma tonalidad amatista, mira a Zeno con los ojos astutos de su padre. Los ojos de un rey.

— ¡Qué listo! —ríe el dragón amarillo, revolviendo el oscuro cabello del príncipe y obteniendo otra risita del infante.

—Es tu turno de contar —le recuerda el niño, soltando después un vehemente—, ¡sin espiar!

El dragón amarillo se deja caer en el suelo entonces, cubriéndose los ojos con las manos y recitando los números en voz alta, mientras escucha los pequeños pasos y unas cuantas risas del príncipe alejándose de él.

Zeno cuenta hasta el cien, levantándose y sacudiendo el polvo de su ropa al terminar. Su mirada se dirige irremediablemente a las habitaciones del rey, que ahora son ocupadas solamente por la reina.

Él cierra la puerta con un suspiro, a sabiendas de que sin importar cuantas veces lo busqué, ya no podrá encontrar ahí a su rey pelirrojo.

Haciendo a un lado esos pensamientos, Zeno dibuja una sonrisa en su rostro y comienza su búsqueda del príncipe Yak-Shi por el castillo, alegrándose de haber logrado que el pequeño hijo de Hiryuu vuelva a jugar y reír al fin.

Después de todo, ya era tiempo para todos ellos de continuar.


Tema: Esa vez en la que Zeno jugó a las escondidas en el castillo Hiryuu. (propuesto por Narutinachan)