Noragami no me pertenece, es propiedad de Adachi Toka.


Esta historia participa en el Mes de Apreciación Septiembre-2017: Bishamon/Vaisravana del foro "Mar de Joyas Escondidas".

Sorteo:

Acción: Animales


~Diosa de la Guerra


1.- Compasión.

Bishamonten se encuentra tan perdida en sus pensamientos, que casi es incapaz de notar al pequeño gato que se acerca a ella.

La Diosa de la Guerra apenas y se da cuenta de la presencia del felino cuando éste se toma el atrevimiento de restregarse contra su bota, inconsciente de lo temida que es esa diosa por el resto de la humanidad –y alguna que otra divinidad–.

La rubia observa con curiosidad al animal, para después agacharse y levantarlo con facilidad.

El minino de pelaje negro la mira con unos astutos ojos dorados que parecen estudiarla de vuelta, antes de abrir su hocico y soltar un fuerte: — ¡Miau!

— ¿V-Viina? —pregunta su tesoro sagrado detrás de ella.

—Kazuma, ¿podemos tener una mascota?

El shinki la mira con sorpresa, habiendo esperado cualquier otra reacción de su ama al animal callejero excepto esa.

—Técnicamente sí, pero es posible que Kuraha se ponga celoso.

La rubia acaricia al gato con una mano, sintiendo al pequeño animal ronronear contra su palma. ¿Qué había con ella, que al encontrar un alma indefensa deseaba de inmediato integrarla a su familia?

Indiscutiblemente, esa temeridad le había traído ya demasiados problemas en el pasado.

—Tienes razón —coincide ella, y mirando al minino a los ojos, le dice:—. Eres un gato con mala suerte.

— ¡Bisha! —exclama Kofuku abriendo la puerta de su hogar, completamente segura de haber escuchado en su entrada a la Diosa de la Guerra hacia tan sólo unos segundos.

Sin embargo no encuentra a nadie esperando, y antes de que pueda cerrar la puerta de nuevo, escucha un suave — ¡Miau! —debajo de ella.

Un pequeño gatito negro la observa desde el suelo, rasguñando con sus garras su tapete de bienvenida.

—Pequeñín… —susurra la Diosa de la Pobreza, levantando al pequeño gato que al instante ronronea entre sus manos.

La diosa suelta una carcajada y le da un pequeño beso al animal, antes de exclamar un fuerte: — ¡Daikoku! ¡Bisha me ha regalado una mascota nueva!